Artículo de Revista Global 45

Espacios en el Caribe hispánico

Para comprender la estructura del espacio es vital analizar cómo se imagina y presenta discursivamente el espacio a partir de modelos de organización en función de la búsqueda de la prosperidad. Para este análisis se tomarán como modelo las formas en que el espacio de las colonias españolas de Cuba y Santo Domingo son presentadas en los textos de Francisco Arango y Parreño y Antonio Sánchez Valverde.

Espacios en el Caribe hispánico

Algunos han pensado el espacio caribeño como una serie de círculos concéntricos, a partir de elementos naturales, culturales, sociales e históricos. Historia que, según Gerard Pierre Charles (1981: 14,15), se inicia bajo una “organización productiva y social […] concebida por el sueño hegemónico del Mare Claustrum y el exclusivo Pacto Colonial mantenido en vigor durante más de tres siglos, no sólo por España sino también por Francia e Inglaterra en sus respectivos territorios coloniales”.

Pero de entenderse las construcciones sobre el Caribe desde un espacio imaginario, este aparecería mezclado con otros espacios que se conciben a partir de los modelos de producción implementados y la reproducción de escenarios en los que se reflejen los espacios utópicos que se idealizan por haber adoptado estos modelos.

El Caribe hispánico no siempre ha correspondido a los territorios que en la actualidad se engloban en su concepción, y debe ser contextualizado temporalmente. Por ejemplo, Jamaica –llamada Santiago durante su momento de colonia española– no se considera como parte del Caribe hispánico, pero en el pasado fue parte de este conjunto, que estaría definido por una ligazón a España vista desde una serie de aspectos culturales.

Entre estos territorios pueden citarse ciertas comunalidades: sustrato físico, cultura hegemónica hispánica con elementos africanos y taínos, sociedades marcadas por el fenómeno racial que somete una clase esclava negra a un grupo blanco esclavista –considerando los distintos matices que tuvo la esclavitud en los distintos países–, la periodización histórica, un modelo de producción vinculado al desarrollo del capitalismo y una organización espacial que funcionalizaba el espacio en función de las necesidades de la metrópolis…

Vistos estos elementos, a pesar de que se pueda dar una construcción sobre el Caribe que denomine unos territorios como hispánicos, siempre debe existir una mirada hacia otras partes del Caribe, en la forma en que otros espacios de su entorno desarrollan similares sistemas coloniales, bajo similares bases sociales, geográficas y de producción.

Progreso, espacio y Caribe

Puede hablarse de una idea de progreso presente desde el advenimiento de la modernidad, que responde a las transformaciones de las sociedades desde el comienzo de la era moderna. Esa idea se toma como patrón y radica en la implementación de una serie de adecuaciones tecnológicas sobre el medio, para mejorar la producción y aprovechar el comercio internacional como una forma de acumulación de riquezas. Soja (1998) señala cómo el progreso se entronca en la modernización y se piensa que este arriba de forma mecánica cuando se reemplazan los modos de producción tradicionales y se aplica la tecnología, por lo que se produce una mecánica de progreso.

Pero, ¿cómo se asumen y sustentan las prácticas que posibilitan la ejecución de los proyectos sobre el progreso? Esto se produce a partir de discursos, que se convierten en propuestas que son asumidas desde el poder, a partir de la noción territorial. El territorio aparece donde los grupos ejercen su dominio sobre el espacio y determinan sus formas de ordenación y organización (Sánchez, 1981; Bozzano, 2000).

Los proyectos de modernidad sobre el progreso de los espacios caribeños se rastrean hasta ese momento de la colonia en donde se proponía una reorientación de la actividad económica para obtener la prosperidad de colonias en decadencia o estancamiento. Estas ideas y propuestas parten de concebir las colonias del caribe inglés y francés como espacios utópicos en los cuales se producen las condiciones que de forma “natural” habrían de darse en las colonias españolas si hubiese cambios en el manejo que de ella hace la metrópoli. El “éxito” y la “prosperidad” de otras partes del Caribe (inglés y francés)1 llevan a asumir y proponer determinados rumbos para obtener dichos resultados, tanto en la colonia de Cuba como en Santo Domingo.

