Artículo de Revista Global 62

Cómo trata la prensa dominicana el VIH/sida

Esta ponencia pretende resumir los resultados de la investigación «El tratamiento del VIH/sida en los medios de comunicación escritos dominicanos: Diario Libre, El Caribe, El Día, Hoy, Listín Diario y El Nacional». La investigación se inscribe en el análisis de contenido y tiene una finalidad de intervención social. En síntesis, pretende averiguar de qué se habla cuándo se escribe del VIH/sida, cuándo y cuánto se informa, qué fuentes se emplean, cómo se informa, si las informaciones estigmatizan y si se da un tratamiento de género. Esta investigación forma parte de una serie de estudios, cuya finalidad es ofrecer argumentos para el trabajo colaborativo entre ONG, gobierno y periodistas.

Cómo trata la prensa dominicana el VIH/sida

Esta ponencia persigue ofrecer los resultados de la investigación El tratamiento del vih/sida en los medios de comunicación escritos dominicanos: Diario Libre, El Caribe, El Día, Hoy, Listín Diario y El Nacional.[i] La investigación, metodológicamente, se inscribe en el análisis de contenido y, en síntesis, pretende averiguar de qué se habla y cómo cuando se escribe sobre el vih/sida, cuándo y cuánto se informa, de quiénes se habla, qué fuentes se utilizan (¿los miembros o asociaciones de la comunidad vih/sida se utilizan como fuente?), cómo se informa (haciendo hincapié en la transmisión correcta o incorrecta de mensajes científicos), con qué carácter, qué características tienen esas informaciones (género, sección, edición, autoría, etc.), si estigmatizan, si se da un tratamiento de género y que correlación establecen las informaciones entre enfermedades oportunistas y vih/sida.

Como objeto de estudio se escogieron seis diarios dominicanos: Diario Libre, El Caribe, El Día, Hoy, Listín Diario y El Nacional. Se trata de los periódicos con más difusión en la República Dominicana, con líneas editoriales diferenciadas y, además, todos cuentan con buscadores testados, lo que nos permitirá poder analizar todas las piezas que traten sobre el vih/sida del período escogido.

Se han analizado todas las informaciones que tratan el vih/sida entre los meses de octubre y marzo de dos años consecutivos (2012-1013). O sea, durante seis meses seguidos; de esta manera podemos incluir el Día Mundial del Sida y, así, apreciar los flujos informativos. El período de seis meses nos ofrece una cantidad suficiente de informaciones para que los datos que podamos extraer sean significativos.

Buscamos las piezas utilizando tres entradas en los buscadores de los diarios (que previamente testamos): vih, sida y vih/sida. De esta forma nos asegurábamos de contar con todas ellas. Hablamos de piezas y no de noticias para englobar a todas las informaciones, fueran cuales fueran sus géneros y, así, no confundir noticia como sinónimo de información con noticia como género informativo y, por ende, con características estructurales propias. Se excluyeron todas aquellas piezas no periodísticas, por ejemplo, las cartas de los lectores o las notas de servicios y agenda.

Para la recopilación de la información y su posterior análisis creamos una base de datos específica para esta investigación. A la par, junto al análisis de contenido, empleamos la herramienta Google Trends para comprobar los flujos informativos y de búsqueda, tanto de la República Dominicana como globalmente, y contextualizar así algunas conclusiones. Para las variables que tienen que ver con los posibles errores terminológicos, usamos como guía tres manuales: Orientaciones terminológicas de onusida, Guía de estilo sobre vih/sida y nih (cesida), e Infosida: Vacunas preventivas contra el vih. Todos los datos epidemiológicos que ofrecemos en esta ponencia están extraídos de informes de conavihsida y Onusida.

Esta investigación es la continuidad de otras similares que venimos realizando en España desde el 2005 cada dos años y que ahora también se han extendido a México. Por tanto, la metodología es idéntica y las bases de datos parecidas, pues se adaptan en algunas de sus variables al contexto social y mediático del país estudiado. Sustancialmente, no han sido modificadas desde la primera investigación (para no romper las series), pero se han ido incluyendo variables nuevas a partir de los resultados de las investigaciones y de los intereses manifiestos de las ong y los gobiernos; así, en la segunda investigación española nos centramos también en el tratamiento de género; en la tercera, en las ong como fuentes y como protagonistas de las informaciones, y en la cuarta, en la correlación entre sida y tuberculosis. Cada una de estas incorporaciones se mantiene ya en las oleadas siguientes. La investigación que presentamos hace suyas todas las incorporaciones comentadas.

