Artículo de Revista Global 32

Índice judicial: medición de lo que contencioso con un fin social

El estudio de la sociedad, así como el de las instituciones que posibilitan la convivencia organizada entre los ciudadanos, no es tarea fácil. En principio, se parte de que las instituciones son creaciones humanas con un fin regulador entre los sujetos de Derecho.

Índice judicial: medición de lo que contencioso con un fin social

Introducción

El estudio de la sociedad, así como el de las instituciones que posibilitan la convivencia organizada entre los ciudadanos, no es tarea fácil. En principio, se parte de que las instituciones son creaciones humanas con un fin regulador entre los sujetos de derecho. En este sentido, adquiere particular importancia comprender la información que suministran dichas instituciones. Pues es en este anhelo de comprensión que radica la posibilidad de impulsar procesos de investigación y producir nuevas ideas a partir de los mismos.

De igual manera, la relación institución pública–ciudadano constituye un importante tema de actualidad. Esta reflexión nos invita a visualizar cómo debe funcionar y cuáles perspectivas ameritan una revisión. En el contexto de la posmodernidad, también nos invita a dilucidar cuáles aspectos del presente constituyen un verdadero desafío ante la necesidad de un mayor empoderamiento ciudadano; y, por supuesto, a mejorarlo mediante la apropiación de los datos y la construcción de conocimiento a partir de éstos.

Así lo evidencian el uso de programas informáticos sofisticados orientados a la cuantificación de los factores que inciden en una determinada situación, mediante su transformación en variables.

Todo lo anterior deja entrever una especie de revolución generacional entre investigadores y ciudadanos que obliga a estos últimos a involucrarse, directa o indirectamente, con las necesidades institucionales.

Sin embargo, ello no sólo refleja una necesidad. Además, acentúa la idea de que es posible brindar mejores soluciones a posibles conflictos internos mediante esa obligación. Y, desde otra perspectiva, proveer información favorable orientada a la creación de una campaña institucional externa.

Evidentemente, sostener un discurso científico no es simple. Se requiere de la interpretación de múltiples enfoques y del sustento de cada uno de ellos. Consecuentemente, la utilización de fuentes confiables para la construcción de variables e indicadores constituye una prioridad.

La medición

La construcción de indicadores sociales inició en Estados Unidos durante los primeros años de la década del treinta. Tras la Gran Depresión, se requería de una panorámica objetiva de la situación social y económica a los fines de considerar la viabilidad y pertinencia de las diversas propuestas de acciones de política.

Esta necesidad implicaba la elaboración de una visión global de ese país a partir de un enfoque estadístico basado en la recogida de datos cuantitativos. ¹ Entre otros, William Ogburn afirmaba que no podía haber ciencia sin mediciones y que por tanto, los estudios sociales serán más científicos cuanto más se valgan de éstos. ² Esto implicaba la estricta definición de los conceptos empleados en su elaboración y análisis. Un indicador se compone de variables; por tanto, conviene referirse a éstas en primer orden. Una variable es definida como aquellos elementos que son susceptibles de cambio o variación con relación a los mismos o diferentes objetos. ³

El término se desarrolló en el campo de la matemática con anterioridad a las aserciones que le fueran otorgadas en el campo de las ciencias sociales. Los sociólogos no tardaron en adoptarlo y adaptarlo a sus necesidades. ⁴

En el contexto de las diversas disciplinas sociales se emplean diversas clasificaciones de variables. Unas clasificadas desde la observación misma de un fenómeno, mediante la utilización de técnicas cualitativas y cuantitativas; otras desde la accesibilidad de las fuentes y aspectos sobre la mensurabilidad que desarrollarán en otra ocasión. La cuantificación de variables significativas es el objetivo científico-metodológico común a todas las ciencias empíricas (Moya, C. 1972). ⁵

La identificación de las variables comienza con su explicitación en el contexto del problema analizado y, posteriormente, con el desglose de los objetivos perseguidos. Su definición es una de las tareas más complejas del proceso de investigación, pues supone un mínimo de planteamientos iniciales.

