Artículo de Revista Global 68

Hillary Clinton: la eterna favorita

Hillary Rodham Clinton es una de las figuras políticas que mayor interés ha suscitado en las últimas décadas. Hoy compite por segunda vez por la nominación presidencial del Partido Demócrata. Para entender su pensamiento y posiciones sobre distintos aspectos de sus propuestas de políticas públicas, repasamos de forma somera sus inicios profesionales y su incursión en la política. Muchas de las cualidades que se le atribuyen encuentran en sus experiencias personales una justificación. Clinton, la eterna favorita de los círculos de poder norteamericano, ¿será la primera mujer presidenta de Estados Unidos?.

Hillary Clinton: la eterna favorita

Con mucho entusiasmo recibió un importante sector del Partido Demócrata el lanzamiento de la candidatura de Hillary Clinton, una de las figuras públicas de mayor notoriedad en la historia política norteamericana reciente por sus extraordinarios méritos individuales y, desde luego, por el enorme legado compartido con quien fuera dos veces presidente de los Estados Unidos, William Jefferson Clinton. De hecho, por su arraigo y experiencia, analistas políticos de todos los espectros dan como un hecho la victoria de Hillary Clinton en las primarias del Partido Demócrata. Esto último lo afirmó el reconocido periodista Dan Balsz del Washington Post a raíz de su primera candidatura presidencial.[i]

Hoy Hillary se convierte nuevamente en una figura favorita para la nominación a la candidatura presidencial por el Partido Demócrata, en un momento de profundas transformaciones generacionales y culturales. Su envidiable trayectoria política merece ser estudiada con detalle, pues, de todos los candidatos elegibles en el actual proceso electoral norteamericano, es ella la que probablemente ha tenido la más dilatada y cercana experiencia con las altas esferas del poder político norteamericano.

Escribir sobre su carrera desde la óptica de las distintas etapas que vivió en la cambiante sociedad norteamericana no solo es un ejercicio de comprensión de su pasado, sino que implica una lectura de dicha sociedad. Y es que el apellido Clinton resonó en los más lejanos rincones del planeta por ser William Jefferson (o mejor, Bill) quien dirigiera los destinos de los Estados Unidos en un momento paradigmático para la humanidad: a principios de la década de los noventa con una Unión Soviética extinta y un orden geopolítico unipolar que permitió maximizar la proyección del poder económico, militar y cultural estadounidense de forma extraordinaria.

Existe un famoso comentario de Bill Clinton en su campaña presidencial que ilustra como su esposa nunca jugó un rol secundario en su vida política: «Elegir a Bill Clinton es obtener dos por el precio de uno».[ii] Por ello Hillary es considerada una de las primeras damas que acumuló mayor poder político en la historia de los Estados Unidos, equiparada a la reconocida Eleanor Roosevelt, esposa del cuatro veces presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt. Un hecho que ejemplifica su determinante influencia en la política pública de su esposo fue la iniciativa del plan de reforma sanitaria, en 1993, liderada ante la opinión pública por Hilary.

En Hillary se conjuga una peculiar amalgama de situaciones que afianzan su firme carácter y su liderazgo: abogada exitosa, primera dama poderosa (primero, del estado de Arkansas; luego, de los Estados Unidos), esposa atribulada, senadora aguerrida, candidata presidencial, secretaria de Estado y hoy otra vez aspirante a la Casa Blanca. Un record único que le ha permitido capitalizar con creces su proyección de líder, esposa y madre.

Salvando las enormes distancias entre realidad y ficción, y evitando comparaciones directas, el matrimonio Clinton evoca provocadoras similitudes con una pareja política que ha capturado la pantalla chica moderna: Claire Underwood y su esposo Frank Underwood, del controvertido remake norteamericano de la serie de la BBC House of Cards.