Dos textos que se pueden utilizar para ejemplificar estos discursos son los de Francisco Arango y Parreño, abogado y economista cubano, y Antonio Sánchez Valverde, sacerdote dominicano. Cabe destacar que ambos discursos no representan con exclusividad los abordajes para obtener prosperidad en las colonias. Por ejemplo, más adelante otros discursos promueven un tipo de progreso distinto basado no en una economía de plantación a gran escala, sino en una escala menor y que tiene su punto nodal en el desarrollo del campesinado. Como exponentes de este discurso pueden señalarse a Pedro Francisco Bonó (República Dominicana) y al obispo Juan José Díaz y Espada (Cuba), cuyas argumentaciones son anteriores a las de Bonó y se fijan en la constitución de lo que García (2005: 42) llama “una alternativa posible frente al camino elegido por Arango y sus correligionarios, ya que tenía como propósito firme crear una sociedad más equilibrada desde el punto de vista económico y social”.

Discurso sobre la agricultura de La Habana

El contexto caribeño de este discurso descansa en medio del comienzo de la Revolución haitiana, y con ella la aparición de una oportunidad para captar parte del mercado externo que tenían los colonos de Saint Domingue. Para Arango Parreño, el énfasis puesto en la necesidad de fomentar la agricultura descansaba en “que la verdadera riqueza consiste en la agricultura, en el comercio y las artes, y que si América ha sido una de las causas de nuestra decadencia fue por el desprecio que hicimos del cultivo de sus feraces terrenos, por la preferencia y protección que acordamos a la minería, y por el miserable método con que hacíamos nuestro comercio” (148).

El discurso no argumenta para desarrollar un sistema de plantación en Cuba que ya existía en la isla,2 sino que como señala: “Vean en ella a Jamaica crecer en poquísimos años; al Santo Domingo francés formar en menos de treinta todo el fondo de riquezas que poseía antes de la insurrección de sus esclavos, y a nosotros como, sin tantos auxilios, en sólo dieciséis años, desde 1763 hasta 1779, dimos a nuestras cosechas todo el ser que tienen hoy” (159).

Este indica que la época de “resurrección” de La Habana se sitúa con los cambios en las condiciones que se produjeron en la invasión inglesa de 1760. “El trágico suceso de su rendición al inglés le dio la vida de dos modos: el primero fue con las considerables riquezas, con la gran porción de negros, utensilios y telas que derramó en solo un año el comercio de Gran Bretaña; y el segundo, demostrando a nuestra Corte la importancia de aquel punto, y llamando sobre él toda su atención y cuidado”. Por lo que “todo nuestro asunto se reducía a hacer que los inmensos caudales que iban a entrar en La Habana para la construcción de los cuatro castillos, etc. se empleasen en el cultivo de tierras. Se necesitaba para esto facilitar la entrada de brazos y utensilios, y animar la ambiciosa industria del colono, dando ventajosas salidas a sus frutos” (151).

El resto de las condiciones para el florecimiento de la economía de plantación en La Habana para Arango Parreño podrían considerarse como fortuitas, “a tan sabias providencias se unieron otros agentes ocultos, otras mil casualidades conspiradas en favor de la agricultura de La Habana” (151). Donde el crecimiento de la misma iba aparejado a una necesidad de colocar los excedentes en los mercados externos, vinculando así los circuitos económicos locales con los internacionales. El crecimiento no siguió, como argumenta el autor, debido a los cambios de las condiciones que este mismo identificó como fortuitas y que al no ser parte de un programa definido para la promoción de la agricultura variaron.

