Artículo de Revista Global 42

El mito del crecimiento económico y el desafío político

Reflexionemos sobre qué significa en realidad “crecer económicamente” y entonces influir en la variación positiva del PIB de un país. Entender lo que hay detrás del crecimiento económico es el punto de partida para los que quieren conocer la teoría y las prácticas del decrecimiento.

El mito del crecimiento económico y el desafío político

A pesar de un crecimiento económico con una tasa promedio de 5.4% anual en los últimos 50 años, en la República Dominicana el poder económico, social y político sigue en manos de unos pocos generándose, de este modo, mayor desigualdad y mayor exclusión en todos los niveles, y “convirtiendo al desarrollo humano en una cuestión de poder, cuando debería ser una cuestión de derechos”.¹ Esta fue la principal tesis del Informe de Desarrollo Humano 2008, elaborado por la Oficina de Desarrollo Humano del Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el país, y sigue siendo válida.

Al repensar las estrategias de desarrollo entonces deberíamos comenzar a pensar si realmente el crecimiento, y entonces su medición a través del producto interno bruto (PIB), deba seguir siendo nuestro norte, nuestra guía entre las tormentas y el declive del ecosistema terrestre. Si mirásemos atentamente cómo se calcula el PIB, tanto en la República Dominicana como en todos los países del mundo, nos daríamos cuenta que en realidad la variación del PIB no es una medida de desarrollo, de enriquecimiento o de mejoras de los estándares de vida, sino una medida de destrucción, creación de desigualdades, empobrecimiento y de empeoramiento de las condiciones de vida. Al mismo tiempo dejaríamos de utilizar los eufemismos “crecimiento negativo” o “crecimiento cero” para empezar a utilizar una palabra clave: decrecimiento.

Lamentablemente esta palabra está casi completamente borrada del vocabulario de uso cotidiano como si fuera intrínsecamente negativa. Lo que hay que hacer es crecer: porque crecer es bueno, crecer genera riqueza, crecer genera empleo, crecer significa desarrollo y mejoras en la calidad de vida de cada uno de nosotros. Pero ¿es realmente, así como nos lo quieren pintar?

Sobre todo durante las últimas dos décadas y desde los países más desarrollados (o enriquecidos) se están difundiendo, tanto a nivel académico como entre las organizaciones de la sociedad civil global, teorías y prácticas en favor de un decrecimiento sustancial de las economías mundiales, como necesaria respuesta a las profundas inequidades, a la continua explotación de los recursos humanos y naturales, y al mito de la sociedad de consumo que el actual sistema económico y financiero ha ido creando sobre todo durante los últimos 60 años. Poner en duda aquello que todos los Gobiernos, los grandes medios y las organizaciones internacionales defienden sistemáticamente, el mito del crecimiento y con esto la idea de que “primero hay que crecer y después entonces podremos redistribuir”, es sin duda un trabajo arduo. Pero aún más difícil es revertir esta tendencia y convencer a los ciudadanos que decrecer de manera ordenada y razonada nos convendría ahora, pero sobre todo convendría al planeta y a sus futuros hijos. Nuestros hijos.

Sobre la teoría del decrecimiento

La teoría del decrecimiento viene desarrollándose paralelamente a un general repensamiento que identifica en la economía y más específicamente sus dimensiones productivas y de consumo, los principales núcleos duros que hay que atacar y remodelar según las nuevas exigencias y los nuevos desafíos mundiales: tanto políticos, como económicos, sociales, culturales y sobre todo ambientales. Pensar que podamos seguir creciendo en un mundo de recursos limitados, pensar en seguir poblando las ciudades y dejar el campo o pensar en lo que podemos consumir diariamente sin preguntarnos qué significa cada una de nuestras acciones, para la próxima generación, es lo peor que podríamos hacer, y lamentablemente, desde la expansión del capitalismo es lo que hemos estado haciendo.

