Artículo de Revista Global 30

Dónde nos ubican

El “dilema dominicano” no consiste solamente en saber cómo nos ve el resto del mundo, también es un verdadero dilema para los propios dominicanos; de ahí la necesidad de entender bien la difícil ubicación geopolítica de la República Dominicana en el Caribe contemporáneo y de plantearse la conveniencia de asociarse a Centroamérica o a las Antillas.

Dónde nos ubican

Cuando en abril de 2009 se anunció que el vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, visitaría Centroamérica para reunirse con los presidentes de ese istmo y que el presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández, no había sido invitado, tanto desde el sector público como desde la sociedad civil dominicana se oyeron voces de protesta. Algunos hasta alegaron que el “desaire” se había debido a que hacía poco tiempo que el presidente Fernández había visitado Cuba, reuniéndose allí tanto con Fidel como con Raúl Castro, sin que esos críticos se dieran cuenta de que la reunión con Biden iba a tener lugar precisamente en una Costa Rica que hacía apenas semanas había decidido restablecer relaciones diplomáticas con La Habana. Fue la última nación hispanoamericana y caribeña en hacerlo. Aún más, si el contacto con Cuba hubiera sido la razón, Estados Unidos tampoco hubiera invitado al presidente de Panamá, Martín Torrijos, quien visitó Cuba en enero de este año, al presidente de Guatemala, Álvaro Colom, quien llegó en febrero, y al presidente de Honduras, Manuel Zelaya, quien coincidió con el presidente Fernández durante su visita a Cuba.

Pero mientras el vicepresidente Biden decidió visitar Centroamérica y el presidente Barack Obama, México, todo coincidiendo con el viaje hacia la cumbre presidencial de Trinidad y Tobago, la canciller Hillary Clinton fue a la isla de La Española, primero a Haití y luego a la República Dominicana. Como la cumbre iba a tener lugar en un país de la Comunidad del Caribe (CARICOM) y allí estaría el presidente Obama, se consideró innecesario que en esa ocasión un alto funcionario de los Estados Unidos visitase a uno de los países caribeños anglohablantes.

En 1997 un embajador dominicano presentó sus credenciales al presidente Bill Clinton quien dijo que anticipaba con agrado conocer próximamente al presidente Fernández en Barbados, ya que Clinton viajaría primero a Costa Rica para reunirse con los presidentes centroamericanos y luego iría a Barbados a juntarse con los principales ejecutivos de los 15 países de la CARICOM, más el presidente de Haití y el de la República Dominicana. Al recibir la noticia, la reacción del presidente dominicano fue: “Somos un país pequeño, pero no tanto”. Se requirió que el embajador dominicano ante la Casa Blanca realizara toda una serie de gestiones, tanto ante el Gobierno de Costa Rica como el de Barbados, pero sobre todo ante el Consejo de Seguridad del Gobierno estadounidense, para que ese Gobierno, a regañadientes, aceptase que el presidente dominicano fuese a Costa Rica a la reunión de los presidentes centroamericanos y luego el vicepresidente Jaime David Fernández Mirabal se juntase con Clinton en Barbados.

El propio Gobierno norteamericano ha sido ambiguo en cuanto a dónde posicionar a los dominicanos. Cuando en 1977 el presidente Jimmy Carter, por ejemplo, visitó algunos gobiernos de la región para discutir el fin del Tratado del Canal de Panamá, allí estuvo el presidente de la República Dominicana, pero ningún jefe de Estado de una CARICOM con apenas cuatro años de existencia. Cuando el presidente Clinton, en 1993, convocó a almorzar a los jefes de Gobierno de la CARICOM, no invitó al presidente de la República Dominicana. El presidente dominicano participa en las cumbres iberoamericanas auspiciadas por el Gobierno español, pero ningún jefe de Gobierno de nuestro hemisferio de un país anglohablante o francófono participa en ellas.

