Artículo de Revista Global 55

Dos años de cine dominicano

En los últimos dos años ha continuado la afluencia de estrenos dominicanos a las salas de cine. En el 2012 se estrenaron un total de nueve películas: tres dramas, tres comedias y tres de terror. El denominado «cine de provincia» llegó a las salas de cine y se presentó el cortometraje El ave del paraíso, de Iván Herrera, que el autor del artículo considera uno de los mejores trabajos proyectados. También en el 2012 la actriz Cheddy García entró al séptimo arte con La lucha de Ana en lo que ha sido una de las mejores actuaciones de nuestro cine. El número de estrenos para el 2013 aumentó a 13 películas. De un total de más de 20 filmes lo más destacable hasta la fecha es La lucha de Ana y ¿Quién manda?, pero ¿sobrevivirán al paso del tiempo?

Dos años de cine dominicano

La producción de películas dominicanas ha crecido considerablemente en los últimos dos años. En el 2008, se presentaron unas nueve películas en lo que fue la mayor cantidad de estrenos locales en la historia de la cinematografía dominicana. No fue hasta el 2011 cuando películas como La hija natural, de Leticia Tonos; Hermafrodita, de Albert Xavier; Jean Gentil, de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas; Lotoman, de Archie López; Pimp Bullies, de Alfonso Rodríguez, y I love Bachata, de Roberto Ángel Salcedo, entre otras, dieron paso a una nueva fase de múltiples estrenos de la industria nacional.

La industria dominicana de cine comenzó el 2012 con una nueva ley y con la promesa de numerosas producciones a rodarse y estrenarse gracias a la misma. Así como se vio en el 2011, atrás iban quedando las producciones de comedia popular, incluso el mismo Alfonso Rodríguez –quien es asiduo de ese subgénero dominicano– realizó su tercer intento dentro del género de drama con Pimp Bullies. El 2012 continuaba esta tendencia con el estreno de El rey de Najayo, de Fernando Báez, la primera película que utilizaba los beneficios de la nueva Ley de Cine.

El rey de Najayo –inspirada en la vida de uno de los narcotraficantes dominicanos más famosos– buscaba narrar un suceso interesante de dominio popular y poseía todos los matices de un buen producto cinematográfico, pero la producción estaba plagada de fallas narrativas. A pesar de que contaba con la actuación de Manny Pérez y con el debut cinematográfico de una personalidad como Luz García, el filme dirigido por Fernando Báez fue una pésima manera de iniciar el 2012.De hecho, la mejor producción de todo el año no la encontramos en la pantalla grande sino en el marginado mundo de los cortometrajes. El ave del paraíso, de Iván Herrera, fue la única representación dominicana en el Festival Internacional de Cine de Fine Arts. Este corto cautivó a la crítica, revelando el talento del director como contador de historias y mostrando el talento de caras nuevas y de algunas que tienen mucho tiempo en escena, pero que rara vez vemos en producciones locales.

El 2012 también vio la llegada a las salas de cine del subgénero denominado «cine de provincia» con las producciones Lascivia y La casa del km 5, donde era notable la falta de presupuesto y de preparación –más que en otras producciones locales– para contar historias, para la actuación y la edición. Sin embargo, estas dos producciones no tuvieron nada que «envidiar» a dos de las tres propuestas cómicas del año: Lío de falda y Lotoman 2.0. Aunque contaban con un presupuesto mayor que las dos representantes del «cine de provincia», tenían el mismo –o un mayor– desdén en cuanto a la elaboración. El tercer intento cómico del año no tuvo la mayoría de los problemas en los que recae la comedia popular dominicana; de hecho, Feo de día, lindo de noche es la mejor producción de uno de los realizadores más activos del cine dominicano: Alfonso Rodríguez.

