Artículo de Revista Global 14

Entrevista a Bruce Calder

Entrevista al historiador estadounidense Bruce Calder, invitado especial de Funglode y la Secretaría de Cultura, experto en la intervención estadounidense de 1916 en la República Dominicana.

Entrevista a Bruce Calder

Bruce Calder comenzó a investigar sobre la intervención estadounidense de 1916 a finales de la década del sesenta. Llegó a la República Dominicana, cámara en mano, hablando un español de oídas. Para él, aquella experiencia sería trascendental en lo profesional y personal. Tuvo un impacto significativo en la visión política del historiador sobre su propio país, el mismo que por ocho años ocupó gran parte del territorio nacional.

En 1968 Calder encontró una sociedad dominicana sensible, a tres años apenas de la gesta que puso fin a la segunda intervención militar de Estados Unidos. Tiene muy buenos recuerdos de sus estancias en Santo Domingo, a pesar de las expresiones “¡green go, go home!” que una que otra vez le gritaron en las calles –lo que relata con simpatía–. El contacto con archivos privados de familias que de alguna forma participaron en los hechos a consecuencia de la ocupación del 16 le permitió concluir su tesis, publicada en 1984 por la Universidad de Texas: The Impact of Intervention: the Dominican Republic during the U.S. Occupation of 1916-1924.

“En aquel entonces había unos pocos profesionales entrenados, dominicanos o extranjeros, trabajando sobre la historia de la República Dominicana. Pero en décadas recientes, los cambios sociopolíticos impulsados por la caída de Trujillo, así como las tendencias en las academias europeas y norteamericanas, han cambiado el panorama. El resultado es un número mayor de trabajos que tratan tópicos muy diversos, y algunos de los temas principales tocados en mi libro como la contrainsurgencia y la campaña nacionalista, no sin mencionar el frecuentemente ignorado lado oscuro de la diplomacia estadounidense”, recordaría al analizar la relevancia nacional y global del período.

Con su trabajo, Calder ha contribuido a la comprensión de ese período, y así lo reconocen sus colegas dominicanos al referirse al investigador de la Universidad de Illinois.

Al conmemorarse el pasado 29 de noviembre el 90 aniversario de este acontecimiento histórico, la conversación con Calder es un reencuentro ameno con nuestra historia, que recuerda la vigencia de aquel hecho que marcó al pueblo dominicano.

¿Qué impulsa su interés en la historiografía latinoamericana y, específicamente, en la República Dominicana y la intervención militar estadounidense de 1916?

La historia de mi interés en América Latina es larga. Comenzó viviendo en Nueva York, entre puertorriqueños. En los años sesenta no había mucha información sobre América Latina en Estados Unidos, todavía no hay suficiente. Por eso, viviendo entre puertorriqueños tuve una conexión personal con la región. En esa época trabajaba en la banca, en Nueva York, pero me interesaba hacer algo diferente. Decidí entonces estudiar algo del mundo distinto a Estados Unidos. Fui a la Universidad de Texas para estudiar la historia de América Latina. Al cabo de tres años fue necesario escoger un tema para mi tesis y descubrí que hubo esta ocupación no estudiada de la República Dominicana. Investigué un poco. Descubrí que hubo guerrillas, los gavilleros, y en ese momento yo estaba muy involucrado en el movimiento contra la guerra de Vietnam. Sentí simpatía por los guerrilleros que habían combatido a las tropas estadounidenses, en una situación que evalué como injusta. Me pareció una situación similar a la de Vietnam. Esta fue la atracción original. Nunca antes había visitado el Caribe. Llegué con un español muy débil, mejoré al menos un poquito el español y empecé con la investigación.

¿Cuál era la situación de los archivos dominicanos a finales de los sesenta, al momento de su investigación?

