Artículo de Revista Global 58

La educación en valores a través de la ciencia interactiva

El currículo científico sigue orbitando en el aprendizaje de conceptos que han cambiado radicalmente, sin explorar cómo surgen las teorías y centrándose en lo empírico sin abordar lo epistemológico. Queremos incidir en una propuesta pedagógica para incorporar contenidos científicos: la ciencia interactiva con énfasis en la educación en valores. Este sistema conceptual profundiza en una corriente alternativa y novedosa que asume la experiencia de aprender contenidos desde una perspectiva social y ciudadana.

La educación en valores a través de la ciencia interactiva

La primera pregunta que debe hacerse toda persona honestamente preocupada por las deficiencias en materia de educación es: ¿qué fines persigue la educación actual de los niños y niñas? Se podrán encontrar diversas opiniones: tanto posturas a favor de los métodos educativos de vanguardia como las de aquellos que defienden las prácticas educativas tradicionales, basadas en el adoctrinamiento y el aprendizaje memorístico. En sociedades como la norteamericana, por ejemplo, el sistema educativo como estructura para la educación masiva fue diseñado para transformar agricultores independientes en instrumentos de la producción industrial. Existe un concepto tradicional y socialmente aceptado basado en la idea de que la educación formal es un sistema que se inicia en la infancia, donde los niños son adiestrados para acatar órdenes, aceptar consignas y estructuras predeterminadas sin cuestionarlas. Cuándo leer, cuándo cantar, cuándo jugar, cuándo hablar y cuándo hacer silencio son instrucciones cotidianas que el niño aprende desde muy temprana edad.

Pero ¿qué hay de la creatividad, de la capacidad de transformar la realidad que todo niño trae consigo, y que es parte del potencial que los educadores tienen la misión de desarrollar? Pues bien, en el sistema educativo de nuestras sociedades, la oferta sigue siendo la misma para un alumnado que ha cambiado. El currículo y los programas de asignatura siguen abarcando los mismos contenidos de antaño, que generalmente son abordados como en la década del setenta, sin tener en cuenta que el estudiante actual aprende en función de la experiencia, investiga de acuerdo a lo que su realidad le permite y accede a información de diversas fuentes, la cual debe aprender a gestionar y organizar para entender el mundo (M. García, 2011).

La tarea de los maestros cobra vida y sentido desde el momento en que se tiene a un alumno que no administra los conceptos de forma memorística porque sabe de antemano que el caudal de información que existe en la actualidad es inabordable, y por tanto, utiliza otras estrategias para adquirir los conocimientos.

En ese orden, se pone de manifiesto el desafío actual de la educación e invita a las autoridades de cualquier sistema educativo a innovar y proponer cambios estructurales.

La propuesta de la ciencia interactiva con valores

La ciencia interactiva con valores parte de la premisa de que en el mundo actual la socialización del conocimiento y el acceso a la cultura libre han derribado las barreras económicas e ideológicas para formar parte del dominio público. De esta manera, la democratización del acceso ha implicado que los ciudadanos se aproximen a otras formas de conocimiento que en el pasado estaban vedadas a aquellos sectores de alta vulnerabilidad.

El objetivo específico de la enseñanza de valores a través de las ciencias es adoptar una cultura fundamentada en la ética universal, que posibilite al alumno, futuro ciudadano, realizar opciones de vida que le permitan gestionar la realidad en que se encuentra inmerso.

El conocimiento en ciencias no debe estar limitado estrictamente a lo académico, sino que todo ciudadano merece acceder a información de índole científica para comprender el mundo que habita y tomar decisiones responsables. De hecho, la base de cualquier sistema educativo comprometido con la sociedad debe sustentarse en el elemento científico más importante: el cuestionamiento.

La ciencia cuestiona todo lo existente en un proceso reflexivo y en el afán de explicar la naturaleza y documentar la experiencia y vivencia humanas. La educación de los contenidos científicos debe asumir este rol activo que la ciencia en sí posee, sin encasillarse en la enseñanza de conceptos inmóviles y estancos.

