Artículo de Revista Global 67

En tiempos de ISIS: nuestra deuda con Evelyn Lincoln

La reciente publicación por parte de Rand Corporation del informe Amigos, enemigos y directrices futuras: las contrapartes estadounidenses en un mundo turbulento vuelve a poner sobre el tapete el viejo problema de la verdad, los sesgos y la manipulación mediática al abordar la política global. La ausencia premeditada de un enfoque histórico al analizar las causas del surgimiento y la extraordinaria capacidad de recuperación del yihadismo terrorista de isis, unida a la distorsión de los verdaderos peligros y amenazas que nos acechan, reiteran la urgente necesidad de sostener posturas independientes y un pensamiento crítico para que la lucha contra estos flagelos pueda ser eficaz. El ejemplo de la lista de posibles autores intelectuales del asesinato del presidente Kennedy, confeccionada por Evelyn Lincoln, su secretaria, puede servir de referencia positiva en esta búsqueda.

En tiempos de ISIS: nuestra deuda con Evelyn Lincoln

Es curioso que en 1963, en plena guerra fría, dos meses después del derrocamiento del presidente Bosch mediante un «golpe de Estado preventivo» para evitar –según se decía– «el avance del castro-comunismo», el presidente Kennedy fuese asesinado a balazos en las calles de Dallas, y en la lista de principales sospechosos de instigar el magnicidio, redactada por Evelyn Lincoln,[1] su perspicaz secretaria, figurasen, en primer lugar, el vicepresidente, Lyndon Baines Johnson; en quinto lugar, Richard Nixon; en octavo lugar, la cia, «por el fiasco cubano», y en décimo y último lugar, los comunistas.[2]

Más allá de las percepciones estereotipadas a la hora de percibir la fuente y el carácter de los peligros y amenazas que nos acechan, y a pesar de las vocingleras campañas de prensa para ordenarnos hacia quién dirigir nuestros miedos y fobias, existe el sentido común y el pensamiento crítico que se rebelan y nos salvan de saltar tras las falsas banderas que agitan los muñidores de turno. En efecto, a pesar de las técnicas consagradas de cómo manipular y dirigir a la opinión pública mundial, celosamente guardadas en el aún no hallado, pero sin duda existente, Manual de los golpes de Estado, o precisamente por ellas, una parte de la humanidad ha aprendido a discernir entre las medias verdades que se desmigajan para construir un falso sendero y la verdad de carácter científico, o sea, comprobable. Puede que unos agradezcan la existencia de esa fibra resistente y ese espíritu crítico y libertario, que aún nos protege a la socarrona sombra de Voltaire, mientras otros lo hagan a las de Carlos Marx, Sigmund Freud o Max Weber. Quizás se trate de un aporte de Chaplin, de Oscar Wilde o del Gore Vidal que hizo perder los estribos –durante el célebre debate televisivo de 1968– a ese atildado conservador y furibundo oponente de la contracultura y el liberalismo que se llamó William Buckley, pero lo cierto es que esa fibra y ese espíritu todavía combaten y resisten, haciéndonos menos rebaño.

En los albores del siglo xxi, con solo abrir un diario, conectarse a Internet o ver los noticiarios televisivos, asistimos a la apoteosis de las distracciones por encargo; a la saturación de elementos inconexos que difuminan la relación objetiva entre los fenómenos e impiden su análisis a profundidad. Nada tiene historia, todo brota espontánea e inexplicablemente de la nada. La fugacidad de las noticias, la avalancha tóxica de información no validada –y ni siquiera jerarquizada–, la banalidad enajenante y la cobarde deserción de los enfoques históricos y racionales son solo algunos de los males que nos asedian.

Pero pocos sucesos de carácter global han sido más manipulados y aviesamente separados de sus esencias, para con ello desviar la atención de sus verdaderas causas, carácter, promotores y efectos, como el trágico problema del yihadismo y de isis, su buque insignia.

