Artículo de Revista Global 26

Crisis financiera mundial, recesión e implicaciones para la República Dominicana

Este artículo es un resumen de dónde estamos hoy en la economía global, cómo es que llegamos a este punto, las más recientes proyecciones mundiales de la Economist Intelligence Unit, y las proyecciones para América Latina y para la República Dominicana. También se plantean algunas ideas en cuanto a cómo países como éste podrían protegerse a corto plazo, y cómo podrían mejorar su capacidad para resistir choques externos en el futuro.

Crisis financiera mundial, recesión e implicaciones para la República Dominicana

Estamos viviendo momentos históricos en la economía global. Los sucesos de los últimos meses –su rapidez y ferocidad– han sido realmente extraordinarios. Los temas de discusión y los términos de debate se han transformado con respecto a los de principios de 2008, tanto en los países desarrollados como en los mercados emergentes. En la primera mitad del año pasado, las preocupaciones se referían a los choques externos derivados de los altos precios de la energía y los alimentos. Estos parecían ser el “marco” de un nuevo paradigma global. Los temas dominantes se enfocaban en cuáles deberían ser las respuestas y las políticas de los Gobiernos frente al impacto económico, inflacionario y fiscal de estos choques, y en cómo proteger a los consumidores.

Pero los precios del petróleo y de otras materias primas (commodities) han bajado drásticamente en los últimos meses, y ahora el riesgo de un brote inflacionario mundial prácticamente ha desaparecido. Los temas que nos preocupan ahora son la tremenda crisis financiera mundial y la incipiente recesión global: cuán severa será y cuánto tiempo

durará. Por extensión, existe también un nuevo cuestionamiento sobre la sostenibilidad de todo un modelo económico, el que en América Latina se llama “neoliberal” pero que en otros países se califica como el modelo “anglosajón”: un modelo basado en un mínimo de regulación e intervención por parte del estado y un mayor rol para los mercados.

En los últimos meses hemos visto el colapso total de la confianza mundial en los sistemas financieros, la venta o liquidación de instituciones anteriormente poderosas y respetadas, tales como Bear Sterns, Lehman, aig, Merrill Lynch, Fannie Mae y Freddie Mac, y otras instituciones en Estados Unidos y en Europa. Hemos visto un país desarrollado, Islandia, caer en virtual bancarrota, y otros, especialmente en Europa del Este, caer en graves problemas de solvencia. Hemos visto evaporarse, en pocos meses, más de US$12 billones (millones de millones) en riqueza de las bolsas de valores, pérdidas que nos han llevado a niveles nunca vistos desde el año 1933. Hemos visto a los Gobiernos tomar medidas extraordinarias, como son el plan de rescate de más de US$700 mil millones en Estados Unidos y otros planes semejantes en Europa, y también la nacionalización parcial de bancos en ambos continentes. Y, a pesar de todas estas y otras medidas para frenar la crisis, no sabemos si hemos tocado fondo.

Esto ha sido la explosión de una burbuja de precios de activos más grande de la historia. Estamos al borde de una recesión global sincronizada. Ningún país está inmune frente los daños colaterales. No hay blindaje completo para nadie.

Ingredientes de la crisis

La crisis que estamos experimentando tiene sus raíces en años de excesos: exceso de crédito, exceso de consumo, exceso de liquidez en busca de rendimientos. Y estos excesos comenzaron con los cortes extraordinarias de las tasas de interés que implementó la Reserva Federal de Estados Unidos para contrarrestar el colapso de las acciones de las empresas de Internet –las “dot.com”– en el año 2001 y la recesión que siguió. El problema no fue flexibilizar la política monetaria, sino no saber cuándo restringirla de nuevo. El largo período de bajas tasas de interés–tasas negativas en términos reales– fomentó imprudentes inversiones en propiedad, en acciones bursátiles y otros bienes, ya que los inversionistas buscaban mayores rendimientos.

La presencia de dinero barato –efectivamente dinero gratis– generó un exceso de deuda y de liquidez, y luego generó burbujas en los precios de los bienes tanto en Estados Unidos como en Europa, y también en los mercados emergentes. Esto llevó al problema de las hipotecas basura (subprime) que fue la raíz de los problemas de los bancos de Estados Unidos.