El avance científico se debe al cuestionamiento de la realidad: hombres y mujeres de todas las épocas han desafiado los paradigmas de su tiempo para proponer nuevos enfoques y maneras de entender el mundo natural. La esencia humana es cuestionadora, se ha atrevido a retar al sistema imperante para hacerse preguntas complejas sobre fenómenos simples y cotidianos. Bajo esta premisa, el sistema educativo debe promover el espíritu creativo y la capacidad de polemizar ante la realidad tal cual se presenta, objetando lo que para algunos carece de sentido, y encontrando posibilidades en la interacción y la construcción colaborativa de saberes.

Sostenemos que no es posible reservar la cultura científica y tecnológica a una élite. La sociedad ha tomado conciencia de la importancia de las ciencias y de su influencia en temas como la salud, los recursos alimenticios y energéticos, la conservación del medio ambiente, el transporte y los medios de comunicación, que mejoran la calidad de vida del ser humano. Es necesario que amplios sectores de la población, sin distinciones, accedan al desafío y la satisfacción de entender el universo en que se vive, y que puedan imaginar y construir colectivamente los mundos posibles.

Valores y ciencia

Las personas expresan interpretaciones individuales acerca de cómo se actúa en una cultura y en determinado contexto histórico: es así como los valores universales adquieren significado y son un componente esencial de la vida humana. Según Frisancho (2001), los valores son «anteojos» desde los cuales la realidad se comprende y desde donde se actúa.

Los valores tienden a ser normas de vida que involucran sentimientos y creencias vinculadas a lo moral: respetar la vida, la dignidad y la libertad de las personas, ejerciendo la tolerancia activa; son elementos a introducir en las comunidades en las cuales existe la voluntad de realizar trabajo en valores.

Cuando la educación se asume de manera integral, se concretan sus resultados en forma multidimensional y los valores toman relevancia de tal forma que pueden considerarse bases sociofilosóficas (Varela et al., 2007). En este momento histórico, la ciencia y la tecnología ocupan un lugar esencial en el sistema productor y en la vida diaria en general. Parece difícil comprender el mundo moderno sin entender el papel que ciencia y tecnología cumplen. La población necesita de una cultura científica y tecnológica para aproximarse y comprender la complejidad y globalidad de la realidad contemporánea, para adquirir habilidades que le permitan desenvolverse en la vida cotidiana y para relacionarse con su entorno, con el mundo del trabajo, de la producción y del estudio.

Por su lado, la ciencia constituye una actividad humana perfectible y sujeta a revisión permanente por las mismas comunidades en las cuales el saber es generado. Por tanto, no se presenta como un cuerpo de conocimientos enmarcados en la neutralidad, sino que, de por sí, contiene los valores arraigados de los mismos sujetos que hacen ciencia y que dan publicidad a sus postulados. La comunidad científica está afectada entonces por los valores de los sujetos que construyen conocimiento y dan vida a las teorías.

Prada (2001) expone en su trabajo el hecho de que la enseñanza de las ciencias es imprescindible para el desarrollo de los conocimientos; por tanto, no se pueden ignorar los valores que rigen la enseñanza y la educación científica. A su vez, presenta un conjunto de valores que conviene tener en cuenta cuando transmitimos contenido científico: «orden, claridad, capacidad argumentativa, potenciación del espíritu crítico, modestia intelectual, respeto por la dignidad humana, interés por ayudar a solucionar los problemas más graves de su propia sociedad y respeto por el medio ambiente […]».

Objetivos de la ciencia interactiva con valores (civ)

La ciencia interactiva con valores tiene como objetivos: comprender el mundo natural, enfatizando los valores humanos que se implican en el desarrollo de teorías científicas; constituir un sujeto crítico, capaz de adueñarse de su realidad y autogestionarla en beneficio de la comunidad de la cual forma parte; formar a un ciudadano con responsabilidad civil, que pueda implicarse activamente en debates tecnocientíficos que involucren aspectos sociales; fomentar la cultura, fortaleciendo las raíces y los principios base de cada comunidad; propiciar el activismo, formando sujetos en condiciones de apropiarse de las herramientas de enseñanza y de los recursos disponibles; valorar el cuidado del medio ambiente, la naturaleza y el entorno, estableciendo políticas y estrategias para reusar, reducir y reciclar.

