Artículo de Revista Global 66

El béisbol se pone faldas

En 1948 cinco pueblos del interior del país: Moca, San Francisco de Macorís, Barahona, La Romana y Montecristi iniciaron prácticas de béisbol femenino siguiendo la tendencia de lo que sucedía en los Estados Unidos. Algunos defendían el derecho de la mujer a incursionar en ese deporte y otros temían que las mujeres perdieran sus cualidades femeninas. En la medida en que crecía el entusiasmo por esta práctica, se incrementaba la oposición a esta en la prensa. Esta es la historia de un denodado esfuerzo de jóvenes dominicanas que lucharon por ganarse un espacio en la sociedad.

El béisbol se pone faldas

Cuando el último domingo de octubre de 1947 el cine Roxy, en Moca, dio inicio a la matiné de la anunciada película de la Metro Goldwyn Mayer Gaslight (Luz que agoniza) con Charles Boyer e Ingrid Bergman, lo hizo con las noticias que Universal International Newsreel hacía pasar antes de cada proyección en miles de cines de todo el mundo. El público ya estaba acostumbrado a estos cortos de no más de tres minutos que, además de entretenidos, eran informativos. En una época en que no existía la televisión, era una manera amena de enterarse de las noticias que ocurrían alrededor del mundo.

En esa ocasión el noticiero estaba dedicado a promover la AAGPBL (All American Girls Professional Baseball Leage), la organización norteamericana que estaba involucrada en la promoción del béisbol femenino en los Estados Unidos. El documental en sí era una novedad, pues en este corto cinematográfico se presentaba cómo las mujeres de la noche a la mañana se convirtieron en las protagonistas del béisbol, el mayor pasatiempo de los norteamericanos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en los Estados Unidos al menos diez millones de hombres estaban enrolados, de una forma u otra, en el ejército y entre estos se contaban 500 peloteros profesionales, muchos de ellos estrellas de ese deporte que salieron a prestar servicios al frente de batalla (sobresalen Bob Feller, Hank Greenberg, Joe DiMaggio, Stan Musial, Yogi Berra, Pee Wee Reese, Jackie Robinson y Ted Williams, todos posteriormente miembros del Salón de la Fama del Béisbol). Esta ausencia trajo desinterés en la fanaticada del béisbol y, como consecuencia, una baja considerable en la asistencia a los juegos que amenazaba con hacer desaparecer la práctica de este deporte. El gobierno norteamericano, que venía desarrollando una campaña para incentivar a las mujeres a que ocuparan los espacios que en las fábricas habían quedado vacantes con la salida de los hombres al frente de batalla (Do the job he left behind, rezaba un cartel propagandístico de la época), también tomó en cuenta el béisbol e influyó para la participación de las mujeres en este deporte.

En 1943 Philip Wrigley, dueño del equipo de béisbol Chicago Cubs, fue el de la idea de que las mujeres jugaran béisbol profesional en ausencia de los hombres. Wrigley contrató a 64 mujeres con experiencia en softball y creó una liga de béisbol femenina con cuatro equipos. En la época de su mayor apogeo, que fue la temporada de 1948, unas 550 mujeres participaban como jugadoras profesionales en 10 equipos con salarios que iban de 55 a 100 dólares semanales. Poner a jugar béisbol a las mujeres fue un éxito instantáneo. Durante 12 años, hasta 1954, se jugó en esta liga un total de 144 partidos ante más de un millón de espectadores. Lamentablemente el experimento deportivo no permaneció por mucho tiempo, como se podía pronosticar, pues en la posguerra, con el regreso de las tropas y la reincorporación de las ausentes estrellas de béisbol, disminuyó el entusiasmo por ver las destrezas deportivas de las mujeres y esa actividad decayó.

La proyección que se pasó en Moca fue novedosa e interesante para todos los que asistieron ese día al cine, pero en especial para el promotor deportivo y amante del béisbol Antonio Rosario, un joven abogado mocano de 28 años de edad (hacía cinco años que había retornado a su pueblo ya graduado), quien pensó que eso que se estaba haciendo en los Estados Unidos también se podía hacer en Moca. Antonio Rosario era el alma del Moca Béisbol Club (cuyo equipo, con el nombre de Cibao BBT ganó el campeonato nacional amateur a principios de marzo de 1948 y enfrentó, dos semanas después, en Santiago, a los Dodgers de Brooklyn, llegando al noveno inning con una anotación favorable de 5 x 3). Esta vez Antonio Rosario tenía un nuevo reto: que las mujeres de Moca jugaran béisbol.

