Artículo de Revista Global 20

Diversidad cultural y pensamiento alternativo

Dos megatendencias claramente diferenciadas y contradictorias se observan en el mundo de hoy. Una, orientada a la homogenización y estandarización de las culturas de los países. La otra, orientada a fortalecer la diversidad cultural de los pueblos, destacando y consolidando sus rasgos distintivos e identidades particulares. La apertura comercial y la globalización las impactan de manera diferente.

Diversidad cultural y pensamiento alternativo

Diversidad y homogenización: dos grandes tendencias en la evolución de la sociedad que están en la base de la condición humana misma. La diversidad cultural enriquece a los pueblos, los vuelve más sabios y tolerantes, más comprensivos y humanos. La homogenización, en cambio, si bien en un primer momento aparenta lo contrario, a la larga los empobrece, reduce, simplifica sus culturas y las condena a una vertiginosa e inminente desaparición. La homogenización es a la sociedad y la cultura lo que el monocultivo es a los sistemas biológicos y genéticos. En ambos casos, la pérdida de diversidad debilita a los sistemas vitales, reduciendo su fortaleza y capacidad para luchar, autorregenerarse y contrarrestar los factores adversos internos y externos que amenazan su supervivencia.

¿Selección natural en el plano de la cultura y la sociedad? Ya algunos pensadores de siglos pasados se atrevieron a formular y defender esta tesis. A pesar de los parecidos y similitudes, nosotros, sin embargo, la descartamos. Creemos que el equiparar la evolución social a la biológica constituyó un reduccionismo que hizo mucho daño al desarrollo de las ciencias sociales. A pesar de que lo biológico está implícito en lo social, los fenómenos y procesos de este campo se complejizan mucho más por tener como centro a los sujetos humanos, seres racionales, contradictorios, con intereses, voluntades, creencias, valores, tradiciones, actitudes y aptitudes diferentes, que se trazan metas conscientes y luchan por alcanzarlas individualmente y en grupo, utilizando para ello los más diversos medios y procedimientos, particularmente los tecnológicos.

La globalización actualmente en marcha, según Samir Amín, es en realidad la prolongación y profundización de un proceso de expansión y mundialización del capitalismo que viene desde sus mismos comienzos, ¹ pero que la revolución de las tecnologías de la comunicación y la información ha exacerbado en las últimas décadas.

Globalización

En general, el crecimiento exponencial del conocimiento y las tecnologías de la comunicación y la información han ido perfilando un contexto socioeconómico, político y cultural de carácter mundial, que ha profundizado el proceso de homogenización de las culturas, proceso que gira en torno a la ideología del mercado y el consumismo predominante en las sociedades más desarrolladas económicamente.

Imbuido del poder de estos países y, en particular, controlado y guiado por los intereses y la ideología del liberalismo económico de las grandes corporaciones transnacionales, este proceso se ha convertido en un fenómeno unilateral, unidimensional y de una solo vía, en donde las mayores posibilidades de globalizarse las poseen los países más poderosos.

“La globalización presente –dice García Morales– se ha revelado exclusiva: ha profundizado diferencias entre centros y periferias, ha dislocado profundamente diversas estructuras nacionales y étnicas y, con las polarizaciones en la riqueza y la destrucción de sectores mediadores, ha ido provocando el surgimiento de una bomba de tiempo que ha alarmado a los propios editores del Foreign Affairs (‘hemos creado un mundo con demasiados pobres, y puede estallar’).”²

Como apunta Cristián Antoine refiriéndose a las llamadas tic, “la existencia de una programación predominantemente extranjera en los medios electrónicos, al no ser balanceada, estaría produciendo una transculturización no participativa, es decir, provocando una crisis en nuestros valores autóctonos y un resquebrajamiento de la identidad cultural”.³

Para Samir Amín, el monopolio de los medios de comunicación en manos de los centros hegemónicos “no sólo lleva a la uniformidad cultural, sino que abre la puerta a nuevos medios de manipulación política. La expansión del mercado moderno de los medios de comunicación constituye ya uno de los principales componentes de la erosión de las prácticas democráticas en el propio Occidente”.4

