Artículo de Revista Global 54

Bosch: la reforma democrática bajo fuego cruzado

A 50 años del golpe de Estado contra el profesor Juan Bosch, este texto analiza su gobierno bajo un enfoque de estrategias contradictorias cruzadas entre los actores internos y externos, en el contexto de un Caribe hegemonizado por Estados Unidos en medio de crecientes tensiones debido al recrudecimiento de la Guerra Fría a raíz de la Revolución cubana, su curso socialista y la alineación con la URSS. Estas tensiones fueron la razón de la Alianza para el Progreso impulsada por Kennedy como alternativa de reformas sociales y económicas democráticas.

Bosch: la reforma democrática bajo fuego cruzado

La geopolítica se sintió con las sanciones impuestas al régimen de Trujillo por la oea en agosto de 1960, que lo aisló en el hemisferio tras el atentado contra Betancourt. A la muerte del dictador el 30 de mayo del 61, nos afectó el fracaso de la invasión de bahía de Cochinos del 17 de abril, organizada por la cia. En los planes de contingencia de Estados Unidos, esta operación era parte de un esquema más amplio para derrocar el régimen cubano, el dominicano y colateralmente el haitiano, esquema pautado por el equipo de gestión de política exterior de Kennedy. Este revés modificó los planes, aunque ya la participación estadounidense y la dinámica interna del complot para liquidar a Trujillo se hallaban sobre ruedas, a tal grado que Henry Dearborn –encargado de la embajada estadounidense desde agosto de 1960 en calidad de cónsul y jefe de estación de facto de la cia– confesó en un panel de TV que no podía disuadir a los complotados para detener la operación, como le habían indicado sus superiores de Washington, la cual se llevó a cabo, con saldo trágico para ellos.

En este cruce de variables geopolíticas incidió el temor de una segunda Cuba, centro focal de la política norteamericana hacia la región después de la Revolución cubana. Más grave aún, las elecciones dominicanas del 20 de diciembre del 62 estuvieron precedidas en octubre por la crisis de los misiles, el hecho más traumático, desde el punto de vista de la seguridad nacional, de la Guerra Fría desde 1947 a 1990. Nunca antes había estado tan cerca una conflagración nuclear y el territorio norteamericano amenazado, a solo 90 millas del emplazamiento de los misiles soviéticos en Cuba. El shock que eso representó en el sistema político norteamericano y en la opinión pública fue decisivamente negativo para el curso del proceso político de la República Dominicana. Esa atmósfera condicionará fatalmente la suerte del experimento democrático del 63.

En lo formal, el programa del gobierno encabezado por Bosch calzaba plenamente con el de la Alianza para el Progreso: cambios democráticos, reforma agraria, política de vivienda, desarrollo económico, diversificación productiva, o sea, modernización. Sin embargo, el curso geopolítico y la dinámica pugnaz de los actores internos determinarán la frustración de esta experiencia democrática.

Juan Bosch ganó abrumadoramente las elecciones del 20 de diciembre del 62 con un 60 % de la votación a favor del prd, frente a un 30 % de la Unión Cívica Nacional –el partido conservador que surgió del frente interno antitrujillista y capitaneó la transición tras la muerte del dictador, dominando políticamente el Consejo de Estado que organizó los comicios con apoyo de la oea–. El 10 % restante se distribuyó entre los partidos más pequeños: el ideologizado Partido Revolucionario Social Cristiano (5 %), con incidencia en el movimiento estudiantil y los sindicatos; el Partido Nacionalista Revolucionario Democrático (3 %) del general Ramírez Alcántara, que obtuvo la senaduría de San Juan de la Maguana; la doctrinaria Alianza Social Demócrata (1.7 %) del Dr. Jimenes Grullón, y el prda (0.12 %), una minúscula escisión del prd. De suerte que el prd predominaba en el Congreso y los ayuntamientos, y controlaba la rama ejecutiva.

Los demonios de la Constituyente

Antes de que Bosch asumiera la presidencia el 27 de febrero de 1963 y paralelamente a sus primeros meses de gestión, se desarrollaron los trabajos de la Asamblea Revisora comenzados el 1 de febrero y finalizados el 20 de abril, y sus líneas maestras plasmadas en la nueva Constitución  promulgada el 29 de abril marcarían su administración, prefigurando importantes focos de conflicto con diversos sectores necesarios para garantizar la gobernabilidad.

Antes del inicio de los trabajos de la Asamblea, El Caribe publicó un borrador del proyecto de reforma constitucional, lo que provocó reacciones adversas entre los poderes fácticos. Tal el caso del tratamiento del latifundio y el minifundio, el tema de la propiedad y las expropiaciones, que generó un  rechazo inmediato de las asociaciones empresariales – de hacendados y agricultores, industrias, Cámara de Comercio, el Consejo Nacional de Hombres de Empresa– que reaccionaron ante un proyecto que Bosch consideró tímido comparado con la Constitución de Cuba de 1940, en cuya elaboración participó y de la que conocía los alcances sociales y económicos progresistas.

