Artículo de Revista Global 74-76

Entrevista a Minerva del Risco

Minerva del Risco: «Mi papá era un hombre muy carismático. Siempre estaba acompañado de amigos. Él tenía ese imán para atraer a la gente».

Entrevista a Minerva del Risco

Minerva del Risco perdió a su padre a los once años. Sin embargo, su figura y su obra siempre han estado presentes en su vida. Durante el año en curso esto ha sido visible para todos, puesto que Minerva ha presidido las celebraciones, los homenajes y las reediciones de las obras de René del Risco Bermúdez que se han hecho a propósito de su ochenta aniversario y de los cincuenta años de publicación del poemario El viento frío.

Nuestra Feria Internacional del Libro estuvo este año dedicada a él. Ahí se erigió un hermoso pabellón que contó con la museografía del Centro León y donde se podía seguir de manera cronológica la vida del escritor petromacorisano y sus múltiples facetas: literato, orador, político, combatiente, padre, esposo y publicista. La Editora Nacional relanzó sus cuentos completos, su poesía completa y publicó una bella edición de El viento frío. Se le dedicaron ponencias donde se habló de sus aportes en el campo de la poesía y de la narrativa; su relación con el boom hispanoamericano; así como la influencia que tuvo en los medios de comunicación, en la música y en la publicidad. Incluso se realizó un espectáculo donde Pavel Núñez y otros cantantes musicalizaron algunos de sus poemas.

Pero no todo terminó con la Feria del Libro y la importante reedición de su obra. Minerva también organizó dos coloquios donde el escritor español Carlos Aganzo y el escritor colombiano Gonzalo Mallarino analizaron y comentaron la obra de su padre. También anunció la creación de la Cátedra René del Risco Bermúdez.

Debido a todo esto resulta importante entrevistarla en este número especial dedicado a su padre.

¿Recuerdas cuál fue el primer texto de tu padre que leíste?

No recuerdo que me haya leído, pero sí me inducía a leer. Mi casa estaba llena de libros y revistas literarias. A los seis años ya sabía leer y leía los poemas que él dejaba sobre su escritorio. Todos estaban dedicados a mi madre y los guardo con mucho cuidado. Esos fueron los primeros textos que yo leí de él, y fui viéndolo de manera distinta a medida que crecía. Son textos que me han acompañado siempre.

Hablemos un poco de «Saudade», el texto sobre tu padre que está incluido en este número de la revista. Aquí estás describiendo tu último encuentro con tu padre.

En realidad, «Saudade» es un relato sobre lo que creo que pasó. La gente podría pensar que las cosas pasaron como las narro, pero no es así. Hay muchos años de mi vida, muchas cosas que me pasaron, concentrados en ese último día que lo vi con vida. Lo escribí cuando Ruth Herrera me llamó para pedirme que hablara de mi padre durante la puesta en circulación de sus libros en el marco de la Feria del Libro 2017. Para mí fue difícil procesar eso; pensé que no iba a poder hacerlo, pero lo logré. Es una carta dirigida a él donde digo cosas que siempre tuve guardadas y que pude finalmente sacarlas. Ese fue un paso muy importante para enfrentar el duelo que nunca hice.

En el texto refieres lo siguiente: «Recuerdo tu tristeza cuando me dijiste que estabas escribiendo mi regalo de cumpleaños, mi cuento, tu historia». ¿A qué cuento o historia te refieres?

Uno de los cuentos publicados en la edición de Miguel D. Mena estaba en su máquina de escribir en el momento de su muerte. Es un cuento sin título donde él narra mi entorno, mi casa, mi habitación, los lugares que yo visitaba, mi familia, mis gustos. En el texto que escribí esa parte que citas es ficción. Él nunca me dijo que estaba escribiendo un cuento para mí; yo sencillamente fabulo un poco con ese momento y lo narro como si hubiera pasado realmente.

¿Cómo era tu padre?

Lo recuerdo siempre escribiendo. Recuerdo que tenía una figura impecable y elegante. Para él eso era muy importante. Fumaba mucho y tomaba café permanentemente. Era muy alegre y hacía chistes y bromas a los amigos. Ese sentido del humor lo heredó de su padre, que fue un hombre que vivió y murió riendo y haciendo reír a los demás.

¿A qué edad te diste cuenta de la dimensión que tenía tu padre como símbolo para toda una generación?

Yo siempre lo supe. Yo era una niña, pero me daba cuenta que era una persona especial. Mi papá era un hombre muy carismático. Siempre estaba acompañado de amigos. Él tenía ese imán para atraer a la gente.

Tu bisabuelo fue Federico Bermúdez, considerado como el primer poeta social dominicano. Al igual que René, murió a los 35 años. Recuerdo que en una entrevista tu abuela refería que sentía que su padre había reencarnado en René. ¿Cómo ves esa coincidencia?

Mi abuela era un personaje. Era hermosa y única, realmente extraordinaria. Pero al igual que yo ficcionó muchas cosas. Ella también era escritora. Puede ser que ella tuviera esa impresión en algún momento. Yo lo veo efectivamente como una coincidencia. Papi dijo en algunos círculos que él iba a morir joven como su abuelo Federico, a los treinta y cinco años, pero una persona como él nunca hubiera buscado la muerte.

Tu padre fue torturado. Según tengo entendido, le quedaron secuelas de la tortura.

