Artículo de Revista Global 89

El presidente de los afectos

Hijo de una nueva era de la política lusa que empezó con la Revolución de los Claveles el 25 de abril de 1974, que sustituyó un régimen corporativo por la actual república unitaria semipresidencialista, el abogado, profesor y actual presidente de Portugal Marcelo Rebelo de Sousa ha sorprendido a compatriotas y vecinos continentales por su estilo y carisma que apelan a la cercanía y al afecto.

El presidente de los afectos

La política del mundo actual se caracteriza por la teatralidad que los gobernantes y los políticos muestran en las redes sociales. Sin duda, está protagonizada por un tosco Nicolás Maduro y un grosero Donald Trump, obsesionado este último con ser el centro de atención. Contrarrestando estas desagradables actuaciones, está un presidente a quien podríamos denominar “el espectáculo por antonomasia”. por un lado, es un hombre carismático, cualidad que le viene de su padre, ligado a la política, y por el otro, un hombre generoso, virtud que heredó de su madre, una asistenta social. Estamos hablando de nada más y nada menos que Marcelo Rebelo de Sousa, el actual presidente de Portugal, conocido por sus conciudadanos como «el presidente de los afectos».

La vida política en Portugal

La Revolución del 5 de octubre de 1910 llevó a la fundación de la Primera República, convulso período de apenas unos 16 años en el que Portugal tuvo 45 gobiernos, vivió varias dictaduras y vio el asesinato de uno de sus líderes, Sidónio Pais. A esto hay que sumarle que el costo de la vida se multiplicó por 25 mientras la moneda perdió el 97% de su valor en oro.

Más de una docena de años como protagonista de la política nacional en un periodo tan inestable, habían llevado al Partido Republicano Portugués (PRP) a ser el enemigo número uno del clero, la oposición y los militares, situación que motivó el acercamiento de estos y que desembocó en un golpe de Estado el 28 de mayo de 1926.

En los siguientes meses la situación política mejoró, pero la economía seguía empeorando, acercándose al colapso. El nuevo presidente, Óscar Carmona, le ofreció la cartera de Finanzas al economista António de Oliveira Salazar, quien pidió poder absoluto para decidir sobre los gastos del gobierno, y tomó el cargo el 26 de abril de 1928. Ante la sorpresa de todos, el nuevo ministro equilibró el presupuesto y estabilizó la moneda, catapultándose al estrellato nacional.

La inestabilidad política volvería en 1929 y se mantendría hasta 1932, situación que beneficiaba al ministro de Finanzas, quien ofrecía soluciones políticas y financieras cuando el momento lo demandaba. La carrera de Salazar culminó el 5 de julio de 1932 con la designación de primer ministro. Sedimentó su gobierno en la doctrina social católica: la encíclica papal Quadragesimo anno (Pío XI, 1931) le dio la base de su sistema corporativista, y la encíclica Rerum novarum (León XIII, 1891) le granjeó el respeto de los sindicatos, al afirmar que eran parte del orden natural, como la familia, y que por lo tanto no podían ser negados ni por el Estado ni por los empleadores.

Bajo la dirección de Salazar y basado en la certeza de que el sistema de partidos había fracasado rotundamente, un equipo de personalidades redactó una nueva Constitución que fue aprobada mediante referéndum el 19 de marzo de 1933: nacía el Estado Nuevo (Estado Novo).

Aunque el joven Estado tenía algunas similitudes con la Alemania nazi y la Italia fascista de Mussolini, Salazar se distanciaba de estos regímenes pues consideraba que el primero poseía repugnantes elementos paganos y el segundo un sistema político cesarista pagano sin límites morales ni legales. En términos prácticos, la dictadura de António de Oliveira Salazar fue de amplia base nacional (casi de unidad nacional) y condenaba el comunismo y el fascismo. El único partido político legal era la Unión Nacional, que, además de representar a los distintos grupos de interés, restringía y controlaba la opinión pública con el objetivo de preservar valores tradicionales.

