Artículo de Revista Global 20

Entrevista a Susana Trimarco

Marita Verón desapareció en 2002 cuando salió de su casa en la provincia argentina de Tucumán, para una consulta ginecológica. Cayó presa de una red de trata de personas que introduce a miles desde América hasta Europa en la droga y la prostitución. Susana Trimarco, su madre, ha emprendido una lucha contra las bandas traficantes de mujeres que le ha valido el premio internacional Mujer Coraje 2007 del Gobierno de Estados Unidos.

Entrevista a Susana Trimarco

Con 2,500 pesos argentinos se puede comprar una buena computadora. Un vestido caro en Buenos Aires. Y también alcanzan para comprar una persona. Esa fue la suma por la que se vendió a Marita Verón, una joven de 23 años que el 3 de abril de 2002 salió de su casa en la provincia argentina de Tucumán para una consulta ginecológica, y no volvió nunca más. Cayó presa de una red de trata de personas que introduce a miles y miles de mujeres desde América hasta Europa en la droga y la prostitución.Marita fue separada de sus padres y de su hija de sólo tres años para viajar a un mundo donde las mujeres se debaten entre la explotación de su sexo o la muerte: por eso es que ella y tantas otras chicas no escapan de sus dueños captores. Su madre, Susana Trimarco, la busca desde aquel entonces.

Susana ha emprendido una lucha personal contra las bandas traficantes de mujeres. Primero se unió a los amigos de Marita, llevando su fotografía por todas partes. Luego, organizando y conduciendo ella misma las investigaciones judiciales en la pista de las redes de trata de personas. Su hija aún no aparece. Pero sí se han rescatado a otras 147 chicas que habían sido secuestradas, y 87 de esas causas judiciales ya se han resuelto. Todo lo ha hecho Susana a través de lo que es hoy la Fundación María de los Ángeles, que este año se abrió en Tucumán (con el apoyo del Gobierno nacional y de la embajada norteamericana) para batallar contra la trata y regalarles a las jovencitas rescatadas la oportunidad de salir del infierno por medio de tratamientos con la ayuda de profesionales. Por esta labor, Susana acaba de recibir de manos de Condolezza Rice el premio internacional Mujer Coraje 2007 que otorga todos los años el Gobierno de los Estados Unidos a las mujeres que representan la lucha social. Fue la única latinoamericana que recibió esta distinción. El Senado argentino le otorgó en diciembre pasado el de la Mujer del Año 2007. Su historia está siendo documentalizada para el cine argentino, y una coproducción española-argentina pondrá en la piel de Susan Sarandon la vida de Susana Trimarco. Pero ella hoy no habla de todo esto.

La madre de Marita ha convertido su vida a la denuncia del flagelo de la trata de personas.

El de su hija no es un caso único ni aislado, sino uno entre miles. Las redes de trata se han extendido por todas partes. La Convención de las Naciones Unidas contra el Crimen Transnacional, de hecho, impulsa desde hace 10 años a los países para que organicen legislaciones en defensa de las víctimas de trata. Se crearon listas de los países más riesgosos, en las que aparecen 127 países de origen, 98 de tránsito y 137 de destino de las personas traficadas. En esa lista, una de las zonas más riesgosas es América Latina, con Colombia, México y Argentina como principales países de origen de las víctimas.

Susana se enfrentó, primero sola y hoy con el apoyo de quienes creyeron en su trabajo, al monstruo de la trata. Para eso, recuerda y cuenta la historia de su hija como si acabara de sucederle. Seria pero emotiva. Desde un lugar que no quisiera haber ocupado nunca, Susana Trimarco cree que vale la pena contarlo de nuevo. Mientras más se difunda la imagen de Marita, en cualquier lugar de este mundo, habrá pasado un día más cercano al tan ansiado rescate.

¿Cómo recuerda la desaparición de Marita?