Para facilitar las cosas ya las mujeres mocanas habían jugado softball, después de que Ricardo Pérez Medina, un dependiente de farmacia y amante del deporte, lo introdujera, y se habían formado los equipos Las Buchúas y Las Bonitas, de memorable recordación. De esa cantera salieron las mujeres que en los primeros días de 1948 estaban dispuestas a jugar béisbol. La lista pronto creció: Venecia López, Ondina Martínez, María Estela Brache, Olga Almánzar, Olga de la Maza, Anatolia Pérez, Hilda Bencosme, Eunice Pichardo, Lesbia Castañeda, Thelma Martínez, Ada Guzmán y María Teresa Julia (Niní), esta última además de pitcher fue la capitana del equipo. Al estelar Zoilo Rosario, del equipo Cibao, se le asignó la responsabilidad del entrenamiento, que se efectuaba dos veces por semana en el estadio Benefactor del pueblo. El profesor Porfirio Guzmán Comprés, director de la escuela normal, fungió de orientador, según da constancia el periódico La Nación (14 de mayo de 1948, p. 12).

En Moca el béisbol femenino se expandió aceleradamente. En pocas semanas solo en El Caimito, a dos kilómetros de la población, había más de 100 mujeres practicando el deporte «que antes era exclusivo de los feos» y en los primeros días de marzo de 1948 se organizó el equipo Angelita, con maestras y alumnas, compuesto por Violeta Martínez, su mánager y directora, las profesoras Aura Estela Núñez, Mercedes de Pérez, Olga Tejada, Nelsy Acosta y las alumnas Nervina Guzmán, Clara Dilia Tavárez, Indiana Pérez, Violeta Pichardo, Ana Grecia Ovalle, Mercedes Estrella, Colombina Vásquez, Octavia Estévez, Antonia Peralta, Claudelina Guzmán y Milde García Morillo. Este equipo contó con los entrenadores Guillermo Estrella y Enrique Reynoso, dos jugadores estelares del equipo de Moca, así como con el doctor Pedro Guzmán, en la asistencia médica. En su primer enfrentamiento, contra el equipo femenino de la normal, salieron airosas. Actuó como chief umpire el legendario Pajarito Perdomo.

A finales de ese mes de marzo las muchachas de Moca ya estaban haciendo historia. El equipo femenino que orientaba Miguel Pichardo ganó al equipo masculino juvenil 5 a 0 con las actuaciones estelares de Clara Portalatín Cáceres, quien ponchó a diez jugadores; Yina Arceno, con un triple y un doble; Dinorah Arceno, con dos sencillos, y Lilian y Cucha Rodríguez, con sencillos. Sobresalió en el encuentro Clara Viñas Cáceres en la tercera base, por lo que recibió reiterados aplausos.

La prensa nacional no dejó pasar por alto lo que acontecía con el béisbol femenino en la República Dominicana. A principios de marzo de 1948 el periódico La Nación informaba que «desde hace algunos días un grupo de distinguidas damas mocanas se están entrenando en la práctica de béisbol para enfrentar a otros equipos similares en el país». La nota periodística afirmaba que las mujeres entrenadas por Zoilo Rosario en el estadio Benefactor se destacaban por su fildeo y bateo, pero especialmente «por su extraordinaria ligereza». El comentarista deportivo Manuel Neftalí Martínez Tejeda (Tafneli) dio su beneplácito al béisbol femenino, «o de faldas» como le llamaba («béisbol con polleras», le llamó el cronista José D. Ducoudray), y aunque admitía que todavía no había tenido la oportunidad de presenciar un partido de pelota entre equipos femeninos, afirmaba conformarse viendo los noticieros del cinema y las gráficas que traían las revistas y periódicos de Cuba y México referentes al béisbol femenino en esos países.[1]

