Artículo de Revista Global 45

El nuevo horizonte domínico-haitiano

El terremoto del 12 de enero de 2010 desencadenó nuevas dinámicas subregionales, continentales y globales en las cuales Haití constituye el baricentro geoestratégico y la República Dominicana su satélite fundamental. Gracias al liderazgo del presidente dominicano, Leonel Fernández Reyna, al enfoque innovador del presidente de Haití, Michel Martelly, y al excepcional apoyo de la comunidad internacional, los dos países tienen en la actualidad una oportunidad histórica, quizás irrpetible, de innovar sus relaciones político-económicas. El autor analiza desafíos y oportunidades estratégicas, también plantea escenarios creativos de una alianza ganar-ganar

El nuevo horizonte domínico-haitiano

El 12 de enero de 2010 la tierra tembló en Haití y tocó la profundidad de los corazones dominicanos. En toda su potencia, la destrucción que sufrió Haití abrió una serie de puentes, visibles e invisibles, sobre el río Masacre y a lo largo de la frontera binacional. El impacto físico y emocional del seísmo cambió irreversiblemente la dinámica de las relaciones entre Haití y la República Dominicana, creando nuevas oportunidades y nuevos desafíos en los planos nacionales, regionales y globales.

En un impulso de solidaridad, rapidez e intuición política, el presidente dominicano, Leonel Fernández Reyna, fue el primer jefe de Estado en visitar Puerto Príncipe para expresar la cercanía del pueblo dominicano a los líderes y al hermano pueblo de Haití. Haití y la República Dominicana, dos países tan distintos, culturalmente tan ricos, geográficamente tan cercanos, aún tan alejados por décadas de aislamiento, indiferencia y animosidad, se juntaron esta vez en un fuerte abrazo solidario que sentó las bases del nuevo horizonte binacional del siglo XXI.

La respuesta, inmediata, masiva y determinada de toda la sociedad dominicana abrió una nueva fase de cooperación bilateral en áreas críticas como la diplomacia, la economía, el comercio, la inversión, el medio ambiente, la inmigración, la seguridad y el Estado de derecho. Para facilitar la ayuda internacional –que estuvo prácticamente paralizada por la destrucción de los puertos y aeropuertos de Haití– el Gobierno dominicano abrió un corredor humanitario a través de la frontera y permitió abrir en Santo Domingo una oficina de enlace y un centro de apoyo logístico a la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah), la cual también sufrió graves pérdidas humanas e infraestructurales, sobre todo en Puerto Príncipe.

La excelente colaboración del Gobierno dominicano con la Minustah ha permitido facilitar el diálogo y la cooperación estratégica entre varias entidades gubernamentales, legislativas, policiales y del sector privado de ambos países. Esta colaboración resultó eficaz para impulsar y coordinar la asistencia internacional para Haití; por ejemplo, en el marco de la reunión preparatoria para la Conferencia Internacional de Donantes (Nueva York, marzo de 2010) y de la Cumbre sobre el Futuro de Haití (Punta Cana, junio de 2010) que fue copresidida por los mandatarios Fernández y René García Préval, junto al expresidente norteamericano Bill Clinton.

Durante todo el año 2011, los líderes dominicanos –el presidente Fernández, el canciller Carlos Morales Troncoso y el ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Temístocles Montás– han reiterado, en todas las sedes pertinentes, la necesidad de honrar los compromisos de los países donantes para financiar la reconstrucción y el desarrollo de Haití. En este marco, la construcción y entrega –en tiempos record– del moderno campus universitario Henri Christophe, en la Limonada (Cabo Haitiano), constituye una de las expresiones más nobles de la participación de la República Dominicana en la reactivación y el desarrollo humano del hermano pueblo de Haití.

