Artículo de Revista Global 45

David Camus: la relación con su abuelo: Albert Camus

El nieto del legendario escritor y ganador del Premio Nobel de Literatura se cuida de no ganar lectores ni publicaciones con esta identidad. Las semejanzas en la literatura devienen del elemento fantástico y los rasgos históricos de los personajes que crea para sus laureadas novelas.

David Camus: la relación con su abuelo: Albert Camus

Sentado en uno de los salones de Funglode, junto a Morgane Richard, la traductora de esta entrevista realizada en francés, busco en el rostro de David Camus alguna semejanza con su abuelo, el legendario escritor Albert Camus, ganador del Premio Nobel de Literatura, a quien Tony Judt en su último libro catalogó como “el mejor hombre de Francia”.

La verdad, no encuentro parecido alguno, pero eso sí, al igual que su abuelo, David Camus es escritor y a sus 40 años ha escrito una obra heterogénea que incluye novelas, ensayos y traducciones, así como trabajos para la televisión y el cine. Fue editor y director de la colección especializada en literatura fantástica de la editorial Fleuve Noir. En 2005 comenzó a publicar en la editorial Robert Laffont una serie de novelas históricas y fantásticas sobre las Cruzadas entre las que se encuentran: La novela de la cruz, Los señores del reinado, Morgenennes y Cruciferé. Estas novelas han sido premiadas, traducidas a varios idiomas y lo han convertido en un autor célebre.

En primera instancia, su obra no guarda relación aparente con la de su abuelo. Sin embargo, en una lectura más profunda descubrimos que el elemento fantástico y los rasgos históricos sirven de escenario para que los personajes de David Camus se enfrenten a las adversidades, circunstanciales e ideológicas, que encaraban los ya legendarios personajes de Albert Camus. Por ejemplo, una de sus novelas está protagonizada por un guerrero de las Cruzadas, que a pesar de que no cree en Dios, lucha en su nombre.

De todas las obras publicadas en Francia durante el siglo veinte, David Camus prefiere las de su abuelo. Aunque en términos promocionales o mercadológicos nunca se ha aprovechado de su legado literario, no tiene reparo alguno en recomendar sus libros, comentarlos y en participar en actividades realizadas en su honor. Por esta razón visitó la República Dominicana, invitado por Funglode, para encabezar el ciclo de literatura “Albert Camus: el hombre, la obra, los surcos de la libertad”.

Dictó una ponencia titulada La libertad en el nombre, donde cuenta los pros y los contras de ser nieto de Albert Camus. Tras años de evadir a periodistas y curiosos, decidió abordar ese tema por primera vez en su vida. En vez de hacerlo en Francia o en otro país europeo, eligió la República Dominicana. La ponencia, dotada de gracia y humor, fue excelente. David Camus contó sus comienzos en la literatura, cómo jugaba desde niño con el premio Nobel de su abuelo y lo complicado que le resultó escribir y encontrar su propia voz bajo la sombra de uno de los autores franceses más notables del siglo pasado. Mientras hablaba, fue citando una serie de descendientes de escritores y de personajes famosos que, al no poder trascender la fama de sus antepasados, no tuvieron más remedio que deambular frustrados bajo sus sombras. De tanto en tanto se emocionaba y le temblaba la voz. “Me sentí como si estuviera desnudo durante la lectura de la ponencia”, dijo, relajado, mientras yo a su lado manipulo la grabadora. Antes de encenderla le pregunto si cree que tiene algún parecido físico con su abuelo, lo que lo hace sonreír y murmurar que solo cuando fuma.

¿A qué edad empezaste a escribir?

Es complejo. Empecé a escribir a los 11 años. Mis primeros trabajos fueron guiones de televisión y de cine. Después empecé a escribir novelas cortas, inspiradas en Lovecraft, Edgar Allan Poe y otros autores fantásticos.

Si no me equivoco, has traducido a H. P. Lovecraft, escritor que se suele relacionar con el género del horror. Al mismo tiempo, has traducido varios libros de ciencia ficción y dirigiste una colección especializada en la literatura fantástica. ¿A qué se debe el interés por estos géneros?