La finalidad de esta investigación es doble: por un lado y en sí misma, conocer y dar a conocer cómo tratan los medios impresos españoles el vih/sida y, por otro, que las conclusiones a las que se llegan sean un instrumento en manos de ong y periodistas para –mediante el trabajo colaborativo (Terrón, 2014)– poder incidir sobre la agenda, las fuentes y los enfoques de los medios cuando tratan sobre el vih/sida.

Esta investigación la han llevado a cabo investigadores de la República Dominicana (Funglode) y España (InCom-uab), y ha sido financiada por la Fundación Global Democracia y Desarrollo, de la República Dominicana.

Resultados

Dada la cantidad de datos que resultan de esta investigación vamos a centrarnos en aquellos que consideramos primordiales para saber cómo tratan los diarios dominicanos el vih/sida.

Tabla 1. Informaciones en torno al vih/sida en la muestra

  Piezas %
Diario Libre 40 22.10
El Caribe 17 9.39
El Día 21 11.60
El Nacional 33 18.23
Hoy 38 20.99
Listín Diario 32 17.68
Total 181 100.00

Fuente: Elaboración propia.

No estamos en condiciones de asegurar si los diarios dominicanos informan en la actualidad más o menos sobre vih/sida que hace unos años. Carecemos de las series de datos en la que sustentar una conclusión. No obstante, y teniendo en cuenta lo que sucede en otros países y la información que podemos extraer de Google Trends, es plausible que el número de informaciones haya disminuido. En España, por ejemplo, hemos podido comprobar que, a pesar de que las informaciones biomédicas aumentaban, se pasó de 469 piezas que trataban sobre el vih/sida en la primera oleada –2006– a 320 en la cuarta –2012–. Lo que sí podemos afirmar es que los diarios estudiados no tratan el vih/sida de la misma manera y con la misma profusión.

También podemos apreciar con claridad como la agenda es determinante a la hora de incluir o excluir informaciones en torno al vih/sida. Así, 55 piezas (o sea, el 31% del total) se concentran en la semana del 26 de noviembre al 2 de diciembre, que incluye el  primero de diciembre, Día Internacional del Sida.

Google Trends nos muestra como, a escala global, las búsquedas y las referencias de los términos vih y sida han ido descendiendo en todo el mundo y como se producen unos picos, unos aumentos de información, de manera regular, que se corresponden con el Día Internacional del Sida y la Conferencia Mundial sobre el Sida, que suele desarrollarse hacia el verano. En definitiva, se confirma que los eventos marcan la agenda de los medios también a la hora de tratar sobre el vih o sobre el sida.

Pero esta herramienta también nos muestra que las consultas y las búsquedas con el tema  sida son superiores a las que tienen el tema vih, y que si el descenso en las búsquedas es notorio, este es mucho más acusado en la búsqueda de noticias. Por otro lado, con relación a vih o al sida, el término de búsqueda que más se repite es «síntoma», fenómeno este también cuasi universal. Consideramos que es una información que debería suscitar más de una reflexión a las autoridades sanitarias y que debería despertar el interés de los periodistas, ya que implícitamente señala deficiencias en las políticas de prevención. Junto a «síntoma» y también de manera global, crece la búsqueda a partir de «prueba del vih».

Cabe destacar que, de la muestra analizada, el 87.85% de las piezas tienen como argumento central (eje central) el vih/sida; en España en el 2010 tan solo se daba en el 49.18% de las informaciones analizadas. Una cosa es escribir sobre el vih/sida y otra muy distinta que el vih/sida sea un recurso para escribir de otro tema o un argumento para expresar generalmente ciertas opiniones, hacer comparaciones o «describir» sociedades (atraso, pobreza, marginación, prisiones, políticas sanitarias, etc.).

También consideramos positivo que las piezas hagan referencia mayoritariamente al vih/sida (63%) y no al sida (6%) –el 31% restante lo hacen al vih–. Como venimos repitiendo en nuestras investigaciones, cuando se habla de sida se puede estar hablando de vih/sida o, simplemente, de vih; ahora bien, cuando se habla de vih se hace una diferencia trascendente y clarificadora entre vih y sida. Y cuando se habla de vih y de sida en numerosos ocasiones solo se debería hablar de vih.

