Artículo de Revista Global 44

Cómo perciben los jóvenes la lectura en su formación

La investigación describe algunas de las posturas de los jóvenes respecto a la lectura tradicional que se contraponen con el ambiente tecnológico y de conocimiento de la sociedad de la información. Los resultados ayudan a desmitificar la idea que tenemos sobre estudiantes universitarios que usufructúan esas tecnologías y que son los relevos del periodismo actual.

Cómo perciben los jóvenes la lectura en su formación

Desde la invención de las primeras máquinas que dieron origen a la revolución industrial ha surgido el debate sobre la ética y la tecnología. Y es que la relación entre el hombre y la máquina plantea una serie de dilemas éticos en una discusión que se profundiza en nuestros días, cuando el ciberespacio ya es una realidad, y cuando la comunicación humana y la comunicación social se ven en cierta medida redefinida por el avance de la electrónica.

El comunicador enfrenta, en este momento, el dilema de seleccionar la información dentro de una variedad tan enorme, que está obligado a aguzar su olfato y a desarrollar un criterio mucho más amplio, más abarcador, una capacidad de análisis para determinar con la mayor certeza posible cuándo se encuentra frente a un hecho cierto, que puede interesar a la audiencia y hasta influir en la sociedad, y cuándo está frente a una invención, muy bien hecha y disfrazada por alguien que, mediante la tecnología y sus enormes posibilidades, es capaz de camuflar una mentira con habilidad, con el apoyo de datos de color que pueden darle visos de realidad sin que el redactor haya pisado ni de cerca el escenario de los acontecimientos.

No se detiene aquí el problema de la ética en el ciberespacio, también abarca otros aspectos que tienen vinculación con el propósito que guía el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, con la calidad de esa información y su aporte a la cultura de cada pueblo, a su desarrollo y a la educación de las nuevas generaciones. 

El dilema

Pero ¿en qué consisten, qué son los dilemas éticos? Una vez le escuché decir al maestro de periodismo colombiano Javier Darío Restrepo, en un taller desarrollado en Santo Domingo, que el dilema ético es la decisión más difícil a la que se enfrenta un periodista, pues generalmente se trata de dos opciones que podrían perfectamente ser correctas.

¿Sería un dilema ético una decisión entre el bien y el mal? Igual que el maestro Restrepo pienso que es muy fácil distinguir entre el bien y el mal, y no entraña un verdadero dilema tal distinción.

En el caso de la comunicación social, los dilemas éticos cambian por las modificaciones que sufren las estructuras, cambia todo, menos la comunicación. Por ejemplo, los medios masivos: periódicos, revistas y otras publicaciones, van abandonando cada vez más la estructura de factoría o de fábrica que los caracterizó en el siglo pasado para convertirse en transmisores de noticias que se conocen al momento, con imágenes y datos enviados en tiempo real, y la actualización en pantalla ha dejado atrás el proceso fabril de elaborar la noticia para convertirla en información impresa en papel al día siguiente.

Para muestra de ese cambio algunos datos del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones, (Indotel, 2011) que para 2010 indicaban que existían en el país más de cuatrocientas mil novecientas noventa y tres cuentas de correo electrónico y de estas más de ciento veintitrés mil corresponden a Internet con telefonía móvil. En diciembre de 2010 este organismo, responsable de regular las telecomunicaciones en el país, daba cuenta de que 29.8 por ciento de la población dominicana tenía acceso a Internet, por el incremento en el número de cuentas.

Se ha popularizado el uso de las nuevas tecnologías y entre los ciudadanos dominicanos existe una tendencia a poseer más de un correo electrónico por persona, esta es una razón de peso para pensar que no debería establecerse este criterio como un mecanismo para afirmar que casi el 30 por ciento de la población tiene acceso a las herramientas relacionadas con la Internet, si se toma como referencia este criterio como único indicador.

En el mes de junio de 2010 se logró en el país el 101.6 por ciento de teledensidad, con 9,902,438 líneas móviles en servicio, lo que significa que hay más celulares activos que habitantes en esta media isla (Indotel, 2010).