Lo que es más, la titularización (securitisation) de varios tipos de deuda y su agrupación en nuevos instrumentos de inversión –junto con la creación de otros instrumentos exóticos, o “derivados” (como son los “credit default swaps”)– expandieron los riesgos a todo el mundo, ya que las hipotecas fueron vendidas en paquetes a bancos y a inversionistas de muchos países. Dada también la falta de regulación adecuada, esto llevó a una acumulación de los llamados “activos tóxicos”, y cuando el mercado inmobiliario empezó a deteriorarse en Estados Unidos a mediados de 2007, empezaron también a sentirse los problemas para los bancos.

Limitar los daños

En los primeros meses del 2008 hubo varios intentos sin precedentes en Estados Unidos para evitar una crisis. Estos incluyeron dos cortes de 75 puntos básicos en las tasas de interés, los cortes más importantes desde los ataques terroristas de septiembre de 2001. También hubo enormes inyecciones de liquidez en el sistema bancario, así como la oferta directa de créditos a los bancos de inversión por parte del Gobierno estadounidense.

En marzo llegó el colapso y la venta de Bear Sterns, el primer banco de inversión víctima de la crisis, y la Reserva Federal aceptó un riesgo crediticio US$30 mil millones, pero esto no fue el final, sino el comienzo de la crisis. Luego vino la nacionalización de Fannie Mae y Freddie Mac, las dos entidades hipotecarias más grandes de Estados Unidos.

En septiembre vino el rescate de aig, cuando el Gobierno estadounidense prestó inicialmente US$85 mil millones (un monto que luego llegó a más de US$140 mil milliones), dándose cuenta que el riesgo sistémico en el caso de aig, la empresa de seguros más importante del mundo, era demasiado grande.

Sin embargo, el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal dejaron hundirse al banco de inversión Lehman. Esto representó un golpe muy fuerte para el sistema, y fue cuando la confianza entre bancos se evaporó por completo y el crédito se congeló. Efectivamente, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro subestimaron el impacto que tendría el colapso de Lehman en los mercados internacionales.

Plan de rescate A

Luego vino el plan de rescate A, el llamado “Troubled Assets Relief Program”, o tarp, con el cual el Gobierno de Estados Unidos propuso como su elemento fundamental limpiar las cuentas de resultados de los bancos usando hasta US$700 mil millones de dólares para comprar los activos tóxicos. Con esto se esperaba frenar el pánico y evitar un colapso del sistema tipo Japón (de los años noventa), y también reestablecer la confianza y los flujos de crédito.

Pero el plan era confuso, y se consideraba que sus resultados vendrían lentamente. No se sabía si US$700 mil millones sería suficiente, y no quedaba claro cómo se valorizarían los activos ni cómo funcionarían las subastas para venderlos. Lo que es más importante, este plan no enfrentó los problemas de recapitalización. Por lo tanto, el plan no generó confianza y la crisis empeoró y volvió a ser sistémica. Esto se reflejó en el colapso de las bolsas en todos los países.

Plan de rescate B. El plan de rescate B –un tarp enmendado– reconoció que había que enfrentar tres problemas: liquidez, solvencia y confianza, y hacerlo de forma coordinada entre los Gobiernos de Estados Unidos y Europa. La intervención comenzó con una reducción coordinada de las tasas de interés y luego, debido al impulso de Inglaterra y otros países europeos, el plan para inyectar capital directamente en los bancos.

En Estados Unidos se propuso una inversión inicial de US$250 mil millones en los nueve bancos más grandes, lo que representaba una nacionalización parcial de los bancos a ambos lados del Atlántico. Los otros componentes del plan incluyeron garantizar los préstamos entre bancos, subir el tope de las garantías para los depositantes y la compra de papel comercial emitido por empresas. El plan B era visto como más rápido y eficiente, y al día siguiente –el 13 de octubre– hubo una recuperación record de las bolsas.

Pero también había otras preocupaciones. El costo del plan podría ser enorme: hasta US$1.3 billones (millones de millones) en los Estados Unidos y más de US$3 billones mundialmente. Lo que es más, el plan no ayudaba directamente a la economía real, que ya se estaba empeorando rápidamente. Y, finalmente, mientras que los objetivos eran descongelar el crédito, esto no ha ocurrido todavía.

