Artículo de Revista Global 25

Entrevista con Leonel Fernández, presidente de la República Dominicana

En el Palacio de Gobierno y en presencia del director de Global, Carlos Dore Cabral, el director de la revista Quórum, Manuel Guedán, mantuvo una conversación con el presidente de la República, Leonel Fernández, sobre la crisis económica, la democracia, la cooperación política en la región y el espacio iberoamericano.

Entrevista con Leonel Fernández, presidente de la República Dominicana

Leonel Fernández, un profesor universitario con vocación política, empezó su andadura cuando todavía era estudiante de la mano del político e intelectual Juan Bosch, fundador del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). En 1996, con sólo 43 años, ganó por primera vez las elecciones presidenciales y volvió a ganarlas en 2004 y en 2008, convirtiéndose así en el presidente latinoamericano que más veces ha ocupado la Presidencia. Junto con los presidentes de Brasil y Chile, Lula y Bachelet, el presidente de la República Dominicana está jugando un importante papel de mediador para solucionar pacíficamente los conflictos de la región.

Presidente, ha comenzado su tercer mandato al frente de la República Dominicana, un caso único en América Latina y, además, sus dos últimas elecciones las ha ganado en primera vuelta. Y tiene más mérito si se tiene en cuenta que no fue usted el presidente que planteó la reforma constitucional, sino su antecesor Hipólito Mejía, al que ganó por mayoría absoluta. Tengo la percepción de que en los últimos meses ha tenido que dedicar más tiempo a la política internacional; concretamente, en la reunión del Grupo de Río tuvo usted un especial protagonismo y fue capaz de propiciar un acuerdo entre el presidente Uribe, el presidente Chávez y el presidente Correa. Cuéntenos qué sucedió en dicha cumbre.

Como usted sabe, dentro de la troika del Grupo de Río, le correspondía a la República Dominicana ser la anfitriona de la celebración de ese último encuentro, que coincidió con una escalada del conflicto entre Colombia y Ecuador, en un primer término, y de Venezuela y Nicaragua después. Obviamente, al coincidir la fecha de la celebración del Grupo de Río en la República Dominicana con ese incremento de conflictividad entre países vecinos, la reunión cobró mayor importancia. Y, como consecuencia de esa situación, iniciamos previamente una serie de contactos telefónicos no sólo con los jefes de Estado involucrados, sino también con el resto de los presidentes, todos ellos preocupados porque querían, de alguna manera, contribuir a relajar las tensiones. Y estoy convencido de que la amistad que mantengo con cada uno de los mandatarios, mis buenas relaciones con los presidentes Chávez, Uribe, Correa, y Ortega, jugaron un papel en el éxito de la cumbre. Funcionó, primero, ”la diplomacia telefónica” y, a medida que iban llegando a la República Dominicana, me reuní por separado con cada uno de ellos y les solicité que emplearan su mejor esfuerzo para llegar a una solución. Creo que los convencí de que no se podía repetir lo de la Cumbre Iberoamericana de Chile porque no podíamos seguir dando ese ejemplo. Las posibles discrepancias entre los países de la región pueden ser legítimas, pero convertirlas en conflicto bélico no sería comprendido ni aceptado por la comunidad latinoamericana. Soy consciente de que, para algunos de ellos resultó difícil porque se consideraban víctimas de la acción del otro, pero creo que, a medida que la reunión fue evolucionando, se le fue buscando la vuelta para evitar herirse mutuamente y agravar la situación. Al final se llegó a una especie de compromiso entre todos y el encuentro del Grupo de Río fue un éxito sorprendente para algunas personas, porque se logró desactivar un movimiento que iba hacia la confrontación. Y ese desenlace feliz se debe a que hubo mucho movimiento detrás de la escena, mucho diálogo personal, muchos contactos telefónicos previos y, vuelvo a reiterar, a mi amistad con cada uno de ellos.

Estamos en una crisis económica que afecta a todos los países y la cooperación internacional va a ser imprescindible para buscar salidas. También es importante que la ciudadanía comprenda las causas y se vincule a las posibles soluciones. Usted se ha dirigido a la opinión pública de su país y ha hecho labor de pedagogía, explicando cómo afecta esta crisis a la República Dominicana y proponiendo un Plan Nacional de Acción. En el plano internacional, ha participado en la V Cumbre de Petrocaribe y ha propuesto medidas concretas que han tenido buena acogida por parte de otros gobiernos. En su opinión, ¿cuáles son los principales factores de esta crisis internacional, que tiene, desde luego, diversas causas?

Sin duda alguna, hay múltiples factores que han conducido a esta crisis internacional. Uno de ellos es Estados Unidos, que está atravesando por una situación bastante delicada. Allí se ha desatado una crisis inmobiliaria e hipotecaria, la llamada “subprime”, las hipotecas basura, que ha provocado la crisis del sistema financiero norteamericano. Se han perdido ya más de 400,000 millones de dólares en una “securitización” de títulos hipotecarios, colocados en los mercados financieros internacionales, que ha afectado a bancos de distintas partes del mundo. Los bancos centrales han tenido que intervenir para proveer liquidez a la banca comercial. Estamos hablando, por tanto, de un problema muy serio.