¿Qué se nos muestra? Las noticias hablan de una tumultuosa horda de bárbaros posmodernos, atléticos y amenazantes, enfundados en uniformes negros, calzando zapatillas Nike, con el pecho cruzado por cintas de ametralladoras, y portando fusiles ak o lanzacohetes rpg-7, que se desplazan en caravanas de Toyotas, con un fondo de banderas lúgubres donde está inscrito el lema de «Afianzarse y expandirse». Mientras abaten de manera relampagueante los puestos avanzados de la civilización occidental, o mejor dicho, de todas las civilizaciones diferentes a la propia, estos guerreros barbados entonan cánticos religiosos donde se elogia el martirio y nos recuerdan, con el índice levantado, «que solo hay un Dios». De manera tierna, estos muchachos degüellan prisioneros, venden como esclavas a niñas y jóvenes cristianas, y hacen saltar por los aires las ruinas romanas de Palmira, pero su rigorismo ortodoxo y su odio a Occidente no pueden evitar que se hagan selfies o posen ante los iPhones de sus compañeros de Yihad.

Cuando Rand Corporation publicó en el presente año el reporte de Hans Binnendijk, el tercero de una serie dedicada a explorar «los elementos de la estrategia nacional capaz de guiar a la política exterior de los Estados Unidos a través de un mundo de faz vertiginosamente cambiante»,[3] bajo el título de Amigos, enemigos y directrices futuras: las contrapartes estadounidenses en un mundo turbulento, no pude menos que pensar en Evelyn Lincoln y su lista. Porque en este reporte, como era de esperar, se nos brindaba, a manera de hit parade macabro, las infaltables listas del pensamiento exprés, tan del agrado de los investigadores de tanques pensantes, y que no responden a las preguntas que nos hacemos todos sobre los orígenes, la prevención y la lucha contra fenómenos globales como el terrorismo yihadista e isis.

El autor del reporte ya citado dedica su tercer capítulo a profundizar en lo que llama, no sin un guiño cómplice a una serie televisiva de moda, «anatomía de los adversarios potenciales», ubicando entre ellos, en orden de importancia descendente, a China, Rusia, Corea del Norte, Irán, y por último, a los denominados «yihadista-salafistas».[4]

Para entender mejor la mentalidad neoconservadora que atraviesa este documento de Rand Corporation y descifrar la teleología de un análisis que se extiende a través de 184 páginas, baste decir que concluye, en la mejor tradición del fenecido Project for a New American Century, en la voraz e insaciable demanda de crecientes gastos militares y de seguridad, y en el estrechamiento del cerco debilitador del Estado, al que las grandes corporaciones, y especialmente el complejo militar-industrial, necesitan pequeño, débil y de rodillas.

La concatenación de conceptos difusos y resbalosos, unidos por una lógica discursiva a la que se tuerce constantemente el brazo, se refleja en fragmentos como el siguiente:

«En nuestros días, el desafío externo más importante que encaran los Estados Unidos es la reemergencia de una confrontación posible con otras grandes potencias, y también con los Estados-delincuentes. Cuatro de ellas son naciones-estados poseedoras de armas nucleares o con ambiciones de poseerlas (Rusia, China, Corea del Norte e Irán) y el quinto está constituido por un conglomerado de grupos de yihadistas-salafistas […] La mayoría de estos adversarios potenciales colaboran con alguna de las naciones hostiles a nosotros, reforzando el desafío a los Estados Unidos […]».[5]

Poner en la misma lista las contradicciones estadounidenses con países como China y Rusia, por solo citar dos ejemplos, y la que plantea el terrorismo yihadista es, cuando menos, un disparate. Ambas son miembros respetables de la comunidad internacional y forman parte del Consejo de Seguridad de la onu. China es la segunda economía mundial, y en este mismo reporte se reconoce que «los lazos económicos bilaterales son vitales para ambos países».[6] A pesar de ello, el autor del reporte insiste en entregarnos definiciones de dudosa credibilidad científica y elevada carga especulativa como aquella en la que, a pesar de los datos de la realidad y de la marcha de las relaciones internacionales, se concluye que «después de China, Rusia es el más formidable enemigo potencial de los Estados Unidos».[7]

Pero la suspicacia y el tremendismo que derrocha el informe cuando se refiere a China y Rusia cesan, como por encanto, cuando describe la amenaza a la que denomina «yihadista-salafista», representada principalmente por isis y Al-Qaeda:

«Los yihadistas-salafistas poseen poco poder global y no comparten interés alguno con los Estados Unidos […] Nuestras diferencias son irreconciliables, de hecho, el núcleo de su ideología está formado por el rechazo a la globalización y a los valores occidentales.[8] Sus capacidades militares convencionales son limitadas, sin embargo, representa una grave amenaza para los intereses globales de los Estados Unidos y su territorio […] A largo plazo, su amenaza potencial podría quedar reducida debido a su desunión interna y su extremismo, lo que le ha restado apoyo de numerosos musulmanes […]».[9]

Pero los hechos de la cruda realidad global desmienten afirmaciones como esta, mezcla de candidez e irresponsabilidad.

Solo en 2015, isis fue capaz de llevar a cabo graves atentados terroristas en cinco continentes (Europa, América, Asia, Australia y África), entre ellos la masacre perpetrada en la redacción del semanario humorístico Charlie Hebdo, ocurrida en enero, y los atentados de París del 13 de noviembre. También en Turquía, Kuwait, Líbano, Afganistán, Yemen, Bangladesh, Túnez, Egipto, Libia, y en Texas.

Son innumerables los intentos de atentados terroristas frustrados, las redes de captación y traslado de combatientes desmanteladas,[10] las fuentes de financiación ilegal detectadas[11] y las rutas denunciadas de contrabando de antigüedades, petróleo, armas y equipos que sirven a los fines del terrorismo. Y lo más terrible es que la hidra yihadista ha mostrado una extraordinaria capacidad regenerativa y de resistencia, reponiendo sus filas tras las pérdidas sufridas en el campo de batalla, o por los embates de la persecución de las fuerzas de seguridad de todo el mundo.

Y es aquí donde reportes al estilo del de Rand Corporation tienden un piadoso velo sobre los orígenes y causas de un fenómeno como el del terrorismo yihadista e isis, impidiendo dar respuesta a una pregunta elemental: ¿Cómo y por qué, a pesar de los ataques y el poderío de las naciones a las que se enfrenta,[12] isis no ha podido ser derrotada y sigue captando combatientes en naciones occidentales, incluso en los propios Estados Unidos?

Es una burda manipulación de la verdad histórica afirmar, como lo hace el reporte de Rand Corporation, que «isis surgió en el mapa político del Medio Oriente, aprovechándose del vacío de poder existente en Siria e Irak».[13] Semejante simplificación «olvida», al menos, los siguientes factores:

1) El impacto de las Cruzadas sobre los pueblos árabes. Estas fueron ocho, se extendieron durante 200 años (1095-1291) y causaron cinco millones de muertos, dislocando y sacando de su eje de rotación natural a una civilización que tenía, como todas las demás, su propia dinámica histórica. Para el escritor e historiador libanés Amin Maalouf, quien publicó en 1983 Las Cruzadas vistas por los árabes, con estas el mundo musulmán se encerró en sí mismo, asediado por doquier, volviéndose defensivo, intolerante y estéril, y, más allá del hecho histórico, sigue viendo a Occidente como su enemigo natural.

2) En los siglos xix y xx, las potencias coloniales occidentales, lejos de proponerse sanar las heridas provocadas antes, desplegaron un plan inmisericorde de sojuzgamiento y explotación de los pueblos árabes, que incluyó el saqueo de sus recursos naturales; la ocupación militar de su suelo y la más feroz represión contra toda resistencia nacionalista; el fomento de la dependencia mediante la poca o nula industrialización, el control de la cultura, la educación y las ciencias nacionales; el fomento de las divisiones y enfrentamientos étnicos y religiosos, lo que comprendía la separación artificial de pueblos y territorios y la occidentalización forzosa.