Otros problemas

Por lo tanto, la incertidumbre continuaba. ¿Por qué? Porque había muchas vulnerabilidades y presiones en otros segmentos de los mercados de crédito, como los créditos al consumidor, las tarjetas de crédito, los prestamos para educación, etc. También en el segmento de créditos comerciales, donde hay un riesgo elevado de defaults corporativos. Además, había otros sectores económicos en crisis, como la industria automotriz, que en los meses siguientes también pidió ayuda financiera directa del Gobierno federal.

Las frágiles finanzas de muchos estados y municipios es otra preocupación, y los mercados de bonos municipales se han visto afectados. Más importante aún, todos los indicadores económicos se han deteriorado de forma acelerada desde octubre: ventas a los consumidores, niveles de empleo, etc., y continúa el deterioro del mercado inmobiliario.

Toda la atención se volvió a centrar en la recesión, y cuándo y cómo el Gobierno de Estados Unidos lanzaría un nuevo paquete de estímulo económico, también cómo y cuándo ayudaría directamente a los dueños de casas para poner fin a los problemas de foreclosure (ejecuciones de hipotecas) y el deterioro del mercado de viviendas. Los costos fiscales de todos estos paquetes, por lo tanto, seguirán creciendo, creando otra serie de retos para el Gobierno de Estados Unidos.

Anatomía de una recesión

Ya en los meses de noviembre y diciembre, la severidad de la situación era demasiado obvia, con un deterioro continuo del empleo, las ventas, la producción industrial y precios de las casas. La economía de los Estados Unidos ya estaba en plena recesión. La Economist Intelligence Unit ha revisado sus proyecciones, y ahora esperamos para el año 2009 una contracción del producto interno bruto de los Estados Unidos de –2.0 por ciento. La reducción de crédito afectará a todos los consumidores y empresas. También proyectamos más ajustes en los hogares, no sólo la reducción de consumo sino también un aumento del ahorro y un proceso de “deleveraging” familiar (reducción de deudas).

En el sector empresarial habrá más reducción de demanda de sus productos y servicios y, por lo tanto muchos más despidos.

Los precios de la propiedad residencial han ido bajando durante un año y todavía no vemos el fin. Las ejecuciones de hipotecas también están llegando cada mes a niveles record, y no solamente de hipotecas basura, porque éstas han contagiado a las solventes (prime).

En estos últimos años, muchos de los gastos de los consumidores fueron financiados por los préstamos respaldados por el valor de sus casas (home equity loans); con este mecanismo de financiamiento ahora cerrado, ha habido una reducción importante del consumo. El resto de la economía, por lo tanto, se ha contaminado.

Por otra parte, la cantidad de casas no vendidas se acumula. Ahora en los Estados Unidos hay una acumulación de casas sin vender de aproximadamente once a doce meses. Esto ha llevado a un colapso del sector de la construcción residencial. No hay demanda de casas nuevas, ya que en el mercado hay muchas casas que fueron “abandonadas” o están sujetas a que los bancos ejecuten su hipoteca.

Desaparecen empleos. La tasa de desempleo está en ascenso. Actualmente el promedio en los Estados Unidos es de 7.2%, y algunos economistas proyectan que puede llegar hasta 9%. Ya hay siete estados con un nivel de desempleo por encima de 8%. Esto es más evidencia de que los Estados Unidos está camino a una recesión profunda.

Crecimiento PIB en baja. Varios factores han contribuido a la desaceleración económica en los meses recientes, como una reducción del consumo privado y el colapso de la inversión residencial. El único componente del PIB  que mostró un crecimiento positivo durante muchos meses del 2008 fue el comercio exterior, y esto se debió a la debilidad del dólar.

El PIB de los Estados Unidos, por lo tanto, creció solamente 1.2% en 2008, según las estimaciones de la Economist Intelligence Unit, y se contraerá –2% en 2009. Proyectamos una recuperación muy ligera en 2010, que llevará la tasa de crecimiento a solo 0.6%.