En este artículo quiero lanzar algunos mensajes que nos ayuden a reflexionar sobre qué significa en realidad “crecer económicamente” y entonces influir en la variación positiva del PIB de un país. Entender lo que hay detrás del crecimiento económico es el punto de partida para los que quieren conocer la teoría y las prácticas del decrecimiento. Al final de estas pocas páginas surgirá espontánea una pregunta: ¿de verdad crecer mejora nuestras condiciones de vida? Quizás entonces se genere a través de este medio un debate sano y serio sobre los patrones de producción y consumo que todos (hasta los Gobiernos en sus declaraciones oficiales) coinciden en tener que revertir pero que pocos se atreven de verdad a cambiar cotidianamente. El decrecimiento puede ser la clave.

Como subrayan los teóricos del decrecimiento, ² a diferencia de lo que se cree comúnmente, el PIB no mide el aumento de bienes y servicios producidos por un país, sino solo el aumento de aquellas mercancías que se intercambian con dinero. Con esto, felices los bancos. El crecimiento del PIB, lamentablemente, es considerado en nuestras sociedades como un sinónimo del bienestar: mayor es la cantidad de mercancías que puedes comprar con dinero y mayor es tu calidad de vida. Sin embargo, “no siempre las mercancías son bienes, porque en el concepto de bien hay una connotación cualitativa –algo que ofrece una ventaja– que por el contrario no pertenece al concepto de mercancía […] Pero no necesariamente los bienes son mercancías, porque se puede producir algo útil sin intercambiarlo por dinero, sino para utilizarlo o para donarlo”. En nuestras sociedades el valor de cambio es el determinante, mientras que el valor de uso ha perdido totalmente su importancia. Si no lo creen, pregunten a los españoles sobre la burbuja inmobiliaria que ha desencadenado su crisis más profunda.

Los productos autoproducidos, autoconsumados o donados de una huerta colectiva, el cuidado de niños o ancianos dentro del circuito familiar o de los vecinos, no aumentan el PIB; pero no hay dudas que sean bienes o servicios que mejoran nuestra calidad de vida. Si, al contrario, compramos los productos en un supermercado o contratamos a una niñera, esta actividad económica se contabilizaría en el PIB. El dinero entonces hace crecer el PIB, el amor y la confianza hacia un familiar o un vecino, no.³

Quien tiene más dinero es más rico, pero ¿si tiene que comprar todo sin saber producir nada, de verdad es más rico? ¿De verdad su calidad de vida es mejor? Quien depende de los demás para cualquier cosa, ¿es de verdad más rico? El yogurt o el queso autoproducidos son de óptima calidad; no tienen conservantes y son ricos en bacterias; no tienen que ser transportados y no necesitan empaques de plástico. Entonces reducen las emisiones de CO2 generadas por la industria correspondiente y evitan el aumento de basura. Los productos auto-producidos no llevan consigo un intercambio monetario, no necesitan carburante ni embalajes para ser transportados al supermercado, entonces hacen disminuir la demanda de estos tipos de mercancías. Hacen que el PIB disminuya. ¿Entonces qué? ¿Crecer o decrecer? ¿Consumo o autoproducción? ⁴

Está claro que no podemos pensar en autoproducir todo lo que necesitamos. Tienen que existir intercambios mercantiles en este mundo, pero la autoproducción ayudaría a disminuirlos y a tejer redes sociales y comunitarias más fuertes. “La palabra ‘comunidad’, formada por la unión de las palabras latinas cum, que significa con, y menus, que significa don, indica un grupo de personas fundado en intercambios no mercantiles, en el don y la reciprocidad, en lazos sociales más fuertes de los exclusivamente mercantiles que conectan los miembros de una sociedad. Mayor es la incidencia de los intercambios fundados en el don y en la reciprocidad, menores son los intercambios mercantiles y el crecimiento del producto interno bruto”. ⁵

Quien sigue todas las modas impuestas por la publicidad consume mucho más que aquellos que no las siguen. Los que siguen las modas inducidas, entonces, generan más crecimiento. Si consideras que tu pelo es “malo” ayudarás a hacer crecer la economía yendo al salón una vez a la semana; si no sabes disfrutar de tu cuerpo y de tu alma para ser feliz seguirás condicionando tu felicidad a la capacidad de compra de mercancías; si estás feliz con lo que tienes no haces crecer el PIB, pero si te sientes insatisfecho entonces sí lo haces crecer. Según el modelo cultural que nos obligan a vivir, “una sociedad que valore la variedad de cuerpos y de expresiones corporales de la belleza es más pobre que una que tenga estándares estrechos, rígidos, e inaccesibles para la mayor parte de la población […] Cuantas más personas se perciban a sí mismas como feas, más crecerán la industria cosmética y la industria quirúrgica de la belleza. Cuanto menos conforme estén las personas con sus cuerpos, mas crecerá el sistema económico”. ⁶ ¿Qué está midiendo entonces el PIB si no la insatisfacción y la fealdad inducida?