Aunque no existe una definición única, en términos generales, se puede denominar indicador a un “instrumento construido a partir de un conjunto de valores numéricos o de categorías ordinales o nominales que sintetizan aspectos importantes sobre un propósito analítico”. ⁶ Lo que explica que al trabajo con indicadores se le anexen algunos valores agregados como credibilidad, organización y fiabilidad en la proveniencia de los datos.

Al abundar en el concepto, se desglosan otras definiciones. Durante el año 1966, Bauer los definió como “series estadísticas y todas las formas de prueba que permiten evaluar en dónde nos encontramos y hacia dónde nos dirigimos en relación con valores y objetivos, así como también para evaluar programas concretos y determinar sus repercusiones”.⁷ Mientras, en el 2002, el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE) definió el término como un “conjunto de variables utilizadas para medir el progreso logrado con respecto a las metas programadas”.

Rosa María Chacón cita a G. Martinotti (1993) explicando que el trabajo con indicadores representa en la actualidad un paso esencial en la evolución de las ciencias sociales. A lo cual agrega el logro de una producción de conocimientos utilizables para explorar una realidad desde diferentes aserciones. ⁸

Indiscutiblemente, los primeros debates suscitados en torno a la validez de los datos constituyen en el presente un importante epicentro referencial para la construcción de afirmaciones y, subsiguientemente, otorgar utilidad a lo construido en todas las dimensiones de las ciencias sociales.

Lo anterior nos lleva a concebir un sistema de indicadores. Dada las definiciones expuestas inicialmente, se explica casi por sí solo su propia estructura. Un sistema de indicadores configura un marco, descriptivo y/o interpretativo, de un fenómeno social a partir de la selección de un determinado número de variables que se consideran pertinentes para abordar el análisis. ⁹ Dicho esto, es oportuno y obligatorio referirse a los indicadores sociales (IS).

A fin de sustentar algunas ideas, es preciso detenernos en el concepto de estadística, una herramienta esencial para sostener cualquier apreciación de índole científica. El término surge en la Edad Media por el deseo de tener una correspondencia entre extensiones señoriales, población residente e impuestos susceptibles de ser recabados. Si bien en el intermedio del siglo XVIII ya se discutía al respecto, no fue hasta el siglo XIX que se consolidó esta ciencia. Es cuando Ogburn enriquece sus indicadores mediante series estadísticas.

Los indicadores sociales componen una serie estadística o cualquier forma de indicación que facilita el establecimiento del lugar en el cual nos encontramos y hacia dónde nos dirigimos con respecto a determinados objetivos y metas, así como la evaluación de programas específicos a fin de determinar su impacto (Bauer, 1966). ¹⁰

Pueden derivar de métodos de investigación cuantitativos o cualitativos, los cuales enfrentan significativas diferencias en cuanto a la recopilación de datos. Los cualitativos predominan informaciones provenientes en textos descriptivos, que las agrupan o suponen una categoría única. Mientras que en los cuantitativos las técnicas metódicas recogen las mayoritariamente en formato numérico o códigos. Es importante especificar que esta clasificación binomial no es la única existente de indicadores sociales. Nos encontramos con otras, tales como indicadores de hechos, percepciones, eficacia, etcétera.

Estadísticas judiciales

Entender el sistema judicial desde una perspectiva reflexiva no es una tarea fácil. Pues si bien es cierto, en principio, simplemente se trataría de cuantificar los resultados obtenidos durante un periodo; no menos cierto es que el trabajo de recopilación de esos datos en sistemas judiciales, carentes de equipos tecnológicos, puede entorpecer la eficiencia con la que opere un investigador. Este último punto, sin denotar que ni el derecho ni la sociología deben permitirse reducir su significativa naturaleza a la confrontación de datos sin fin alguno.

La información obtenida de cada uno de los órganos judiciales incoa una potencial interpretación de carácter temporal y territorial. Pero no tan sólo en la particularidad de cada una de estas dimensiones, sino respecto una de la otra y también respecto de una que otra variable.

Entendiendo que la unidad de medida en las ciencias sociales son las colectividades humanas, se requieren algunas puntualizaciones; se necesita combatir la concepción de que la ciencia jurídica es casi condicionalmente teórica o procedimental. Entiéndase codificada, adjetivizada, o sustantivada.