La Iglesia se manifestó en contra sobre el tratamiento concedido al Concordato que desde Trujillo regulaba sus relaciones con el Estado, al no mencionarse en el proyecto, al matrimonio canónico y la unión libre, y la enseñanza en materia religiosa. Sacerdotes y obispos afirmaron que esa Constitución violentaba «las leyes de Dios y de la Iglesia» y que amenazaba sus fueros. Se abrió así un serio foco de conflicto, con pronunciamientos y movilización de colegiales católicos hacia el recinto del Congreso. Fue  una profundización de las diferencias entre el clero y Bosch, secuela del cargo de filo comunista que se le hiciese, que condujo al dramático debate televisivo con el jesuita Láutico García a pocas horas de los comicios. Era evidente que la Iglesia católica no se sentía representada por la nueva Constitución, a cuya promulgación no acudió.

Otro punto fue el asunto sindical. Durante el Consejo de Estado surgieron múltiples confederaciones que compitieron para controlar el movimiento sindical, vía la constitución de sindicatos y la obtención de ayuda internacional (de la Democracia Cristiana Internacional a través de la Konrad Adenauer de Alemania, de la embajada de Estados Unidos y la orit para el «sindicalismo libre y democrático»). Abundaba el financiamiento porque éramos un punto de interés en la geopolítica del Caribe. Bosch y Ángel Miolán (quien trabajó en México con Lombardo Toledano, secretario general de la Central de Trabajadores de América Latina) plantearon la conveniencia de un solo sindicato por empresa, cuando existían sindicatos paralelos. Las confederaciones foupsa, Cesitrado, fusionadas a instancias del prd, la socialcristiana casc, foupsa Libre luego Conatral, apoyada por la embajada estadounidense, competían por formar sindicatos en una misma empresa, y en los ingenios azucareros por ramas de actividad y por oficios.

Así, el paralelismo sindical se sintió amenazado por el canon de la Constitución que reconocía oficialmente al sindicato mayoritario. Podían existir varios sindicatos oficiosamente, pero para fines de registro oficial sólo existía el sindicato mayoritario. Bosch hablaba en sus charlas radiales, antes de la toma de mando, de la conveniencia de una central única de trabajadores. Eso era como al diablo la cruz, para esas entidades sindicales ideologizadas y con financiamiento internacional fuerte. Era dañar el negocio sindical, hablando claro. De manera que la hoy celebrada Constitución del 63, antes de que Bosch asumiera el 27 de febrero, ya le traía dolores de cabeza, dada la divulgación de El Caribe del proyecto de reforma a principios de enero.

Kennedy, el gran aliado

En un escenario local minado, Bosch identificó a la administración Kennedy como su aliado principal. En el país no contaba con aliados de importancia, lo que  demostrado en el análisis del proceso que seguiría durante los siete meses. En diciembre del 62 fue a Estados Unidos y comenzó en enero un programa intensivo de encuentros. Sostuvo una reunión muy cordial con John F. Kennedy el 10 de enero, en la cual solicitó que se lo ayudase a rescindir el contrato de una refinería de petróleo concedido a la Standard Oil por el Consejo de Estado (objetivo logrado). Discutió planes económicos y la ayuda de la Alianza, el destino de los ingenios y otros bienes de los Trujillo, el tema militar y policial, un proyecto de complejo petroquímico en Barahona con la corporación Meissner de Chicago para explotar caliza, yeso y sal. También discutió el sensitivo asunto de Cuba, a cuatro años del triunfo de Fidel Castro y a dos meses de la crisis de los misiles soviéticos de octubre del 62.

Explicó a Kennedy que quería complementar el apoyo técnico y financiero de la Alianza y aid con inversión extranjera directa privada de importancia, o sea, para megaproyectos. En Washington realizó encuentros con el secretario de Estado Dean Rusk, el procurador Robert Kennedy, el director del Cuerpo de Paz Sargent Shriver, cuñado de Kennedy, visitó entidades como el Banco Mundial y el bid. Tanto allí como en Nueva York, conversó con ejecutivos corporativos y empresarios y los motivó a invertir en turismo, energía e industrias. De ahí partió en vapor a Europa, donde realizó un periplo que lo llevó a Suiza, Francia, Alemania e Inglaterra, y fue recibido por De Gaulle, Adenauer y Macmillan, los líderes de Europa occidental.

Gira europea

En Suiza concertó un financiamiento de 150 millones de dólares con un consorcio de Zúrich, Overseas Industrial Construction Ltd., vinculado a la General Electric de Inglaterra, para un conjunto de obras de infraestructura: las presas hidroeléctricas de Valdesia y Tavera –con sus obras de canales de riego y redes de transmisión–, el acueducto de Santo Domingo, un nuevo muelle y una planta de generación en Puerto Plata, que sería puerto libre. Con esa gran inversión se daría un empujón desde el Estado al desarrollo de la producción de energía y al incremento de la capacidad de riego. En Inglaterra negoció la conversión de Samaná en zona libre para la inversión británica y fue recibido por el primer ministro conservador Harold Mcmillan. En Francia lo recibieron el presidente De Gaulle y el ministro de finanzas Giscard d’Estaing, quienes le aseguraron su cooperación. En Alemania fue recibido por el presidente Heinrich Lubke, el canciller Konrad Adenauer y el ministro de economía Ludwig Erhard, de la Democracia Cristiana.