Conservadora de cuna y liberal en su trayectoria

La primera página de la famosa biografía de Hillary, Living Memories, nos recuerda un hecho que muchos olvidan sobre su pensamiento político: sus orígenes conservadores y republicanos en una familia metodista. En efecto, su vida temprana se inició rodeada de valores conservadores en un suburbio del estado de Illinois llamado Park Ridge. Su incursión en la política legislativa norteamericana ocurrió a muy temprana edad durante las elecciones presidenciales de 1960, cuando colaboró con el Partido Republicano en los suburbios de su estado natal. Posteriormente trabajó en 1964 en calidad de voluntaria de la campaña del candidato republicano Barry Goldwater, vencido de forma abrumadora por Lyndon B Johnson.[iii] Probablemente ella nunca hubiera pensado que es con Goldwater cuando se inicia un proceso de inclinación hacia los extremos del pensamiento conservador, combinado con un estilo de hacer política y crear opinión pública polarizada, quizás la antesala del fenómeno Donald Trump, el virtual contrincante de la eterna favorita en las elecciones de este año.

Luego de la derrota de Goldwater, a finales de los años sesenta Clinton materializó su interés por el estudio de las ciencias políticas, específicamente de los movimientos de protesta comunitarios con énfasis en las comunidades afroamericanas, que la llevaron en Wesley College a redactar una tesis de licenciatura crítica de los métodos de organización comunitaria y protesta de Saul Alinsky, uno de los activistas más influyentes en la década de los sesenta y setenta, considerado el padre de las movilizaciones de protesta. En aquel entonces los efectos de la guerra de Vietnam y los profundos cambios sociales que trajo el revisionismo cultural de los años setenta incidieron en la formación del pensamiento político de Hillary.

Cortejando la Casa Blanca

Posteriormente fue admitida a la prestigiosa Escuela de Derecho de la Universidad de Yale, lugar que sería crucial para su futuro pues allí conoce al joven William Clinton e inicia su activismo intelectual en contra de la guerra de Vietnam y a favor de Eugene McCarthy, candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Además, colabora con la campaña del moderado Nelson Rockefeller en las primarias republicanas en el año 1968. También trabaja en la campaña del candidato presidencial demócrata George McGovern en 1972, donde obtuvo Nixon una abrumadora victoria, con una de las diferencias de votos más amplias en la historia política de Estados Unidos entre uno y otro candidato.

Como puede apreciarse, desde muy joven Hillary estuvo involucrada en las campañas presidenciales (todas fallidas hasta ese momento) de aspirantes de varias corrientes ideológicas. En sus estudios jurídicos mostró una inclinación por los derechos infantiles. Su primer trabajo de alto perfil como abogada fue como parte de la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que investigó el famoso escándalo Watergate, un puesto que primero fue ofrecido a Bill Clinton y que este rechazó según comenta Sam Tanenhaus en la revista Bloomberg.[iv]

Posteriormente, la hoy candidata trabajó en la campaña presidencial de Jimmy Carter en 1978 y cuando Bill fue elegido gobernador de Arkansas se convirtió en primera dama estatal, posición que mantuvo hasta 1992, cuando pasó a serlo de la nación. Como socia de la famosa firma Rose Law de 1978 a 1992 mantuvo una exitosa práctica que le permitió devengar mayores ingresos que su esposo, el entonces gobernador de Arkansas. Se destacó en varias ocasiones como una de las abogadas más influyentes de América y pionera en el entonces machista universo de la gobernanza corporativa norteamericana al ser la primera mujer miembro de la junta de directores de Walmart.

De primera a Primera: una difícil relación con los medios

La vida de Hillary tomó un giro significativo durante la primera campaña por la presidencia de su esposo, que en 1992 logró derrotar a George H. Bush. Fue una dura campaña electoral en la que el voto dividido de los convervadores entre Bush y el inolvidable candidato independiente Ross Perot aseguró una ventaja demócrata. La joven primera dama desde el principio sacrificó todo para hacer campaña por Bill y posteriormente jugó un rol muy importante en varias iniciativas centrales de su administración.

