Artículo de Revista Global 15

El DR-Cafta y el EPA con Europa: similitudes y diferencias

La República Dominicana enfrenta en estos momentos una fase decisiva de negociación del nuevo esquema comercial que regirá sus relaciones con la Unión Europea a partir de 2008. Se trata de la más importante negociación comercial que el país efectúa desde el tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica. Una comparación entre estos acuerdos puede ser de gran utilidad.

El DR-Cafta y el EPA con Europa: similitudes y diferencias

La República Dominicana, junto a los demás países miembros del Cariforo, está en la fase crucial de negociación del nuevo esquema comercial que regirá sus relaciones con la Unión Europea (UE) a partir de 2008. Esta negociación, que deberá concluir con la firma de un Acuerdo de Asociación Económica (EPA por sus siglas en inglés) a más tardar en diciembre de 2007, es la más importante negociación comercial que el país efectúa desde la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica. En tal sentido, aun faltando bastante para conocer y evaluar las condiciones específicas que se derivarán de un posible EPA, una comparación entre estos acuerdos puede ser de gran utilidad.

Empezando por los aspectos similares entre ambos acuerdos, resulta obvio que tanto el DR-CAFTA como el EPA implican una negociación para la liberalización del comercio de bienes y servicios con contrapartes que tienen un grado de desarrollo mucho mayor al nuestro. En ambos casos, el resultado es el cambio de un régimen comercial preferencial unilateral y temporal, por uno bilateral con carácter de permanencia y de acuerdo a las normativas de la OMC.

En cuanto al origen de las negociaciones, tanto en el caso del DR-CAFTA como del EPA, la iniciativa no surge como consecuencia de la implementación de una estrategia nacional proactiva para buscar alternativas de crecimiento y de expansión de nuestro comercio internacional. Más bien ambas negociaciones han sido definidas por factores externos ante los cuales no ha quedado otra alternativa que reaccionar en consecuencia para evitar la erosión de nuestras preferencias comerciales y la potencial pérdida de la competitividad con respecto a terceros países, tanto en el mercado de Estados Unidos como en el de Europa.

En lo que se refiere al contenido de los aspectos comerciales, al igual que en el DR-CAFTA, la negociación de un EPA incluirá, no sólo la liberalización bilateral del comercio de bienes, sino también de los servicios, además de la negociación de aspectos sobre propiedad intelectual y de los denominados temas de Singapur que incluyen inversión, compras del sector público y política de competencia.

Ambos esquemas comerciales constituyen una herramienta política importante para justificar y promover los procesos de reforzamiento institucional necesarios que permitan atraer un mayor flujo de inversión extranjera y, al menos en teoría, deben conducir a un incremento de la competencia en el mercado nacional, donde los consumidores deberán ser los mayores beneficiados.

En cuanto a las diferencias entre ambos esquemas comerciales, podemos decir que a diferencia del DR-CAFTA, cuya negociación tuvo un enfoque estrictamente mercantilista y cuyo objetivo principal era la apertura del mercado nacional, la negociación del EPA tiene un énfasis más desarrollista. En este sentido, unos de los principios estipulados en el EPA es que la liberalización comercial deberá hacerse en función de los requerimientos y condiciones necesarias para fomentar el desarrollo económico de los países del Caribe ACP. Por ello, el proceso de liberalización que resultará del EPA no es un fin en sí mismo, sino que deberá enmarcarse dentro de los objetivos y posibilidades de desarrollo económico sostenible definido por los países del Cariforo. El EPA se basa en el reconocimiento explícito de otorgar trato especial y diferenciado a las economías de menor desarrollo económico, al tenor del artículo 37.7 del Acuerdo de Cotonou que establece que “las negociaciones tendrán en cuenta el nivel de desarrollo y la incidencia socioeconómica de las medidas comerciales en los países ACP, y su capacidad para adaptarse y para ajustar sus economías al proceso de liberalización”.

Por otro lado, aunque aún se debate la creación de un mecanismo de compensación financiera específico dentro del texto del EPA, existe el entendimiento entre las partes negociadoras de que una implementación exitosa de este acuerdo debe ir acompañada de un paquete de asistencia financiera no reembolsable dirigido a compensar el costo del ajuste estructural derivado del proceso de liberalización arancelaria de los países ACP y de los cambios institucionales necesarios, así como a mejorar la capacidad de producción de bienes exportables, en calidad y cantidad, al mercado europeo a través de programas destinados a incrementar la competitividad de los sectores productivos nacionales. En este contexto, la Unión Europea ha incrementado el monto de la cooperación al desarrollo para el X Fondo Europeo de Desarrollo para el período que va del año 2008 al 2013. Es muy poco lo que se puede decir que el DR-CAFTA proporciona en este sentido.

Otra diferencia significativa entre ambos procesos es que la promoción del proceso de integración regional como vía para expandir el comercio es un objetivo explícitamente definido en el proceso de negociación del EPA, mientras que en el DR-CAFTA esto nunca fue un tema de discusión particular en las negociaciones.

