Artículo de Revista Global 44

Dominicanidad y género en Dominicanish

En este ensayo se hace una lectura crítica de Dominicanish como una producción cultural que pone en entredicho los discursos tradicionales tanto nacionales como de género en la República Dominicana y en los Estados Unidos.

Dominicanidad y género en Dominicanish

La década de 1990 fue el período de consolidación de la comunidad dominicana en Nueva York, tanto en aspectos numéricos como de poder político. Entre 1990 y 2000 la población dominicana de la ciudad de Nueva York creció de 332,713 a 554,638 personas (Hernández y Rivera-Batiz 2).

Al mismo tiempo, una serie de políticos dominicanos fueron elegidos para diversos cargos en la ciudad y en el estado de Nueva York; se pueden citar como pioneros a Guillermo Linares (electo como concejal de la ciudad de Nueva York en 1991) y a Adriano Espaillat (primer dominicano en ser elegido como asambleísta del estado, en 1996).

Mientras la comunidad dominicana ganaba visibilidad política también era sometida a otro tipo de escrutinio que terminó proyectando otra imagen: la de una comunidad plagada de droga y violencia. Varios artículos de los periódicos New York Times y New York Post, así como informes de la cadena NBC, se esforzaron en presentar a la población dominicana en los Estados Unidos como inmigrantes que venían a perturbar “el sueño americano”.1 Por tanto, la comunidad dominicana en Nueva York era atacada en ambas islas: Manhattan y La Española.2

Entre 1990 y 1999, Josefina Báez escribe los textos que forman parte de Dominicanish. El dramaturgo Claudio Mir, director de la puesta en escena, en una de sus intervenciones durante la conferencia académica con la cual se celebraron los 10 años de Dominicanish como pieza teatral,3 sostuvo que una de las motivaciones principales para el montaje teatral fue responder desde la comunidad a la andanada de ataques que se dirigieron contra los dominicanos durante la década de 1990. Mir y Báez seleccionaron entre un cúmulo enorme de escritos los que consideraron más importantes para representar la experiencia migratoria de Báez. Según Mir, la totalidad de escritos llenaba una carpeta de aproximadamente tres pulgadas y media.

La pieza teatral fue presentada por primera vez en la República Dominicana en el marco del Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo en 2001. La recepción de la obra giró principalmente como era de esperarse– alrededor del término dominicanyork y la manera en la cual a Báez se la veía como una orgullosa representante de esa comunidad, sobre todo luego de haber aceptado la etiqueta que la población isleña le había asignado. Lo extraño de esta asociación es que es difícil deducir del texto que Báez intente asumir, de manera consciente, la representación de la comunidad dominicana en el exterior en su totalidad. La individualidad de la autora se pone de manifiesto a lo largo de toda la experiencia que se narra en Dominicanish: la mezcla irreverente de danzas de la India con merengues clásicos dominicanos; la gestualidad urbana integrada a los movimientos de las manos de esas danzas sagradas; el uso de varios registros lingüísticos; la exaltación del descubrimiento y disfrute de la sexualidad. Todos estos temas son vistos siempre desde la perspectiva individual de Báez, la persona concreta y única. Al mismo tiempo, se podría argüir con cierta eficacia que, en efecto, las experiencias descritas por Báez, en un tono que se acerca bastante a la autobiografía, pueden verse como compartidas y sufridas por toda una comunidad de personas que provienen de un entorno cultural similar.

En uno de los primeros acercamientos críticos a Dominicanish, Sophie Maríñez destacó el carácter individual de la propuesta de Báez: “Se podría incluso decir que su valor no reside en tratar de describir la experiencia migratoria sino en que va más lejos de la representación social, más allá de la supuesta realidad, y se concentra en evocar la relación con el mundo a través de una escritura diferida, presentando la realidad del inmigrante a través de referentes movedizos y múltiples” (153, énfasis en el original).

Mi análisis muestra no sólo lo acertado del acercamiento de Maríñez, también las dificultades inherentes a su puesta en práctica. Maríñez desbrozó el camino para aquellos que nos enfrentamos al texto de Báez desde otras perspectivas. Una de las claves principales para esto, según la crítica franco-dominicana, es el concepto de evolución (o desenvolvimiento): “A través de esta relación con el mundo, es decir, con la cultura afro-americana, la india, etc., la protagonista se descubre a sí misma como ser en proceso de evolución” (153).