Su vida siempre ha estado afectada por el incisivo escrutinio mediático de la prensa norteamericana antes y durante su permanencia en la Casa Blanca. De ahí que su relación con la prensa ha sido históricamente distante hasta el punto de generar en ella un sentido de cautela excesiva frente a las cámaras, que quizás un sector del electorado confunda con falta de autenticidad. Incluso fuentes reputadas afirman que el círculo de amigos y asesores cercanos a Hillary comparte con ella su escepticismo hacia los medios.[v]

Así las cosas, con más de 40 años en la palestra pública y múltiples embestidas mediáticas, no resulta difícil entender por qué ella y su esposo son tan cautelosos. Tuve la oportunidad de planificar una actividad en la ciudad de Austin (Texas) en 2008, en la que compartí en un escenario, ante más de mil estudiantes, con el presidente Clinton. Nunca olvidaré el énfasis que su equipo de preparación ponía en el concepto «espontaneidad controlada», esto es, controlar al máximo todos los movimientos y gestos de Clinton y quienes le acompañaban en escena para garantizar una interacción fluida. No es de extrañar que esa misma filosofía de apariciones públicas sea la que incida en el equipo cercano a Hillary Clinton.

Una de las primeras acusaciones que debió enfrentar la hoy candidata al llegar a la Casa Blanca fue el supuesto intento de encubrir un fallido proyecto de inversión inmobiliaria llamado Whitewalker. Entre otras cosas, se acusaba a la pareja de beneficiarse de la adquisición de bienes inmuebles por debajo de su costo de mercado, situación agravada por el suicidio de un colaborador.[vi] Mientras crecía el frenesí mediático, la esposa del Presidente lideró su más notable iniciativa: una propuesta de reforma del sistema de salud pública norteamericana que concitó el rechazo de varios sectores del Partido Demócrata y que, entre otras cosas, allanó el terreno para una abrumadora victoria de la oposición en las elecciones congresionales de 1994.

Posteriormente, el destino deparaba un momento difícil y muy trascendental para la historia de pareja de los Clinton: el famoso escándalo Lewinsky de 1998, un momento clave en su carrera política pues cimentó su imagen de esposa atribulada, pero al mismo tiempo firme en la defensa de su marido. Algunos alegan que en ese momento quedaba claro que la primera dama daría lo que fuera por preservar su carrera política con un objetivo al final del camino: la Casa Blanca. Sin embargo, en la sociedad norteamericana en general creció la admiración por Hillary en el año 1998 según reporta Gallup,[vii] algo que indudablemente contribuyó al despegue de su carrera política.

De la avenida Pennsylvania a la Constitution

Hillary es la única primera dama que se ha postulado para un cargo electivo en la historia de los Estados Unidos. En el año 2000 se lanza al ruedo político como candidata al Senado de la nación por el estado de Nueva York, donde tiene su domicilio habitual. Su carrera congresional estuvo marcada en una primera etapa por su fuerte apoyo a la intervención norteamericana en Irak, un hecho que surge constantemente en su campaña actual. Posteriormente propuso varias leyes y reformas tendentes a mejorar la salud de los miles de afectados por los atentados del 11 de septiembre del 2001.

Primera mirada al Salón Oval

Lo que muchos vaticinaron con empeño finalmente se materializó en enero del año 2007[viii] con su candidatura a la presidencia, una experiencia muy aleccionadora para Hilary, pues fue en algún momento favorita para la victoria. Desde los inicios de su carrera en el sector público había vivido una racha de victorias electorales considerables: cinco elecciones para la gobernación de Arkansas y dos para la Presidencia, en el caso de Bill Clinton, y sus dos victorias para el Senado de Estados Unidos representando al estado de Nueva York.