En las negociaciones del Cariforum (la CARICOM más la República Dominicana) con la Unión Europea para establecer un nuevo acuerdo comercial y económico de doble vía, que sustituyó al acuerdo de concesiones unilaterales por parte de los europeos, primero bajo la Convención de Lomé, y luego la de Cotonou, los negociadores dominicanos plantearon una posición de apertura económica más parecida a la que mantuvieron los centroamericanos cuando negociaron sus acuerdos de libre comercio con Canadá, Estados Unidos y México, que la defendida por los muy proteccionistas países caribeños anglohablantes.

Dilemas similares enfrentan los ejecutivos de algunas corporaciones multilaterales al decidir si servir al mercado dominicano desde un país centroamericano, desde Jamaica o Trinidad, o quizá desde Puerto Rico.

El dilema de si los dominicanos pertenecen al Caribe isleño o a una Hispanoamérica representada por Centroamérica se acentuó en 1898 cuando Puerto Rico pasó a ser parte de Estados Unidos y en 1960 cuando Cuba fue aislada política y comercialmente, quedando la República Dominicana como el único país hispanohablante del Caribe insular independiente y no aislado. Cuando Cuba se reincorpore, o sea reincorporada, a la OEA y al libre comercio, este llamado “dilema dominicano” se modificará, al tener que plantearse si Cuba es más caribeña que centroamericana. Hacia finales del siglo XIX, importantes líderes políticos hispanohablantes del Caribe como José Martí, Gregorio Luperón y Ramón Emeterio Betances abogaron por la creación de una federación antillana tripartita, pero la influencia norteamericana en esas islas imposibilitó ese sueño. Gregorio Luperón, en 1866 escribiría a Ulises Francisco Espaillat: “Afirmar ante Dios, ante América y ante nuestra propia conciencia, que nunca cometeremos la insensatez, que es infamia, de ser dominicanos y no ser antillanos, de conocer nuestro porvenir y divorciarlo del porvenir de las Antillas”.

El mal llamado “dilema dominicano” es más bien un dilema sobre cómo nos ve o ubica el resto del mundo, aunque en una época fue un verdadero problema para los propios dominicanos. Un poeta del silo XVIII lo expresó muy bien: Ayer español nací. En la tarde fui francés. En la noche etíope fui. Hoy dicen que soy inglés. No sé qué será de mí.

Las razones

Primero está el argumento sobre el tamaño del país. La población total de los 15 países miembros de la CARICOM es de unos 16 millones, pero si excluimos a Haití se reduce a 6.7 millones de personas, es decir, mucho menos que la población dominicana de 10.1 millones. El promedio de población por país de la CARICOM es de apenas 478,000 habitantes. En contraste, los seis países centroamericanos, excluyendo Belice, cuentan con 40.2 millones de habitantes, promediando 6.7 millones por país. Es lógico que una nación se vincule más con naciones de tamaño geográfico y población similares.

En cuanto al aspecto cultural, un país naturalmente se siente más en ambiente con otros que hablan el mismo idioma y practican la misma religión. Es el caso de la República Dominicana y Centroamérica, español y catolicismo, en contraste con una CARICOM anglófona y protestante. E

n cuanto al factor de una historia común, la República Dominicana y los centroamericanos fueron colonias españolas y se independizaron hace unos 160 años. En contraste, los países de la CARICOM fueron colonias inglesas y se independizaron tan sólo hace unos 50 años, y la mayoría aún más recientemente.

En lo relativo al comercio, el intercambio de ambas vías entre la República Dominicana y la CARICOM ascendió en 2008 a 578 millones de dólares, de cuyo monto el gas natural representó por mucho la partida más importante, pues sumó 546 millones de dólares, quedando una diferencia de tan sólo 32 millones. En contraste, el intercambio con Centroamérica en 2008 ascendió a 541 millones de dólares, sin predominar producto alguno. La República Dominicana mantiene acuerdos de libre comercio tanto con la CARICOM como con Centroamérica. También hay mayor inversión privada centroamericana en la República Dominicana y viceversa que con la CARICOM.