Y lo curioso es que los bancos, que suelen tener “alergia” al Estado han tenido que llamarle para que los salve…

Sí y en Estados Unidos, con un Estado neoconservador, que habitualmente no interviene para resolver nada. De repente se ha convertido en un Estado neokeynesiano para tratar de salvar a un banco de inversores. Ahora resulta que el Estado sí puede intervenir. Es interesante este fenómeno, que ha convertido la crisis hipotecaria en una crisis financiera y que, además, ha coincidido con otro problema, que es la subida del precio del petróleo. Y, con el petróleo, otro elemento más: la subida del precio de los alimentos a nivel internacional. El crecimiento económico ha caído en Europa y Estados Unidos y este último, además, tiene un déficit comercial creciente, un déficit presupuestario y una deuda pública gigantesca. Hay problemas muy serios en Estados Unidos, el centro del poder económico mundial, y eso, obviamente, se irradia a todas partes. En el caso específico dominicano, donde más hemos sentido la crisis es en la factura del petróleo que en 12 meses pasó de 70 dólares el barril a 140, un crecimiento mensual de un 10 por ciento y, obviamente, para una economía como la nuestra, eso es insostenible. Cuando uno empieza a buscar el porqué de esta espectacular subida se encuentra con las explicaciones convencionales, muchas de las cuales son verdaderas: no hay suficiente oferta, se ha incrementado la demanda, hay conflictos geopolíticos en distintas partes del mundo, no ha habido suficiente inversión en refinerías… todo eso es cierto…

Pero lo que me ha llamado la atención es que usted, además de describir los focos de la crisis ha ido al fondo y ha explicado que tenemos una economía más especulativa que productiva. Ha llegado a llamar al sistema económico mundial “capitalismo de casino”, ¿qué quería decir?

Porque todo esto estaba ocultando algo que era evidente, que es el papel de la especulación. En Estados Unidos, por ejemplo, la especulación no solamente es legal sino que es buena. Para los norteamericanos especular en la bolsa es legítimo, es correcto, debe hacerse e, incluso, se fomenta. Bueno pues, ¿qué ha ocurrido? Que como consecuencia de esa especulación se ha presionado el precio del valor del petróleo en la economía real y prueba de ellos es que han tenido que reaccionar contra dicha especulación y el Senado norteamericano lo ha convertido en su bandera. En 15 días el petróleo bajó 33 dólares. Ahora, díganme si de repente los chinos o lo indios han dejado de consumir petróleo. ¿Qué pasó aquí? Ya que no hay ninguna explicación lógica para que en 15 días baje 33 dólares. Pues que se dieron cuenta de que estaban haciendo estragos en Europa y en los propios Estados Unidos, donde era evidente que la gente no podía pagar cuatro dólares el galón de gasolina. Algo funciona mal en ese capitalismo de casino, en ese salón de apuestas que es la bolsa de valores y que es la que ha contribuido a generar esta situación de crisis global. Y en países como el nuestro, la gente tiene que saber que no ha sido culpa del Gobierno, que el Gobierno ha hecho sus deberes. Nosotros llegamos en 2004 en plena crisis económica nacional y volteamos favorablemente todos los indicadores, pero esta es una crisis internacional, con un impacto severo en la economía de nuestro país. Esa es la parte de pedagogía que he intentado hacer para que no se confunda a la gente.

Respecto al funcionamiento de las bolsas de valores del petróleo de Nueva York y Londres, en concreto a las opciones de futuro, esas que se compran a 15 o 20 años, usted ha llegado a decir de forma muy gráfica que “se compra lo que no se recibe y se vende lo que no se tiene”…

Así es, con la particularidad de que ambos ganan dinero: uno que vende lo que no tiene y otro que compra lo que no espera recibir.

¡Es increíble lo que se está dando! Es incomprensible. ¿Quién puede explicar que en 15 días el petróleo baje 33 dólares sin que la razón sea que tenemos un capitalismo de papeles, de casino? Y que esas bolsas de valores, las que están en el negocio de la compra de contratos a futuro, lo hacen “over the counter”, es decir, fuera de todo tipo de regulación, y eso hay que frenarlo. Si hay algo que ha quedado claro es que este tipo de capitalismo financiero es perjudicial para un desarrollo económico global y equilibrado, y así no se puede seguir. Esa es la gran lección que se extrae de lo que ha ocurrido en los últimos 12 meses con el precio del petróleo.

