Artículo de Revista Global 24

Cultura y nación en tiempos de globalización

¿Cuál debe ser la estrategia cultural de la República Dominicana y de los dominicanos ante la globalización? Para encontrar la respuesta debemos observar hacia adentro, a los lados, hacia arriba y a lo lejos. Y tratar de que cada mirada nos nutra de los recursos para sacarle el máximo provecho a la situación en la que necesariamente debemos desenvolvernos.

Cultura y nación en tiempos de globalización

Establecer una dicotomía entre globalización y nación es imposible. ¿Cómo se demuestra? En primer lugar, empecemos por definir estos términos.

La globalización es el proceso que vive hoy el mundo, en el que el marketing y la industrialización mundializados, a través de la computadora, Internet, la televisión, radio, prensa, el rápido transporte moderno y otros medios de comunicación, han producido una interdependencia social, económica, cultural, política, tecnológica, entre los países del planeta. La nación se define como el conjunto de personas que asumen estar unidos por una historia, una geografía, costumbres, aspiraciones y sueños, y comparten el amor por un territorio y se identifican con unos íconos visuales y sonoros llevados por la tradición. Como se ve en estas definiciones, la globalización y la nación no pueden existir una sin la otra. Son contrarias y complementarias; en una dialéctica que las mezcla.

En el primer caso, porque los valores culturales que sustentan la identidad como nación –himno, bandera, escudo, folklore, arte, técnicas, tradiciones, historia, geografía, ciencia, costumbres– conforman un conjunto que lucha por sobresalir en el maremágnum mundial. Cada país lucha por no perder sus atributos particulares frente a cada uno y respecto al conjunto. Por ejemplo, en el campo musical, a los dominicanos nos identifican el merengue y la bachata, aunque tenemos muchos más ritmos proyectables; a los brasileños su samba y su bossa nova; a los puertorriqueños, su plena y su bomba.

El caso puertorriqueño es digno de mención, ya que es una nación con un amplio margen de independencia desde el punto de vista cultural.

Ha mantenido su idioma, muchas de sus tradiciones, costumbres, música, literatura, hábitos de cocina, estilo del habla. Es una muestra de que la fuerza de la globalización aliada al poder de otra riquísima cultura con armas bien poderosas no ha podido hacer desaparecer esa independencia. Pero la cultura norteamericana ha empleado en lo cultural el principio que los puertorriqueños han empleado en lo político. Ha compartido y estudiado el mundo cultural puertorriqueño.

En el segundo caso, los pueblos aplican, en general, el criterio de que lo extranjero no debe ser rechazado ni ignorado ni temido, sino que debe ser delimitado, comprendido y asimilado. De esta forma, los pueblos van armando sus creaciones, mezclando culturas extrañas a las propias, basados en la palabra de la antropología moderna: el sincretismo, esa mezcla de un pueblo y otro, de una religión y otra, de un conocimiento y otro, de una filosofía y otra. Sólo hay que ver que los pueblos de alto desarrollo mental y material son los mejores asimiladores de cultura extranjera (por ejemplo, los países modernos asimilando cultura foránea, así como el gran Imperio Romano se apropiaba de la cultura helénica, de la de los medos, asirios, etruscos, fenicios, sumerios; los grupos humanos se han ido alimentado siempre de los conocimientos de otros, y, claro, cada pueblo ha delimitado su territorio propio, y por el que se pelea, si hay que hacerlo).

La mejor prueba de que ser receptivo ante el conocimiento y la cultura extranjera es algo positivo es que los pueblos que han dominado al mundo son abiertos, grandes asimiladores de cultura foránea, sin dejar de tener como eje la nativa. Y hoy, Estados Unidos, Inglaterra, Japón, los más influyentes, practican una gran apertura hacia las identidades ajenas. Siempre conservando un gran sentido de orgullo por lo suyo, en la cantidad necesaria para que lo extranjero quede bajo el control de lo propio, sin que se sienta que ha cambiado la esencia.