Siguiendo a Irene Plaz, los países de América Latina deben hacer uso de sus conocimientos, hábitos y emociones creadores para renovarse y aprender junto a todos sus actores sociales a identificar, seleccionar, negociar, diseñar, implantar, evaluar proyectos y procesos de tecnologías de la información y la comunicación estratégicos para su desarrollo, que contribuyan a construir agendas regionales, nacionales y locales orientadas a la promoción de modos de organización de una sociedad latinoamericana más justa, equitativa, innovadora, ecológica y, especialmente, más sana, creadora y feliz.5

Según argumenta Federico García Morales, “con el movimiento globalizante del capital se constituye un proceso de acelerada acumulación y concentración del capital mundial en manos corporativas y privadas. Al punto que tres corporaciones, Exxon, Ford Motor y General Motors, juntas poseen más capital que 70 países. Para no tocar los capitales del Deutsche Bank o de la banca Mitsubishi, que fusionada recientemente con el Banco de Tokio produjo un retoño con 800,000 millones de dólares en la cuna. Actualmente de los 100 sistemas económicos de mayor tamaño, 47 son corporaciones.

“Fortunas individuales prosperan al punto que los 300 más ricos del mundo manejan ingresos superiores a los de la mitad de la población del planeta. Esta forma del reparto marca la emergencia de influencias políticas de enorme peso, no sujetas a control, realzadas por instancias de decisión igualmente separadas de todo escrutinio democrático como son el Banco Mundial, la OMC y el FMI.” 6

 Complementaridades

Ahora bien, ¿son las dos megatendencias mencionadas más arriba fenómenos antagónicos, o son por el contrario complementarios? En principio, estas dos megatendencias debían ser complementarias, pues la homogenización en todos los tiempos ha fomentado su contrario, sirviendo como vehículo de diversificación, de introducción en otras culturas de rasgos y elementos desconocidos y, en este sentido, ha contribuido a fortalecer la diversidad cultural. Pero cuando la homogenización se hace extrema y absoluta, y, sobre todo, autoritaria y dominada desde un extremo de la relación entre las culturas intervinientes, entonces de vehículo de diversificación se convierte en aniquiladora de la diversidad y, por ende, de las identidades de los pueblos.

“El globalicionismo –nos dice de nuevo Federico García Morales– decreta como extinguidas las heterogeneidades sociales, detrás de la homogenización de valores y el consumerismo. Declara finalizados los estancos nacionales y culturales. Y, sin embargo, estos subsisten. Hay una lucha. En el gran espacio del poder mundial, actualmente ya se puede dudar de la existencia de una monopolaridad. Y en espacios más menudos se tornan racional la resistencia étnica y regional”. 7

La diversidad se expresa y debe expresarse en una multiplicidad de formas diferentes de gestión del Estado, formas diferentes de estructuras sociales y económicas. Lo que debe ser, a su vez, expresión de formas diferentes de pensar, actuar y ver el mundo de la gente. Formas diferentes de concebir la libertad y la condición humana, las aspiraciones humanas. Esta diversidad es la garantía, es la base del hacer y el pensar alternativos. En realidad, sin esta diversidad no hay pensamiento y acción alternativos.

Boutros Boutros-Ghali, secretario general de las Naciones Unidas de 1992 a 1996, libre de toda sospecha de subversión del actual orden económico y político mundial, expuso lo siguiente hace unos tres años: “Si la globalización mantiene el ritmo actual, dentro de 10 ó 15 años, la cultura será el último bastión que permitirá a los Estados conservar sus características propias. Contar con esta diversidad cultural reviste interés para la comunidad internacional, pues si no logramos democratizar la globalización, la globalización distorsionará la democracia; esta democratización supone, entre otras cosas, la defensa y el mantenimiento de la diversidad cultural. A mi entender, el plurilingüismo es tan importante para la globalización como el multipartidismo lo es para la democracia, es decir, indispensable.” 8

