Artículo de Revista Global 46

Entrevista a Sócrates Moquete

Dominicano, arraigado hace casi 20 años en Brasil, es profesor de Economía y Ciencias Políticas y director del Departamento de Ciencias Económicas de la Universidad Estatal de Santa Cruz en Ilheus, estado de Bahía. En la entrevista explica la construcción de incubadoras donde se gesta la economía solidaria para esta región productiva.

Entrevista a Sócrates Moquete

Desde sus fundamentos teóricos, lanzados a principios de los años ochenta por el profesor chileno Luis Razeto Migliaro [1], pasando por el célebre llamado del papa Juan Pablo II a construir “en la región una economía de la solida­ridad” durante su discurso en la Comisión Económica para Améri­ca Latina y el Caribe (1987) a fi­nales de la dictadura pinochetista, el concepto de “economía solida­ria” se ha enriquecido gracias a las aportaciones doctrinarias y cien­tíficas de las más diferentes disci­plinas sociales que, sin embargo, mantienen un hilo conductor: en­tre estas, el uruguayo Pablo Gue­rra subraya la sociología clásica, económica, del tercer sector, del medio ambiente, los estudios sobre el capital social, el desarrollo local, la antropología económica clásica, económica sustantivista, urbana, la economía institucionalista, de la autogestión, de las donaciones, la economía ecológica y la historia económica. En América Latina, sobre todo desde el Cono Sur, el mundo aca­démico y de la investigación se está dedicando a la economía so­lidaria: en Chile, Razeto dirige la Maestría en Economía Solidaria y Desarrollo Sustentable, de la Uni­versidad Bolivariana (Chile), [2] y mantiene la página web economía­solidaria.net donde se comparten todos sus escritos y una amplia bi­bliografía sobre el tema; en Argen­tina, el referente teórico principal es el profesor José Luis Coraggio, [3] de la Universidad Nacional Gene­ral Sarmiento donde se imparte la Maestría en Economía Social [4] y se coordina, en colaboración con el Instituto de Investigaciones So­ciales de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), el espacio virtual Urbared, “un sitio para debatir, aprender y construir colectivamente otra política social para América Latina”. [5]

Desde Argentina también se coordina la Red de Investigadores Latinoamericanos de Economía Social y Solidaria (riless), [6] como “proyecto conjunto de la Maestría en Economía Social (maes/ico-ungs de Argentina), del Grupo de Investigación sobre Economía Solidaria de la Cátedra unesco/ unisinos, de Río Grande do Sul (Brasil), del Colegio Mexiquen­se de flacso-Ecuador. Asimis­mo, con este proyecto colabora urbared(ico-ungs/iisunam México)”. [7] En Uruguay, Guerra, profesor de Sociología del Trabajo en la Universidad de la República y de Economía Solidaria en varias maestrías de universidades ex­tranjeras, dirige el curso Teoría y práctica de Economías Solidarias [8] desde la asociación católica Kol­ping Uruguay. [9]

En Brasil, la unisinos, la je­suita Universidade do Vale do Rio dos Sinos, en el Estado de Rio Grande del Sur (São Leopol­do, Porto Alegre, Caxias do Sul y Bento Gonçalves) cuenta con un Programa de Investigación en Economía Solidaria, al interior del Programa de Posgrado en Cien­cias Sociales, [10] en colaboración con Cáritas. A través de la página web del programa se comparten publi­caciones sobre economía solidaria y temáticas afines. Desde junio de 2002, la unisinos cuenta con la Cátedra Unesco sobre Trabajo y Sociedad Solidaria. [11]

En la Universidad de São Pau­lo encontramos a Paul Singer, profesor de Economía, uno de los autores más relevante en este ám­bito y también secretario nacional de la senaes (Secretaria Nacio­nal de Economia Solidária), [12] creada en 2003 por decisión del primer gobierno de Lula Ignacio da Silva. Desde el Pacs (Institu­to de Políticas Alternativas para el Cono Sur), en Río de Janeiro, se lleva a cabo un programa de Autodesenvolvimento: Práticas Autogestionárias e Solidárias (Au­todesarrollo: prácticas autogestio­nadas y solidarias). [13]

Pero lo que se está difundiendo en los últimos años, y en este caso las experiencias brasileñas también son pioneras, es la realidad de las llamadas “incubadoras de empren­dimientos de economía solidaria” o social, como extensiones de las ac­tividades de Facultades de Econo­mía o Ciencias Sociales. Sócrates Moquete, dominicano arraigado hace casi veinte años en Brasil, es profesor de Economía y Ciencia Política y director del Departamen­to de Ciencias Económicas de la Universidad Estatal de Santa Cruz (Universidade Estadual de Santa Cruz, uesc) en Ilhéus, estado de Bahía. Será él quien nos acercará a la experiencia de incubadora de su universidad.