Naturalmente, las estadísticas que resultan del funcionamiento del aparato judicial, en el ámbito de la misma ciencia, constituyen una cuantiosa fuente empírica para la constitución de variables e indicadores, respectivamente. Sin embargo, ello a pesar de las posibles cuantificaciones, mediciones o capitalización en términos sociales.

Consecuentemente, es necesario traer al debate la relación sociología-derecho. En principio, para digerir correctamente la conexidad entre una variable de connotación social y una de connotación judicial. Luego, a fin de evaluar si la comunidad jurídica concibe una baja, media o alta asociación/disociación entre ellas. O, simplemente, la relación cóncavo-convexa en la cual incurren otras ciencias sociales no es tan notoria en el derecho, llevado a la rutina procedimental mediante el mecanicismo de la práctica privada.

Un enfoque parecido es el que hace Paola Bergallo en El derecho y las ciencias sociales: ni siquiera una relación incómoda. Esta autora llama la atención sobre cómo promover una argumentación jurídica más contextualizada en investigación desde otras disciplinas. Balkin y Levinson señalan que pensar en la investigación, la práctica y enseñanza del derecho demanda un posicionamiento frente al problema de la normatividad del derecho y su relación con las humanidades y ciencias sociales. ¹¹

En 1930, el juez estadounidense Learned Hand planteó en un discurso¹² que “debía estar familiarizado con la naturaleza de otras disciplinas para ser juez”. Mencionó a pensadores de otros tiempos, como Kant, Hume, Shakespeare, Homero, Maquiavelo y Dante. La aguda posición de Hand revela que este creía profundamente que existe un romance imperecedero entre el derecho y las ciencias sociales. Lo que, llevado al tema de los indicadores judiciales, desemboca en el planteamiento de Bergallo, un hilo conector entre las ciencias sociales y la jurídica. Pero sin ánimos de evitar debates epistemológicos y solo con la intención de ilustrar en torno a la importancia de la medición judicial, retomamos algunas ideas anteriores.

Creación de un índice

Los indicadores compuestos, también llamados “índices”, persiguen la representación de determinadas tendencias en los ámbitos sociales. Para construirlos se requiere organizar y combinar indicadores simples con la finalidad de encontrar nuevos valores compuestos y complejizados. De modo que, la intención de reducir el margen de probabilidades de refutación teórico-metodológica constituyen un hecho cierto. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) constituye un paradigma de indicadores compuestos.

No obstante, la socialización de estadísticas judiciales con un fin social es una ambiciosa pretensión científica. Pues en principio, supone un involucramiento con la sociología y el derecho y además, el empleo de técnicas de análisis estadístico.

Como es natural, el juez se concentra en la interpretación de sentencias o la emisión de ellas mediante una reflexión existente u autónoma (de ahí, numerosas aportaciones sobre las prerrogativas contempladas para la magistratura). En cambio, el investigador se dedica a reconocer variables que en ocasiones pudieran ser objeto de debate social. Esto plantea que si bien es cierto, es posible llevar estadísticas precisas en el ámbito judicial. Empero, estas probablemente sólo perseguirán encontrar y medir cuantificadores de eficiencia y eficacia en cuanto a la función judicial misma.

Es en ese sentido que un Índice de Desempeño Judicial se importantiza en el contexto evolutivo de las sociedades modernas. Si bien el estudio de la ciencia pretende dar razones causales a situaciones sociales, la disciplina jurídica por su lado, hace posible una medición en base a causa y efecto. Pues, las relaciones humanas se encuentran reguladas por las instituciones y la justicia no se escapa de ser una de ellas.

Sin embargo, si bien la cantidad de sometimientos sobre un tema específico puede arrojar interesantes indicadores sociales cuantitativos, no menos cierto es que para ello se requiere de una estructura institucional judicial con un enfoque multidisciplinario. La propuesta de perseguir indicadores sociales en el contexto del poder judicial no es una idea descabellada. Pues desde la visión neoweberiana de las instituciones estatales, un índice judicial facilitaría el funcionamiento del aparato judicial en sí mismo, sin la necesidad de duplicar los mismos datos para fines diferentes. Es decir, una misma fuente estadística podría utilizarse para crear horizontes judiciales y sociales al mismo tiempo sin la necesidad de una excesiva burocratización del dato.