Manos a la obra

Tras el auspicioso periplo, en el que fue recibido por todo lo alto por los líderes del mundo desarrollado, Bosch regresó y tomó posesión el 27 de febrero. Dirigió su gestión a la realización de la reforma agraria con tierras ya captadas por el Estado –el Consejo de Estado había creado una Secretaría de Recuperación de Bienes para administrar el patrimonio confiscado por ley a la familia Trujillo, y se habían captado terrenos aptos para asentamientos campesinos, así como mediante donaciones y adquisiciones–. El Central Romana, que luego entró en conflicto por la ley de precio tope, donó 53,000 tareas, atendiendo a las exhortaciones que hacía el presidente desde el Palacio Nacional en comparecencias semanales televisadas, con el fin de crear una mística colectiva a favor del programa de reforma agraria, en mayo en Baní, donde se hizo el primer asentamiento.

Con el dinero retenido por el Tesoro de Estados Unidos de la cuota preferencial azucarera como parte de las sanciones a Trujillo –unos 25 millones de dólares reducidos a 22 millones por adelanto de tres al Consejo del Estado–, Bosch planteó a las autoridades estadounidenses su esquema de reparto: pequeños créditos para agricultores, otros para medianos productores e inversión en obras como caminos vecinales, acueductos rurales y bacheo en las ciudades, tal como el plan de emergencia ejecutado por el Consejo de Estado como forma de absorción rápida de desempleo. Los otros puntos de impacto tenían que ver con la salud: campañas de vacunación y programas masivos de atención preventiva a cargo del Dr. Samuel Mendoza, ministro de Salud, un médico exiliado muy reputado que venía del Departamento de Salud de Puerto Rico, evaluado positivamente por la aid y en los perfiles de inteligencia que se hicieron del gabinete.

«¿Qué pasó ahí?»

Esto nos remite al balance de fuerzas para apuntalar las reformas. En cuanto a fuerzas políticas, estaban los partidos participantes en el proceso electoral más aquellos de izquierda que se abstuvieron. El social cristianismo encabezado por el prsc mantenía una línea muy ideologizada, con gran presencia en la universidad a través del bruc. En el movimiento sindical dominaba la casc, la Fedelac y la Fenama, que fue a huelga de maestros bajo el gobierno de Bosch, tal  como sucedió con sindicatos de empresas como La Manicera y en los ingenios azucareros, huelgas a las que el Gobierno respondió con una actuación directa, preocupado por el riesgo desestabilizador.

Un grupo de partidos fue articulándose como oposición beligerante (Unión Cívica Nacional, Alianza Social Demócrata, Partido Nacionalista Revolucionario Democrático, Vanguardia Revolucionaria Dominicana, que apoyó al prd en los comicios pero no entró al gabinete por desacuerdos sobre cuota de puestos y poder de veto, Partido Demócrata Cristiano y Partido Demócrata Popular), y llegó a formar un frente llamado a Palacio en la madrugada del 25 de septiembre, constituyendo la base política del Triunvirato junto al grupo Acción Dominicana Independiente (adi), organizador de las manifestaciones de reafirmación cristiana y fe anticomunista que fungieron como acicate ambientador del golpe de Estado.

El prd –una exitosa maquinaria para ganar elecciones pero con limitados cuadros profesionales de clase media, indispensables para gobernar– fue debilitando su rol. Utilizado como apaga fuegos por Miolán, su presidente, para arreglar algunas huelgas y contener el disgusto de los ayuntamientos por la falta de recursos, prácticamente se desmovilizó, a tal punto que al momento del golpe no hubo reacción destacable de la organización, que nunca articuló acciones de importancia en apoyo de la gestión gubernamental.

El prd influía en el foupsa-Cesitrado, dos confederaciones fusionadas gracias a su iniciativa, con la idea de crear el núcleo de una central única de trabajadores según el modelo de la ctc cubana y de la ctm de México –Miolán en su exilio mexicano estaba vinculado a esta última, vía Lombardo Toledano, su dirigente al igual que de la ctal–. La embajada estadounidense tenía una sección laboral muy activa dirigida por Fred Somerford, con 100,000 dólares presupuestados en el 63, destinados a apoyar el sindicalismo afiliado bajo la sombrilla de la orit/ciosl, competidora en la Guerra Fría de la ctal/Federación Sindical Mundial, apoyada por los soviéticos y sus aliados.

