Artículo de Revista Global 44

El Caribe, entre integración y desintegración

El Caribe aparece en la escena internacional en la década de los sesenta, y aún trata de existir en este ámbito. Con la caída del muro de Berlín y el desarrollo de la mundialización, todos los paradigmas clásicos de integración se encuentran en renovación; varias fórmulas de agrupamiento coexisten al tiempo que los Estados de la región caribeña desarrollan estrategias individuales. Es el conjunto de estos procesos contradictorios el que, de cierta manera, da vida a la zona y marca su originalidad.

El Caribe, entre integración y desintegración

Tomar en cuenta el espacio del Caribe en las relaciones internacionales es un fenómeno reciente que se inscribe a la vez en la problemática de accesión a la independencia de las islas anglófonas, la emergencia de la problemática cubana y la necesidad de luchar por el desarrollo económico en estas islas.

La década de los sesenta fue marcada por un proceso de diferenciación del espacio Caribe del conjunto latinoamericano y centroamericano. Hablar del Caribe significaba referirse a la organización anglófona. Tanto, que el entonces presidente del Banco del Desarrollo del Caribe (CDB), William Demas, declaró en la década de los setenta que el Caribe se construía por círculos concéntricos; el primer círculo estaba constituido por los anglófonos. En este contexto, hablar del Caribe significaba considerar solamente la perspectiva de los países anglófonos de la zona, lo que era relativamente restrictivo.

Con la era de la mundialización la situación evolucionó. La construcción de zonas se convierte en una necesidad para los Estados. Así, pasamos de forma progresiva de un regionalismo concebido en cuanto a protección ante un entorno hostil, a un regionalismo abierto que se inscribe en una perspectiva de emergencia en la escena internacional. Son nuevos paradigmas que se implementan en la escala planetaria y que marcan también el espacio del Caribe.

Así, para existir tanto en el hemisferio americano como en el mundo, los caribeños toman conciencia de la necesidad de construir un espacio mucho más amplio que el Caribe anglófono. La creación de la Asociación de los Estados del Caribe (AEC) se inscribe en esta perspectiva, que hace referencia a la organización del gran Caribe.

Sin embargo, el análisis geopolítico permite darse cuenta de una realidad apremiante: la permanencia y el desarrollo de los Estados. La continuación del movimiento hacia la creación de Estados conduce a la multiplicación de las fronteras así como al desarrollo normal de una lógica del interés. Cada Estado es propenso a definir el perímetro de su competencia y definir lo que constituye su beneficio nacional. Hasta cuando se exprime la voluntad de construir una región, estas preguntas están presentes e influyen sobre la implementación de estructuras regionales. Los nuevos desafíos internacionales exigen Estados proactivos, los cuales están también interpelados sobre su organización. El Caribe, donde todavía existen numerosas situaciones de no soberanía, no escapa a este movimiento.

De hecho, nos encontramos en presencia de una zona donde se desarrollan procesos de construcción y de deconstrucción. El Caribe aparece como una región que tiene varios proyectos. También es una zona marcada por la vuelta de las fronteras y la multiplicación de las estrategias que ponen en riesgo su construcción.

Una región con varios proyectos

La existencia de múltiples definiciones del Caribe se explica porque en este espacio cohabitan múltiples aproximaciones de las culturas políticas, conduciendo a una multiplicidad de organizaciones que son los soportes institucionales y justifican estos acercamientos. Estas organizaciones son de distinta naturaleza (de cooperación, de integración, de coordinación) así como redes, lo que origina un paisaje fragmentado, diversificado. En este contexto, construir una identidad colectiva necesita responder a múltiples desafíos.

Si es posible identificar muy temprano una región del Caribe, apoyándose para esto en la existencia de un mar homónimo, verdadero mar mediterráneo, eso no impide que desde el punto de vista de las relaciones internacionales, la zona se singularice en la escena internacional, en gran parte a partir del surgimiento de la independencia de los países del Caribe anglófono.

Esta independencia se desarrolla a través de un proceso que asocia la independencia individual con la organización colectiva, lo que provocó que el primer dirigente del CDB dijera que el Caribe se construye por círculos concéntricos, siendo el primer círculo, desde su punto de vista, el anglófono. Así se desarrolla un movimiento de singularización de una zona que va, al mismo tiempo, a construir una identidad regional y abrirse al mundo participando en otros reagrupamientos.

