Artículo de Revista Global 49

Informe Especial: Cine dominicano en 360 grados

El cine de ficción nuestro, independientemente de la poca trayectoria y de los formatos utilizados, es amplio en el abordaje de temas que abarcan desde la denuncia social sobre la migración ilegal hasta los males de la corrupción institucional; también ha hecho apuestas por el cine de género tocando el drama, la comedia y hasta el terror. Ha intentado crear una identidad musical a través del merengue, la bachata y el perico ripiao, y, sobre todo, ha podido lograr la creación de una ley que incentive el sector con miras a que se convierta en una industria exitosa.

Informe Especial: Cine dominicano en 360 grados

Se puede afirmar que el interés del dominicano por fijar una estructura cinematográfica no es nuevo. Es indudable el atrevimiento de Francisco Arturo Palau al producir en 1923 La leyenda de Nuestra Señora de la Altagracia y, un año más tarde, la comedia Las emboscadas de Cupido.

Ambas producciones, aunque no produjeron un estímulo para la realización constante, marcaron hitos dentro de esta manifestación temprana del cine en el país.

Muchos han sido los obstáculos y vientos en contra que varios realizadores criollos han tenido que sortear para realizar ese sueño de celuloide lleno de esperanza y valor. No obstante, se ha podido construir un cine que, con sus carencias propias, ha tratado de reflejar el imaginario colectivo del dominicano con sus virtudes y defectos.

El avance del campo audiovisual en la República Dominicana ha estado siempre sometido a las convencionalidades de las estructuras económicas, y han sido ciertos sectores de los grupos económicos poderosos los que han promovido e importado las nuevas tecnologías que se utilizan en los distintos medios de comunicación.

La revolución de los formatos

Antes de recapitular los procesos dentro de la producción fílmica dominicana de ficción, debemos señalar que el cine dominicano ha ido desarrollándose debido a la utilización de varios formatos que van desde el vhs, Betacam, 3/4, Digital y otros nuevos que han permitido la creación de obras y propuestas.

El formato del video está relacionado con la televisión. Por eso, debemos entender que este es el medio para trasmitir imágenes a larga distancia, pero estas imágenes compuestas por audio y video pueden haber sido registradas con anterioridad en cintas magnéticas o trasmitidas en vivo sin necesidad de una grabación; es por eso que la televisión es solamente un medio compuesto por satélites, parabólicas, entre otras tecnologías, las cuales trasmiten lo grabado o lo programado en vivo.

El video en cambio, es un trabajo preconcebido o de preproducción, realización y edición que se encuentra contenido en una cinta magnética y puede ser trasmitido por televisión, o mostrado a través de un reproductor de video en un monitor, una computadora u otro medio, según sea el caso.

Un interesante proceso fijado en las producciones presentadas en el medio televisivo fue el aprovechamiento del soporte del video para exponer trabajos realizados en un primer momento en soporte de celuloide. Un fenómeno que, aunque no relegaba la función del video dentro de su medio natural, sí otorgó la familiaridad de un soporte que encontró una receptividad sustancial en varios realizadores que produjeron trabajos en formato de 16 milímetros para tener una amplia difusión en el área televisiva.

Entre estas primeras producciones se encuentra la realizada en 16 milímetros por Martín López y Máximo Rodríguez, denominada Lumiantena (1981). Este trabajo fue premiado en la categoría libre en la XV Bienal de Artes Plásticas.

Este es también el formato de Carnaval y caretas (1981), un documental dirigido por Pedro Guzmán Cordero (Peyi) que constituye una investigación acerca de nuestro folclore y que define en su texto visual las diferentes manifestaciones carnavalescas en las distintas regiones del país.

Camino al Pico Duarte (1982), dirigido por Claudio Chea, supuso una alerta contra la deforestación, mezclando la fotografía del paisaje, el discurso científico y el testimonio campesino. A este trabajo de Chea se suma El valle de San Juan (1983), también centrado en la preservación ecológica; El paseo de la Virgen (1983), sobre una antigua tradición de la villa de pescadores de Palmar de Ocoa, y El Acuario Nacional (1985), un documental educativo sobre el –en aquel entonces– recién inaugurado museo.

Estas producciones tuvieron amplia difusión en el medio televisivo gracias al soporte del formato del video, lo que permitió que el público masivo al que llega la televisión aprovechara su exposición audiovisual.

En este punto no podemos ignorar otro trabajo que obtuvo premio internacional por su excelente banda sonora. Se trata del producido por Jaime Piña y dirigido por Carlos Cristalina, Las pausas del silencio (1982), con música de Luis Días, arreglos de Juan Luis Guerra e interpretación vocalizada de Maridalia Hernández.

Años más tarde, el video entra en una nueva etapa con una tendencia hacia los argumentos políticos y polémicos, esta vez destinado a su exhibición en las salas de cine.

El primer trabajo fue el realizado por el Frente de Izquierda Dominicana (fid) para el veinte aniversario de la Revolución de Abril: A golpe de heroísmo. Este documental fue presentado al público por primera vez el 24 de abril de 1985 en Casa de Teatro, cobrándose por su exhibición, y se difundió en varios países entre los que estuvieron Cuba, Nicaragua, Panamá y Estados Unidos. La realización estuvo a cargo de Tommy García, y fue editado por Ives Langlois y Tanya Valette.

Este tipo de trabajo dio paso a los realizados posteriormente por René Fortunato. Abril: la trinchera del honor (1988), primer largometraje documental de este cineasta, marcó el comienzo de una fructífera serie que abarca el tríptico sobre el dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina con el tríptico El poder del jefe (1991-1996), La herencia del tirano (1998), La violencia del poder (2003) y Bosch: presidente en la frontera imperial (2009). Con este último, Fortunato utilizó por primera vez el celuloide para su exhibición pública en las salas de cine.