La evolución no es solamente de la protagonista de Dominicanish, también de la cultura popular dominicana que se despliega en el texto. Un ejemplo es el uso de la coreografía soul de los Isley Brothers en varios momentos de la pieza. Esta coreografía en una obra que trata sobre una determinada experiencia dominicana emparienta a Báez con los salseros de la Fania All Stars y también con grupos merengueros dominicanos radicados en la isla como El Combo Show de Johnny Ventura, Wilfrido Vargas y Los Beduinos o Los Kenton, quienes incorporaron rutinas de soul y R&B en los bailes que ejecutaban al frente de sus orquestas. Así Báez se inscribe rítmica y corporalmente dentro de un continuo musical que fluye a través de la frontera marítima que separa Estados Unidos de la República Dominicana.4

¿Qué se quiere decir con Dominicanish?

Si bien me he referido a ciertas experiencias como espectador de la pieza teatral, mi análisis se concentra en el texto impreso, ya que existen diferencias sustanciales entre en el libro y la presentación. Cada vez que se representa la pieza, las palabras cambian de lugar y muchas partes se dejan fuera de la presentación teatral debido a la extensión. Al enfrentarse al libro Dominicanish lo primero que se debe destacar es su carácter lúdico, esto es evidente desde la manera en la cual el libro está construido; en la esquina izquierda de cada página una reproducción de Báez en diferentes posiciones de la danza Kuchipudi se mueve al pasar las páginas rápidamente, creando un efecto de movimiento continuo: esto constituye una representación visual que remite al lector a la pieza teatral.

Más que por el ángulo idiomático (el spanglish), prefiero decantarme por la ambigüedad en cuanto a la identidad nacional que refleja el título. Maríñez, al principio de su artículo, alude a esto también desde la semántica inglesa angloestadounidense, lo cual abre un campo de posibilidades de exploración:

“¿Qué se quiere decir con Dominicanish? ¿Es un idioma nuevo, en el que se propondría la fusión del español dominicano con el inglés, tal como se pretende que es el spanglish? ¿O es una propuesta de ‘casi’ dominicanidad, por aquello del sufijo inglés ‘ish’, que, cual un matiz en la coloración nacional, puede ser ‘blueish’, ‘reddish’ o ‘whitish’, pero no exactamente azul ni rojo ni blanco? Se podrían especular múltiples interpretaciones, y lo importante no es cuál sea la acertada, sino el hecho de que precisamente se puedan aventurar interpretaciones del concepto de quiénes somos como pueblo y nación.” (150)

Al ponerse en tela de juicio lo que se entiende por dominicanidad, la pregunta es entonces cómo se construye una dominicanidad transinsular. El texto apela a las mencionadas dos islas caribeñas, y en ambos espacios urbanos lo dominicano se despliega como un abanico de posibilidades y conductas económicas, políticas, sociales y culturales que atraviesan la frontera marítima para constituirse en otra manera de vivir una determinada subjetividad que no necesariamente está anclada a los límites del esta donación. De este modo, es importante destacar con Báez que, en ambos espacios, “los pantis se tienden en el baño” (Dominicanish 7), esta imagen de una práctica femenina íntima y específica remite a una de las posibles maneras en las cuales ambas islas se vinculan.

Dominicanish parte de la infancia para indicar el bilingüismo que constituye la esencia del texto: “A los tres años hablaba inglés, ¡American Bel!” (5). Esta condición proto-bilingüe se va a transmitir al libro; las palabras de presentación del texto son eclécticas y bilingües: In inglis (6), Pikin epanis (7). En ellas están presentes la filosofía y narrativas indias (Advaita Vedanta y El Panchatantra), el jazz (Billie Holiday) y el soul (Isley Brothers). Así se instala al lector en un espacio que está totalmente alejado de la narrativa tradicional de la dominicanidad. No hay taínos ni españoles, no se habla de ningún punto de partida histórico que justifique la identificación de la voz poética con determinado grupo racial o étnico. Los referentes que se usan para marcar la identidad son arbitrarios e individuales, pero sin dejar de ser en ningún momento producto o derivados de un entorno y una época determinados. Báez afirma y define su identidad con una frase contundente: “Yo soy una Dominican York” (7). En el ámbito dominicano de finales del siglo XX y principios del xxi, afirmarse como una dominicanyork todavía es una acción transgresora.