¿Qué fue lo que lo motivó a irse y después a quedarse en Brasil?

Llegué a Brasil en 1993, con una beca de estudio, para cursar una maestría en Teoría Económica, estimulado primero por la necesi­dad que sentía de profundizar los conocimientos adquiridos y segun­do porque, en aquellos tiempos, no veía verdaderas oportunidades profesionales para establecerme en mi área de formación. A raíz de mi experiencia de estudios de posgrado en Porto Alegre, en el sur de Brasil, me interesé mucho por el proceso político, social y cul­tural que vivía tanto esa ciudad, sede del primer Foro Social Mun­dial en 2001, que también ayudé a construir, así como por el país, y decidí quedarme para cursar el doctorado en Ciencias Políticas, en la Universidad Federal de Rio Grande del Sur, también en Porto Alegre. Una vez terminado el doc­torado, la Universidad Estadual de Santa Cruz en Ilhéus, ciudad del estado de Bahía, me ofreció traba­jo como profesor visitante y acepté con placer, sobre todo porque co­menzar mi carrera profesional en una región con indicadores sociales y económicos tan bajos represen­taba un desafío, y también porque la competencia académica en otras regiones más desarrolladas del país es muy fuerte para doctores de re­ciente formación.

¿Qué tipo de institución es la UESC y cuál es el contexto so­cio-económico de la ciudad de Ilhéus?

La UESC es una universidad rela­tivamente nueva, comparada con otras de Brasil o con la UASD en Santo Domingo; surgió en 1991 como respuesta del Gobierno a las reivindicaciones de la sociedad, que pedía la estalización de una entidad privada para permitir ac­ceso a la población de clase media y baja de los municipios de la re­gión cacauera de Ilhéus e Itabuna; son las tierras del reconocido escri­tor Jorge Amado, autor de varias obras, ya clásicas, de la literatura latinoamericana, y traducidas a muchos idiomas. Es una institución con un perfil regional, al servicio de una población de casi cincuen­ta municipios, lo que marca mucho sus actividades científicas, tanto las docencias como las investigaciones y las actividades de extensión uni­versitaria.

Entre estas últimas activi­dades, la UESC ha creado una “Incubadora de emprendi­mientos económicos solida­rios”. ¿Puede contarnos en qué consiste una incubadora?

Una incubadora es un mecanismo que copia la esencia de aquel apa­rato, utilizado en el área de salud, que cuida de los recién nacidos que presentan dificultades para sobrevivir en sus primeros días de llegada al mundo. En el área eco­nómica, una de las experiencias pioneras fue desarrollada por el gobierno municipal de Porto Ale­gre en la década de los noventa, durante la dirección del Partido de los Trabajadores, el que a nivel na­cional representaba Lula Ignacio da Silva, expresidente de Brasil. Para incentivar la naciente indus­tria informática y de la tecnología de la información en general, ese gobierno creó el programa deno­minado Incubadora Empresarial Tecnológica (IETEC) para aprove­char el gran potencial que las ac­tividades de este tipo representan para el crecimiento económico local y nacional orientado hacia el desarrollo endógeno y autóno­mo. A partir de experiencias con principios similares a la de Porto Alegre, en el área socio económi­ca vivimos entonces el surgimien­to de incubadoras que empezaron a agrupar personas con diferentes conocimientos científicos y profe­sionales que persiguen ayudar a grupos de trabajadores excluidos del mercado laboral formal, para que sus actividades y sus vidas pue­dan ser autosostenibles en el largo plazo, reduciendo así el riesgo de volver a someterse a una relación laboral de subordinación a un pa­trón, propietario de los medios de producción o, más en general, de una empresa capitalista.

Los trabajadores informa­les o los desempleados son entonces los primeros bene­ficiarios de las incubadoras. ¿De qué manera se estable­cen, por tanto, las relaciones entre los dos actores?