Estos resultados deben complementarse con otros que presentamos a continuación, como el uso de la sinécdoque (lo que no deja de ser un error); en definitiva, hasta qué punto se utiliza la parte por el todo, sida por vih o por vih/sida, lo que ocurre en el 39.6% de las piezas. Ahora bien, y como ejemplo de esas diferencias entre diarios, mientras que en Diario Libre ocurre en el 52.5% de las informaciones, en El Día solo se llega al 23.8%. En otras palabras, los resultados no son uniformes. Seamos conscientes de que la sinécdoque no solo es un error, es también un enfoque (con el que, por ejemplo, se amplifica el dramatismo). Si comparamos estos resultados con los de la investigación que realizamos en España en el 2010, veremos que son muy semejantes, pues en el caso español las sinécdoques alcanzaban al 36.6% de las piezas analizadas y la fluctuación en los resultados entre diarios también era muy pronunciada.

Por otro lado, como lo venimos haciendo en todas nuestras investigaciones, hemos incluido las piezas en uno de estos tres macrogéneros: el informativo (breve y noticia), el interpretativo (crónica, reportaje, entrevista y artículo) y opinión (columna, editorial y comentario). En esta investigación, el 95.6% de las piezas corresponden al macrogénero informativo y hay una evidente escasez de piezas interpretativas (3 sobre 181), hasta el extremo de que le superan las de opinión (6). Por otro lado, el 98% de las piezas corresponde al registro lingüístico informativo; solo 3 son divulgativas. Estos resultados guardan una coherencia interna, pero deberemos volver a ellos en el apartado de  discusión y conclusiones.

Ahora bien, ¿de qué hablan las piezas de la muestra? Poniendo nuestra atención en las informaciones cuyo argumento central es el vih/sida y caracterizándolas con palabras claves (tres por pieza para que no se dé una dispersión de resultados), tras agruparlas en correlaciones lógicas y así facilitar la lectura, obtuvimos el siguiente listado:

1.- Eje de la prevención: 176 (palabras clave)

2.- Eje de los tratamientos y de los cuidados médicos: 111

3.- Eje de la investigación: 77

4.- Eje de los derechos de los ciudadanos (y su contrario, la discriminación y la estigmatización): 72

5.- Eje de los recursos económicos: 59

6.- Eje de los niños infectados por vih (y de la transmisión vertical): 52

7.- Eje de las instituciones: 40

8- Eje de la epidemiología: 38

9.- Eje de las enfermedades: 30

10.- Eje de las localizaciones espaciales: 29

11.- Eje de la mujer: 26

12.- Eje de la toxicomanía: 11

Como podemos ver, se ha tratado sobre todo la prevención y los tratamientos. Acto seguido aparecen investigación y derechos (o su conculcación). Debemos explicar que hemos querido diferenciar las palabras clave en torno a la mujer (en la República Dominicana el 54.55% de las personas que viven con vih son mujeres) de aquellas que guardan una relación con la transmisión vertical –uno de los mayores problemas que perciben el gobierno y la sociedad dominicana con relación al vih/sida–,[ii] a sabiendas de que en muchos casos también hay una referencia a las mujeres (cuando no es así, se habla de niños o de políticas sanitarias).

Esta tematización es muy semejante a la que se da en España; las diferencias surgen como resultado de una realidad específica (la prevalencia de la transmisión vertical y la feminización del vih) –Terrón, J. L.; García, R.; Martínez, L. (2010)– y, en menor grado, por tratarse de métodos de observación diferentes –Revuelta, G. et al. (2013)–.

Debemos añadir que solo en el 9.94% de las piezas se habla de muerte.[iii] O sea, se puede y se debe hablar de vih/sida sin tener que hablar de muerte, lo que no quita que se deba hacer cuando se considere necesario (comportaría caer en la ocultación, por bien intencionada que sea). En España se observa un descenso, así se pasa de un 28.3% –como se observa en la investigación del 2006– a un 13.8% –en la investigación del 2010–.

