Artículo de Revista Global 43

La universidad haitiana: un sistema a (re) construir

Este análisis destaca que la Universidad Henry Christophe, donada por la República Dominicana como un gesto de solidaridad, será uno de los mayores ejes para el desarrollo de esta nación.

La universidad haitiana: un sistema a (re) construir

Con el establecimiento de la constitución de 1987, el Estado haitiano ha creado por primera vez una estructura de enseñanza superior con rango de Secretaría de Educación Superior y Universitaria que depende del Ministerio de Educación Nacional.

Es cierto que desde 1997 este ministerio ha creado un departamento dedicado a impulsar este nivel de enseñanza y la investigación científica, pero esta dirección ha funcionado desde su creación con pocos recursos, presencia tímida en el mundo académico y sin la regulación de una ley orgánica. La opción de crear una Secretaría de Estado para la Educación Superior y Universitaria envía la señal de un posible interés de las nuevas autoridades en intervenir con mayor fuerza en la normalización del sector y, tal vez, estimular su desarrollo y modernización.

La idea de crear una Secretaría de Educación Superior y Universitaria ha quedado en debates y discusiones cuyas conclusiones coinciden en crear un ministerio dedicado al tercer nivel educativo, la investigación y la innovación. En este caso, la investigación y la innovación no son temas neutros, sino que reflejan que la investigación académica en Haití es casi inexistente o embrionaria, por lo que debe ser apoyada por el Gobierno; invita también a considerar el papel que las universidades pueden desempeñar en poner la innovación al servicio de la economía y de la sociedad.

De todos modos, los retos y expectativas de la sociedad haitiana en la actualidad no son solamente resultados del desastre del 12 de enero de 2010. La mayoría de los problemas que atraviesa el ámbito de la educación superior son de carácter estructural y han contribuido a dar forma a lo largo del tiempo al panorama académico actual. Más allá de las pérdidas materiales y humanas que han afectado al subsector de la educación superior de Haití, lo que el país está concienciado a cambiar después de la catástrofe del 12 de enero no consiste en un sistema universitario coherente, jerarquizado, pertinente y eficaz, sino un conjunto incompleto (o inacabado) constituido por instituciones de calidad disparatada, funcionando inadecuadamente, sin normas y con escasos recursos.

La educación superior y universitaria haitiana

A pesar de las dificultades de Haití para construir un sistema de educación superior moderno y de calidad, existe de hecho una tradición académica en Haití. La Universidad del Estado de Haití (UEH) ha formado, a lo largo de varias décadas, generaciones de intelectuales y profesionales que han sido dirigentes de las estructuras del Estado y también han contribuido al desarrollo de los sistemas educativos y de producción de otros países.

La educación superior y universitaria en Haití puede establecerse en base a un período de entre dos a seis años, dependiendo de la carrera cursada y la calificación obtenida. Los cursos de formación en Derecho, Administración y Ciencias Económicas son los más populares, ya que reciben más de la mitad de los estudiantes, tanto en las universidades públicas como en las instituciones privadas.

Se distingue, por un lado, las instituciones del sector público, incluyendo la Universidad Estatal de Haití, las universidades públicas establecidas en las provincias y otras instituciones públicas de educación superior conectadas a algunos ministerios y, por otro lado, los establecimientos del sector privado, incluyendo un creciente número de universidades e instituciones de educación superior que ofrecen programas de educación de calidad variable.

La educación superior pública

El panorama de la educación superior pública está dominado por la figura de la UEH que consta de facultades, departamentos, centros, escuelas e institutos. La educación pública es gratuita a excepción de los gastos para participar en los exámenes de ingreso en las distintas facultades de la UEH y una contribución anual equivalente a 75 dólares estadounidenses para los estudiantes de las universidades públicas en las provincias.

La UEH fue establecida bajo el régimen de François Duvalier, por el decreto del 16 de diciembre de 1960. En realidad, no se trataba de una creación, ya que la institución existía desde 1944 bajo el nombre de Universidad de Haití. En efecto, el decreto-ley del 23 de diciembre de 1944 creó la Universidad de Haití, que es un centro de educación superior en el sentido moderno del término, que reúne a las instituciones públicas de este nivel educativo que trabajan con disparidad.

Pero debemos ir más atrás en el tiempo, a 1920, durante la primera ocupación de Estados Unidos a Haití, cuando surgió la Universidad de Haití, creada por la Ley del 4 de agosto de 1920 bajo la supervisión de la Secretaría de Estado de Instrucción Pública. Sin embargo, la Universidad de Haití no se refería a una entidad universitaria en particular en el sentido moderno del término; significaba, según una antigua tradición que se remonta a la Edad Media, el conjunto educativo constituido por las escuelas primarias, secundarias y superiores, incluyendo la comunidad de profesores, estudiantiles y personal administrativo que trabajaba en la educación.