Explíquenos un poco más dónde localiza usted el problema

Los dos mercados financieros que han estado funcionando son Nueva York y Londres. Ahí es donde se ha disparado del precio del petróleo: en un mercado de contratos a futuro, no regulado, que se hace electrónicamente, aun después de que las bolsas hayan cerrado, sin supervisión, sin escrutinio, sin ningún tipo de regulación… y están ganando millones sobre la base de mover papeles. Si el petróleo cuesta 150 dólares el barril, por ejemplo, compran un contrato a futuro, pero no pagan los 150 dólares. Pagan el 5 por ciento –7 dólares– por un producto que, en términos especulativos, podría cotizarse en 200. Es decir, presumen, porque es una mera presunción, que en el futuro costará 200 dólares. O sea que compran al precio de hoy, 150, algo que va a costar 200, pero no pagan el precio total, sino un pequeño porcentaje. Es una estafa, una estafa que se ha legitimado, y así no puede seguir, es el gran cambio que se requiere y se reclama. El sistema financiero es como el oxígeno de la economía mundial y si está contaminado lo contamina todo. Por eso hay que prestar particular interés al sistema financiero global que no está funcionando bien.

Presidente, he leído que algunas de las propuestas que usted hizo en la V Cumbre de Petrocaribe han tenido muy buena acogida en los países participantes…

Mi reflexión en la cumbre se basó en el cálculo de los 12 meses que precedieron a dicha reunión: unos 57 países de distintas partes del mundo, con un ingreso per cápita de hasta 3,000 dólares, vieron incrementada su factura petrolera en 40 billones de dólares, mientras que los países productores y exportadores aumentaron sus ingresos en 1,300 billones de dólares. Y entendimos que el bloque de países perjudicados debería solicitar a los países que han incrementado sus ingresos con esa cantidad tan extraordinaria, que reciclaran esos recursos por vía de inversión extranjera directa, concediendo préstamos blandos, con bajo interés y a largo plazo, y algún programa de cooperación, por un monto total del incremento de la factura: 40 billones de dólares. Con unos ingresos adicionales de 1,300 billones entregar 40 no les va a afectar, máxime porque no se están regalando, sino invirtiendo o prestando y sólo una pequeña cantidad podría dedicarse a la cooperación directa. De manera que yo creo que es una propuesta sensata, que puede contribuir a una reactivación del crecimiento y a que, en el futuro, no se desplome por completo el precio del petróleo, que es lo que va a ocurrir cuando la gente carezca de recursos para seguir demandándolo. Ya hemos tenido respuestas positivas por parte de algunos países y estamos articulando un bloque. Por el lado de los países productores y exportadores, el presidente Clinton, con quien he conversado, está en contacto con Arabia Saudita y si este país reacciona positivamente, facilitará mucho las cosas. Y hemos recibido el apoyo de Venezuela e Irán también está interesado. De manera que tenemos la esperanza de que algo positivo salga de este reclamo que estamos haciendo porque es justo y sensato y puede beneficiar a todos, productores y consumidores.

Se suele clasificar a los gobiernos actuales de la región en tres grande bloques, lógicamente, con muchos matices dentro de cada uno de ellos: gobiernos de centro derecha, donde se incluirían el mexicano del pan, el colombiano de Uribe y el salvadoreño de arena; gobiernos de centro izquierda, como el brasileño del PT, el chileno de la Concertación, el peruano del APRA, el costarricense del Partido de la Liberación y el uruguayo del Frente. Y, por último, estarían los gobiernos que llamaríamos más nacionalistas y radicales, como Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y aquí también se puede incluir a Cuba. Presidente… la acción de su gobierno y usted personalmente, con los matices que mencioné, ¿en cual de esos tres bloques se incluiría?

No sabría decirle exactamente porque no sé siquiera si la construcción de esos tres bloques se corresponde con la realidad. Habría que ver cuál ha sido el criterio para la concepción de esa clasificación porque a veces se habla sólo de dos bloques: uno de izquierdas, donde estarían Venezuela, Ecuador, Bolivia, Chile, Uruguay…, frente a otro conservador. Pero, al margen de los bloques, yo diría que nuestra identidad política hay que buscarla en nuestro origen histórico y también en nuestras posiciones actuales. En el origen, el Partido de la Liberación Dominicana tuvo una postura de izquierdas, pero es más complejo definir la posición actual, porque no es fácil establecer si se es conservador o se es de izquierdas en un mundo post guerra fría donde el factor ideológico no ha sido el que ha determinado las señas de identidad de los partidos. Se ha llegado a decir que nos encontramos ante el fin de las ideologías, pero yo diría que el marco conceptual que define ser conservador o ser progresista –y a nosotros nos gustaría que se nos identificara como un partido progresista y, consecuentemente, como un gobierno progresista– está en la relación que se da entre el Estado y el mercado. Si una organización política cree que el mercado, por sí solo, puede establecer una relación social y autorregularse, si sigue la ortodoxia de que el mercado es el ente regulador de toda la sociedad, yo considero que es un partido conservador. Esa no es ni remotamente la posición del pld ni la del actual gobierno. El mercado no es la solución para todo y por eso se requiere cierta participación del Estado para poder establecer mayores niveles de equidad y de participación. Nosotros creemos en el balance entre mercado y Estado: primero, creemos en las libertades individuales, que es la postura del liberalismo clásico del siglo xix, pero creemos en la justicia social, que es el progresismo del siglo xxi. Somos liberales pero contemplamos lo social, la generación de oportunidades, la integración, la solidaridad y la cooperación. Por tanto, no sé dónde se nos puede colocar en el contexto de los tres bloques, pero puede definir al PLD como una organización política progresista, solidaria y humanista. En este mundo en el que todos buscan nuevas conceptualizaciones y nuevas identidades,nosotros tenemos muy claro cómo podemos promover crecimiento y desarrollo humano integral y convertirlo en progreso, prosperidad y bienestar.

