Artículo de Revista Global 6

Dos puertas y tres trivium

El urbanismo y la arquitectura, su representación, su lectura, han cambiado de escala, y su lógica obedece más a un estructuración de fuerzas dentro de una sensibilidad táctil relacionada con el sentido de la materialidad y la capacidad de articularse a su medio. El artículo nos introduce dentro del pensamiento contemporáneo a partir de una visión escalar del espacio y tres ideas que se construyen a través de un hilo conductor: la relación existente entre la tecnología y la comunicación.

Dos puertas y tres trivium

“Es un asunto de territorio”. Es la frase con que el arquitecto Didier Dominique iniciara a modo de afirmación su conferencia magistral “El futuro de la cátedra”, dentro del marco del IV seminario Erwin Walter Palm de Arquitectura y Urbanismo de América Latina y el Caribe del año 2001. El desarrollo de la economía siempre se ha fundamentado sobre la base de la “comunicación”, la cual propicia el intercambio; las condiciones gracias a las cuales se construye la plataforma para su funcionamiento están ligadas al desarrollo tecnológico del mundo.

El soporte tecnológico ha tenido un profundo impacto en la lectura de las ciudades de hoy y su visión de futuro. Actualmente, la movilidad constituye una de las cadenas de expansión económica más importantes nos referimos a las fuerzas que se desarrollan a partir de la economía y es uno de los argumentos principales de la contemporaneidad la diáspora dominicana y su presencia en términos de su soporte. Todo esto lo entendemos como el transporte de un tiempo al mismo otro tiempo, en donde, en muchas ocasiones, lo anónimo y la ausencia se apoderan del espacio: nos referimos a la noción espacial que posee la singularidad cultural de cada individuo.

Los nuevos paradigmas (lo electrónico: la web, la fibra óptica, la tecnología láser, la realidad virtual…) han tenido un fuerte impacto sobre el sujeto actual. Esto puede visualizarse comparando la relación entre la fotografía y el fax (nuevas formas de impresión; lo digital). Lo electrónico se define con relación a la “media” y la “simulación”; ¹  la “media” produce ambigüedad, llevándonos a plantear e interpretar lo que es o lo que podría ser. La tecnología ha traído consigo nuevas formas de representación, nuevos parámetros de desarrollo del entendimiento en la manera de representar el pensamiento.

“La economía contemporánea es una economía de la desterritorialización o de la virtualización. El principal sector de la actividad mundial en volumen de negocios, recordémoslo, es el turismo: viajes, hoteles, restaurantes… La humanidad nunca antes había destinado tantos recursos a no estar ahí, a comer, dormir, vivir fuera de la casa y alejarse de su domicilio. Si al volumen de negocios del turismo propiamente dicho se le añade el de las industrias que fabrican vehículos (coches, camiones, trenes, barcos, aviones), los carburantes para los vehículos y las infraestructuras (rutas, aeropuertos), se concluye que casi la mitad de la actividad económica mundial está al servicio del transporte. El comercio y la distribución, por su parte, hacen viajar los signos y las cosas. Los medios de comunicación electrónica y digital no sustituyen el transporte físico, muy por el contrario; comunicación y transporte, como ya lo hemos destacado anteriormente, forman parte de la misma ola de virtualización general. En cuanto al poderoso sector de la salud –medicina y farmacia–, tal como hemos dicho, virtualizan los cuerpos”.²

La imagen, gran protagonista de la contemporaneidad, es el principal mecanismo de promoción, de venta: el edificio es una imagen publicitaria, es el evento mismo, el acontecimiento. La imagen es contenedora del germen de la manipulación: la imagen perversa de la publicidad. Esto entremezcla los valores hoy en crisis, que también se convierten en simulacros: “Prohibí que hubiera imágenes en los templos porque la divinidad que anima la naturaleza no puede ser representada. Precisamente sí puede serlo, pero, ¿qué va a ser de ella si se la divulga en iconos? Su desesperación metafísica nacía de la sospecha de que las imágenes no ocultan absolutamente nada, en suma, que no eran en modo alguno imágenes, sino simulacros perfectos… desaparición virtual de Dios… y la manipulación mundana y espectacular de las conciencias… Disneylandia es un modelo perfecto de todos los órdenes de simulacros entremezclados. En principio es un juego de ilusiones y de fantasmas: los piratas, la frontera, el mundo futuro. Suele creerse que este mundo imaginario es la causa del éxito de Disneylandia, pero lo que atrae a las multitudes es, sin duda y sobre todo, el microcosmos social, el goce religioso, en miniatura, de la América real, la perfecta escenificación de los propios placeres y contrariedades. Disneylandia se presenta como imaginaria con la finalidad de hacer creer que el resto es real, mientras que cuanto la rodea, Los Ángeles, América entera, no es ya real, sino perteneciente al orden de lo hiperreal y de la simulación”.³