Los dominicanos residentes en el exterior siguen siendo identificados como fuentes de males sociales y como una mala influencia en la isla. Al hablar en voz alta de una identidad dominicanyork y, más aún, al presentarla mediante gestos, palabras, danzas y música, Báez rompe con la tradición de identificar lo dominicano por lo negativo: por el no ser haitiano, el no ser español o el no ser estadounidense. Báez en ningún momento señala lo que ella no es sino que afirma siempre lo que es: negra, proletaria y dominicanyork.

En esta aseveración se puede apreciar cómo un sujeto de los márgenes afirma con voz propia la pertenencia al grupo que se tiene como extraño al cuerpo de la nación. Mediante una estrategia retórica (verbo en primera persona), Báez se auto-inscribe como perteneciente a la nación dominicana de pleno derecho pero sin dejar de ser quien es: un producto de la migración (los dos términos en inglés que constituyen el predicado): “Yo soy una Dominican York” no es igual que afirmar “I am a Dominican American”; cada frase representa un lado de la frontera que separa a la República Dominicana y Estados Unidos pero también representa diferentes modos de inserción en ambas sociedades. Asumirse como dominicanyork es un acto de desafío dado el lugar que los migrantes de retorno ocupan en el imaginario de la sociedad dominicana.

La dominicanyork no pertenece realmente a ninguno de los espacios a los cuales podría asociarse el gentilicio, sino que está a caballo entre ambas culturas. Junto a esta biculturalidad se debe tomar en cuenta el elemento fragmentario del texto que desafía la linealidad y la unicidad que ha caracterizado las meditaciones ensayísticas sobre la dominicanidad y también las imágenes que sobre los dominicanos existen en los Estados Unidos. Si bien es cierto que Báez plantea maneras diferentes de ser dominicana, también se presenta como una habitante muy diferente de Nueva York. A pesar de algunas manifestaciones que apuntan a lugares comunes de la retórica de la migración y asentamiento, la obra de Báez también rompe los esquemas que la sociedad receptora tiene sobre los dominicanos habitantes de la urbe norteamericana. Báez desarticula las expectativas de ambas sociedades respecto de su persona y comportamiento mediante una serie de estrategias retóricas y corporales que se manifiestan a través de un texto que cabalga entre la autobiografía y el reportaje.

Ver a Dominicanish como una posible ventana hacia lo que constituye la experiencia de los dominicanos en la diáspora es un excelente punto de partida para acercarse al texto en sí, pero siempre teniendo en cuenta la gran carga de individualidad que Báez presenta. En las grandes teorías tradicionales de la dominicanidad, la ruralidad era lo que se presentaba como cotidianidad; si bien su punto más álgido se alcanzó durante la era de Trujillo, en la cual el campesinado fue propuesto como la cumbre de lo dominicano, esta representación siguió vigente hasta muy entrado el siglo XX. En contraste, Báez presenta una dominicanidad urbana, transnacional y con un carácter de actuación. En el universo de Báez, ser dominicano es actuar de una determinada manera, en respuesta a los estímulos provenientes del exterior: “Gosh to pronounce one little phrase one must become another person with the mouth all twisted. Yo no voy a poner la boca así como un guante” (Dominicanish 22, énfasis en el original). Al cambiar de lengua, el inmigrante debe transformarse en otra persona, usar otra máscara; esta posibilidad rompe con la unicidad propuesta por el discurso tradicional que ve en la lengua la esencia de la patria dominicana (Henríquez Ureña, Núñez, Peña Batlle, Balaguer).

La resistencia inicial de la migrante a las exigencias físicas de la lengua inglesa revela un intento de mantener su identidad a través del español. La niña que desde pequeña decía “American Bel” y pretendía hablar inglés, al enfrentarse a un proceso de inmersión lingüística se resiste. El comienzo de la pieza teatral es un juego de palabras que desdice esa resistencia de la infancia; en este movimiento ya podemos anticipar que la lengua inglesa será adoptada y conquistada: “every sin’ is vegetable/vegetable, vegetable/ Refrigirator, refrigirator fridge/Comfortable, comfortable, comfortable/Wednesday, sursdei, zerdeis” (21). El paso de la corrección ortográfica de “Wednesday” a la mímica fonética de “sursdei, zerdeis” revela una gran sintonía con la nueva lengua que se aprende en el país receptor.