En esta tradición de pensamiento humanista, la aspiración fundamental de cualquier sistema educativo debe estar basada en elementos intrínsecos a la naturaleza humana, y por ello exige la valoración del derecho al cuestionamiento de todo, el interés por la investigación y la creatividad en un proceso donde aquello que se aprende es interiorizado porque resulta significativo para quien lo ha aprendido.

Desde este punto de vista, el propósito de la educación es crear una cadena a lo largo de la cual el niño se va a desarrollar a su manera. Se trata de mostrar al estudiante cómo aprender por sí mismo, sin temor a ser descalificado por evaluaciones que nunca podrán medir sus conocimientos.

Dentro de esta concepción, el estudiante no es un recipiente de información valorada por el cuerpo docente como relevante, sino una especie de planta que crece por su propia naturaleza y a la cual solo se le debe brindar el espacio fértil necesario.

¿Qué implica aprender con la ciencia interactiva?

Enseñar conocimientos científicos es una tarea tan desafiante como motivadora; inculcarlos desde el activismo supone una invitación a explorar la realidad y hacerla más fácilmente comprensible a través del estudio de fenómenos simples, con un alto énfasis social y ciudadano.

La realización de experimentos sencillos, con materiales reutilizables y dispositivos construidos por los mismos estudiantes, es una base importante de nuestra propuesta pedagógica.

Pretendemos darle a esta iniciativa un marco social donde las innovaciones no sean vistas como temas alejados de la comunidad, sino que sean centros de interés cercanos a la vida de las personas para el análisis y discusión de su influencia en la vida cotidiana de los individuos.

Proponer casos reales o ficticios donde los estudiantes tengan la oportunidad de investigar conjuntamente con el maestro una temática determinada, recabar datos, realizar gráficos y cuadros comparativos, argumentar y presentar posibles soluciones a problemas de actualidad, son algunos de los pilares de esta corriente pedagógica activa y centrada en los intereses comunes.

En cuanto al énfasis en valores, podemos hacer una diferenciación entre valores universales y valores estrictamente emparentados con el currículo científico. Valores como la responsabilidad y la confianza pueden ser inculcados como formas de promover el compromiso de aprender cualquier disciplina. Fomentar la honestidad, la tolerancia, la libertad y la justicia constituyen posibilidades relevantes en la dinámica del aula, y son valores que pueden ser activados dependiendo de las condiciones en que se desarrolla la escuela. En lo referente a los valores vinculados a la enseñanza de las ciencias, podemos citar la capacidad para proponer soluciones a problemas, el respeto por el medio ambiente y el estímulo del espíritu crítico, así como también las habilidades para desarrollar trabajos en equipo. La interpretación de problemas que guarden relación con aspectos sociales tecnocientíficos permite llevar a cabo instancias de reflexión donde los estudiantes tengan la oportunidad de expresar ideas y analizar situaciones desde una mirada crítica.

Hasta hace pocos años, proponer en la clase de ciencias temas de índole político-económica resultaba impensable. Traer a colación qué proporción del pbi se destina a la investigación científica, o cuáles son las consecuencias ambientales (más allá de las económicas) del desarrollo industrial en determinadas zonas del país, podía verse como una manera descontextualizada de enseñar ciencias. La clase expositiva, el pizarrón y la tiza, con el docente como protagonista del proceso, preponderaba y no establecía un lugar para la reflexión y la construcción de saberes. Por ejemplo, si el maestro está abordando cambios de estado y hace énfasis en el paso de líquido a vapor, ¿por qué no mencionar la máquina a vapor, profundizar en su relación con el desarrollo industrial y analizar las consecuencias económicas, sociales y políticas de ese fenómeno, etc.? Y más novedoso aún: ¿por qué no construir con materiales sencillos y reciclables un pequeño modelo de la máquina de vapor en clase, dando a los alumnos la oportunidad de demostrar lo que aprendieron de una manera dinámica y activa?