En su exposición identifica una serie de inconvenientes que sufre la agricultura para su desarrollo y que la limita cuando se le compara con las condiciones en otras colonias del Caribe. Además, llama la atención la necesidad de concentrarse no solamente en el azúcar para la identificación de estos problemas, sino que por igual remite similares desventajas a cultivos como el café, el algodón, el añil; productos que en su lógica tienen en Cuba los mejores exponentes de calidad. Por lo cual estos se convertirían en otras fuentes de ingresos. Aunque también argumentaba sobre otras actividades como el cultivo de tabaco y el ganado, estos no fueron tan destacados en el discurso en la medida en que lo fueron los anteriores.3

Para mejorar las condiciones de los plantadores, Arango Parreño cita una serie de “remedios” que deberían implementarse para vencer los inconvenientes citados. Estos remedios podrían clasificarse específicamente en facilitar el acceso de los agricultores al capital y la mano de obra, reorganizar el trabajo y establecer una serie de normativas institucionales que permitiesen desarrollar este programa.

A estos remedios se añade el control de las insurrecciones de negros y mulatos: “el goce de las felicidades que iban a conseguir estaba pendiente de un hilo: de la subordinación y paciencia de un enjambre de hombres bárbaros” (171).

Idea del valor de La Española

Antonio Sánchez Valverde hace una relación de las condiciones de la isla, sus recursos y posibilidades partiendo de un “conocer” la historia de la isla4 y luego del “saber” que él mismo indica tener el terreno, establece una finalidad, llamar la atención de España sobre el valor de la isla estableciendo una relación de los recursos de su territorio.5 Como señala: “formarse una idea, más que mediana, del valor de aquella Isla y del tesoro que tiene en ella la Nación” (5).

En vistas generales, el texto de Sánchez Valverde se encuentra estructurado por un prefacio, una descripción del relieve costero en dos partes y 27 capítulos. La estructura de los capítulos puede resumirse en ocho grandes grupos que se concentran en la exposición de los recursos naturales de la isla (1-10), un relato histórico a partir de la colonización de la misma (11-14), la descripción de la situación actual (15-16), una comparación entre las colonias de la isla (17-18) y sus diferencias en prosperidad (19-22), una propuesta para su desarrollo (23-26) y un argumento a favor de mantener la integridad territorial de la colonia española (27).

Como se ha mencionado, la necesidad de llamar la atención sobre las condiciones de la colonia española motivó esta obra. Su valor viene dado no solamente por la necesidad del momento, hallar alternativas para mejorar la situación, sino para conservar también la integridad de la misma con España siguiendo un modelo de desarrollo de la plantación similar al francés.

Para desarrollar su exposición, el autor parte de un punto en el suroeste que marca la división con la colonia francesa. A partir de allí, enumera accidentes geográficos del relieve costero. El primero de los aspectos que desarrolla es la identificación y descripción de las bahías, ensenadas, puertos, calas y surgideros que hay en la parte española de la isla. Esta se concentra en definir las condiciones de estos accidentes, al establecer sus condiciones para la navegación y de esta forma llamar su atención sobre el desarrollo de estos para la actividad comercial.

Luego comienza la descripción de las islas, cayos y bajos de La Española. En estas describe su extensión, características topográficas, fauna y flora… así como las potencialidades de las mismas, en algunos casos basados en sus recursos identificados y en otros por el conocimiento previo de actividades productivas que se desarrollaron.6 También comparando las características de las mismas con las de otras islas del Caribe, establece en estas la superioridad de las haciendas que se desarrollarían de las mismas, y llama la atención como este sigue el mismo patrón de idealización de las localidades de La Española por su potencialidad y de las otras islas del Caribe por su actualidad, mientras que sin enunciarlo establece un aspecto en la atención que se ha hecho de los otros territorios.