Al contrario, hay pueblos que han tenido una fuerte capacidad de trabajo, de creatividad, valentía y excelentes territorios, y que no han dominado el mundo a pesar de esos atributos que debían conducirlos directamente a ser poderosas potencias: China, Israel, India, nunca han podido dominar el mundo por ser muy cerrados y poco asimiladores de culturas foráneas.

Así debe ser el papel, la actitud y estrategia de nosotros los dominicanos frente a la realidad de la globalización y su panorama diverso y enriquecedor, máxime tomando en cuenta que somos un país pequeño, débil política y militarmente, sometido a la influencia de grandes polos de poder.

Interesa respondernos: ¿cuál debe ser la estrategia dominicana en el campo cultural en este momento de la humanidad? Para encontrar la respuesta debemos observar hacia dentro, a los lados, hacia arriba y a lo lejos. Y tratar de que cada mirada nos nutra de los recursos para sacarle el máximo provecho a la situación en la que necesariamente debemos desenvolvernos.

Mirar hacia dentro

¿Qué significa esto? Que debemos conocernos bien como dominicanos. Hurgar en nosotros mismos, como pueblo, como historia, características propias, valores y desvalores, virtudes y desvirtudes.

Hay pueblos del mundo que ya han superado la etapa de mirar hacia dentro como prioridad. El caso de México, Israel, Italia… Son naciones que han pasado el proceso de investigación de sus propios valores culturales, históricos, geográficos, y conocen bien los recursos con que deben competir en el mundo.

Los dominicanos, en cambio, estamos todavía en la etapa de descubrirnos, y de difundir entre nosotros las virtudes creadoras propias. Esto se evidencia en que este país ha creado muchos ritmos, y sólo son conocidos apenas el merengue y la bachata, porque han logrado saltar el muro existente entre lo cultural y lo comercial. Por ello, debemos inculcar en nuestros niños el conocimiento de nuestra cultura, de modo que el cariño por su patria les empiece ahí. Esas creaciones son parte de la patria. Son causas de honor que necesitamos para poder crecer sin complejo de inferioridad. Sin la idea de culpar a las culturas extranjeras de la carencia de una identidad propia. Porque la identidad propia se forma desde las raíces, desde la niñez.

Lo mismo sucede con nuestras primacías coloniales, que son ignoradas. Porque tenemos de ellas lo que yo llamaría un conocimiento verbal, pero no emocional. Es decir, cuando la información se interioriza y convierte en formación. De modo que invito a descubrir las virtudes que podemos mostrar al mundo con la alegría de que somos un pueblo digno, y que cada uno de nosotros como persona ostenta esa misma dignidad ante los ciudadanos de otros países.

Mirar a los lados

¿Qué es mirar hacia los lados? Unirnos con los países y grupos humanos que están en condiciones parecidas, de modo que constituyamos un bloque cultural. Latinoamérica, por ejemplo, debe actuar unida frente a los otros grandes bloques del mundo.

Nuestra identidad cultural podría ser un arma para aprovechar la globalización. Pero sólo puede hacerse si la concebimos como parte de un conjunto en el que vertebremos una alianza de naciones, máxime teniendo en cuenta que nosotros gozamos de mejores condiciones para constituirla, ya que no tenemos muchos de los obstáculos que crean dificultades en la unión de los países europeos.

Lo cultural no puede andar solo. En vez de concebirse como independiente del comercio, la cultura debe convertirse en un negocio. ¿Por qué no puede desarrollarse una industria cultural latinoamericana? La respuesta a esta pregunta es la misma que explica por qué no hemos podido implementar industrias de otros renglones mercantiles, sino que siempre estamos halando el caballo ajeno. Pero esto no nos ocurre por culpa de la globalización, sino porque no conocemos nuestras potencialidades.