En las piezas estudiadas prevale un enfoque neutro (64.6%), frente al optimista (20.5%) y al pesimista (14.9%). Con ligeras variaciones, ocurre en todos los diarios. Generalmente, el enfoque optimista se suele ligar a avance biomédico o actitud positiva de las personas con vih. En el caso dominicano también es el resultado de las políticas de salud: el 80% de las personas que lo necesitan ya reciben tratamiento con antirretrovirales.

También es oportuno subrayar que en una de cada tres piezas (el 36.5%) se habla de prevención, aunque los resultados son muy dispares según los diarios –en España se pasó de un 38.38% en el 2006 a solo un 17.33% en el 2010–. Por otro lado, debemos dejar constancia de que el 56.35% de las piezas incluyen alguna mención a prácticas de riesgo. Esta cifra es superior a la de piezas que tratan de prevención. Casi la totalidad de las piezas que hacen referencia a prácticas de riesgo las vinculan con lo que ha venido llamándose «sexo inseguro».

En las piezas analizadas también se aprecia que el 54.5% incluyen cifras en su narración (en la investigación del 2010 en España, 23%).

En cuanto a de quiénes se habla, los resultados, por citaciones, son los que siguen:

  • pvvs: 123 (22.82%)
  • Mujeres: 68 (12.61%)
  • Niños: 63 (11.68%)
  • Embarazadas: 49 (9.09%)
  • Pobres: 29 (5.38%)
  • Jóvenes: 27 (5%)
  • Adolescentes: 21 (3.89%)
  • Toxicómanos: 20 (3.71%)
  • hsh: 19 (3.52%)
  • Prostitutas: 19 (3.52%)
  • Inmigrantes: 11 (2.04%)
  • Presos: 11 (1.48%)
  • Transexuales: 11 (1.48%)
  • Personal sanitario: 3 (0.55%)
  • msm: 1 (0.37%)

El tema pvvs (o sea, personas que viven con vih) es el que registra un porcentaje más alto. En segundo lugar aparezca el tema mujeres, lo cual es concordante con la proporción de dominicanas infectadas. Eso sí, los resultados de este tema podrían ser mayores si consideramos su correlación con los temas que le siguen en la lista: embarazadas y niños. En definitiva, y como ya hemos escrito, subyace una tematización, la transmisión vertical del vih y, en su caso, el tratamiento con antirretrovirales. Por otro lado, no debemos obviar que cuando se habla de jóvenes y de adolescentes en muchos casos se trata de jóvenes y adolescentes de sexo femenino.

Por el contrario, HSH y Trabajadoras del sexo están, hasta cierto punto, invisibilizados (por cierto, a estas variables cabría sumar de facto los resultados de Transexuales, dado que son tratadas en tanto que trabajadoras sexuales); recordemos que el 5% de las profesionales del sexo y el 6% de los homosexuales de la República Dominicana viven con vih. Reparemos en el hecho de que en la República Dominicana la prevalencia del vih es del 0.8.

Hemos de destacar que solo en 17 piezas (un 9.4% del total) se incluyen testimonios y que esa proporción es de un 4.4% si consideramos únicamente a las personas que viven con vih.

En cuanto a las zonas geográficas de las que se habla, los resultados son bastante homogéneos en todos los diarios. Como era de esperar, la variable República Dominicana es la preponderante, pues aparece en un 64.6% de las piezas, o sea, prácticamente en dos de cada tres (en España no se llega a una de cada dos piezas). Tras la República Dominicana aparecen los países occidentales (en 31 piezas, en las que se habla sobre todo de investigación), los países geográficamente próximos y el resto del mundo. Nos sorprende que la zona geográfica más próxima, America Latina y el Caribe, suscite tan poco interés informativo, solo 9 piezas.

Con relación a la República Dominicana, se escribe sobre todo de la Región Norte con 25 entradas –con menciones específicas de 10 provincias–, la Región Este con 14, Santo Domingo con 11 y la Región Sur con 5. La provincia de Santiago es la que mayor número de menciones registra, seguida de la provincia de Santo Domingo. En un tercer lugar se sitúa Samaná. Estos resultados no se corresponden con los de prevalencia del vih por regiones o provincias.