Este movimiento provoca también un reposicionamiento de zonas que anteriormente podían aparecer como partes de otro espacio. Numerosas organizaciones pueden ser analizadas de este modo, pues relevan modelos diferentes. Pueden ser observadas no solamente en su diversidad, también a la luz de los desafíos que deben afrontar al comienzo del siglo XXI.

Este estudio privilegia las problemáticas que se desenvuelven en el seno de la Comunidad del Caribe (Caricom) y de la AEC, por el hecho de que la primera organización, que abrió la vía al movimiento organizacional del Caribe de las islas, se encuentra hoy en día al cruce de caminos; la segunda, que aspira a formar una organización de coordinación al nivel del gran Caribe, también debe enfrentar nuevos desafíos a pesar de su creación reciente.

La Caricom y la integración

Tras la creación de una asociación de libre comercio en 1968, la Carifta, los países anglófonos del Caribe que habían obtenido su independencia establecen la Caricom. Esta asociación tiene el doble propósito de vincular el mercado común y la organización política, finalidades situadas en un plano distinto y que no tenían –necesariamente– los mismos participantes.

Es en el seno de esta organización que aparece un verdadero proyecto de integración económica y se experimenta un proceso de integración subregional, como si la misma organización generara dos movimientos de integración.

Al ser creado, el Mercado Común del Caribe considera sobrepasar la lógica simple del libre comercio para construir una relación económica más completa con los países miembros. Así, se emprende este proceso esperando un verdadero mercado que pueda hacer vivir a los actores económicos y satisfacer las necesidades vitales de las poblaciones.

Sin embargo, desde su creación se enfrentan a la asimetría de las situaciones económicas entre los países miembros. Es en gran parte en nombre del reconocimiento de esta asimetría que se creará más tarde la Organización de los Estados del Caribe Oriental (OECO), la cual reúne casi todo el conjunto de los países considerados como los “menos desarrollados” para retomar la terminología de la Caricom1.

Frente al cambio de la situación económica mundial y a las perspectivas de la evolución, tanto de las políticas europeas como de los paradigmas de la economía internacional, la Caricom en crisis toma en cuenta las recomendaciones del West-Indies Committee y se lanza en el proyecto de construcción de una economía única Caribbean Single Market and Economy (CSME, por su sigla en inglés). También se organiza una estructura para conducir las negociaciones internacionales en nombre de la institución: el Mecanismo Regional de Negociación (NRM), que participa en las negociaciones del Acuerdo de Asociación Económica (APE) que relaciona al Cariforo con Europa.

La problemática de la economía única es muy diferente a la del mercado único. En efecto, necesita la adopción de una política económica y de indicadores comunes para el conjunto de los socios, los cuales deben construir una moneda común y no solamente una unidad de cuenta común. La economía única significa también la unificación del sistema bancario, con la implementación de una bolsa de valores y, sobre todo, el abandono de los derechos señoriales de los bancos nacionales de cada Estado.

Es decir, lanzarse a tal aventura exige examinar el conjunto de parámetros tanto económicos como sociales de tal forma que sea permitido luego la libre circulación de las personas, de los capitales, de los bienes; una economía única solo tiene sentido si estos elementos se toman en cuenta.

La realización de todas estas operaciones previas necesita la revisión del Tratado de Chaguaramas,

mediante el cual se creó la Caricom. La implementación se desarrolla a través de una serie de retrocesos y retrasos: la entrada en vigor de la economía única estaba programada para 2005; en 2010, si bien se han logrado algunos avances, el objetivo final todavía está pendiente. El Tratado de Chaguaramas entró en vigencia, pero se ha debido descomponer el proyecto en dos temáticas.

Esta división ha permitido la entrada en vigor del mercado único, abriendo así la vía a una segunda fase que está planificada para desarrollarse durante el periodo 2010-2015. Numerosas normativas y medidas siguen pendientes, y deberán ser creadas e implementadas durante este periodo: la elaboración de una estrategia regional de desarrollo, la extensión de las categorías de trabajadores para la libre circulación, la libre circulación de los servicios, el régimen general de las inversiones de la Caricom, el régimen aduanero y fiscal, la aplicabilidad directa de las decisiones de la Conferencia de los jefes de Gobierno, la creación de una Comisión de la Caricom.