Aun con un terrible y anticlimático final, Rodríguez consigue en Feo de día, lindo de noche algo que no había logrado en ninguna de sus producciones anteriores: una especie de coherencia. Esta comedia, inscrita dentro del subgénero de la comedia popular que tanto ha sonado en la industria local en los últimos trece años, ha sido la mejor del montón. Ojo, no quiere decir que sea buena, sino que dentro del género que tanto explotan los «directores» más taquilleros de nuestro país es un paso en el camino correcto para que el género deje de ser «otra comedia más» y se convierta en algo que la audiencia pueda esperar y no denostar inmediatamente después de leer su sinopsis o ver su tráiler. Tras películas como Playball, Al fin y al cabo y Pimp Bullies, en Feo de día, lindo de noche Alfonso Rodríguez vuelve a trabajar exclusivamente con talento dominicano. El realizador ha declarado que esto es gracias a la Ley de Cine y que cuando dirija bajo el marco de esa ley solo trabajará con talento local.

La cinta de Rodríguez resultó controversial. A diferencia de otras ocasiones, no se debió a que el director, conocido por su mala lengua en los medios y las redes sociales, insultara a alguien, sino porque la película se consideró racista mucho antes de su estreno. En Feo de día, lindo de noche el feo estaba interpretado por el actor Fausto Mata, que es negro, y el lindo por el actor Frank Perozo, que es blanco. Rodríguez, a su favor, mostraba al principio de su película el racismo que existe en la publicidad y que se evidencia en enseñar solo «blanquitos» o «negritos lavaítos», pero los que criticaron no podían esperar a ver de qué se trataba la película para emitir sus opiniones.

Otro pequeño percance ocurrió con las dos películas de terror del año. Inicialmente El hoyo del diablo, de Francis Disla, se llamaba La casa de San Juan, pero al anunciarse y estrenarse primero la película de Omar Javier, La casa del km 5, a la de Disla tuvieron que cambiarle el nombre. No obstante, este filme, aunque más pasable que el producto dirigido por Javier, no tuvo un final diferente que el de La casa del km 5. El hecho de que su realizador no se decidiera por uno de los subgéneros del terror e intentara usarlos todos fue solo uno de los elementos que desconectaron completamente a la audiencia de esta película.

Un mal similar sufrió también Jaque mate, de José María Cabral. Esta película quería ser una crítica social, un thriller y una película de acción. Tanto esta como El hoyo del diablo parecían estar más preocupadas en hacer referencia a otros proyectos que en hacer que la historia conectara con su audiencia.

A pesar de todo esto, el 2012 nos deparó la grata sorpresa de una película como La lucha de Ana, de Bladimir Abud, no solo porque como crítica social se acercara más al tipo de trabajo que en años anteriores ha realizado Ángel Muñiz, sino porque contó con varias de las actuaciones y de los momentos más honestos que han ocurrido en el cine dominicano. Cheddy García se convirtió en una revelación frente a las cámaras y Jalsen Santana – quien hasta el momento había sido asiduo de cortometrajes y pequeños roles– demostró su capacidad para trabajar en proyectos grandes. Abud demostró con su película que el hecho de creer en lo que se está contando es una de las fuerzas más grandes que se puede tener al narrar una historia. Una de las escenas más importantes en la historia de nuestro cine se aprecia en este filme cuando el barrio se levanta para defender el único rayo de esperanza y bondad que posee. Iván Herrera y Bladimir Abud –más Herrera en su corto que Abud en su película– muestran con honestidad una sociedad marginada no solo por la pobreza, sino por la ridiculez con la que la representan la mayoría de los realizadores locales.

Queremos hacerlo todo

Hace unos meses, durante un encuentro con el director estadounidense Spike Lee que se realizó en el país, José María Cabral comentaba que no se consideraba un buen guionista, que esa era su mayor debilidad, a lo que Lee le respondió: «Si te consideras mal guionista, entonces busca otra persona que escriba por ti». Ahí es precisamente donde radica uno de los problemas de nuestro cine: queremos hacerlo todo, sin importar si lo hacemos bien o mal. Se podrían mencionar ejemplos donde los directores asumen todo, como Ryan Fleck y Anna Bodden –directores de Sugar y Half-Nelson–, o los hermanos Coen, pero en este caso se trata de creadores que tienen la capacidad de entregarse de lleno a sus proyectos.