En cuanto a la autoría, y de manera muy sintética, debemos subrayar que solo el 38.7% de las informaciones están firmadas. Eso sí, de nuevo constatamos una gran diferencia entre diarios. Por ejemplo, mientras en El Nacional están firmadas el 60.1% de las piezas, en El Día solo se firma el 19%. Apenas 12 autores (sobre 45) firman más de dos piezas y únicamente cinco periodistas firman tres o más informaciones, lo que denota una baja especialización periodística. Del resto de las piezas, 55 están firmadas por agencias y 70 aparecen bajo el tema redacción (presumimos que muchas de estas piezas también son de agencia o tienen como fuente a otros medios de comunicación). La agencia más usada es EFE (en 23 piezas); le sigue AFP en 15, BBC Mundo en 12, AP en cinco y Xinhua en una.

En otro orden de cosas, los expertos científicos son las fuentes más citadas (41.7%), seguidos de las agencias gubernamentales, con 22.6%. A partir de estas dos agrupaciones de fuentes ninguna otra llega al 10%, aunque las organismos internacionales lo rozan (9.9%). Le siguen los expertos no científicos (9.4%), los centros de investigación (7.4%), las ong (5.8%) y otros (5%). Por debajo del 5% se encuentran los medios de comunicación (3.7%), las publicaciones científicas (3%), los laboratorios (1.8%), las asociaciones profesionales (0.9%) y afectados (0.5%). No tienen ninguna citación como fuente las agencias ni las asociaciones de pacientes.

Que las agencias no aparezcan como fuente no debe llevarnos a equívoco: 55 piezas, como mínimo, son totalmente de agencia –en tanto que así aparece la autoría-. También hemos de resaltar que las revistas científicas solo suponen un 3% de las fuentes utilizadas, una cifra evidentemente pequeña; todas ellas son publicaciones anglosajonas –cinco en total–, entre las que destacan por citaciones, y con cuatro cada una, Nature Nanotechnology y Plos Pathogens. Ahora bien, del estudio del 2010 en España se desprende que solo el 4.4% de las fuentes correspondía a publicaciones científicas y que todas ellas eran también anglosajonas.

De las piezas analizadas, tan solo en 10 se habla explícitamente de discriminaciones, o sea, se recogen denuncias por discriminaciones (de nuevo merece la pena una comparación: en la investigación sobre España en el 2010, de 427 piezas solo se enunciaban discriminaciones en 17). Prevalecen las denuncias por discriminaciones médicas y suelen ser las ong el origen y fuente de esa denuncia.

También hemos de consignar que una de cada cuatro piezas incluye contenidos biomédicos, concretamente el 29.8%. Ahora bien, ¿de qué contenidos biomédicos estamos hablando? Como era de esperar, de investigación (50 piezas), seguido de tratamiento (37) y vacuna (11).

Por otro lado, dos de cada tres piezas contienen algún error científico. La mayoría de estos errores se incluyen en las piezas firmadas. Los errores se concentran, mayoritariamente, en cuatro variables: infectado de sida (43), virus del sida (21), morir de sida (17) y contagio (15). Estos errores los podemos calificar de biomédicos, por lo que nos parece sencillo, con la debida formación, no incurrir en ellos.[iv] Al no contar con series de datos, no estamos en condiciones de poder decir si se escribe mejor que hace años. Si comparamos estos datos con algunos de las investigaciones realizadas en España (38.4% en el 2008 de piezas con errores, frente a un 26% en el 2010), podemos decir que hay un evidente margen de mejoría. Hemos de subrayar que no se habla de grupos de riesgo, a la par que hemos observado el uso de la expresión personas que viven con vih en sustitución de seropositivos o de personas que sufren, padecen… sida.

También debemos destacar que, de las 70 piezas firmadas, en 41 casos lo están por una mujer. De nuestra investigación se desprende que ni globalmente hay un enfoque de género ni se percibe que este sea mayor cuando la pieza está elaborada por una redactora. A su vez, cabe reseñar que solo en 19 piezas la mujer tenía un rol destacado: 12 como actora, 4 como testimonio y 3 como experta.

Acabamos este apartado haciendo una referencia explícita a la tuberculosis. La infección por vih y la tb están tan íntimamente relacionadas que a menudo se habla de «coepidemia», «epidemia dual», tb/vih o vih/tb. Al menos un tercio de los 38.6 millones de personas que hay en el mundo infectadas por el vih también están infectadas por el bacilo de la tb, y corren un riesgo mucho mayor de padecer tb activa, y un 12% de las muertes mundiales por tb corresponden a personas infectadas por el vih.