El poder del pueblo haitiano

La destrucción provocada en Puerto Príncipe, Jacmel y Leógane no fue solo el efecto de un seísmo de magnitud 7.0 en la escala de Richter, sino también el resultado de décadas de dictadura, mal gobierno y corrupción. Mientras en la década de 1950 el producto interno bruto haitiano era similar al de la República Dominicana, los efectos de la depredación, devastación, miopía política e inadecuación de sus líderes han hecho de Haití el país más pobre del hemisferio occidental, y una sociedad con índices de desarrollo humano entre los más bajos del planeta1. La historia de este liderazgo inadecuado, de un Estado fallido, del aislamiento internacional, ha sido desafortunadamente agravada, más recientemente, por múltiples crisis económicas, institucionales y ambientales. A pesar de todo esto, el pueblo haitiano siempre ha demostrado una inenarrable fortaleza, creatividad, elasticidad, y un poder de recuperación fuera de lo común.

No obstante la tensión que siempre ha caracterizado sus relaciones con la República Dominicana, Haití supo abrir esta vez sus brazos a la solidaridad del país vecino. En los meses siguientes al terremoto, el presidente Préval recibió la oferta de apoyo del Gobierno dominicano para coordinar la ayuda internacional y preparar varias reuniones de donantes.

Por otro lado, ya desde el comienzo de su campaña electoral, el presidente Martelly ha puesto las relaciones haitiano-dominicanas como la principal misión de su agenda de política exterior. El mandatario demuestra su interés no solamente con declaraciones, ha viajado cinco veces a Santo Domingo y a la zona fronteriza: como candidato presidencial, luego como candidato a la segunda vuelta, como presidente electo y finalmente como presidente de la República de Haití. En este sentido, desde sus primeros pasos en el escenario político internacional, el presidente Martelly ha demostrado coherencia y una clara visión estratégica de las relaciones bilaterales.

Gracias al liderazgo de ambos presidentes –Fernández y Martelly–, hoy en día las relaciones domínico-haitianas viven uno de los mejores momentos desde la independencia de ambas naciones. Como es notorio, este acercamiento –esta alianza ganar-ganar– ha sido el resultado de un proceso largo y a veces doloroso. Sin entrar en un análisis histórico detallado, me permito proporcionar, a continuación, algunos elementos constructivos para la consolidación de las relaciones binacionales en tres ámbitos fundamentales: a) inmigración y economía, b) frontera y comercio, c) integración bilateral y regional.

La inmigración haitiana

Las relaciones entre Haití y la República Dominicana han estado históricamente marcadas por el conflicto y la confrontación. Durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo (1930-1961) se construyó una ideología antihaitiana basada en la hipótesis de re-ocupación de la República Dominicana. El temor de una invasión pacífica, no a través de las armas sino de la ocupación lenta, sistemática del territorio dominicano por medio de la inmigración clandestina, ha sido y sigue siendo uno de los factores más influyentes en la evolución de las relaciones bilaterales.

En La fiesta del Chivo –obra literaria por excelencia sobre Trujillo y el trujillismo–, el premio Nobel Mario Vargas Llosa describe bien esta psicosis de la élite dominicana de la época: “Miles de miles, afincados en haciendas, descampados y caseríos. Han desplazado a la mano de obra dominicana […] A lo largo de Dajabón, Elías Piña, Independencia y Pedernales, en vez del español sólo resuenan los gruñidos africanos del creole […] El vudú, la santería, las supersticiones africanas están desarraigando a la religión católica, distintivo, como la lengua y la raza, de nuestra nacionalidad […].”

Más recientemente, la afirmación de las doctrinas de los derechos humanos ha introducido poderosos factores ideológicos e incrementado la sensibilidad política y de derecho internacional de las relaciones domínico-haitianas. Varias organizaciones no gubernamentales han denunciado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos supuestas violaciones de las autoridades dominicanas, complicando consecuentemente los escenarios de resolución de esta sensible controversia binacional. Así mismo, es relevante subrayar que el legado de décadas de tensión, suspicacia y conflicto permanece en la cultura insular, perpetuando la fragilidad de los equilibrios sociales entre las dos naciones. Incidentes recientes en la frontera haitiano-dominicana, que han causado por lo menos cinco muertos y varios heridos de ambas nacionalidades, no deben ser subestimados en un análisis holístico de las relaciones binacionales.