El Caribe y América Latina poseen condiciones tales de adaptabilidad y una fuerte lectura de lo colectivo que nos inserta dentro de esta otra lectura de lo ambiguo y de lo contemporáneo: la superficie (goce del color; lo verde) que se genera a partir del campo de la cosecha del arroz posee el mismo impacto en término del trabajo que la imagen de un triciclo cargando algo muy pesado en plena vía pública. Aquí la diferencia viene a estar expresada, por un lado, en una imagen que contiene la proyección del colectivo, de lo comunitario, de la región (como fuerzas latentes) y, por otro, en otra que proyecta la existencia de la individualidad.

Primer trivium

Territorio – Visión de lo incorpóreo Domi[nación] sobre fronteras y la perversidad de la línea: nuevos territorios-las Antillas. “Desde que me cansé de buscar, encuentro. Desde que un viento se me opuso, navego con todos los vientos”. F. Nietzsche, La Gaya Ciencia.

Entendemos esta cita como la esencia que impulsa a la humanidad a dar respuestas, a dirigir y a concretizar sus pasiones, pensamientos y determinaciones dentro del espacio y el tiempo que nos toca vivir.

Vivimos en la era de la ausencia, del vacío como elemento simbólico en la composición. La velocidad hace al mundo visible cada día más borroso. Desaparece la diferencia entre paisaje y mapa; desaparece lo real mediante la simulación. No hay referencias claras, desaparece el territorio, se hace todo.

La fragmentación, condición inicial de las Antillas, en constituye en unos de los argumentos fundamentales del paisaje antillano; evidencia, contradictoriamente, la articulación y desarticulación de la región, potenciando el sincretismo cultural y revelando su propia fragilidad. De ahí su fuerza y sus precariedades.

Esto lo vinculamos a la idea de nación. Primero, a través del sentido de pertenencia desarrollado por un conjunto de habitantes dentro y fuera de un territorio dado; segundo, asociándola a la idea de igualdad étnica de pueblo.

Nuestra frontera, la de Haití, se concretiza a través de dos mecanismos importantes que adquieren su sustancialidad por medio de la pérdida de las raíces del sujeto como cuerpo social. El primer mecanismo es el Gobierno y su alegoría ideológica, el nacionalismo, que funciona como un punto de “sutura” de la totalidad social; el punto que sutura naturaleza/cultura y naturaleza/ símbolo. El segundo funciona como un mecanismo que se construye como un nuevo sujeto aterrador al cual se le atribuyen todas las condiciones y circunstancias, estructurando una interconexión que oculta la inversión formal de la realidad, cuyo objetivo principal es crear una ilusión óptica (por su concreción) que explica y aclara un relato coherente, convirtiéndose en una trama que justifica los acontecimientos. Es el punto referente estable detrás del flujo de las apariencias ocultas.

La representación del territorio se inclina más hacia la interpretación del “mapa”, entendiéndolo como un instrumento en sí mismo, imagen y reflejo del territorio, en donde éste pasa, en su calidad de interpretado, a un segundo plano.

Entender el concepto de territorio actual de frontera, borde, límite es un asunto de dominio, poder y control, principalmente, en donde cada lado es más el otro en la medida que se aproxima, que se acerca se hace más borroso se desterritorializa la línea hasta llegar a la unicidad.

Segundo trivium

Las ciudades-El espacio estriado… nuevos espacios [Múltiples pulsiones que concentran la tensión]

Actualmente, la arquitectura pasa por un momento que podríamos calificar de “dulce”. Está de moda. Cada país y cada ciudad cuentan, a escala internacional, con su arquitecto “estrella”, que tras un gran evento exposiciones universales, juegos olímpicos o simplemente a partir de proyectos urbanos específicos imprime una imagen singular dentro del concepto de “marca ciudad” o city brand.