Las incubadoras de emprendi­mientos de economía solidaria están llamadas a mostrar a los trabajadores la posibilidad de la emancipación económica y la im­portancia de reforzar los princi­pios de solidaridad y democracia económica con el fin de sistema­tizarlos y convertirlos en prácticas centrales de la gestión de sus acti­vidades. Además, la incubación es un proceso donde se identifican, junto con los trabajadores, los pro­blemas que dificultan el arranque o el desarrollo de una determina­da actividad, así como las etapas iniciales de diagnóstico y estudio de factibilidad. De hecho, es con base en los resultados de esas pri­meras etapas que los trabajadores construyen un plan de trabajo, auxiliados por los técnicos, quie­nes los ayudan a plasmar la rea­lidad del grupo persiguiendo la sostenibilidad de la actividad y, si es necesario, su reorientación ha­cia otra área que, por ejemplo, se identifique como más adecuada con el perfil del grupo de trabaja­dores. Todas las decisiones siempre son del grupo y no de los técnicos que apenas apoyan y orientan con sus conocimientos la toma de de­cisiones económicas y sociales. La incubación puede darse en las más diferentes etapas de un emprendi­miento o actividad económica y social: la estructuración del grupo en términos legales, la producción, la comercialización o la distribu­ción. Todo dependerá del momen­to en el que se encuentre el grupo incubado, una asociación o una cooperativa de trabajadores, por ejemplo. Nosotros normalmente incentivamos a que los grupos se conviertan en cooperativas.

¿Cómo ha sido el proceso de creación de su incubadora?

Nuestra agrupación se llama “Incubadora Bahiana de Em­prendimientos Económicos y So­lidarios” (IBES). Surgió hace pocos años como forma de agrupar y sistematizar las actividades que realizaban diferentes docentes y estudiantes de la UESC y que, sin embargo, actuaban aislados a tra­vés de diferentes proyectos de ex­tensión universitaria, en las áreas económica y social. Jugó un papel central la Vicerrectoría de Exten­sión (PROEX), dirigida desde 2004 por el profesor Raimundo Bonfim dos Santos; la PROEX, en concre­to, permitió el funcionamiento y el desarrollo de la incubadora que, actualmente, dispone de varios es­pacios dentro de la universidad y sus trabajos siguen siendo coordi­nados por esa vicerrectoría. Ade­más de los profesores, en la IBES participan de forma directa estu­diantes de la universidad, como becarios que reciben un apoyo para trabajar en los proyectos de la incubadora; también tenemos a varios técnicos contratados para apoyarnos en distintas tareas y que están adscritos a la PROEX para esos fines. La mayoría de estos profesionales son egresados de la UESC, con formación en diferentes áreas, principalmente economía, administración y agronomía. Esto es uno de los aspectos que subraya mayormente el carácter regional y comunitario de la incubadora.

¿De qué manera se financia la incubadora?

Los proyectos de extensión univer­sitaria son la base de la incubadora y son financiados por los ministe­rios del gobierno federal, así como por secretarías del gobierno estatal de Bahía y por instituciones, como la Fundación de Apoyo a la Inves­tigación y Extensión del Estado de Bahía (FAPESB).14 Entre los princi­pales financiadores a nivel federal están la Secretaría Nacional de Economía Solidaria, SENAES, ads­crita al Ministerio de Trabajo y dirigida por el conocido intelectual Paul Singer, así como los Ministe­rios de Educación, de Desarrollo Social y Combate contra la Pobre­za y el de Reforma Agraria.

¿Cómo es la participación de los estudiantes en las activi­dades de la incubadora?

Los estudiantes ganan becas para trabajar en los proyectos de la incu­badora con la condición de que se mantengan activos en sus estudios universitarios y preferiblemente que tengan experiencias previas curriculares relacionadas con los principios de la economía solidaria; por ejemplo, que hayan participado en movimientos populares o colec­tivos sociales de sus comunidades de origen, o de asistencia social en barrios y empresas. Para cada proyecto de la incubadora se abre una convocatoria pública dentro de la universidad que selecciona los estudiantes según las necesidades del proyecto; una vez selecciona­dos, los becarios participan en un curso de gestores de incubación de emprendimientos solidarios, cu­yas materias las imparten nuestros profesores de áreas como econo­mía, política, sociología, adminis­tración, cooperativismo, derecho, entre otras áreas. Hay clases de principios de economía solidaria, estudio de factibilidad económica y gestión democrática, comercio justo, principios de cooperativismo e incubación. Participan también trabajadores y trabajadoras que serán beneficiados con la incuba­ción de sus actividades económi­cas, lo que hace posible un primer contacto entre los estudiantes uni­versitarios, profesores y grupos incubados. El curso permite capa­citar a los estudiantes e insertarlos en los principios de actuación de la economía solidaria y a partir de ahí se convierten en consultores de la incubadora que tienen como papel principal visitar las comunidades donde están localizados los em­prendimientos incubados, reunirse con los beneficiados para levantar datos y pasarles orientaciones y ayudas relacionadas con los proble­mas de cada asociación o coopera­tiva popular. Luego, los consultores (estudiantes capacitados) se reúnen con nosotros, los orientadores, pro­fesores pertenecientes a la incuba­dora, y así evaluamos las demandas identificadas y las posibilidades de atención o redireccionamiento a otras instancias para encontrar so­luciones a los múltiples problemas que se han presentado. Ese proce­so permite un análisis constante de la teoría de la economía solidaria y entonces influye en que los estu­diantes se interesen por estos temas y los desarrollen en sus tesinas en los cursos de grado. Es un aspecto fundamental, porque estamos in­centivando directamente la produc­ción científica de artículos, libros, papers, entre otras producciones aca­démicas. por los mismos estudian­tes e investigadores que, además, tienen la posibilidad de presentarlos en seminarios y encuentros tanto a nivel nacional como internacional, así como publicarlos.

