Artículo de Revista Global 58

De la “guerra del banano” a la lucha por la sostenibilidad: los pequeños productores de comercio justo de las islas Barlovento

Cuando los pequeños productores caribeños de comercio justo piensan en las políticas comerciales europeas lo primero que les llega a la mente es la llamada «guerra del banano», un proceso de desencuentros y negociaciones que empezó en 1991 y terminó (por lo menos hasta el momento) en el 2012. Los productores de las islas de Barlovento sufrieron todas las consecuencias negativas del «libre comercio» y no les quedó otra opción que empezar a tejer relaciones solidarias con los circuitos del comercio justo. En este artículo revisitaremos los principales acontecimientos de esta disputa comercial internacional para entender lo que puede significar una respuesta del «fair trade» al «free trade».

De la “guerra del banano” a la lucha por la sostenibilidad: los pequeños productores de comercio justo de las islas Barlovento

El mercado europeo distingue tres zonas de producción de bananos: la llamada «zona dólar» (Centro y Sudamérica), caracterizada mayormente por grandes plantaciones con bajos costos de producción y abundante empleo de insumos externos; los países acp (Asia, Caribe y Pacífico; tradicionales y no tradicionales); y los territorios comunitarios, caracterizados por la agricultura a pequeña escala y altos costos de producción. Los países acp gozaron durante largo tiempo de acceso preferencial al mercado europeo gracias a la Convención de Lomé (en 1975 la primera) y el Acuerdo de Cotonou (año 2000), «en reconocimiento de las obligaciones políticas y morales para con las antiguas colonias europeas y los socios comerciales más desfavorecidos».1

El 13 de febrero de 1993, a través del Reglamento cee 404/93, tomaba cuerpo la Organización Común de Mercados para el Sector del Banano (comb) y se ponía en marcha el régimen comunitario relativo a su importación y distribución: «la política consistía en permitir a los proveedores internos comunitarios exportar bananos exentos de derechos a cualquier Estado miembro de la ce (con la concesión también de pagos compensatorios), en establecer contingentes definidos para el acceso exento de derechos de los bananos procedentes de países acp, en imponer un sistema de licencias de importación para volúmenes específicos de bananos de la zona dólar y en limitar las importaciones complementarias de bananos de la zona dólar mediante la aplicación de derechos arancelarios excesivamente elevados».2 Dentro de la Comunidad Europea las posiciones no eran uniformes: Alemania prefería un régimen abierto, mientras que Francia y España querían seguir defendiendo un sistema que protegiera directamente a sus productores (Guadalupe, Martinica y las islas Canarias). Sin embargo, por la presión simultánea de los países acp (a través de los gobiernos, ong y sindicatos bananeros), de la Asociación de Productores Europeos de Bananos (apeb), de los grupos de presión europeos de la European Banana Action Network y de la Fairtrade Labelling Organizations (que exigía cuotas específicas para los productores de comercio justo), la Comunidad Europea defendió la implementación del nuevo régimen.

Esto causó una situación de exceso de oferta y caída de los precios. También hubo otros tipos de consecuencias: el precio para los consumidores europeos aumentó alrededor de 0.50 euros el kilo (bastante más alto respecto al precio de venta en los Estados Unidos); los bananos provenientes de los países no acp eran más baratos que los de los países acp; se generó un mercado de licencias calculado en mil millones de dólares anuales (entre 2 y 3 euros por caja); los operadores tradicionales vieron mayor beneficio en este negocio que en el desarrollo del sector mismo; y los márgenes de beneficio para minoristas y supermercados aumentaron. A nivel internacional, la caída de los precios redujo las entradas de los países productores, especialmente de los más pequeños; pero también provocó la reacción de Chiquita, la transnacional más poderosa del sector, que a inicios de los noventa hizo ingentes inversiones en los países de la zona dólar pensando en una prematura y rápida liberalización del mercado europeo. Para Chiquita el nuevo sistema significó la pérdida de un 65% de su cuota de mercado europeo; fue así como la compañía empezó un fuerte trabajo de lobby para convencer al Gobierno de los Estados Unidos de emprender la guerra del banano por incumplimiento de la cláusula de la «nación más favorecida» (art. 1 del General Agreement on Tariffs and Trade).