Salazar estuvo al mando desde 1932 hasta 1968, año en que padeció una hemorragia cerebral que lo expulsó de la política hasta su muerte, en julio de 1970. Le sucedería Marcelo Caetano, que fue expulsado por la Revolución de los Claveles el 25 de abril de 1974. Con este movimiento de las Fuerzas Armadas se inició un período de inestabilidad política que duraría hasta 1979 y se aprobó una nueva Constitución que disolvía el régimen corporativo y lo sustituía por una república unitaria semipresidencialista.

Desde 1976 hasta 2019, los gobiernos han tenido una fuerte participación de las fuerzas de izquierda —mayormente del Partido Socialista (PS)—, quien ha compartido el protagonismo con el Partido Social Demócrata (PSD), de centro derecha. Según algunos analistas, el PS es un partido de masas tanto en términos generales como en el plano ideológico, tal y como lo demuestran la inscripción y cotización obligatorias, la base de masas, un trabajo militante regular y un aparato administrativo de tiempo completo; además de ser el partido político portugués al que corresponde con más propiedad el título de partido de atracción. A esto se le suma un programa de agregación de diversas reivindicaciones que pretende dirigirse a todo el pueblo con independencia de las clases sociales». Por su parte, el PSD es considerado un partido interclasista de influencia nacional con un ideario político pragmático, pero abierto al compromiso con las fuerzas liberal-conservadoras, más que con las fuerzas que de facto representan a la socialdemocracia en Portugal.

Carrera política

Marcelo Rebelo de Sousa decidió ser parte de la solución de los problemas de la nación portuguesa. Estudió Derecho en la Universidad de Lisboa y llegó a doctorarse en Ciencias Jurídicas. Se involucró de lleno en los medios de comunicación, y alcanzó el cargo de director del diario Expresso. Del medio impreso saltó al televisivo y radiofónico. Colaboró con la RTP (Radio Televisión Pública Portuguesa), la emisora TSF y el canal privado de televisión TVI.  Durante 15 años tuvo un programa de análisis político dominical que  conducía con inteligencia y su proverbial carisma, pero sobre todo con neutralidad. Sus comentarios estaban tan bien fundamentados que fue bautizado como «el profesor»; y no era para menos, pues es un apasionado de la lectura, que ejercita por las noches y en tres idiomas: inglés, portugués y español.

Paralela a la carrera de comunicación corría la política, la cual empezó en 1974 con el Partido Social Demócrata (PSD) y siguió con buen pie, ya que durante los años 1975 y 1976 sería diputado de la Asamblea Constituyente. El 4 de septiembre de 1981 fue nombrado secretario de Estado de la Presidencia del Consejo de Ministros durante el octavo Gobierno Constitucional presidido por Francisco Pinto Balsemão, cargo que apenas ejerció pues el 12 de junio fue designado ministro de Asuntos Parlamentarios, posición que ocupó hasta el 9 de julio de 1983.

Durante las elecciones legislativas de este último año se unió a la facción del PSD opuesta a negociar un pacto de coalición con el Partido Socialista. Presentó la candidatura en diciembre de 1989, perdiendo ante Jorge Sampaio. Pero no se desanimó. Siguió su diario vivir con la amabilidad de siempre… El 29 de marzo de 1996 fue juramentado presidente del Partido Social Demócrata, cargo que ostentó hasta el 1.º de mayo de 1999 y que compartió con el de vicepresidente del Partido Popular Europeo (1997-1999). Pero, a pesar de su activismo, su competidor histórico ——el Partido Socialista—— mantuvo su hegemonía:

En 2015 se dijo que había llegado su gran momento para competir por la presidencia de la República Portuguesa. A pesar de tan difícil meta, decidió restar de la fórmula tradicional los mítines, las pancartas y la parafernalia partidista, enfocándose en hablar honestamente con sus partidarios, abrazándolos «con calor humano» y tomándose selfies con ellos. Los miembros de la sociedad-espectáculo se maravillaban de las escenas que veían… y vivían. Marcelo Rebelo de Sousa ——hombre espectáculo por antonomasia— ganó el certamen en primera vuelta gracias al 52% de los votos.