Por la vía de este concepto, los actores locales pueden crear una estrategia coherente, diferenciada, capaz de convertirse en ventajas competitivas que permitan la diferenciación con otras ciudades. Esto obliga a definir los atributos racionales y emocionales de forma clara, de manera que resulten únicos, que puedan ser percibidos y sostenidos en el tiempocomo un producto importante del mercado actual, como parte de la ciudad.

La ciudad y la arquitectura no han perdido su rol tradicional, pero han asumido otros roles: ya no son el telón de fondo del evento, sino que constituyen el evento mismo.

Los grandes protagonistas dentro de esta visión son los centros históricos: a través y a partir de ellos se gesticula y estructuran las ciudades, y se han constituido en punto de apoyo del nuevo mercado.

Los centros históricos poseen la condición de acumular presión, desde su formación (tiempo) hasta su madurez (espacios de encuentro que se superponen por capas con un funcionamiento multidireccional: turismo, cotidianidad, rutas nocturnas). Su proceso es una catarsis de tensiones que marcan y constituyen su textura, sensible y profunda (por su capacidad de conectarse en todos los sentidos), de manera que poseen una gran capacidad de reacción, aunque de una gran fragilidad capilar (por la cultura ambiental que producen).

Aquí, el cuidado y el asombro son aspectos determinantes de sus habitantes. Esta realidad se hace más evidente en su múltiple cotidianidad (mapas-rutas-caminos-bordes-periferias: entendiendo el tiempo como un elemento articulador entre ellos) y en la concentración de puntos o referentes (simbólicos) a partir de los cuales se formula y se estructuran sus espacios (lo que subyace: deseo-poder-cultura-contracultura).

Es la conjunción de todos estos factores lo que hace a los centros históricos (ciudad consolidada-múltiples emplazamientos con memoria) lugares apetecibles. En el caso de Santo Domingo, la Ciudad Colonial ha experimentado los ajustes y cambios en el tiempo, su capacidad de adaptabilidad (capacidad de cambio-rol-códigos) la han hecho permanente y cada vez más contemporánea (sus potencialidades, sus oportunidades).

Entendemos su espacialidad contenida a partir de la combinatoria de las sutilezas de su conformación morfológica combinada: un plateau aterrazado, recorridos que se pliegan, caminos fuera de ejes, sus rupturas y encuentros con el mar… Aquí los bordes (periferia) adquieren una connotación especial, en donde la tensión es más fuerte, se agudiza, se comprime y solapa a la ciudad. Éstos, a modo de conectores urbanos, no sólo expanden la ciudad, sino que concentran la presión hacia la “zona”, muchas veces polarizando esta concentración, provocando una especie de implosión en cadena que vincula y le da actualmente su sentido espacial.

Los centros históricos, desde su formación a partir de su condición inicial y de la espesura del tiempo acumulado, se han constituido como centros permanentes y de tránsito al mismo tiempo que sorprenden y se construyen con la cotidianidad.

Tercer trivium

[H]abitar–interior / exterior–adaptabilidad… Una exploración hacia lo cotidiano

En su momento, el fuego se constituyó, dentro de la evolución de la humanidad, no sólo en un lugar protegido y el primer referente profundamente simbólico y comunitario, sino en el centro del universo. Habitar es tema ineludible de la arquitectura, no sólo por una cuestión de supervivencia, en donde lo físico interviene de manera determinante, sino en lo referente a los aspectos existenciales del ser humano. Habitar, sus implicaciones, está vinculado a un “asunto de territorio”, a otra escala, aunque con las mismas implicaciones de dominio y proyección de la existencia humana; a un “asunto de resistencia” (la cueva como la matriz del alma) allí el hombre atesora sus últimas fuerzas, las que la intimidad genera y resguarda, convirtiéndolas en algo ancestral, continuidad de su existencia. Desde allí nuestro espacio-tiempo (la cultura) se convierte en algo universal, atribuyéndonos la capacidad de desterritorilizarnos.