Así como es ridículo plantear que el DR-CAFTA es la panacea para la República Dominicana y que sin él la economía del país corre el riesgo de colapsar, es absurdo pensar que la implementación de un EPA cambiará radicalmente el monto, estructura y destino de las exportaciones dominicanas en el corto plazo, o que reducirá sustancialmente la dependencia del mercado norteamericano en el mediano o largo plazo.

Ambos acuerdos son meros instrumentos de política comercial y los resultados positivos de su implementación no están garantizados bajo ningún concepto. Ambos plantean muchos retos y algunos potenciales beneficios. El éxito o fracaso de la implementación deberá evaluarse dentro del contexto de los propios acuerdos.

Es precisamente en este sentido que un EPA podría ofrecer mejores posibilidades de éxito que el DR-CAFTA, ya que resultaría lógico estimar que hay una alta probabilidad de que el incremento de las exportaciones dominicanas al mercado estadounidense que se derive de la implementación del DR-CAFTA será menor, en términos relativos, que el aumento de las exportaciones nacionales al mercado europeo que se produzca en el contexto del EPA.

La razón principal de lo anterior es que la capacidad de exportación de la República Dominicana hacia Estados Unidos ha venido siendo explotada, en gran medida, dentro de las facilidades de acceso que ofrecía la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), y el DR-CAFTA sólo ofrece una mejora marginal de ese acceso, sin brindar apoyo directo a la estructura productiva y a la capacidad de oferta exportable del país. Sin embargo, con el EPA al menos existe la posibilidad de mejorar sustancialmente la calidad del acceso al mercado europeo y, al mismo tiempo, se procura aprovechar dicha mejora mediante el apoyo concreto a la capacidad de oferta del país, vía programas de asistencia técnica y financiera al sector privado.

En el caso del EPA, la República Dominicana participa de manera conjunta con los demás países del Cariforo, desde el inicio de todo el proceso de negociación. Esto implica un ejercicio de negociación diferente al del DR-CAFTA, ya que los intereses dominicanos tienen que ser consensuados e incorporados dentro de la estrategia regional, junto con los demás países del Cariforo. Esta estrategia determinará los parámetros de las negociaciones con la UE, negociaciones que estarán a cargo de un colegio de negociadores integrado por expertos caribeños de los diferentes países de la región.

La región del Caribe, a través de la Maquinaria de Negociaciones Comerciales del Caribe (CRNM por sus siglas en inglés) ha definido los objetivos que garantizan que los aspectos de la dimensión del desarrollo estén presentes en el resultado de las negociaciones de un EPA caribeño. Estos aspectos que se articulan entren sí son: 1) mayor y mejor acceso al mercado europeo; 2) reglas comerciales y de inversión favorables y; 3) apoyo financiero al desarrollo.

A pesar de que las negociaciones del EPA se realizan a través de un cuerpo colegiado, para el sector privado dominicano resultan más transparentes y accesibles que la modalidad en que se desarrollaron las discusiones bilaterales del DR-CAFTA. De esta forma, en el proceso EPA no existe el infame “cuarto adjunto” al cual se debía limitar el sector privado nacional en las sesiones negociadoras del DR-CAFTA. En el caso del EPA, el sector privado tiene derecho a presenciar y supervisar directamente las sesiones de negociación con la Comisión Europea, garantizando que lo que previamente fue acordado a escala nacional y regional sea lo que se plantee en la mesa de negociaciones, y evitando así las desagradables sorpresas que sucedieron al proceso del DR-CAFTA.

Los sectores productivos nacionales se han venido integrando activamente en las negociaciones del EPA con la UE a través de los mecanismos de participación definidos por el sector oficial, en particular el Comité Nacional de Negociaciones Comerciales (CNNC) y la Cancillería.

Subestimar las negociaciones del EPA sobre la base de que Europa representa apenas un 10% del destino de nuestras exportaciones sería un grave error estratégico. No hay que olvidar que las inversiones europeas y el comercio de servicios han venido creciendo sostenidamente en los años recientes y todavía hay bastante potencial sin explotar.

El país tiene mucho que ganar desde el punto de vista económico, comercial y político de un resultado exitoso de las negociaciones del EPA. Pero también tiene mucho que perder si no se logra negociar un acuerdo en términos comerciales mucho más favorable que el DR-CAFTA. Hay que tomar en consideración que mientras Estados Unidos constituye más un país importador tradicional de bienes dominicanos, la UE es una potencia exportadora de bienes y servicios de alto consumo en la República Dominicana. En consecuencia, la negociación de un EPA plantea un serio reto que requerirá la activa y permanente coordinación de las autoridades gubernamentales con los sectores productivos del país, así como la concertación de los intereses ofensivos y defensivos nacionales como parte de la agenda de negociación conjunta en el marco del Cariforo.

Iván Ogando Lora es economista y diplomático dominicano con especialización en Política Económica y Relaciones Internacionales. Dirigió la Unidad de Programación del Cariforo en Guyana y se desempeñó como director ejecutivo de la Secretaría Administrativa del alca. Es el coordinador de las negociaciones de los acuerdos de asociación económica en la Maquinaria Regional de Negociaciones Comerciales con sede en Barbados.