Artículo de Revista Global 66

Heat: cuando el calor se asoma a la vuelta de la esquina

Se cumplen veinte años del estreno de Heat, la película de Michael Mann considerada una de las obras maestras del cine policiaco. Tiroteos del más alto realismo, códigos de los bajos fondos, una amistad imposible y una lírica forma de filmar las calles de Los Ángeles aparecen en esta cinta basada en buena parte en hechos verídicos.

Heat: cuando el calor se asoma a la vuelta de la esquina

Pocos cineastas conocen el mundo criminal como Michael Mann. No es que este oriundo de Chicago haya formado parte de una despiadada pandilla; tampoco tiene experiencia como patrullero. Lo suyo es el resultado de dedicadas horas de estudio, conversaciones, entrevistas y también de un talento natural para reflejar en la pantalla los caminos torcidos de la sociedad.

Primero en televisión, Mann demostró en series que marcaron época (Crime Story y Miami Vice) que su prioridad ya apuntaba a contar historias con tintes realistas y donde las ciudades destacan también como protagonistas. Luego, en el celuloide, la mayoría de sus obras han tenido al hampa como tema central: Thief (James Caan en el papel de un astuto ladrón), Manhunter (la primera aparición en el cine de Hannibal Lecter), The Insider (las firmas tabacaleras son otro tipo de criminales, ¿o no?), Collateral (la historia del taxista y el sicario), la versión cinematográfica de Miami Vice, Public Enemies (el asaltabancos en la Gran Depresión) y Blackhat (un hacker en el núcleo de la trama). Pero Heat juega en otras ligas: es belleza cinematográfica en estado puro. Se trata de la obra maestra de Michael Mann y una de las grandes cintas de las últimas décadas.

En la mayoría de sus películas, Michael Mann no está interesado en mostrar a simpáticos ladrones ni a malhechores obsesionados por la pose. Lo suyo resulta más difícil: es una crónica de los mejores del bajo mundo. En gustos se rompen géneros, pero los criminales de Mann están alejados de los de otros directores más preocupados por la empatía, lo cool y la elegancia: no es Scorsese, tampoco Guy Ritchie y mucho menos Tarantino.

Mann ya había filmado el guión de Heat en los años ochenta. Se trató de una cinta para la televisión titulada L. A. Takedown (1989). El director no consiguió el financiamiento necesario para llevar la historia a la pantalla grande, así que optó por una obra televisiva que no decepciona a pesar de sus limitaciones en la producción. La trama es similar a Heat y también muchas de sus escenas aparecerían después en las salas cinematográficas. Con su cinta Last of the Mohicans (1992), Mann logró reconocimiento global y algunos productores escucharon con interés el proyecto de volver a filmar el guión de la banda de criminales, con algunas modificaciones técnicas y escénicas, luego del incesante trabajo del director para incorporar realismo a la obra. Así, en diciembre de 1995 Heat aterrizó con toda su fuerza en las salas del orbe.

En las primeras escenas de El Aura, la destacable película argentina de Fabián Bielinsky –quien años antes de morir había reconocido la influencia de Mann en su forma de filmar–, se encuentra uno de los elementos más importantes para explicar el éxito del cine policiaco. Esteban, taxidermista aquejado por la epilepsia (interpretado por Ricardo Darín), no deja de fantasear con la idea de asaltar un banco. La historia después tomará otros derroteros, pero estoy seguro de que en la pasión por este género cinematográfico ocurre lo mismo: miles de ciudadanos incapaces de matar a una hormiga y pagadores puntuales de impuestos nos imaginamos durante dos horas cómo serían nuestras vidas si tuviésemos una carrera delictiva.

Yo siempre escogería pertenecer al equipo que comanda Neil McCauley en Heat. La actuación de Robert de Niro encarnando a este jefe criminal está a la altura de sus grandes papeles (The Godfather, Raging Bull, Taxi Driver, Mission, Cape Fear) y tal vez sea la última en la que ha mostrado sobrada calidad. McCauley es un delincuente metódico y calculador; un profesional de los hurtos. Habría sido un triunfador en cualquier profesión si la seducción de la vida criminal no hubiese tocado primero a su puerta.

Sus cómplices jamás desentonan. Chris (Val Kilmer), Michael (Tom Sizemore) y Trejo (Danny «Machete» Trejo) son hombres bien entrenados, fieles a McCauley y respetuosos de los códigos que dicta la esfera delincuencial. Y a este grupo se agrega Nate (Jon Voight, el vaquero de medianoche y padre de Angelina Jolie), quien a pesar de sus cortas apariciones muestra la importancia del «facilitador» en el crimen organizado: obtener documentos falsos, planos de algún banco, información sobre la policía.

El equipo de criminales ejemplifica la obsesión de Michael Mann por los hampones con método y alejados de la improvisación. No es difícil deducir su profundo conocimiento de otros directores con el mismo ímpetu por el profesionalismo delincuencial, como Howard Hawks y Jean-Pierre Melville.