Visto por un europeo, yo diría que usted y su partido son socialdemócratas, aunque no se definan como tal…

Quizá sí desde una óptica europea, pero desde una óptica latinoamericana habría que ser más cauteloso porque no creemos que el modelo socialdemócrata europeo sea aplicable en América Latina, donde no existen las condiciones económicas para que se pueda dar la socialdemocracia sueca o alemana. Hay que buscar un modelo latinoamericano progresista, que tome del modelo socialdemócrata sólo aquello que pueda ser aplicado en la región y, más concretamente, en la República Dominicana. De cualquier manera, siempre hemos postulado que la socialdemocracia ha desempeñado un papel muy benéfico en nuestros países y, concretamente, el rol de la Internacional Socialista, durante los años setenta y ochenta, fue muy positivo a la hora de promover y apuntalar las transiciones desde los sistemas autoritarios hasta los democráticos.

Usted conoce bien Estados Unidos. Vivió y estudió allí; y conoce también Europa. Europa y Estados Unidos forman parte de lo que llamamos Occidente y comparten valores, respecto a la economía de mercado y al Estado de derecho, aunque hay diferencias notables entre el modelo norteamericano y el europeo, ya que en Europa después de la Segunda Guerra Mundial se construyeron Estados de bienestar y se puso más acento en la economía social de mercado. De las dos experiencias, la norteamericana y la europea, ¿qué aspectos tomaría de una y otra para un modelo latinoamericano progresista?

Hay muchas semejanzas entre los dos modelos, respecto al Estado benefactor, al Estado de bienestar. Recordemos que fue Roosevelt y su nuevo tratado, el “new deal”, el que introdujo este sistema dentro de los Estados Unidos, en los años treinta, que condujo al “welfare state”, que no es otra cosa que el Estado benefactor factor europeo. Después ha tenido mucha importancia la influencia de la doctrina keynesiana, también común a la Europa de la posguerra –de la Segunda Guerra Mundial– y a Estados Unidos, desde la época de la Gran Depresión. De manera que yo diría que el modelo socialdemócrata o el welfare state tienen la misma matriz ideológica y el mismo pensamiento económico-social y fue, en ambos casos, la respuesta ante el auge del modelo marxistasocialista o marxista-comunista. Lo que ha ocurrido es que, en los últimos tiempos, se ha producido una especie de remodelación del sistema, tanto en Europa como en Estados Unidos, para desmantelar el Estado benefactor, por el auge de las ideas neoliberales. Más tarde Tony Blear, en Inglaterra, y Bill Clinton, en Estados Unidos, propusieron lo que se ha venido a llamar la Tercera Vía, que fue un neoconservadurismo, conservando algunos elementos del Estados benefactor. Y hoy estamos ante la búsqueda del centro, tomando elementos de ambos modelos. Pero creo que tanto Estados Unidos como Europa han defendido el Estado benefactor y han tenido en cuenta el aspecto social, con el que yo me identifico porque creo que no basta con crear mercado eficiente. Hay que hacer políticas sociales de educación, salud y seguridad pública y crear redes de protección social. Y América Latina necesita esas redes de protección social. Por tanto, creo que las dos experiencias son buenas para nosotros porque nos permiten entender que no basta tener acceso a la educación y a la salud. El Estado debe también proteger a los desvalidos, a los excluidos, a los marginados y debe hacerlo con políticas públicas positivas que permitan elevar su condición humana para lograr su integración definitiva en el contexto de la sociedad.

En su experiencia como gobernante, ¿cuáles cree que son las políticas más eficaces de lucha contra la pobreza?

Hay que verlo en dos tiempos. En el corto y en el mediano y largo plazo. En el corto, hay que atajar la pobreza con programas de alimentación y nutrición. Y, por supuesto, también de vivienda y de acceso al agua potable. En definitiva, establecer las condiciones básicas de la supervivencia humana y dotar a la gente de condiciones para sobrevivir. Ahora, en el mediano y largo plazo, lo único que realmente permite salir de la pobreza es la educación de las personas, de las familias y de las naciones. Por consiguiente, una política eficaz contra la pobreza de largo plazo tiene que poner el énfasis en la educación. Si alguien se está muriendo de hambre es necesario proveerle de lo esencial para que sobreviva pero, con un enfoque estratégico; lo prioritario es tener una buena educación para que cambie la actitud de la persona frente a la sociedad. En la pobreza extrema y en la ignorancia ni siquiera se es consciente de la situación y la pobreza se convierte en un fenómeno antropológico. Es la educación lo que permite avanzar y superar esas situaciones rudimentarias de la existencia humana.