La sociedad, hoy, se caracteriza principalmente por su condición de cambio, su celeridad, su capacidad de virtualización, en donde la red de vínculos simbólicos se constituye a través de la “media”. La tecnología se ha encargado de construir una sociedad en “proceso”: la virtualización puede definirse como el movimiento inverso a la actualización, la transformación de una realidad en un conjunto de posibles…⁵

Actualmente, el sentido del espacio-tiempo viene a ser expresado fundamentalmente por la tecnología era de la ausencia. Le sigue al arte de la supervivencia, el arte irónico de la desaparición.⁶ El celular, Internet, la realidad virtual, los nuevos espacios, las nuevas velocidades, los hipertextos, los ‘hipercuerpos’ (los implantes y las prótesis enturbian las fronteras entre lo mineral y lo vivo), son nociones que nos revelan las nuevas sociedades, nos llevan a otras dimensiones: límites, bordes, estar de un lado y del otro. Como intermedio, como “espacios intermedios” (pagar un libro con una tarjeta de crédito). “Pero, ¿cómo es ese espacio de tensión entre nuestros propios límites, entre un límite y el otro, entre una escala del límite y otro, entre mi cuerpo y el otro cuerpo… qué fluye y qué se condensa?”.⁷

El monitor es la virtualización de la inteligencia, es hoy centro del mundo (poteau-mitan en términos simbólicos)⁸, es el objeto que estructura en gran medida la cotidianidad, el vínculo comunitario y la constitución del sujeto. El hecho de habitar implica una noción que se relaciona tanto con el transcurso del tiempo como con su duración. Entendemos lo virtual o la virtualización como un aspecto desarrollado a partir de la proyección y funcionamiento de este tiempo-espacio.

Aquí, el tiempo se asume a partir de su constitución más pequeña: el instante (impulso electrónico). La estructuración y construcción de la experiencia espacial de lo cotidiano se acentúa a partir de la experiencia de ciertos momentos, impulsos, puntos de inflexión en donde el espacio se desdobla (pliegue) y asume una noción dinámica, diversa y múltiple. La fotografía (el cine) evidencia este cambio. Primero el retrato estático (la pose como representante del tiempo), la cámara instamatic, el “auto-foco”, la cámara automática, y la era digital. La noción de espacio es completa y continua, lo frontal y lateral se unifican al todo.

Interior o exterior, interior y exterior, interior–exterior, interior/exterior… aquí el entendimiento del espacio viene dado por la fractura del texto mismo (virtualización del texto y del inter-medio), arrugamos el texto; las permutaciones son inagotables, de ahí que surja el límite como volumen, materia y energía al mismo tiempo (intermedio), límites que sabemos que no son de la misma naturaleza, los producidos por los mecanismos del control y la economía mundial, y los producidos por el deseo, por la necesidad…

Mapas, cartografía, el espacio, dependen del espaciotiempo, de momentos, instantes que bajo las condiciones actuales, de velocidad –celeridad– se hacen borrosos.

Habitar es secuencia: “La mente contemporánea tiende a querer cambiar lo preestablecido en un período más corto”, “adaptación”, es el nuevo término para habitar estos espacios de hoy. Habitar, hoy, es opacidad, pliegue, refugio y resistencia. Como la cultura actual, es una noción en proceso.

Juan Mubarak es arquitecto, graduado en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, con un master en Arquitectura Tropical Caribeña de la misma universidad. Ha compartido su labor profesional con la docencia desde el año 1988. Premio Bienal de Artes Visuales de Santo Domingo en 1993 y Premio Bienal de Arquitectura de Santo Domingo en 1994, ha participado en exposiciones internacionales y nacionales.

Notas

  1. Entendiendo por “media” tanto los medios de comunicación masivos como la “media” tecnológica que los soporta.
  2. Levy, Pierre, ¿Qué es virtualización? Buenos Aires, Paidós, 1998.
  3. Baudrillard, Jean, Cultura y Simulacro. Barcelona, Kairós, 1987; p. 30.
  4. Cabrera, Jonathan, “Marca Ciudad: ser local, regional y global”, Aquí Santo Domingo. Abril-junio 2005.
  5. Levy, Pierre, Ibídem.
  6. Baudrillard, Jean, Les stratégies fatales, París, 1983.
  7. Shaney Peña, “Des-limitación”, tesis UNPHU; asesor, Juan Mubarak.
  8. Poste que sostiene el techo del peristilo (cobertizo abierto o cerrado para ceremonias y reuniones vudú), que tiene carácter sagrado, eje de las ceremonias, centro místico y ritual considerado como el punto medio del cielo en su cúspide y como centro del infierno en su base. Citado por Deive, Carlos Esteban en Vodú y magia en Santo Domingo, Santo Domingo, Taller, 1988.
  9. Acosta, José, Poesía Junta, del poemario “De este lado del cielo”, Sistema Nacional de Talleres Literarios y José Acosta. Dirigida por José Bobadilla, Santo Domingo, 2000.