Antes de estas producciones, Fortunato había hecho un uso progresivo del video para la realización de sus trabajos documentales en aquel debut de 1985 como realizador del documental Tras las huellas de Palau, sobre la vida y obra de Francisco Arturo Palau, primer cineasta dominicano. En agosto de 1987 estrena el documental Frank Almánzar: Imágenes de un artista, para luego realizar en 1990 el musical Caribe, Premio del Público en la XVII Bienal de Artes Visuales.

Otros realizadores también asumieron responsabilidades al trabajar sus producciones cinematográficas de ficción, utilizando el video como único formato. Entre estos se encuentran Alfonso Rodríguez, Jorge Lendeborg, Elías Acosta, Federico Segarra, José García y Julio Fuma Polo.

Precisamente el formato 3/4 de pulgada conocido como U-matic fue utilizado por profesionales de la televisión dado su bajo costo, lo que determinó una concentración de trabajos audiovisuales tanto para el medio para el cual fue creado como, en el caso de República Dominicana, para ser proyectado en los cines.

Otros asumieron las facilidades de los costos y las garantías de este formato y solucionaron sus historias cinematográficas con el convencimiento de que es más importante el cumplimiento del rigor fílmico que el uso de los recursos técnicos.

 Bajo esta premisa Alfonso Rodríguez realizó su primer largometraje para el cine bajo el formato del U-matic: Tráfico de niños (1988), un drama sobre las bandas que se dedican al tráfico de menores y la valentía de un periodista para descubrir esta red de traficantes. Estrenada el 15 de diciembre de 1988, la experiencia no fue muy bien acogida por el público dominicano, que no logró captar que este formato suponía una experimentación dentro del contexto de la ficción.

Otro producto fílmico bajo el formato de video Betacam SP fue el dirigido por Jorge Lendeborg y titulado Víctimas del poder (1998), un thriller poco efectivo que mezcla una historia de amor con los vericuetos de la corrupción policial y empresarial. Estrenada en junio de 1998, la cinta demostró las debilidades de una industria que, por las dificultades para obtener los recursos necesarios para la realización en celuloide, adoptó la iniciativa del video como forma de suplir esta carencia económica.

El cine provincial: carretera secundaria

Paralelamente al cine dominicano más o menos industrial, hecho para los multicines localizados en grandes plazas de la ciudad capital y de otras importantes ciudades del país, existe un cine que camina por un sendero menos privilegiado, pero sin dejar de ser la voz de los jóvenes realizadores de las provincias.

Este cine se caracteriza por ser amateur y sus realizadores no han tenido una educación cinematográfica formal. Es marginal, puesto que solo es exhibido en los pueblos en los que se realiza y no entra a los circuitos normales de distribución y exhibición; y de bajo presupuesto, ya que es realizado con pocos recursos, utilizando los formatos más próximos a su entorno tecnológico. No obstante, ha estado promoviéndose desde hace varios años, aun sin el estímulo de alguna política estatal o institucional, y por esto no está exento de ser reconocido como parte de la cinematografía dominicana por sus aportes a la búsqueda de una identidad nacional.

Los inicios de este tipo de producciones datan de principios de los años ochenta, precisamente cuando las cámaras de vhs (Video Home System) hacen su irrupción en el mercado del audiovisual en el país. Para esos años un joven de nombre Héctor J. Peralta pudo grabar en la ciudad norteña de Puerto Plata una especie de western o vaquerada, reinventando el viejo estilo dentro de un contexto tropical y rememorando ese viejo Oeste de Búfalo Bill, Jesse James, Johnny Guitar o John Wayne. Bajo el nombre de La venganza del viejo Búfalo (1984), Peralta recrea los clásicos enfrentamientos entre el bien y el mal, así como las rivalidades entre el bueno, el malo y el feo.

La filmación se realizó entre septiembre y noviembre de 1983, estuvo editada en abril de 1985, cuando fue presentada en la comunidad de La Isabela en un televisor de gran tamaño llevado desde la capital. Solo ha sido vista por pequeños grupos de cinéfilos en exhibiciones privadas. Nunca fue presentada masivamente debido a que, para la época, los sistemas de proyección de video resultaban muy costosos.

En Jarabacoa, Tomás Abreu Abreu, junto al grupo de teatro de la parroquia del Carmen, promueve un intento de realización audiovisual: Amor campesino (1990), producida en vhs y formato digital. Narra la historia de un profesor nombrado en la comunidad de Manabao que se enamora de una joven del lugar, pero encuentra la resistencia del padre de esta por considerar que su presencia ha traído intranquilidad y subversión a los moradores de la zona. Una realización pintoresca solo justificada por el hecho de mostrar los encantos de Jarabacoa y sus principales puntos turísticos.

Freddy Gutiérrez, oriundo de la provincia Espaillat, se inició en el cine amateur a través del formato de vhs, logrando dos largometrajes fílmicos que únicamente fueron conocidos en su lugar de origen. El primero se titula Pasión mortal (1995), cinta que remite a los rituales dramáticos del amor obsesivo, y el segundo, Asesino a sangre fría (1999), título evocador de esos thrillers americanos sobre asesinos en serie.

El cineasta amateur Ramón Domínguez, que se hace llamar El Solitario, estrenó el 8 de enero de 1997 en la discoteca Maggie Club de San Cristóbal una especie de crónica social de 45 minutos sobre un personaje urbano que, debido a la precariedad económica, inventa un motor de dos ruedas para transportar pasajeros. De esta manera surgió Johnny el motoconchista, un relato con una fuerte carga social que refleja en clave de comedia las experiencias de un ser humano frente a la realidad que lo circunda.