En torno a la radio se han establecido nuevas formas de consumo que aún no han sido lo suficientemente estudiadas, pero sigue teniendo vigencia en la República Dominicana y continuará evolucionando según se evidencia en la penetración que tiene en la población, puesto que más de 60 por ciento posee una radio, en menor grado que la televisión, que tiene el 93 por ciento de penetración en el mercado (Indotel, 2007). Esto refleja también el liderazgo absoluto de la televisión sobre los medios que consumen los dominicanos y dominicanas.

En lo que se refiere a la televisión, el Indotel (2011) estima que a finales de 2011 la televisión por cable aumentará su penetración hasta un 30 por ciento, esta información da una idea de quiénes podrían recibir la televisión digital, una novedad en la era de la información y la comunicación. Con la perspectiva puesta en que la televisión se encuentra a las puertas de la digitalización, la radio digital también es un compromiso que comunica la modernidad, en este momento en el país se estudia la selección del estándar más apropiado para su implementación. Estas transmisiones de señales digitales, tanto de televisión como de radio, son una opción de mayor calidad técnica que permite el mejor disfrute de estos medios, por la mayor efectividad en la transmisión de las señales.

Cebrián (2007) afirma que los cambios que han marcado a la televisión tienen que ver con una inclinación de la cultura moderna de vinculación con los medios masivos, y que a su vez estos medios se vinculan con otros medios, por ejemplo, la difusión masiva de canales tradicionales que han visto en Internet, específicamente en el portal You Tube, otra oportunidad para expandirse. “La vinculación de cada una de estas televisiones personales está dando origen a una televisión comunitaria bastante diferente de la concepción tradicional. Los usuarios producen sus programas dentro del objetivo: Haga usted la televisión” (Cebrián, 2007, p. 63).

Sin embargo, los adelantos y la velocidad en el uso de la tecnología no eliminan los problemas éticos que todo comunicador enfrenta al publicar una información, solamente los plantea en un nuevo escenario, donde los productores de noticias ya no son solamente las agencias periodísticas y este nuevo canal de llegada de la información a las redacciones ha firmado el acta de defunción de las teletipos.

La comunicación actual enfrenta al periodista con el dilema de decidir, con su criterio y basado en la capacidad de análisis que ha desarrollado sobre la base de su formación, qué noticia es interesante para el lector, qué información puede ser tomada como fidedigna y cómo diferenciarla de una invención que, con los medios que brinda la tecnología, puede ser camuflada como real, sobre todo si tenemos en cuenta que el lugar de los hechos está demasiado lejos de ese trabajador que redacta la noticia, que ya no tiene que salir a la calle para buscar esa mercancía que antes se elaboraba entre máquinas de escribir, linotipos y talleres de huecograbado que empleaban hasta veinte personas para elaborar una nota de media página con una o dos fotografías.

¿Cuántas informaciones se publican sin el debido respeto a las instituciones? Es como si estuviésemos pisando el mundo virtual de Second Life y recibiéramos una clase en medio de la presentación de un concierto de una de las bandas favoritas del momento. (Quienes no han visitado aún el portal de Second Life, no deberían perder más tiempo).

Resolver este dilema ético requerirá de una mayor capacitación para realizar la tarea de informar, pero no solo en el aspecto técnico, también en las competencias que se requieren para ser más interactivo, con un nuevo método que combine la construcción con la inducción, que parta desde la enseñanza de nivel básico hasta las universidades pero que retome el aprendizaje significativo, con una nueva teoría integrada para que los jóvenes puedan concentrar las herramientas que les ayuden a responder a estos nuevos desafíos. También implicará mejor conocimiento de las audiencias, por lo que es imprescindible dar una mirada a los hábitos de consumo y de preferencias.

Las preferencias de los jóvenes

Aquí quiero hacer una referencia a los resultados de una investigación que se realizó dentro de un proyecto de investigadores de la riial1 de la Iglesia católica, que se presentó en su II Congreso de Chile en octubre de 2011 y se refiere a las preferencias de jóvenes universitarios sobre la lectura para evidenciar las prácticas tecnológicas en este ejercicio informativo y formativo, dado que la lectura es una herramienta indispensable para el desarrollo de las personas.

