Artículo de Revista Global 69

Entrevista a Tatiana Fernández

Tatiana Fernández es una fotoperiodista que se sirve de los formatos audiovisuales para contar sus historias. Su opera prima, Nana, ha sido galardonada con el premio de la sección oficial de largometrajes de República Dominicana de RDoc y se ha presentado en diversos festivales de cine. Pero el gran logro del filme, es que ha servido para ponernos a hablar sobre la desigualdad social, los sinsabores de la migración, y sobre todo que nos ha llevado a redefinir el concepto de «la maternidad».

Entrevista a Tatiana Fernández

Nana es el primer documental de Tatiana Fernández y trata de los lazos emocionales existentes entre las domésticas provenientes del campo que cuidan a niños de clase media de Santo Domingo y Miami. Esto, por supuesto, sirve de contexto para profundizar en sus vidas, en su relación con sus patrones, en sus procesos migratorios, en la ausencia de figuras paternas y en la disyuntiva de estas nanas que tienen que cuidar niños ajenos en lugar de los suyos propios, que quedan al cuidado de sus hermanas o de sus madres. Dividido en cuatro partes –la separación, la distancia, la despedida y la visita–, el documental sigue a través del tiempo y de escenarios urbanos y rurales la vida de tres nanas: Leidy, Fina y Clara. Pero no solo profundiza en ellas, sino también en sus familias, en sus hijos, en sus patrones y en los niños que tienen a su cargo.

Este documental fue galardonado con el premio Mejor Largometraje de República Dominicana en la tercera edición del Festival RDoc. Estrenado mundialmente en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana, actualmente se está presentando de manera exitosa en varias salas de la capital. Elogiado por críticos como Armando Almánzar, quien señaló que es un espejo que refleja la vida de miles de dominicanas, Nana sigue abriéndose espacios y pronto se presentará en otros festivales internacionales, en universidades y en centros educativos del país.

Tres años atrás, cuando, con su cámara al hombro, Tatiana curioseaba en la vida de estas mujeres, no se imaginaba el impacto que su proyecto tendría. Ahora, sentada en la sala de su apartamento, me cuenta que una de las satisfacciones que le ha dado Nana es que muchas personas tras ver el filme le han asegurado que les aumentarán los sueldos a sus empleadas domésticas. Al principio, creo que se trata de una broma, pero como no se echa a reír, decido sacar mi grabadora y empezar a entrevistarla.

¿Cómo te interesaste en el tema de las nanas?

Yo crecí con una empleada doméstica en casa de mis padres de lunes a viernes. No era una nana en sí como se usa ahora. Siempre estaba ahí, y yo tenía un conocimiento de que tenía otra familia y de que vivía en otro sitio, y que después se iba allá, pero después no supe más de ahí. Mis amigas tienen hijos y con ellas siempre va una nana. Y ya ahí volví a preguntarme dónde estaban las familias de ellas. Y especialmente en el caso de las nanas, ya que dejan de cuidar a sus hijos para cuidar los de otras.

¿Cuánto te tomó hacer el documental?

Tres años y medio. Desde que empecé la investigación, que fue cuando conocí a la primera nana, la de Miami. Yo empecé a investigar en octubre del 2012. El rodaje fue un año y medio, salteado. Pero, en total, fueron de diez a quince días por cada historia, como 45 días. A veces era sencillamente ir y hacer una entrevista. A veces era pasarme el día entero. Si era en el campo, incluía dormir y quedarme tres días.

¿Cómo fue meterte en el universo de todas estas familias?

En los campos fue mucho más fácil que me abrieran las puertas. Pasaba el tiempo con ellos y me quedaba a dormir allí. En una ocasión tuve que ir al campo para un momento importante del documental. Le pedí a la nana que avisara a su mamá. Ella me dijo que allá en el campo no había señal, pero que si hablaba con ella antes le decía. Y el día que salí para allá me contó que no habló con ella, pero que fuera. Así que me aparecí y le dije: hola, doña, voy a dormir aquí, y ella me dijo que estaba bien. Me sentía muy bien porque eran muy abiertos. Porque si en el campo cualquiera te abre las puertas, en la ciudad no.

¿Cómo llevaste a cabo el proceso de selección?