Poco a poco se fue extendiendo en el país la práctica del béisbol femenino, llegando a San Francisco de Macorís, Barahona, La Romana y Montecristi.[2] El primer partido celebrado en San Francisco de Macorís se efectuó el 12 de mayo de 1948 en el estadio Leónidas Radhamés entre los equipos locales La Nación y El Caribe, ganando este último. En el juego actuaron las lanzadoras Mireya Ventura y Tamy Rojas, esta última del equipo El Caribe, quien perdió el control en el segundo inning y fue sustituida por la zurda Luisa Francia, que se llenó de gloria «al amarrar a soga corta a sus rivales, permitiendo solo cuatro hits y ponchando de paso a nueve bateadoras». El line up del equipo El Caribe lo integraban Luisa Francia, Chea Tejada, Elbia Saladín, Tamy Rojas, Tatá Gatón, Nelly Saladín, Nurys Mena, R. Carrión y D. Almánzar; y el de La Nación, Mireya Ventura, Sisí Martín, Araceli Carrión, Fanfa Araújo, Mercedita Asilis, Aura Martínez, Ena Tejada, Teresita Acra y E. Estrada.

En una entrevista, Mireya Ventura (La Nación, 27 de mayo de 1948, p. 11), la más destacada jugadora de San Francisco de Macorís, «pitcher estelar y recia toletera», como la llamó la prensa, contó que se inició en la pelota «jugando en novenas que organizábamos las muchachas de mi barrio, pues desde muy pequeña sentí gran admiración por ese deporte. Es el que más se adapta a mi temperamento. El que más me gusta –una pausa y prosigue–, no creo que el béisbol sea un deporte exclusivamente masculino, las de mi sexo pueden practicarlo sin menoscabo de su condición física».

En Barahona fueron las estudiantes del tercer curso de la escuela normal Benefactor las que se acercaron a los profesores Manolín Méndez y Carlos McKinney, el Americano, con el fin de formar un equipo de béisbol femenino. Fue este último quien asumió la responsabilidad de sacar adelante a las muchachas. El primer día de entrenamiento asistieron 30 estudiantes, a las que McKinney les dijo que «el béisbol era un deporte muy exigente, y que había que dejar en sus casas los aretes, anillos y relojes, además de recortarse las uñas y ponerse unos pantaloncitos debajo de las faldas». Para asombro mío –dice McKinney–, «en la próxima práctica algunas llegaron vistiendo uniformes, que tomaron prestados». Al tercer día de práctica se presentaron mujeres del barrio Villa Estela, interesadas en practicar béisbol, por lo que fue menester crear tres equipos: La Normal, Caonabo y el Partido Dominicano. Los guantes y equipos fueron facilitados por Lico Hernández y su hijo Manolo, quienes entrenaron al equipo Partido Dominicano. Entre las muchachas entrenadas por Mckinney se destacaron: Gisela Tejano, Wanda Peláez, Dayanira Peláez, Nanín Robert, Hilda Mota, Efigenia Peláez, Carmen Álvarez, Ligia Garnes, Juana García, Lidia Báez, Alida Báez, Altagracia Báez, Juana de la Cruz, Yolanda Hayer, Celita García, Nanún Féliz, Francia Augusto, África Woel, Bethania Peláez y Mayina Saldaña. Estas dos últimas eran las jugadoras estelares.[3]

Un mes después de iniciados los entrenamientos en Barahona, el periódico La Nación trajo una corta estampa de Bethania Peláez, Feller –quien con 17 años, 120 libras y 5.7 de tamaño era una gran robadora de bases, además de lanzadora–, la cual señalaba que en el partido del 14 de marzo realizó 14 ponches dejando al equipo contrario con solo dos hits. Por esta acción su mánager Carlos McKinney la bautizó con el nombre de «la Bob Feller dominicana». Bethania era la lanzadora estelar del equipo La Normal que enfrentaba al equipo Partido Dominicano.[4] Al igual que en Barahona, en La Romana el equipo de béisbol femenino se constituyó con alumnas de la escuela normal, en este caso la Arístides García Mella, al formarse los equipos Azul y Rojo.