Primero, me gusta. Segundo, siempre estuvo alrededor de mí. Tercero, quizás está relacionado con todas mis lecturas de la infancia, cuando era niño leía muchos cuentos fantásticos. Crecí leyendo los cuentos de Grimm o de Perrault. Aún hoy sigo leyéndolos. Querría hacer una biografía de Erich Kästner. Nunca dejé de estar interesado por estas cosas; lo fantástico representa una parte importante de mi vida. Por esa razón trabajé en esa área como editor durante varios años en Francia, publicando a los autores más importantes.

A mí me da la sensación de que los franceses no están muy interesados por lo fantástico.

¡No, en Francia no! La noción de placer con la literatura no existe. ¡Todo es demasiado intelectual! En ese sentido, prefiero el ambiente literario norteamericano donde no existen diferencias entre Cormac McCarthy y Philip K. Dick. Si dentro de 50 años un crítico quiere conocer cómo eran los Estados Unidos al final del siglo veinte, debe leer a Stephen King. También la literatura latinoamericana es extraordinaria. Me parece que está libre de complejos en comparación con la literatura francesa.

La cuestión es que Lovecraft es la antípoda de Albert Camus. Todo el mundo supone que tienes que escribir como tu abuelo.

Sí, claro, pero es posible amar a Camus y a Lovecraft. En sí, lo que a mí me gusta es la literatura. He pensando mucho en esto: quizás mi abuelo tuvo un trayecto desde la literatura popular hacia la literatura clásica, mientras yo tengo un trayecto desde lo clásico hacia lo popular. Es muy importante para mí defender la literatura de género, la literatura popular, porque me parece que está muy despreciada por los críticos, mientras a mí me parece que es una literatura muy presente en nuestras vidas, y que da mucho placer. Pienso que lo esencial en la literatura es la noción de placer. Por placer traduje a Lovecraft, que me encantaba de niño y sigue gustándome. La traducción en general es un excelente ejercicio de escritura, y creo que traducir a un escritor es la mejor manera de conocerlo de manera íntima.

¿Por qué ubicas tus novelas en la época de las Cruzadas? ¿Qué te apasiona de esa época?

Primero porque quería escribir un libro sobre guerra y religión, violencia y religión, sobre cómo actuamos de manera violenta en nombre de una fe, lo que me parece aberrante, ya que uno termina liquidando a una persona por el pretexto de que esta persona no cree en el mismo dios que tú. Luego escogí la guerra de las Cruzadas porque el contexto me encanta. Tengo juegos de rol como Dungeons and Dragons. Me gusta también todo lo que tiene que ver con la aventura, así como mezclar la verdad histórica y la leyenda, porque en la época de las Cruzadas, ambas cosas estaban mezcladas con lo cotidiano, lo que es de por sí una herramienta genial para estructurar una historia.

Dijiste que has pensando en tu literatura como complemento de la obra de tu abuelo. Es decir, que te interesa trabajar áreas que él no llegó a abordar, como la ciencia ficción y la literatura fantástica.

Mi predilección me lleva naturalmente hacia esos géneros. Creo, quizá me equivoco, que nunca hubiera logrado encontrar un sitio en la literatura general. Además, me parece que hay algo paralizado en la literatura general francesa. Se reprocha mucho a los autores franceses su falta de imaginación, lo que no es cierto, ya que conozco varios escritores que tienen muchísima imaginación y talento. Lo que pasa es que ellos se encuentran en un tipo de literatura que los críticos literarios no suelen leer.

¿Qué te parece la literatura francesa actual?

Desde hace diez años hay autores con talento extraordinario en la literatura fantástica francesa. Ahora bien, hay una tendencia a hablar de Michel Houellebecq, que es el autor más famoso, y me parece el más representativo de los autores franceses actualmente. Me gustan sus primeras novelas, me gustó mucho Extension du domaine de la lutte, Les particules, también escribió sobre Lovecraft, pero después… creo que merecemos más escritores que aborden otros géneros.