Al analizar este punto, si ciertas normativas y medidas pendientes relevan la elección del modelo de organización similar al usado por Europa para solucionar los temas de la primacía y de la aplicación directa del derecho comunitario,2 otras relevan la política por implementar e interpelar a los socios en cuanto a la gestión de sus respectivas soberanías. Es particularmente difícil resolver estas últimas cuestiones, tomando en cuenta además las asimetrías económicas existentes en el seno de la Caricom que no han desaparecido, al punto que el proyecto de la Organización de los Estados del Caribe Oriental sigue en camino como si, dentro de una sola organización que trata de emprender una integración económica, existiera una segunda entidad en construcción.

Organización del Caribe Oriental

Cuando se observa el proceso comenzado entre las naciones del Caribe oriental, se puede constatar la existencia, por lo menos teórica, de un mercado común de esta subregión, la existencia de un Banco Central y una moneda única: el dólar del Caribe oriental.

Es fácil pensar que este subconjunto de la Caricom avanza más rápido en su integración económica. Sin embargo, a pesar de esta situación, en lo que concierne el adelanto político apuntando a una identidad más fuerte a los órganos comunitarios, los resultados son moderados. Como si en este caso también existiera una dicotomía entre los avances económicos y los avances políticos.

Podemos entender las dificultades que se encuentran en ambas situaciones si se toma en cuenta el desplazamiento semántico que se ha producido de forma progresiva en las relaciones económicas internacionales.

A partir de la caída del muro de Berlín se observa el desarrollo progresivo de la economía internacional que, con el pretexto de la objetividad científica, generaliza un cierto número de conceptos que no son menos connotados políticamente e ideológicamente. Es así para la integración que, de manera general, está asimilada a la integración económica con la observación de criterios de análisis que, sin embargo, están cada vez más cuestionados. Por cierto, en el plano internacional, la cuestión es muy actual hoy en día con la apertura de la reflexión sobre la modificación de los criterios de enfoque de la realidad económica y social.

El desafío de la coordinación

La lógica de la AEC es muy diferente. Apunta a la coordinación y a la concertación en el marco del gran Caribe. Una coordinación de subgrupos en la cual se trata de ir acompañando a los países de la Cariforo, del mercado común centroamericano, del Grupo de los Tres, agregando a Panamá y Cuba. Una coordinación de los actores sociales, los cuales son numerosos, a participar en la organización. También, una superación de los Estados, con el espacio que se le ofrece a los territorios no independientes.

Para actuar de esta manera, la asociación decidió poner de relieve una coordinación funcional construyendo comités temáticos que asumen temas transversales que son, de manera evidente, de interés regional y que tratan de dar una vida política a un espacio geográfico partiendo del mar Caribe.

Este método postula la existencia de una zona integrando al conjunto de sus potenciales socios y se encarga luego, a través de una profundización funcional y temática, de desarrollar los elementos que permitirían su estructuración. Se plantea entonces la cuestión de sus relaciones con las demás organizaciones que estructuran las subregiones. Más allá de las dificultades inherentes a la debilidad institucional, parece importante tomar en cuenta los juegos de poderes y los conflictos de intereses que pueden nacer en este nuevo marco.

Fronteras y lógicas individuales

En la escena internacional actual es de buen tono hablar del “retorno de las fronteras” como si, frente al reforzamiento de la mundialización y de los flujos transnacionales, se operaba una conexión dialéctica con la renovación de los Estados. Este retorno es solamente aparente; en efecto, las fronteras constituyen datos permanentes de la gramática del mundo. Para emplear una fórmula de Michel Foucher: “Las fronteras son tiempo y política inscritos en el espacio”.3

Pues tenemos siempre que conservar en la mente que la construcción de Estados, fenómeno reciente si se toma en cuenta el tiempo histórico y en particular la historia sobre el largo plazo, induce a una política de construcción que, más allá de las construcciones antropológicas, se apoya sobre la implementación de la novela nacional, cuya traducción se encuentra a través de la historia y de la geografía.

Emmanuel Kant operaba una distinción entre el límite, noción positiva, y la barrera4, noción negativa que prohíbe la salida. Es así como las comunidades humanas son territorializadas y estructuradas por un doble imperativo contradictorio: la búsqueda de la seguridad, que empuja hacia el cierre, y la explotación de las oportunidades, que incita a la apertura. La multiplicación de los Estados conduce a una desmultiplicación de las fronteras. En 2009 se contaba por lo menos con 192 Estados, es decir, cuatro veces más que en 1945 y 20 por ciento más que en 1990.