En el período hubo profusión de huelgas en el estratégico sector azucarero. En Poasi, el sindicato portuario influido por la izquierda y afiliado a la Unión, lo mismo que en Sitracode de la cde, que promovió paro, al igual como lo hizo Fenepia en mayo, que agrupaba a los empleados públicos, controlada por la izquierda, que “se mató como Chacumbele”, al decir de Bosch. En consecuencia, en el frente sindical el Gobierno debió lidiar con una serie de protestas  de huelgas que debilitaban su autoridad, pese a que reaccionó con energía frente a cada reto. Al entender que minaba la autoridad del Ejecutivo y creaba una situación en el plano político nacional negativa a los propósitos que perseguía la administración.

Por el lado conservador, los empresarios fueron abiertamente anti-Bosch y estaban inconformes con algunas de sus políticas; su líder más tenaz era Horacio Álvarez Saviñón, presidente de la aird y embotellador de Pepsi Cola. El 20 de septiembre se produjo un paro nacional de comercio convocado por un comité anticomunista, preámbulo del golpe. Con los miembros del Consejo de Estado las relaciones serían tan tirantes que, excepto Imbert y Amiama Tió, no se los convidó a la toma de posesión de Bosch, que era renuente a recibir la banda presidencial de sus antecesores. Ese malestar se irradió hacia la gente de la Unión Cívica, principal base política del Consejo, por eso no fue extraño que ese grupo, junto a otros partidos, se “montara” de nuevo en el poder, tras el golpe del 25 de septiembre.

El incómodo Papa Doc

Los conflictos con  el Haití de Francois Duvalierueron otro asunto cuyo saldo debilitó a la administración Bosch. Uno de sus episodios se inició el 19 de abril, al revelarse una trama contra Duvalier y algunos complotados refugiarse en sedes diplomáticas de Puerto Príncipe, entre ellas la nuestra. Días después, el 26 de abril –definido por Bernard Diederich como una jornada de “caos y genocidio”–, se registró un atentado contra los hijos de Papa Doc cuando se dirigían al colegio; el atentado fue atribuido erróneamente al teniente Francois Benoit, que tenía fama de buen tirador y estaba asilado en la sede dominicana. Sus familiares fueron salvajemente asesinados, las fuerzas del régimen penetraron en su búsqueda en nuestra cancillería, y rodearon la casa del embajador en reclamo de su entrega. En una alocución televisada, el presidente Bosch explicó lo sucedido y dio un ultimátum al Gobierno haitiano para retirar sus efectivos de nuestra sede. Como explica en su obra Crisis de la democracia de América en la República Dominicana, Bosch ideó un plan que propiciara la caída de Duvalier con la movilización de tropas hacia la frontera Sur y un simulacro de bombardeo aéreo del Palacio presidencial de Puerto Príncipe, habida cuenta de las relaciones tirantes y la presencia en Haití de miembros de la familia Trujillo que conspiraban contra el régimen dominicano. Además, Bosch tenía la certeza de que existía una trama para atentar contra su vida alentada por el siniestro Papa Doc.

En estas circunstancias se produjeron movimientos de tropas en la frontera, se lanzaron volantes desde un avión dominicano advirtiendo a la población de Puerto Príncipe de que se alejara del Palacio presidencial ya que sería bombardeado. De resultas, el embajador Martin, alarmado y temeroso de una confrontación mayúscula, sugirió a Bosch que dejara actuar a Estados Unidos para encontrarle una salida a Duvalier y alejarlo del poder, ya que las relaciones estaban deterioradas por igual con los estadounidenses. Estos elementos generaron, a partir de mayo, una tensa situación asumida por la oea. Finalmente, una comisión de la oea realizó una visita de sitio a la isla para comprobar las denuncias y planteó un arreglo entre las partes. Bosch entendió que esa salida representó un revés internacional.

En su baraja de opciones diplomáticas, de operaciones encubiertas y militares para deshacerse de Papa Doc, Estados Unidos utilizó ese conflicto manteniéndolo con baja intensidad, ya que manejaba sus propias estrategias y tácticas de presión y diversión, como las incursiones desde territorio dominicano de contingentes haitianos dirigidos por el general León Cantave, con apoyo logístico de los mandos militares dominicanos. Incluso contempló un plan de contingencia de invasión a Haití con los marines, ubicando la flota en sus costas. Como Trujillo en sus últimas, Duvalier también jugó al chantaje con el coqueteo con los países socialistas –Estados Unidos había retirado su embajador–, en momentos en que en la comunidad de inteligencia norteamericana se hablaba de que Cuba entrenaba africanos francófonos y miles de haitianos residentes allí, para una expedición. En este pulso, ya en junio Estados Unidos retornó a su embajador en Puerto Príncipe. Mientras, el gobierno de Bosch se debilitó debido a este affaire y las relaciones con los militares se deterioraron aún más. En el saldo de este ajedrez geopolítico, Bosch caería dos meses antes de la muerte de Kennedy, en cambio Duvalier se consolidaría después, bajo la lógica imperial de que con una Cuba ya era suficiente en el Caribe.