En este sentido, la insatisfacción y la “necesidad” de mantener ciertos niveles de desigualdad están estrechamente ligadas entre ellos: “La desigualdad introduce la comparación y con ella la idea de necesidades ilimitadas […] La realidad es que las ‘necesidades’ ilimitadas creadas desde la desigualdad hacen crecer el sistema económico en un planeta que tiene límites”. ⁷

Las mercancías, ¿necesidades reales?

La sobriedad en la compra de mercancías, como las vestimentas, responde a necesidades reales y no a necesidades inducidas. Dejar de comprar mercancías inútiles no se hace por “valores” o “nobles motivaciones”, sino simplemente para vivir mejor: no renuncio a la televisión, sino decido que es mejor usar el tiempo de manera menos idiota. La sobriedad reduce el PIB, ¿pero estamos de verdad seguros que no mejore la calidad de nuestra vida? Este razonamiento vale también para el cuidado y el mantenimiento de todo lo que compramos: “El cuidado de los objetos y equipamientos empobrece las naciones. Si alguien conserva su coche durante veinte años tras un adecuado mantenimiento, está cometiendo casi un delito para su país, pues no ayuda a dinamizar la economía. Por eso los Gobiernos dedican ingentes cantidades de dinero a estimular que la gente vea como inservibles sus coches medio nuevos y los cambie por nuevos del todo. Cuanto menos se cuidan las cosas, mayor es la actividad económica”. ⁸

La sobriedad, que en un mundo de sabios es manifestación de inteligencia, sabiduría y sobre todo de autonomía de decisión, en el sistema económico que se basa en el crecimiento es un enemigo que hay que borrar de la opinión pública. ¡Consumid, consumid! Es la contraseña.

Si la industria de la minería extrae minerales de la corteza terrestre se cree que el país está “produciendo” ese material y naturalmente el PIB crece proporcionalmente. “La confusión entre extracción y producción que regularmente muestra el sistema económico tiene fatales consecuencias, pues vaciar la ‘despensa’ de la biosfera se contabiliza como algo positivo […] Se llega a la paradoja de que cuanto más se esquilma un territorio, más ‘rico’ es considerado. La degradación de la corteza terrestre es buena para la economía”, ⁹ porque hace crecer el PIB.

Un bien común es de todos y no es de nadie, entonces no se contabiliza. Pero al privatizarlo entra dentro de los cálculos económicos. “Aunque una playa pública no puntúa en el sistema económico, si alguien le pone una valla y cobra por entrar, entonces se considerará ‘producción’. Cuantas más vallas tiene un país, más ‘rico’ y ‘desarrollado’ es”. ¹⁰ Si conduces por autopistas y carreteras vacías gastas menos gasolina que si conduces por calles transitadas donde cada dos minutos te paras media hora por un tapón. Tu consumo de gasolina alimenta la industria extractiva y la refinería, y con eso naturalmente influye en el crecimiento del PIB. Pero ¿estás de verdad seguro de que tu calidad de vida está aumentando cuanta más gasolina consumas, y cuanto más te quedas embotellado?

