Artículo de Revista Global 37

Juan Bosch: pensador, político e historiador

El fundador de los partidos Revolucionarios Dominicano y de la Liberación dominicana tenía como meta corregir las anomalías, arritmias e irregularidades de la historia que habían convergido en la República Dominicana. En 1996, 23 años después de haber sido fundado, el PLD obtuvo por primera vez el respaldo popular en las urnas, y al lograrlo no ha hecho más que reivindicar el pensamiento y la actuación política de su líder fundador, quien durante años se esforzó en encontrar no solo una explicación del pasado, sino la herramienta necesaria para elaborar una estrategia política orientada hacia las transformaciones y la necesaria modernización.

Juan Bosch: pensador, político e historiador

Generalmente suele analizarse la figura política de Juan Bosch a través de su condición de líder político, escritor de ficción, exiliado antitrujillista, presidente de la República y creador de dos poderosas e influyentes organizaciones políticas.

No obstante, se pierde de vista que Juan Bosch también fue un gran pensador político, un agudo analista, que solía sustentar sus tesis y planteamientos teóricos sobre la base de la argumentación histórica. Se ha sostenido que su vocación inicial no era la política, sino la literatura; eso es algo que Bosch admitió en una carta enviada al dictador Rafael Leónidas Trujillo, con ocasión de su salida de la República Dominicana.

En uno de los párrafos de esa misiva, expresa lo que sigue: “Mi destino es ser escritor, y en ese campo, nada podía ya darme mi país; y no sería eso sólo causa bastante a hacerme dejar el lugar de mis afectos, sino que, además de no poder seguir siendo escritor, tenía forzosamente que ser político, y ya no estoy dispuesto a tolerar que la política desvíe mis propósitos o ahogue mis convicciones y principios”.

Desde 1909, fecha en que nace, hasta 1938, cuando abandona el país para vivir en el exilio cerca de un cuarto de siglo, Bosch no había sentido, ni había desarrollado, una inclinación por la actividad política.

¿De dónde le surgiría, pues, el interés que luego desarrolló por la política hasta el punto de que en algún momento abandonaría por completo su genuina vocación de escritor de ficción por la acción política y el ensayo histórico?

Surgió de hecho de que la República Dominicana estaba gobernada por una dictadura: la de Rafael Leónidas Trujillo, y ese hecho lo condujo a desarrollar un interés ya no solo por la literatura, sino, además, por la política.

Si durante los años treinta y cuarenta del siglo XX, la República Dominicana no hubiese estado sometida a los rigores de un régimen dictatorial, lo más probable es que Bosch no habría llegado a ser el destacado líder y brillante pensador político que la historia hoy reconoce.

Sin dictadura de Trujillo no habría Juan Bosch político; por consiguiente, hay una primera etapa de la vida política de Bosch que podría definirse como la etapa de la militancia antitrujillista.

Ahora bien, la militancia antitrujillista, que es la militancia contra la dictadura, tiene forzosamente que llevarlo a la antitesis de lo que eso representa: a la democracia.

Al lanzarse como actor político en la lucha contra Trujillo –sobre todo para poder combatirlo con eficacia–, Bosch se propone realizar una explicación histórica del trujillismo, y lo hace con la publicación de un texto, Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo, que será la base o el punto de partida de toda su reflexión posterior sobre la evolución económica, social, política y cultural de la sociedad dominicana.

Filosofía de la historia

Antes de entrar en consideración sobre ese texto, hay que referirse a la filosofía de la historia que Bosch desarrolló y aplicó de manera constante. La plantea en los párrafos finales de un libro que sucederá al de Trujillo: Crisis de la democracia de América en la República Dominicana, en el que afirma lo que sigue:

“La crisis de la democracia de la República Dominicana es una crisis de la democracia de América. Tiene sus particularidades dominicanas, pero no es exclusivamente dominicana. Cuando fue derrocado el Gobierno que el pueblo dominicano había elegido 20 de diciembre de 1962, el puñal entró en carne dominicana y su punta fue a clavarse en el corazón de América. Pues América es múltiple y es, sin embargo, una, y todo cuanto ha sucedido en un país americano ha sucedido luego en otros. Por lo menos eso enseña la historia, y la historia no solo es un relato de lo que ya pasó, sino, también y sobre todo, un espejo de lo que va a pasar.”

Como puede apreciarse, para Juan Bosch la historia adquiere sentido y valor en la medida en que no sólo se refiere al pasado sino que además refleja el futuro. En esa perspectiva, pues, cobra vida y sirve para proporcionarle sustancia al compromiso de cambio social que ha asumido con miras al futuro.