Insertamos estos datos para que el lector tome conciencia de la importancia de escribir sobre tb cuando se trata el vih/sida. Sin embargo, solo una pieza en cada uno de los diarios habla de tb (y en 4 ocasiones es un mismo hecho noticioso, a partir de una denuncia de discriminación sufrida por un paciente) y solo en un diario, El Nacional, aparece vinculados en un titular: «Alertan incremento casos sida y tuberculosis».

Discusión y conclusiones

Quisiéramos realizar en este apartado una serie de reflexiones a partir de los resultados obtenidos. En primer lugar, debemos referirnos a que si, como se viene diciendo, se ha llegado «a un agotamiento del tema», en espera de la gran noticia (cura del vih), los criterios de noticiabilidad habrían desterrado este tema informativo de la agenda de los medios. Permítasenos algunos comentarios al respecto.

Ese supuesto agotamiento es más una percepción (subjetiva) que el resultado de unas investigaciones (que no se han hecho). En nuestro caso, hemos visto que la caída en la información sobre el vih/sida en España coincide con la crisis económica de los medios estudiados, que ha supuesto recortes de plantillas y de contenidos. ¿La disminución sobre el tratamiento del vih/sida se debe al agotamiento del tema o a la crisis del medio?, ¿en qué proporción? Sin tener una respuesta a estas preguntas solo deberíamos hablar de hipótesis.

Por otro lado, ese supuesto agotamiento informativo del tema (por cierto, un descubrimiento científico de calado también se agota informativamente) solo podría ser compensado con tratamientos informativos distintos, desde perspectivas diferentes. En el caso que nos ocupa, recordemos que solo aparecen tres piezas interpretativas (y divulgativas), es evidente que estos dos supuestos son posibles y deseables. ¿Por qué deseables? Como mínimo por dos razones, que suplirían a dos carencias que hemos detectado entre los diarios analizados: permitirían dar voz a las personas que viven con vih o a sus allegados y con el registro divulgativo harían más comprensibles ciertas informaciones científicas a la vez que podrían incidir más en la prevención.

Y como venimos sosteniendo en nuestros estudios, los resultados presentados ponen en duda el razonamiento, que nos atrevemos a denominar mecanicista, de que la agenda de los diarios es idéntica o muy semejante. Ya Martín Llaguno (2000), al referirse a la etapa de la epidemia del sida que denomina de normalidad activa, señala que comenzaban a aparecer divergencias en la selección de las informaciones dependiendo del diario.

Todas las investigaciones que venimos realizando, y esta también, muestran claramente como los acontecimiento previsibles e institucionalizados determinan la agenda de los medios. En nuestro caso supone una sobresaturación informativa para las redacciones y para los destinatarios, hasta tal punto que podríamos hablar de ciclos regulares de agotamiento informativo. Esta práctica, que hemos observado como universal, debería corregirse dado que esa sobresaturación informativa, que también responde a lo que se considera políticamente correcto –hablar cuando corresponde del vih/sida–, puede ser percibida como infoxicación. Tengamos en cuenta, además, que no solo los hechos informativos se acumulan esos días (por ejemplo, en torno al Día Mundial del Sida), es que los diarios van reservando informaciones para esa fecha, por lo que el efecto de sobreexposición informativa se multiplica.

Los resultados de la investigación nos muestran, a su vez, que se puede y debe hablar del vih y del sida sin tener que hablar de muerte. Consideramos que esta actitud a la hora de informar no solo deviene de una toma de conciencia por parte de los informadores (vih no es igual a muerte; destacar la muerte es comenzar a estigmatizar): es el resultado, sobre todo, de la paulatina universalización de los tratamientos con antirretrovirales, hasta el punto de hablarse de cronificación del sida.[v]

Por otro lado, hemos visto como en una de cada tres piezas se habla de prevención. Cabe preguntarse si es una proporción adecuada y más ahora que se está dando un repunte de las infecciones. Pero, sobre todo, esta pregunta supone interrogarnos por el rol que ha de jugar el periodismo y los medios de comunicación respecto a la salud y respecto a las políticas del gobierno, cuestión esta poco debatida y que, de manera un tanto simple, se puede resumir, por una parte, en la reivindicación del profesionalismo por parte de los periodistas y, por otra, en la exigencia –por parte del gobierno, instituciones y profesionales de la salud– de que el periodista asuma funciones de agente de salud. Este es un debate crucial que va más allá de nuestro objeto de estudio y que, hoy por hoy, está en sordina.