Si se construyen nuevas carreteras de asfalto o nuevas infraestructuras de cemento el PIB crece, pero la lluvia ya no penetra el suelo, no alimenta los acuíferos, los ríos, las fuentes y los pozos subterráneos y solo fluirá a través de los alcantarillados hacia los ríos, los mares y los lagos. De esta manera, cuando necesitaremos agua solo podremos recogerla de las fuentes de montaña, embotellarla en botellas de plástico, cargarla en camiones que gastan gasolina y contaminan, y transportarlas por ahí y por allá para alimentar a los supermercados de las ciudades y los pueblos. Si tomas agua embotellada estás haciendo crecer, entre otras actividades, las industrias de producción de botellas de plástico y entonces ayudarás el crecimiento del PIB. Si la toma de la fuente no te cuesta nada, pero no haces crecer el PIB. ¹¹ “Si el agua del río se contamina porque una industria vierte sus residuos a su curso, los habitantes que viven río abajo se verán obligados a dejar de beber el agua cercana y tendrán que comprar agua embotellada en el supermercado. Al comprarla será contabilizada como actividad económica, lo que no sucedía al beberla de forma directa cuando estaba limpia […] El agua contaminada hace ‘crecer’, por tanto, el sistema económico. Un país se considerará más rico si sus recursos naturales sanos y abundantes han sido deteriorados. Un bosque quemado contribuye más al PIB que un bosque vivo. El aire contaminado de la ciudad impulsa la construcción de segundas residencias en el campo. La playa insalubre hace más atractiva la instalación de piscinas”. ¹² Está claro que el PIB mide la destrucción, no el desarrollo, entendido como mejoramiento de las condiciones de vida.

Si tu estado de salud es bueno, si vives en un entorno saludable, si tu trabajo y tu estilo de vida no te estresan, si la multinacional de turno no inventa nuevas “gripes genéticamente modificadas” necesitarás cada vez menos un médico o una farmacia. Eso significa que harás cada vez menos transacciones monetarias para resolver tus problemas de salud. Si estás bien no haces crecer el PIB, si estás mal sí. ¿Qué te están pidiendo entonces los grandes poderes económicos, por ejemplo, las farmacéuticas, para seguir “creciendo”? Naturalmente que estés mal, no que estés bien. Una sociedad en silencio no hace crecer la economía, pero sin duda alguna mejora la calidad de la vida.

Una sociedad en paz y sin guerras no hace crecer la economía, porque todo el sistema productivo militar y los otros procesos económicos a ello conectados estarían parados. ¿Entonces qué? ¿Crecer o decrecer? ¿Guerra o paz? “Una población cohesionada, con un espacio compartido por diferentes personas y poco peligroso, proporciona menos ‘riqueza’ que un espacio hostil”. ¹³ Una sociedad que se tiene miedo a sí misma “producirá” sistemas y equipos de seguridad, alarmas y cámara de vigilancia, dará empleo a los policías privados, a productores de las puertas de seguridad, etc. Si aumenta el miedo aumenta el PIB. Hay que generar mensajes de inseguridad, hay que mantener las desigualdades que pueden generar envidia y odio. Michael Moore nos lo explicaba claramente en Bowling for Colombine.

¿Te quedaste perplejo? ¿Qué es lo que estás pensando? ¿Qué nos están engañando cada día desde los simples términos del lenguaje hasta en los aparatos productivos nacionales y mundiales? Que creas o no los mensajes que acabo de lanzarte, la realidad está frente a tus ojos.

Dos mundos

Es normal que un repensamiento tan radical de la vida cotidiana parta desde teóricos del viejo continente o de países enriquecidos donde el decrecimiento empieza a ser una necesidad vital pero difícilmente visible. Continente viejo porque envejece, no se mueve, no crece, está casi paralizado. ¿Será bueno esto? Que estas teorías salgan desde Europa no significa que desde sociedades como las latinoamericanas no se puedan abrazar los mismos procesos.

Es más, los países donde el campesinado y la producción agrícola aún tienen su peso pueden tener mucha más facilidad para implementar las prácticas del decrecimiento empezando por la autoproducción y la autogestión que aseguran una vida de calidad seguramente mayor a la que podría vivir cualquier obrero asalariado y esclavizado en las zonas francas, cuyas acciones cotidianas se resumen en: emplearse para obtener un sueldo monetario, gastarse este sueldo para sobrevivir. Es más, ya no valen declaraciones como: “ustedes países desarrollados han crecido y se han desarrollado por todo este tiempo y ahora quieren que nosotros países en desarrollo o emergentes no sigamos el mismo camino para alcanzar el mismo grado de desarrollo”. ¿De verdad todos los pueblos del mundo deberían alcanzar el grado de desarrollo del pueblo sueco? ¿De verdad el sueño de cada dominicano es irse a vivir a Estados Unidos o España convirtiéndose en esclavo de un sistema de producción y consumo destructivo e insostenible? Quizás entonces sea justamente este el momento para empezar a revertir el modelo.