Pero no es solamente con la lengua con lo que la niña entra en contacto, también con la cultura popular estadounidense. El impacto de la televisión y la música será determinante en la formación de la voz poética que discurre a lo largo de Dominicanish; en un guiño doble, la narradora afirma: “But first of all baseball has been very very very good to me” (26). Esto remite a Chico Escuela, personaje de “Saturday Night Live” interpretado por Garret González Morris, quien usaba esta frase, dicha con marcado acento hispano, pero también podría interpretarse como una alusión a Sammy Sosa bromeando en 1998, año en el cual el famoso jugador dominicano disparó 66 cuadrangulares en su “carrera” contra Mark McGwire para quebrar la marca de más “ jonrones” en una temporada del béisbol de Grandes Ligas. Al hacer este señalamiento hacia el llamado “deporte nacional” tanto de la República Dominicana como de Estados Unidos, Báez abre otra ventana hacia una dominicanidad que iría mucho más allá de la bandera, el lenguaje o los símbolos patrios.

Si bien el referente que aparece primero es una caricatura de un personaje hispano en uno de los programas más populares de la televisión estadounidense, lo que será realmente importante en la formación de la adolescente será la música, especialmente el soul y el rhythm and blues: “My teachers the Isley Brothers” (27). Inmediatamente después de esta afirmación, la voz poética recita/ reproduce el éxito principal del conjunto de soul estadounidense: For the love of you (1975); en la pieza teatral, el texto es recitado mientras Báez ejecuta parte de la coreografía con la que los Isley Brothers acompañaban sus temas. Junto a estos, dentro del texto y en la pieza teatral, también se encuentran representantes de la música dominicana en boga en los años setenta, como Fausto Rey, pero la voz poética enmarca esta influencia en un pasado temporal y en una lejanía espacial; en Nueva York, la República Dominicana es el pasado: “How I used to die to sing like Fausto Rey/but past is not present/el present is a gift” (30). El juego de palabras entre el regalo y el presente temporal indican la adaptación de la inmigrante.

Una vez completado el proceso de adquisición de la lengua a través de la cultura popular, la voz poética se coloca a la defensiva frente a los ataques tradicionales que surgen en las escuelas norteamericanas respecto de las diferentes tribus, especialmente los llamados nerds: “I ain’t no bilingual nerd. I’m just immersed in/the poetry of the senses. Poetry that/leads to act of love” (32). Su maestría en el uso del inglés conlleva el asombro de los personajes investidos de autoridad: “Mister Juarez, my esl teacher and later Mrs / Kisinsky, my monolingual teacher were / amazed, ‘cause I had the vocabulary found/in wet tongues and hookie party goers” (32).

 Diáspora culinaria

La dislocación lingü.stica que se señala mediante la apelación a ESL (English as Second Language) y el monolingüismo predominante en la sociedad norteamericana se refleja en la inversión de las nociones tradicionales de “aquí” y “allá”; a partir de su llegada a Manhatan, la voz poética se coloca en el espacio urbano de la ciudad de Nueva York sin renunciar a su manera de ser dominicana: “There is La Romana / Here is 107th street ok”; “Back home home is 107 ok / Full fridge full of morisoñando con minute maid” (Dominicanish 31). El aquí (home) está signado por la abundancia de bienes materiales (la nevera llena) y la mezcla de elementos estadounidenses y dominicanos (morisoñando con Minute Maid). La traslocación del hogar es otra marca transgresora en este texto ya que desmitifica la muy extendida noción del ansia de retorno del migrante dominicano. En el caso de la niña de Dominicanish no hay ninguna nostalgia, ningún deseo de regresar a la República Dominicana de modo permanente. A través de la referencia a la nevera llena y al Minute Maid la voz poética enfrenta, de modo desafiante, algunas de las principales críticas de los nacionalistas dominicanos, tanto de izquierda como de derecha, para negarle a los dominicanyorks su pertenencia a la nación, especialmente su supuesto materialismo a ultranza, pero también el uso del español y el inglés como mezcla creativa y definitoria de una identidad particular.