Pero un experto como McCauley debe contar con un antagonista con la misma devoción laboral. Vincent Hanna, interpretado por Al Pacino, es el detective encargado de perseguir a sol y sombra a esta banda de asaltantes. Justicia obliga: el personaje del representante de la ley está muy bien delineado en Heat y la actuación de Al Pacino no decepciona en lo general, aunque por momentos muestra su talón de Aquiles de las últimas décadas en la pantalla: una tendencia a la sobreactuación.

Heat va más allá del juego del gato y el ratón. El líder criminal y el detective tienen demasiados puntos en común: un profesionalismo a toda prueba, una pasión por el trabajo que ha causado estragos en sus vidas privadas y, lo más importante de todo, una admiración y un respeto mutuos como pocas veces se ha visto en el cine. En otras circunstancias seguramente serían los mejores amigos, pero, en la distribución de roles que deciden los dioses, les ha tocado combatir desde bandos opuestos.

El germen de esta rivalidad con tintes fraternales se encuentra (una vez más) en la atracción que Michael Mann siente por los hechos históricos. Chuck Adamson fue policía durante varias décadas y después se convirtió en guionista y productor televisivo. Conoció al director en los años ochenta y le contó la curiosa relación que mantuvo con el verdadero Neil McCauley. Criminal de sólida reputación y con décadas de encierro en las más rudas prisiones (Alcatraz incluida), McCauley y su banda protagonizaron sonados golpes en Chicago a principios de los años sesenta. Chuck Adamson fue el policía encargado de perseguir a estos delincuentes.

Una de las escenas más conocidas de Heat tiene lugar en una cafetería. El detective y el jefe del hampa comparten mesa y mantienen un poderoso diálogo que ya se ha convertido en clásico. Hay reconocimiento y admiración, confesiones sobre asuntos privados, complicidad incuestionable, pero queda claro que ninguno de los dos dudará en disparar si el otro se entromete en sus planes. Mann ha bebido también de las aguas del western (Hawks otra vez, Ford, Peckinpah): el sheriff y el forajido más buscado se enfrentan pero no en un pueblo polvoriento sino en el asfalto angelino.

Las frases dan en el blanco en todo momento:

«–Hago lo que sé hacer mejor: robar. Tú haces lo que conoces mejor: detener a tipos como yo.

–¿Pero nunca quisiste una vida normal?

–¿Qué coño es eso? ¿Asados y béisbol?»

Después el criminal exhibe toda una declaración de principios; una tabla donde solo está escrito un único mandamiento que juró respetar al pie de la letra cuando optó por el lado oscuro: «Alguien me dijo una vez: no te ates a cualquier cosa que no puedas abandonar en 30 segundos si sientes que el calor se asoma a la vuelta de la esquina».

En la encrucijada, el diablo te exige observancia de este principio sin flaquezas. Después se verá que incluso los tipos más calculadores sucumben ante el llamado de los sentimientos.

Casi todas las palabras pronunciadas en la cafetería fueron tomadas de una conversación real entre McCauley y Chuck Adamson en 1963. Adamson contó a Mann los pormenores de este encuentro. También le describió lo que ocurrió después: el 25 de marzo de 1964, McCauley y sus secuaces robaron un camión blindado. Minutos más adelante, en un enfrentamiento con las fuerzas del orden, McCauley fue ultimado a balazos. Adamson fue quien jaló del gatillo.

Si de balas se trata, otra de las secuencias más famosas de Heat ocurre en pleno centro de Los Ángeles. Para muchos son algunos de los minutos de acción mejor logrados del cine. Los hampones deben escapar de las garras de la policía luego de obtener un jugoso botín en un banco. En su huida dejan regados miles de casquillos de fusiles de alto poder, además de varios oficiales muertos y heridos. Si el asalto estaba perfectamente cronometrado, también los ladrones muestran que frente a los imprevistos no recularán por nada del mundo. En diversas entrevistas, los actores de Heat han descrito las largas sesiones de entrenamiento con expertos militares, obligados por el director. También les impuso encuentros con excriminales y detectives para lograr el mayor realismo posible en estas escenas de acción.

Además de la veracidad en los movimientos y el accionar de las armas, esta secuencia de Heat es memorable gracias al trabajo de sonido. Las balas retumban, producen daño y pasan silbando sin parar. También la música del compositor Elliot Goldenthal se deja escuchar con toda su fuerza expresiva, y el montaje, a cargo de William Goldenberg y Tom Rolf, permite seguir lo sucedido con gran ritmo y toma en cuenta las acciones de cada uno de los personajes.

Si la secuencia del principal tiroteo de Heat ha logrado aplausos por doquier, también ha sido vinculada con un tétrico incidente. El 28 de febrero de 1997, dos ladrones armados hasta los dientes se enfrentaron a la policía en North Hollywood luego de saquear un banco. Las escenas proyectadas en directo a través de la televisión provocaron que algunos periodistas citaran la película como una fuente de inspiración para el ataque.