En 1994, Colombia, Costa Rica, Nicaragua y Venezuela, firmaron el Acuerdo Marco sobre el Banano (amb) con la Comunidad Europea, el cual «aumentó el volumen del contingente arancelario de la nación más favorecida (nmf) y disminuyó los aranceles dentro del contingente a 75 ecus comerciales por tonelada. Parte del cupo (49,3 por ciento) se dividió en porcentajes del contingente arancelario específicos según los países que se asignaron a los cuatro países de América Latina: Costa Rica recibe el 23,4 por ciento, Colombia el 21 por ciento, Nicaragua el 3 por ciento y Venezuela el 2 por ciento».3 Al mismo tiempo, el acuerdo causó el rechazo de Guatemala, Honduras, México, Panamá y también de Ecuador, el primer exportador mundial; la Unión de Países Productores y Exportadores de Banano (upeb) quedaba fracturada, por medio de la estrategia europea del «divide y vencerás». La telenovela, por tanto, aún no había terminado y Chiquita aún no había alcanzado su objetivo. Con la creación de la omc en 1995, el recién firmado acuerdo se empezó a tambalear: Estados Unidos, Guatemala, Honduras y México (y Ecuador desde 1996) encabezaron la nueva batalla. En septiembre de 1997, la omc declaró incompatible con sus normas el nuevo régimen de la ue para la importación de bananos. Para los exportadores tradicionales del Caribe significó una ulterior disminución de las exportaciones.

En abril del 2001, Estados Unidos, Ecuador y la Comunidad Europea llegaron a un acuerdo para la paulatina liberalización del mercado comunitario del banano y el abandono progresivo de los contingentes: a pesar de que se permitía que la ue fijase cuotas preferenciales para los bananos acp hasta el 2006, los países acp exigían acompañamiento y mejores garantías sobre todo en un contexto de sobreoferta y saturación del mercado europeo. Las consecuencias negativas para las islas de Barlovento son bien visibles en la disminución de las exportaciones al mercado británico, que ya entre 1993 y el 2002 habían disminuido de 238,000 a 99,000 toneladas: «Antes de la wto, podíamos disponer de un subsidio proveniente de otros países; ahora resulta imposible. Después de los cambios comerciales en el 2002, el mercado británico ya no era una garantía. Debemos luchar para vender nuestros bananos. Esto hará que la región empobrezca aún más», afirmaba Anton Bowman, de la Windward Islands Farmers’ Association (winfa).4 Como subrayó la cooperativa inglesa Banana Link, fue «simplemente una reforma negativa que aumentará la pobreza y el desempleo en un gran número de regiones exportadoras de banano. Conducirá a una caída de precios la cual provocará incluso más presión sobre los ya desastrosos niveles salariales y condiciones laborales de la mayoría de sectores de la industria. Pequeños productores caribeños serán desplazados del mercado, al menos que los consumidores y supermercados británicos estén preparados para apoyar una reconversión de toda la industria al mercado justo. […] ¿Por cuánto tiempo más la Unión Europea continuará creyendo que la liberalización de mercado es la medicina necesaria para su propio bien?».5

Acercándose el cambio previsto para el 2006, la transnacional Dole tuvo que ponerse más agresiva en vista de la total liberalización: la empresa empezó su «carrera hacia el fondo» en búsqueda de aquellos espacios de mercado donde los costos fueran los más bajos. Esta carrera hizo aumentar las importaciones europeas de bananos desde América del Sur, mientras que las importaciones desde los países acp tradicionales seguían bajando. En diciembre del 2009 se firmó el Acuerdo de Ginebra sobre el comercio de bananos entre la ue y Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú y Venezuela. Según este acuerdo, la ue aplicará a estos países de la zona dólar los siguientes aranceles: del 15/12/2009 al 31/12/2010 148 euros/tm; 1.º de enero del 2011, 143 euros/tm; 1.º de enero del 2012, 136; 1.º de enero del 2013, 132; 1.º de enero del 2014, 127; 1.º de enero del 2015, 122; 1.º de enero del 2016, 117; 1.º de enero del 2017, 114.