Un presentador secuestrado en su mismo programa. Un muchacho que por venganza termina convirtiéndose en el principal narco de la isla. Una casa embrujada en un país supersticioso. Son todas excelentes ideas, pero para llevarlas a cabo se debe trabajar en conjunto.  La sociedad dominicana está llena de historias inéditas. Es una pena que los extranjeros tengan que contarlas por nosotros.

2013 y la sobredosis de cine local

Se suponía que el 2013 iba a comenzar rompiendo la cadena de comedias que terminaron en el 2012 con el estreno del documental de Tabaré Blanchard La montaña, pero en cambio lo que tuvimos fue el regreso a las salas de cine de Roberto Ángel Salcedo con Profe por accidente. Al igual que Rodríguez el año anterior, Salcedo mostró en este proyecto mejor calidad que en los anteriores, pero su presencia frente a las cámaras sigue sin ser grata. La comedia en nuestro país hace ya muchos años que se ha vuelto monótona y lo mismo está ocurriendo en el cine. Primero, porque extraen la misma fórmula televisiva, y segundo, porque no hacen más que explotar las «cualidades típicas» de los actores/presentadores de tv que utilizan en sus proyectos.

Al ser nuestra industria todavía muy joven, se ha convertido en recurso hacer la «primera película de algo». Un amigo realizador dice en tono de broma que hará la «última» película dominicana. Este año nos tocó la primera de baile: A ritmo de fe, dirigida por José Gómez, se estrenó en el mes de abril con unas expectativas sorprendentes. El tráiler parecía indicar que se enfocaría en el baile, ya que contaba con bailarines de verdad que debutaban en la pantalla grande; sin embargo, la película se concentró más en hablarnos de valores religiosos que en dejar a la audiencia disfrutar de unas coreografías que se vieron diezmadas por una edición que dejó mucho que desear.

Tras el baile volvimos a la comedia. Abud, gracias al reconocimiento que recibió por su película La lucha de Ana, pudo encontrar financiamiento para su siguiente producción, su primera comedia titulada Los Súper. Aunque La lucha de Ana no fue un éxito comercial, le dio el mérito suficiente a su director para que pudiera conseguir financiamiento. Vale recordar también que Cheddy García se ha convertido en una de las actrices más cotizadas para producciones locales luego de su sorpresiva actuación en La lucha de Ana. Los Súper, que cuenta con su actuación y la de Manolo Ozuna, no tuvo los mismos elogios de la crítica, pese a sus pinceladas de denuncia social. Aparentemente la comedia no es algo que le funcione bien a Abud. Hay que destacar que esta película también fue una «primera»: la primera película dominicana de superhéroes.

Al igual que Abud, José María Cabral ha estrenado película en años consecutivos. Arrobá siguió a Los Súper, agregando a las dos comedias y una película de baile del 2013 un filme de ciencia ficción. Si nos vamos al 2011, cuando asistimos a los estrenos de La hija natural, de Leticia Tonos, y Jean Gentil, de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, estos últimos años han sido los más variados en la joven historia del cine dominicano.

Arrobá continuaba la tónica de un 2013 que se convertía ya en la excusa perfecta para que la audiencia dijera con razón que nuestro cine era malo. Resultaba sorprendente que aun estrenándose la esperada El teniente Amado, de Félix Limardo, fuera la película de Roberto Ángel Salcedo la que daba menos vergüenza ajena. El teniente Amado recordó a la audiencia la terrible representación que ha tenido nuestra historia en el cine dominicano. En el 2010, Trópico de sangre falló estrepitosamente en contar una historia sobre las hermanas Mirabal con la que el público se pudiera identificar. Algo parecido sucede con la película de Limardo que, hasta presentarse Mi angelito favorito, de Alfonso Rodríguez, era la peor producción de todo el año. Sin embargo, ambas contribuyen a un debate muy interesante sobre la Ley de Cine, la cual plantea que para ser considerada dominicana una película debe rodarse en español. Claro, El teniente Amado está rodada en español, pero también en inglés, y se trata de una producción con fines comerciales. ¿Hasta dónde llega la Ley de Cine, que puede permitir que un presupuesto aprobado para recibir los beneficios de la ley sea utilizado para rodar la misma película dos veces? ¿No debió penalizarse la producción?