Además de las causas internas, hay causas externas: los acontecimientos históricos que nos han impedido tener la acumulación originaria de capital y el sentido de oportunidad comercial que nos permitiría hoy disfrutar de una importante posición de vanguardia tecnológica, industrial y empresarial de líderes en el mundo. La causa básica que hemos de enfrentar es la falencia que traemos desde los orígenes y que nos esclaviza. De echar toda la culpa de nuestros males a quien sólo tiene una parte, sin darnos cuenta que un gran porcentaje de esa culpa es nuestra, y que si logramos descubrirla y superarla, tenemos ganada más de la mitad de la batalla.

Por eso es tan importante que miremos hacia dentro y que miremos hacia los lados. Para descubrir fuerzas individuales como países y el poder que produce mancomunarnos con nuestros aliados naturales, tanto en lo cultural, lo comercial y lo político.

Otro detalle importante es estudiar y comprender los casos de países como Costa Rica, México, Brasil, que han logrado éxitos en su accionar cultural y económico. ¿Qué caracteriza a esos países? Una vista rápida nos da las siguientes señales distintivas:

  1. Han desarrollado un fuerte amor propio como naciones.
  2. Muestran un gran conocimiento de los valores, personalidades, hechos y lugares admirables de sus repúblicas.
  3. Presentan unos niveles educativos considerados altos en relación con los de otras naciones de Latinoamérica.
  4. Poseen fuertes y prestigiosas organizaciones sociales con significativa calidad en su funcionamiento y cumplimiento de las misiones que se han propuesto, que son las principales protagonistas del proceso de desarrollo cultural de esas naciones. Así, cumplen con un axioma socio-antropológico.
  5. Su memoria histórica, su fondo antiguo, los procesos de sus orígenes están, en un alto nivel, investigados, conservados y difundidos.

Mirar hacia arriba

Se trata de observar a los grandes países, centros de poder cultural, comercial y político. Descubrirlos no como enemigos, sino a la manera de comensales con los que debemos contar. Con la visión de que se fortalezca el conjunto con el aporte de cada país, de cada cultura. Quien maneje mejor sus estrategias culturales, comerciales y políticas, primará sobre los demás. Entonces debemos concebir estrategias en las que aprovechemos los recursos que poseen los países tecnológicamente más avanzados para poner sus medios a nuestro favor.

Hay manifestaciones de poder cultural que hemos dado los dominicanos y latinoamericanos, pero de forma inconsciente (la penetración del castellano o la influencia musical en el mundo latinoamericano). Para esto, debemos tener una clara conciencia de nuestros valores culturales, y tener fe en ellos. Es lo que posibilitaría que las industrias culturales basadas en nuestras obras artísticas cambien de manos, y dejen de estar bajo el control de los grandes comerciantes.

Un elemento importante a tomar en cuenta en nuestro análisis es el estudio del proceso que han seguido esos grandes países, que son como los imperios culturales del mundo. Los grandes países culturales del mundo muestran algunas características que pueden darnos valiosas pautas. Veamos:

  1. Son dueños de una cultura de larga data, combinada con tradiciones e innovaciones de otros pueblos.
  2. Sus recursos culturales han tenido gran expansión e influencia sobre las demás culturas del mundo
  3. Combinan armoniosamente sus logros, proezas y propiedades culturales con todo un mundo comercial que gira alrededor de ellos.
  4. Cuentan con toda una cantidad de industrias que basan sus ingresos en la manufactura y mercadeo de los derivados de esas piezas culturales.
  5. Durante años, en esas naciones se ha realizado un arduo trabajo de difusión de esas mercancías, que se convierten en patrimonio de la humanidad.
  6. Poseen una gran cantidad de organizaciones sociales y comunitarias que cumplen su función como protagonistas del desarrollo cultural de esos pueblos, y como promotoras de esas piezas.
  7. Sus gobiernos comprenden que el papel del Estado en el campo cultural debe ser el mismo que le corresponde en el área de la economía, el comercio y las industrias. Estas naciones, al ser grandes potencias industriales, tecnológicas y comerciales, son las que mayor provecho sacan de la globalización, pues tienen los productos que imponen en los mercados con sus sofisticadas cadenas de comunicación, distribución y comercialización a nivel mundial. Y los planes de los que no somos potencias culturales ni comerciales deben basarse en estrategias de contingencia que nos sirvan de ariete para subirnos a este tren. En vez de oponernos al mercado norteamericano y europeo cultural, tenemos el deber de aprovecharlo y crecer con ellos y frente a ellos.