3) Como respuesta a lo anterior, en los años 50 y 60 del pasado siglo, en medio de la guerra fría y el despertar de los pueblos del Tercer Mundo, tuvo su apogeo el llamado «socialismo árabe» o baazismo («renacimiento»), una mezcla de nacionalismo, panarabismo y socialismo, que tuvo como escenario principal países como Egipto, Argelia, Siria, Libia, Irak y Yemen del Sur. Sus líderes, como Gamal Abdel Nasser, Muamar el Gadafi, Háfez al-Ássad, Saddam Hussein, Houari Boumediene y Ahmed Ben Bella, fueron considerados «hostiles» por Occidente y las monarquías de la región. A pesar de sus limitaciones y errores, esta corriente política concretó la voluntad anticolonialista de los pueblos árabes de hallar su propio camino, permitió el despliegue del laicismo, limitó las expresiones más fanáticas y radicales de ciertas versiones del Islam, y otorgó derechos muy avanzados a la mujer. El odio enconado contra sus manifestaciones y gobiernos por parte de los sectores más retrógrados y conservadores de la región, de las fuerzas imperialistas y neocolonialistas, subyace en los conflictos causantes del «vacío político» al que alude el reporte de Rand Corporation.

4) El surgimiento del Estado de Israel y el despojo del pueblo palestino, a partir de mayo de 1948, introdujo otro factor desestabilizador en la región, que vino a sumarse a los históricos ya enunciados. A las guerras de 1948-1949, junio de 1967 y octubre de 1973, con sus secuelas de destrucción y muerte, se sumaron las invasiones al Líbano de 1982 y 2006, y las incursiones contra la Franja de Gaza de 2004, 2006, 2007, 2008, 2012 y 2014. El enfrentamiento árabe-israelí aún continúa con trágicas consecuencias.

5) La revolución iraní, o revolución islámica de 1979, provocó el ascenso del liderazgo del clero chiíta,[14] dinamizó la lucha contra la occidentalización y la injerencia imperialista, elevando los valores islámicos. Es interesante destacar, como lo hiciese el historiador Eric Hobsbawm, que se trató de la primera revolución contemporánea que no tuvo sus raíces en la Ilustración europea. Como consecuencia del llamado «despertar islámico» que provocó, cambió el panorama sociopolítico y geopolítico de la región, elevó la autoestima del mundo musulmán, enfrentó al sistema capitalista e imperialista, exaltó los valores derivados de la justicia social y la independencia, desatando entusiasmo por lo político y lo religioso.

6) La invasión soviética de Afganistán (1978-1992) facilitó el ascenso del radicalismo yihadista, fomentado y apoyado por Estados Unidos, las naciones occidentales y los gobiernos más reaccionarios de la región. Se estima que grupos como Al-Qaeda recibieron alrededor de 20,000 millones de dólares para enfrentar a los soviéticos. Más de 35,000 musulmanes de 43 países participaron en una guerra que ha servido de ejemplo a las actuales confrontaciones de Irak, Libia y Siria. Como consecuencia de estos sucesos deben señalarse el ascenso del movimiento talibán y los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

7) Por último, y no menos importante, el rol que ha jugado la desestabilización de los gobiernos de Libia, Líbano, Irak y Siria, incluyendo las invasiones norteamericanas de Afganistán e Irak, con su enorme secuela de muertos, destrucción, caos e ingobernabilidad, de los que son un producto genuino directo, y una indeseable consecuencia no prevista o subestimada, las fuerzas yihadistas y el terrorismo más atroz que constituye –más allá de los análisis parcializados y manipuladores del reporte de Rand Corporation– la mayor amenaza actual del mundo global.

Por supuesto que enfoques como estos no son capaces de explicar la complejidad de los problemas de inseguridad colectiva y sin fronteras a los que se enfrenta hoy la humanidad. Mucho menos, de ahondar en los verdaderos motivos que impulsan a una chica o a un chico de Barcelona, Berlín, Ámsterdam o Boston a convertirse en «lobo solitario depredador al servicio de isis», o a enrolarse en la locura homicida de sus guerreros.

¿O es que quizás semejantes análisis no convienen a los poderosos intereses que se agazapan tras la matanza?

Sentados ante el televisor o navegando por Internet, cuando se nos «informe» sobre las últimas atrocidades de isis, pensemos en la necesidad de trascender la papilla noticiosa que se nos ofrece, si queremos entender y transformar el mundo peligroso y hostil en que vivimos. La verdad siempre es angustiosa e incómoda, pero liberadora, humana y regeneradora. Todos tenemos una deuda con Evelyn Lincoln. Conformemos nuestras propias listas.