Panorama mundial

Terminó la fiesta mundial

Las burbujas que se formaron en Estados Unidos también se formaron en otros países, debido también al crédito barato, el exceso de deuda, mucho consumo y poco ahorro. La crisis financiera, por lo tanto, se extendió a Europa y luego a los mercados emergentes. Un aumento de la aversión al riesgo se sintió de inmediato con una fuga de capitales de los mercados emergentes. Brasil, México, Rusia y otros países se vieron fuertemente afectados por el severo deterioro de sus bolsas y del valor de sus monedas. México, por ejemplo, gastó el 13% de sus reservas en una sola semana para defender el peso.

Países como Islandia, Hungría, Ucrania y Pakistán, entre otros, están en crisis y han pedido ayuda al Fondo Monetario Internacional. La fiesta ha terminado: no hay más crédito barato, no más exceso de liquidez, no más crecimiento de demanda mundial.

Europa también lucha

Los países de la eurozona también van entrando en recesión, y nuestras proyecciones indican que la misma comenzó oficialmente en el cuarto trimestre de 2008. Las razones son las mismas que en Estados Unidos: el deterioro de los mercados inmobiliarios y la crisis bancaria, que han necesitado rescates e inyecciones de capital por parte de los Gobiernos. Entre los países más golpeados se encuentran España e Irlanda, por el colapso de sus mercados inmobiliarios.

Hasta Alemania, que era la estrella, ahora ya no brilla, por el deterioro de la confianza y la reducción de sus exportaciones. La producción industrial de Alemania, Francia, Italia y España ya registró una contracción en el mes de mayo. La situación de los hogares también se ha deteriorado: los préstamos a hogares han registrado una desaceleración desde 2007, y el nivel de confianza del consumidor también ha caído sustancialmente. Para la Eurozona total, la Economist Intelligence Unit proyecta una contracción económica de –2.0% en 2009.

Mientras tanto, todas las preocupaciones acerca de la inflación han disminuido debido al descenso de los precios de las materias primas y el colapso de la demanda.

Japón se debilita de nuevo

Tampoco Japón será un motor del crecimiento mundial, ya que también ha entrado en un período de estancamiento. Su mercado de trabajo es débil, marcado por una contracción de salarios, y hay una desaceleración de demanda en el mercado local. Su comercio exterior, que ha sido básicamente el único motor de actividad económica, es frágil. Las importaciones de Estados Unidos van a caer, y la confianza de las empresas está perdiendo fuerza. Nosotros proyectamos que el pib de Japón disminiurá en un –2.9% en 2009.

Desaceleración mundial en 2009
En cuanto al conjunto de todos los países del mundo, proyectamos una recesión en el año 2009, la primera desde el año 2001, con una contracción de –0.4%. La recuperación será lenta, llevando la tasa de crecimiento a solo 1.4% en el 2010. Si no fuera por la China, cuyo crecimiento sigue a un ritmo fuerte, aunque disminuido, la situación mundial sería mucho peor.

Materias primas a la baja

En cuanto a los precios de las materias primas, han estado bajando rapidamente casi sin excepción. El precio del petróleo ha llegado a menos de 45 dólares el barril, comparado con casi 150 en julio. Según nuestras últimas revisiones, proyectamos un precio promedio de 35 dólares el barril en el 2009, una reducción enorme de 64% comparado con el año 2008, y proyectamos un precio de 50 dólares en el año 2010. Esto representa un cambio muy significativo y un alivio sumamente importante para los países importadores del producto.

También han bajado los precios de otras materias primas (no petróleo), con una reducción proyectada de 29% en 2009, y en el caso de los alimentos proyectamos una reducción promedio de 27% para el año que viene.

Todo esto, por supuesto, ha disminuido bastante las presiones inflacionarias mundiales, y ya el brote de inflación no está visto como un riesgo para la economía mundial en el corto plazo. Por cierto, ahora es la posible deflación la que preocupa a algunos bancos centrales.

Aún después de los rescates

Es importante enfatizar que, aún después de todos los rescates, la resaca será dolorosa. La pérdida de riqueza ha sido enorme: nada más que en las bolsas ha habido una pérdida de capitalización de mercado de más de US$12 billones (millones de millones) en todo el mundo, de los cuales más de US$7 billones en Estados Unidos.