Mirar a lo lejos

Es observar a esos países desde el punto de vista de su cultura, costumbres, hábitos y hasta etnias, para conocer bien los procesos que han desarrollado, sobre todo los que poseen una cultura milenaria. Ahí la capacidad de seguir las tradiciones, de conservar ciertos ritos, ha sido importante para mantener esos mitos, esa mística y esos misterios que le otorgan a cada fenómeno el poder de un halo de atractiva curiosidad. Nada nos brinda un mejor aprendizaje que la observación cuidadosa de otros pueblos que han vivido procesos parecidos a los nuestros.

Las diferencias entre los pueblos ricos y avanzados y los pobres y atrasados están principalmente en su actitud hacia la vida y en función de qué cosas cada uno valora más. Pero los recursos y potencialidades son relativamente similares. En términos generales, todos los pueblos e individuos tienen conductas comunes cuyas claves podemos descifrar fácilmente.

He aquí unas cuantas:

  1. No hay pueblo que en algún momento de su historia no haya llegado a pensar que es el centro del mundo.
  2. Todas las naciones también tienen sed de dominio.
  3. Los temas de amor, odio, sexo, hambre, muerte, salvación, poder, rebeldía, misterios, aventuras, son los que han dominado durante siglos las búsquedas de las artes y las ciencias en todas las épocas y sociedades.
  4. Los mitos de los pueblos se basan en todas las épocas y países en el mismo miedo a la muerte, en la búsqueda de una vida ultraterrena, en que hay castigo o premio a nuestra conducta en la vida.
  5. También es común en los mitos de todos los pueblos, la creación de una familia maldita o condenada.
  6. Así mismo, todas las naciones han creado mitos alrededor de cómo conseguir buenas siembras, evitar tener mala suerte, encontrar nombres que tienen supuestamente unas mágicas características con ciertas capacidades e incapacidades.

Al descubrir estos elementos comunes a todas las culturas, a todas las tradiciones, a todas las comunidades humanas, se reduce nuestro complejo de inferioridad como pueblos, y nos damos cuenta de que nuestras fantasías no están lejos de los grandes pueblos, y que son útiles para crear grandes obras literarias o musicales, pictóricas o de danzas. Deducimos que debemos promocionar y explotar lo que de hermoso y atractivo poseen nuestras tradiciones.

Estudiémonos a nosotros mismos como pueblo, estudiemos a los otros pueblos del mundo, y descubriremos que somos tan ricos como todos. Que sólo nos falta saberlo y hacerlo saber, y recrear todo eso, para convertir el mito en arte.

Las tres tareas básicas: investigar, conservar y difundir

Investigar, conservar y difundir son, a mi entender, los tres elementos claves del trabajo cultural que requieren todos los pueblos para convertir sus bienes de creación en bienes comerciales, en bienes de imagen que les den buenos frutos directa o indirectamente en sus negocios.

Primero investigar, porque sólo así podemos descubrir lo que de valioso tenemos y mostrarlo al mundo. Y, ojo con esto: por no dedicarnos a investigar nuestro acervo cultural, podemos desconocer que nosotros inventamos una música, una forma literaria o pictórica antes que otros pueblos, y esos otros pueblos se lleven la gloria de ser supuestamente los primeros en algo que nosotros habíamos hecho pero que nadie descubrió a tiempo que era así. Es decir, ningún investigador dominicano reportó a los científicos del mundo el descubrimiento de esa creación.