Los beligerantes militares

Los militares habían cogobernado 20 meses tras la muerte de Trujillo, durante la accidentada transición, con ejercicios de golpes y contragolpes. Durante Trujillo fueron una fuerza jerarquizada que obedecía a los intereses del «ilustre jefe». Entre su muerte y el ascenso de Juan Bosch, se formaron grupos con dominio de áreas de poder delimitadas. Se sabía que Antonio Imbert, un civil ordenado general por ley, controlaba la Policía con el general Belisario Peguero. Rib Santamaría estaba en la Marina; en el Ejército, Hungría Morel; en la Fuerza Aérea, Atila Luna, y el coronel Wessin y Wessin, en el poderoso cefa en San Isidro. Viñas Román encabezaba la secretaría de las Fuerzas Armadas, con asiento en el Palacio. Cada grupo tenía su esfera de dominio. Realmente negociaban, pulseaban, conciliaban, pactaban.

Desde el principio, el sector militar no se sentía cómodo con Bosch. Así figura en los informes de inteligencia de la cia –muy interesantes, bastante objetivos y comprensivos con Bosch–. Igual Lo mismo sucedía en la mayoría de los informes del embajador Martin, un febril componedor en la difícil escena dominicana, así como en las evaluaciones del Departamento de Estado. Desoyendo la recomendación del presidente Rómulo Betancourt –quien sugirió la remoción del cuadro de mandos militares aprovechando su presencia y la de otros dignatarios, como el vicepresidente Lyndon B. Johnson, quienes asistían a los actos de toma de posesión–, Bosch decidió continuar con los jefes castrenses heredados del Consejo de Estado, tal como le aconsejó el embajador norteamericano John Bartlow Martin. Era evidente que Estados Unidos prefería esta opción, bajo la premisa de que podía manejarse más cómodamente en la nueva situación que el gobierno de Bosch representaba, con sus agregados militares trabajando con contrapartes locales ya conocidas y confiables, incluso para presionar al propio Bosch, al potenciar la función de intermediación de la embajada entre el presidente y los mandos.

En este contexto, conviene resaltar que Bosch –un actor experimentado en las lides políticas caribeñas, dotado de un aguzado ojo escrutador y de articulada capacidad analítica– debía conocer las implicaciones de esta decisión, en materia de grados de libertad en sus relaciones con los militares. Pero a la vez, era una manera de compartir responsabilidad en cuanto a garantizar la estabilidad del orden político democrático en ciernes, respecto a un poderoso sector de difícil control, en cuya estructura de mandos heredada no había tenido que ver, proveniente del Consejo de Estado y los arreglos arbitrados por el propio Martin y sus agregados. De hecho, la dinámica de estas relaciones trianguladas descansó en gran medida en esta realidad, ya que Bosch entendía que la administración Kennedy estaba comprometida con el experimento democrático y tenía la capacidad e influencia para garantizarlo.

Tanto el libro del embajador Martin y sus memorandos desclasificados –ricos en detalles sobre sus relaciones con el presidente– como la obra de Bosch Crisis de la democracia de América en la República Dominicana, son ilustrativos sobre el manejo del asunto militar. A diferencia del enfoque maniqueo predominante en ciertos círculos, que sobredimensiona el papel estadounidense en el golpe, se podría afirmar que si el régimen duró siete meses, fue gracias a la intervención para apuntalarlo del embajador Martin. Como afirma Bosch en su libro, en varias oportunidades «hubo fecha para el golpe de Estado». Para evitarlo, conforme los análisis de inteligencia, se empleó el poder disuasivo de Estados Unidos. El presidente usó al embajador como escudo permanente frente a los militares y este a los agregados militares para reiterar el apoyo y compromiso de la administración Kennedy con el orden democrático y las reformas en la República Dominicana.

Como figura en los perfiles de inteligencia sobre su personalidad, Bosch se manejó con independencia de criterio y equidistancia relativa frente a Washington y Moscú, como declaró en ocasiones, en un ambiente de ásperas confrontaciones ideológicas. Pero Moscú no tenía influencia aquí. Las evaluaciones norteamericanas de la situación dominicana apuntan a que el gran riesgo para la estabilidad del gobierno, como Juan Bosch estimaba, provenía de los militares, no tanto de la derecha política, sino de los militares. Si la derecha política lograba convencer a los militares de la pertinencia del golpe, sería muy difícil preservarlo, a menos que, como se contempló en una reunión entre Bosch, Martin y Sacha Volman, se movilizara un portaaviones como freno disuasivo de último momento para evitar la concreción del golpe, que tuvo siete u ocho fechas.

El papel corrosivo de los medios o «la gramática parda del golpismo»

Otro punto a analizar es el papel de los medios de comunicación. El anticomunismo de las Fuerzas Armadas era real, ya que había temor entre los militares por la experiencia de Cuba, temor alimentado por el programa radial de mayor audiencia, el meridiano Periódico del Aire en La Voz del Trópico, reforzado por Prensa Libre, el único diario de la tarde, y en la noche por Telenoticias en Rahintel, dirigidos por el combativo Rafael Bonilla Aybar (un opositor militante, antiguo encargado de prensa y propaganda del Movimiento de Liberación Dominicana que organizó en Cuba las expediciones de junio del 59, ahora convertido en orador de barricada en las manifestaciones de reafirmación cristiana y en “agitador derechista consumado”, al decir del embajador americano).