El criminal McCauley y el policía Hanna muestran a lo largo de la cinta devoción por sus responsabilidades, frialdad en sus objetivos y sentido estricto de la disciplina. Pero no pueden sucumbir ante los dictados del corazón. Hanna vive un tercer matrimonio que es un desastre, aunque proyecta evidente cariño por su hijastra, interpretada por una joven Natalie Portman. McCauley sabe que la vida que eligió requiere renunciar a las ataduras afectivas, pero se preocupa por los miembros de su equipo, en especial por Chris (Val Kilmer), a quien trata con cierto instinto paternal, y también hace planes para partir con la novia lejos de la ley. Sin embargo, la venganza es un sentimiento demasiado poderoso, así que ajustar cuentas con un traidor –Waingro– se convierte en su perdición, cuando todos pensábamos que se saldría con la suya. Minutos después, pierde la vida a manos de Hanna, su amigo imposible, entre las luces y las sombras de las pistas de aterrizaje. El calor se había asomado a la vuelta de la esquina, pero McCauley pensó que sería capaz de burlar con éxito su norma sagrada.

En Heat existen tres protagonistas: McCauley, Hanna y la ciudad de Los Ángeles. Gracias a la fotografía de Dante Spinotti (frecuente colaborador de Mann), la urbe angelina queda retratada con loable belleza de noche y de día, a través de sus avenidas, sus barrios contrastantes y su downtown, apareciendo por momentos con un elegante tono azul. No es la primera vez en los anales del cine que una ciudad aparece con tanto protagonismo (Nueva York, París, Londres y Ciudad de México cuentan con un currículum fílmico de gran solidez), pero pocas cintas habían reflejado antes de Heat la personalidad de esta metrópoli californiana.

Siempre resulta complicado evocar el impacto y la influencia de un director sobre otros colegas. Sin embargo, desde su estreno, Heat representó todo un fenómeno a la hora de hacer referencia al cine policiaco. Basta leer las entrevistas de algunos cineastas u observar sus obras para percatarse de la importancia de la película de Mann. Por citar algunos ejemplos, pensemos en el danés Nicolas Winding Refn (Pusher, Drive), el hongkonés Johnnie To (Running Out of Time, Drug War), el galo Jacques Audiard (Sur mes lèvres, Un prophète) y el californiano Ben Affleck (The Town).

Veinte años después de su estreno, la obra maestra de Mann mantiene su fuerza intacta. Hay películas para todos los gustos y algunas se distinguen por su maestría en algún aspecto: sonido, fotografía, guión, trabajo actoral, montaje, investigación histórica, efecto especiales. Pocas sin embargo son las que brillan por todos estos elementos. Heat es una de ellas.

Jaime Porras Ferreyra es periodista mexicano y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Montreal. Trabaja en temas vinculados con la internacionalización de la educación. Colabora en programas de radio y escribe crónicas y reportajes. Ha publicado textos en México, Canadá, Inglaterra, España, Venezuela, Argentina, Costa Rica, Ecuador, Perú y la República Dominicana. Está radicado actualmente en Montreal.


MÁS DE ESTE AUTOR


«Au pied de cochon»: Un festín canadiense

Martin Picard ha logrado convertirse en uno de los chefs más reputados de Canadá gracias a su reinterpretación de la cocina tradicional quebequense. Visitar su restaurante en Montreal significa adentrarse en una sinfonía de excesos, referencias al pasado y riesgosas apuestas gastronómicas. No apto para adeptos del veganismo ni para maniáticos del conteo de calorías.
Leer artículo completo

Territorio hockey

No hay ciudad en el mundo con mayor tradición y apego por el hockey que Montreal. Cuna de la versión moderna de este deporte y hogar del equipo más premiado de la historia de la NHL, la metrópoli quebequense tiene entre sus religiones más practicadas la que conjuga velocidad en el hielo, magia con el bastón y una buena dosis de rudeza.
Leer artículo completo

El Estado Islámico o la pesadilla yihadista

Pocos fenómenos han provocado en las últimas décadas tanto miedo y perplejidad como el actual del Estado Islámico (EI). Presente en un vasto territorio, con grandes recursos económicos en sus arcas, respaldado por miles de seguidores armados hasta los dientes, impulsado por una ideología fanática y dueño de una fuerza propagandística nunca antes vista, el grupo dirigido por Abu Bakr al-Baghdadi es la consecuencia de la complejidad política y religiosa de Medio Oriente.
Leer artículo completo

El gringo rebelde y la lengua francesa

Considerado el padre de la Beat Generation y uno de los literatos estadounidenses más influyentes del siglo XX, Jack Kerouac siempre revindicó el francés como su primer idioma. En los últimos años, diversos hallazgos e investigaciones señalan cada vez más la importancia de dicha lengua en la vida y la obra del escritor beatnik.
Leer artículo completo

World Music: ¿sonido sin fronteras o eficaz estrategia de mercado?

Desde hace algunas décadas, la World Music está presente en tiendas discográficas, plataformas de internet, festivales y prensa especializada. Dicho fenómeno musical lo mismo genera simpatía que repulsión. ¿Se trata de un sincero esfuerzo sonoro por derribar barreras nacionales o es más bien el resultado de una visión con tintes colonialistas y meros fines comerciales?
Leer artículo completo