Para este estudio se entrevistó a 438 estudiantes de una población de 1,140 jóvenes de entre 17 y 20 años, que se encontraban dentro del primer año de estudio de una universidad privada del área metropolitana de Santo Domingo. Ante el cambio de época que vivimos la pregunta sobre los hábitos de lectura de los jóvenes es un tema de conversación y de numerosas interrogantes.

Se les preguntó a los jóvenes universitarios de primer año si consideraban importante la lectura de libros para su formación profesional y la mayoría de las respuestas estuvieron entre muy de acuerdo y de acuerdo con una sumatoria de 93%, lo que implica que el concepto tradicional de lectura como método para adquirir una mejor formación profesional sigue siendo un referente en los jóvenes consultados.

No deja de ser un indicador de cambio, pues es de suponer que si esta pregunta se hubiese hecho en los setenta es posible que el 100% hubiera contestado afirmativamente. Llama la atención este resultado puesto que una de las preocupaciones actuales que escuchamos de docentes y padres es que los jóvenes no se interesan en leer.

Se les consultó también sobre si era relevante leer cualquier libro en papel y el 74% respondió afirmativamente, lo que indica una relevancia marcada entre los jóvenes universitarios consultados que piensan que es válida la lectura de cualquier tipo de libros en papel.

Sin embargo, cuando en ese estudio se les preguntó a los universitarios si consideraban si era mejor leer libros, revistas y páginas de diferentes temas en Internet, las respuestas contrastan con las anteriores, pues un 56% respondió favorablemente. Este contraste se podría explicar por la cantidad de información que circula a través de los medios digitales, la diversidad de formatos puede sugerir que se puede aprender a través del consumo de materiales de lectura que se cuelgan en la Web.

Casi un cuarto del total de los estudiantes consultados no está seguro de que el Internet sea la mejor opción para sus lecturas, esto se puede interpretar por la influencia que siguen teniendo los libros tradicionales, y a los que les esperan cambios que no necesariamente los harán peores, pero sí diferentes.

Este resultado entraña una contradicción con la importancia que los jóvenes otorgan a la lectura de libros, pues por un lado piensan que es válida la lectura de cualquier tipo de libros en papel, pero también otorgan una relevancia que sobrepasa el 55% a cualquier tipo de lectura realizada en Internet. Esto evidencia una característica de contradicción que podría tener su explicación en que se trata de herramientas de información y de comunicación que son novedosas y todavía les falta conocer mucho acerca de ellas.

Para determinar la percepción del estudiantado en torno a si la lectura digital podría sustituir a la lectura tradicional se les preguntó al respecto y más del 31% se mostró en desacuerdo, el 16% dijo que no estaba seguro, sin embargo el 53% dijo estar de acuerdo con que la lectura tradicional será sustituida por los nuevos formatos de lectura digital.

En promedio, el 48% de los consultados considera que la lectura en Internet puede sustituir a la lectura de libros, pero profundizando sobre este tema se les preguntó si es más cómodo leer en Internet y la mayoría, el 62%, respondió que no es más cómodo. Esto indica que para los jóvenes consultados los mecanismos de lectura tradicional continúan siendo la opción predilecta, a decir de esta mayoría que piensa que la lectura digital no es más cómoda. Este es otro dato que se contradice con la limitada promoción de la lectura digital, por quienes entienden que la era de la información ha dejado el consumo de libros en papel fuera del interés juvenil.

Este hallazgo parece contradictorio con los cambios en el consumo de libros que manifestaron los encuestados, puesto que por un lado la mayoría piensa que no es más cómodo leer en Internet y sólo el 25% está de acuerdo con que es más cómodo, y al mismo tiempo el 53% duda o está en desacuerdo con que la lectura tradicional de libros será sustituida por Internet. Estos datos pueden significar un punto de partida para observar, en un futuro inmediato, algunos cambios relevantes en la forma en que los jóvenes se acercan a la lectura.

Un dato significativo que llama la atención son las respuestas del estudiantado a la pregunta ¿Tienes tiempo para leer? La mayoría parece dar prioridad a la lectura, pues cerca del 54% afirmó tener tiempo para leer.

Sobre los tiempos dedicados a la lectura, la distribución de las respuestas particularmente llaman la atención. Más de un tercio de la población encuestada lee una hora por día, un número significativo ante la actual percepción de una completa falta de lectura en este segmento poblacional. Pero hay un 11.5% adicional que dijo leer 5 horas por semana, lo que sumado da 45% de estudiantes que dedican por lo menos entre 5 y 7 horas a la semana para leer.