A pesar de la conocida historia entre Obama y Hillary durante la campaña del 2008, resulta no obstante muy interesante, como ella misma relata, que su adversario político en esa contienda fue siempre realmente un amigo: Hilary y Bill recaudaron fondos para la primera postulación de Obama al Congreso e incluso la primera mantuvo siempre en su oficina senatorial una fotografía suya con Obama y Michelle Obama, aun durante la campaña presidencial del 2008.[ix]

En su primer intento por llegar a la Casa Blanca, Hillary enfrentó con el mantra de «experiencia» a un Obama que propugnaba el «cambio» frente a una importante porción del electorado ampliamente decepcionada con las dos administraciones previas de George W. Bush. Tras 16 años con dos apellidos alternándose en la Casa Blanca, Obama se impone en las primarias del Partido Demócrata empleando una extraordinaria estrategia digital y logra convertirse en el primer presidente de ascendencia afroamericana de Estados Unidos.

Antes de la toma de posesión, Obama ofreció en reiteradas ocasiones a Hillary la posición de secretaria de Estado, hasta que finalmente ella aceptó. Según ella misma relata, ese día el nuevo presidente le dijo «A pesar de los reportes, creo que podemos convertirnos en buenos amigos».[x]

La secretaria de Estado

Durante su mandato al frente del famoso Departamento de Estado de los Estados Unidos, Clinton definió su pensamiento en política exterior con tres D: defensa, diplomacia y desarrollo (en ese orden). Sin embargo, a pesar de que defensa figura de primero y ella en anteriores ocasiones se ha mostrado a favor del uso de la fuerza (intervención en Irak), su filosofía al frente del Departamento de Estado se fundamentó en la tesis enarbolada por el reconocido Joseph Nye, de Harvard: usar el «poder inteligente» de los Estados Unidos para lograr sus objetivos.

¿Qué significa esto en la práctica? Elegir opciones de política exterior que ofrezcan soluciones multidimensionales y que se apoyen en los elementos no ortodoxos de política exterior, tales como la cultura. Esta visión vanguardista reconoce como imprescindible combinar en la diplomacia moderna elementos de «poder suave» como la promoción de valores democráticos con elementos de «poder duro» como una fuerte presencia militar en zonas de interés estratégico.

Por otro lado, como secretaria, Clinton se vio en la posición de trabajar no solo bajo el mandato de su otrora adversario político, sino también con personajes con los que durante las elecciones del 2008 mantuvo cierta fricción pública, como es el caso de Susan Rice, quien fue entonces nombrada embajadora de Estados Unidos ante la ONU.

La Primavera Árabe en 2011, especialmente la posición adoptada frente a Hosni Mubarak y la ulterior intervención en Libia, fue uno de los acontecimientos más notables ocurridos durante su mandato. De igual forma, fue notable su intensa actividad diplomática de acercamiento a Asia, como parte de la intención de Obama de reenfocar la política exterior del país hacia esa región. De hecho, fue memorable su visita a Birmania, luego de que este país se incorporara a un modelo democrático.

Un país de crucial interés para Hillary antes, durante y después de su mandato fue Haití. De hecho, un dato poco conocido es que allí los Clinton pasaron su luna de miel en el año 1975. La conexión que tuvo Bill durante los tumultuosos años noventa con dicho país, combinada con la catástrofe humanitaria del tristemente célebre terremoto del 2010, provocó que nuestra hermana nación jugara un rol prominente dentro de los esfuerzos de asistencia humanitaria de la secretaria de Estado y el trabajo filantrópico del expresidente.

Los números de Hillary durante su mandato hablan por sí solos: visitó 112 países, asistió más de 700 veces a la Casa Blanca y recorrió más de 1.5 millones de kilómetros en todo el planeta, algo que ella misma nunca se imaginaría cuando perdió las primarias en el año 2008. Su frenética agenda al frente de la diplomacia norteamericana buscó reparar relaciones con aliados y expandir de forma significativa las alianzas, cada vez más importantes en un mundo multipolar. Sin embargo, en el 2013 Hillary decidió dejar el Departamento de Estado para concentrarse en la filantropía junto a su esposo y, desde luego, preparar su segunda mirada al Salón Oval.