Dicho esto, se plantea la necesidad de identificar cuáles obstáculos podrían encontrarse en el trayecto y cuáles deben ser los supuestos básicos de un reto de este tipo. Indistintamente, se requiere una estructura de recopilación de datos orientada a la obtención vertical y horizontal de datos y variables.

También, concebir la posibilidad de identificar elementos comunes entre ambas coordenadas. Para esto es necesario contar con programas informáticos orientados a la cuantificación automática en base a cruces. Entiéndase este planteamiento como la convergencia entre los resultados verticales y horizontales. Y en ese mismo sentido, la utilización de otras técnicas como la triangulación.

En cuanto a las estadísticas obtenidas en el Poder Judicial Dominicano, suscita interés el cruce de indicadores de calidad, cantidad y desempeño en búsqueda de un resultado revelador.

Sin embargo, en orden de hacer posible lo anterior, otras necesidades dicen presente. Tales como la proposición de categorías básicas de clasificación y categorización basadas en la interpretación de las diferentes variables judiciales. Lo que en cuanto al dato, conviene no discriminarlo en base a las categorías tradicionalmente establecidas en la medición de los resultados judiciales. Pues, basado en los planteamientos de Balkin y Levinson, se recuerda que existe una concepción no muy clara sobre el punto de convergencia entre el derecho y las ciencias sociales. Y por tanto, una relación no precisada, lo cual obliga a valorar los datos obtenidos con mucho detenimiento.

A fin de aterrizar posibles cuantificaciones, al tiempo que se introducen enfoques multidisciplinarios en el ámbito estadístico judicial, se precisa romper con la tradición de medir eficiencia y eficacia como únicos indicadores de productividad y comportamiento. Se proponen reportes de contraste, basados en: cantidad relacionada al tema; tema a la jurisdicción; jurisdicción a la eficiencia; eficiencia a la eficacia; y la eficacia con calidad.

Además de un reporte por categorías de tiempo (cuantificación en base a la producción semanal, mensual, trimestral, semestral y anual). De otro por tribunal y grado (simples resultados por grados y resultados combinados en base a circuito o departamento). Otro reporte categórico en base a los principales motivos de sometimiento judicial (aunque para la realización de esta tarea, se requiere de la identificación de las cinco principales razones que en cada órgano jurisdiccional se suscitan). La cual también puede cruzarse en base a la rama y la provincia de ocurrencia. Los enlaces de tiempo matizarían esta cuantificación.

Otros documentos con un mismo fin, pero con enfoque en los casos también deben ser parte de estas posibles cuantificaciones. Tales como creación de estadísticas sobre vigencia de casos (recorrido de un expediente mediante entable de posibles rutas contempladas en las leyes procesales) permanencia en base a número de incidentes, dictámenes de autos y la presentación de pruebas, para mencionar algunos. Sin olvidar que los indicadores pueden complejizarse mediante la comparación territorial por provincia y posteriormente por departamento.

Es posible crear aún más: reporte sobre comportamiento magistral (ausencia, tardanzas, permisos, recusaciones, inhibiciones, calidad y cantidad de fallos emitidos). Siguiendo con la misma línea, otro respecto de los tribunales colegiados o unipersonales, jueces interinos y jueces suplentes; contraste de frecuencia y ocurrencia en tiempo y lugar.

Consideraciones finales

Es necesario que la estadística judicial no sea tan solo fuente de algunos curiosos, también debe concebirse como un instrumento clave para la realización de una investigación social. Y para ello se requiere una reflexión sobre la estructura del poder judicial y sus respectivas ramificaciones.

Si se profundiza en los planteamientos expuestos en este documento, se encontrarán estructuras claras de management en la justicia. Pues indudablemente se establecen definiciones orientadas al qué, cómo, cuándo y cuánto. Naturalmente, son las ciencias sociales que deben responder mediante el por qué.

En ese sentido, introducir la idea de que las dinámicas jurisdiccionales y las dimensiones legislativas que el abogado y el juez hacen suya durante el ejercicio profesional no solo le conciernen al Poder Judicial.