Una gran parte de los consultados, en promedio el 47%, está de acuerdo con que el tiempo que emplean para leer es suficiente. El 49% de los encuestados piensa que una hora de lectura al día o cinco durante la semana son suficientes para su formación profesional, frente al 45% que dijo que ese era el tiempo que dedicaba a la lectura.

Llama la atención que del 22% que dijo leer una hora por semana, se pase al 38% que considera que ese es el tiempo que se debería dedicar para leer.

Estos resultados se pueden asociar a las respuestas generadas a la pregunta de que si el uso del Internet les quita espacio para la lectura de libros, a la que el 70.5% de los consultados respondió afirmativamente. Esto evidencia claramente la conciencia de los jóvenes con respecto a que el uso del Internet les genera distracción frente a la lectura de libros.

El derecho intelectual

Estos resultados se conectan con otro de los dilemas éticos, de los tantos que enfrenta a diario el comunicador, y que tiene que ver con el derecho intelectual, con la propiedad a la que está sujeta la información que circula en el ciberespacio, de la que es muy fácil apropiarse con una impunidad casi total, debido a la enorme cantidad de información que circula en las redes, a la casi total ausencia de controles y a las enormes distancias que separan a la fuente del usuario.

También abarca otros aspectos, que tienen que ver con el propósito que guía el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, con la calidad de esa información y su aporte a la cultura de cada pueblo, a su desarrollo y a la educación de las nuevas generaciones.

Desde un punto de vista de la ética cristiana, esta realidad que nos supera en el campo tecnológico nos impone la búsqueda del bien común, la obligación y la necesidad de velar por el bienestar del otro, que es el hermano al que el comunicador debe servir como informador, como referente, como guía, como formador de opinión.

La pérdida de esta perspectiva es la que lleva al comunicador a priorizar otros aspectos, como la acumulación personal de riquezas mediante el servicio incondicional a los poderes fácticos, o la búsqueda de fama al precio que fuere, e incluso cuando se convierte en noticia un hecho intrascendente para ocultar otras realidades en desmedro de las mayorías, de los desprotegidos, de los que nada tienen para dar y sí un cúmulo de necesidades y miserias que a veces el comunicador convierte en espectáculo a conveniencia del poder al que sirve.

Es un llamado a observar, desde la educación, el conocimiento y el uso que la juventud pueda hacer de la gran cantidad de información que se transmite a través de los diferentes medios, y es donde los formadores tienen un papel primordial para ayudar a construir modelos de consumo de medios, que será uno de los más grandes retos.

Ana Bélgica Güichardo Bretón es magister en Gestión y Docencia Universitaria y cursa una maestría en Tecnología Educativa. Presidenta de la Organización Católica Latinoamericana y Caribeña de Comunicación, OCLACC. Docente, periodista y productora de radio. Autora de varios artículos sobre radio. Ha coordinado varios proyectos para la cátedra Unesco-PUCMM y es miembro de Signis Mundial. Participó en el equipo de la investigación publicada por la RIIAL sobre el uso de la tecnología en la juventud.

Nota

1 RIIAL, Red Informática de la Iglesia Católica en América Latina.

Bibliografía

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Cebrián, M. (2007). “Agoniza la televisión tradicional: Transformación de la tv”. Revista Chasqui, núm.098, Quito, Ecuador.

Instituto Dominicano de Telecomunicaciones, Indotel (2007). La radio ocupa el segundo lugar de penetración, después de la tv. En:<http://www.indotel. gob.do/noticias/noticias-2007/la-radio-ocupasegundo-puesto-en-penetracion-despues-detv-que-tiene-93-indotel-anuncia-primer.html>. (Consultado el 22 de enero de 2010).

— (2010). RD tiene más celulares que habitantes. En: <http://www.indotel.gob.do/noticias/noticias/rd-tiene-mas-telefonos-que-habitantes.html>.

(Consultado el 22 de enero de 2010).

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Restrepo, Javier Darío (2005). El zumbido del moscardón, Fundación Nuevo Periodismo, Colombia.