Les escribí una carta explicándoles el proyecto. Por ejemplo, la jefa de Lady me respondió la carta y dijo que se sentía identificada, y que la nana y su hija eran muy cercanas, y que la nana tenía hija. Así que fui a conocerla. Además, yo iba sola con la cámara y el micrófono, o sea, no tenía que coordinar un crew.

¿Crees que las nanas están atrapadas en un círculo vicioso?

No creo que haya ningún tipo de beneficio social para ellas. Es una cadena que sigue sin romperse. Tu mamá lo hizo, tú lo haces y puede que tu hija lo haga. Ahora bien, por lo que he visto en las nuevas generaciones, al menos han logrado terminar la escuela. No son adolescentes embarazadas y no quieren hacer trabajo doméstico. Noto que quieren hacer otra cosa.

En el documental se repiten algunos patrones: hijos en la adolescencia, pobreza y la ausencia de figuras paternas.

Sí, es un medio muy machista. Pero eso se ve en todas las clases sociales, eso de que el cuidado de los hijos recae exclusivamente en la mujer. Hasta ahora no he visto ningún cambio con eso. Creo que esos que mencionas eran los más relevantes y los que más se repetían. Lo que me chocaba mucho. Pero no es una coincidencia. Es que hay un problema grande en el tema de educación sexual, y, de verdad, hay que llamar la atención sobre eso.

Hay una parte en que le preguntas a uno de los personajes si alguien le habló de planificación sexual.

A mí me preocupa mucho la falta de guía y de orientación sexual en las escuelas y en los campos. Se necesita crear más conciencia. Hace poco estuve en el campo y había una mujer que me dijo que quería llevar a su hija a prepararse. Esa generación está más consciente para que sus hijos no hagan lo mismo. Y quiere que tengan una oportunidad para planificarse. Pero hay una relación directa con el machismo. Si tú te sientes menos que el hombre, y el hombre te impone una cosa, y tú no tienes derecho a reclamar, ya de por sí eso daña todo, todo se cae, por lo que debiera haber una educación en conjunto, de ambos sexos.

Ah, te quería comentar que me chocan los uniformes que les ponen a las nanas.

Hay gente que lo critica como un símbolo de estatus. Pero yo no te sé decir si es por eso. Le llegué a preguntar a una de las nanas del documental, la única que usaba uniforme, cómo se sentía con él, y ella me dijo que está bien porque no quiere dañar su ropa. O sea, que sentía como si el uniforme no significara nada para ella.

¿Sería como el uniforme que usa una persona que trabaja en una empresa?

Exacto.

En el documental, el caso más impresionante es el de Fina. Tiene diez años viviendo en Miami y alejada de sus hijos.

Juzgarlas nunca fue mi trabajo, sino entenderlas. Quería entender por qué lo hacían. Es difícil. Y mucho menos yo, que no soy madre, juzgar la decisión de otra madre de cómo va a cuidar a sus hijos… Yo no opino en eso.

Logras mucha empatía con las entrevistadas. Hay momentos en que se siente como si se conocieran de hace mucho.

A Clara yo la conozco de antes. Incluso con ella fue más difícil. Con Lady fue más fácil. Con Fina fue más duro. Pero a pesar de que Clara fue muy abierta, yo siempre sentí como una lejanía. Quizás debido a que mis padres y los jefes de ella eran amigos. No sé cómo explicarlo. Me trataba como si yo fuera jefa de ella o me daba un trato diferente, como que yo estoy en su casa y ella quiere calentarme el agua para que me bañe, o que coma en la mesa cuando todo el mundo está comiendo debajo de la mata, o traerme agua en una bandeja. Porque por más que uno trate y pase tiempo allí, y por más que uno crea que como humanos somos todos iguales, hay una separación que a ella no se le quita por nada del mundo. La primera vez que fui a un campo fue con la que trabajaba en la casa de mis padres, y ella me presentaba a su vecina diciendo: ella es mi jefa.

¿Te serviste de estadísticas para este documental?

En mi tesis sí. Era más periodística. Pero cuando pensé en el documental ya se volvió algo más de cine. El editor viene de una escuela de cine y yo vengo de una escuela de periodismo, y tratamos de hacer una mezcla de las dos cosas. Hay trescientas mil empleadas domésticas en la República Dominicana. Y tú dices, bueno, gracias por el dato. Pero aquí tú ves qué es lo que hacen. Los datos dicen: siete de cada diez vienen del campo a trabajar a la capital o a Santiago, y aquí puedes ver lo que implica ese proceso migratorio.

