Artículo de Revista Global 4

El modelo europeo para el Norte del Hemisferio Occidental

La idea de crear la comunidad de América del Norte que incluiría a Canadá, Estados Unidos y México, ya ha sido planteada anteriormente. Esta nueva contribución trata de ensanchar el concepto para incluir a Centroamérica y el Caribe. Como modelo, la Unión Europea, y como resultado, la Comunidad del Norte del Hemisferio Occidental (CNHO).

El modelo europeo para el Norte del Hemisferio Occidental

Muchos dirán que el planteamiento que se hace en este artículo es puramente teórico, de realización imposible, que representa una sugerencia no realista, un sueño, una utopía. Una quijotada. Sin embargo, ¿quién hubiese dicho en 1945, al finalizar la II Guerra Mundial, que después de dos guerras entre sí, con apenas 20 años de distancia entre ellas, surgiría el libre comercio y la libre movilidad de la mano de obra y del capital entre Francia y Alemania? ¿Quién hubiese pensado que hoy día en una Unión Europea que se acaba de ampliar para incluir a los antiguos países de Europa del Este, existiría un Banco Central Regional, una moneda común que sustituiría al marco, al franco y a la peseta, un Parlamento y una legislación comunitaria que implican que toda Europa ha aceptado ceder soberanía nacional para que aspectos fundamentales de su vida sean decididos no a nivel nacional, sino a nivel de la comunidad?

¿Quién hubiese dicho hace 40 años, en 1964, que en nuestro país el turismo representaría el sector más importante de todos, con un 18% del PIB y que la agropecuaria bajaría para apenas significar un 5%? ¿O que nos convertiríamos en una economía de servicios, y no de producción primaria?

¿Quién hubiese imaginando en 1964 que un país que vivía del azúcar, el café y el cacao, 40 años después, dependería del turismo, las remesas y las ensambladoras?

¿O quién hubiese conjeturado en 1945 que las colonias británicas del Caribe no sólo serían países independientes, sino que conformarían una comunidad económica basada en el libre comercio y también una comunidad política? ¿Y quién, en 1974, hubiera sospechado que el comunismo en Europa caducaría debido a una implosión interna?

La respuesta es que nadie hubiese pensado que todo eso era posible, por lo que se pide indulgencia ante esta propuesta. Se trata de algo que no ocurrirá ni en el corto ni en el mediano plazo. Yo, personalmente creo que no lo veré, quizás mis hijas y con toda probabilidad mis nietas, pues es algo no sólo plausible, sino política y económicamente conveniente a esta región en que los canadienses, americanos, mexicanos, centroamericanos y caribeños nos ha tocado vivir.

 

Proceso de integración

Los economistas que han desarrollado y propagado la teoría del libre comercio

y los que concibieron los principios de la integración económica, plantearon un proceso

de integración que tendría esencialmente 4 etapas:

  1. El libre comercio de mercancías entre un grupo de países, eliminándose los aranceles, las cuotas y otras trabas. Es lo que hoy día se conoce como Tratados de Libre Comercio (TLC). Es el caso de Canadá, México y Estados Unidos (el NAFTA) y el recién firmado acuerdo entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos, así como los acuerdos bilaterales entre nuestro país y Centroamérica y nuestro país con CARICOM.
  2. Unión Aduanera. La adopción por un grupo de país es de un arancel común externo. El grupo de naciones que ya firmó el libre comercio posee un mismo arancel único con respecto a productos que provengan de terceros países. En esta unión aduanera los productos de terceros países llegan a la región por cualquiera de sus países, pues pagan el mismo impuesto, no importa por donde entren. Los ingresos aduaneros son compartidos entre los miembros de la unión. Es el caso de la Unión Aduanera Centroamericana.
  3. En el Mercado Común, se permite el libre movimiento de la mano de obra entre los países de la región, así como del capital. Es el caso el Mercado Común Europeo, donde un portugués podía decidir vivir y trabajar en Alemania, por ejemplo.
  4. En la Unión Económica, se adopta una moneda común, el caso del euro, se armonizan las políticas económicas, fiscales y sociales y se decide ceder soberanía a favor de organismos regionales, como el caso del Parlamento Europeo. Ese proceso puede eventualmente terminar en una unificación política al estilo de una Federación o Confederación de Países, como es el caso de Estados Unidos, México y Suiza, donde una serie de estados se confederaron para crear un solo país, manteniendo cada uno, sin embargo, cierta autonomía política.