Esta contraposición entre invasión pacífica, de un lado, y violación de los derechos humanos, por el otro lado, constituye el epicentro de las relaciones políticas entre Haití y la República Dominicana, y es allí donde hay que consolidar los esfuerzos de resolución nacional, con el apoyo integrado de la comunidad internacional.

Un paso fundamental en esta dirección fue la firma, por el presidente Fernández en noviembre de 2011, del nuevo marco regulatorio de la Ley General de Migración que fue aprobada en 2004. Este nuevo instrumento jurídico de control de la inmigración permite finalmente brindar más garantías laborales a los trabajadores extranjeros (por ejemplo, el seguro de salud), aunque todavía es temprano para evaluar su impacto efectivo sobre las economías y relaciones binacionales. Sin embargo, creo que el actual momento histórico es propicio para que las cancillerías de ambos países elaboren nuevos mecanismos para regular el sensible tema migratorio de una manera moderna y creativa a la luz –no de las divergencias del pasado– sino de las nuevas dinámicas y oportunidades económicas y comerciales del siglo XXI.

En este contexto, los dos Gobiernos deberán determinar si la Comisión Mixta Bilateral (CMB) –entidad creada por los presidentes Balaguer y Préval hace 17 años– constituye el mecanismo más adecuado para gerenciar de manera innovadora esta compleja cuestión bilateral. Sería también importante que los dos Gobiernos aseguren que la falta de resolución del tema migratorio no impida avanzar en otras importantes cuestiones de interés común –como salud, medio ambiente, aduanas y comercio– que evolucionan de todas maneras fuera del marco de la inoperante CMB.

Frontera y comercio

Otro aspecto fundamental, y un área de grandes oportunidades para el crecimiento sinérgico de las dos economías, es el manejo de la frontera y de las relaciones comerciales bilaterales.

Durante la dictadura de Trujillo, la frontera haitiano-dominicana fue marginada económicamente, despoblada y militarizada.

Fue solamente a partir de la década de 1980 que las relaciones interestatales se modificaron en el marco multilateral que condujo al ingreso de ambos países en el Acuerdo de Lomé IV en diciembre de 1989. Este proceso de acercamiento se detuvo durante el período del embargo impuesto al gobierno militar que derrocó al presidente

Jean-Bertrand Aristide, entre 1991 y 1994. Sin embargo, el intercambio comercial bilateral siguió intensificándose endógenamente con la construcción de importantes obras infraestructurales y la creación de varios mercados binacionales a lo largo de la frontera (Ouanaminthe-Dajabón, Belladére-Elías Pina y Malpasse-Jimaní). Otro elemento clave fue la construcción, con capital dominicano, del parque industrial de la zona franca de Ouanaminthe, que ya provee empleo a cerca de seis mil haitianos, con perspectivas de creación de quince mil puestos de trabajo en el próximo quinquenio.

En este contexto, es importante subrayar el rol clave de la Unión Europea (UE) que ha financiado, y sigue financiando, la reconstrucción de varias carreteras nacionales y transfronterizas, y la remodelación de los mercados binacionales, sobre todo en el norte de la frontera. La reciente aprobación por parte de la Comisión Europea de un nuevo, más integrado y ambicioso programa binacional (2012-2015) constituye una oportunidad histórica, y quizás irrepetible, de normalización e innovación de las relaciones bilaterales en por lo menos cuatro renglones fundamentales de las relaciones insulares: infraestructura transfronteriza, desarrollo local, CMB y promoción del sector privado.

En estas dos últimas áreas –CMB y sector privado– la Minustah ha realizado un trabajo de apoyo al secretariado ejecutivo de la CMB y al sector privado dominicano, a través, por ejemplo: del análisis de temas de interés binacional, la presentación del representante especial y el ministro de Economía, Planificación y Desarrollo a los mayores grupos y asociaciones empresariales dominicanas, y la provisión de información estratégica a las 13 embajadas establecidas en la República Dominicana y concurrentes en Haití que representan un poderoso conjunto de empresas privadas potencialmente interesadas en la reconstrucción y reactivación haitiana.2

En este contexto, las autoridades de ambos países tienen la oportunidad histórica de analizar–junto a las entidades internacionales involucradas: Unión Europea (UE), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Banco Mundial (BM), Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Corporación Financiera Internacional (IFE) y Caribbean Export Development Agency (CEDA), entre otras– las ventajas comparativas de los instrumentos de gestión binacional ya existentes (en particular la CMB), y la creación de nuevos mecanismos, quizás más innovadores, para articular las nuevas relaciones comerciales y empresariales binacionales del siglo XXI.