Desde El Caribe, el principal diario de la época, Germán Ornes mantuvo una línea de oposición sistemática al gobierno de Juan Bosch. ¿Cuál fue la clave? Un proyecto de ley que cursaba en el Congreso, de ampliación de la ley 5924 del Consejo de Estado sobre confiscación de bienes, aplicada a los Trujillo. El proyecto ampliaba el alcance de la ley para incluir a terceros relacionados, pasibles de ser afectados mediante confiscación, y alcanzaba potencialmente a la Editora del Caribe. La historia se originó siendo Ornes encargado de El Caribe bajo Trujillo. En una operación financiera con el Banco de Reservas avalada mediante carta de recomendación de Trujillo, se le concedió a Ornes un préstamo para adquirir las acciones de la empresa, la cual quedaba en garantía. Al finalizar 1955, Ornes rompió con Trujillo mientras ambos visitaban Estados Unidos. Tras el ajusticiamiento, reivindicó la propiedad del diario apoyado por Jules Dubois, del Chicago Tribune, presidente de la comisión de libertad de prensa de la SIP, y le fue reconocida astutamente por Balaguer, quien maniobraba para estirar su rol protagónico en la transición.

«El peligro comunista»

En El Caribe se reproducían los artículos de Hal Hendrix del Miami News. Este premio Pulitzer muy leído e influyente en Estados Unidos publicó el 24 de septiembre un artículo anticipándose al golpe del día siguiente, justificándolo. Una década después, Hendrix participó en la campaña de la itt para derrocar a Allende. El Caribe destacaba en titulares de primera plana los informes de Robert Berrellez, de ap y de línea dura, vinculado a itt en los planes contra Allende, investigado en 1973 por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, y sometido en 1978 por mentir al comité. El Caribe también publicaba los trabajos de Jules Dubois, del Chicago Tribune. Parte de la campaña acusaba a Bosch de «blandengue con los comunistas» e indefinido frente a «la penetración comunista», que el vespertino Prensa Libre también destacaba.

Un tema constante planteado por el propio embajador Martin a Bosch, urgiéndole a tomar medidas,  se resumían en el uso por Manolo Tavárez Justo de los ayuntamientos para dar conferencias del 14 de Junio, en la permisión de los viajes a Cuba –abogando por su prohibición–, en el retorno de supuestos comunistas deportados bajo el Consejo de Estado y en el funcionamiento de «la maldita escuela de comunismo de Dato Pagán» –como llama Martin en su libro al Instituto de Ciencias Sociales y Planificación que funcionaba en el Instituto Salomé Ureña en tanda vespertino-nocturna–, reclamando su cierre. El embajador pedía al presidente – en los momentos más críticos de su administración– que actuara como Betancourt, golpeando a la derecha y a la izquierda simultáneamente para fortalecerse en el centro, buscando apoyo militar y empresarial. Un enfoque que Bosch, apegado a los preceptos constitucionales, no compartía.

Martin sugería deportar a los extremistas de derecha, como Bonilla Aybar y Enrique Alfau de la adi, que organizaban las manifestaciones cristianas anticomunistas, así como a connotados izquierdistas radicales al estilo de López Molina. Aplicar la manopla, o sea, Betancourtrizar el gobierno de Bosch, quien razonaba en privado, como consta en informes de la cia, que la izquierda era débil y poco estructurada, y no era la amenaza principal, la cual provenía de la derecha política, que influía en los militares y los podía incitar a dar un golpe, como de hecho sucedió. Bosch no quería reprimir a la izquierda y arrinconarla, para no provocar una reacción violenta, como acciones terroristas y guerrillas urbanas, como era el caso de la Venezuela de Rómulo Betancourt. Decía que al comunismo se lo combatía haciendo las reformas preventivas para que su prédica no calase en los sectores populares, forzando a sus grupos a hacer vida pública, no clandestina. Martin, en cambio, recomendaba clausurar periódicos como el 1J4 del 14 de Junio y El Popular del Partido Socialista Popular que circulaba legalmente desde junio, y otros medios de izquierda, como Libertad del mpd, y Claridad, del Chino Ferreras.

En definitiva, el balance mediático resultó desventajoso para la administración Bosch. Listín Diario reapareció al final del gobierno, el primero de agosto, con escasa penetración en actitud amigable hacia la institucionalidad democrática. La Nación, muy distante en circulación e influencia respecto a El Caribe, en su condición oficial era el único periódico con el que contaba Bosch, pero se fue apocando, y fue clausurado, de manera que el Gobierno carecía de prensa escrita. Radio Santo Domingo Televisión fue convertida más en cultural y educativa, con limitada beligerancia política. El programa más importante era Ante la Prensa, un panel semanal conducido por Salvador Pittaluga, con participación pluralista de periodistas de diferentes medios.