Tenía muchas marcas. Marcas de látigos. Pero básicamente muchas quemaduras de cigarrillos en la espalda. Nunca lo escuché hablar de su participación en el Catorce de Junio. Pienso que esa etapa de su vida fue muy traumática y por eso nunca quiso hablar de eso. Fue una época muy difícil, de mucho dolor, y él no quería contaminar a nadie con esas vivencias. Luego de eso vino la guerra, y nosotros vivíamos en la zona de combate, en un apartamento ubicado en la calle Pina. Yo recuerdo esos momentos de temor. Por ejemplo, recuerdo una noche en que los disparos duraron toda la noche y nosotros dormimos debajo de un colchón.

¿Cuánto le tomó escribir El viento frío?

El viento frío lo escribió en quince días. Eso yo lo descubrí hace poco. Mi abuela me dejó todos los papeles que ella guardaba de mi padre. Me los entregó antes de morir el año pasado. Entre esos papeles están los originales de El viento frío. El empezó el 14 de junio de 1966 a escribir El viento frío y terminó 15 o 16 días después. Lo interpreto como un diario en versos.

¿Recuerdas qué tipo de cosas leía?

Él siempre leía. En casa de mi abuela había muchos libros y él creció leyendo. Recuerdo que leía una revista de la que ahora no recuerdo el nombre. La buscaba en la librería Weber. Era una revista extranjera, no recuerdo si de Argentina o México. Las encuadernaba. Era una lectura necesaria para él.

Hablemos de tu nacimiento en Puerto Rico.

Él decidió irse junto a mi madre. Lo apresaron al día siguiente del asesinato de Trujillo, aunque luego lo excarcelaron por considerar que no estuvo involucrado en ese complot. Pero de todas formas prefirió alejarse; supongo que no quería volver a pasar las terribles torturas de La Cuarenta. Me dice mi mamá que mientras vivieron en Puerto Rico se dedicó a leer y a escribir sin perder las esperanzas de que las cosas se arreglaran y pudiera regresar al país.

¿Cómo llegó tu padre a la publicidad?

Regresamos en 1962 a San Pedro de Macorís. Dice Nandy Rivas que fue él quien lo llevó a ser parte del equipo de creatividad de Young and Rubicam Damaris, aunque Miñín Soto dice que fue él. Realmente no sé cuál de los dos, quizás fueron los dos. Empezó a trabajar ahí como creativo y luego fue vicepresidente de creatividad. Hasta que en 1971 fue contratado por la agencia de publicidad Bergés Peña como vicepresidente. Ahí estuvo menos de un año para luego formar su propia agencia: Retho Publicidad, que es la unión de su nombre con el apellido de su socio (René-Thomen).

¿Y a la televisión?

Fue mucho antes. Cuando vino a Santo Domingo empezó a trabajar como locutor en uno de los noticieros, luego le piden hacer un programa de larga extensión que se transmitía los sábados en la tarde. Se llamaba Sábado de Ronda. Tanto con el noticiero como con ese programa logra tener una visibilidad importante y ser reconocido.

Presentador de televisión, publicista, escritor, poeta, padre… ¿Cómo podía reunir tiempo para hacer tantas cosas? ¿Crees que era lo que llaman hoy workaholic?

Mira, no lo sé. Realmente hizo muchas cosas en tan poco tiempo de vida y en todas esas facetas se destacó. No creo que fuera workaholic, él simplemente tenía la facilidad y la capacidad para que las cosas le salieran bien y fueran exitosas.

¿Y la música?

Una de sus canciones favoritas era «Macondo». También le gustaba Aznavour. Pero realmente su tiempo no se lo dedicaba a la música, sino a la literatura, a escribir. En mi casa quien escuchaba música era mi mamá. Claro, en todos sus textos hay referencias a canciones, pero entiendo que es una forma de contextualizar la época. Él no era melómano. Para nada. Pero tenía buen oído y cantaba bien. Además de que casi todas las voces de los comerciales las hacía él, cantadas o habladas.

Puedes referirte a la Cátedra René del Risco.

Las conversaciones con una universidad de Santo Domingo están bastante avanzadas. Será la primera cátedra literaria en República Dominicana y la segunda en el Caribe. Si todo va como queremos, la cátedra empezaría el año próximo. La escritora Emilia Pereyra será la coordinadora junto conmigo de este proyecto.

Por otro lado, como la heredera de la obra de tu padre, ¿existe algún material inédito que valga la pena publicarse?

Hay algunas cosas inéditas, por ejemplo, la novela. Uno de los proyectos es la edición de esta. También hay cartas, presentaciones y ensayos. Eso pudiera ser un proyecto interesante, una recopilación de todo ese material.

¿Lo ves más como poeta o más como narrador?

Yo creo que él era un gran narrador y un gran poeta. El tiempo que le dedicó a ambos géneros fue muy breve. Creo que durante el último año de su vida se dedicó más a la narración que a la poesía. Fue un narrador extraordinario con un total dominio del lenguaje.

Y en cuanto a ti, ¿en qué medida el prestigio de la obra de tu padre influye en ti como autora?

Mira, siempre me preguntan eso, pero realmente que mi padre fuera uno de los grandes escritores dominicanos no ha sido una barrera ni un freno para mí; al contrario, creo que eso me ha aportado mucho, como, por ejemplo, darme la posibilidad de crecer en un ambiente de libros y de tanto talento, es definitivamente un catalizador para descubrir la literatura. Soy parte de una familia literaria y eso es importante entenderlo de una forma positiva.

¿Qué tal fue la experiencia de la Feria del Libro dedicada a tu padre?

Realmente fue una experiencia interesante e intensa. Haber recuperado su obra y su legado ha sido algo sumamente importante para la cultura de nuestro país. El saber que los jóvenes están leyendo o releyendo su obra es un gran logro y los resultados se han estado viendo. Me siento muy contenta con lo que hemos logrado.

Frank Báez es editor de Global.





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