Muchos consideran que los países acp perderán gradualmente cuotas de mercado y que las compensaciones previstas por la ue no podrán mantener en vida un sector que por años ha garantizado la subsistencia a miles de productores y sus familias, así como la economía de pequeños países muy dependientes de las exportaciones de bananos, como es el caso de las islas de Barlovento. Según Renwick Rose, coordinador de winfa, la ue está sacrificando el Caribe para favorecer a los países latinoamericanos que ya tienen muchas ventajas productivas: «Seremos quienes más van a sufrir, y esto tendrá grandes implicaciones para la calidad de vida de los productores que viven en comunidades rurales, especialmente porque el cuarenta por ciento de nuestros productores de bananos son mujeres, y una gran parte solteras y jefas de hogar».6 A los productores de estas islas caribeñas la ue les prometió que el Acuerdo EPA (Economic Partnership Agreement), entre los países del cariforum y la ue y sus miembros (octubre del 2008), seguirá garantizando el mercado del banano, pero con estas nuevas condiciones para los demás, Renwick Rose está seguro de que la producción de banano de las islas se hundirá.

Los que se beneficiarán de este acuerdo son las grandes plantaciones centro y sudamericanas, las multinacionales estadounidenses del sector y las grandes cadenas de distribución. La «carrera hacia el fondo», de hecho, ya causó la caída del precio de consumo de los bananos: en los supermercados del Reino Unido, principal importador para las islas de Barlovento, el precio del kilo bajó de 1.10 libras en 1997 a 0.74 en el 2004 y a 0.68 en el 2007.7 Los más perjudicados fueron naturalmente los productores. Así lo describía Amos Wiltshire, de la unidad Fairtrade para Dominica: «Cuando los precios cayeron los productores perdieron interés y confianza en la industria. Ya que los bananos son los latidos de este país, la economía descendió a cero… Todas las cosas se volvieron caóticas: incremento del crimen, violencia juvenil, delincuencia. […]  Miles de dominicos en estas pequeñas islas no hacían prácticamente nada. Se vivió un fuerte éxodo desde el campo, ya que la situación era terrible. La industria estaba sufriendo una profunda recesión, un colapso total. Los precios estaban tan en el suelo que los productores fueron forzados a renunciar. Cerraron los almacenes. Nadie estaba trayendo fertilizantes. Los pocos productores que quedaban no lograban sobrevivir».8 La industria bananera de las islas de Barlovento sufrió un duro golpe: de los 27,000 productores de 1992 hoy solo quedan 3,500; en Santa Lucía este número bajó de 11,000 a 900.9

Los países acp se declararon decepcionados y abandonados por la ue: «La Comisión Europea sacrifica el desarrollo por la liberalización del comercio», declaró Gerhard Hiwat, presidente del grupo de trabajo sobre el banano de los países acp. La propuesta podría significar, según Hiwat, la pérdida de por lo menos 350 millones de euros para los exportadores acp entre el 2009 y el 2016. A finales del 2009, se estimaba que en la Unión Europea más del 70% de los bananos comercializados proviene de América Central y del Sur (Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá, sobre todo), un 20% proviene de los países acp (se destacan Camerún, Costa de Marfil, la República Dominicana, Belice y Surinam, pero no las islas de Barlovento), y el resto, de los mismos territorios europeos (las islas Canarias, Madeira, los departamentos de ultramar franceses Martinica y Guadalupe, Grecia y Chipre).10 En el 2012, el 19% de las exportaciones mundiales de banano provenía del Ecuador; el 8%, de Costa Rica; el 7%, de Colombia; el 4%, de Guatemala; el 2%, de Honduras, y el 1%, de Panamá.11 De las islas de Barlovento no hay rastro.