En otras palabras, en el pensamiento de Bosch, la historia se convirtió en una herramienta política. Deja de ser mera interpretación erudita o académica del mundo de los muertos, para convertirse en una potente arma de lucha a favor de los que aspiran a transformar el orden imperante.

Eso es lo que hace con el fenómeno de Trujillo, al que analiza desde una perspectiva histórica. Extrae de ese análisis las lecciones que sirven de fundamento para la elaboración de una plataforma ideológica, la cual, luego se convierte en una estrategia política para combatir el fenómeno objeto de análisis.

Al analizar la dictadura de Trujillo en el contexto de la historia dominicana, Bosch elabora una novedosa tesis que consiste en proponer que la historia de la República Dominicana se ha visto afectada, desde sus orígenes, por lo que él denomina una arritmia histórica.

Esta arritmia histórica tiene que ver con el hecho de que nuestra historia no ha discurrido de igual manera que la de otros pueblos de mundo, especialmente de América Latina, y tuvo origen en la circunstancia de que la deformación del pueblo dominicano empezó por el proceso de la conquista y la colonización de la isla Española.

Se produjo por el hecho de que España, el país que nos conquistó y nos colonizó, también experimentó una anomalía histórica con respecto a las otras naciones europeas. España, por ejemplo, no tenía el nivel de desarrollo de Inglaterra, Francia o los Países Bajos, y eso se debió a una razón histórica particular: durante el periodo medieval, desde el siglo VII hasta el siglo XV, España estuvo baja el domino de los árabes.

Durante setecientos años, España estuvo en guerra con los árabes para expulsarlos de la península Ibérica, y ese tiempo fue aprovechado por los demás países europeos para transitar del feudalismo al capitalismo y crear una burguesía, que era de lo que España carecía en el siglo XV y XVI.

España descubre, conquista y coloniza América, pero quien está a la cabeza, en principio, de ese proceso no es un español, es un genovés de nacimiento, quien, sin embargo, tiene que actuar en el marco de una base económica y social anacrónica en relación con las demás naciones de la región.

En la concepción de Bosch, la conquista y la colonización de España traen a La Española y América el régimen de castas, el cual introduce la división social entre hombres de primera y hombres de segunda.

De todas esas argumentaciones, Bosch elabora la interpretación de que el origen psicológico de Trujillo surgió de una deformación inicial del pueblo dominicano, fruto de la conquista y la colonización española, y, conforme a la tesis, establece que su origen biológico se encuentra en la ocupación haitiana de 1822, en la cual llegó al país Diyeta Chevalier, bisabuela de Trujillo, y en la anexión a España, en 1863, en la cual arribó a tierras dominicanas José Trujillo Monagas, el abuelo del dictador.

La condición de jefe militar que Trujillo asumirá durante la segunda década del siglo XX fue el resultado de una tercera intervención militar en el país: la norteamericana de 1916-1924, y su paso de jefe militar a político, a las consecuencias de la Gran Depresión, comenzada en 1929.

En resumen, según la interpretación boschista de la historia dominicana, el fenómeno de Trujillo es la consecuencia de todos los males históricos acumulados en la vida nacional.

Lo importante a destacar, sin embargo, es que Bosch estudió el trujillismo no como un ente aislado, en el vacío, sino en una perspectiva y en un contexto histórico. Trujillo, como fenómeno político, solo encuentra explicación dentro del marco de nuestra historia, que relaciona factores externos e internos, elementos económicos y sociales y, naturalmente, cualidades personales del sujeto.

Por supuesto, a Bosch no le interesaba quedar solo como un intérprete de la historia, como un académico, sino, más bien, emplear la historia como una herramienta para la acción política. Por consiguiente, de lo que se trata no es solamente estudiar a Trujillo como hecho histórico. De lo que se trata de manera esencial es de cómo derrotarlo políticamente.

Recogiendo el sentir de la opinión pública de la época en América Latina, Bosch se pregunta: ¿Por qué no cae la larga dictadura de Trujillo? La de Rojas Pinilla cayó, la de Pérez Jiménez cayó, la de Fulgencio Batista cayó. ¿Por qué no cae la de Trujillo?