La incomprensión se hace presente

En Ciudad Trujillo el auge del béisbol femenino tomó otro matiz: el debate público. El comentarista deportivo Bebé Ripley se opuso a esta práctica, a la que llamó «un nuevo e inexplicable movimiento femenino», aduciendo que jugar béisbol no era muy femenino además de que «alteraba las curvas de las mujeres». De inmediato se dio paso a una discusión sobre las consideraciones positivas y negativas que acarreaba a las mujeres el jugar béisbol. Tomás Casals Pastoriza se incorporó a la discusión alineándose con Bebé Ripley, llegando a decir que no solo se debía segregar el deporte con respecto al sexo, sino también a la educación: «El béisbol practicado por las muchachas no es buen deporte, y no lo será nunca, porque constituye una amenaza para el sexo contrario, que no es débil ni fuerte, sino sencillamente diferente del masculino, y tan diferente como la educación que le corresponde». El cronista deportivo Juan A. Stamers, siguiendo esta línea de pensamiento, escribió que «el béisbol es un deporte que por su técnica y práctica violenta está hecho exclusivamente para hombres», agregando que «el bate, por la forma de su manejo tiende a desarrollar bíceps», y concluyendo su artículo con esta joya de machismo: «La misma higiene de la mujer no va en apoyo de que practique el béisbol». Rafael David Henríquez propugnó que se abandone esa práctica, la que consideró extemporánea «porque su tiempo no ha llegado».[5]

No todos los cronistas deportivos se opusieron a esta práctica. Neftalí Martínez escribió un contundente artículo en el cual argumentaba los sobrados derechos de la mujer a jugar béisbol y comparaba esta lucha con las anteriores libradas por las mujeres en defensa de sus derechos sociales, afirmando que «se tenía que tener más sensibilidad que una seda china sintética para pensar que el béisbol es más fuerte que todas las montañas de inconvenientes que han enfrentado las mujeres en su lucha».

También en defensa de las mujeres salió augamap cuando escribió: «Señor Ripley, aquí las muchachas seguirán jugando béisbol y conservando las curvas que usted piensa él deforma». En defensa del béisbol femenino también escribió María Teresa Julia (Niní), mánager del equipo de Moca, saliéndole al frente tanto a Ripley como a Casals Pastoriza, a quienes acusó de anacrónicos: «¿Soñaban acaso nuestras abuelas con las faldas-pantalón, las brevísimas trusas, tan en boga hoy en día, los shorts corrientes…?», pregunta con la que Niní justificaba que los nuevos tiempos permitían a las mujeres incursionar en el béisbol. De igual manera se expresó el cronista deportivo Johnny Abbes García. Dijo que no se podía contrariar «el propósito que tienen las mujeres de jugar pelota con los mismos útiles, las mismas reglas y las mismas medidas que los hombres […] ellas quieren y pueden». A seguidas agregaba: «Tenemos entendido que existen actualmente en la República más de diez equipos organizados de béisbol femenino que se dedican a la práctica de este deporte con toda regularidad y que organizan eventos entre ellas que ocupan sitio de preferencia dentro de las actividades deportivas de la población donde actúan». Al finalizar su trabajo, Abbes García dijo: «Una sola cosa nos preocupaba: queríamos saber si era verdad eso de que el béisbol restaba al carácter eminentemente femenino de las que lo practican. Cuando vimos a un metro de distancia a cada una de las niñas que desde hace algún tiempo se dedican en Barahona a jugar béisbol quedamos libres de toda duda y fue esta nuestra conclusión: Nada les hace jugar béisbol, porque más femeninas que estas, no las hay ni en el cielo». El comentarista deportivo de Santiago Bullo Stefani se sumó a los que apoyaban a las mujeres.[6]

El periódico La Nación llevó esta discusión hasta sus lectores en una encuesta que solo abarcó las opiniones de hombres, que en su mayoría apoyaron a las mujeres en su intento de jugar béisbol, aunque aparecieron voces disidentes: «Repudio enérgicamente toda actividad que dentro del elemento femenino tiende a desnaturalizar las funciones fundamentales para las cuales ha sido creada la mujer», dijo uno de los entrevistados.[7]