La situación que se está viviendo en el mercado del banano refleja una tendencia global. El poder real de regulación de los precios y de los mercados ha pasado gradualmente desde los Estados (que anteriormente podían manejar importaciones con acceso preferenciales) a las grandes multinacionales (abogando por la mera liberalización en el marco de la omc); estas, poco a poco, han dejado de ocuparse de los primeros eslabones de la cadena productiva para concentrarse en los últimos y en el marketing relacionado: «La cuestión central es de poder: el control del mercado o de la cadena de suministro. En las últimas décadas, el control de los mercados de productos básicos (y con él la habilidad de administrar los suministros) se ha desplazado gradualmente desde el productor hasta el consumidor final de las cadenas de suministro, y de lo público a los poderes privados».12 De esta manera, las grandes multinacionales han bajado considerablemente los riesgos asociados directamente a la producción, dejando en manos de los productores todas las dificultades para mantener en pie una producción competitiva y de calidad, y concentrándose en el consumidor.

El último (hasta el momento) episodio de la telenovela bananera tuvo lugar el 8 de noviembre del 2012, cuando se constataron oficialmente las reducciones arancelarias comunitarias a la importación de banano en el Órgano de Solución de Disputas de la omc. Ese día quedó formalmente finalizada la «guerra del banano». Sin embargo, la lucha por la sostenibilidad de su producción en las islas de Barlovento empezaba a ser aún más visible.

Para apoyar a los productores agrícolas nació en 1982 la Windward Islands Farmers Association (winfa); en solo 5 años se transformó en una organización paraguas para los pequeños productores de las cuatro islas de Barlovento (Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Dominica y Granada). A finales de los noventa, empezó el proceso de certificación al comercio justo Fairtrade para responder a la gradual, pero inexorable, pérdida de cuotas del mercado comunitario y a la relativa disminución de competitividad. La primera exportación de bananos de comercio justo se realizó en el año 2000 hacia el Reino Unido. Este, en 1992, importaba bananos sobre todo de Santa Lucía, Jamaica, San Vicente, Dominica, Belice y Surinam, además de los territorios comunitarios y franceses de ultramar. En el 2007, por el contrario, paralelamente a un gran aumento de las importaciones, los principales países pasaron a ser Costa Rica, Colombia, la República Dominicana, Camerún, Ecuador y Belice.

La transición de winfa al comercio justo se aceleró en el año 2005, en vista de la inevitable liberalización del mercado europeo del banano que se iba a concretizar en el 2006. Entre los años 2000 y 2006, las exportaciones winfa de banano certificado Fairtrade pasaron de poco más de mil toneladas a alrededor de 48,000 toneladas; sin embargo, en el 2004 solo el 17% de las exportaciones winfa llegaba a los circuitos del comercio justo;13 entre el 2004 y el 2009, el porcentaje de bananos de las islas de Barlovento vendidos al mercado Fairtrade pasó de un 30% a un 90%, con más del 90% de los productores de bananos articulados a través de organizaciones de comercio justo. En el 2007, el Reino Unido representaba el 61% del mercado de los bananos Fairtrade, Suiza el 12% y Alemania el 6%, entre otros. Las ventas de bananos certificados en el Reino Unido pasaron de un valor de 7.8 millones de libras en el 2000 a 242.5 millones en el 2012.14 Hoy prácticamente el 100% de la producción bananera de las islas está certificada,15 pero solo se logra exportar a los circuitos «justos» europeos un 45% aproximadamente.

