Artículo de Revista Global 38

Entrevista a: Rafael Molina Morillo

El abogado Rafael Molina Morillo, Premio Nacional de Periodismo 2010, revela que la vocación en esta profesión es cada vez más ausente: "Veo casos de personas que llegan a los medios para enriquecerse, extorsionar o buscar ventaja para lograr algo añadido". Más de cinco décadas de profesión avalan las aseveraciones que hace sin ningún tipo de duda y con firmeza.

Entrevista a: Rafael Molina Morillo

Rafael Molina Morillo recibió a finales del pasado año el galardón que lo reconoce como Premio Nacional de Periodismo. En su despacho del diario El Día, periódico gratuito que dirige en la actualidad, habla con parsimonia y a veces con la mirada perdida, como queriendo pensar respuestas que ya le salen con la mayor naturalidad. Tantos años de profesión le facilitan las aseveraciones, que hace sin ningún tipo de duda y con firmeza.

¿Qué supone haber recibido el Premio Nacional de Periodismo?

Se siente una satisfacción muy grande. Es algo que a todo periodista le hace sentir bien. Implica un compromiso porque ya resulta más difícil apartarse de los principios y las normas que uno lleva consigo, algo que, por fortuna, no me representa ningún esfuerzo.

¿Llega tarde?

No creo que los premios lleguen tarde. Siempre hay muchos periodistas que lo merecen y haberlo obtenido es una distinción especial.

El periodismo que ha ejercido ha ido cambiando, evolucionando…

El periodismo a lo largo de mis años de profesión se ha ido enriqueciendo. Ha estado muy influenciado por las tecnologías, cada época con la suya, pero su ejercicio, en esencia, sigue siendo igual. La finalidad es la misma y sigue sometido a obstáculos que proceden de los mismos sectores. Recuerdo el plomo y la linotipia, y he vivido toda la evolución con la tecnología. No creo que esto nuevo suplante a nada. Se ha enriquecido la manera de llegar al conocimiento. Aunque sí nos obliga a tener una mayor agilidad y habilidades añadidas debido a que la velocidad de acceso a la información ha traído consigo una mayor competencia para ser el primero en darla a conocer.

¿La aceleración a la que llevan las nuevas tecnologías ha provocado más errores en los medios de comunicación?

Se cometen los mismos errores que antes, solo que más rápidamente. El error siempre está al acecho, sin importar la época. Por eso hay que ser indulgente con los gazapos, si bien es cierto que en ocasiones se producen fallos conceptuales que afectan más. Es parte de la naturaleza del trabajo.

Mencionaba los obstáculos. ¿Los de hace unos años eran más fáciles de superar que los de ahora?

Ahora son diferentes porque cada época tiene sus elementos, pero siempre son efectivos. Los de carácter político y de represión durante gobiernos dictatoriales eran difíciles de superar. Ahora hay otros, como la delincuencia, o los invisibles, de poderes fácticos. Incluso los que se derivan de la corrupción interna de los medios de comunicación. Nosotros vivimos denunciándola, pero también existe en nuestro medio.

¿Qué recetas se pueden usar contra esto último?

No le veo fin, pero debe haber una lucha constante para que prevalezcan las normas y principios éticos de la profesión por encima de todo. Y eso se consigue solamente con un ejercicio honesto del periodismo.

Una de las excusas que se suele poner para justificar esa corrupción en la profesión es la de los bajos salarios.

Los salarios que se perciben no deben ser excusa. Es verdad que son bajos o muy bajos, y deberían ser mejores. Eso ayudaría a evitar tentaciones, pero por eso no se debería incurrir en una falta de ética o corrupción profesional. El factor vocación tiene mucho que ver en este ejercicio honesto. El periodista sabe en qué mundo entra y con qué condiciones. Lo toma o lo deja sin importar el salario.

¿Hay crisis de vocación en el periodismo?

Sí. Es un elemento cada vez más ausente en los medios de comunicación. Veo casos de personas que llegan a los medios para enriquecerse, extorsionar o buscar ventaja para lograr algo añadido.

¿Además de una crisis financiera, hay una crisis profesional en los medios de comunicación y se cuestiona su credibilidad?

Cuando se cuestiona la credibilidad de un medio o de un periodista es porque se ha dado motivo para que se dude de la honestidad. La credibilidad no es algo que se escribe en un código y ya se posee, o se impone o se fabrica de un día para otro, sino que es el resultado de un trabajo responsable, se adquiere con el tiempo a partir de hechos constatables.

¿Qué nivel de credibilidad cree que tienen los medios de comunicación dominicanos hoy en día?

No me atrevo a dar porcentajes.

¿Tienen menos que antes?