Abundando en el tema de la prevención, debemos considerar que se puede escribir de prácticas de riesgo sin escribir sobre prevención, aunque difícilmente se puede escribir sobre prevención sin hacerlo sobre prácticas de riesgo. En muchos casos, se piensa que tratar sobre prácticas de riesgo es hacerlo ya sobre prevención, y no es así. Como hemos podido observar, cuanto más lejano es el origen de una información, más probable es que escriba sobre prácticas de riesgo y no, explícita o implícitamente, sobre prevención. Evidentemente, en las piezas analizadas, cuando se habla de riesgos, se habla en la gran mayoría de los casos de «sexo inseguro». Eso sí, creemos que con relación a las prácticas sexuales los escritos suelen ser en exceso pacatos, moralistas o alambicados, lo que acaba siendo perjudicial si lo que pretendemos es abundar en la prevención.

Dada la prevalencia de infecciones ente profesionales del sexo (5%) y homosexuales (6%), nos preocupa la cuasi invisibilidad de estos grupos vulnerables en la prensa dominicana. No somos de la opinión de que la agenda informativa deba responder mecánicamente a los datos epidemiológicos, pero sí creemos que debe considerarlos. En este caso, nos preguntamos hasta qué punto el moralismo y la ideología pesan a la hora de excluir a estos colectivos de la agenda informativa. Por otro lado, atendiendo a los determinantes sociales, nos preocupa que el tema  pobreza no sea muy considerado y nos sorprende, favorablemente, que pese a la crisis migratoria con Haití se hable tan poco de inmigrantes.

Aunque previsible, no deja de producirnos inquietud el que los medios dominicanos hablen tan poco sobre las Américas (si exceptuamos EE. UU.). No creemos que esto sea exclusivo al tema vih/sida, lo que nos lleva a pensar en la dicotomía entre un discurso político –en numerosas ocasiones grandilocuente, de integración regional– y una agenda mediática que muestra lo contrario. Consideramos que en este asunto se abren unas posibles líneas de investigación a las que los investigadores iberoamericanos deberíamos prestar atención.

Y en otro orden de cosas, pero siguiendo con el tratamiento informativo por regiones, al escribir sobre la República Dominicana, apuntábamos que los resultados (o sea, de qué regiones o provincias se escribe más) no se corresponden con los de prevalencia del vih por regiones o provincias. Al respecto, cabría hacer dos observaciones: la primera, y que tiene que ver con un centralismo a la hora de configurar la agenda de los medios informativos en todo el mundo, es pedir un mayor equilibrio, aunque eso supone mayores costes con un rendimiento en aumento de lectores quizás poco apreciable; eso sí, creemos que deberían prevalecer criterios de calidad (informativa) sobre los de cantidad. La segunda –ya la hemos enunciado antes– es la de si los criterios epidemiológicos han de marcar la agenda de los medios. Como nos demuestra Pablo Francescutti (2012), en España no se da esa relación directa. La pregunta es: ¿hasta qué punto debe darse y en qué situaciones?, cuestión esta que debería merecer la atención de los especialistas en comunicación y salud. Y sirvan como ejemplo algunos de los resultados de esta investigación: a pesar de la evidente relación entre tuberculosis (tb) y vih, los medios estudiados no la tienen en cuenta y no ha conseguido que se abra un hueco en su agenda.

De los resultados en cuanto a las fuentes utilizadas, querríamos extraer varios considerandos. Deparemos en el hecho de que los «afectados» solo suponen un 0.5% y que solo un 4.4% de las piezas incluyen como testimonios a personas que viven con vih (los testimonios suelen usarse cuando el enfoque de la información es pesimista). En definitiva, las personas, sus voces, están ausentes en las informaciones y el escaso 5.8% de las ong[vi] no bastan para que estas se reflejen directa o indirectamente ni en el tratamiento ni en la agenda de los medios. En muchos casos son las propias personas que viven con vih las que no quieren aparecer en los medios, lo que nos da a entender que la estigmatización social sigue existiendo. Recordemos que el macrogénero más utilizado es el informativo, por lo que es muy difícil que estas voces quepan en las piezas informativas.