Bueno, un desastre… Estaban muy desorganizados y poco desarrollados. No usé el archivo al principio porque el director de esos días me dijo que no tenían papeles del período de la intervención. No busqué más en el archivo después de recibir esa información. Después descubrí, sólo una semana antes de mi salida del país, que sí había un cuarto lleno de documentos de la época. Fue por accidente: otro investigador me dijo que había algunos paquetes y que parecía que eran de mi período. Antes de venir a Santo Domingo hice una investigación en el Archivo Nacional de Estados Unidos y en el de los Marines, había orientado mi trabajo al menos… Durante mi primera visita al país usé especialmente papeles privados conservados por familias. La familia del presidente Francisco Henríquez y Carvajal me abrió las puertas de su casa y trabajé entonces con los documentos de l resistencia nacionalista. Usé también los papeles de Tulio Cestero, en la UASD y los de Francisco J. Peynado, que fue la persona que negoció la retirada de las fuerzas norteamericanas.

Supongo que también las fuentes orales fueron muy importantes para su trabajo.

Bueno, a veces. Por ejemplo, don Enriquillo Henríquez, en su juventud había participado en la resistencia nacionalista. Con él tuve la posibilidad de sostener conversaciones sobre los eventos de este período. Había un juez de la Corte Suprema, no recuerdo su nombre en este momento, pero él tuvo experiencias con los guerrilleros en El Seibo. Algunas de mis fotos provienen de este hombre que vivía en Gazcue. También la conversación con Cayo Báez, campesino perseguido por los marines. Pero fueron pocas conversaciones, la mayoría de mis fuentes eran documentales.

Hay mucha curiosidad por la procedencia de las fotografías de su libro, que son muy representativas de aquel hecho histórico…

(Ríe) Bueno, yo tenía una cámara… la posibilidad de tomar fotografías a colecciones privadas con una tecnología muy rústica, pero fue suficiente. Saqué fotos, por ejemplo, que pertenecían a este juez de la Corte Suprema, un hombre muy inteligente y agradable, lo recuerdo muy bien y a su mamá que hizo licor de naranja –dice en medio de una carcajada–. Saqué fotos de fotos, de revistas, pero especialmente las fotos de los militares vienen de los archivos de los marines en Washington.

El hecho de ser estadounidense y haber llegado a hacer este trabajo poco tiempo después de finalizada la segunda intervención, ¿representó algún tipo de dificultades para realizar su investigación?

Generalmente no. A veces había muestras de antinorteamericanismo, pero generalmente los dominicanos me trataron como un individuo y reconocían que tuve posiciones muchas veces iguales a las dominicanas sobre estos temas.

¿Qué impacto tuvo la intervención de 1916 en el orden global?

Es interesante que la resistencia nacionalista fuera responsable de crear, tal vez en un primer momento, un movimiento de solidaridad en parte en Estados Unidos, en parte en Europa… fue muy fuerte en Cuba y otros lugares de América Latina. En este sentido, afectó mucho la posición de otros países latinoamericanos, tal vez un poco en España, frente a Estados Unidos. Había una política de antiintervencionismo y esto se manifestó en cada conferencia de las naciones americanas. Los eventos de aquí resonaron fuera. En algún sentido, fue más importante la resistencia fuera que aquí, hablando de resistencia nacionalista, porque había censura y prohibición de asociación, entonces fue mucho más fácil hacer la campaña desde el exterior.

¿Cómo se observa y cómo se observaba entonces en Estados Unidos la intervención de la República Dominicana?

Como siempre, una gran mayoría de personas ignoraba lo que pasaba fuera. Entre los líderes o las personas con conciencia política, la actitud fue la tradicional de imperialismo y de la misión para “civilizar” los países subdesarrollados. Una actitud de desprecio y dominación… pero también hubo un grupo que colaboró en la campaña con los dominicanos contra la intervención. Un grupo reducido apoyaba la posición dominicana.

Considerando los hallazgos de su estudio y de otras investigaciones que conoce sobre el tema, ¿qué hechos de aquel período quedan todavía por explorar?