Es cierto que antes a los medios se les veía con mayor credibilidad. Recuerdo que antes se decía que algo era verdad porque estaba escrito en tal o cual periódico. Quizá en niveles más cultos de la población no sea así y se ponen en duda ciertas cosas que se dan a conocer en los medios. Eso lleva a la persona a buscar más allá de los medios. Se va convirtiendo hasta en periodista porque busca información e investiga por su cuenta, sin que eso suponga un desmedro para la profesión, sino una posibilidad de enriquecimiento porque habrá que tomar medidas para estar a la altura de un público más preparado y exigente.

¿Existe el periodismo ciudadano?

Sí, creo que existe. No es una profesión reservada para un periodista o un graduado, sino una condición humana que puedes elegir seguir con dedicación y vocación. Y si la vocación no existe y solo se trabaja de manera técnica, tarde o temprano cae.

¿Profesión sacrificada?

Exige sacrificios, pero no debemos autoconvertirnos en héroes. Esta profesión tiene sus riesgos y sus peligros, como los tienen otras, y uno la elige sabiendo cuáles son. Vienen en el paquete. No debemos tratar de presentarnos como héroes.

¿Hay gente que cree que el periodista es un privilegiado?

Quizá sí es cierto que se nos ve como privilegiados por el acceso que tenemos a ciertas personas, a ciertos lugares, a ciertos momentos…, pero debemos evitar que se nos vea así. Como suelo decir, el periodista se puede sentar en primera fila en el teatro, pero no debe subir al escenario.

¿Ahora suben demasiado?

Es cierto que muchos periodistas opinan más que informan, y el público debe saber distinguir eso. Y creo que en el fondo lo distingue.

Ni mi verdad ni tu verdad, sino la verdad. ¿Qué piensa de eso?

Es difícil aceptar que hay “la verdad”. Cada uno tiene la suya, pero hay algunas que son más aceptadas y se consideran “esa verdad” que buscan los periodistas. Por eso es peligroso pensar que la verdad de uno debe ser la de todos.

¿Cuál ha sido su momento de mayor satisfacción profesional?

No hay duda de que los reconocimientos producen grandes satisfacciones. Como el que me acaban de otorgar. O cuando ocupé el cargo de presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Y son reconocimientos no buscados, eso es lo importante. Uno no ha trabajado en función de obtenerlos. Ahora bien, hay otras satisfacciones, como ver que el trabajo que se hace alrededor de algo no está bien y se logra corregir. No se trata de entenderlo como un triunfo, sino como una satisfacción, sin recompensa, por el trabajo que uno cree bien hecho, por el deber cumplido.

¿Alguna vez pensó en dejar el periodismo?

No por haber tenido una crisis profesional, pero sí una vez pensé que me había retirado por ahogamiento económico. Cuando tenía El Nacional, Ahora y otras publicaciones, hubo una época de más gastos que ingresos y vendí mis intereses a la familia Corripio. Pensé que podía retirarme a leer, a escribir libros… Y estuve dos o tres años en el servicio diplomático. Pero, a mi regreso, me sentí llamado de nuevo por la vocación. No pienso retirarme. No sabría qué hacer.

¿Ese sería su consejo para un estudiante de periodismo de hoy?

No se les puede pedir esto a otros, pero sí se lo podría aconsejar.

Hablando de estudiantes de periodismo, ¿deben mejorar las universidades su formación a los periodistas?

Las escuelas son útiles y dejan enseñanza, pero no práctica. El ejercicio en sí es el que curte. Trabajar en la calle, hacer reporterismo… Noto que hay bastante colaboración entre los medios y las universidades, pero se hace de manera caprichosa. Debería haber programas bien armados. Y me preocupa que en las escuelas que funcionan en el país el número de estudiantes sea cada vez más elevado. Muchos piensan en ejercer las relaciones públicas o en tener presencia en televisión en programas de variedades, pero pocos piensan en el periodismo informativo, de investigación. Y así va saliendo gran número de egresados que no han pensado en ser periodistas.

¿Wikileaks quiere decir que los medios han dejado de buscar información?

No me parece. Lo de Wikileaks ha pasado ahora por la misma razón que tomaron la Bastilla en su día, por ejemplo. Las cosas suceden en un momento. Y esto que ha pasado lo que hace es enriquecer. Todo lo que facilite acceso a determinadas informaciones debe ser bien visto. Mientras mayor sea el flujo de información, mejor. Lo que sí es más difícil hoy en día es que un impreso dé primicias.

¿Qué información le gustaría ver un día en los medios de comunicación?

Que desaparecen los políticos, la delincuencia, la corrupción y que la gente vive de manera normal y feliz.

¿Cuál ha sido la noticia que más le ha impactado en su carrera?