Esta universidad contaba con centros de enseñanza superior creados en los últimos años. Por ejemplo, la Escuela de Ciencias Aplicadas, fundada en 1902 como una institución privada por un grupo de profesionales; ¹ la Escuela de Derecho en Puerto Príncipe, inaugurada el 12 de junio de 1860; también la Escuela de Medicina, cuyos estatutos se aprobaron el 26 de septiembre 1838. Estas dos últimas instituciones son consideradas como vestigios de la Academia de Haití creada por el presidente Jean Pierre Boyer en 1823, con la ayuda del médico Francés Fournier-Perscay, cuyo programa comprendía el estudio de Medicina, Derecho, Literatura y Astronomía.

Podríamos ir aún más atrás, hasta el comienzo de la fundación de la nación haitiana para encontrar las instituciones de educación superior. En 1808, cuatro años después de la independencia de Haití, Henry Christophe, presidente del Estado del norte, ² establece, en el anexo al hospital de Cap Haitien, una cátedra de Anatomía y de Medicina donde se enseña higiene y cirugía. Se establece una Academia de Bellas Artes y un Colegio Real, y se invita a la British Foreign School Society y a profesores con dominio del idioma inglés para enseñar diversas disciplinas como Matemáticas, Ciencias Físicas y Naturales, y Bellas Artes. En la parte oeste de la isla de Haití, el presidente Alexandre Pétion creó por la Ley del 3 de marzo de 1808 dos escuelas de medicina que sirven de apoyo a los dos hospitales de Puerto Príncipe y Les Cayes para que los estudiantes hicieran sus prácticas en los hospitales.

La creación de la Universidad Estatal de Haití en 1960 surgió sobre la base de las instituciones existentes y con el propósito de organizarlas en un todo coherente. Esta universidad incorpora las facultades de Derecho, Etnología, Odontología, Medicina y Farmacia, así como la Escuela de Ciencias Aplicadas y la Escuela Normal Superior. El decreto del 16 de diciembre de 1960 fue adoptado en un contexto de endurecimiento de la dictadura de François Duvalier, menos preocupado por una visión de integración académica que por un proyecto de control social sobre la comunidad académica. El preámbulo de este decreto habla de “someter la juventud del país a una nueva disciplina para que, hoy y mañana, pueda cumplir con dignidad sus deberes cívicos”.

El decreto recoge también todas las disposiciones legales anteriores, decretos y leyes, que prohíben las actividades comunistas y las manifestaciones subversivas y menciona “la necesidad de organizar la universidad sobre una nueva base para así evitar que se convierta en un hogar donde crecen ideas subversivas del comunismo internacional”.

En la creación de esta universidad existen dos elementos fundamentales y permanentes que constituyen un obstáculo constante para su desarrollo y crecimiento. En primer lugar, la amenaza a su autonomía por el control político que las autoridades tratan de ejercer sobre su funcionamiento. Recordemos que, según el decreto de 1960, el rector, los decanos y directores de las facultades son designados por el presidente de la República a propuesta del secretario de Estado para la Instrucción Pública, también algunos de los profesores también son nombrados por orden presidencial. Además, el modo de formación de la universidad mediante la fusión de instituciones preexistentes que han tenido desde su creación hábitos de trabajo relativamente autónomos de la estructura de la rectoría, órgano de administración central. Estos dos factores constituyen un obstáculo para el logro de un proyecto de una verdadera reforma de la UEH como una entidad coherente, jerárquica e integrada.

A partir de febrero de 1986, fecha de la caída de Jean Claude Duvalier, la UEH ha adquirido una autonomía de facto, otorgándose una gran libertad académica y organizacional: creación de un consejo universitario de 33 miembros (11 decanos de facultades, 11 representantes de los estudiantes, 11 representantes de los profesores y de los empleados administrativos); sustitución de los decanos de facultades por comités de dirección designados por asambleas mixtas de estudiantes y de profesores, establecimiento de una comisión de reforma de la UEH.

La Constitución de 1987 otorga a la UEH el estatuto de una institución independiente, al igual que la Corte Superior de Cuentas y del Consejo Electoral Permanente. Sin embargo, esta disposición constitucional genérica tiene que ser instrumentada por un marco legal y reglamentario que legitime la conquista de los actores en cuanto a libertad académica y autonomía de funcionamiento. La comisión de reforma, establecida hace más de veinte años, todavía no ha producido su informe. Racionalizar y modernizar la organización y el funcionamiento de esta institución haitiana es uno de los más importantes desafíos de la UEH.

La UEH cuenta hoy en día con 11 facultades y escuelas superiores que solo ofrecen programas de licenciatura con una duración de cuatro años. La oferta académica abarca un amplio espectro de disciplinas y algunas escuelas han comenzado a desarrollar programas de maestría a través de acuerdos de intercambio con universidades francesas y canadienses.