Pero en América Latina la gente relaciona mucho Camus con Houellebecq.

Será porque en las fotos los dos salen con un impermeable y un cigarrillo.

¿Relees mucho la obra de tu abuelo? ¿Qué relación tienes con su obra? ¿Buscas inspiración en ella?

Es el autor francés del siglo pasado que más me gusta. Esto, por supuesto, es independiente del vínculo familiar. Es en su pensamiento que me reconozco más, y su presencia es una suerte, y lo releo de manera regular, creo que no hay un año que pase sin que yo no relea una o varias obras de mi abuelo, y eso desde hace 30 años, y siempre descubro nuevas cosas en estas, siempre me quedo impresionado por la modernidad de su obra, y lo que me sorprende mucho es que mientras más pasa el tiempo, más se refuerza su obra.

Además, Albert Camus es de esos grandes escritores que han logrado insertar sus personajes y sus ideas en la cultura popular. Gente ajena a la literatura lo cita continuamente. Pienso en la canción que escribió The Cure a partir de una escena de El extranjero.

Claro, Killing an arab. La última personalidad que lo estaba leyendo era nada más y nada menos que George Bush. Así que esa popularidad resulta relativa.

¿Y el libro de tu abuelo que más te fascina?

Cuando leí hace veinte años El primer hombre, pensé que era mi libro favorito, pero hay tantos que me gustan: La caída, El extranjero. Pienso que El primer hombre es un libro muy importante. Lo que me impresiona tanto es que es un borrador inacabado, y es de una calidad muy grande.

¿Lo conocías antes de su publicación?

Sí, lo leí dos o tres años antes de su publicación.

Durante tu ponencia, al referirte a la relación con tu abuelo, dijiste que hasta pensaste hacer la segunda parte de El extranjero.

Solamente hice un resumen de diez líneas como divertimento.

¿Alguna vez has pensado adaptar para cómics, documental o película la obra de tu abuelo?

No, no me apetece. Es una cuestión de tiempo, yo prefiero dedicar el tiempo a mis proyectos. No tengo el tiempo para hacer todo lo que quiero hacer.

Hablaste sobre la relación entre padres e hijos, que en el caso de los actores de Hollywood ayuda, mientras que en el de escritores sucede todo lo contrario. Ya en términos de publicación, ¿te ha facilitado las cosas el ser nieto de Albert Camus?

Cuando quise publicar por vez primera, envié mi texto por correo de manera anónima, como todo el mundo, ya que necesitaba saber si lo aceptaban porque les gustaba, porque como te puedes imaginar, no quisiera que me publiquen por mi apellido sino porque mi obra vale la pena. El texto fue rechazado, pero luego me propusieron otro contrato, ya conociendo mi nombre, para otro libro, y me pareció que el libro no era tan bueno, que era peor que el anterior, y esa vez obtuve ese contrato por mi nombre, por lo cual me rehusé a publicarlo. Por suerte no soy de esos que se pasan largos periodos de tiempo escribiendo una novela. Cuando empecé a escribir a los 11 años, me interesaba todo de la escritura, no solo el formato libro, sino también escribir guiones, cómics, documentales, es decir, me gusta todo lo relacionado con la narrativa.

La ponencia que leíste fue encantadora y muy emocionante. Tengo la sensación de que significó mucho para ti.

Estoy muy contento de estar en Santo Domingo, y digo Santo Domingo porque no he visto otra cosa de la República Dominicana, pero lo que es seguro –y eso es gracias a Delia Blanco y su invitación– es que mi ponencia es algo que llevaba dentro de mí desde hace 25 años, y solo he podido expresarlo aquí, en Santo Domingo, por lo cual siempre asociaré Santo Domingo a la felicidad y a la libertad. Muchas gracias.

Frank Báez (Santo Domingo, 1978) es escritor, investigador social y coordinador del Instituto Dominicano de Opinión Pública de Funglode (IDOP).

Nota: La entrevista fue traducida y transcrita por Morgane Richard, de Funglode.