Aunque no hay una explícita apelación al materialismo, no se puede negar que Dominicanish resalta el progreso material que experimentan los dominicanos que salen de la isla, especialmente cuando se trasladan a países económicamente más desarrollados. La presencia de “morisoñando con Minute Maid” y “Chicken Wings con plátanos fritos” (Báez 57) no sólo revela lo que podría denominarse la “diáspora culinaria” sino también un importante nicho de mercado que en realidad sostiene parte de la economía de la comunidad dominicana en Estados Unidos y que constituye un renglón importante en la economía isleña, me refiero al comercio de los llamados “productos nostálgicos”. La mención de estos artículos de consumo y otros más, sobre todo en la pieza “Washington Heights List”, es la única concesión a la nostalgia que se permite la voz poética.

Fuera de las expresiones culinarias, la voz poética de Dominicanish no extraña la isla y se da por entendido que el lugar de asentamiento, casi permanente, está localizado fuera de La Romana. Este es uno de los puntos en los cuales Báez se separa de los poetas “nuyoricans” como Pedro Pietri y Tato Laviera, cuya influencia en la obra de Báez es importante, pero creo que es más enriquecedor resaltar las diferencias existentes y no supeditar el trabajo de Báez únicamente a esta corriente. En “Puerto Rican Obituary”, Pietri termina el poema con una comparación entre Puerto Rico y Estados Unidos en la cual el primero es el lugar del cual nunca debieron haber salido Juan, Miguel, Milagros, Olga y Manuel; en el caso de Pietro, la voz poética usa una localización inversa a la de Báez: “Aquí Se Habla Español all the time… / Aquí to be called negrito / means to be called LOVE” (24). Por otra parte, el poeta con el cual quizás más afinidad tiene Báez, Laviera, en Nuyorican, se lamenta de su condición de “nativo nacido en otras tierras” pero sin dejar de resaltar que tiene “un corazón boricua” para al final decirle a ese Puerto Rico que lo rechaza:

…pues yo tengo

un Puerto Rico sabrosísimo en que buscar

/ refugio

en Nueva York, y en muchos otros callejones

que honran tu presencia, preservando todos

tus valores, así que, por favor, no me

hagas sufrir, ¿sabes? (53)

Al igual que en el caso de Laviera, la voz poética de Báez se construye un espacio dominicano en Nueva York pero la suya no es una República Dominicana a la cual se pretenda regresar, más aún, la voz poética se refiere a sí misma con los códigos de la cultura popular estadounidense que reinscribe en modo autobiográfico: “Me, the Dominican miracle in 84th street / in Brandeis representin’” (33).

La sexualidad

A pesar de no haber una nostalgia de la isla abandonada, la voz poética no cesa de regodearse en las

posibilidades que ofrece el español dominicano; si se puede hablar de constancia dentro de Dominicanish habría que referirse a la presencia de los juegos de palabras, tanto en español como en inglés, que marcan la ruta autobiográfica de la mujer que nos narra su crecimiento como persona y migrante a partir de la llegada a Estados Unidos. En un despliegue de ingenio, nos deja saber que:

ING the sweetest of actions

Boy girl loves you she did she does she will

chi tu chi sa chi be chi mu chi cho que bien

ain’t no place I’d rather be than with you

/ yeah

loving you well three times

well well well (35, énfasis en el original)

Aquí el gerundio gramatical indica el disfrute pleno de la práctica sexual, esto se hace más explícito en la representación teatral con el gesto de la mano de Báez indicando el acto en el momento de su ejecución.

Al mismo tiempo, se utiliza un conocido juego infantil para indicar la experiencia sexual (chi mu chi cho). El verbo chichar indica en español caribeño el acto sexual y es usado como un eufemismo de formas más vulgares.

No es solamente a través de los juegos gramaticales que la voz poética transgrede las diferentes concepciones de la sexualidad dominicana, también lo hace mediante la incorporación retórica de la India y sus múltiples religiones, para hacerle mella a la armazón masculina dominicana: “Thanks to the Ganga gracias al ganjes los / tígeres [sic] de Bengala no enchinchan la sed / el salto del tígere hace rato que no es tántrico / thanks to the ganga bengal tigers don’t / move me long gone tantric attacks” (38).