El envolvimiento con cada uno de los procedimientos judiciales, los recursos y sus respectivos plazos, así como las garantías jurídicas y su aplicación, cobran aun más importancia cuando mediante un sistema estadístico pueden ser desintegradas o complejizadas. Se le facilita el trabajo a los proyectistas y a los creadores de programas en el seno del Poder Judicial; en el caso del Ministerio Público, del Poder Ejecutivo, y por qué no, en el Poder Legislativo.

¿Se requiere medir criminalidad mediante estadísticas judiciales? Midamos específicamente delitos, crímenes, fechas de realización y concentración en base a demarcación territorial, número de víctimas, números de actores procesuales, concierto para delinquir, agravantes, atenuantes y otros a desarrollar en otros documentos. Y que posteriormente, se sujeten a medirse en base a cruces y triangulaciones.

A modo de conclusión, se resume que el detalle de todas estas posibles mediciones persigue varios objetivos: aportación de una perspectiva sociológica al derecho mediante la cuantificación de lo contencioso; nutrición de las investigaciones sociales mediante la voluntad, aceptación, disposición y utilidad de las instituciones jurídicas en manos de la ciudadanía; comprobación de parámetros sociales inmedibles hasta la fecha, si no es mediante encuestas de opinión. Esto afirma que un índice judicial razona el nivel de entendimiento de los ciudadanos sobre su sistema judicial.

Diana Pérez Rubiera es abogada, egresada de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Es especialista en Derecho y Justicia Constitucional; asimismo, en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Cursa una maestría en Ciencias Políticas para el Desarrollo en la Universidad de Salamanca en conjunto con la Escuela de Gobierno del Instituto Global de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Labora como encargada de la Agenda Legislativa y Judicial del Departamento de Programación Estratégica, Dirección de Información, Análisis y Programación Estratégica de la Presidencia (DIAPE) y como coordinadora de la Unidad del Poder Judicial del Observatorio Político Dominicano de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (OPD-FUNGLODE).

Notas

  1. García Martínez, Miguel Ángel. Sistema de indicadores sociales. Una aproximación desde la estadística oficial. INE, España. 2000.
  2. Del Campo, Salustiano. William F. Ogburn y la evolución social. Revista Española de Investigaciones Sociológicas. 2000.
  3. Guevara Zúñiga, Carlos. La investigación científica gira alrededor de las variables. Universidad Nur. Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Sitio web: http://produccionintelectual.nur.edu/archivos/variables.pdf
  4. Programa “El análisis y la interpretación de los resultados y la recolección de datos”. Universidad de Margarita. Nueva Esparta, Venezuela. Web: http://www.unimar.edu.ve/gonzalezalexis/tesis_web/ m3analisis.html
  5. Rodríguez Jaume, María José. Modelos socio-demográficos: atlas social de la ciudad de Alicante. Biblioteca Virtual Miguel Cervantes. 2000.
  6. Cecchini, Simone. Estudios sociales en América Latina y el Caribe. Serie Estudios Estadísticos y Prospectivos. Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Naciones Unidas. Santiago de Chile. 2005.
  7. Bauer, Raymond. Social Indicators. Cambridge. Massachuset, Estados Unidos. 1966.
  8. Chacón, Rosa María. La dimensión cualitativa en la definición de indicadores de calidad de vida urbana. Departamento de Planificación Urbana. Universidad Simón Bolívar. Venezuela. 2000.
  9. Valera, S. Algunas consideraciones acerca del uso de indicadores en relación con los conceptos de calidad de vida y bienestar. Intervención Psicosocial 13, 31-38. Universidad de Barcelona. España 1996.
  10. Horn, Robert V. Statistical indicators for the economic and social sciences. Cambridge, University Press, Hong Kong, 1993.
  11. Balkin, Jack; Levinson, Sanford. Law and the Humanities: An Uneasy Relationship. Yale Journal of Law and the Humanities, Vol.18 Estados Unidos. 2006.
  12. Discurso “Las fuentes de la tolerancia” para Juristic Society. Facultad de Derecho de la Universidad de Pensilvania. Estados Unidos. 1930.

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