Llevamos décadas pensando en un nuevo modelo, pero lo que ha quedado claro es que no existe otro modelo, solo existen otros modelos acordes con las realidades específicas de cada comunidad. Pero también existe la posibilidad, y nadie nos lo había dicho antes, que pensar en otro modelo no sea la salida. Y que cualquier modelo que pensemos nos llevaría al mismo lugar, porque finalmente se basa siempre en las mismas necesidades. Los teóricos del decrecimiento, en pocas palabras, defienden esta visión: el del cambio de necesidades.

Para que quede más claro, termino con un ejemplo muy emblemático que Maurizio Pallante explica en La Decrescita Felice. La qualitá della vita non dipende dal PIB (El decrecimiento feliz. La calidad de la vida no depende del PIB): en Italia, sobre todo durante los años setenta y ochenta, se generó un encendido debate entre los que apoyaban la opción del nuclear y los que preferían la energía solar como respuesta al aumento considerable de la demanda de energía por parte del sistema productivo y de la misma población. Los unos y los otros defendían la eficacia de los dos sistemas de producción de energía y la eficiencia de las correspondientes inversiones que el Estado italiano debería haber hecho para responder a las “necesidades” de sus ciudadanos.

Ya en aquel entonces, pero naturalmente invisibilizados por el sistema, sus medios masivos y los partidos políticos (tanto de derecha que de izquierda), los teóricos y partidarios del decrecimiento consideraban que el problema estaba totalmente desenfocado: según ellos, la cuestión no era cual de los dos modelos de generación iba a ser el más eficiente y más sostenible para responder al crecimiento de las necesidades energéticas del país. La cuestión era que la manera más eficaz y eficiente (tanto en el corto como en el largo plazo) para mantener un desarrollo humano y sostenible en el país no era generar aún más energía (de cualquier manera se quisiera generar, con centrales nucleares o con fuentes renovables) sino reducir radicalmente la necesidad de energía a través de la transformación de los patrones productivos y de consumo, y también a través de la reducción de los tremendos derroches que un sistema de gestión, almacenamiento y distribución de energía, hijo del crecimiento, estaba generando (y así sigue) a lo largo del territorio italiano. ¿Entonces qué? ¿Buscamos otro modelo de crecimiento o empezamos a decrecer?

Marco Coscione es investigador asociado a Funglode, licenciado en Ciencias Internacionales y Diplomáticas por la Universidad de Génova y máster oficial en “América Latina Contemporánea y sus relaciones con la UE: una cooperación estratégica” (Universidad de Alcalá e Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, Madrid). En abril de 2011 ha publicado Comercio justo en la República Dominicana: café, cacao y banano, editado por la Fundación Global.

Nota

  1. ODH-PNUD (2010: ix, vol. 1), Política social: capacidades y derechos. Análisis y propuestas de políticas sociales en República Dominicana, Oficina de Desarrollo Humano del PNUD en la República Dominicana a solicitud del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, Santo Domingo.
  2. Entre los principales podemos nombrar el francés Serge Latouche, el italiano Maurizio Pallante y el español Carlos Taibo.
  3. Pallante, Maurizio (2011: 17-19).
  4. Pallante, Maurizio (2011: 29).
  5. Cembranos, Fernando, “Decrecimiento e indicadores económicos. Perdidas que hacen crecer el PIB”, en Carlos Taibo (dir.) (2010), Decrecimientos. Sobre lo que hay que cambiar en la vida cotidiana, Los Libros de la Catarata, Madrid, p. 175.
  6. Cembranos, Fernando (2010: 176).
  7. Cembranos, Fernando (2010: 173).
  8. Cembranos, Fernando (2010: 173).
  9. Cembranos, Fernando (2010: 172).
  10. Cembranos, Fernando (2010: 172).
  11. Pallante, Maurizio (2011: 10).
  12. Cembranos, Fernando (2010: 173).
  13. Cembranos, Fernando (2010: 173).