El crédito quedará restringido por mucho tiempo más, no habrá normalización antes del 2010. Habrá menos consumo y menos inversión, acompañado por la pérdida de empleos, la contracción de ingresos familiares y las quiebras de empresas. Las lecciones de la crisis bancaria japonesa de los años noventa nos indican que el proceso de recuperación durará años, no meses.

Mercados emergentes y América Latina

Vulnerabilidades

Los mercados emergentes han exibido varias vulnerabilidades frente a esta crisis. Su crecimiento se ha basado en el boom del crédito y la liquidez, y también en los altos precios de las materias primas. Al mismo tiempo, estos países tienen grandes requerimientos de financiamiento que hasta ahora han sido cubiertos por deuda, flujos de capital de portafolio e inversión extranjera directa. Todos estas fuentes de financiamiento están en duda. Es más, su endeudamiento está principalmente en dólares. Y en muchos casos sus economías sufrirán por su dependencia de la demanda externa y su dependencia de las materias primas.

Lo que es más, la participación de las exportaciones como porcentaje del pib es mucho más alta en los mercados emergentes que en los países industrializados. A su vez, el crecimiento del volumen de las importaciones en el comercio mundial está desacelerándose.

La vulnerabilidad de los países emergentes también se refleja en el llamado riesgo país, el índice que representa el spread o diferencia entre las tasas de interés o rendimiento de los bonos de los países de los mercados emergentes y los bonos del tesoro de Estados Unidos. Este spread ha crecido rápidamente, especialmente desde septiembre, y es una indicación de la creciente aversión al riesgo y los mayores costos para los deudores. En febrero del 2007, el riesgo país promedio de América Latina estaba en 175 puntos básicos; a mediados de octubre de 2008 estaba en 737 puntos básicos.

Daños colaterales

El contagio de las bolsas de mercados emergentes también ha sido rápido y destructivo. La tabla muestra las pérdidas en valores porcentuales de varias bolsas desde el 31 de diciembre de 2007 hasta el 10 de diciembre de 2008.

Vimos situaciones similares en los mercados de cambio, donde en el 2008 la moneda de varios países perdió hasta un 25% de su valor, en algunos casos en pocas semanas.

América Latina: el fin de la abundancia

Los países de América Latina fueron unos de los mayores beneficiarios de las condiciones mundiales favorables de los últimos años, condiciones que impulsaron cinco años de crecimiento promedio de 5-6% entre 2003 y 2007. Pero estas condiciones han cambiado drásticamente con la desaceleración del comercio mundial, la baja de los precios de las materias primas y la contracción de crédito.

Es bien cierto que América Latina tiene hoy más capacidad de resistencia que en recesiones pasadas. Esto es debido a varios años de reformas estructurales y fiscales, y otros factores tales como:

  • Un superávit fiscal promedio de 1% del pib en los últimos seis años.
  • Un superávit de la balanza de pagos en muchos países.
  • Un colchón de reservas de más de US$450 mil millones.
  • Menos endeudamiento y mejores perfiles de deuda.
  • Una inflación controlada.
  • Una mayor diversificación económica.
  • Una dependencia reducida de los flujos de capital externo.
  • Además, los sectores bancarios de la región no están directamente expuestos a los instrumentos “tóxicos”.

Sin embargo, no hay inmunidad para nadie, y en el 2008 ya se comenzaron a sentir los impactos de la crisis mundial en los mercados latinoamericanos, entre los consumidores y en las empresas e industrias de la región.

Varios gobiernos de América Latina han intervenido con medidas defensivas. Estas incluyen venta de dólares en el mercado, créditos a las exportaciones, inyecciones de liquidez, programas de inversión pública, etc., igual que otras más drásticas como en el caso de Argentina, que anunció su intención de nacionalizar todos los fondos de retiro privados.