La República Dominicana, junto con Centroamérica, firmó un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, algo que no hicieron los países de la CARICOM, quedando beneficiados en su intercambio tan sólo por la legislación unilateral norteamericana de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe. Esa decisión vinculó aún más a la República Dominicana con Centroamérica y Estados Unidos. La CARICOM optó por negociar el libre comercio con la Unión Europea, no con Estados Unidos. La República Dominicana es el único país hispanohablante del Caribe que se vinculó comercialmente con Europa a finales del siglo XX, primero a través de Lomé, luego Cotonou y, finalmente, a través del EPA, un acuerdo de doble vía, parecido al DR-CAFTA. La participación de la República Dominicana en el DR-CAFTA es, tal vez, la principal razón por la cual Estados Unidos debe percibirla como más vinculada a Centroamérica que a la CARICOM.

Existen vuelos directos entre por lo menos dos países centroamericanos y la República Dominicana, en contraste con la situación con la CARICOM donde hay que viajar vía Miami o Puerto Rico para llegar a uno de sus países miembros.

La República Dominicana es el único país no ubicado en Centroamérica que pertenece al Sistema de Integración Centroamericana (SICA), aunque en condición de Estado asociado, siendo el único en esa categoría. SICA es el marco institucional de la integración regional de Centroamérica.

Estos seis aspectos predominan sobre los elementos comunes de lo que ha sido llamado la “caribeanidad”: países insulares y ubicados en el Caribe, una historia común de rápida desaparición de la cultura precolombina, la importación de esclavos africanos y economías de plantación, principalmente azucareras, y la herencia africana (mucho menos frecuente en una Centroamérica donde el indio ha podido sobrevivir) reflejada en la raza, la música, la comida, etc.

Todos estos factores explican por qué la República Dominicana ha mantenido, durante más de sesenta años, embajadas en todos los países centroamericanos y porqué hasta 1998 no mantenía ninguna embajada en países de la CARICOM.

Los objetivos

Los objetivos de la política exterior dominicana hacia Estados Unidos tienen más en común con la agenda bilateral de los centroamericanos con ese país, que los que tiene la CARICOM con relación a Norteamérica:

  • Acceso de las exportaciones textiles al mercado norteamericano. Tan sólo Jamaica en la CARICOM se interesa en este tema, y únicamente de forma marginal. En contraste, es muy importante para Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
  • La República Dominicana y varios países centroamericanos tienen acceso a la cuota azucarera preferencial norteamericano, mientras los de la CARICOM siempre han exportado su azúcar a Europa.
  • La política migratoria norteamericana interesa mucho más a la República Dominicana y a Centroamérica que a la CARICOM, ya que su diáspora en Estados Unidos es mayor, en términos absolutos y relativos, que la de la CARICOM. El tema de la deportación de criminales sí es de interés común tanto para Centroamérica, la CARICOM y la República Dominicana.
  • La República Dominicana y Centroamérica se han movido mucho más rápidamente hacia la globalización que la CARICOM. La estructura tarifaria dominicana es mucho más parecida a la del arancel común externo centroamericano que al arancel común de la CARICOM, más alto y proteccionista. Esto explica la actitud más abierta de los dominicanos en las recientes negociaciones del EPA con los europeos, en contraste con la de los países de la CARICOM.
  • La CARICOM ha adoptado una política externa común, aunque han sido mucho los casos en que algunos países individuales la han violado. Aun así, es difícil que los dominicanos la suscriban. Pero donde sí tiene mucho sentido que la Cancillería dominicana negocie junto con su homólogo de la CARICOM es cuando se enfrenta a la Unión Europea. Cuando se negocia con Estados Unidos, la República Dominicana debe hacerlo junto con los centroamericanos.