La introducción de ciertas innovaciones políticas por el presidente Martelly y el canciller Laurent Lamothe –por ejemplo, el concepto de business diplomacy y la creación del Presidential Advisory Council on Economic Growth and Investment (PACEGI)– responden a estas nuevas dinámicas político-económicas globales y constituyen una oportunidad para ambos países de replantear su relaciones comerciales de una manera más efectiva y beneficiosa.

Nuevos horizontes binacionales

El terremoto del 12 de enero de 2010 ha creado nuevas dinámicas subregionales, continentales y globales en las cuales Haití constituye el baricentro geoestratégico y la República Dominicana su satélite fundamental.

El liderazgo de los presidentes Fernández y Martelly –con el apoyo del expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, los dos representantes especiales del secretario general de la ONU, Edmond Mulet y Mariano Fernández Amunátegui, y otros actores claves– ha logrado articular intereses a veces divergentes en favor de la refundación del Estado y de la sociedad haitiana.

Esta tendencia excepcional, irrepetible y, a mi juicio, no sostenible en el largo plazo, ha permitido desarrollar un escenario estratégico en los cuales pueden coexistir múltiples liderazgos y políticas exteriores en un encomiable esfuerzo común de solidaridad en favor del pueblo haitiano.

Así como el expresidente Clinton indicó en Punta Cana, Haití es quizás el único escenario regional donde los intereses de Cuba, Estados Unidos y Venezuela coinciden. Así se puede constatar que los intereses de todas las demás potencias y grupos regionales –Brasil, Colombia, Chile, Uruguay; la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), la Comunidad del Caribe (Caricom) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur)– han podido armonizar sus políticas y acciones en Haití.

En este extraordinario abrazo de solidaridad global, Haití ha recibido también el apoyo de más de cuarenta celebridades del mundo del espectáculo, del deporte y de la moda mundial: una poderosa concentración de personalidades, medios y filantropía que ningún otro país haya jamás desencadenado en todo el planeta.

Sin embargo, múltiples y simultáneas dinámicas globales –políticas, económicas y militares–parecen indicar que esta excepcional alianza global se desvanecerá en el mediano y largo plazo. En lo político, la gradual estabilización y el fortalecimiento del Estado de derecho de Haití harán cada vez más difícil para los Gobiernos donantes justificar, ante sus parlamentos y opiniones públicas, el mantenimiento del apoyo financiero, humanitario y militar para Haití.

En lo económico, la crisis financiera europea, la lenta recuperación estadounidense y otros escenarios de crisis en el Magreb y Medio Oriente determinarán una reducción significativa de la ayuda financiera internacional a Haití. Como ejemplo, el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado una reducción del presupuesto, personal y tropas de la Minustah a partir de junio de 2012.

En lo militar, varios países importantes que aportan tropas a la ONU –como Brasil, Chile y Uruguay– han expresado la intención de retirar paulatinamente sus militares de Haití durante los próximos años. A la luz de esta dinámica, y aun percibiendo la preocupación de varios países y actores internacionales, considero apropiado ponderar el proyecto del presidente Martelly de reactivación de las Fuerzas Armadas de Haití. Afirmo esto por dos razones principales: a) el retiro de la Minustah requiere un Estado haitiano capaz, no solamente de producir leyes y políticas públicas para el desarrollo, sino también dotado de instituciones capaces de asegurar su legalidad y ejecución en todo el territorio nacional; b) junto con una Policía Nacional moderna y profesional (y en este sector se están obteniendo considerables resultados gracias al apoyo de la Minustah y de otros actores internacionales), Haití necesita un cuerpo de seguridad –quizás no necesariamente un ejército– especializado en la protección de los recursos naturales, la asistencia a la población en caso de desastre naturales y el control de la frontera domínico-haitiana. El ejemplo de los carabinieri italianos o de la Gendarmería Nacional Argentina podría ser, entre otros, útiles modelos de referencia.