A diferencia de esos otros dictadores, Trujillo, según Bosch, fue quien introdujo el capitalismo en la República Dominicana, aunque con una característica muy peculiar, y era que Trujillo era el único capitalista que existía y, por tanto, el único dueño de las empresas. Con una brillantez excepcional de agudo analista, Bosch elabora el siguiente razonamiento:

“Argentina, Colombia y Venezuela eran víctimas de tiranías políticas, pero la que padece la República Dominicana no es tiranía política. En una buena técnica sociológica, el Santo Domingo de Trujillo no puede ser calificado como nación, ni sus habitantes son un pueblo ni el poder que los domina puede ser llamado gobierno. Santo Domingo es una empresa capitalista despiadada, los dominicanos son los trabajadores y consumidores forzados de esa empresa y el poder dominante está en manos del amo de la empresa”.

Si no se hubiese producido el ajusticiamiento del 30 de mayo de 1961, lo más probable es que– fruto del aislamiento en el que el país había caído por la sanciones impuestas por la OEA luego del intento de asesinato del presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt–, la empresa capitalista de Trujillo se habría desplomado, como bien vaticinase Bosch.

Si he hecho estas anotaciones en torno a Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo, es porque para su autor constituye la génesis del desarrollo de un pensamiento político que encuentra en el argumento histórico su fuerza de sustentación.

En la introducción de este texto, el autor lo expresa con las siguientes palabras: “Como análisis de las fuerzas sociales que dieron origen al trujillismo y de las que han sido determinantes en su mantenimiento, este libro se ha escrito para ser útil al pensamiento político de mi país…”.

Bosch, pues, era consiente de que la publicación de Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo estaba haciendo una contribución al desarrollo del pensamiento político dominicano, sobre la base de una interpretación de carácter histórico. Pero también era consiente de que esa obra no era más que el punto de partida de otros proyectos donde pudiese exponer con mayor amplitud las tesis históricas que ya empezaba a esbozar.

En el prólogo a la segunda edición del texto en cuestión, escrito en 1961, afirmó: “No doy por abandonado mi plan de utilizar este estudio como base para una exposición más detallada”.

Componentes sociales

¿Cuál sería esa exposición más detallada a la que hacía alusión? No cabe duda de que Composición social dominicana, libro publicado siete años después, en 1968. Pero esos siete años transcurridos entre una y otra publicación serían de una gran intensidad, precipitarían importantes acontecimientos en el país, América Latina y el mundo, y transformarían de manera radical el pensamiento político de Juan Bosch.

Lo primero es que el acontecimiento político más importante en la República Dominicana, después de la muerte de Trujillo, fue la elección democrática y popular de Juan Bosch como presidente de la República.

Pero, desafortunadamente, ese gobierno sólo duró seis meses. Un golpe de Estado militar hizo que cayera, y, con esto, la incipiente democracia dominicana. Al igual que un cuarto de siglo antes, Juan Bosch volvió a Puerto Rico en calidad de exiliado.

El hecho de regresar precisamente a Puerto Rico evidencia que no había perdido su fe ni su ilusión en la democracia como sistema político, ni en el papel que Estados Unidos pudiese desempeñar para promoverla.

El gran viaje se produciría más bien por la ocupación militar estadounidense que frustró la Revolución de Abril de 1965, revolución destinada a lograr el retorno del orden constitucional de 1963 y la vuelta al poder de Bosch.

Ese fenómeno obligó, sin duda, a Juan Bosch a replantarse su rol como actor en el escenario político nacional. Habiendo luchado contra una dictadura, albergando valores liberales democráticos, victorioso en unas elecciones con el respaldo mayoritario de su pueblo, expulsado mediante un golpe militar e impedido de regresar por una ocupación militar extranjera, Bosch empieza a considerar que tal vez no existan condiciones para que la democracia, como sistema, pueda funcionar en la República Dominicana.

Para encontrar respuesta a los nuevos interrogantes, Bosch vuelve a lanzar su mirada sobre la historia. Pero esta vez se produce en él un cambio en el uso de las herramientas analíticas y conceptuales para la interpretación histórica.

Influido por las ideas de Eugenio María de Hostos, podría considerarse que, como pensador político, Bosch había sido de orientación positivista durante su primera etapa. El positivismo, como se sabe, el sociólogo francés del siglo XIX Augusto Comte, había sido una corriente progresista al momento de su aparición al romper una visión teológica y metafísica de la realidad social.

Pero en la evolución del pensamiento social, el positivismo había sido reemplazado por el marxismo

como instrumento de análisis social, económico y político; fueron precisamente los hechos acaecidos en la República Dominicana, luego de la muerte de Trujillo, los que condujeron a Juan Bosch a hacer la transición del positivismo al marxismo.