Por ejemplo, el caso del rap. Es posible que esta forma musical haya sido creada en la República Dominicana, porque se le atribuye haber empezado en los años noventa en los barrios de New York y otras ciudades norteamericanas; sin embargo, nuestros músicos hicieron eso mismo mucho antes. Lo mismo ocurre con campos creadores en los que no hemos podido evaluar y calcular si el país ha aportado valores a las actuales corrientes del hacer literario. Ahí tenemos el caso de la novela. Otro caso ocurre con muchas formas musicales nuestras que andan por ahí abandonadas y sin difusión. En cualquier momento puede que vengan extranjeros y tomen esos ritmos, y en sus países los graban y comercializan, y quedan quizás como conquistas musicales de esos pueblos cuando en realidad se originaron aquí.

Es lamentable que se hayan perdido conocimientos, testimonios, documentos, por falta de una política de investigación clara y objetivamente establecida. Si hubiese un equipo que los entrevistara y grabara sus informes y los entrecruzara, etc., nuestros historiadores hubiesen podido reconstruir muchos momentos de nuestra vida de nación que no están claros. Hubiesen descubierto piezas y otros bienes culturales que son parte de nuestra memoria histórica.

Los gobiernos dominicanos y las instituciones culturales privadas y sus empresas hace años que debieron empezar a dedicar dinero suficiente a la investigación, y de ese modo hubiésemos descubierto no sólo formas musicales; también documentos antiguos, piezas arqueológicas, geológicas, antropológicas, que forman parte de nuestras riquezas culturales.

La otra tarea es conservar. Hay que establecer una efectiva política de conservación de los valores que la investigación descubre, por parte de la sociedad civil, del Estado y otros sectores interesados en el avance del país, para que piezas artísticas de diversos tipos no se pierdan luego de descubiertas. Ese proyecto de investigación-conservación ha de seguir, a mi juicio, las siguientes pautas:

  1. Debe hacerse una lista de los hombres y mujeres de mayor edad –cercanos a los 100 años– con fines de grabar entrevistas con ellos, preguntándoles sobre la diversidad de los acontecimientos históricos con los que tuvieron algún contacto directo o indirecto. De esta manera se cruzan resultados y se saca a luz la probabilidad mayor de la verdad histórica.
  2. Campaña entre las familias antiguas para que, si no están dispuestos a donar sus joyas históricas a los museos, archivos y bibliotecas del Gobierno, por lo menos hagan museos de familia que puedan ser visitado un número de veces al año por la gente y hacerles fotos a los patrimonios culturales que posean. De esta manera se estimulará a los familiares de los grandes héroes a conservar, exhibir los bienes heredados y permitir que el Gobierno los registre como existentes.
  3. Hurgar en museos, archivos, casas y otros lugares del extranjero donde puedan haber documentos o piezas dominicanas, y tratar de adquirirlas, y si no, por lo menos tener buenas fotos e información.
  4. Instituir unas reglas y procedimientos que eviten los robos.
  5. Establecer una investigación sobre las piezas faltantes que puedan haber en los lugares privados y públicos que son relicarios de esas piezas culturales en los museos y bibliotecas.
  6. Hay otros recursos de conservación que han de venir de la inventiva de los funcionarios y empleados dedicados a las mismas o del aprendizaje que se adquiera en contacto con los países que mayor experiencia han mostrado en el campo de la investigación y preservación de bienes culturales.

La tercera tarea es la difusión. Dar a conocer lo que se descubre y conserva es necesario para conseguir una buena imagen del país, empleando sus bienes culturales. Debemos explotar internacionalmente y con mayor intensidad el hecho de tener esos privilegios, promoviendo la información, sacándole fruto con revistas, folletos, películas que destaquen esto.