En lo personal, cuando dinamitaron las instalaciones de la revista Ahora por intolerancia frente a la búsqueda de la verdad. En lo profesional, la de los atentados de las Torres Gemelas es de las que más me ha impactado. Lo hizo hasta llegar a acongojarme. Pero he estado en presencia de muchas cosas impresionantes y decepcionantes, como cuando los tanques de las tropas de Estados Unidos entraron por la Independencia en 1965 y pasaron frente a mi casa. Fue duro tener que ver y aceptar aquello.

Iban Campo es periodista, director de Comunicación de Funglode.

 

¿Qué supone haber recibido el Premio Nacional de Periodismo?

Se siente una satisfacción muy grande. Es algo que a todo periodista le hace sentir bien. Implica un compromiso porque ya resulta más difícil apartarse de los principios y las normas que uno lleva consigo, algo que, por fortuna, no me representa ningún esfuerzo.

¿Llega tarde?

No creo que los premios lleguen tarde. Siempre hay muchos periodistas que lo merecen y haberlo obtenido es una distinción especial.

El periodismo que ha ejercido ha ido cambiando, evolucionando…

El periodismo a lo largo de mis años de profesión se ha ido enriqueciendo. Ha estado muy influenciado por las tecnologías, cada época con la suya, pero su ejercicio, en esencia, sigue siendo igual. La finalidad es la misma y sigue sometido a obstáculos que proceden de los mismos sectores. Recuerdo el plomo y la linotipia, y he vivido toda la evolución con la tecnología. No creo que esto nuevo suplante a nada. Se ha enriquecido la manera de llegar al conocimiento. Aunque sí nos obliga a tener una mayor agilidad y habilidades añadidas debido a que la velocidad de acceso a la información ha traído consigo una mayor competencia para ser el primero en darla a conocer.

¿La aceleración a la que llevan las nuevas tecnologías ha provocado más errores en los medios de comunicación?

Se cometen los mismos errores que antes, solo que más rápidamente. El error siempre está al acecho, sin importar la época. Por eso hay que ser indulgente con los gazapos, si bien es cierto que en ocasiones se producen fallos conceptuales que afectan más. Es parte de la naturaleza del trabajo.

Mencionaba los obstáculos. ¿Los de hace unos años eran más fáciles de superar que los de ahora?

Ahora son diferentes porque cada época tiene sus elementos, pero siempre son efectivos. Los de carácter político y de represión durante gobiernos dictatoriales eran difíciles de superar. Ahora hay otros, como la delincuencia, o los invisibles, de poderes fácticos. Incluso los que se derivan de la corrupción interna de los medios de comunicación. Nosotros vivimos denunciándola, pero también existe en nuestro medio.

¿Qué recetas se pueden usar contra esto último?

No le veo fin, pero debe haber una lucha constante para que prevalezcan las normas y principios éticos de la profesión por encima de todo. Y eso se consigue solamente con un ejercicio honesto del periodismo.

Una de las excusas que se suele poner para justificar esa corrupción en la profesión es la de los bajos salarios.

Los salarios que se perciben no deben ser excusa. Es verdad que son bajos o muy bajos, y deberían ser mejores. Eso ayudaría a evitar tentaciones, pero por eso no se debería incurrir en una falta de ética o corrupción profesional. El factor vocación tiene mucho que ver en este ejercicio honesto. El periodista sabe en qué mundo entra y con qué condiciones. Lo toma o lo deja sin importar el salario.

¿Hay crisis de vocación en el periodismo?

Sí. Es un elemento cada vez más ausente en los medios de comunicación. Veo casos de personas que llegan a los medios para enriquecerse, extorsionar o buscar ventaja para lograr algo añadido.

¿Además de una crisis financiera, hay una crisis profesional en los medios de comunicación y se cuestiona su credibilidad?

Cuando se cuestiona la credibilidad de un medio o de un periodista es porque se ha dado motivo para que se dude de la honestidad. La credibilidad no es algo que se escribe en un código y ya se posee, o se impone o se fabrica de un día para otro, sino que es el resultado de un trabajo responsable, se adquiere con el tiempo a partir de hechos constatables.

¿Qué nivel de credibilidad cree que tienen los medios de comunicación dominicanos hoy en día?

No me atrevo a dar porcentajes.

¿Tienen menos que antes?

Es cierto que antes a los medios se les veía con mayor credibilidad. Recuerdo que antes se decía que algo era verdad porque estaba escrito en tal o cual periódico. Quizá en niveles más cultos de la población no sea así y se ponen en duda ciertas cosas que se dan a conocer en los medios. Eso lleva a la persona a buscar más allá de los medios. Se va convirtiendo hasta en periodista porque busca información e investiga por su cuenta, sin que eso suponga un desmedro para la profesión, sino una posibilidad de enriquecimiento porque habrá que tomar medidas para estar a la altura de un público más preparado y exigente.