América Latina: próximos años

El panorama para la región en los próximos dos años es una menor demanda (y peores precios) de sus exportaciones de materias primas (Venezuela y Ecuador estarán entre los más afectados); contracciones de los flujos de crédito e inversión; una reducción de los flujos de remesas (ya en México cayeron 4% en el periodo enero-julio, y en agosto sufrieron una contracción de 12% año por año); una tasa de crecimiento desacelerado (y habrá recesión en algunos países); más presiones fiscales y preocupaciones sobre el acceso a financiamiento. Los grandes bancos multilaterales tendrán que ayudar a algunos países con préstamos oficiales, y hasta podríamos imaginar el retorno del Fondo Monetario Internacional en algunos casos.

Dentro de la región latinoamericana y el Caribe, en el año 2008 la República Dominicana figuró entre los países con las economías más dinámicas, con una tasa de crecimiento económico que fue aproximadamente 4.8%. Pero como en todos los demás países, este ritmo se desacelerará notablemente en 2009, cuando la República Dominicana registrará una tasa de crecimiento de sólo 1.8% y probablemente aún menos.

Perspectivas para la República Dominicana

Para la República Dominicana hay buenas nas noticias. La turbulencia financiera no tiene un impacto directo sobre el sector financiero local, que no está expuesto directamente a los instrumentos e inversiones tóxicos y cuyo mercado de capitales es incipiente. Además, después de su propia crisis en el año 2003, los bancos son estables y están bien regulados.

Lo que es más, la mayor parte de las necesidades de financiamiento del país probablemente podrá ser satisfecha con créditos multilaterales, y no hay grandes amortizaciones en los próximos años. Los menores precios del petróleo y los alimentos importados aliviarán el presupuesto y la cuenta corriente, y también reducirán las presiones inflacionarias. Por lo tanto, habrá menos necesidad de subsidios estatales. Y algunos expertos piensan que, dadas las altas tasas de interés locales, habrá un retorno de capital de tipo golondrina.

Sin embargo, la República Dominicana también presenta vulnerabilidades. La recesión de Estados Unidos y Europa podría tener un impacto negativo, por todas las vías de transmisión: las exportaciones, las remesas, el turismo, y también la inversión extranjera directa. Todo esto afectará de forma negativa la balanza de pagos, ya que el déficit de la cuenta corriente es grande: fue 9.8% del pib en 2008, y hasta con los ahorros debidos a la caída de los precios de petróleo será alrededor de 4.2% del pib en 2009.

Las condiciones crediticias también serán más difíciles, afectando las inversiones y las importaciones. El crecimiento de la economía desacelerará y, en fin, será el fin de varios años de crecimiento económico sobre-potencial. Y todo esto tendrá repercusiones negativas para las cuentas fiscales.

¿Cómo protegerse?

Hay medidas que los países como la República Dominicana pueden adoptar para minimizar los peores efectos de esta crisis global, como ya han aplicado varios Gobiernos de la región. Pero las medidas defensivas no son suficientes. También podría ser necesario proteger empleos e ingresos, como ha hecho México, por ejemplo, con su reciente Programa para Crecimiento y Empleo.

Una agenda de emergencia podría contener otros componentes, como son los siguientes:

  • Reexaminar las políticas fiscales para adaptar los gastos del sector público a las nuevas realidades. Esto incluiría cortar los gastos corrientes, incluso personal del Estado, y posponer proyectos de inversión no prioritarios (especialmente ya que no habrá financiamiento internacional para muchos de ellos). Y si no se puede eliminar los subsidios, se podría focalizarlos mejor en los sectores de más necesidad.
  • Seguir con una política monetaria vigilante, considerando que mientras algunas presiones inflacionarias bajarán, tales como las derivadas de los precios de la energía, otras pueden aumentar, como las presiones sobre la tasa de cambio.
  • Procurar líneas de crédito de contingencia de las instituciones multilaterales, como pólizas de seguro. El Banco Interamericano de Desarrollo y otros han anunciado que tienen recursos suficientes y están listos para extender más créditos para compensar la contracción del crédito privado. También se podría pensar en acercarse de nuevo al Fondo Monetario Internacional, que tiene disponible US$250 mil millones para prestar.
  • Proteger a los sectores sociales más vulnerables contra la reducción de la actividad económica, el aumento del desempleo o la reducción de las remesas familiares (utilizando los programas de transferencias condicionales directas, como la Bolsa de Familia en Brasil y la tarjeta Solidaridad en la República Dominicana).
  • Reconocer que ciertas medidas como la reducción de gastos del Gobierno tendrán riesgos políticos, pero enfrentarlos.