«Marcelo», como le llaman todos, asumió el alto cargo el 9 de marzo de 2016, y . lo hizo prometiendo una «Presidencia de proximidad» que el tiempo probó haber cumplido: siguió hablando honestamente con sus compatriotas, abrazándolos con calor humano y tomándose selfies con ellos.

La sociedad-espectáculo ha hecho de Marcelo un actor de selfies por toda Portugal. Tanto así que a finales de 2018 una encuesta reveló que ya unos 300,000 portugueses tenían una foto con el mandatario, o sea, algo más del 3% de la población nacional, y otro 52% deseaba tener una. Pero no se necesitaba una cámara fotográfica para guardar una imagen con Marcelo pues la memoria propia era suficiente, como la de aquellos «sin abrigo» que eran visitados por él sorpresivamente, o los que almorzaban a su lado en comedores populares, o las familias de bajos ingresos que lo recibían en su sala.

Los catastróficos incendios del centro del país durante junio y octubre de 2017, en los que perdieron la vida más de un centenar de personas, fueron los escenarios perfectos para expresar su más pura emotividad al consolar y abrazar a quienes habían perdido sus hogares y familiares.

El presidente de los afectos

Fue a partir de las contundentes imágenes tomadas en esos momentos y difundidas por el mundo cuando se le nombró «el presidente de los afectos». Pero ¿por qué «afectos», un término sobre el que todavía no hay consenso en pleno siglo XXI? Ya en el siglo IV a. C. el filósofo griego Platón estudiaba las «mezclas» de «placeres» y «dolores» como un aspecto constitutivo del ser humano, independientemente de si se alojaban en el cuerpo, en el alma o en ambos. Su discípulo Aristóteles definió el afecto como «(lo) que nos mueve», que a diferencia de los vicios y las virtudes «no nos mueven, sino que nos disponen de cierta manera» (Ética a Nicómaco).

Marcelo es el presidente que se toma selfies con cualquier transeúnte que se lo pida, que cena en Nochebuena en la casa de una familia de bajos ingresos económicos, y que ayuda a una señora de edad avanzada a tender la ropa limpia en su patio… Sí, la «disposición que tiene una persona hacia otro ser o situación» es la característica sobresaliente del político luso.

El fenómeno mediático Marcelo inspiró la tesis doctoral de Sandra Sá Couto, profesora de la Facultad de Letras de la Universidad do Porto, titulada El presidente-celebridad, así como a la periodista Claudia Sebastião, quien escribió una biografía sobre el hombre mismo: Marcelo Rebelo de Sousa: El presidente de los afectos.

Conclusión

No es de extrañar que al cumplir tres años al frente del ejecutivo (marzo de 2019) Marcelo tuviera una popularidad del 71%: desde que llegó caminando al edificio de la Asamblea para asumir el cargo se vio que llegaba un representante extraordinario, una persona íntegra  y con un poder muy importante: el de influencia y magisterio: diciendo, proponiendo, intermediando, en privado o en público.

Al empezar el mandato, sus vecinos continentales temían el surgimiento de otra Grecia. Hoy en día ha probado ser capaz de estabilizar las cosas. Portugal ya ha asumido la presidencia de la Unión Europea en tres ocasiones (1992, 2000, 2007) y Marcelo está haciendo lo posible para cumplir dicho objetivo.

Su estilo no es el estándar de la época, pero sí de una tendencia del siglo XXI: desde un Hipólito Mejía que saludaba a sus compueblanos mientras pasea a caballo, un Vladimir Putin que visita farmacias para hablar con los dependientes y un Pepe Mujica que rehusó habitar la residencia presidencial mientras gobernaba Uruguay, optando por mantenerse en su humilde vivienda. Marcelo Rebelo de Sousa es de los que creen que el presidente de la República ya no es la imagen de primer plano de la foto central en la oficina pública, sino un hombre de carne y hueso que hace chistes, bebe vodka y cultiva flores en su jardín.

Orlando R. Martínez es escritor e investigador independiente. Redactor y columnista de La Nación y Listín Diario. Autor de Cuando un agujero en la pared es una oportunidad de negocios y El suicidio de Trujillo: Reinterpretando el magnicidio del 30 de mayo.