Por su lado, Mi angelito favorito, al igual que muchas otras producciones locales, torna el debate más interesante aún. Cuando se explican los beneficios de la Ley de Cine, se dice que los impuestos que debe pagar una empresa X pueden ser utilizados en un cien por ciento como inversión en una película. Esto significa que ese dinero que hubiese podido utilizarse en algún otro proyecto cultural o social dominicano está siendo destinado al cine. Lo que me lleva a lo siguiente. Como ciudadanos, ¿no tenemos el derecho de exigirles a estos realizadores algo más significativo? ¿No es un descaro que un director/productor exprese públicamente que su película está allí para hacer taquilla y no para ganar algún premio o visitar algún festival, sabiendo que el dinero que está utilizando es el del pueblo?

Entre los debates generados por El teniente Amado y Mi angelito favorito se estrenó la película ¿Quién manda?, de Ronni Castillo, una de las mejor actuadas y tal vez la mejor comedia de nuestra pequeña industria. Le dio la oportunidad a Frank Perozo de ser protagonista junto a Nashla Bogaert y un divertido elenco conformado por Akari Endo, Laura Díaz, Amaury Pérez y Micky Montilla. Fue uno de esos pocos momentos en los que la audiencia veía unos personajes en pantalla y tenía la impresión de que podían ser cualquier persona de carne y hueso.

La producción de películas en estos años sigue creciendo. Esta es la primera vez que se estrenarán cuatro películas en un mismo mes. La montaña, de Tabaré Blanchard, Ponchao, de Josh Crook, El Gallo, de Juan Fernández, y Sanky Panky 2, de José Enrique (Pinky) Pintor, se estrenan en octubre. El año lo completan Quiero ser fiel, escrita por el dominicano Leonardo de León, que se estrena en noviembre; Cristo Rey, que se estrena en diciembre; y Biodegradable, de Juan Basanta, la película de apertura del Festival de Cine Global Dominicano.

La futilidad del cine dominicano

Dicen que el mejor juez de una película es el tiempo: debe gustarte igual o más que la primera vez que la viste. Claro, existen sus excepciones con grandes películas, como Saló, de Pier Paolo Passolini, Irreversible, de Gaspar Noé, o Antichrist, de Lars Von Trier, las cuales dejan una marca indeleble. Sin embargo, la realidad es que las producciones locales no tienen vida más allá de su estreno en las salas de cine. Hasta ahora en el país no ha funcionado el mercado de dvd para las producciones locales, y menos el pago por demanda, pero a lo que me refiero es a que pueden pasar años y, aparte de los interesados en estudiar el cine dominicano, no existe un interés por ver ninguna de nuestras películas. ¿Cuantas personas se han interesado por obtener una copia de Un pasaje de ida, de Agliberto Meléndez, o de Nueba Yol, de Ángel Muñiz? ¿Cuantas comedias románticas elegiría alguien antes de volver a ver ¿Quién manda? si le aparece como opción en un servicio como Netflix?

Aunque es cierto que la ley ha venido a brindar facilidades para que se puedan realizar más proyectos, el factor educativo y cultural todavía es inexistente, y antes de proporcionar facilidades para que surjan más y más proyectos, es este aspecto el que debemos tomar en cuenta. Tenemos una Cinemateca que es desconocida para los estudiantes de cine del país y una escuela que deja mucho que desear. Dice Juan Carlos Gómez, director de fotografía español, que «en la escuela debe de enseñarse, junto con matemáticas y biología, a Kurosawa». No podría estar más de acuerdo.

Orlando Santos es crítico de cine y bloguero dominicano. Editor de la página web <www.cinedominicano.net> y del blog <www.orsan-críticobohemio.blogspot.com>. Escribe para la revista Estilos de Diario Libre y tiene un segmento de cine en el programa radial 12y2, de Sergio Carlo y Karina Larrauri. Ha sido jurado de los festivales internacionales de cine de Fine Arts del 2011 y 2012, y de la Muestra Internacional de Cine del 2012. Ha formado parte de la prensa invitada de los festivales internacionales de cine de Guadalajara 2012 y 2013, Costa Rica 2012 y Los Angeles Latino International Film Festival 2010.