Después de varios meses de rodaje en San Juan de la Maguana, el director de fotografía y cineasta dominicano Elías Acosta presentó el 21 de septiembre de 2003, en la sala de la Cinemateca Nacional, el trabajo titulado Los inmortales. El filme recoge los episodios en los que se ven envueltos dos grupos de jóvenes narcotraficantes que se disputan el negocio de los estupefacientes.

Para el rodaje de esta historia, Acosta y su equipo técnico utilizaron varios de los espacios históricos de la ciudad, como el parque Sánchez, el local abandonado de La Guandulera y la catedral.

La película fue realizada en video de alta definición y se convirtió en la primera cinta dominicana que se proyecta en una sala en su formato original, directamente desde el disco duro de una computadora. La producción estuvo a cargo de La Gaveta de los Sueños y un grupo organizado por el periodista Cassandro Fortuna.

El fenómeno provincial acontecido en 2003 en San Juan de la Maguana empezó a contagiar a otros que, sin ser cineastas ni tener experiencia previa, trataron de sumarse a estas iniciativas sin importar los rigores que el producto fílmico debe poseer.

Otro intento, menos atractivo por su falta de criterio elemental y de rigor cinematográfico, es el de otro largometraje realizado en Puerto Plata, grabado en video por Víctor Belén en colaboración con el Grupo Teatral Comunitario Superación 2000. Se trata de Engaño de ilusión (2004), una suerte de relato sobre unos jóvenes que, frente a la falta de recursos económicos para satisfacer sus ideales de buena vida, se enfrascan en la venta de la drogas dentro de su sector.

Hay otros subproductos del cine dominicano que si bien constituyen parte de nuestra filmografía, se convierten en referentes marginales por la falta de publicidad, pero de todas maneras es correcto incluirlos dentro de un inventario referencial.

Afán: enfrentar o morir (2004), realizada en formato digital y ambientada en varios lugares del norte de la República Dominicana, parte de la historia de una pareja cuya existencia cambia radicalmente al grabar por accidente un crimen.

En Bonao, el amateur Pablo Roberto Saviñón, sumándose al uso del video digital, realizó un producto fílmico que constituye una mezcla de géneros y estilos con la intención de focalizar una problemática ecológica de la región. Con Masacre en el Yuna, exhibido públicamente el 9 de enero de 2004, cuenta la historia de un asesino en serie que ronda por los alrededores del río Yuna, asesinando a todo aquel que se encuentra en el lugar.

Otro joven realizador también aportó en 2004 una producción que expandió la posibilidad filmográfica nacional desde las provincias. Se trata de Carlos Manuel Plasencia, quien escribió, dirigió y produjo La cortina del palacio, un proyecto iniciado en 2001 por Entanga Pictures que finalmente logró concluir para su exhibición en agosto de ese año en la Cinemateca Nacional. Grabada en la ciudad de Jarabacoa en formato de video digital, recrea una historia de amor de dos jóvenes que tienen que vencer los obstáculos que se oponen a su unión.

Plasencia construye una historia con visos bucólicos, explotando las bellezas naturales del entorno, y centra el relato por el lado más conveniente posible y sin complicaciones para el espectador. La ingenuidad de la interpretación de sus actores noveles impide una apreciación profesional del filme, aunque en algunos momentos se advierte cierta frescura.

De forma similar, Jorge L. Domínguez e Isaura M. Feliz se introducen en esta corriente audiovisual y concretan en el año 2005 el largometraje titulado El narcotráfico, una especie de redundancia sobre la violencia callejera cuyos personajes están marcados por la incertidumbre existencial a través de una historia propuesta sin ningún rigor cinematográfico.

Andrea (2005), dirigida por Roger y Frankeli Bencosme, es una especie de thriller con tintes fantasmales cuya historia gira en torno a una cruz que es desenterrada de una tumba por el personaje llamado Andrea, lo que ocasiona que un espíritu decida perpetrar una vieja venganza. La película logró, pese a su producción provincial, explorar otro género, lejos de las comedias, y crear una nueva corriente para películas futuras.

En 2012 la segunda propuesta de este realizador, titulada Lascivia, presenta la historia de una mujer que llega a una comunidad rural para ayudar a un grupo de niños con su escolaridad, pero cuya belleza despierta el deseo carnal de un hombre del lugar con poder económico.

En 2008 otra realización rural toma la misma ruta para proponer distintos matices del terror criollo: Las cenizas del mal, de Javier Vargas, se centra en unas muertes extrañas ocurridas en varios pueblos de la costa norte de la República Dominicana.

La condición de cine amateur, no profesional, es responsable de fallas elementales concretadas en las deficiencias en las actuaciones y en algunos aspectos técnicos, pero por encima de estas limitaciones se trata de un cine que busca encaminarse por un futuro que le favorezca.

No se puede evaluar con criterios estrictos. Estamos ante una experiencia interesante a pesar de las deficiencias técnicas y del guión. Este trabajo de estudiantes patrocinado por la Universidad Tecnológica de Santiago trata el tema de los cultos satánicos e intenta dejar clara la postura de esta institución académica sobre la problemática de los adolescentes de hoy en día.

Navarrete (2007), filmado en Santiago de los Caballeros por Rinel Ozoria, se inserta en el grupo de propuestas provinciales con el compromiso de ofrecer otra perspectiva a la temática desarrollada en las provincias. Narra la historia de un amor imposible entre un joven comunista y la hija de un poderoso narcotraficante del pueblo.

La producción procedente de Nizao Tu mundo en la calle (2008), de Mario Melvin Díaz, presenta una visión cruda y descarnada sobre las vivencias de muchos jóvenes de hoy con respecto al tráfico de drogas.