El gran Caribe no escapa a este fenómeno. El proceso de creación de Estados no parece acabado, pero también nos encontramos en presencia de tres niveles geopolíticos que interactúan permanentemente: una geopolítica mundial, expresándose a través de estrategias de potencias mundiales y regionales; una geopolítica de diferentes Estados de la zona, buscando maximizar sus beneficios en un espacio abierto y a partir de una interpretación de su interés nacional; una geopolítica infranacional relevando una ordenación del territorio.

La geopolítica mundial

Si la mundialización ha sido interpretada como la victoria de un modelo de organización política y económica, el modelo liberal sobre el modelo de tipo socialista, y como el cuestionamiento de principios que fundaban las relaciones entre países en beneficio de la generalización del libre comercio, estos análisis merecen ser revaluados en la actualidad.

En realidad, la interdependencia presupuestada conduce a un reequilibrio del mundo en beneficio de las potencias emergentes que han provocado el estallido del “tercer mundo”. Cada vez que sea cuestión de desarrollo de estos países y de progresión de crecimiento en estos países, este fenómeno será acompañado de la disminución del crecimiento en los países desarrollados, como, de hecho, la multiplicación de estrategias de desarrollo en donde las oportunidades de crecimiento son las más fuertes.

Surge una batalla para la recuperación de las inversiones extranjeras directas (IDE). A partir de ahora y en adelante, mas allá de su pertenencia regional, ciertos países aparecen como “actores mundiales”, construyendo una estrategia en dos tiempos: una presencia en su entorno inmediato y una inscripción en la agenda mundial.

Es en este sentido que se debe entender y apreciar el posicionamiento en su conjunto de la región de países como Brasil, India, China, Rusia y África del Sur, los cuales, modificando los parámetros clásicos, empujan tanto a las organizaciones como a los países de la zona a posicionarse.

Por otra parte, la noción de zonas de influencia cambia de naturaleza. Si durante mucho tiempo podíamos estructurar el mundo leyéndolo a través de la oposición Este-Oeste y luego de la oposición Norte-Sur, este tipo de representación pierde su dimensión operacional. De hecho, las zonas de influencia tradicionales pierden su pertinencia, lo que provoca una competencia entre países que pertenecían originalmente al mismo bando. Así, si a la escala del planeta podemos observar luchas de influencia entre Europa y Estados Unidos, la tentación de construcción de la zona de libre comercio de América Latina puede ser considerada como una respuesta a la entrada en vigor del Tratado de Maastricht. Estas luchas tienen repercusiones en el hemisferio americano y especialmente en el espacio del gran Caribe, donde podemos observar también que los países europeos que estaban inscritos en el proceso de colonización instrumentalizan la política de la Unión Europea para encontrar un espacio en la zona.

Sería particularmente interesante estudiar desde este punto de vista el posicionamiento de Francia, España y Gran Bretaña, principalmente, que adoptan una perspectiva regional. Pues se trata de nuevos elementos que deben ser integrados por los países de la zona al definir su posicionamiento.

Los debates ideológicos y las estrategias de potencias regionales deben tomarse en cuenta. Al respecto, el posicionamiento de Venezuela y su voluntad de construir una alternativa bolivariana no puede ser silenciada ya que, combinada a una petro diplomacia, impacta sobre el funcionamiento de los actores regionales. 

La geopolítica de los Estados

En la definición de su soberanía en el seno de un mundo abierto, los Estados están confrontados a una serie de elecciones que se pueden sistematizar en torno a una pregunta: ¿Cuáles son los dominios que aceptamos gestionar en conjunto y, por lo tanto, cuáles son los dominios que se encuentran en el corazón de la soberanía?

En otros términos, en el marco de la organización regional existe permanentemente un conflicto entre la libre circulación de las personas y de los bienes y la protección de las fronteras. Se juegan estrategias particulares en el seno de organizaciones internacionales a la imagen de la “estrategia del pasajero clandestino”. Consiste en participar en una organización internacional para sacar tantos beneficios como sea posible pero, sin embargo, sin cumplir con las obligaciones de la organización. Las participaciones de numerosas organizaciones se inscriben también en esta problemática. En efecto, es la determinación de los intereses de estos Estados, así como los objetivos que se han fijado, lo que implica su participación en las organizaciones internacionales.

En estas condiciones, una evolución del contenido del interés nacional provoca una modificación de las relaciones con las organizaciones internacionales, conduciendo a la contestación de las elecciones que fueron realizadas, o a la construcción de nuevos espacios de referencia con nuevos socios. En este momento, la cuestión de los niveles de desarrollo y de las asimetrías es un elemento de la determinación del interés nacional.