El que todas las revistas científicas empleadas como fuente sean anglosajonas es un dato que no debemos dejar pasar, pues se adivina una falta de pluralismo en la construcción del panorama científico global. No olvidemos que se trata de publicaciones de referencia capaces de marcar la agenda científica mundial. A la vez, se aprecia una gran dependencia de las agencias para informar sobre investigación y tratamientos con antirretrovirales; estas piezas no se trabajan lo suficiente como para ser la base de piezas originales que puedan, por el tratamiento de su contenido, estar más próximas al lector. Consideramos que existe una gran dependencia del exterior para cubrir este tipo de hecho noticioso.

Esto nos lleva a plantearnos una cuestión crucial: la necesidad de especialización de los periodistas en salud. Los datos de la investigación indican la necesidad de una mayor capacitación y que esta sea fruto de la formación y no del profesionalismo. Solo de esta manera podrá lo complejo tornarse inteligible, tener una agenda no dependiente de la que marquen ciertas publicaciones internacionales y construir enfoques nuevos en torno al vih/sida.

Y para acabar este apartado, una última cuestión. Es evidente que falta una perspectiva de género a la hora de tratar el vih/sida, a pesar de que la mayoría de las piezas firmadas están redactadas por mujeres. Al comienzo de esta ponencia escribíamos que esta investigación tiene una finalidad de intervención social. Pues bien, en la sesión en que los resultados de la investigación se hicieron públicos,[vii] el director de conavihsida, el Dr. Víctor Terrero, se comprometió públicamente a que la perspectiva de género fuera una de las piedras angulares de las actuaciones de este organismo durante el año 2014 y, a su vez, a propiciar la capacitación científica de los periodistas dominicanos que tratan los temas de salud.

Elina María Cruz es directora de Comunicación de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) y directora del Centro de Investigación de la Comunicación (cic) de la misma entidad. Editora de la Bibliografía dominicana de la comunicación (2008) y de El libro blanco del periodismo dominicano (2011). Junto a José Luis Terrón, del InCom-uab, coordinó la investigación vih/sida y medios en la República Dominicana (2013). Realizó un máster en Ciencia Política para el Desarrollo en la Universidad de Salamanca y se licenció en Comunicación Social por la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

José Luis Terrón Blanco es doctor en Comunicación y director del Observatorio de Comunicación y Salud del Instituto de Investigación de la Comunicación (InCom) de la Universitat Autónoma de Barcelona (uab). También es profesor del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la uab. Dirigió el estudio «El tratamiento del vih/sida en la prensa española», antes de conducir la investigación sobre cómo los medios dominicanos abordan el tema, junto con el Centro de Investigación de la Comunicación de Funglode. La publicidad y los trastornos de conducta alimentaria también han sido objeto de estudio del especialista.

Bibliografía

Cesida (2011). «Guía de estilo sobre vih/sida». Madrid: Cesida.

<http://www.felgtb.org/rs/343/d112d6ad-54ec-438b-9358-4483f9e98868/e8a/filename/2011-cesida-guia-estilo-vih-sida.pdf>. [Consulta: 10 de febrero del 2012].

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Notas

[i] El equipo de investigación está dirigido por José Luis Terrón, del InCom-uab, y lo componen Elina María Cruz (coordinadora en la República Dominicana, Funglode), Edel Aguasanta (Funglode), Jenny Almonte (Funglode), Leonela Taveras (Funglode) y Ramon G. Sedó (InCom-uab).

[ii] Unas 1300 mujeres reciben antirretrovirales para prevenir la transmisión vertical.

[iii] En la República Dominica, durante el 2014, se estiman unas 1,900 muertes provocadas por enfermedades oportunistas.

[iv] Tan solo a una pieza cabría calificarla como alarmista: «Mueren más personas por hepatitis B en un día que por sida en un año» (Diario Libre, 19-10-2012).

[v] En el 2014 se estima que cerca del 90% de las pvvs dominicanas tendrán acceso a los antirretrovirales.

[vi] Datos que se complementan con los que siguen: en 35 piezas se habla de ong, lo que supone un 19.9% del total; son sujetos informativos secundarios.

[vii] El 28 de noviembre del 2013, en la sede de Funglode, Santo Domingo.


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