Eliades Acosta Matos es un filósofo cubano. Doctorado en Ciencias Políticas, se desempeña como investigador del Archivo General de la Nación y colaborador académico de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) y de la Fundación Juan Bosch. Fue director de la Biblioteca Nacional José Martí, de Cuba, y presidente de la Asociación de Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas Nacionales (Abinia).

Notas

[1] Evelyn Maurine Norton Lincoln (1909-1995) fue la secretaria personal de John F. Kennedy desde su etapa como senador, iniciada en 1953, hasta su presidencia y asesinato en Dallas, en 1963.

[2] Winston Manrique Sabogal: «La fascinante locura por las listas», El País, 28 de diciembre de 2015, p. 21.

[3] Hans Binnendijk: Friends, Foes and Future Directions: U.S. Partnerships in a Turbulent World, Rand Corporation, 2016, <http://www.rand.org>.

[4] Ibídem, capítulo tercero: «Anatomy of the Potential Adversaries», pp. 15-43.

[5] Ibídem, p. xi. Lo irónico del caso es que, en la campaña siria contra isis, Estados Unidos coopera con Rusia y coordina sus ataques aéreos, mantiene aparentemente relaciones cordiales con esta y China, acaba de firmar un histórico acuerdo para rebajar las tensiones con Irán y levantarle las sanciones, y de la lista, solo mantiene la tensión visible con Corea del Norte. ¿Será a este último país al que se refiere el autor con el término propagandístico de Estado-delincuente, o solo al isis de Al-Bagdadi?

[6] Ibídem, p. 29.

[7] Ibídem, p. 44. En otra de sus candorosas explicaciones sesgadas, el autor del reporte afirma que «[…] aunque en las dos últimas décadas Rusia estuvo considerada como una contraparte estratégica (amiga) para los Estados Unidos, su reciente agresión en Ucrania, y en otros sitios, la ha situado en una senda de creciente hostilidad que puede ser difícil de revertir […]». Un conveniente olvido de la historia del conflicto ruso-ucraniano, de las responsabilidades de los propios Estados Unidos y la otan en la desestabilización de la zona, y del intento de cumplir el sueño geopolítico enunciado por Zbigniew Brzezinski, hace más de 20 años, de poner definitivamente de rodillas a Rusia cortándole su presencia en Europa, tras restarle Ucrania y cerrar su salida al Mar Negro y al Mediterráneo.

[8] Otra pifia deliberada: isis y Al-Quaeda, especialmente el primero, no solo rechazan la globalización y los valores occidentales, sino también, y sobre todo, los de otras comunidades islámicas, como los chiítas y los kurdos, o preislámicas, como los yazidíes de Irak, a las que hacen blanco de sus ataques de manera mucho más virulenta y letal que contra Occidente.

[9] Ibídem, p. 55.

[10] Se calcula que en las filas de isis combaten más de 12,000 extranjeros de 50 países, entre ellos alrededor de un centenar provenientes de países caribeños, como Trinidad y Tobago, Surinam y Jamaica, según se conoció en la conferencia de prensa del 13 de marzo de 2015, brindada por el general John Kelly, jefe del Comando Sur. <http://www.hispantv.com/newsdetail/EE-UU/23910/EI>.

[11] A mediados de 2014 se anunció que isis poseía activos ascendentes a $2,000 millones de dólares, convirtiéndose así en el grupo yihadista económicamente más poderoso en la historia del terrorismo. <http://www.actualidad.rt.com/actualidad/view/137850-finanzas>.

[12] Solo el Gobierno de los Estados Unidos, en 2015, aprobó un presupuesto de defensa y seguridad ascendente a 525,000 millones de dólares, esto es, 262.5 veces mayor que todo el dinero que se le calcula a isis.

[13] Ibídem, p. 56.

[14] Los chiítas representan la mayoría de la población musulmana de Irak (65-70%), Irán (90-95%), Bahrein (65-75%) y Azerbaijan (65-70%), y son la minoría principal en Siria (15-20%), Kuwait (20-25%) y Yemen (35-40%), según datos del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, citados en el reporte de Rand Corporation. Ibídem, p. 149.


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