La India también está presente al momento de fijar su mirada sobre la diáspora dominicana. La voz poética recurre a la ya conocida imagen del exilio, pero al citar al Panchatantra descoloca una vez más al lector que esperaría una referencia puramente política: “It is said that the poor, the sick, the dreamers / and the fools always go into exile, / Poor, sick, dreamers and fools exile” (40-41, énfasis en el original). El exilio al que se refiere Báez no es político, es económico y, en tanto busca también una mejoría de la vida personal, podría llamársele estético (poor, sick / dreamers and fools). La búsqueda de una mejor vida económica y espiritual es el motivo por el cual se desplazan los dominicanos que podrían ocupar el espacio que abre Dominicanish. Esto es importante porque señala una manera de dejar la República Dominicana diferente a la que prevaleció entre 1966 y 1974 (los primeros ocho años de los doce de Balaguer), época en la cual la mayoría de los desplazados hacia la ciudad de Nueva York provenían de la izquierda dominicana y buscaban escapar de la durísima represión balaguerista. Esta migración se caracterizaba por un ansia de retorno y una cierta resistencia a la asimilación a la sociedad norteamericana. En la obra de Báez no hay reticencia a la integración, se pertenece, sin rubor, a ambos espacios: la voz poética que prevalece a lo largo de Dominicanish es la voz de una dominicana que vive y se desarrolla en New York, y que al mismo tiempo es indiscutiblemente una neoyorquina que viene de la República Dominicana.

Arturo Victoriano obtuvo su doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Toronto (2010). Su investigación gira en torno a la cuestión de la identidad dominicana a partir de una lectura crítica de los textos siguientes: El Masacre se pasa a pie (Freddy Prestol Castillo), Cosecha de huesos (Edwige Danticat), Dominicanish (Josefina Báez), y La breve y maravillosa vida de Óscar Wao (Junot Díaz). Es profesor en el Departamento de Lenguas de la Universidad de Toronto Missisauga y del Programa de Estudios del Caribe de la Universidad de Toronto.

Notas

1 En The Dominican-Americans (1998), Torres-Saillant y Hernández apuntan que un reportaje hecho para NBC News, exhibido el 28 de marzo de 1993, titulado “Immigration: The Good, the Bad, and the Illegal” presentaba a los dominicanos como criminales e inmigrantes ilegales. Esta tendencia se repetía en un reportaje del New York Post bajo la firma de Mike McAlary, publicado el seis de septiembre de 1992, que definía a la República Dominicana como exportadora de peloteros pero también de narcotraficantes (94).

2 Aquí sigo la clasificación hecha por Yolanda Martínez- San Miguel en Caribe Two Ways: cultura de la migración en el Caribe insular hispánico (2003).

3 La conferencia tuvo lugar del 6 al 8 de noviembre de 2009 en la ciudad de Nueva York e incluyó, además de los diferentes paneles académicos y artísticos, las tres últimas presentaciones de Dominicanish.

4 Véase en el libro de Paul Austerlitz, Merengue: Dominican Music and Dominican Identity (1997), específicamente el capítulo 3: “Merengue in the Transnational Community”, un análisis de la evolución del merengue después de la muerte de Trujillo y la influencia de los ritmos provenientes de Estados Unidos en la ejecución musical de los grupos dominicanos.

Bibliografía

Austerlitz, Paul: Merengue: Dominican Music and Dominican Identity. Filadelfia: Temple University Press, 1997.

Báez, Josefina: Dominicanish, Nueva York: 2000.

Hernández, Ramona y Francisco L. Rivera-Batiz: Dominicans in the United States: A socioeconomic profile, 2000, Nueva York: Dominican Research Monographs, The cuny Dominican Studies Institute, 2003.

Laviera, Tato: AmeRícan, Houston: Arte Público Press, 1985.

Maríñez, Sophie: “Poética de la relación en Dominicanish de Josefina Báez”, en La Torre 10.35 (2005): 149.

Martínez-San Miguel, Yolanda: Caribe Two Ways: Cultura de la migración en el Caribe insular hispánico, San Juan: Ediciones Callejón, 2003.

Pietri, Pedro: Puerto Rican Obituary, Nueva York: Monthly Review Press, 1974.

Torres-Saillant, Silvio: The Dominican-Americans,

Westport (eua): Greenwood Press, 1998.


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