Los presidentes latinoamericanos han respondido bastante duramente a la Directiva Europea de Emigración, y yo creo que con razón. Usted llegó a calificarla de indigna, ¿cuál es su punto de vista sobre dicha directiva?

La primera percepción en América Latina fue que se trataba de una “Directiva Europea de Retorno” y que, efectivamente, se iba a producir una persecución de los emigrantes que se encuentran en Europa, violando así derechos humanos. Habíamos visto reportajes de lo que estaba pasando en Italia y eso nos producía escalofríos. Si Europa se cerraba a la emigración latinoamericana, también se cerraba España, a pesar de las especiales relaciones, de las raíces históricas, etc.

Y a pesar de que la aportación de los emigrantes al desarrollo económico español de los últimos años ha sido fundamental…

Así es. Por tanto, el temor ante la posibilidad de que pudiera desatarse una persecución es lo que provocó las reacciones en muchos países y en el propio Mercosur, que se ha pronunciado en contra de la directiva europea. Pero últimamente hemos visto señales alentadoras y una de las más importantes es el hecho de que los emigrantes, residentes legales en España, puedan votar en las elecciones municipales. Eso nos ha aliviado porque ha modificado nuestra percepción originaria y hemos comprendido que estas medidas van dirigidas más bien contra la migración desordenada que llega a Europa desde el norte de África y que pone en peligro los mecanismos de protección de la integridad territorial de la Unión Europea. De manera que yo creo que, tras la reacción inicial, ha habido una mejor explicación sobre los objetivos y alcances de esta disposición y nos sentimos más tranquilos porque se va a respetar a los emigrantes latinoamericanos.

Creo que el Gobierno español ha hecho un esfuerzo por explicar a los gobiernos latinoamericanos su visión de la directiva europea. De hecho, el propio secretario de Estado para Asuntos Europeos, Diego López Garrido, vino a entrevistarse con usted y a dar explicaciones y eso me parece positivo.

Y vino también la vicepresidenta de España, la señora Fernández de la Vega, y pudimos conversar sobre todos estos temas. Presidente, el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, suele hablar del espacio iberoamericano como un lugar para la cooperación en distintos ámbitos, en material cultural y política, pero también como una herramienta para impulsar las relaciones Europa-América Latina, para pensar en ese espacio iberoamericano, que está conformado por América Latina, más España y Portugal, y para analizar la experiencia europea del Estado de bienestar social, como decíamos antes. Usted no pudo asistir a la Cumbre de Chile y se echaron en falta esos buenos oficios que usted desplegó en la reunión del Grupo de Río.

Ah, gracias

Pero bueno, mi pregunta es, ¿cómo ve usted este espacio iberoamericano de debate y cooperación?, ¿cuál cree usted que puede ser el contenido de esas cumbres de jefes de Estado y de Gobierno?

Siempre son muy importantes porque, de alguna forma, contribuyen a poner de relieve un tema trascendente, de relevancia para los países de la región. Por ejemplo, en la de Chile, en la que no pude participar, el asunto a tratar fue la cohesión social y no puede haber tema más importante hoy día. Por mi experiencia, creo que resultan sumamente enriquecedoras por el enfoque de los problemas pero también por el vínculo que se establece entre los jefes de Estado. Estas relaciones propician encuentros bilaterales, se suscriben acuerdos entre los países y se les da seguimiento. De manera que soy un ferviente partidario de las cumbres y de que continúen celebrándose anualmente. Sé que algunos han sugerido que se hagan cada dos años, pero, a mi parecer, ese encuentro anual es sumamente importante para mantener los lazos, para compartir experiencias, criterios y nuevas ilusiones y proyectos.

En definitiva, para mirar de manera común hacia delante.

¿Qué papel cree usted que puede jugar, en la región, la OEA en un futuro?

La OEA siempre se ha visto como un organismo regional que, de alguna manera, es una extensión del sistema de Naciones Unidas. Es la ONU para la región y básicamente sirve para conservar la paz y las relaciones bilaterales entre nuestros pueblos y solucionar los conflictos por vía diplomática. Ese es el papel que la OEA ha venido desempañando y cuenta con unidades especiales de promoción de la democracia y de monitoreo electoral. En caso de conflictos internos dentro de los países o de conflictos entre países, la OEA interviene y su mediación es respetada y valorada como garante de la convivencia democrática entre nuestras naciones. Pero Canadá y Estados Unidos forman también parte de ella y, a veces, se requiere de un espacio de diálogo político y social al margen de estos dos grandes países. Ese espacio creo que lo ha llenado el Grupo de Río y de alguna manera también las cumbres iberoamericanas que, además, cuentan con la presencia de España y Portugal.