La segunda mirada

Un elemento común entre el emprendimiento empresarial y la carrera política es la inevitabilidad del fracaso, pero más importante aún: cómo es asumido este. Así, importantes liderazgos políticos, como el de Lula da Silva, que se postuló a la presidencia de Brasil y perdió en tres ocasiones, se construyen con las lecciones de la derrota.

Al parecer, de esa forma piensa la hoy candidata, quien al salir del Departamento de Estado tardó poco menos de dos años en hacer pública su intención de postularse por segunda vez para la presidencia. De hecho, dicha decisión fue adoptada en vísperas de las vacaciones anuales de los Clinton en nuestro país, en las navidades del año 2014.[xi]

Luego de una amplia estrategia de acercamiento a los principales asesores de las campañas de Obama, Hillary sumó como su jefe de campaña al jefe de Gabinete de Bill Clinton y asesor de Obama, John Podesta, una figura de muchísimo peso en el Partido Demócrata y los círculos de pensamiento progresista modernos en los Estados Unidos. Muchas fueron las lecciones aprendidas en el 2008, siendo la primera de ellas la importancia de los medios digitales: el video de lanzamiento de su campaña fue presentado el 12 de abril del 2015 en YouTube con un mensaje de inclusión económica en un sistema que favorece a los más pudientes. Dicho video sirve de guía para entender el segmento de votantes al que apunta su estrategia. En efecto, inicia con comentarios breves de muchas personas, entre ellas una madre soltera, una abuela, dos hermanos de ascendencia hispana, una pareja afroamericana, una joven asiática, una pareja homosexual y una familia de trabajadores de clase media. Esos son a muy grandes rasgos los segmentos de votantes a los que se dirige. Su trabajo en favor de los derechos de las minorías, especialmente las de ascendencia afroamericana, garantiza a Hillary una fiel base de votantes en dicho grupo étnico.

De igual forma, su condición de mujer es altamente favorable en una sociedad donde el número de madres solteras se incrementa y donde nunca una mujer ha estado al frente de la nación. Asimismo, la candidata conecta bien con los votantes mayores, un segmento importante de la sociedad norteamericana que es proclive a ejercer el voto el día de las elecciones, algo que no siempre tiende a ocurrir con los jóvenes. Finalmente, la maquinaría política de los Clinton es conocida y su influencia en los círculos de poder norteamericanos muy marcada, lo que indudablemente opera a favor de la candidata, pero de ninguna forma asegura una victoria rotunda.

La revolución de lo auténtico

Mientras el presente artículo sale a imprenta, varios temas han afectado la dinámica de las elecciones primarias del Partido Demócrata. Hillary inició como la virtual candidata, pero enfrenta hoy un formidable reto por parte del senador del estado de Vermont, Bernard Sanders. En efecto, si bien un amplio número de analistas predicen una victoria de Clinton en las primarias, su contrincante ha sorprendido a muchos por el grado de conexión que mantiene con dos segmentos importantes del electorado norteamericano: los votantes jóvenes y la clase obrera. De hecho, el actual estado de cosas en el mundo y el descontento con los partidos y las clases dominantes parecen haber generado un cierto grado de desdén hacia los políticos de carrera o de apellido, esos muy cercanos a los círculos de poder clásicos, como el caso de Hillary Clinton. Aunque no comparto del todo dicha tesis, lo cierto es que con ese mensaje Sanders ha logrado una tracción importante en las primarias demócratas.