Mientras tanto la fiebre del béisbol femenino se había extendido por todo el país y era tiempo de que se enfrentaran unas a otras. Durante seis meses las jugadoras de Barahona estuvieron entrenándose, y jugando los domingos con gran público, hasta que se consideraron aptas para que una selección desafiara al equipo de Moca a enfrentarse en Ciudad Trujillo. Igual petición hicieron las jugadoras de San Francisco de Macorís, quienes aprovecharon este espíritu competitivo para desafiar a las jugadoras mocanas («Las beisboleras de S. Fco. de Macorís dispuestas a jugar con las de Moca», La Nación, 23 de mayo de 1948, p. 12). El equipo de Moca no se quedó atrás anhelando esta confrontación. Su deseo de enfrentar al equipo de Barahona lo manifestó a finales de abril, lo que fue reseñado por la prensa cuando refirió que ese encuentro debía efectuarse en el estadio de La Normal, en Ciudad Trujillo («Las beisboleras de Moca listas para batirse con las de Barahona», La Nación, 29 de abril de 1948, p. 11).

Al primer equipo que se le presentó la oportunidad de salir de su terruño a jugar béisbol en otra localidad fue al de Moca, pero no contra sus archirrivales competidoras de Barahona o San Francisco de Macorís, como era de esperarse, sino para un juego de exhibición. Esta presentación fue pautada para el domingo 23 de mayo de 1948, a instancias de Domingo Pichardo, empresario deportivo y administrador del estadio Trujillo (hipódromo y play de béisbol donde en cada cartelera se daban partidas dobles que se alternaban: un inning de béisbol seguido de una carrera de caballos) de esa ciudad, para que realizaran un juego de exhibición como complemento a la cartelera hípica a celebrarse ese domingo. Los promotores de ese encuentro resaltaban que se realizaba «para que Santiago tenga la oportunidad de ver a las muchachas en acción». A los pocos días de este anuncio, el viernes 21 de mayo, el administrador del estadio Trujillo, sin mayores explicaciones, comunicó a la prensa que la presentación de las jugadoras mocanas quedaba suspendida.[8]

Lamentablemente no solo se tronchó esta presentación sino que los esperados encuentros que involucraban a las muchachas de Moca, San Francisco de Macorís y Barahona nunca pudieron realizarse. La oposición de cronistas deportivos plasmada en la prensa de la época acabó con esa esperanza. La virulencia de los ataques contra el béisbol femenino fue tan extrema que sus efectos demoledores sobre el futuro de este deporte no se dejaron esperar. Según Gisela Tezanos, la estelar jugadora de Barahona, al conocerse las opiniones en contra de que las mujeres jueguen béisbol, de inmediato «los padres de nosotras se opusieron a que siguiéramos jugando» (La Nación, 18 de mayo de 1948). Las primeras en abandonar la práctica del béisbol femenino fueron las de La Romana, que lo hicieron en ese mismo mes de mayo aduciendo falta de instrumentos deportivos.[9] Llama la atención que el oficialismo no se interesase por esta práctica y que las dos ciudades más importantes del país, Santo Domingo y Santiago, no se interesaron por fomentar el béisbol femenino. También es significativo el silencio que guardaron las feministas dominicanas sobre este caso.

Carlos McKinney, el Americano, el promotor del béisbol femenino en Barahona, en entrevista con el autor, refirió que «los comentarios adversos del cronista Ripley y los que le secundaron, así como los matrimonios de las muchachas acabaron con el béisbol femenino en Barahona y en el país».[10]

Orlando Inoa es un historiador dominicano. Ha escrito ampliamente sobre historia social dominicana. Conferencista en el país y el extranjero fue visiting scholar de la Universidad Hebrea de Jerusalén en un programa auspiciado por Funglode en el verano de 2014. Profesor de historia en la maestría impartida en la Cancillería dominicana (2015). Su producción abarca el texto Historia dominicana, y su acercamiento a la palabra lo llevó a escribir el Diccionario de dominicanismos. Es director de la editorial Letragráfica.