Pasemos a los temas de democracia. He sido testigo en varias ocasiones de la importancia que sus gobiernos han dado a la consolidación del Estado de derecho y me consta su interés. Asistí a la última presentación del informe de gestión del presidente de la Cámara, Julio César Valentín, y pude comprobar que es un Parlamento maduro. Me llevé una gratísima impresión porque percibí unas prácticas parlamentarias consolidadas, con un gran respeto entre los distintos grupos políticos. El informe del presidente no fue sólo de su gestión, sino del conjunto de la gestión de los grupos parlamentarios y, en todo momento, pude apreciar el respeto institucional a la oposición. Y eso me llevó a pensar que, efectivamente, la región vive una época de bonanza democrática, aunque el Latinobarómetro –como el Eurobarómetro para nosotros– refleje anualmente el descrédito de las instituciones democráticas. La opinión pública confía poco en sus instituciones, y particularmente en los partidos y en los parlamentos. ¿Cómo cree usted que se puede trabajar, desde los gobiernos, por mejorar la percepción de los ciudadanos y la calidad de las instituciones?

Esta es una percepción que no afecta sólo a América Latina. Esas encuestas se hacen en Estados Unidos y salen los mismos resultados y en Europa… en todas partes. En el caso específico latinoamericano uno podría encontrar cosas muy particulares porque, al fin y al cabo, la democracia latinoamericana es relativamente joven. Yo creo que este ha sido el periodo histórico donde por más tiempo hemos tenido gobiernos estables democráticos electos. Nunca antes, en la historia de la región, había habido tres décadas continuas de sistemas democráticos. Pero, como son democracias jóvenes, tienen instituciones frágiles, que están todavía en proceso de formación, donde no siempre se tienen claras las reglas de juego, o no se respetan o no existen. Todo esto contribuye al deterioro de la imagen que tienen los ciudadanos del sistema democrático. ¿Qué hacer, pues? Yo pienso que lo primero es contar con una legislación que establezca las reglas de juego. Por eso hay que empezar por hacer una Constitución, una ley de partidos políticos y una ley del sistema electoral que permita la participación efectiva de las distintas fuerzas, con un criterio de pluralidad. Tras la legislación viene la práctica social, la costumbre, el hábito, para que esa costumbre y ese hábito generen una cultura política, que tiene que ir desarrollándose con el tiempo.

La profesora Victoria Camps dice que para que haya democracia no basta sólo con que existan instituciones, tiene que haber ciudadanos con valores democráticos…

Sí, pero no se es demócrata por decreto, sino por convicción, y esa convicción es el fruto de un proceso que tienen que desarrollar los individuos y las sociedades. Pero, en medio de esta desilusión y frustración que algunas personas expresan por la democracia, el solo hecho de que hayamos sobrevivido 30 años y de que estemos hablando de cómo consolidar el Estado democrático de derecho y mejorar su calidad significa que ya hemos superado muchos problemas del pasado y que vamos en buena dirección. Por otra parte, creo que muchas veces la inconformidad de la ciudadanía tiene que ver con la incapacidad que ha tenido la democracia, hasta ahora, para resolver lo que los ciudadanos consideran que es el problema fundamental: el económico y el social.

La no respuesta a ese problema –el desempleo, la falta de crecimiento, etc.– la gente la atribuye a la corrupción, a la ineficiencia, a la falta de transparencia y a la falta de voluntad de los políticos. Por supuesto que puede haber algo de esto, pero el tema es mucho más complejo. No es que falte voluntad, no es que todos los gobiernos de todo el mundo sean corruptos, sino que hay limitaciones respecto de los recursos de que disponen los Estados para poder atender esa sobredemanda de problemas económicos y sociales que tienen históricamente acumulados nuestras sociedades. Se hacen grandes esfuerzos por avanzar y se nota ya el progreso que estamos haciendo, en cuanto a desarrollo institucional, que antes ni siquiera se tomaba en consideración. De manera que yo comprendo esta percepción que tienen los ciudadanos en relación con la democracia, pero no hay que olvidar que esas mismas personas que manifiestan su desilusión, si le preguntas si prefieren un régimen autoritario dicen que no, que prefieren el democrático. Eso es lo positivo

 

M G. Hablemos de los partidos políticos. Hay una vieja copla española en la que un amante le dice al otro: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio” y eso le puede decir la democracia a los partidos políticos: “Sin ellos no puede haber democracia, pero con ellos llegan las deformaciones y los quebraderos de cabeza”.

Y la copla creo recordar que continúa así: “Contigo porque me matas y sin ti porque me muero”.