El reconocimiento de los recursos naturales pone al lector frente a un panorama en el cual los recursos son abundantes, y cuando no en cantidad y calidad presenta la posibilidad de que los mismos puedan desarrollarse con la debida industriosidad de la población, cuya principal necesidad es la necesaria mano de obra esclava, que abunda en la parte francesa y permite una mejor explotación de la naturaleza.

La necesidad del recorrido histórico permite establecer una narrativa en la que se exprese como ha sido la responsabilidad de la situación actual de la colonia (cuya prosperidad no se encuentra en relación con su potencial percibido) con la metrópoli, y no necesariamente la iniciativa de los vecinos, lo que ha motivado el atraso de esta. Por lo que las medidas que se sugieren tienden a permitir el desarrollo de las distintas actividades en la parte española. Las actividades que han sido desarrolladas en el pasado permitirían una exploración del potencial que tiene la colonia española en la actualidad.

La comparación entre las colonias sirve para puntualizar que en la parte menos favorable de la isla, los franceses –gracias al apoyo que han recibido de la metrópolis– han podido establecer una colonia rica que se ve como el ideal. Por lo cual, su argumento sobre permitir el acceso en mejores condiciones de mano de obra esclava y tecnología cobra validez cuando compara ambos sistemas. También propone la necesidad de liberalizar el comercio y eliminar las tasas que pagan quienes se dedican a la agroexportación.

En la propuesta para el desarrollo de la agricultura en la isla de La Española, el espacio pensado de la isla es concebido desde un isotropismo en el cual tiene las mismas características sin diferencias que marquen distintas pautas y ritmos de ocupación. Este espacio puede cuantificarse, medirse y repartirse debido a que sus características o la tecnología salvarían las diferencias de productividad del mismo.

Se propone el desarrollo de las plantaciones de caña, añil, cacao, tabaco y algodón en tierras que se presentan como las más fértiles de América. La plantación se propone como un modelo que no compite con la cría de ganado, ya que como esta se orientaría a la exportación, la misma se localizaría de forma preferente en las costas y en las proximidades de los ríos, proponiendo un mejor manejo del terreno que ocupan los hatos; además, debido a que el aumento previsto de la población crearía una mayor demanda de productos y animales de carga. El segundo punto a destacar es la exploración minera, la cual se presenta como una opción tomando en consideración las explotaciones pasadas; considera que sobre el desarrollo de las minas cuando se encuentran vetas se entiende que no tienen fin, ya que con las debidas inversiones y tecnologías no se agotan.

Imaginación y organización del espacio

Ambos textos tienen la particularidad de descansar en la contraposición entre las colonias de Cuba y Santo Domingo con unos espacios idealizados que corresponden al desarrollo de las plantaciones en el Caribe inglés y francés (San Miguel, 2007). La imaginación de ambos espacios les sitúa como los referentes a los que se debe llegar en vista de su prosperidad. La situación de ambas colonias, Cuba que lleva un ritmo de expansión en las plantaciones, y Santo Domingo, que se encuentra rezagado en su crecimiento económico, lleva a los expositores a tomar los puntos que se considera articulan una respuesta a los espacios reales de ambas colonias: liberalismo económico, uso intensivo de mano de obra esclava y modificación del medio a partir del uso de la tecnología.

De forma parecida, se invisibilizan las mismas condiciones sobre las que descansan esas imágenes idealizadas de las colonias jamaicana y francesa. A pesar de que el liberalismo reconoce la libertad del individuo, en estos planteamientos de corte liberal choca la defensa de la esclavitud que precisamente desconoce la libertad del individuo. También desaparecen las diferencias en la estratificación social y la funcionalización del espacio.

El espacio de cada una de las colonias se presenta en los imaginarios con una abundancia, hasta cierto punto ilimitada, de recursos naturales, fertilidad extrema de las tierras y carácter emprendedor de las personas. Esta elaboración sobre el entorno apunta a la consolidación de los procesos de identidad en los grupos sociales que representa cada uno de los expositores.