La teoría económica plantea que el libre comercio entre países ricos y pobres puede provocar un proceso de polarización de los beneficios a favor de los primeros. Con la unificación política de Estados Unidos, después de su Guerra Civil, por ejemplo, el distanciamiento económico entre el Sur agrícola y el Norte industrializado se acentuó, en vez de reducirse; y lo mismo ocurrió con la unificación política entre el Norte y el Sur de Italia. Esa misma teoría plantea la necesidad de que exista simultáneamente la libre movilidad no sólo de bienes, de servicios y de capital, sino también de la mano de obra, para que así se beneficien todos los países.

Para evitar esa polarización se han establecido varios mecanismos de compensación que, desde el principio, fueron adoptados por la UE:

  1. Una menor velocidad por parte de los países pobres en lo referente a su obligación de abrir sus economías al comercio regional. Es lo que en nuestro hemisferio los países pequeños del Caribe han denominado tratamiento diferenciado y asimétrico y que insisten debe de existir dentro del ALCA, es decir, en el acuerdo que eventualmente crearía el libre comercio desde Canadá hasta la Argentina. En Europa recibieron ese tratamiento Grecia, España, Portugal y Turquía.
  2. Creación de un fondo, con recursos de los país es más ricos de la comunidad, para ser invertido en obras de infraestructura física en las naciones menos desarrolladas. Con recursos alemanes, franceses, etcétera, se financiaron carreteras y otras obras públicas en España, país que condicionó su incorporación a la comunidad a que se estableciese el “Fondo de Cohesión” para obras de intraestructura. De ese fondo también se nutrieron Grecia, Irlanda y Portugal.
  3. Utilización de fondos parecidos para programas de educación vocacional en los país es menos desarrollados.

Aplicando estos principios, la Unión Europea se ha convertido en el único proceso exitoso de integración económica hasta la fecha. No sólo la región ha crecido, sino que la distancia entre países pobres y ricos se ha reducido, de forma tal que los miles de españoles, turcos y griegos que se fueron a trabajar a Alemania en los años 70 han vuelto a sus respectivos países, encontrando empleo bien remunerado.

El miedo a la migración masiva dentro de la comunidad económica, que prevaleció cuando se firmó el Tratado de Roma en el año 1957, ha desaparecido. La migración, legal o ilegal, se reduce y hasta se revierte como resultado del acercamiento entre los niveles de salarios e ingresos de los país es miembros. En la Unión Europea de hoy día tan sólo un 2% de la población busca empleo en otro país de la comunidad. En los Estados Unidos un 10% de la población busca empleo en otro Estado de la Unión. John Kenneth Galbraith, economista nacido en Canadá y profesor de Harvard recordaba: “Me crié en el Suroeste de Ontario donde se nos enseñó que el patriotismo canadiense no debería de aguantar más de un diferencial salarial de cinco dólares. Si era mayor, nos íbamos a trabajar a Detroit”. Los dominicanos que toman la yola no han oído hablar de Galbraith, pero siguen su consejo.

Puerto Rico es un buen ejemplo de cómo el libre movimiento de la mano de obra, junto con aportes económicos federales para promover la educación y la infraestructura física e incentivos fiscales, recrearon en el Caribe la experiencia de la integración económica europea. Allí hasta ha tenido lugar, al igual que en Europa, un flujo migratorio al revés, desde el continente americano hacia la isla.

 

Sólo la etapa inicial

En contraste, en la parte Norte del hemisferio occidental no se han seguido los principios de la teoría económica antes expuesta. Tan sólo se han puesto en vigencia acuerdos de libre comercio; es decir, la etapa inicial, mas no las posteriores. En Europa, desde la firma del Tratado de Roma se plantearon los objetivos de las etapas ulteriores. En nuestra región, Estados Unidos mantuvo una política de apertura comercial exclusivamente a escala mundial, es decir a través del GATT y la OMC hasta 1982, cuando por primera vez creó privilegios regionales por medio de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI) y luego firmó su TLC con Israel. Más tarde surgió el TLC entre Canadá y Estados Unidos, luego un acuerdo tripartito entre estos dos países y México; más tarde un acuerdo entre Canadá y Costa Rica y entre México y Centroamérica y, finalmente, un Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos.

Cuando Washington y Ottawa negociaron con México, el tratamiento diferenciado y asimétrico fue muy débil en lo que se refiere a una menor velocidad para que México se abriese al libre comercio. El NAFTA fue el primer acuerdo importante de libre comercio entre países ricos y uno pobre y ese principio apenas se aplicó. Aunque en el NAFTA existe el Banco de Desarrollo de Norteamérica, éste no cuenta con recursos para construir obras públicas en México o invertir allí en la educación, pues está limitado a proyectos medioambientales en la frontera.