Del lado opositor, El Caribe y Prensa Libre despachaban sus misiles informativos, uno más sofisticado, otro más descarnado, ambos efectivos; además de los programas de Bonilla Aybar en La Voz del Trópico y Rahintel, pura candela diaria. Una disertación de Jimenes Grullón en el primero, criticando el contrato de la Overseas, generó una pedrea a la estación el 10 de marzo y escandalera. El 6 de abril, el apresamiento de Bonilla Aybar en Rahintel, ante las cámaras y a cargo del jefe policial Belisario Peguero, disparó la concurrencia solidaria de opositores y una balacera en la que resultó herido Horacio Álvarez, presidente de la Asociación de Industrias. El caso motivó una visita de una comisión de la oea.

De su lado, Armistead Selden, presidente del Subcomité de Asuntos Interamericanos de la Cámara de Representantes, se hizo eco de los enfoques de Hal Hendrix, dando la alerta acerca de la «penetración comunista» en el país y el Gobierno –habló de 150 comunistas que habrían llegado de Cuba y otros puntos, tras la crisis de octubre–, afirmando que las autoridades eran complacientes con los comunistas. Varias revistas influyentes en los círculos de negocios, como Bussines Week, se sumaron a estas denuncias. A todo ello, la cia indicaba que el riesgo comunista era solo potencial y que los grupos comunistas o castristas –así encuadraban al 14 de Junio, al psp prosoviético, al mpd y al pnr de Pérez Cabral y Dato Pagán– eran débiles, con algún apoyo en el movimiento estudiantil universitario y en organizaciones sindicales, pero que, en una situación de descontrol e inestabilidad y de fracaso de los programas de Bosch, podían tomar auge.

El otro frente de ataque con resonancia en Estados Unidos fue el contrato con la Overseas. Encabezado por Jimenes Grullón y Casals Victoria, de la Alianza Social Demócrata, se montó una campaña de prensa, radio y televisión calificándolo de oneroso por sus términos financieros. Bosch reconocía en privado que no eran las mejores tasas de interés y comisiones de intermediación, pero sí la única forma de obtener fondos rápidos dados los lentos procedimientos de la Alianza para el Progreso y la aid. El Gobierno, razonaba, necesitaba resultados en los próximos tres meses y lo de la Alianza podía durar un año. Este criterio era compartido por Martin, quien insistió en que se hiciese una excepción mundial con la República Dominicana para darle apoyo rápido en el desembolso de fondos,  de lo contrario, se frustraría el proceso de reforma y el propio régimen democrático.

Finalmente, el 25 de septiembre se produjo el derrocamiento de Bosch, precedido por un paro patronal el 20, un día después de que el presidente regresara de México, donde López Mateo lo recibió en grande –un parámetro internacional con el cual quiso señalar su independencia en la escena internacional–. El nacionalismo revolucionario mexicano influyó en la ideología del prd fundado en Cuba en 1939, fruto del debate entre Cotubanamá Henríquez y los aliados Juanes (Jimenes Grullón y Bosch), los principales ideólogos de su plataforma política original. López Mateo envió una delegación del ballet folclórico mexicano, que hizo presentaciones populares y a los militares en la víspera del golpe, tal como Muñoz Marín aportó el concierto de Pablo Casals en el Palacio de Bellas Artes. Betancourt, Figueres, Muñoz Marín y la administración Kennedy fueron aliados del régimen en el nivel internacional.

En 1963, la sombra ominosa de la crisis de los misiles proyectándose sobre el experimento de reformas dominicano y la intemperancia de los actores locales no habituados al juego de la democracia se combinaron y tuvieron consecuencias de importancia cardinal para lo porvenir.

1) El golpe de Estado aborta la oportunidad de establecer un régimen político fundacional, en términos de Juan Linz, tras 31 años de régimen autoritario y uno de provisionalidad del Consejo de Estado, llamado a crear las bases de un sistema político democrático moderno con instituciones funcionales, reformas sociales y económicas avanzadas. La cia, según una evaluación, compartía este enfoque y apuntaba a que la reacción dominicana, los oligarcas y la clase alta , eran extremadamente sensibles a los cambios. También suponía que las reformas de Bosch eran necesarias y que a Estados Unidos le interesaba mostrar a la República Dominicana como un ejemplo alternativo a la Revolución cubana, que ya estaba en su cuarto año.

Con ello se postergó la diversificación de la economía, así como la inversión en infraestructuras que tardarían una década o más en materializarse. Otras políticas contempladas se están realizando recién ahora, como el programa masivo de alfabetización, los sorteos para asignar las obras del Estado, el fomento del modelo asociativo que Bosch vio funcionar con éxito en Costa Rica.