Después de una larga lucha para liberarse del yugo de los intermediarios locales y obtener mayor control sobre la cadena de suministro, el 20 de marzo del 2008 los productores de winfa firmaron el primer acuerdo de venta directa con el exportador de las islas, la Windward Islands Banana Development and Export Corporation (wibdeco) y esta se comprometió a exportar solo bananos certificados. «Si queremos sobrevivir del todo en la exportación agrícola, el comercio justo es la respuesta al libre comercio» –relataba Amos en 2004–. «De hecho, el comercio justo ha sido el salvador de los agricultores en Dominica, de la agricultura y de toda la economía. Desde que empezamos a vender productos de comercio justo a Tesco, hemos avanzado a pasos agigantados […] Cuando el comercio justo se inició, los agricultores empezaron a motivarse. Tomaron préstamos y comenzaron a invertir de nuevo. Pero ellos tenían la esperanza de vender más, así que necesitamos aumentar el mercado. Ha sido un gran cambio para las familias, los agricultores y para la economía en su conjunto. En la actualidad hay 1,000 agricultores que cultivan bananos de los cuales 730 son miembros de comercio justo. Ahora tenemos una sobreproducción de comercio justo, podemos producir hasta 18,000 cajas, de modo que vendemos el resto a la región y a wibdeco como bananos convencionales».

A pesar de que aún faltaba mucho por hacer, el primer objetivo del comercio justo se estaba logrando: garantizar a los pequeños productores en desventaja económica el acceso directo a un nicho de mercado de calidad comprometido, transparente y en constante crecimiento. Además, se concretizaba otro de los objetivos fundamentales del comercio justo: el desarrollo de capacidades, o el empoderamiento local. Así lo recuerda Amos Wiltshire: «El comercio justo está empoderando a las personas para que se hagan cargo de sus negocios; es el desarrollo de las capacidades humanas, vital en el futuro. Con el comercio justo, los pequeños y marginalizados productores se han transformado en comerciantes […] El comercio justo ha hecho resurgir la esperanza y la confianza en la industria del banano en Dominica, que anteriormente sufrió un grave declive. Ahora existe un indudable orgullo de los productores hacia su oficio, algo prácticamente desconocido para ellos antes de la llegada del comercio justo».16 Sin embargo, la sostenibilidad de los pequeños productores de las islas de Barlovento aún queda en peligro porque, además de la liberalización total del mercado comunitario del banano, está avanzando algo menos esperado pero muy anunciado: el cambio climático. Mientras las exportaciones bajaban a causa de los cambios en el mercado europeo, durante los años 2007 y 2010 las pequeñas islas del Caribe fueron azotadas por tremendas tormentas tropicales y huracanes.

En agosto del 2007, el huracán Dean destruyó el 100% de la producción en Dominica, el 65% en Santa Lucía y el 10% en San Vicente. El premio de comercio justo se usó prácticamente todo para el proceso de reconstrucción. Poco antes del huracán Tomás (octubre-noviembre del 2010), la winfa estaba conformada por 47 grupos de comercio justo (17 en Dominica, 1 en Granada, 13 en Santa Lucía y 16 en San Vicente) y agrupaba a 3,376 productores (857 en Dominica, 31 en Granada, 1,289 en Santa Lucía y 1,191 en San Vicente). El huracán destruyó por completo la producción de San Vicente y de Santa Lucía, y un 50% de la producción en Dominica; gracias al fondo para desastres, nutrido a través del premio social de comercio justo, la winfa pudo responder, por lo menos en parte, a las necesidades inmediatas, articulando además varios apoyos de donantes internacionales. A pesar de la reducción de las ventas (y por tanto del premio), Arthur Bobb, gestor de la Unidad Fairtrade en winfa, afirma, convencido: «Si las islas de Barlovento no hubiesen empezado a tejer relaciones con el comercio justo a estas alturas ya estaríamos fuera del mercado».17 A los huracanes se ha sumado, sobre todo durante el año 2009, la propagación de la sigatoka negra, enfermedad fungosa que se propaga en las hojas del banano reduciendo mucho su capacidad productiva y, por tanto, aumentando los costos de producción.

Todas estas dificultades han vuelto a provocar una salida de productores de la industria: después del huracán Tomás, la winfa perdió a más de 2,000 socios productores, pasando de 3,347 a 1,163 pequeños productores y reduciendo drásticamente la oferta mensual de bananos certificados de 1,300 a 400 toneladas por semana. A pesar de todo, después del enorme descenso productivo del 2011, están recuperando los niveles del 2012 y para el 2014 debería estar exportando unas 16,000 toneladas. En la actualidad, la industria del banano sigue siendo la columna vertebral de la economía de las islas; por ejemplo, según datos de la oit representa el 43% del empleo en Dominica y el 70% en San Vicente.