El presidente Salinas, para  convencer al Congreso norteamericano sobre las bondades del NAFTA, planteó que la opción norteamericana era crear posibilidades de empleo para los mexicanos en México, o sufrir aumentos en la migración ilegal. Pero en realidad, y a pesar del NAFTA, la emigración ilegal por la frontera mexicana, lejos de reducirse, ha aumentado durante los primeros 10 años de su implementación. Los pequeños campesinos productores de maíz del Sur, por ejemplo, no pudieron competir con las importaciones norteamericanas y optaron por emigrar.

Los estudios serios que se han efectuado sobre el impacto del NAFTA sobre México durante sus primeros diez años (de 1994 a 2004) indican1 que aunque los beneficios para México exceden las pérdidas, y aunque el comercio regional (México-Canadá-Estados Unidos) ha crecido enormemente y el propio NAFTA ha contribuido a la mejoría del sistema político mexicano, no es menos cierto que, como ya era anticipable por lo que indica la teoría económica, ha aumentado la distancia entre los niveles salariales de México y Estados Unidos.

Además, mientras entre los años 1994 y 2002 surgieron en México 500,000 nuevos empleos industriales, muchos de ellos gracias al NAFTA, en la agricultura se perdieron 1.3 millones de empleos. El aumento de la productividad tampoco se ha reflejado en el nivel real de sueldos. La migración ilegal ha aumentado, el medio ambiente se ha degradado y la deforestación ha crecido. El NAFTA, además, ensanchó la brecha entre los niveles de ingreso de los Estados del Sur y los del Norte de México.

Se supone que el ALCA sustituiría los ya múltiples acuerdos sub-regionales, como el NAFTA y como el de Centroamérica y nosotros con Estados Unidos, pero todavía se desconoce el contenido real del ALCA y su fecha de puesta en vigencia es también muy incierta. Además, el propio ALCA no pasará de ser un simple tratado de libre comercio a escala hemisférica, sin las antes referidas etapas posteriores de integración económica.

En conclusión, las telarañas de Tratados de Libre Comercio actualmente en vigencia no son las formas adecuadas de promover el libre comercio en nuestro hemisferio, como ya lo demuestran los 10 años de experiencia de México.

 

La propuesta

La propuesta de este artículo es que aprendamos de los europeos y establezcamos la Comunidad del Norte del Hemisferio Occidental (CNHO), que estaría integrada por Canadá, Estados Unidos, México, Centroamérica (incluyendo Panamá), República Dominicana, Cuba, Haití y los países del Caribe angloparlante. Esta no es una idea nueva y ni siquiera totalmente mía. Ya personalidades como el profesor Robert Pastor, quien trabajó en la Casa Blanca para el Presidente Carter, ha planteado la creación de la comunidad de América del Norte2, pero que incluiría tan sólo a Canadá, Estados Unidos y México. Jorge Castañeda, el ex canciller mexicano, también ha planteado una idea similar. Mi contribución es la de ensanchar ese concepto para incluir a Centroamérica y el Caribe.

En esta Comunidad del Norte no sólo existiría el libre comercio de bienes (sujeto al tratamiento diferencial y asimétrico), el libre comercio de servicios y capitales, sino que prevalecería también el libre movimiento de mano de obra, o por lo menos un tratamiento migratorio muy especial para los mexicanos, centroamericanos y caribeños por parte de Canadá y Estados Unidos y que podría incluir programas de trabajadores temporeros y la legalización de los indocumentados.

Nótese que la AFL-CIO, el principal grupo sindical norteamericano, ha cambiado de actitud y ahora favorece la migración. Existiría un arancel común externo y eventualmente se adoptaría el dólar como moneda regional en base a que todos compartiríamos proporcionalmente los beneficios del señoreaje, a pesar de la tendencia secular del dólar canadiense de depreciarse con relación al dólar americano. El profesor Herbert Gruber de Canadá ha propuesto la adopción de una nueva moneda, al estilo del euro y que se denominaría “amero”. Canadá y Estados Unidos aportarían recursos para mejorar la infraestructura física y la educación del resto de la comunidad, fondos que podrían ser administrados por el BID.

Dado que actualmente la oposición a este esquema es muy fuerte tanto en Canadá como en Estados Unidos –la misma oposición que existía en Europa hace 50 años en torno a las mismas ideas– y dada la gran cantidad de recursos que tanto Estados Unidos como Canadá tendrían que transferir al resto de la región, es lógico que esta comunidad tenga limitaciones geográficas, pues mientras más regiones y países abarque, más difíciles serían los problemas a resolver. Pero además existen otros factores adicionales para justificar esta selección y esta limitación geográfica.