Para Boccaccio Guzmán, su ciudad natal, Cotuí, ha sido el contexto ideal para desarrollar una serie de historias de terror que lo han convertido en el joven realizador provincial con más largometrajes de ficción. Con La reliquia (2008), El mito ciguapa (2009), El bosque (2009) y Katherine (2012), este último en el género de acción, ha marcado un estilo propio, ajustándose a las convencionalidades del formato hd para relatar sus historias.

El Grupo Creativo Chocolate y Chokitos Films realizaron la primera película en la ciudad de Nagua. Esta iniciativa siguió a otra de la Dirección Provincial del Ministerio de Cultura, a través del Programa Educativo de Cine, consistente en un taller para promover una mejor comprensión del arte cinematográfico, estimulando y enriqueciendo la cultura cinematográfica local.

Ei Delivery (2009), bajo la dirección de Rafael Enrique Correa Pérez, se convirtió en la primera producción fílmica realizada localmente en el género de la comedia. Se trata de una historia basada en el humor repentista que trata sobre un joven mensajero de colmado que desea ir más allá de su trabajo, lo que le provoca grandes problemas.

Banda sonora para un cine nacional

El merengue, la bachata y el perico ripiao –ritmos populares desde el siglo xix– junto a la presencia del reguetón y sus derivaciones –que aparecen en la última década del siglo xx– están aportando al cine dominicano un panorama musical que intenta reflejar una identidad propia y auténtica.

En este contexto musical, el cine dominicano ha ido conformando una banda sonora con las características de estos ritmos vernáculos y vinculando su discurso a situaciones que justifiquen su uso.

Varios músicos dominicanos han tratado de establecer una referencia musical a fin de ofrecer niveles de comprensión relativa de lo que somos en materia de expresión rítmica. Por ejemplo, cuando se le encargó al maestro Rafael Solano la musicalización de Un pasaje de ida (Agliberto Meléndez, 1988), este tomó el merengue o, en cierta medida, el pambiche para componer una partitura que respasdara las intenciones del filme.

Otro músico más arriesgado, y con otras líneas de trabajo es Peng Biang Sang, responsable de la musicalización de los filmes Nueba Yol: por fin llegó Balbuena (Ángel Muñiz, 1995), Nueba Yol III: bajo la nueva ley (Ángel Muñiz, 1997), Perico ripiao (Ángel Muñiz, 2003) y Los locos también piensan (Humberto Castellanos, 2005).

En las dos primeras, Peng Biang abarca un espectro amplio de géneros que va desde el merengue y la salsa hasta el techno, en una gama musical rica y extensa.

Por otra parte, la primera entrega de las hazañas de Balbuena resultó satisfactoria por el conjunto de artistas que conformaron su parte musical, como Celia Cruz, Félix D´Oleo, Sonia Silvestre, los integrantes de la New York Band y Luisito Martí, que le impregnaron un matiz comercial envidiable. En la película de Castellanos, la presencia musical quedó determinada por las características de esta comedia. Con Perico ripiao la decisión estaba ajustada al patrón esencial del filme: el perico ripiao, situación que ya facilitaba una identificación musical, aunque limitada al momento de expresarlo dentro del filme.

Amaury Sánchez es otro destacado músico que ha tenido la oportunidad de hacer aportes a la identidad musical dentro de la cinematografía dominicana. Trabajos como Cuatro hombres y un ataúd (Pericles Mejía, 1996), Éxito por intercambio (Miguel Vásquez, 2003), Negocios son negocios (Joppe de Bernardi, 2004), Mi novia está de madre (Archie López, 2007), Megadiva (Archie López, 2009) y Yo amo la bachata (Roberto Ángel Salcedo, 2011), esta última también aderezada por el ritmo de la bachata, que le sirvió para presentar su depurado estilo. De estas musicalizaciones, la más amplia es la realizada para Negocios son negocios, puesto que escribió y musicalizó tres piezas que interpretaron los cantantes Jandy Feliz, José Guillermo Cortines, Carolina Rivas, Carlos Alfredo y Frank Reyes, utilizando la bachata, la balada y el merengue.

En Éxito por intercambio (Miguel Vásquez, 2003) el acento musical estuvo en mantener una proporción adecuada entre las notas musicales y las escenas hilarantes, creando una envoltura musical coherente.

En el cine dominicano también hay casos peculiares de excelentes producciones musicales en filmes poco apreciados por el público. Ejemplos de ello se encuentran en Para vivir o morir (Radel Villalona, 1996), donde José Antonio Rodríguez y Audrey Campos en la interpretación, junto a Manuel Tejada en el arreglo, crearon una de las baladas más extraordinarias, la titulada Cuando tú no estás.

Algo parecido se encuentra en La maldición del padre Cardona (Félix Germán, 2005), donde aparte de la sonoridad pimentosa del perico ripiao de Fefita la Grande, hubo un aporte esencial, en forma de balada, de Jandy Feliz con la canción Dime.

También, en cuanto a la aportación de la balada al cine criollo, se encuentra el tema Es el amor, que compuso e interpretó Alicia Baroni para la película Enigma (Robert Cornelio, 2008)

Los filmes de Alfonso Rodríguez Un macho de mujer (2006), Yuniol (2007), Al fin y al cabo (2008), Playball (2008) y Pimp Bullies (2011) contaron con aportes musicales del veterano músico Gustavo Rodríguez, hermano del realizador, que supo descubrir matices agradables y sin complicaciones que definieran una línea musical correcta para estos filmes.

En Viajeros (Carlos Bidó, 2006) las aportaciones de Ramón Orlando Valoy quedaron establecidas bajo el registro peculiar del merengue, reiterándose una vez más su presencia en el cine dominicano, aunque su incorrecto uso dentro del filme produjo resultados que no garantizaron una apreciación adecuada en la narrativa.