¿Qué tipo de relaciones se tejen con las autoridades pú­blicas, tanto locales como na­cionales?

En realidad la incubadora actúa de manera paralela a los gobiernos lo­cales y nacionales intentando ayu­dar a las organizaciones sociales de trabajadores asociados legalmen­te o no. En ese proceso, tenemos algunos contactos con regidores, síndicos, y dirigentes políticos. A veces conseguimos estimular a los poderes públicos, principalmente locales, para que ayuden en algu­nos aspectos a los emprendimien­tos solidarios: por ejemplo, en el transporte hacia los lugares donde se celebran los encuentros y las reu­niones; en el uso de espacios ade­cuados, de las infraestructuras y los bienes mínimos necesarios para desarrollar las actividades. Algunas veces las convocatorias de financia­miento de proyectos establecen la participación de entidades públicas, como parte del proyecto financia­do. Sin embargo, más allá de estas esporádicas colaboraciones, no te­nemos una relación más formal con los gobiernos o con otras autorida­des. En realidad, este es un punto crítico y uno de los primeros desa­fíos a futuro.

¿Y con organizaciones de la sociedad civil, movimientos sociales u organizaciones de economía solidaria?

Nuestra relación con ese tipo de or­ganizaciones es más intensa, pues son el objeto de nuestras interven­ciones. La incubadora desarrolla una relación inicial con los dirigen­tes de las organizaciones a las que pertenecen los trabajadores, lo que permite identificar la estructura de la organización, sus precarieda­des organizacionales y sus conflic­tos internos. En la práctica lo que ocurre es que nosotros hemos dado mayor énfasis al trabajo directo con la base de muchas de esas organi­zaciones y movimientos porque lamentablemente varios de sus di­rectivos algunas veces se corrom­pen, otras veces se dividen y dejan a la base sin orientación y sin ayu­da, no cumpliendo con la misión de las organizaciones. Por ejemplo, hemos logrado un contacto directo con muchos trabajadores rurales y urbanos que están insatisfechos con algunas de sus organizaciones o que quieren fortalecer sus estructu­ras de economía solidaria. Este ha sido, sin duda alguna, un trabajo mucho más productivo.

¿Conoce otras incubadoras en otras universidades de Bra­sil? ¿Y de otros países latinoa­mericanos?

Al ser Brasil un país continental, nuestra mirada está más dirigi­da hacia otros estados brasileños. Hay muchas experiencias en otros lugares del país que nos permiten comparar, medir y entonces dar­le mayor sentido a las actividades de economía solidaria que reali­za la incubadora. Tenemos bue­nas relaciones con universidades de la región Nordeste, donde nos encontramos y anualmente reali­zamos y participamos en muchos encuentros para intercambiar co­nocimientos sobre lo que hacemos. También existen foros de vice­rrectorías de extensión a nivel de todo Brasil, que permiten un tipo de intercambio más institucional. Por tanto, ese es un aspecto de los más importantes para mantener creciendo el desarrollo de la eco­nomía solidaria a nivel nacional. En el caso de otros países hemos participado en congresos, encuen­tros y seminarios en Uruguay, Ar­gentina, Venezuela y Colombia, donde se discuten también temas y experiencias de economía solida­ria latinoamericanas y mundiales. Gracias a Internet el intercambio de experiencias ha crecido mucho.

¿Qué importancia tienen es­tas experiencias para un país como la República Domini­cana? ¿Hay propuestas para “importar” procesos de incu­badoras también para el país?