¿Existe el periodismo ciudadano?

Sí, creo que existe. No es una profesión reservada para un periodista o un graduado, sino una condición humana que puedes elegir seguir con dedicación y vocación. Y si la vocación no existe y solo se trabaja de manera técnica, tarde o temprano cae.

¿Profesión sacrificada?

Exige sacrificios, pero no debemos autoconvertirnos en héroes. Esta profesión tiene sus riesgos y sus peligros, como los tienen otras, y uno la elige sabiendo cuáles son. Vienen en el paquete. No debemos tratar de presentarnos como héroes.

¿Hay gente que cree que el periodista es un privilegiado?

Quizá sí es cierto que se nos ve como privilegiados por el acceso que tenemos a ciertas personas, a ciertos lugares, a ciertos momentos…, pero debemos evitar que se nos vea así. Como suelo decir, el periodista se puede sentar en primera fila en el teatro, pero no debe subir al escenario.

¿Ahora suben demasiado?

Es cierto que muchos periodistas opinan más que informan, y el público debe saber distinguir eso. Y creo que en el fondo lo distingue.

Ni mi verdad ni tu verdad, sino la verdad. ¿Qué piensa de eso?

Es difícil aceptar que hay “la verdad”. Cada uno tiene la suya, pero hay algunas que son más aceptadas y se consideran “esa verdad” que buscan los periodistas. Por eso es peligroso pensar que la verdad de uno debe ser la de todos.

¿Cuál ha sido su momento de mayor satisfacción profesional?

No hay duda de que los reconocimientos producen grandes satisfacciones. Como el que me acaban de otorgar. O cuando ocupé el cargo de presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Y son reconocimientos no buscados, eso es lo importante. Uno no ha trabajado en función de obtenerlos. Ahora bien, hay otras satisfacciones, como ver que el trabajo que se hace alrededor de algo no está bien y se logra corregir. No se trata de entenderlo como un triunfo, sino como una satisfacción, sin recompensa, por el trabajo que uno cree bien hecho, por el deber cumplido.

¿Alguna vez pensó en dejar el periodismo?

No por haber tenido una crisis profesional, pero sí una vez pensé que me había retirado por ahogamiento económico. Cuando tenía El Nacional, Ahora y otras publicaciones, hubo una época de más gastos que ingresos y vendí mis intereses a la familia Corripio. Pensé que podía retirarme a leer, a escribir libros… Y estuve dos o tres años en el servicio diplomático. Pero, a mi regreso, me sentí llamado de nuevo por la vocación. No pienso retirarme. No sabría qué hacer.

¿Ese sería su consejo para un estudiante de periodismo de hoy?

No se les puede pedir esto a otros, pero sí se lo podría aconsejar.

Hablando de estudiantes de periodismo, ¿deben mejorar las universidades su formación a los periodistas?

Las escuelas son útiles y dejan enseñanza, pero no práctica. El ejercicio en sí es el que curte. Trabajar en la calle, hacer reporterismo… Noto que hay bastante colaboración entre los medios y las universidades, pero se hace de manera caprichosa. Debería haber programas bien armados. Y me preocupa que en las escuelas que funcionan en el país el número de estudiantes sea cada vez más elevado. Muchos piensan en ejercer las relaciones públicas o en tener presencia en televisión en programas de variedades, pero pocos piensan en el periodismo informativo, de investigación. Y así va saliendo gran número de egresados que no han pensado en ser periodistas.

¿Wikileaks quiere decir que los medios han dejado de buscar información?

No me parece. Lo de Wikileaks ha pasado ahora por la misma razón que tomaron la Bastilla en su día, por ejemplo. Las cosas suceden en un momento. Y esto que ha pasado lo que hace es enriquecer. Todo lo que facilite acceso a determinadas informaciones debe ser bien visto. Mientras mayor sea el flujo de información, mejor. Lo que sí es más difícil hoy en día es que un impreso dé primicias.

¿Qué información le gustaría ver un día en los medios de comunicación?

Que desaparecen los políticos, la delincuencia, la corrupción y que la gente vive de manera normal y feliz.

¿Cuál ha sido la noticia que más le ha impactado en su carrera?

En lo personal, cuando dinamitaron las instalaciones de la revista Ahora por intolerancia frente a la búsqueda de la verdad. En lo profesional, la de los atentados de las Torres Gemelas es de las que más me ha impactado. Lo hizo hasta llegar a acongojarme. Pero he estado en presencia de muchas cosas impresionantes y decepcionantes, como cuando los tanques de las tropas de Estados Unidos entraron por la Independencia en 1965 y pasaron frente a mi casa. Fue duro tener que ver y aceptar aquello.

Iban Campo es periodista, director de Comunicación de Funglode.


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