Lo mismo podemos hacer con nuestra ciudad colonial, la más antigua de América.

Debemos vender mercadológicamente esos y otros bienes, y generar un turismo cultural más activo y dinámico que, además de dejar dinero a la nación, contribuiría al establecimiento de una verdadera marca-país de prestigio mundial.

¿Qué mecanismos podemos utilizar para difundir nuestras preseas culturales e históricas? He aquí algunas sugerencias:

  1. Las embajadas dominicanas deben ser de los primeros estamentos en servir como puertos de promoción de los valores del pueblo dominicano, creando medios que faciliten esto.
  2. La escuela pública y privada debe jugar su papel. Para ello, deben enseñarles a los niños a bailar nuestras danzas, formar grupos que compitan entre una escuela y otra y concursos de bailes entre esos pequeños grupos. Puede hacerse también con los clásicos de la poesía, pintura, escultura, etc… De esta manera, desde los primeros años de edad los dominicanos cultiven el orgullo de serlo y amen sus virtudes, y eso les permita un mejor desarrollo, sin pesimismo, y con un ímpetu de avanzar, crecer, desarrollarse y parangonarse a los grandes pueblos que da a conocer la historia universal.
  3. La radio, televisión, prensa, Internet y otros medios propios de los tiempos que vivimos han de servir de mecanismos asistemáticos de formación del sedimento neuronal.
  4. Este es el papel primordial de una Secretaría de Estado de Cultura: investigar, conservar y difundir los logros y virtudes de nuestro pueblo, con todos los órganos e instrumentos que posee, con todos sus activistas culturales que dan sentido y animación a los sectores que hacen cultura para estimularlos en su accionar, coadyuvar a su éxito, su permanencia y penetración en el sentir de la gente, aportándole fondos y condiciones, si fuese necesario, para garantizar el desarrollo de sus planes y propósitos a favor de la formación, educación y diversión del pueblo a través de sus creaciones culturales. En esta dirección, la actual Secretaría de Estado de Cultura ha realizado una titánica labor de promoción, estímulo y realce de nuestros valores.
  5. Explotando las industrias culturales que tenemos, estimulándolas y consiguiendo que aporten su grano de arena a los propósitos del desarrollo cultural.
  6. Uso de la Corporación Dominicana de Empresas Estatales como una empresa oficial del Estado a través de la cual se difundan en el alma dominicana aquellos valores culturales que no son mercancías vendibles por los mercaderes del arte, pero que son propiedades e inventos y aportes del pueblo dominicano a la humanidad, y que no podemos darnos el lujo de perderlos simplemente porque no son del interés de los comerciantes. El Estado está en el deber histórico de no dejar que perezcan esos bienes, y, por ello, ha de crear o utilizar los medios actuales, en prensa, radio, televisión, Internet, para darle vida y conocimiento nacional e internacional a esos valores.

Estoy convencido de que siguiendo estas sencillas pautas e ideas, transformaremos la actitud del pueblo dominicano ante sí mismo, ante los otros pueblos, ante su propia historia, sus ciudadanos y sus logros indiscutibles en el decurso de su historia.

Juan Freddy Armando es cuentista, poeta y ensayista. Estudió Comunicación en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y es investigador de mercadeo, publicidad y cultura; expositor invitado en eventos culturales y publicitarios. Ha sido columnista de mercadeo del periódico Hoy, profesor en la Universidad Iberoamericana y director de la Biblioteca República Dominicana. Es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua y actualmente dirige el Plan Quinquenal del Libro y la Lectura de la Secretaría de Estado de Cultura.

Nota

Resumen de la ponencia presentada en el Encuentro Cultural de la Regional de Santo Domingo de la Secretaría de Estado de Cultura, celebrado los días 29 y 30 de julio de 2005 en Santo Domingo, República Dominicana.

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