Todos los países, y dentro de los mismos todas las regiones, con bajos niveles de desarrollo económico y social, tienen grandes desigualdades y escasas oportunidades para las ca­pas más desfavorecidas, necesitan crear y enriquecer sus propias expe­riencias de economía solidaria. La República Dominicana también. Experiencias alternativas a las que el mercado sigue determinando, para poder incluir a la mayoría de su población en un nuevo tipo de contrato económico y social. En ese sentido, un contexto bien articulado y adecuado de economía solidaria puede representar una de esas alter­nativas. En apoyo a la construcción de este tejido solidario, encontra­mos el modelo de las incubadoras de emprendimientos económicos y sociales que estimula la gestión democrática por parte de sus aso­ciados y, por ende, un mejoramien­to de las condiciones de vida de la comunidad. En mi más reciente visita a la República Dominicana, tuve la oportunidad de impartir un curso sobre factibilidad económica y gestión democrática de emprendi­mientos asociativos populares, en el cual participaron dirigentes y téc­nicos de asociaciones, cooperativas de trabajadores y de crédito, repre­sentantes y asesores de las ONG, así como estudiantes. Los participantes me dejaron una impresión muy po­sitiva.

¿Cree usted que aquí, en la República Dominicana, haya terreno fértil para este tipo de experiencias?

Pude constatar que existe un gran número de movimientos de tra­bajadores, pequeños productores, surgiendo e intentando consolidar­se al lado de otros ya consolidados, principalmente en el área de la producción agrícola, por ejemplo, de cacao y café. Además, pude ob­servar que el papel de la incubación lo realizan algunas ONG y esto es una variación o adaptación de la experiencia del modelo de incuba­dora que estamos implantando en las universidades brasileñas. Por tanto, en la República Domini­cana hay que tratar de involucrar también a las universidades, a los institutos universitarios o centros de estudios para que, por medio de la extensión universitaria o progra­mas específicos, puedan apoyar di­rectamente a los movimientos y las organizaciones sociales que desde abajo generan trabajo y desarrollo respondiendo de manera asociati­va a las injusticias de un mercado excluyente y para nada libre. El apoyo dado por las incubadoras a través de los profesores, investiga­dores, técnicos y estudiantes miem­bros, ayudarían a multiplicar las experiencias de economía popular y solidaria, sin la presencia de un patrón o único dueño de los medios de producción que busque intereses privados y no colectivos. Las incu­badoras, de hecho, contribuyen a la producción de conocimiento cientí­fico que permite a los trabajadores y sus organizaciones sustentar di­rectamente sus experiencias y acti­vidades productivas. Ojalá entonces que las universidades dominicanas descubran la importancia de aten­der a organizaciones de este tipo e identifiquen en los jóvenes estudian­tes los potenciales multiplicadores de teorías y prácticas económicas solidarias tanto en la ciudad como en sus comunidades de origen.

Marco Coscione es licenciado en Ciencias Internacionales y Diplomá­ticas de la Universidad de Génova y máster oficial en: “América Latina contemporánea y sus relaciones con la UE: una cooperación estratégica”, impartido por la Universidad de Alca­lá y el Instituto Universitario de Inves­tigación Ortega y Gasset de Madrid. En abril de 2011 Funglode publicó su investigación: Comercio justo en la República Dominicana: café, cacao y banano.

Notas

[1] <http://www.luisrazeto.net>.

[2] <http://www.ubolivariana.cl/rednorte/ ?page_id=280>.

[3] <http://www.coraggioeconomia.org>.

[4] <http://www.ungs.edu.ar/areas/pos_ maestria_economia_social/1/maestria-en-economia-social-maes.html>.

[5] <http://www.urbared.ungs.edu.ar>.

[6] <http://www.riless.org>.

[7] La riless “Tiene un Comité de Orga­nización coordinado por José Luis Co­raggio (ungs-Argentina) y conformado además por Luiz Inacio Germany Gai­ger (unisinos-Brasil), Alberto Acosta (flacso-Ecuador), María Arcelia Gon­záles Butrón (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-México) y Jean-Louis Laville (emes-Europa). El comité de consulta está conformado por Aníbal Quijano (Perú), Luis Raze­to (Chile) y Paul Singer (Brasil)”, véase <http://www.riless.org/quienessomos. shtml>.

[8] <http://kolping.org.uy/economia_so­lidaria/boletin1.html>.

[9] <http://kolping.org.uy>.

[10] <http://www.ecosol.org.br>.

[11] <http://www.unisinos.br/catedra/ sociedade_solidaria>.

[12] <http://www.mte.gov.br/ecosolida­ria/secretaria_nacional.asp>.

[13] <http://www.pacs.org.br/progra­mas.php>.

[14] “Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado da Bahia”, <http://www.fapesb. ba.gov.br>.


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