Conclusiones

A lo largo del siglo xx y en la primera década del siglo xxi, la humanidad ha adquirido más conocimientos científicos y tecnológicos que en toda su historia anterior. La mayor parte de estos conocimientos llegan deformados o mutilados a la ciudadanía, que no tiene la oportunidad de integrarlos en un todo lleno de sentido que pueda contribuir a enriquecer su vida personal con una base científica de carácter reflexivo y crítico, imprescindible en nuestro tiempo.

Los avances en materia de ciencia, tecnología e innovación versus la situación científico-tecnológica actual llevan a acentuar esfuerzos con miras a crear un interés creciente en torno a las actividades científicas, tecnológicas y de innovación en la República Dominicana, contribuir a su difusión y al mejoramiento de la enseñanza de las ciencias en la educación básica, media y superior.

En este milenio de constantes y rápidos cambios científicos y tecnológicos, el conocimiento y la información son fundamentales en el desarrollo del país. El futuro de la sociedad dominicana se sustenta definitivamente en la capacidad de contar con recursos humanos de elevada cualificación y en la infraestructura para producir, adecuar y sobre todo aplicar el conocimiento, obteniendo de esta manera resultados positivos.

La utilización de la ciencia para la educación en valores se ha convertido en una poderosa herramienta que permite el involucramiento directo de la investigación con la educación, constituyéndose estas en facilitadoras para que los países puedan promover su desarrollo económico sobre las bases de la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, en la medida en que permiten la interconexión de capacidades y valores humanos.

Una educación basada en la creación de una sociedad de individuos libres tiene valor por sí misma porque forma ciudadanos conscientes y con responsabilidad moral. Para ello, la ciencia interactiva con valores se ha enfocado en la estimulación de la exploración creativa con disposición a cruzar fronteras para desafiar las creencias aceptadas.

La educación debe inspirar a los estudiantes a descubrir por sí mismos, a cuestionar cuando no estén de acuerdo, a buscar alternativas si creen que existen otras mejores, a revisar los grandes logros del pasado y aprenderlos porque les interesa, no porque se les ha forzado a aprenderlos.

José Manuel Santana es un economista especialista en tecnología y desarrollo. Director ejecutivo de la Comisión Internacional Asesora de Ciencia y Tecnología de la República Dominicana (ciact) con el rango de embajador. Investigador asociado del Instituto Tecnológico de Massachusetts (mit) en el Departamento de Lingüística y Filosofía, y colaborador del profesor Noam Chomsky.

Melody García es profesora de Química y formadora de formadores en Uruguay. Docente del Consejo de Formación en Educación en el Proyecto Wikipedia en la Educación, con el auspicio de Plan Ceibal. Tiene tres especializaciones en Ciencias de la Educación y Tecnologías, y un posgrado. Ha brindado asesoramiento en la International Foundation for Science and Technology (ny-usa), y en el Proyecto Kids Lab de la Comisión Internacional Asesora de Ciencia y Tecnología. Sus investigaciones y trabajos se han publicado en Uruguay y otros países.

Bibliografía

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Arteta. J.; Chona, G.; Fonseca, G.; Ibáñez, X., y Martínez, S.: «La clase de ciencias y la formación en valores», Enseñanza de las Ciencias, número extra, vii Congreso, 2005.

Cerrillo Martín, M.ª del Rosario: «Educar en valores, misión del profesor», Tendencias Pedagógicas, n.o 8, 2003.

Cortina, A. (2000): El mundo de los valores: ética mínima y educación, Bogotá, El Búho.

Chomsky, Noam: Sobre democracia y educación: Escritos sobre ciencia y antropología del entorno cultural, 1.a edición, Serie Paidós Estado y Sociedad, Ediciones Paidós Ibérica, 2005.

García, M.: «Educación e institución educativa: una mirada a sus protagonistas», Revista Iberoamericana de Educación / Revista Ibero-americana de Educação, 2011, <http://www.rieoei.org/deloslectores/3306Garcia.pdf>.

Prada, B.: «Filosofía de las ciencias y valores», <www.campus.oei.org/valores/prada.htm>, 2011.