  1. La cercanía geográfica. Se trata de todos los países que componen el Norte del hemisferio occidental.
  2. Factores geopolíticos. México, Centroamérica y el Caribe son considerados como el backyard (el jardín de atrás) de Estados Unidos, como dicen los académicos norteamericanos. No es éste un concepto inventado recientemente por un político dominicano en viaje por Europa. También se nos considera la “blanda barriga” de Norteamérica y, además, constituimos la segunda y tercera frontera de Estados Unidos. En términos militares y geopolíticos es una zona muy estratégica para Washington. No es una coincidencia que absolutamente todas las intervenciones militares norteamericanas en nuestro hemisferio han tenido lugar en México, en dos países centroamericanos, en Cuba, en Haití (tres veces), en la República Dominicana (dos veces) y en Granada.
  3. Estados Unidos posee bases militares en Guantánamo y Puerto Rico. Esta última isla, parte de las Islas Vírgenes y Navassa son parte integral del territorio norteamericano.
  4. Si nos olvidamos de las Islas Malvinas, los únicos países en este hemisferio que junto con Canadá han sido y son parte de la Mancomunidad Británica, con una vieja tradición de vinculación a Inglaterra, están en el Caribe.
  5. En todo nuestro hemisferio los países cuya mayor proporción de población reside en Canadá y Estados Unidos, son los del Caribe, Centroamérica y México. Muchos de estos emigrantes ya son ciudadanos canadienses o norteamericanos con derecho a votar en esos países. Ese voto es importante en Montreal, Miami, California y Nueva York, para citar sólo algunos lugares. Son muchos los oficiales electos en Canadá y Estados

Unidos que son de origen caribeño, centroamericano o mexicano.

  1. En comparación con el resto del hemisferio occidental, la mayor proporción del comercio de Estados Unidos y Canadá es precisamente con el Caribe, Centroamérica y México, y esa proporción tiende a aumentar con el tiempo.
  2. Los mayores flujos turísticos de Canadá y Estados Unidos son con México, Centroamérica y el Caribe.
  3. De la misma forma que en Europa se inició la integración con la creación de la comunidad del carbón, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, un plan energético de la Comunidad podría abarcar los recursos de Canadá, Estados Unidos, México y Trinidad y Tobago.

Bajo este esquema de la Comunidad del Norte del Hemisferio Occidental (CNHO), el libre comercio realmente beneficiaría a todos. No bajo el ALCA, o bajo una telaraña de acuerdos sub-regionales como los que ya han firmado Canadá, Estados Unidos y también México con Centroamérica y el Caribe. Lo que hay que hacer es profundizar la integración económica y no seguir ampliándola geográficamente, pues mientras más países estén envueltos, más difícil será la profundización, es decir, el paso de simples TLC a una comunidad económica.

En Europa los siete países fundadores profundizaron su integración hasta crear la Comunidad Europea y sólo recientemente auspiciaron la ampliación para incluir a 12 países de Europa del Este. El ALCA no es incompatible con la Comunidad del Norte del Hemisferio Occidental, pero mientras más se atrás e la comunidad y más se adelante el ALCA, más difícil será crear la primera.

Reiteramos que somos los primeros en reconocer la oposición a estas ideas tanto en Estados Unidos como en Canadá, no sólo parlamentaria, sino también de la opinión pública. En Canadá hay más cohesión social que en Estados Unidos y existe el bloque quebecois, pero Europa ha demostrado que la identidad cultural puede mantenerse. En Estados Unidos se teme que la migración hispana dé al traste con la identidad nacional. En Canadá y México se teme al dominio americano, no sólo cultural, sino también de sus recursos naturales. La política externa de Canadá es diferente a la de Washington y ésta de la de México. Ni en nuestro tratado con Centroamérica y Estados Unidos ni en el ALCA existe una cláusula democrática y esa debe de existir en la Comunidad, como existe en la OEA.

Pero hay que tener visión de futuro y comenzar a convencer a la gente de que éste es el verdadero camino a seguir. Jean Monnet, el padre de la integración europea, sugería

que había que dar varios pasos colectivos que provocasen una reacción en cadena, donde un cambio induciría a otros cambios. Yo quisiera pensar que he contribuido con un pequeño paso individual.

 

* Versión corregida de una conferencia pronunciada ante la Cámara de Comercio Domínico-Canadiense en agosto de 2004.

 

Bernardo Vega es licenciado en Economía por el Wharton School de la Universidad de Pennsylvnia. Es Miembronumerario de la Academia Dominicana de Historia, y principal ejecutivo de la Fundación Cultural Dominicana. Es autor de más de 40 libros, la mayor parte de ellos sobre historia dominicana, aunque también ha escrito novela, análisis económicos y obras sobre Arqueología. Fue embajador dominicano ante la Casa Blanca y director del periódico El Caribe.

 

Notas

1Carnegie Endowment for International Peace, NAFTA’s Promise and Reality, 2004.

2 Pastor, Robert, Toward a North American Community, Institute for International Economics. Washington, 2001.


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