Sí, así es y viene muy al caso. De manera que los partidos políticos son imprescindibles, no hay democracia sin ellos, pero, al mismo tiempo, acaparan mucho poder, se convierten a sí mismos en objetivos y se olvidan de cumplir correctamente la función fundamental que tienen en democracia, que es representar a los ciudadanos en las principales instituciones del Estado. Presidente, ¿qué se podría hacer para mejorar la función de los partidos políticos, para hacerlos más transparentes y más eficaces en su función de representación?

Ese es un tema fundamental y hay que empezar por estudiar la reglamentación de los partidos políticos y hacer un estudio comparado de cómo se organizan, alrededor de qué ideas, cuáles son sus proyectos programáticos, su mecanismo de reclutamiento de seguidores, su forma de relacionarse con la sociedad, etc. Y ese debate está presente en toda América Latina. Tenemos la ventaja de haber creado una organización que agrupa a los principales partidos, que es la COPAL, que contribuye a fomentar debates acerca de cómo crear partidos políticos modernos. Inicialmente, los partidos políticos, por influencia europea, eran partidos de clase, dicho en el lenguaje marxista tradicional, eran partidos de los trabajadores, de los obreros. Ustedes, por ejemplo, tienen el Partido Socialista Obrero Español que, cuando lo fundó Pablo Iglesias, era un partido marxista y lo mismo ocurrió en América Latina. En Brasil, el Partido de los Trabajadores era también un partido marxista. Y les voy a contar una anécdota: cuando se estaba formando el pt brasileño, Fernando Enrique Cardoso le dijo a Lula “pero ¿por qué hacemos un partido de los trabajadores y no un partido de los empleados”?, entendiendo que era un término que incluía a más capas sociales. Bueno, pues en estos momentos se está haciendo el tránsito. De la visión de partido clasista, nacida en Europa, estamos pasando al concepto de representatividad, a la concepción de un partido que defienda a amplios sectores sociales, con el fin de acceder al poder y desde él responder al interés nacional. Por ahí es que anda el debate. Lo que ocurre es que en América Latina casi todos los partidos tienen un esquema organizacional tipo piramidal y jerárquico.

Yo aprecio que el debate político en la región está envejecido. Se han resucitado, como novedosas, propuestas que fracasaron en los años setenta, pero lo más grave es que muchas veces no hay ni debate o, dicho de otra forma, que el debate en los partidos es sólo por la distribución del poder…

Efectivamente, los conflictos no se suelen dar por diferencias ideológicas o programáticas, sino más bien por quién llega al poder y quién no. Eso es lo que hoy divide a los partidos y eso se agrava cuando el partido se corrompe al acceder a las fuentes del dinero. Cuando se asaltan posiciones para, desde ellas, tener el control de los recursos y eso es lo peor que le puede pasar a un partido. Por eso hay que legislar sobre la financiación de las campañas y sobre los recursos de los propios partidos. Los partidos tienen que ser transparentes y hacer rendición de cuentas, con el fin de mantener el respaldo y la confianza de la población. Así que hay mucho que trabajar y contar con que, al final, está siempre la conducta humana: “¿Para qué está usted en un partido?, ¿qué busca ahí?…” Porque muchas veces, fruto del escaso desarrollo económico y social, algunas personas entran en los partidos como un instrumento de movilidad social ascendente. ¿Tiene usted un problema?, pues el partido se lo puede solucionar y algunos miembros son muy activos, movilizan gente, se convierten en jefes locales, aunque no sean ni los más dotados, ni los más capaces, ni los que tienen las mejores ideas para que el país pueda avanzar.

Pero controlan votos dentro de los aparatos, se hacen necesarios, aunque no sean los más idóneos para las tareas de gobierno.

Exactamente, controlan los votos. Esa es la realidad y ese problema se da en todas partes.

América Latina se planteó, en los años ochenta y noventa, impulsar diversas estructuras de integración subregional –Mercosur, Comunidad Andina de Naciones, SICA y ahora se está creado Unasur– pero ninguna ha dado los frutos esperados y, en estos últimos años, los países latinoamericanos se están planteando las relaciones comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea bilateralmente. ¿Qué tal le está yendo a la República Dominicana con el tratado de libre comercio (TLC) suscrito con Estados Unidos?

Todavía es muy pronto para poder establecer una evaluación del desempeño, pero para nosotros lo primero que representa el TLC es el derecho al acceso permanente, en condiciones arancelarias preferenciales, al más grande e importante mercado del mundo, que es el de Estados Unidos. Y si el TLC nos garantiza el derecho de acceso a ese mercado, el resto ya es tarea nuestra. Hay que hacer un plan nacional de competitividad que nos permita identificar productos y servicios de la República Dominicana que puedan conquistar a los consumidores norteamericanos. En eso estamos trabajando, en un plan nacional de competitividad que nos permita integrarnos en la cadena global añadiendo valor, porque lo que permite la globalización es la fragmentación del proceso productivo. La industria aeronáutica no se va a desarrollar en la República Dominicana pero, por ejemplo, se puede hacer acá un componente de aeroplano. No dominamos toda la industria informática, no tenemos experiencia en la fabricación de computadoras, pero podemos hacer un componente específico. Por eso, integrarnos en el mercado mundial es el gran reto de la República Dominicana.