[1] Sobre béisbol femenino en Moca, véase: «Inician las prácticas de béisbol femenino en la ciudad del Viaducto», La Nación, 7 de marzo de 1948, p. 9; «Iniciadas las prácticas de base-ball femenino en Moca», La Nación, 12 de marzo de 1948, p. 10; «El team de béisbol femenino Angelita ganó en Moca al combinado de la Escuela Normal», La Nación, 21 de marzo de 1948, p. 13; «Ganan las muchachas mocanas a un team de béisbol masculino juvenil», La Nación, 30 de marzo de 1948, p. 9; Tafneli, «El béisbol femenino está tomando incremento», La Nación, 7 de abril de 1948, p. 11; «Juegan béisbol femenino en El Caimito, Moca», La Nación, 17 de abril de 1948, p. 11; «Juegos de béisbol femenino», La Información, 14 de mayo de 1948, p. 3.

[2] Véase: «Iniciado el primer partido de béisbol femenino en San Fco. de Macorís», La Nación, 16 de mayo de 1948, p. 11, y «Las féminas de la ciudad de San Francisco de Macorís», La Información, 26 de mayo de 1948, p. 3; «Iniciadas en Montecristi las prácticas de béisbol femenino», La Nación, 1 de junio de 1948, p. 11.

[3] Sobre béisbol femenino en Barahona, véase: «Gisela Peláez, lanzando en gran forma, poncha catorce contrarias y solo permite dos singles», La Nación, 24 de marzo de 1948, p. 9; «Bethania Peláez poncha 13 rivales para aumentar su récord en este departamento en béisbol femenino», La Nación, 1 de abril de 1948, p. 10; «Mayina Saldaña deja en dos hits a sus rivales tras un gran partido en Barahona», La Nación, 8 de abril de 1948, p. 11; «Estampas del béisbol femenino barahonero», La Nación, 15 de abril de 1948, p. 11; «Wanda Paláez poncha dieciséis rivales en el juego entre Normal y Caonabo», La Nación, 23 de abril de 1948, p. 12.

[4] La prensa hizo reseñas de estos juegos: Félix Acosta Núñez, «Gisela Tezanos; una entusiasta deportista», La Nación, 18 de mayo de 1948.

[5] La oposición al juego de béisbol femenino se encuentra en: Bebé Ripley, «Pensadlo mejor. Improcedente es la práctica del béisbol femenino», La Nación, 16 de abril de 1948, p. 12, y «¡Ya basta!», La Nación, 15 de junio de 1948, p. 11; Tomás Casals Pastoriza, «El béisbol femenino», La Nación, 28 de abril de 1948, p. 11, y «¡Triunfamos!», La Nación, 17 de junio de 1948, p. 12; Juan A. Stamers, «Béisbol a medias, ríanse si quieren», La Nación, 20 de mayo de 1948, p. 10, y Rafael David Henríquez, «No es favorable práctica béisbol por féminas», La Nación, 21 de mayo de 1948, p. 11.

[6] En defensa del béisbol femenino escribieron: Neftalí Martínez, «La mujer en el béisbol, como en las demás manifestaciones de la vida», La Nación, 17 de mayo de 1948, p. 13; Augamap, «Por el béisbol femenino», La Nación, 26 de abril de 1948, p. 11; Héctor Sfefani, «Ellas pueden y deben jugar el béisbol», La Nación, 26 de junio de 1948, p. 12. El inocuo comentarista deportivo Johnny Abbes García se convirtió, pocos años después, en el director del sim de tan desagradables recuerdos. Véase al respecto: Johnny Abbes García, Trujillo y yo. Memorias de Johnny Abbes García. Presentación, notas y edición de Orlando Inoa (Santo Domingo, Letragráfica, 2013). El artículo de Johnny Abbes García sobre béisbol femenino se encuentra en: «Ellas quieren y pueden», La Nación, 23 de mayo de 1948, p. 11.

[7] Otros detalles de esta encuesta pueden verse en La Nación, 20 y 25 mayo de 1948, p. 11.

[8] «Las beisboleras de la ciudad de Moca hacia Santiago el 23» y «Béisbol femenino el domingo en Santiago», ambas noticias en La Nación, 14 de mayo de 1948, p. 12; «Pospuesta la gira de las féminas de Moca», El Caribe, 22 de mayo de 1948, p. 11.

[9] «Suspendidas las prácticas de béisbol femenino en el Este», La Nación, 24 de mayo de 1948, p. 11.

[10] Entrevista de Orlando Inoa a Carlos McKinney, el Americano, Baní, 3 de julio de 2004.