¿Tuvo razón Juan Bosch en pasar de un esquema racional de pensamiento positivista a uno de tipo marxista? Para responder apropiadamente a ese interrogante hay que ubicarse en el contexto de la época, y, sin dudas, la nueva postura asumida era la más avanzada, progresista y realista del momento.

Al indagar las causas que habían impedido el desarrollo de la democracia en la República Dominicana, Bosch, por ejemplo, descubre que el problema fundamental, desde la fundación de la República, ha sido la falta de una base económica y social de tipo capitalista.

Pero si la República Dominicana no era una sociedad capitalista, ¿qué era entonces? De acuerdo con la tesis de Bosch, expuesta en Composición social dominicana y otros trabajos posteriores, era más bien una sociedad precapitalista, y esa sociedad precapitalista había surgido desde la época de la conquista y la colonización.

En un primer momento, como ya se ha dicho, lo que había era una España que en el momento de la conquista y la colonización tampoco tenía una burguesía. Lo que emerge, entonces, en los primeros años de la colonización es lo que Bosch denomina como una oligarquía esclavista azucarera, la primera expresión de lo que pudo haber sido un desarrollo capitalista, conforme a su criterio.

Pero España frustró ese proceso debido a la monopolización del comercio del azúcar que sostenía a través de la Casa de Contratación de Indias, y de esa manera el país pasó de una oligarquía esclavista azucarera a una terrateniente ganadera que el autor bautizaría como la sociedad de los hateros.

Además de la oligarquía terrateniente ganadera, otro sector social que según el autor de Composición social dominicana desempeñaría un rol importante en la historia nacional desde antes de la proclamación de la independencia sería el de la pequeña burguesía, en sus diferentes estamentos o estratos sociales.

En su concepción, puesto que no había una burguesía en el orden político, social y económico, fue sustituida por una pequeña burguesía que, a su vez, se dividía en alta, mediana y baja, subdividiéndose esta última en baja pobre y baja muy pobre. Respecto de cada uno de esos sectores, hizo agudas y penetrantes observaciones sobre su psicología y comportamiento.

En relación con el fenómeno de la independencia nacional, Bosch elabora una tesis audaz y original. La independencia, sostiene, fue la obra de la pequeña burguesía comercial de la capital y del sur del país, liderada por Juan Pablo Duarte.

Pero apenas se produjo la separación de Haití, ese sector, que tenía menos fuerza económica y social, quedó sometido al poder de los oligarcas terratenientes o hateros, cuyo líder pasó a ser Pedro Santana.

El padre de la Independencia, Juan Pablo Duarte, tuvo que marcharse del país. Retornó, por breve tiempo, veinte años después, durante la época de la Restauración. Por consiguiente, la pequeña burguesía progresista, la de ideas liberales democráticas, había perdido su líder desde la fundación de la República.

Ese líder fue reemplazado en una primera etapa por Buenaventura Báez, y los primeros años después de la independencia se explican como la lucha entre el sector de los hateros, representando por Pedro Santana, y Báez, nuevo líder de la alta, mediana y baja pequeña burguesía.

Por supuesto, al sobrevenir la Guerra Restauradora esa situación cambió, y quienes terminaron ejerciendo la representación de los distintos sectores de la pequeña burguesía fueron los líderes del Partido Azul, entre los que figuran Gregorio Luperón, José María Cabral, Ulises Francisco Espaillat, Francisco Gregorio Billini y Ulises Heureaux.

Según la interpretación histórica de Bosch, la época inmediatamente posterior a la Guerra Restauradora constituyó la oportunidad que tuvo la República Dominicana en el siglo XIX de hacer la transición de una sociedad precapitalista a una sociedad capitalista, especialmente por el hecho de que luego de la Guerra de los Diez Años en Cuba (1868-1878), un grupo de ciudadanos de ese país emigró a la República Dominicana e hizo importantes inversiones en la industria azucarera criolla.

Con los ingenios que se instalaron a fines del siglo XIX pudo haberse generado un tipo de desarrollo capitalista en nuestro país. No obstante, esa oportunidad se vio obstaculizada por una razón: la presencia de Ulises Heureaux –conocido como Lilís– en el escenario político nacional.

Lilís se apoderó del Partido Azul y durante 13 años ejerció una férrea dictadura. Solo abandonó el poder cuando fue muerto a tiros por Ramón Cáceres en 1899.