Sería muy interesante investigar más profundamente el lado personal de la intervención. Hablando de la resistencia en el Este y de los campesinos y caudillos, sería interesante entender mejor las situaciones locales y familiares. Cómo cambió la tenencia de la tierra; conocemos el marco, pero no conocemos bien lo que pasó en el plano más personal e individual o familiar. Esto sería muy importante. También como dijo alguien anoche en mi presentación[Funglode, 29/11/06], sería muy interesante analizar cómo la presencia yanqui afectó la cultura. Tengo la impresión de que la intervención y la presencia de los marines incrementaron el interés por el béisbol y la habilidad maravillosa de los dominicanos en este deporte, por ejemplo. También es posible que afectara la posición de las mujeres. Había grupos de mujeres, como feministas, durante este período. Recuerdo que en ese tiempo se empleó formalmente a la primera secretaria en una oficina del Gobierno.

¿Ha cambiado Estados Unidos su política hacia América Latina desde entonces?

Desgraciadamente no. Ha cambiado las tácticas, pero lo que quiere Washington es control sobre América Latina. Impulsar a alguien como Trujillo o Somoza era una forma de mantener el control favorable a Estados Unidos y no fue necesario mandar más tropas. Las tácticas son diferentes. Recientemente había elecciones en Nicaragua, mucho del dinero que financió a la oposición vino de Washington y de grupos apoyados fundamentalmente por el Gobierno norteamericano.

¿Qué lecciones debió aprender Estados Unidos de su experiencia intervencionista?

Desde mi punto de vista, debe saber que la intervención directa generalmente es una política no productiva.

No produce los resultados que quiere Washington y muchas veces no es buena para la gente que está sufriendo la ocupación. Ese fue el caso de la intervención aquí. Tenemos un buen ejemplo ahora en Irak, donde actualmente hay una situación más terrible que la que existía antes de la intervención, porque no es posible dirigir completamente la situación en otro país. Eso fue más o menos fácil en la República Dominicana porque había menos de un millón de habitantes en esa época, pero aún con una población muy reducida, no fue posible controlar la situación como querían.

Viendo la historia de experiencias similares y haciendo una comparación con el caso iraquí, ¿cuál podría ser el escenario para Irak en un corto o mediano plazo?

Bueno, es importante decir que no soy experto sobre el Medio Oriente, ni adivino (ríe), pero he aprendido cosas de varias ocupaciones en América Latina. Es casi seguro que, finalmente, va a resultar algo parecido a lo que existió antes de la intervención de Estados Unidos en Irak. Probablemente surgirá otro dictador como Saddam Hussein, Trujillo o Somoza, probablemente habrá brutalidad de parte de los chiítas y los sunitas. Sería un hombre fuerte… Pero tal vez el panorama cambiaría en el sentido de que sería un gobierno muy afectado por los principios del Islam. El régimen de Hussein fue más o menos secular, es posible que tengamos algo más parecido a Irán. Esto es interesante y es importante porque es lo contrario de lo que quería Washington. Ojalá que ellos puedan entender finalmente que puede pasar lo mismo que en Vietnam.

¿Cambió la visión de Bruce Calder sobre Estados Unidos a raíz de sus investigaciones sobre la historia de América Latina?

Sí, definitivamente. Crecí en una familia conservadora, republicana, y como resultado de mi educación y mi experiencia viviendo en un barrio muy pobre en Nueva York, y después estudiando a América Latina, y mi primera experiencia en América Latina en Guatemala, un país maravilloso, pero con un gran problema de pobreza y racismo… todo esto y la experiencia de involucrarme en la oposición a Vietnam me llevó a radicalizarme. Mi posición política ha cambiado completamente desde mi juventud, y la experiencia de estudiar América Latina y la intervención en la República Dominicana ha sido fundamental en ese cambio.

Beatriz González es periodista. Analista de la Dirección de Información, Análisis y Programación Estratégica de la Presidencia de República Dominicana (DIAPE), integrante del Centro de Estudios de Comunicación de Funglode (CEC-Funglode).


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