Mi hija fue secuestrada mientras iba caminando por la calle. Hay testigos que contaron cómo la agarró un hombre que, a pesar de su lucha, la metió adentro de un auto de una empresa de remises [taxis puerta a puerta] del que resultó ser el cabecilla de la red de trata de personas que hasta ese momento desconocíamos. Nosotros no sabíamos que esto existía; pensamos que ella había tenido un accidente mientras iba a la maternidad para sacar un turno. Marita se quería poner un dispositivo intrauterino, y una enfermera de la maternidad le insistía para que se lo colocara allí. Así fue que Marita fue a la Maternidad. El día antes a su desaparición, esa mujer tuvo contacto con nosotros, le preguntó si estaba de acuerdo con que su novio (el de la enfermera) la pasara a buscar para llevarla. Marita fue a la maternidad. Cuando llegó la dejaron elegir el médico, la revisaron y le dijeron que tenía que hacerse dos estudios, y que al día siguiente se presentara con el documento de identidad, supuestamente para que lo sellaran, lo cual era también extraño. Pero uno en ese momento no piensa que puede pasar nada malo. De todas maneras, Marita me pidió que yo la acompañara el día de la colocación. Por una cosa u otra, al día siguiente se fue sola. Fue la última vez que la vi.

¿Por qué la secuestraron?

La elección de las chicas no es al azar. Hay una organización, en este caso la entregadora fue la enfermera. Prepararon el secuestro de mi hija con mucha anticipación. A ella le pagaron para que entregara a Marita a la banda que después descubrimos que funcionaba en todo el país y con contactos afuera. Tienen un procedimiento muy meticuloso. Primero la entregan a una persona que la saca de la provincia, en el caso de Marita fue llevada a la provincia de La Rioja, y luego allí se la vuelve a vender directamente a quien va a explotarla. La vendieron por 2,500 pesos, pero hoy en día pagan hasta 5,000 euros por las chicas que llevan a España, y hay cotizaciones en función de la calidad de la mujer. Antes secuestraban sólo a chicas humildes, ahora buscan jovencitas con estudios secundarios y universitarios, como el caso de mi hija. Esto lo sabemos porque en la página de Marita recibimos unos 800 correos diarios, y muchos son pedidos de auxilio de padres, y son chicas de clase media. Desde allí intentamos conectarnos con otras fundaciones en contra de la trata, armando redes de búsqueda de las víctimas y vamos publicando las fotos para encontrarlas.

Muchos casos han tenido resultados positivos.

Yo sola, antes de que existiera la Fundación María de los Ángeles que ahora cuenta con apoyo del Gobierno nacional y del de Estados Unidos ya encontré 147 chicas en distintos lugares del país. Buscando a mi hija y ayudando a otras madres. Ellas ya están con sus familias. Organizamos las investigaciones aun cuando la Policía y la Justicia desestiman los casos diciendo que las chicas se han ido de sus casas por sus propios medios a causa de disgustos familiares. Muchas de las denuncias son por peleas familiares, y este es un síntoma muy grave porque muchos de los tratantes se acercan a las chicas, se ponen de novios y las enfrentan a sus familias para que las chicas se vayan del hogar por una discusión. Es entonces cuando aprovechan para hacerlas desaparecer. Tuvimos casos así de chicas de sólo 12 años. Son redes que operan por el mundo organizadamente, usan la técnica del conflicto familiar, las desplazan a otras provincias y cuando hacemos la investigación llegamos siempre a los mismos circuitos que están en contacto con la mafia principal.

¿Qué otras características sobresalen en el accionar de estas bandas?

Hay varios proxenetas por todo el mundo. En el norte de nuestro país, la base principal está en la red de Rubén Ale y María Jesús Rivero. Ambos aparecen en la causa de mi hija. Esta pareja tiene una cadena de prostíbulos ocultos, casas normales que tienen chicas atrapadas y en donde se ofrecen servicios VIP. Pero estas personas siguen operando impunemente. No caen porque tienen complicidad con el poder político, policial y judicial. Todos están conectados para recaudar parte del dinero que se pone en funcionamiento con este negocio. Hay prostíbulos “liberados” por todo el país, de norte a sur, desde Chubut hasta Salta y La Rioja, y tienen contacto de negocio con otras bandas que trafican hacia Europa, especialmente a España. También operan con chicas de otros países de América Latina, por ejemplo, Brasil, y hubo dos casos de dos jovencitas de la República Dominicana. Una de ellas ha sido rescatada. De la otra, lamentablemente, manejamos la información de que fue asesinada y enterrada dentro de un prostíbulo de La Rioja.

¿Se trata de un negocio sin ningún tipo de límites?