Por esta razón, desde la clac (Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo) se están buscando recursos para implementar un proyecto de incremento de la productividad y apoyo al desarrollo económico y social de la winfa. En este sentido, el rol de los consumidores conscientes y responsables seguirá siendo fundamental. Así lo recordaba en 2012 Marcella Harris, presidenta de la winfa: «No queremos caridad, queremos el derecho humano básico de ganarnos el sustento para poder alimentar a nuestros hijos y vivir sin depender de donaciones. El comercio justo es el inicio, pero para poder vivir, necesitamos que la gente compre nuestra fruta. Espero que las personas se den cuenta de que pueden hacer la diferencia en la vida de miles de personas, simplemente tomando una decisión al momento de comprar. Es todo lo que pedimos».18

Marco Coscione es actualmente coordinador de gestión de recursos e incidencia en la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo. Licenciado en Ciencias Internacionales y Diplomáticas (Universidad de Génova) y Máster Oficial en América Latina Contemporánea y sus Relaciones con la ue (Universidad de Alcalá). En noviembre del 2012, Funglode publicó su último libro: La clac y la defensa del pequeño productor.

Notas

1 Fonseca Peña (2004), «La guerra comercial del plátano. Una aproximación desde la teoría de juegos», Estudios Agrosociales y Pesqueros, n. 201, p. 134.

2 <http://www.fao.org/docrep/007/y5102s/y5102s06.htm>.

3 <http://www.fao.org/docrep/007/y5102s/y5102s06.htm>.

4 Frundt (2009), Fair Bananas. Farmer, Workers and Consumers. Strive to change an industry, University of Arizona Press, eua, p. 93.

5 Declaraciones de Alistair Smith, coordinador internacional de Banana Link, El Boletín Bananero, núm. 34-35, enero del 2006, Banana Link, Norwich.

6 Caribbean Media Corporation (2009), «Winfa official disappointed with new Latin American tariff», 10 de diciembre.

7 Fairtrade Foundation (2004), Fairtrade Bananas Impact Study, Dominica Windward Islands; y Lamb, H. (2008), Fighting the Banana Wars and other Fairtrade battles, Fairtrade Foundation y Random House Group, p. 18.

8 Fairtrade Foundation (2004), Fairtrade Bananas Impact Study, Dominica Windward Islands.

9 Fairtrade Foundation (2012), Fairtrade Bananas Case Study, Windward Islands: St Lucia, St Vincent and Dominica.

10 <http://www.ipsnoticias.net/2009/12/banano-union-europea-america-latina-perfora-barrera-comercial>.

11 <http://blogs.elpais.com/eco-americano/2012/11/el-final-de-21-a%C3%B1os-de-guerra-del-pl%C3%A1tano.html>.

12 Thomas Lines (2007), «Supply Management: Options for Commodity Income Stabilization», Winnipeg, Manitoba, International Institute for Sustainable Development, citado en Fridell (2010), «The case against cheap bananas: lessons from the eu-Caribbean Banana Agreement», cerlac, Working Paper Series, York University, Toronto (Canadá), p. 12 (traducción propia al español).

13 Fairtrade Foundation (2004), Fairtrade Bananas Impact Study, Dominica Windward Islands.

14 <http://www.fairtrade.org.uk/press_office/facts_figures.aspx>.

15 Fairtrade Foundation (2012), Fairtrade Bananas Case Study, Windward Islands: St Lucia, St Vincent and Dominica.

16 Fairtrade Foundation (2004), Fairtrade Bananas Impact Study, Dominica Windward Islands.

17 Fairtrade Foundation (2012), Fairtrade Bananas Case Study, Windward Islands: St Lucia, St Vincent and Dominica.

18 Ibídem.


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