De ahí en adelante, sin embargo, se generó el caos entre los partidarios de Horacio Vázquez y Juan Isidro Jiménez, sus sucesores, y solo durante los seis años de gobierno de Cáceres (1905-1911) el país gozó de cierta estabilidad política.

No obstante, con el asesinato de Cáceres la anarquía volvió a cundir en todo el ámbito del territorio nacional, todo lo cual creó la antesala de la ocupación militar estadounidense de 1916- 1924 y, posteriormente, la dictadura de Trujillo.

En resumen, podría considerarse que hasta finales de lo años sesenta del siglo pasado, la historia dominicana había sido una historia de fracasos continuos en el intento de construir un sistema político, democrático y una economía desarrollada.

El golpe de Estado contra el gobierno presidido por Juan Bosch en 1963 y la intervención militar de los Estados Unidos de 1965 no fueron, pues, episodios aislados de la historia nacional. Fueron, por el contrario, eslabones de una larga cadena de acontecimientos históricos que habrían conducido al país, a lo largo de más de un siglo y medio, a la falta de democracia y prosperidad.

Ante la nueva realidad que se presentaba, Bosch procuró, apoyándose siempre en el argumento histórico, elaborar nuevas claves de entendimiento, para de ahí trazar nuevas estrategias de acción política.

De Colón a Fidel

Además de Composición social dominicana, durante cuatro años de intensos trabajo intelectual (1966- 1970), publicó: De Cristóbal Colon a Fidel Castro; Breve historia de la oligarquía; El pentagonismo, sustituto del imperialismo, y Dictadura con respaldo popular.

Con la publicación de estos textos, Bosch fue configurando una nueva base conceptual y un nuevo lenguaje para proponer proyectos alternativos al de la fracasada democracia tradicional para alcanzar las metas del desarrollo nacional.

En De Cristóbal Colón a Fidel Castro y El pentagonismo, sustituto del imperialismo, realiza un impresionante esfuerzo de interpretación para analizar el rol de los ex imperios en el desarrollo de los pueblos caribeños, tanto desde una perspectiva histórica como de actualidad.

El texto sobre El pentagonismo le genera un gran debate con el sector intelectual de la izquierda dominicana, muy influido por la tesis marxista clásica del imperialismo de Lenin, Nicolai, Burjarin y Rosa Luxemburgo, que lo explican como una expresión de capitalismo financiero de principios del siglo XX.

Juan Bosch reconoce la tesis de Lenin y demás pensadores marxistas sobre el fenómeno del imperialismo, pero se plantea una postura distinta partiendo de la gran revelación histórica hecha por Dwight D. Eisenhower acerca del complejo militar industrial que había surgido en los Estados Unidos: Bosch elabora la noción del pentagonismo como resultado de la necesidad que tenía la sociedad estadounidense de una economía permanente de guerra.

En el fondo, esta tesis fue la respuesta que, en el plano teórico, Bosch fue elaborando como explicación a la ocupación militar estadounidense de la República Dominicana en 1965, así como a la escalada de la guerra de Vietnam y demás conflictos bélicos de Camboya, Laos y Tailandia, que tuvieron lugar en la década de los sesenta del siglo pasado.

La ocupación militar estadounidense de la República Dominicana en 1965 había impedido el retorno a la democracia, y para Bosch ese episodio no fue más que un nuevo factor en el conjunto de acontecimientos históricos caribeños, desde la presencia de fuerzas imperiales, que había dificultado la evolución normal de nuestro pueblo.

Al fin y al cabo, la propia separación de la isla La Hispaniola en dos naciones, Haití y la República Dominicana, fue fruto de una guerra entre Francia y España, comenzada cuando se produjo la decapitación del rey Luis xvi que era de la casa de los Borbones, durante la Revolución francesa.

Debido a este acontecimiento, España, que también tenía un rey Borbón primo del de Francia, le declaró la guerra a ese país, y esa guerra terminó con la firma del Tratado de Basilea que, como dijimos, dividió la isla de La Hispaniola en dos naciones.

Desde el punto de vista histórico, nosotros, como se explica a lo largo de De Cristóbal Colon a Fidel Castro, éramos el reflejo de la lucha de los imperios en Europa, lo cual vino a manifestarse en el desarrollo y ulterior destino de nuestro pueblo. El golpe de Estado de 1963 condujo a Juan Bosch a un replanteamiento de la democracia como sistema político; lo llevó a pensar que había sido un iluso al creer que pueda haber democracia representativa donde no hay desarrollo capitalista.