Sí. Manejan prostitución, droga y tráfico de armas. Para ellos es un negocio redondo. Son cifras millonarias. Para tener una idea, en un allanamiento hace poco en La Rioja, los oficiales de la Justicia encontraron un tacho con agua, y se encontró allí adentro una caja con unos 100 documentos de identidad en blanco y de chicas menores de edad y escrituras de casas costosísimas. Y lo más importante que se halló fue documentación con los registros de los pases (el rendimiento) que hacen las chicas: una víctima, que aparecía con nombre, sumado al mes les rendía unos 12,000 pesos, y en ese prostíbulo había unas sesenta chicas. Era un prostíbulo de la provincia de La Rioja que está ubicado en una zona cercada donde hay más de 20 burdeles operando para esta misma red.

¿Cómo fue que el dolor le permitió a usted sobreponerse e iniciar la búsqueda y las investigaciones?

Cuando nos pasó esto yo ignoraba este mundo oculto. Éramos una familia normal, pensamos que Marita había tenido un accidente, que la habían atropellado y la buscamos por los hospitales. Jamás se me había ocurrido ni pasado por la cabeza. Al tercer día que ella no aparecía, una llamada anónima me avisó que la habían secuestrado, golpeado y metido adentro de un auto. Salimos esa misma noche con una fotito de ella, nos dividimos distintos lugares de la provincia, entre esos el parque 9 de Julio (la zona de Tucumán donde más se ejerce la prostitución). Allí encontramos a una chica que estaba trabajando y nos dijo que sí sabía lo que le había pasado a Marita pero que no podía hablar porque la estaban vigilando. La muchacha nos dijo que mi marido pasara una hora después en otro auto y que se hiciera pasar por un cliente. Recién entonces le contó todo. Fue la primera noticia que tuvimos sobre cómo operaban estas redes. A ella la habían secuestrado a los 13 años. Desde ahí empezó nuestra lucha. Cuando mi marido me contó, no le creí, pero un amigo nos dijo: “Estas cosas pasan”. A mí me parecía increíble porque ella no había tenido contacto nunca con esta realidad. Después empezamos a investigar, y ya buscamos la ayuda de la policía. Un comisario empezó a trabajar con nosotros muy de cerca. Nos ayudaba fuera de su horario de trabajo. Fuimos descubriendo poco a poco. Conseguimos que nos dieran, después de varias negativas, órdenes de allanamiento. Nosotros sabíamos que a ella la habían llevado a La Rioja, pero no nos dejaron hacer el procedimiento. Sabíamos que ella estaba ahí. Pero no nos dejaron. La fiscal que intervenía en ese entonces me dijo un día viernes que por esto iba a detener una banda de policías que estaba involucrada en los negocios de aquel prostíbulo. El lunes la fiscal apareció muerta en su casa, misteriosa e inesperadamente. Nunca más pudimos ir en contra de esa banda de policías. Frenaron todo. Pero, aun así, seguimos avanzando. Ahora más, porque el juez que intervino desde un principio en la causa de Marita ya ha sido destituido. Él retiraba dinero todos los meses y, además, se atendía en los prostíbulos. Pero no está más, y nuestras ganas de seguir permanecen intactas.

En todos estos años, ¿qué fue lo más importante que hizo por su hija?

Lo más riesgoso fue disfrazarme y meterme en los prostíbulos con micrófonos y cámaras ocultas para reunir pruebas, porque los jueces y los fiscales dicen que estos son inventos de las chicas. Entonces para darles pruebas de la veracidad de los testimonios, en 2004, con un grupo de periodistas chilenos, nos infiltramos en los prostíbulos de La Rioja, estuvimos un mes metiéndonos en los lugares, caminando con el grupo de chicas que trabajan en la ruta 5, involucrándonos con los travestis, que nos protegieron en todo momento y que me dieron mucha información. Así supimos que la policía es parte de esta mafia: reciben recaudación para liberar las zonas. Estábamos ocultos detrás de los matorrales para que no nos viera la policía, en el callejón donde están todos los prostíbulos. La policía está permanentemente cada una hora para recaudar, entran, salen y se van. A las chicas que están sobre la ruta tienen un convenio de darles 10 pesos cada hora. Allí hay unas 60 por noche, todos los días. Manejan muchísimo dinero. Y ahora también siento que es muy importante la tarea que hacemos desde la fundación. Tratamos de rescatar en todo sentido a las chicas. Ellas se sienten sucias, dicen que la gente en la calle las ve con otros ojos. Este es nuestro mayor desafío: que ellas sepan que son hermosas, inteligentes, y que pueden volver de esa pesadilla, que fueron obligadas a prostituirse y que son otros los que se aprovecharon de su cuerpo. Acá las haremos recorrer un camino de acompañamiento con mucho amor. Las buscamos, las traemos, les organizamos talleres de pintura, de actuación. No queremos que ninguna se quede estancada. Nos vamos a ocupar de eso, y una vez que estén bien sicológicamente queremos que vuelvan a vivir, que regresen de la muerte en la que estuvieron durante el tiempo de cautiverio. Y también, por supuesto, seguir buscando a otras chicas, con las mismas ganas que tenemos de encontrar a Marita, por nosotros y por Micaela, su hija.