¿Cómo mejorar la resistencia?

Finalmente, para un país como la República Dominicana es necesario pero no suficiente implementar medidas a corto plaza para aliviar o limitar los impactos del entorno mundial. También es necesario adoptar iniciativas que podrían llevar a una mejora de su capacidad para resistir los choques en el futuro.

  • Es más urgente que nunca avanzar con todas las reformas que podrían aumentar la competitividad de la economía, bajar los costos de producción y mejorar el ambiente de inversión. Estas reformas incluyen modernizar la infraestructura, la calidad de la fuerza de labor y la penetración y uso de tecnología, como también ampliar la oferta de financiamiento. Por estas y otras deficiencias, la República Dominicana figura como el número 96 de 131 países en el Informe de Competitividad Mundial del Foro Económico Mundial. En los ranking sobre el ambiente de negocios producidos por la Economist Intelligence Unit, la República Dominicana figura como número 65 de 82 países.
  • Es importante recordar que la seguridad energética sigue siendo importante, porque el petróleo todavía es caro comparado con sus niveles históricos –y su precio subirá de nuevo tan pronto se reactive la economía global y la demanda de energía–. Es necesario seguir buscando soluciones a los problemas energéticos del país, adoptar energías alternativas y promover la conservación.
  • La seguridad alimenticia también es importante. El sector agrícola dominicano no está produciendo a todo su potencial, y necesita más apoyo para satisfacer no solamente la demanda local sino también para poder aprovechar la creciente demanda mundial y expandir sus exportaciones.
  • Crear un sector público más ágil. Esto permitirá que pueda reaccionar y adaptar las políticas rápidamente como respuesta a los choques externos, y con los menores daños para la economía local. Un sector público ágil se caracteriza por instituciones democráticas fuertes y honestas, la transparencia y eficiencia, clientelismo limitado, una burocracia controlada, un servicio civil profesional, y otras ideales.
  • Políticas sociales sólidas. Esto requiere más gastos en las áreas de educación y salud, para mejorar el capital humano y la justicia social y económica, sin los cuales no puede haber desarrollo.
  • Buscar un consenso social. Pensar en adoptar un modelo de concertación como base para avanzar en reformas y ajustes necesarios, sobre todo durante los períodos de dificultad económica. Irlanda y Barbados son ejemplos de países que han creado mecanismos de consulta con todos los sectores de la sociedad, además de planes nacionales de desarrollo, para impulsar las políticas y estrategias de transformación económica, y son ejemplos dignos de estudiar.

Conclusión

La crisis financiera y la recesión global que la acompaña podrían tener consecuencias dolorosas para todos los países emergentes, incluso la República Dominicana. Esta crisis, como los choques anteriores derivados de los altos precios de la energía y los alimentos, ha presentado nuevos retos para la República Dominicana. Entre ellos están el hacer ajustes fiscales frente a un entorno económico desfavorable, enfrentar la crisis energética, y financiar los déficit fiscal y de cuenta corriente.

Pero también presenta una oportunidad, una vez más, para analizar las debilidades del país y revisar las estrategias de desarrollo. Es una oportunidad para fortalecer o reformar las políticas diseñadas para mejorar la competitividad de la economía y la fuerza laboral; modernizar el Estado y mejorar su eficiencia; e invertir más en educación y servicios de salud –todos componentes de un plan para mejorar la fortaleza de la economía hoy y en el futuro–. Solo así podrá la República Dominicana seguir en el camino del desarrollo sostenible.

Anna Szterenfeld es editora para América Latina de la Economist Intelligence Unit, el brazo de investigación sobre países, industrias y prácticas de gerencia de negocios del Economist Group. Es responsable de la cobertura de América Latina en el servicio electrónico viewswire.com, y también edita el boletín semanal Business Latin America. Participa en proyectos de investigación para clientes particulares, y en las conferencias y mesas redondas organizadas por Economist Conferencias, donde sirve de moderadora y consultora en programación.


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