¿Cómo entras en el mundo del documental?

Bueno, yo soy fotoperiodista y el documental empezó como mi tesis de maestría. Estaba haciendo una maestría en Fotoperiodismo en Missouri con una beca Fullbright. Allá el fotoperiodismo está más inclinado hacia el video. Muchos periódicos con plataforma digital requieren un fotógrafo que haga fotos y videos. Allá yo me metí en eso. Y cuando empecé a hacer la tesis –que fueron diez minutos de la película– pensé que iba a hacer fotos, pero al final solo hice el video. Y cuando vi que había muchas cositas que contar, entonces dije: bueno, vamos a hacer un documental. Como ya había grabado una parte para la tesis, apliqué a los fondos de la ley de cine y gané. Y seguí el mismo proceso de hacerlo sola. Estaba muy feliz con ser fotoperiodista. Eso es lo que siento que quiero hacer. Yo estudié publicidad y trabajé varios años en eso, pero no me convencía. Así que ya lo mío es el fotoperiodismo. Y veo el cine o el documental más como un medio para seguir haciendo fotoperiodismo. Porque lo que a mí me interesa es contar una historia.

¿Dónde se estrenó el documental?

En La Habana. El estreno mundial fue en La Habana y luego se presentó aquí. También se ha presentado en Uruguay y en el Chicago Film Festival. Y ahora está aquí en las salas de cine. Pero la verdad es que nada se compara con la reacción de la gente aquí. Lo de aquí ha sido increíble. En La Habana bien, pero ellos no utilizan nanas. Yo expliqué lo que era una nana y todo. Pero una mujer se me acercó y me dijo que se emocionó mucho con la historia de Miami porque ella también tiene una hija que vive fuera y tiene como veinte años sin verla. En esa parte ella se pudo identificar, o sea, en el aspecto de la separación y la migración.

En cuanto al estreno en el país, que se hizo en la Cinemateca, había una representante de la Asociación Dominicana de Domésticas. Y ella se expresó y dijo que era un trabajo importante. El hijo de uno de los personajes, que nunca me hablaba cuando yo iba a la casa, agarró el micrófono y empezó a hablar y a hacerme preguntas. Y se refirió a su tía, que tiene diez años cuidándolo, como su nana.

¿Piensas presentarlo en centros educativos y en universidades?

Desde que salió el tráiler, empezaron a escribirme de universidades de los Estados Unidos que estudian migración y cadena de cuidado. Sí, he visto que tiene potencial de ser un documental educativo. También me interesa mucho que llegue a la escuela pública en algún momento y que se puedan hacer presentaciones. Ahora no puedo, porque tengo el acuerdo de distribución en el cine, pero luego que salga de las salas de cine voy a ver qué puedo hacer para que llegue a las distintas
personas.

Y para la gente que te ha hecho comentarios, ¿cuál es su escena favorita?

Yo creo que para la clase media alta el caso de la niña Kate y su amor por la nana. Porque mucha gente reacciona a esa parte. Y sobre todo porque ahora el documental se está presentando en salas para un público de clase media alta. Claro, también reaccionan a otras, porque la maternidad es universal en cada clase social. Pero sí, me choca que siempre me mencionan esa parte.

¿Cómo definirías la maternidad?

Tú sabes que yo me di cuenta, ya en la edición y oyendo las preguntas que les iba haciendo, de que este proyecto era una exploración sobre qué es para mí la maternidad, sobre todo porque no la entiendo y veo que todo el mundo alrededor de mí la vive. Yo no la he vivido. Me di cuenta de que sí había un interés personal en tratar de entender qué es la maternidad y qué significa. Sigo pensando que es bien difícil. Es un sacrificio y una entrega total. Mira, no llegó a salir en el documental, pero el día que conocí a una de las nanas una niña de seis años se le acercó y le llevó un dibujo que había hecho. Era de la familia de ella, y la nana estaba ahí. La nana y la mamá eran las más grandes del dibujo. Luego, papá, hermanos y perro estaban aparte.

¿Y qué tienes pensado hacer en el futuro?

Seguir promocionando el filme. Hacer que llegue a algunos sitios del país y a otros festivales más. Y claro, ponerme a trabajar. No estoy acostumbrada a tanta atención, lo mío es estar detrás de la cámara.

Frank Báez es editor de la revista Global.


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