Frente a este complejo conjunto de oportunidades y desafíos, Haití y la República Dominicana tienen la posibilidad, y el apoyo internacional suficiente, para incrementar sus esfuerzos de acercamiento e integración. En particular, la República Dominicana podrá jugar un papel central en:

  • Regular los flujos migratorios haitianos y el comercio transfronterizo con base en instrumentos jurídicos y ejecutivos modernos y eficaces;
  • Facilitar la participación de Haití en los mecanismos de integración subregional, tales como la Asociación de Estados del Caribe (AEC), el Foro del Caribe (Cariforum) y el Sistema de Integración Centroamericana (SICA);
  • Favorecer joint ventures, la cooperación Sur-Sur y la cooperación triangular con el sector privado dominicano e internacional;
  • Reflexionar con las autoridades haitianas y la comunidad internacional sobre el rol de la CMB y de otros instrumentos bilaterales, incluyendo la creación de una plataforma común de competitividad. Haití deberá continuar sus esfuerzos de ruptura del tradicional aislamiento internacional, fortalecer su Estado de derecho y modernizar su economía y sociedad a través de grandes alianzas y proyectos públicos-privados en áreas estratégicas como: educación, energía, telecomunicaciones, minería, agricultura y turismo.

En toda su complejidad, el próximo lustro será de grandes oportunidades para los pueblos haitiano y dominicano. A medida que la comunidad internacional reduzca su compromiso en Haití, la República Dominicana jugará un papel aún más importante en la estabilización, reactivación y desarrollo sostenible de su vecino insular. Por esto, los países y organismos donantes deberán innovar su cooperación, sus políticas y programas de apoyo estratégico, técnico y financiero para consolidar la colaboración e integración binacional en áreas claves como: el Estado de derecho, la seguridad ciudadana y la sinergia empresarial.

Inspirados por el enfoque binacional de la UE, serán siempre más numerosos los donantes –como ya lo son el BID, Canadá, Italia y Noruega– que consideran a los dos países como dos realidades integradas. Independientemente de quien gane las elecciones presidenciales de la República Dominicana en mayo de 2012, la evolución positiva de las relaciones binacionales seguirá, a mi juicio, consolidándose. La perspectiva de un mercado común de 20 millones de ciudadanos, el sueño de una isla de La Hispaniola próspera, integrada, con liderazgo político, económico y cultural en el Caribe, se vislumbra en el horizonte domínico-haitiano de este comienzo de milenio.

Enzo di Taranto es el oficial principal de enlace de la Minustah con sede en Santo Domingo. Hasta enero de 2010 dirigió la campaña mundial UNITE, del secretario general de la ONU, y el Network of Men Leaders, que incluye ex jefes de Estado, primeros ministros, cancilleres, premios Nobel, líderes civiles y celebridades del mundo del deporte, de la música y del cine. Desde 1993, Di Taranto se ocupa de relaciones domínico- haitianas apoyando el intercambio estratégico entre los gobiernos, parlamentos y sectores privados de ambos países, a través de varias asignaciones internacionales, en coordinación con la Unión Europea, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y los principales donantes bilaterales.

Notas

Este artículo es una elaboración del autor a partir de su exposición ante la Comisión Euro-Latinoamericana del Parlamento Europeo (Eurolat) y no refleja la opinión oficial de la Minustah.

1 En el 2011, Haití se situó en el puesto 158 –sobre 187 países– en la clasificación de lo indicadores de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

2 Las 13 embajadas establecidas en la República Dominicana y concurrentes en Haití son: Colombia, Corea, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Israel, Italia, Japón, Perú, Países Bajos y Reino Unido.