El mensaje de inclusión económica y oportunidades para todos de Hillary es maximizado de forma significativa por Sanders, quien sin tapujos afirma constantemente que desea que su país ofrezca servicios públicos gratuitos. Esto, elevando la carga impositiva a los más pudientes con el objetivo de reducir la considerable brecha económica que separa a los más ricos del resto de la población. Dicho mensaje supone, según el reconocido economista Thomas Piketty, una transformación ideológica importante para la sociedad norteamericana, donde el discurso de Reagan, con su potente defensa de los mercados y la libertad, fue por mucho tiempo credo inalterable para un sector importante de la sociedad.[xii] Partiendo de esa lógica, Sanders podría suponer el final de un ciclo ideológico y el inicio de otro.

¿Constituye esto un obstáculo para las aspiraciones de Hillary? Creo que, a largo plazo, serán cada vez menos frecuentes los liderazgos familiares, pues el poder, como brillantemente Moisés Naím nos recuerda, «Ya no es igual que antes», es cada vez más difícil de obtener y aún más complicado de mantener. Sin embargo, nada asegura que esa clara transformación tendrá una contundente manifestación electoral en los actuales comicios.

Es importante recordar que en el muy complejo sistema electoral norteamericano el voto mayoritario no garantiza una victoria presidencial, tal como ocurrió en las controversiales elecciones presidenciales que enfrentaron a Al Gore y George W. Bush. Y es ahí donde los Clinton comandan su más importante activo: la experiencia de navegar por cuarta ocasión en las turbulentas aguas de una contienda presidencial.

Emil Chireno Haché es abogado egresado de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Realizó estudios de posgrado en la Facultad de Diplomacia de Seton Hall University, de Estados Unidos. Antes fue investigador del Carnegie Council for Ethics in International Affairs, en Nueva York. Actualmente es socio fundador de la firma KCNP Asesores Legales y director ejecutivo de la Asociación Dominicana de Naciones Unidas.

Notas y referencias

[i] «Hillary Clinton opens Presidential Bid» <http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/01/20/AR2007012000426.html>.

[ii] «Bill and Hillary’s double trouble: Clinton’s ‘two for the price of one’ pledge is returning to haunt him, says Rupert Cornwell» <http://www.independent.co.uk/voices/bill-and-hillarys-double-trouble-clintons-two-for-the-price-of-one-pledge-is-returning-to-haunt-him-1427937.html>.

[iii] «Hillary Worked for Goldwater?» <http://www.factcheck.org/2008/03/hillary-worked-for-goldwater>.

[iv] «How Richard Nixon Created Hillary Clinton» <http://www.bloomberg.com/politics/features/2015-11-05/how-richard-nixon-created-hillary-clinton>.

[v] «What Is Hillary Clinton Afraid Of?» <http://www.politico.com/magazine/story/2014/05/hillary-clinton-media-105901#ixzz45pwHkiwC>.

[vi] «THE 1992 CAMPAIGN: Personal Finances; Clintons Joined S.& L. Operator In an Ozark Real-Estate Venture» <http://www.nytimes.com/1992/03/08/us/1992-campaign-personal-finances-clintons-joined-s-l-operator-ozark-real-estate.html?pagewanted=all>.

[vii] «Admiration For Hillary Clinton Surges In 1998» <http://www.gallup.com/poll/4108/admiration-hillary-clinton-surges-1998.aspx>

[viii] <http://www.nytimes.com/2007/01/20/us/politics/20cnd-clinton.html>.

[ix] Hillary Rodham Clinton, Hard Choices, Nueva York: Simon and Schuster, 2014, p.3.

[x] Ibídem, p. 19.

[xi] «Hillary Clinton’s slow walk to ‘yes’» <http://www.politico.com/story/2015/04/hillary-clinton-2016-announcement-slow-walk-to-yes-116887>.

[xii] «Thomas Piketty on the rise of Bernie Sanders: the US enters a new political era» <http://www.theguardian.com/us-news/commentisfree/2016/feb/16/thomas-piketty-bernie-sanders-us-election-2016>.

  • Dave Quezada Hernandez

    Excelente articulo.





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