Junto al merengue, la bachata y el bolero hay que considerar una incorporación que entra a surcar un camino dentro de nuestro cine: el reguetón. En el filme El sistema (Humberto Espinal, 2006) este ritmo, al igual que la aportación de Panky y los Manolos, se posiciona de manera adecuada favoreciendo un discurso social dentro de la trama, Otros ritmos urbanos hacen también presencia en La lucha de Ana (Bladimir Abud, 2012) con música original en su partitura de Fernando Llamas, y en Feo de día, lindo de noche (Alfonso Rodríguez, 2012) cuya banda sonora se apoya en los ritmos urbanos aportados por El Batallón, Melymel, Nipo, El Chuape, Carlitos Wey & Crazy Design, y Jowell.

Mirando esta vez hacia el documental, este ha estado también matizado por requerimientos específicos que no distan mucho de las características del cine de ficción. Son destacables los trabajos de Alex Mansilla para la trilogía de El poder del jefe (René Fortunato, 1991-1996), con la utilización de pambiche y música secuenciada, y la magnífica partitura de Manuel Tejada para La violencia del poder (Fortunato, 2003) y para Bosch: presidente en la frontera imperial (Fortunato, 2009), donde asume un trabajo con varias vertientes musicales para apoyar los textos del discurso del documental.

Un fenómeno interesante es el del cine de la diáspora, realizado por cineastas dominicanos en los Estados Unidos. Su vinculación afectiva y atávica con el país los impulsa a establecer coordenadas rítmicas muy marcadas facilitadas por el merengue. Filmes como Buscando un sueño (Joseph Medina, 1997), con música de David Bravo y Bob Held; El círculo vicioso (Nelson Peña, 1999) con los temas de Brando Goicochea, y Pasaporte rojo (Albert Xavier, 2003) con música original de Luis Columna y el artista Fulanito, son ejemplos concretos de esto.

Hay que mencionar dentro de este proceso al músico Pachy Carrasco. Sus experiencias con los filmes de José Enrique Pintor La cárcel de La Victoria (2004), Sanky Panky (2007) y Santicló, la vaina de la Navidad (2008) corrigen un poco el rumbo a seguir. Aunque se debe añadir que Sanky Panky posee características muy propias y únicas, puesto que viene reforzada en su parte musical con la participación de Aventura, Negros, Ciudad de Ángeles, El Jefrey y Big Family, que abarcan los géneros de merengue, bachata, reguetón, son y bolero, lo que convierte esta película en un experimento que podría estimular el género musical en el país.

En Ladrones a domicilio (Ángel Muñiz, 2008) se puede apreciar el trabajo de Pin Bencosme, quien trata de solucionar la parte musical de una obra cargada de denuncia social; pero lo esencial de su banda sonora es la participación de la artista Enerolisa y el grupo de Salve de Mata Los Indios, que hace el aporte más importante en cuanto al rescate antropológico de esa herencia intangible de la cultura dominicana.

Con 60 millas al este (Jorge Lendeborg, 2008) la musicalización de David Hernández logra una interesante mezcla de nostalgia, esperanza y sueños rotos. Las letras de las canciones que acompañan a la banda sonora ofrecen un apoyo musical adecuado a las circunstancias que se presentan en este docudrama.

Cristiano de la secreta (Archie López, 2008) tuvo la suerte de contar con un tema musical contagioso compuesto e interpretado por los Christian Brothers, que ayudó a lanzar el videoclip del filme. En la partitura original, Alex Mansilla vuelve a trabajar sobre sus experiencias en la musicalización de productos fílmicos criollos, también haciendo aportes a otro filme de Archie como Lotoman (2011).

Manuel Tejada también sigue poniendo su sello de calidad en el filme Trópico de sangre (Juan Delancer, 2010): además de componer su banda sonora, hace el arreglo de la canción principal Cada mañana, escrita por Delancer e interpretada por Liah Vanessa Pérez.

Otras aportaciones a la conformación de la identidad musical de nuestro cine son los trabajos de partitura original de Hendry Zarzuela para Lilís (Jimmy Sierra, 2006), Jalsen Santana para Enigma (Robert Cornelio, 2008), Alexander Nadal Piantini para 3 al rescate (Jorge y Luis Morillo, 2011), Amadeo Roldán y Ramón Cordero para Jean Gentil (Laura Amelia e Israel Cárdenas, 2011); también, el trabajo de Miguel Hiraldo para La hija natural (Leticia Tonos, 2011) y la composición de Pedro Pagán para El rey de Najayo (Fernando Báez, 2012).

Terror a la dominicana: ritos, demonios y otros fantasmas

Independientemente de la calidad filmográfica del conjunto de películas que se ha realizado en el país, existe un grupo aparte, lejos de la maraña comercial, que apuesta por un cine de género.

Varios han sido los realizadores que se han arriesgado a hurgar en temas fuera del ámbito del humor para sumergirse en el terror criollo, hecho a imagen y semejanza de lo que nos ha hecho ser como somos y tratando de interesar a un público para condicionarlo a cierto tipo de fórmula que, aunque ya harto explotada en el cine norteamericano, no deja de tener cierta validez dentro de nuestro entorno.

Cintas como Andrea, Las cenizas del mal, Enigma, La reliquia, El mito ciguapa, Al fin y al cabo y La maldición del padre Cardona, esta última en menor grado, han manifestado un interés en proponer cambios en la estructura formal del cine dominicano, sin limitarse a definir un patrón propio sino más bien tomando de las vertientes ya formuladas y haciendo ejercicios de interés fílmico.

Con distintos resultados en su temática y realización, estos filmes se articulan a una filmografía local que todavía no ha resuelto varias interrogantes relativas a cuál es y qué debe ser nuestro cine nacional.