Alternativa

Desde luego, no se trata de democratizar la globalización, sino de pensar, plantear y promover una globalización alternativa. Una globalización desde abajo, desde los pueblos mismos, desde sus intereses, valores, ideas, aspiraciones. Una globalización focalizada en ideales de justicia, equidad, honestidad, respeto y solidaridad. Pero una globalización alternativa requiere, como plantea Samir Amín, un compromiso por parte de la intelectualidad, y, en nuestro caso, de la intelectualidad latinoamericana más progresista. Un compromiso de afrontar y pensar la realidad para plantear alternativas nuevas que deconstruyan y rebatan la retórica legitimadora de los ideólogos de la globalización neoliberal. Si la intelectualidad no logra pensar con éxito los problemas de la realidad de nuestras sociedades, argumenta Samir Amín, “el ciclo de reacciones espontáneas e inadecuadas de personas sojuzgadas por la nueva polarización a escala mundial continuará, y las energías que generan serán seguramente aprovechadas por los regímenes dominantes en su afán de gestionar la crisis”. 9

Estamos frente a una América Latina que se inicia en un nuevo milenio con el desafío, en palabras de Darcy Ribeiro, “de formular un proyecto propio”. Una América que sea capaz de sortear con éxito los avasalladores vientos de la homogenización económica y cultural del momento, a la vez que construye y fortalece su identidad particular, su diversidad e idiosincrasia. ¿Será posible esta América alternativa y utópica, integrada a la globalidad, pero inmensamente única, diversa y plural? Si ello ha de lograrse, decimos con Ribeiro que ha de ser con el concurso de una intelectualidad más responsable, porque, según el escritor brasileño, la que tenemos ahora en nuestra América es “una intelectualidad fútil, más propensa a buscar las remuneraciones de las multinacionales o las prebendas del Estado que a pensar y a luchar por definir el proyecto latinoamericano”.

Si en los albores del siglo pasado, en medio de un dominio apabullante del pensamiento positivista, del predominio del fanatismo tecnocientífico más alienante, el gran humanista dominicano y latinoamericanista Pedro Henríquez Ureña se atrevió a soñar la utopía de nuestra América Latina, por qué no habríamos de hacerlo nosotros hoy día, en medio del dominio del actual fanatismo de la globalización de corte neoliberal. Decía Pedro Henríquez Ureña: “La palabra utopía, en vez de flecha destructora, debe ser nuestra flecha de anhelo. Si en América no han de fructificar las utopías ¿Dónde encontrarán asilo?” 10

César Cuello es filósofo, sociólogo y profesor universitario. Tiene un doctorado en Tecnología y Medio Ambiente por la Universidad de Delaware, con maestría en Historia de la Ciencia y la Tecnología por la Universidad Politécnica de Nueva York, y licenciatura en Filosofía por la Universidad Lomonosov, de Moscú. Es decano de investigaciones del INTEC y docente de la UASD. Ha realizado investigaciones en diversos tópicos de sus especialidades y escrito en revistas y otros medios impresos y electrónicos de España, Estados Unidos, Costa Rica y la República Dominicana.

Notas

1 Ver: Samir Amín, Los desafíos de la mundialización. Siglo XXI Editores, México, 1997.

2 García Morales, Federico, “Identidad y globalización. Las alternativas en un mundo en crisis”.

3 Cristián Antoine, “Identidad cultural y globalización”.

4 Samir Amín, El capitalismo en la era de la globalización. Paidos, Barcelona, España, 1999.

5 Plaz, Irene. “Senderos hacia la sociedad del conocimiento: Imágenes y acciones de políticas públicas en Venezuela”. Foro Ciencia y Tecnología en la Sociedad de la Información, Lima, 25 al 29 de junio de 2002.

6 García Morales, Federico, ibídem.

7 García Morales, Federico, ibídem.

8 Boutros Boutros-Ghali .“Una globalización más justa y la defensa de la identidad cultural:¡Una lucha común!”, .

9 Samir Amín. El capitalismo en la era de la globalización. Paidos, Barcelona, España, 1999.

10 Henríquez Ureña, Pedro. “Patria de la justicia”. En La utopía de América. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1989.


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