La realidad de estos espacios choca con la imaginación, ya que se pierden de vista las particularidades y los modos tradicionales aparecen medidos en función de las formas tecnológicas que se proponen para homogenizarlos. Su espacio es uno intercambiable, carente de atributos en sí mismo, en el cual pueden reproducirse los paisajes en función de las propuestas del momento. Así pueden contrastarse los siguientes aspectos dicotómicos.

Los objetos geográficos para el reconocimiento del espacio se corresponden con sus capacidades productivas o por su vinculación con los mercados externos: bahías, calas y fondeaderos se consideran por su potencial como puerto de comunicación con el exterior para la exportación de las mercancías; los ríos debido a su capacidad para ampliar la frontera agrícola incorporando nuevas tierras; los bosques como fuentes de materias primas; las ciudades como centros de acumulación; las minas y ruinas de ingenios abandonados como señas de actividades que se desarrollaron y podrían ser retomadas…

El espacio que se articula a partir de estos discursos presenta una serie de procesos que pueden servir como hilos conductores para su interpretación y análisis:

  • La funcionalización espacial y el enclave. Con el desarrollo de estos proyectos se presenta una funcionalización espacial rígida, que orienta la mayor parte del territorio a la agroexportación, y hasta cierto punto relega la producción para el mercado local.
  • La centralización. Los objetos adquieren posiciones que sirven para controlar y reorientar los recursos, ideas, capitales y esfuerzos a través del mismo.
  • La periferización de las zonas que no se dedican a las actividades predominantes.
  • El desarrollo de una red para dar dirección a los flujos de capital, mano de obra, tecnología y producción.
  • La concentración de tierras y capital en una clase dominante. A lo largo de los siglos XIX y XX se puede observar cómo se producen fenómenos de cambio y permanencia en la elaboración de los imaginarios sobre el espacio, su organización y una visión especular en otros espacios del Caribe.

En la actualidad, las propuestas sobre el desarrollo siguen reproduciendo la posibilidad de un discurso tecnocéntrico sobre el progreso que se concibe de forma lineal, que intenta reproducir imágenes especulares en el espacio caribeño. En esta, se importan los modelos que se consideran exitosos, y sobre los modelos predominantes se aborda la construcción de la realidad.

Las propuestas proceden de distintas fuentes, pero se caracterizan por recoger los mismos elementos subyacentes en la visión del espacio:

  • El concepto de un espacio isotrópico en el que la tecnología se convierte en el elemento fundamental para su modificación sin tomar en consideración los modos particulares. Así, se concibe que existen potencialidades similares en casi todas las zonas de las naciones caribeñas… sin tomar en cuenta el elemento local, ni las particularidades de los actores… quienes también son vistos de manera homogénea.
  • La elaboración de imágenes especulares en las que se piensa la posibilidad de una reproducción del mismo espacio. Así, muchos países quieren desarrollar los patrones empleados en otras regiones y en el Caribe mismo… por ejemplo, hacer el mismo turismo de masas en Cancún, Nicaragua, Punta Cana y Mallorca…
  • La idealización de determinados modos de producción y actividades que son asimilados en distintos espacios, y reproducen una serie de condiciones. En la creación de estas utopías, se invisibilizan los efectos negativos que se producen con su implementación. No hay críticas a la concentración de la tierra si es una empresa que compra, o un hotelero monopoliza y regula la playa…
  • La permanencia y transformación de una serie de estructuras espaciales y formas de relación social que permiten una acumulación de los excedentes. El desarrollo de una industria dedicada a la agroexportación (azúcar, productos tropicales…), en la cual se reproducen los mismos patrones de organización del espacio y demandas para su fomento. Aunque se producen algunos cambios, en lugar de la Corona aparece el Estado nacional; en lugar de la mano de obra esclavizada aparece la mano de obra proletarizada, en muchos casos inmigrantes o campesinos desplazados; los hacendados se convierten en empresarios…
  • El desarrollo de unidades de producción con pocas conexiones locales y orientadas a los mercados internacionales. El fomento de la producción industrial en enclaves próximos a los puntos de consumo, la cual se basa en el crecimiento de las ciudades o centros de exportación en el caso de las zonas francas; en los cuales se genera una demanda de mano de obra, la división funcional del espacio y su vinculación con las redes de transporte y comunicaciones.
  • La necesidad de una red de transporte y comunicaciones orientada a la producción y no a la articulación del territorio y las comunidades. Como las carreteras que solamente comunican dos enclaves productivos y desarticulan comunidades y pueblos con lazos históricos.
  • La concentración de las inversiones de capital en el sostenimiento del sistema de producción. Como la construcción de grandes obras de ingeniería en puntos específicos para generar el plusvalor.