Andrea (Roger Bencosme, 2005) es el filme más arriesgado de nuestro imperfecto cine dominicano. La cinta recurre a clichés ya sobradamente experimentados en el cine de terror para hurgar dentro de la idiosincrasia dominicana. La historia tiene un planteamiento inicial adecuado, pero en su desarrollo se debilita por las presiones de un metraje que alcanza las dos horas y esto lleva a rellenar espacios dramáticos que pudieron ser reducidos.

La maldición del padre Cardona (Félix Germán, 2005) desarrolla un argumento localizado en el periodo de Semana Santa que parte de la ingesta de unas habichuelas con dulce en mal estado, lo que provoca una serie de actos fisiológicos en plena celebración de la misa. Por esta razón, el padre Cardona maldice a todos los moradores del pueblo antes de morir calcinado por un rayo. Después de este hecho, el Arzobispado envía al padre Jerónimo para resolver el misterio que rodea a esta comunidad, aunque posteriormente cae en las tentaciones de la carne.

Esta película trata de equilibrar la comedia, el romance y el misterio, los cuales, mezclados con algunas tradiciones culturales, no logran definirse satisfactoriamente.

En 2008 tres realizadores del contexto rural toman la misma ruta para proponer distintos matices del terror criollo. Las cenizas del mal (Javier Vargas, 2008) aporta un ejemplo importante de lo que representa hacer cine a cualquier riesgo.

Enigma (Robert Cornelio, 2008) surge dentro de un contexto diferente, puesto que su realizador siempre intuyó que este género podía explotarse en el país y ya lo había experimentado en algunos cortometrajes de su autoría. La cinta se centra en un joven llamado Octavio Bustamante, quien, tras un accidente y un largo coma, descubre que su hijo Junior ha muerto y que su esposa ha sido raptada por una secta satánica, sin sospechar que sus amigos y conocidos están involucrados.

 

La película se enmarca igualmente en este tipo de propuestas. Alejado de la comedia, procura adentrarse en el terror. Es un cine oscuro, enigmático y confuso. Creemos que la intención del director Robert Cornelio fue precisamente llevar al público al mismo nivel de paroxismo del personaje principal de la trama, pues en su desarrollo va ofreciendo pistas para dirigir al espectador por un laberinto que intenta desmadejar el hilo, pero quizás sin resolver los hechos adecuadamente.

Con alusiones al cine gore, el terror al estilo asiático, muy de moda en el cine norteamericano, Enigma se desliza por un vericueto artístico poco definido, aunque efectivo en algunos casos. La fotografía de Samuel Vargas, junto a la dirección artística, logra ese cometido, casi nunca alcanzado en el cine dominicano.

Al fin y al cabo (Alfonso Rodríguez, 2008) tiene elementos de humor y también aprovecha el contexto para desplegar el hilo del terror a través de unos vampiros que se presentan como súbditos a un tal Duque, jefe de una banda de narcotraficantes. Aunque no alcanza el apoyo necesario para solucionar la mala articulación de esta historia.

La reliquia (Boccaccio Guzmán, 2008), enmarcado también en el cine amateur y provincial, toma referencias de varios filmes norteamericanos de terror clase B. Guzmán, un joven prometedor de Cotuí, posee mucha intuición al colocar la cámara y construir un mundo imaginario. Auxiliado por un grupo de jóvenes técnicos y actores no profesionales, acude al formato digital y a las reglas del género de terror, logrando un producto que sorprende por su construcción y por su versatilidad en el manejo del suspenso.

El filme trata sobre el espíritu atormentado de una niña maltratada por su madre que vaga en su antigua casa, donde una joven se ha mudado. Desde ese momento el espíritu no deja de perseguirla. Primero lo hace a través de los sueños, pero luego se manifiesta en la realidad, castigándola como la castigaron a ella.

Guzmán, junto al productor Felipe Sánchez, realiza también El mito ciguapa (2009), centrado en el personaje de la mitología taína que hechizaba a los hombres con sus encantos. Pero esta vez el mito da un giro hacia lo terrorífico, violentando la vida de un grupo de jóvenes.

Entre los otros productos de realizador se encuentra El bosque (2009), dentro del subgénero de slasher, muy similar a cintas norteamericanas como Halloween, Friday 13th o Scream, que presenta a un psicópata que mata a sus víctimas con cuchillos y sierras.

Regresos del más allá (Danilo Arroyo y Julio Fortuna, 2004) y Detrás de la muerte (Leticia Melo, 2005) son otros filmes que, aunque no han salido a la luz pública, definirán aún más esta tendencia local en la futura generación de realizadores.

Regresos del más allá se construye sobre tres historias de terror, articuladas por un grupo de jóvenes que aprovechan el tiempo para narrar cuentos de miedo.

Detrás de la muerte se centra en dos historias paralelas sobre espíritus andantes y muertos que se quedan entre los vivos. La primera trata sobre una niña huérfana a la que acompaña el espíritu de su madre. En la segunda una joven se enamora de un muerto, el cual permanece entre los vivos con el propósito de explicar la razón de su muerte.

El título más reciente, El hoyo del diablo (Francisco Disla, 2012), ha resuelto la incapacidad que tenían los anteriores filmes de trabajar la estructura del terror y justificarla dentro de un argumento que tuviera un estándar técnico aceptable. Disla, un hacedor del audiovisual en las vertientes del videoclip, el cortometraje y los comerciales, amplía su experiencia como realizador dando un salto al largometraje y lo hace por el lado del terror, género cinematográfico del cual es un incondicional.

Con El hoyo del diablo Disla se somete a un riguroso ejercicio cinematográfico y logra salir airoso del riesgo creativo. El filme plantea la historia de Sofía, estudiante universitaria que desde niña ha estado conectada con entidades del más allá, quien coordina con sus amigos un viaje a San Juan de la Maguana, pero en el trayecto tienen un accidente y van a parar a una casa misteriosa donde deben pasar la noche. La casa está conectada con la masacre de los haitianos ocurrida en el año 1937 durante la dictadura trujillista y alberga las almas atrapadas de los sacrificados. El argumento de Disla y Humberto Espinal trata de recoger varios aspectos de la idiosincrasia dominicana y de los mitos mágico-religiosos que han permeado nuestra cosmovisión existencial.