MÁS DE ESTE AUTOR


De la “guerra del banano” a la lucha por la sostenibilidad: los pequeños productores de comercio justo de las islas Barlovento

Cuando los pequeños productores caribeños de comercio justo piensan en las políticas comerciales europeas lo primero que les llega a la mente es la llamada «guerra del banano», un proceso de desencuentros y negociaciones que empezó en 1991 y terminó (por lo menos hasta el momento) en el 2012. Los productores de las islas de Barlovento sufrieron todas las consecuencias negativas del «libre comercio» y no les quedó otra opción que empezar a tejer relaciones solidarias con los circuitos del comercio justo. En este artículo revisitaremos los principales acontecimientos de esta disputa comercial internacional para entender lo que puede significar una respuesta del «fair trade» al «free trade».
Leer artículo completo

Paro agrario en Colombia: ¿presagio de lo que vendrá?

En agosto de 2013, los campesinos colombianos lograron sorprender y despertar a todo el país. A través de varias semanas de paro, bloqueos y manifestaciones obligaron la sociedad a volver la mirada hacia el campo, sus actores, sus problemáticas y sus productos. Frente a una inicial actitud «negacionista» por parte del Gobierno, el movimiento campesino supo mantenerse firme y fortalecer, cada día más, sus acciones y los vínculos con otros gremios y articulaciones urbanas. En este artículo se recorren los principales acontecimientos del paro agrario nacional e intentaremos vislumbrar sus principales causas y sus perspectivas desde el punto de vista del movimiento social.
Leer artículo completo

Los desafíos del comercio justo latinoamericano: una aproximación a partir de la Declaración de Río de Janeiro

Desde sus primeros pasos a finales de los años cuarenta, el movimiento por un comercio justo ha recorrido varios caminos y experimentado notables cambios. En los últimos años, frente a varios problemas internos (como, por ejemplo, la deriva del sistema certificado Fairtrade del principio original de defensa del pequeño productor organizado), los productores del Sur, especialmente los latinoamericanos, están impulsando un profundo cambio de dirección. El enfoque Norte-Sur está dejando espacio a enfoques Sur-Norte y Sur-Sur. Este artículo proporciona una visión latinoamericana sobre los futuros desafíos del movimiento por un comercio solidario, con justicia y equidad.
Leer artículo completo

Diálogo de paz en Colombia. Primer punto de la agenda «Política de desarrollo agrario integral»

El 26 de mayo del 2013, el Gobierno de Colombia y las FARC-EP informaron que habían alcanzado un acuerdo sobre el primer punto de la agenda del diálogo de paz. Sin embargo, este compromiso, «Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma rural integral», solo se hará público en el momento de la firma del acuerdo final. En este informe especial, intentaremos proporcionar un detallado cuadro sobre la cuestión agraria y los desafíos actuales del desarrollo rural en Colombia, el tema estructural que está en el origen del conflicto armado.
Leer artículo completo

América Latina en movimiento: nuevas construcciones desde abajo

Desde finales del siglo pasado, actores populares y movimientos sociales protagonizan el panorama político de muchos países de la región. ¿Qué se entiende por «nuevos movimientos sociales» y cuál es son las características de los actores latinoamericanos? Este artículo nos da algunas pistas para entrar en un mundo en plena ebullición que está desafiando, cada día más, sistemas políticos, económicos y sociales en decadencia, en los cuales, sin embargo, aún estamos llamados a participar. ¿Cómo será nuestra futura participación?
Leer artículo completo

Entrevista a Sócrates Moquete

Dominicano, arraigado hace casi 20 años en Brasil, es profesor de Economía y Ciencias Políticas y director del Departamento de Ciencias Económicas de la Universidad Estatal de Santa Cruz en Ilheus, estado de Bahía. En la entrevista explica la construcción de incubadoras donde se gesta la economía solidaria para esta región productiva.
Leer artículo completo