El papel de Haití

Negociando tanto con los europeos como con los norteamericanos, Haití se siente más cómodo haciéndolo junto con los gobiernos de la CARICOM, esquema al que pertenece, en contraste con la República Dominicana, que sólo tiene un acuerdo de libre comercio con ese mercado común, aunque recientemente solicitó su membresía en la CARICOM básicamente con el propósito de facilitar la implementación del EPA con la Unión Europea. El dilema es real y no superable. Haití, al negociar con Estados Unidos, se ubica con la CARICOM y el país del otro lado de la isla lo hace con Centroamérica. El viaje de la canciller Hillary Clinton en abril de 2009 a ambos lados de la isla refleja más bien el reciente interés de la administración del presidente Obama por ayudar económicamente a Haití. Días antes, la canciller había participado en una reunión del grupo de donantes para Haití, y su esposo, el ex presidente Clinton, había visitado también Puerto Príncipe junto con el secretario general de las Naciones Unidas, buscando ayudar a ese país. Recuérdese que en ese viaje la canciller Clinton pidió a los empresarios dominicanos invertir en Haití y, por lo menos públicamente, no pidió nada al Gobierno dominicano con relación al vecino país. Si el presidente Fernández hubiese sido invitado a la reunión con el vicepresidente Biden en Centroamérica y si el Gobierno norteamericano hubiese enviado a Hillary Clinton a Haití, pero no a la República Dominicana, los dominicanos se habrían resentido y muchos hubiesen especulado con amargura sobre el motivo de la omisión, elucubrando sobre los posibles nefastos propósitos de Estados Unidos detrás de dicha ofensa.

Un objetivo básico de la República Dominicana debe ser el de convertirse en un “puente político” entre Centroamérica y el Caribe anglohablante. Un prominente dominicano ha sido secretario ejecutivo de la Asociación de Estados del Caribe y muchas reuniones vinculadas al Cariforum han tenido lugar en la República Dominicana. El canciller dominicano, por su lado, desde hace por lo menos 12 años, ha sido observador permanente en las reuniones de los cancilleres centroamericanos.

Un país con un “dilema” parecido al nuestro es Belice. Es miembro pleno de la CARICOM, anglohablante y ex colonia inglesa, pero está ubicado físicamente en Centroamérica. Por esto último forma parte del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), como Estado miembro, mientras que la República Dominicana es Estado asociado.

Tradicionalmente han existido problemas diplomáticos bilaterales entre la República Dominicana y Haití, sobre todo durante el siglo XX y muy específicamente durante la dictadura de Trujillo. En ese tiempo, Estados Unidos jugó un papel de intermediario en esos conflictos. Las representaciones diplomáticas norteamericanas en Santo Domingo y Puerto Príncipe desempeñaron ese papel, como también los diplomáticos dominicanos y haitianos en Washington ante el Departamento de Estado.

El papel norteamericano en esos conflictos se ha reducido considerablemente desde finales del siglo XX. Sin embargo, no tendría mucho sentido que Estados Unidos trate esos temas en un contexto regional, por ejemplo, en una reunión con los presidentes de Centroamérica y la República Dominicana, pues allí Haití estaría ausente. Tampoco tendría sentido en una reunión de jefes de Estado de la CARICOM, donde la República Dominicana no es miembro.

Alguien, con razón, describió a las Antillas como los Balcanes del trópico. Las potencias europeas a partir del siglo XVI se repartieron el Caribe entre zonas anglohablantes, hispanohablantes, francófonas y hasta holandesas. Surgieron dialectos locales como el papiamento y el creole. La composición racial varía de isla en isla, así como el predomino de religiones. Hay países independientes, pero también territorios integrales de países europeos y de Estados Unidos.

Ese contexto explica la difícil ubicación geopolítica de la República Dominicana en el Caribe contemporáneo. Es difícil y complicada. Mejor razón para que esté bien definida por los dominicanos y que Estados Unidos la comprenda.

Bernardo Vega es licenciado en Economía por el Wharton School de la Universidad de Pensilvania. Es miembro numerario de la Academia Dominicana de Historia y principal ejecutivo de la Fundación Cultural Dominicana. Es autor de más de cuarenta libros, la mayor parte de ellos sobre historia dominicana, aunque también ha escrito novelas, análisis económicos y obras sobre arqueología. Fue embajador dominicano ante la Casa Blanca y director del periódico El Caribe.


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