Este último filme supone un aporte significativo dentro de este género en la República Dominicana y propone un camino interesante de experimentación que dará sus buenos frutos en el futuro.

Denuncia social en el cine criollo

La denuncia social es un discurso presente en las producciones cinematográficas desde sus comienzos en todo el mundo. Al hacer una revisión histórica de la filmografía mundial advertimos que una de las primeras manifestaciones discursivas sobre este aspecto se encuentra en La huelga (Sergei Eisenstein, 1924).

A finales de la década de 1950, surgen las primeras películas marcadas con el sello de denuncia social y con una fuerte carga de oposición a los gobiernos. Así aparece lo que luego se conocería como Nuevo Cine Latinoamericano. Como señala Rafael Acosta de Arriba en su libro Cien años de cine latinoamericano, 1896-1995, en los años sesenta se hacía más perceptible en América Latina la tendencia a explorar las potencialidades políticas e ideológicas del cine, así como la capacidad para mostrar realidades conflictivas. Entre los fundadores de esta tendencia se encuentran el argentino Fernando Birri, los cubanos Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea, y el brasileño Nelson Pereira dos Santos, todos interesados en los modos neorrealistas de concebir el cine, a partir de la producción de filmes cargados de elementos documentales y de intenciones sociológicas y ontológicas; un cine producido al margen de la industria, contando, sobre todo, con el modesto aporte de asociaciones culturales y universidades.

En la República Dominicana, luego de 31 años de censura en los medios audiovisuales en el contexto de la dictadura del dictador Rafael Leonidas Trujillo, se realiza la primera película de denuncia social: La silla (Franklin Domínguez, 1963), un monólogo protagonizado por Camilo Carrau que narra de manera detallada los hechos históricos que marcaron las tres décadas de la tiranía. Cuenta la historia de un joven dominicano a quien se culpa de haber traicionado a sus compañeros, acusados de tramar un complot para asesinar a Trujillo, y va relatando lo que supone pasar de héroe a traidor. Considerando que la mayoría del pueblo cooperó, en cierto modo, con Trujillo, el acusado de traición pregunta quién puede dirigir su dedo acusador contra él.

Este filme se convirtió en un punto de partida para establecer una cronología de producción de largometrajes de ficción y unas tendencias discursivas que descansan en tres ejes principales: migración ilegal, corrupción institucional y el papel de la prensa como denunciante.

Respecto a los largometrajes de ficción en cuyo eje temático prevalecen los viajes ilegales, a través de estos se denuncia la venta de pasaportes, visas falsas y viajes, el abuso del poder frente a los indocumentados, la pobreza extrema y el tráfico de influencias. Entre estos filmes se encuentran Pasaje de ida (Agliberto Meléndez, 1988), que parte de un hecho real para hacer duras críticas contra los involucrados en los viajes ilegales, entre ellos funcionarios gubernamentales y militares.

Nueba Yol: por fin llegó Balbuena (Ángel Muñiz, 1995) y Nueba Yol III: bajo la nueva ley (Ángel Muñiz, 1997) utilizan el personaje de Balbuena para describir los sinsabores de un inmigrante dominicano cuando se enfrenta a la realidad de la urbe neoyorkina.

Viajeros (Carlos Bidó, 2006) refleja la marginalidad de muchos que se arriesgan a tomar una yola y cruzar el canal de La Mona para buscar una mejoría en sus vidas. 60 millas al Este (Jorge Lendeborg, 2008), contada como docudrama, aborda hábilmente la problemática de los viajes ilegales a través de los testimonios de los organizadores y de aquellas personas que se enfrentan a semejante riesgo.

En lo que se refiere a la corrupción, uno de los males principales que afecta a la sociedad dominicana, el cine criollo ha intentado desde sus inicios denunciar cómo el poder político está por encima de la justicia, mostrando las debilidades de las instituciones públicas. Los directores de cine dominicanos han denunciado la corrupción en las cárceles y en los diferentes ámbitos de la sociedad, el clientelismo político y la desorganización en las instituciones del Estado.

Varios filmes han asumido este reto y dejado a la consideración de los espectadores sus críticas. Ejemplo de esto lo tenemos en el filme Perico ripiao (Ángel Muñiz, 2003), una propuesta que tiene mucho que ver con ciertas experiencias del realizador. La historia se centra en tres hombres encarcelados en la década del setenta por pequeños delitos, quienes, debido a la burocracia carcelaria, la corrupción de las autoridades y la complicidad, se convierten en presos olvidados. Esta fábula de los tres caminantes es el marco que Muñiz toma para hablar de las debilidades del sistema y de la corrupción de las autoridades.

La cárcel de La Victoria (José Enrique Pintor, 2004) va por un camino tortuoso, puesto que su historia transita por los pasillos de una penitenciaría desbordando toda ficción. El filme denuncia las componendas entre las autoridades carcelarias y la corruptela presente en las cárceles del país.

Con Yuniol (Alfonso Rodríguez, 2007) podemos advertir esta constante preocupación por los temas sociales, a pesar de que precisamente se ha criticado a nuestro cine su falta de compromiso como vehículo de denuncia. Este filme presenta señales claras de que va más allá de los simples malabares y de que cada vez más existe la preocupación por dejar claves dentro del cine nacional para que otros puedan seguir los pasos argumentales.