Debido a la forma en que se había desarrollado históricamente, en la República Dominicana de los años inmediatos al desplome de régimen trujillista no había una burguesía, lo que había era una oligarquía y, con esta en la cúspide de la pirámide social dominicana, no podía propiamente desarrollarse la democracia.

 Visión a futuro

En el marco de ese enfoque la realidad nacional, ¿cómo vislumbraba Juan Bosch el futuro de la República Dominicana? ¿Qué alternativas planteaba como solución al drama histórico y político del país?

Como respuesta a ese interrogante y como culminación de su gran esfuerzo intelectual de la historia, tanto nacional como regional y mundial, difunde su nueva concepción de la política, expuesta en la novedosa tesis Dictadura con respaldo popular.

En ese trabajo, que contiene una parte estrictamente analítica y otra de naturaleza programática, el autor procura explica cómo en la historia moderna de América Latina (correspondiente al siglo XX) se fueron desatando los acontecimientos que permitieron enfrentar, de manera exitosa, la tradicional estructura de predominio oligárquico.

Entre esos acontecimientos, cita en primer término la Revolución mexicana de 1910, diciendo que fue una revolución burguesa encabezada por Francisco Madero para eliminar el poder de la oligarquía representado por la dictadura de Porfirio Díaz.

Luego de la Revolución Mexicana, Bosch representaba los siguientes modelos de revoluciones burguesas: la de Venezuela de 1945, promovida por Rómulo Betancourt y Acción Democrática; la Revolución de Costa Rica de 1948, liderada por José Figueres; la de Bolivia de 1952, encabezada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario, cuyos principales jefes políticos fueron Víctor Paz Estenssoro y Hernán Siles Suazo, y la de Cuba de 1959, en su primera etapa, dirigida por Fidel Castro.

Cada uno de estos hechos es presentado como una prueba de que en América Latina es posible desarrollar fuerzas que permitan enfrentar los intereses de los grupos oligárquicos, para de esa manera crear condiciones que promuevan la formación de una sociedad capitalista, organizada conforme a la ambición de la burguesía.

Posteriormente, cuando escribía su tesis, el maestro dominicano observó el golpe de Estado de Perú en 1968, contra el gobierno Belaúnde Terri, un nuevo modelo de golpe de Estado que no seguía el patrón tradicional de ese tipo de acción política, sino más bien procuraba desarticular el histórico poder de la oligarquía.

En el exhaustivo análisis de la historia que había hecho en el país y en América Latina, Juan Bosch había llegado a la conclusión de que el sistema económico, social y político que nos había tocado vivir había fracasado, y que ese fracaso se debía a que en lugar de estar gobernadas por burguesías, nuestras sociedades habían estado bajo el control de la oligarquía.

En su tesis de la Dictadura con respaldo popular propone un nuevo sistema político que en su esencia, no sería burgués ni antiburgués, sino que plantearía un modelo de capitalismo basado en la nacionalización de las actividades productivas, comerciales y financieras de los sectores integrantes de la oligarquía.

Ese fue el momento de la mayor radicalización del pensamiento político de Bosch y obedecía a la necesidad de encontrar una explicación lógica, racional, de lo que había provocado el golpe de Estado que puso fin al gobierno democrático que le tocó encabezar, y a la intervención militar de Estados Unidos que, sobre la base de impedir una segunda Cuba en la República Dominicana, lanzó por la borda toda posibilidad de restablecer el orden constitucional interrumpido.

Bosch encontró esa explicación a través de la historia, y en base a esta diseñó una estrategia de carácter político que tenía como meta corregir las anomalías, arritmias e irregularidades de la historia, para de esa manera encauzar a su país por el verdadero sendero de la democracia, la libertad, la justicia social y la propiedad.

Cuando a finales de los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado, las condiciones en América Latina y el mundo empezaron a cambiar facilitando una transición hacia regímenes democráticos, Juan Bosch desde su nuevo partido, el Partido de la Liberación Dominicana, fue haciendo las adaptaciones y los ajustes de lugar para hacer posible su acceso al poder por vía electoral.

En 1996, 23 años después de haber sido fundado, el Partido de la Liberación Dominicana obtuvo por primera vez el respaldo popular en las urnas, y al lograrlo no hizo más que reivindicar el pensamiento y la actuación política de su líder fundador, quien durante años se esforzó en encontrar a través de la historia no solo una explicación del pasado, sino la herramienta necesaria para elaborar una estrategia política orientada hacia futuras transformaciones de la República Dominicana.

Leonel Fernández es presidente de la República Dominicana.


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