2) La ucn, el partido de centro conservador que encabezó la transición y obtuvo la segunda mayoría electoral –que representaba el frente interno de clase media profesional de prestigio que hizo la resistencia al régimen de Trujillo con apoyo de grupos empresariales–, comienza su desintegración y el golpe de Estado la acelera. Antes del 25 de septiembre, renuncia un senador, seis diputados, el secretario general, Dr. Luis Manuel Baquero, y el Dr. Jottin Cury. Se retiran Salvador Jorge Blanco, Aníbal Campagna y José Augusto Vega, líderes importantes de Santiago. El fogoso comité del Distrito Nacional, con antigua presencia de cuadros de izquierda, queda desmovilizado.

3) La agrupación política 14 de Junio, la briosa organización de masas juvenil de izquierda que los norteamericanos calificaban de castrista, entrará en una fase de desintegración de la cual no volverá a recuperarse, tras el alzamiento guerrillero del carismático Manolo Tavárez en noviembre del 63, en el que perdió la vida en las Manaclas junto a un grupo de sus compañeros de dirección, honrando el juramento que hizo en el parque Independencia, cuando apuntó hacia las fatídicas “escarpadas montañas de Quisqueya”. Tavárez encarnaba el martirologio de las hermanas Mirabal y de la generación que recibió la represión demencial del final de la dictadura.

4) El fracaso de estos tres procesos será sumamente dañino para el desarrollo democrático de la República Dominicana. Vendría el Triunvirato, luego el levantamiento del 24 de abril y la guerra patria del 65, tras lo cual, el retorno de los trajes blancos, como calificó magistralmente Miguel Alfonseca en un cuento la vuelta del neotrujillismo, que se encamararían en el poder durante los 12 años duros de Joaquín Balaguer. La transición dominicana hacia la democracia se hizo más larga, más traumática y dolorosa.

5) El golpe de Estado contra Bosch no vino solo, fue parte de una ola conservadora de contención anticomunista que se llevó de paso a otros gobiernos democráticos y progresistas de la región, y lamentablemente segó la vida valiosa de John F. Kennedy, asesinado en Dallas el 22 de noviembre del 63. Como afirma Bosch en una entrevista del 64 para la Biblioteca Kennedy, mientras él fue derrocado y deportado, a Kennedy lo asesinaron dos meses después, siguiendo la tradición de Estados Unidos, donde no se dan golpes de Estado, sino que se eliminan presidentes. A Bosch la ola conservadora se lo llevó vivo y lo tuvimos hasta cumplir su ciclo biológico, longevo y fructífero. El giro conservador de la política estadounidense fue tan profundo que volaron también las cabezas de Martin Luther King el 4 abril del 68 y luego, el 6 junio del 68, de Bobby Kennedy, cuando intentaba la postulación presidencial por el Partido Demócrata. A ambos los conocí en Amherst (Massachussets), en un congreso de la World Assembly of Youth (way) en 1964.

6) Al cambiar fuertemente la prioridad hacia el objetivo de contención de un potencial «golpe comunista» en la región, se produjo una cadena de golpes de Estado preventivos. Aparte del derrocamiento del conservador general Ydígoras Fuentes en Guatemala en marzo del 63, el primer golpe sucede en Ecuador contra Carlos Julio Arosemena en julio de ese año, el segundo en Santo Domingo el 25 de septiembre, el tercero en octubre en Honduras contra Villeda Morales, del Partido Liberal, que hizo reformas sociales tal como Bosch aspiraba y vino a su toma de posesión. En abril del 64 le toca la lotería a Joao Goulart en Brasil. En Bolivia los militares gobernarán desde ese año hasta el 82. Arturo Illia es derrocado en junio del 66, entronizándose dictaduras militares de largo alcance bajo la doctrina de la seguridad nacional. En el 73 caerán Chile y Uruguay. Perú con Velasco Alvarado y Bermúdez, y Panamá con Torrijos y Noriega, representarán una opción populista.

Hasta el 90, con el derrumbe del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, coincidente con el retorno de la democracia en Chile –vigilada por un Pinochet en la jefatura del Ejército y un senado controlado por la derecha mediante cooptación–, América Latina, salvo excepciones notorias como Venezuela, Colombia y Costa Rica, padecería la política de mano dura, adelantándose esta fecha dependiendo de las subregiones y los países, como fue el caso de la República Dominicana con el cambio político de 1978. La prolongada Guerra Fría (1947-1990) retrasó nuestra democracia, que hubiera podido arrancar con Bosch presidente.

José del Castillo Pichardo es sociólogo, historiador y escritor. Dirigió la cátedra de Sociología e Investigaciones Científicas de la uasd y el Museo del Hombre. Presidió la Academia de Ciencias. Es miembro de número de la Academia de la Historia, exasesor de la Gobernación del Banco Central, consultor, y autor de decenas de obras sobre elecciones, reforma del Estado, migraciones, historia económica y cultural: Ensayos de sociología dominicana, Inmigración dominicana en Estados Unidos, La industria azucarera, El proceso electoral, Agenda de fin de siglo, El bolero. Publica una columna sabatina en Diario Libre.

Nota: El texto es una trascripción de la intervención de José del Castillo Pichardo en el panel Gestión de Gobierno del Presidente Juan Bosch, 11 de marzo del 2013 (Funglode).