Desde una perspectiva, puede decirse que a pesar de que nos separan más de doscientos años de las propuestas de Arango Parreño y Sánchez Valverde, aún siguen vigentes los aspectos fundamentales sobre sus visiones del progreso y la manera en que se imagina y organiza el espacio en el Caribe hispánico.

 Marcos A. Morales es geógrafo y profesor del Departamento de Ciencias Geográficas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo e investigador asociado del Instituto Geográfico Universitario y del Observatorio Migrantes del Caribe. Actualmente investiga las transformaciones del espacio geográfico en distintos contextos insulares, áreas protegidas y migraciones.

Notas

1 “El criterio de las fabulosas ganancias obtenidas en las plantaciones, sobre todo las azucareras. Se estimaba que el rendimiento anual de éstas ascendía a no menos de un 15% o un 20% del valor de la hacienda, por ejemplo en Jamaica durante los años de 1775-1800” (Cranton y Walvin, en García, 2005: 14).

2 Según García (2005: 18), aunque reconoce el aumento que tuvieron en Cuba las operaciones de las economías de plantación, “su argumento central es que, en el período señalado, operaron factores y mecanismos que ya no rigen para la última década del siglo. [Señala que] al criterio de que la expansión estuvo asociada casi por completo a coyunturas más o menos favorables, ajenas a la acción consciente de la Metrópoli o de los criollos”.

3 “El tabaco y la cría de ganado ocupaban un lugar mucho menos destacado en el conjunto de las preocupaciones del Discurso. Respecto al primero, insinuaba la conveniencia de levantar la prohibición de fabricar rapé como el medio más importante para llevar nueva vida a una industria en visible decadencia; y permitir que el producto, de merecida fama en los mercados europeos, se comerciase libremente en éstos. […] Una óptica similar preside el análisis de las dificultades que atraviesa la crianza de ganado. No sería posible alcanzar su rápido renacimiento como ramo económico principal sin que se proceda a la eliminación de una carga tan gravosa como la obligación de la pesa” (23).

4 “Historia completa de la Isla, que no me han dado lugar de perfeccionar otras ocupaciones y accidentes de mi estado” (5).

5 “Para esto haré una descripción de la extensión de su terreno, con distinción de montañas y valles; después de establecer su situación hablaré de sus producciones en los tres reinos: animal, vegetable (vegetal) y fósil, quanto baste para hacer juicio de su fertilidad y riqueza. Diré de su antigua población, su decadencia y el actual estado de los frutos y especies comerciables que puede dar en la parte Española, con ventaja de lo que está dando en las Colonias vecinas, de sus Minas riquísimas, especialmente de oro y de plata, de todo lo cual resultará el cálculo prudencial del valor de aquella primera Colonia, Metrópoli del nuevo Mundo, que mereció el glorioso renombre de Española”.

6 Por ejemplo, cuando se habla de la isla Beata dice que: “El terreno es excelente, como lo manifiesta su copiosa y gruesa arboleda de diferentes especies, y los ganados silvestres que han multiplicado en ella. En su terreno podrían fundarse haciendas, tanto de labor, como de crianza, y las hubo antiguamente” (20).

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