No es casual que este realizador haya tomado un tema social y dirija su discurso en ambos sentidos de la desigualdad (ricos-pobres/pobres-ricos), basta recordar que con su primer largometraje, Tráfico de niños (Alfonso Rodríguez, 1988), ya lo había dejado claro.

Al dirigir Junior, Rodríguez evidencia su vasta experiencia en el manejo del discurso audiovisual, y reconoce que hay que tener un compromiso formal para lograr un adecuado balance entre las dos posiciones sociales y permitir un espacio para la conciencia social del protagonista.

El texto de Ladrones a domicilio (Ángel Muñiz, 2008) va más allá de las creencias personales del director sobre la utilidad del medio cinematográfico para ejercer la crítica social. Muñiz señala la desesperanza del personaje principal ante la imposibilidad de costearle los estudios universitarios a su hija lo empuja a la búsqueda de un segundo empleo donde se involucra en una peligrosa operación para robar el camión de valores, en un plan urdido por el propio dueño de la compañía. Este hecho es el que desata todo el panorama discursivo para hacer la denuncia pertinente sobre la maraña de corrupción existente en el país.

El cineasta propone un conjunto de piezas que intentan hacer las críticas y poner el dedo sobre la llaga a toda la situación imperante en nuestro contexto. Se vale de personajes como un cura, un político, un senador, una jueza, un empresario, un militar y un hombre de valor moral para representar en un solo discurso los males que agobian al país: la corrupción policial, los nexos con el narcotráfico, la impunidad, los viajes ilegales y la falta de oportunidades de la clase obrera.

Dentro del eje temático de la prensa como denunciante de los males de la sociedad, se puede observar el aporte que realiza el cuarto poder a la revelación de hechos delictivos, como el tráfico de menores, los fraudes electorales, el abuso del poder y la complicidad en asesinatos.

Tráfico de niños (Alfonso Rodríguez, 1988) es un drama sobre el tráfico de menores que refleja la labor de un grupo de periodistas que descubre una red de traficantes. Rodríguez soluciona su relato con los convencionalismos necesarios para urdir una trama de ficción con características del género policial.

Para vivir o morir (Radel Villalona, 1996) fue concebido como un filme de suspenso político cuyo espacio geográfico es una ciudad sometida al fragor de las luchas políticas sobre la base de un proceso electoral traumático. El hilo conductor es el secuestro de un periodista, interpretado por el cantautor José Antonio Rodríguez, quien descubre un fraude electoral en el cual está involucrado un experto italiano. La denuncia del secuestro y de la debilidad institucional se realiza a través del desaparecido programa El Gordo de la Semana, conducido por el fenecido productor y presentador Freddy Beras Goico.

Código 666 o La tragedia Llenas (Elías Acosta, 2006) está inspirada en el asesinato del niño José Rafael Llenas Aybar, un acontecimiento que conmovió a la sociedad dominicana y que a su vez inspiró la novela del escritor y político Ángel Lockward. Estamos ante otro filme basado en un hecho reciente en el que dos periodistas asumen la responsabilidad de desenmascarar los vínculos de complicidad en el asesinato del niño, apuntando directamente a altas autoridades gubernamentales y diplomáticas.

Víctimas del poder (Jorge Lendeborg, 1998) es un thriller que mezcla una historia de amor con los vericuetos de la corrupción policial y empresarial. La historia de un violador en serie pone de manifiesto los vínculos entre un empresario periodístico y la policía, que son denunciados por una joven periodista que descubre, además, a los responsables de la muerte de su padre, también comunicador.

José María Cabral, después de otros experimentos con la modalidad del cortometraje, terminó por rodar su primer largometraje, Jaque mate (2012), en la línea del género del thriller de acción. El realizador selecciona a un personaje de los medios de comunicación para criticar precisamente el manejo del discurso televisivo: David, conductor de un programa de televisión, se ve sumido en la desesperación cuando un televidente llama al programa para anunciarle que tiene secuestrados a su esposa e hijo. Este tirón dramático da inicio a una serie de acciones en las que David debe seguir ;as órdenes del secuestrador para salvar a su familia, y queda inmerso en una espiral ascendente donde tiene que revelar ante la teleaudiencia muchas situaciones ocultas de su vida. Al final, todo el discurso apunta a la crítica de la morbosidad expresa con que muchos medios de comunicación tratan la vida privada de las personas.

Resumiendo lo alcanzado en el cine dominicano, podemos decir que se ha abarcado mucho en tan poco tiempo. Su perspectiva futura puede estar enfocada hacia la constante búsqueda de la diversidad temática. No obstante, esto tiene que estar apoyado en una mayor preparación de sus realizadores y en la oportunidad de incentivos y desarrollo que puede aportar la Ley para el Fomento de la Actividad Cinematográfica en la República Dominicana (Ley 108-10). 

Félix Manuel Lora es licenciado en Comunicación Social, profesor del Departamento de Comunicación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Es autor del libro Encuadre de una identidad audiovisual y del documental Un rollo en la arena, ambos sobre la historia del cine dominicano. Ha impartido varios talleres de apreciación cinematográfica y dictado conferencias sobre el cine dominicano tanto en el país como en el extranjero. En 2012 realiza la investigación para la publicación del primer catálogo del cine dominicano, en la que abarca las producciones realizadas entre 1923 y 2011. Ha impartido varios talleres de apreciación cinematográfica y dictado conferencias sobre cine dominicano, tanto en el país como en el extranjero. Es miembro fundador de la Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo.

Bibliografía 

Acosta de Arriba, Rafael (ed.): Cien años de cine latinoamericano, 1896-1995, Editora icaic, 1996.

Lora, Félix Manuel: Encuadre de una identidad audiovisual, Santo Domingo, Editora Valdivia, 2007.

Sáez, José Luis: Historia de un sueño importado, Santo Domingo, Ediciones Siboney, 1982.


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