¿Cómo lleva la niña esta situación?

Al principio, con apenas tres años, lloraba todas las noches por su madre. Hoy ya es una mujer de ocho. No me da ninguna complicación. Si ve que el auto que la custodia no llega, ella misma llama a la dependencia policial y pide que vayan a buscarla. Pero aún no tiene clara la historia de su madre. Se crió con una verdad limitada porque no puedo decirle que a su madre la están drogando y haciendo prostituir. Trato de no mentirle, pero le explico que su madre está secuestrada y que ha sido vendida, pero no entro en detalles. Más allá de todo, la niña la espera. Sabe que estamos buscándola. Se acuerda de los fideos que le hacía mi hija, de la gelatina con trozos de fruta, se acuerda de todo. Yo le cuento, pero no le hablo de la prostitución, las violaciones y la droga porque sería enfermarle la mente. Yo sólo le repito que vamos a buscar a su mamá hasta que la encontremos. Y de eso estamos cada vez más cerca.

¿Cómo lo sabe?

Por las amenazas de muerte que recibo prácticamente todos los días. Eso quiere decir que estamos por buenos pasos hacia Marita. Las redes se sienten perseguidas por nuestro trabajo y, si amenazan, es porque saben que estamos cerca de hallar a Marita.

¿Usted está segura de que va a encontrarla?

Por supuesto. Nunca pensé que a mi hija la hayan matado. La busco con vida, porque en todo el camino que estoy siguiendo encuentro a muchas chicas que estuvieron con ella. Me dan datos que no pueden saber si no la han conocido. Muchas de las víctimas dicen haber conversado con Marita. Y me cuentan cosas muy íntimas. Por eso creo yo. Me dicen que ella sabe que yo la estoy buscando. Se lo dijo a Andrea Sánchez, una niña de Buenos Aires. Le dijo que ella sabe que la voy a sacar de esto. Por ahora Marita sabe que tiene que sobrevivir, que si no hace lo que ellos le dicen la van a matar. Andrea me contó que tenía una herida con una cicatriz de diez centímetros que le hicieron la única vez que quiso escapar. Lastimaron a mi hija. Pero no vamos a rendirnos ni a abandonar las líneas de investigación con noticias de ella.

¿No cree que en algún punto esto perjudica a su hija?

Si yo no hago nada, ¿cómo la voy a encontrar? Si no hablo de la investigación tampoco se hace nada. Lo que siento es algo más fuerte que yo; sería muy egoísta de mi parte saber todo lo que está pasando y no hacer algo. Saber que hay tantas víctimas que el Estado abandona. Y mucho peor saber que mi hija esta ahí. Eso no me deja vivir. Sé que Andrea, Fátima, Blanca, Hilda, Mercedes, tantas otras, todas me necesitan. Tengo que hacer algo. Ya logramos bastante: antes de esto no hablaba nadie. La trata de personas se hizo pública después de que yo denuncié lo de Marita. Los jueces, abogados y el periodismo me trataron muy mal, dijeron que yo mentía y que nada de esto existía. Se nos calumnió a mí y a mi hija. Hoy está demostrado en muchas causas que era todo cierto. Por eso seguí luchando. Y ahora sigo haciéndolo por los sueños de Marita, sus deseos de trabajar, ser licenciada en arte, darle un futuro a su hija, tener otro bebé… proyectos de vida. Lucho por ella. Y por la dignidad de las mujeres.

María Marta Lobo nació en 1977 en Tucumán, Argentina. En 2001 se graduó como periodista y licenciada en Comunicación Social. Entre 1999 y 2006 fue redactora de los diarios La Gaceta y La Ciudad, de Tucumán, además de colaborar para distintas publicaciones independientes. Actualmente es docente de Comunicación Radiofónica y de Comunicación Alternativa en la Universidad Nacional de Tucumán.


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