Todos debemos aprender de la experiencia de Irlanda…

Eso es. Irlanda es un fenómeno paradigmático de cómo un país puede alcanzar el desarrollo integrándose en los circuitos globales de producción. Pero también España viene haciendo eso… mejorando su productividad y competitividad e integrándose en la economía mundial. Pues para nosotros el TLC representa esa oportunidad. Tenemos también un acuerdo con Centroamérica y con el Caribe y estamos trabajando con México y Canadá para formar parte de ese bloque mundial, que es el nuestro.

Un pregunta concreta, presidente, tienen ustedes Ley de Defensor del Pueblo. En su tercer mandato, ¿se va a designar al titular de la institución?

Eso es competencia del Congreso Nacional, que lleva trabajando en ello desde hace cierto tiempo. Pero yo estimo que debe existir la figura del Defensor del Pueblo e, incluso, la estamos incorporando a la reforma constitucional.

La percepción europea es que en América Latina, para resolver cualquier problema, hay que hacer una reforma constitucional y a veces, en lugar de resolverlos, los agravan. En los últimos tiempos, Venezuela, Ecuador y Bolivia han hecho reformas constitucionales y el resultado ha sido el enfrentamiento entre las distintas fuerzas políticas y una mayor polarización social. Usted está propugnando una reforma de la actual Constitución, ¿con qué objeto? O dicho de otra manera, ¿por qué y para qué?

Estoy de acuerdo en que, a veces, las reformas constitucionales no producen los efectos deseados, pero, en mi opinión, toda reforma constitucional debe servir para limitar el ejercicio del poder. Y en este caso de eso se trata, de establecer las competencias para consolidar el sistema democrático y poner las condiciones institucionales que impidan el retorno a un régimen autoritario. Lo que se pretende es que no se pueda volver atrás sin anular el texto constitucional, con todo lo que esto implica de responsabilidad penal individual, al que lo intente. Ese es el primer elemento.

El segundo es la corrección de “gazapos”, contradicciones y lagunas del actual texto, fruto de enmiendas que se han venido haciendo en un contexto de crisis nacional. Se hicieron reformas incompletas, que incluso ponían en contradicción algunos artículos. En tercer lugar se pretende ampliar los derechos fundamentales y las garantías de protección al ejercicio de esos derechos: alguna reforma judicial y la creación del Consejo del Poder Judicial, que tendría el control administrativo de los jueces.

En España existe ese organismo, aunque su actuación en muy polémica porque en su seno se reproducen con demasiada frecuencia, las diferencias que se dan entre los partidos…

Y vamos a ampliar las atribuciones del Consejo Nacional de la Magistratura, que es el que designa jueces, y la creación de una Sala Constitucional dentro de la Suprema Corte. Un elemento innovador, a mi modo de ver, va a ser que esta Constitución concederá representación a los emigrantes dominicanos en el Congreso de la República. Habrá un diputado que represente los intereses de los dominicanos en España, otro que representará a los de La Florida, tres a los de Nueva York, uno a los de New Jersey, otro a los de Nueva Inglaterra y otro a los de Puerto Rico. Y la razón es que si hay un 10 por ciento de la población que vive en el exterior, y que aporta la doceava parte del producto interno bruto nacional con el envío de sus remesas, deben tener una presencia en el Congreso. Seremos el primer país de América Latina –ni México, con más de 20 millones de ciudadanos en Estados Unidos, lo contempla– con representación en su Congreso de la comunidad que vive en el exterior.

Además de dominicano, ¿qué se siente más?, ¿antillano, caribeño, centroamericano, latinoamericano?

Nuestros padres fundadores pusieron el énfasis en que nuestra patria grande era América Latina. Ese fue el sueño de Martí, de Ostos, de Duarte, de todos los patriotas fundadores de nuestras repúblicas. Y su deseo era que tuviésemos una mirada de integración, de fraternidad hacia los demás pueblos que integran la región. Así que yo me siento latinoamericano, dominicano y también hombre universal. Pienso que se debe compartir el sentido de pertenencia a la humanidad y hacer el esfuerzo de conservar los valores que son fundamentales al género humano: la paz y la convivencia. De dominicano a latinoamericano y, de ahí, a ciudadano universal.

Manuel Guedán es doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es profesor de la Universidad de Alcalá, en el área de Ciencia Política y la Administración, y dirige una maestría en Gobernabilidad y Gestión Pública en el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset. Además, es director del Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Alcalá y de la revista Quórum. Es autor de varios libros.

Nota

Entrevista publicada también en Política Exterior y Quórum de la Universidad de Alcalá.

texto editado por Caridad Plaza, editora de la revista Quórum.


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