La geopolítica interior

De cierta manera cada Estado se construye en torno a una geopolítica interior que no tiene este nombre y que muchas veces se aborda en torno a la ordenación del territorio. Esta plantea cuestiones de una complejidad importante ya que, más allá de simples reparticiones, se trata de organizar la vida de colectividades humanas que expresan necesidades y deseos. Si se agrega a esto la existencia de comunidades humanas que comparten valores particulares y particularidades geográficas y antropológicas, visualizamos perspectivas que apuntan a desglosar el espacio nacional y a interferir en las relaciones internacionales.

En numerosos países la construcción del espacio nacional desarrolla lógicas que se alejan de la centralización. El federalismo, con la atribución de competencias subsidiarias al Estado central, y la descentralización, más o menos grande, se inscriben en esta perspectiva. En relación con los países europeos, las diferentes constituciones de los Estados están contestadas desde arriba a través de la aplicación directa de ciertas decisiones, y a la vez contestadas desde abajo vía el proceso de descentralización.

En el mundo observamos un proceso constante de intervención sobre la escena internacional de colectividades subnacionales, que encuentran por esta vía la ocasión de afirmar su originalidad y su particularismo. Esta estrategia se traduce en formas particulares en el espacio del Caribe.

Las presencias francesa, británica, estadounidense, neerlandesa, para hablar solamente de estas, dejan, a través de territorios no independientes y de las colectividades francesas, una situación muy contrastada con múltiples experiencias de la inserción regional. La variedad de enfoques institucionales, de relaciones con las metrópolis y de culturas políticas contribuyen a la elaboración de estrategias de inserción múltiples.

Para los países que están en relación con potencias europeas se agrega una diversidad de posicionamiento respecto de la Unión Europea. Además, como estos países constituyen, en su mayoría, colectividades humanas particulares, son verdaderos procesos de afirmación de las identidades que pueden desarrollarse, a pesar de que no están claramente presentadas de esta forma.

En tal contexto se puede observar tanto un proceso de instrumentalización del espacio del Caribe a los fines de afirmación de las identidades, como un proceso de elaboración de una estrategia regional, el primer proceso es justamente muchas veces la primera etapa de la afirmación.

Los territorios no independientes y las colectividades subnacionales no encuentran solamente dificultades para elaborar una estrategia común, también para coordinarse, hasta cuando dependen de una metrópolis. Pues se tratan de múltiples procesos que se implementan y que hacen emerger una situación caracterizada por su complejidad, en un momento en el cual los razonamientos unificadores tienden a desarrollarse.

Las consecuencias pueden ser pesadas en cuanto a la construcción del espacio. Como ejemplo, el estallido de las Antillas neerlandesas y la implementación progresiva de los colectivos ligados a los Países Bajos interpelan la AEC en cuanto al seguimiento a dar a los problemas de representación. La evolución de las colectividades francesas, en particular con la aparición de nuevas colectividades (San Martín y San Bartolomé), plantea problemas de esta naturaleza.

 El gran reto

El espacio del Gran Caribe, por esta multiplicidad de estrategias, es un espacio tanto en construcción como en deconstrucción. Encontrar el factor unificador a través de los diferentes proyectos que se desarrollan es un desafío a enfrentar.

Eric Nabajoth es catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de las Antillas y de la Guyana (UAG). Doctor en Ciencias Políticas, ha ejercido numerosas funciones administrativas y de enseñanza durante su carrera en esta universidad. Además, enseña las materias relacionadas con los gobiernos comparados y las relaciones internacionales. Desarrolla sus investigaciones en el Centro de Análisis Geopolítico e Internacional (CAGI) de la UAG sobre las cuestiones relativas a la integración, la cooperación y la mundialización.

Notas

Este texto es la adaptación de la conferencia dictada por el catedrático Eric Nabajoth en Funglode, el 29 de septiembre de 2010. La traducción es de Claire Guillemin.

1 En efecto, la Caricom diferencia en su seno dos categorías de países según su situación económica: Países más desarrollados (M.D.C.) y Países menos desarrollados (L.D.C.).

2 Nota de la traductora: Derecho de la Comunidad Europea.

3 Traducción libre: “Les frontières sont du temps et du politique inscrits dans l’espace”.

4 Traducción libre: “Borne”.