Algunas instituciones públicas de educación superior están afiliadas a la UEH, pero estas alianzas no están bien definidas; no obstante, para algunas la rectoría de la UEH confirma los diplomas de fin de grado, o financia parcial o totalmente los salarios del cuerpo profesoral. Es el caso de siete escuelas de Derecho de las provincias (Cap Haïtien, Fort Liberté, Gonaïves, Port-de-Paix, Hinche, Jacmel, Les Cayes), creadas en sus comienzos como instituciones privadas.

En los años 2008-2009 (periodo académico del cual se disponen informaciones) un total de 10,130 estudiantes se inscribieron de manera regular en la UEH. Según la rectoría de esta universidad, si se agregan los estudiantes afiliados inscritos en las escuelas de Derecho, este total se eleva entre veinte mil y veinticinco mil estudiantes.

La red de enseñanza superior de universidad pública fuera de la UEH se compone de 1) tres universidades regionales: Cap Haïtien, en el norte; Gonaïves, en Artibonite; Les Cayes, en el sur; 2) cinco escuelas superiores incorporadas a ministerios particulares: el Centro Técnico de Planificación y de Economía Aplicada (CTPEA), institución de educación superior especializada en la formación de economistas y planificadores bajo el auspicio del Ministerio de Planificación; la Escuela Nacional de Geología Aplicada (ENGA), que forma técnicos en Geología, con el auspicio del Ministerio de Educación; la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENART), bajo la tutela del Ministerio de Cultura y de Comunicación, que ofrece cuatro programas de licenciatura en Pintura, Escultura, Danza y Teatro; la Escuela Nacional Superior de Tecnología (ENST), auspiciada por el Ministerio de Educación, que ofrece un programa de licenciatura en Gestión en tres años, y finalmente la Escuela Nacional de Administración Financiera (ENAF), dedicada a la formación de funcionarios y auspiciada por el Ministerio de Economía y Finanzas.

La enseñanza superior privada

La enseñanza superior privada haitiana, en su forma diversificada actual, es un fenómeno relativamente reciente en la historia de la enseñanza superior en Haití. Es cierto que la iniciativa privada en este contexto aparece a final del siglo xix y principios del Siglo XX con la creación de la Escuela de Derecho de Cap Haïtien, en 1867; la de Les Cayes, en 1894; de la Escuela de Ciencias Aplicadas, en 1902, y la Escuela de Derecho de Gonaïves, en 1922.

Surgieron otras iniciativas como la Universidad Adventista Haitiana, en 1947; el Instituto de Altos Estudios Comerciales y Económicos, en 1961, y el Instituto Superior Técnico de Haití, en 1965. Sin embargo, la mayoría de las instituciones privadas de enseñanza superior aparecieron a finales de la década de 1970 y mitad del decenio de 1980. Actualmente hay aproximadamente doscientos establecimientos de enseñanza superior según una estimación de la Dirección de la Enseñanza Superior y de la Investigación Científica (DESRS) del Ministerio de Educación. La cantidad más alta, un 80 por ciento, está localizada en Puerto Príncipe.

De estas doscientas instituciones, solamente 54 están autorizadas para funcionar. Se estima en cien mil la cantidad de estudiantes que cursan programas de enseñanza superior en Haití, lo que implica que las tres cuartas partes (75 por ciento) de los estudiantes matriculados estarían inscritos en un establecimiento de enseñanza superior privado, confirmando en esto un paradigma bien conocido para los dos órdenes de enseñanza: fundamental y secundaria, donde los inscritos en establecimientos privados se establecen, respectivamente, a 81.5 por ciento y 74.6 por ciento.

Organización y calidad de la enseñanza superior

La Ley Orgánica del 23 de octubre de 1984 del Ministerio de Educación Nacional (MEN) y el decreto del cinco de junio de 1989 confieren una competencia general al MEN en todos los ámbitos de la enseñanza. Sin embargo, hace falta un marco legal específico, equivalente a una ley de orientación, que organizaría el sector de la enseñanza superior formulando los dispositivos de acreditación y de evaluación, los estándares de calidad, los mecanismos de certificación, la regulación de los diplomas y grados académicos, la validación de los estudios realizados en el extranjero, las condiciones de financiamiento, y las promociones de ayudas para la investigación e innovación, entre otros aspectos.

La única referencia a este respecto es la Constitución de 1987, la cual en el título vi dedicado a las instituciones independientes describe en ocho artículos (desde el 208 al 216) las normas aplicables a la universidad y la educación superior. Estos artículos son la fuente de muchas confusiones y malas interpretaciones que dan lugar a prácticas abusivas en el sector privado y a improvisaciones por parte de la Administración pública en la evaluación de los proyectos de las nuevas instituciones o nuevos programas. En 1997, el MEN ha establecido la Dirección de la Enseñanza Superior y de la Investigación Científica (DESRS). Por la falta de recursos y también de una fuerte voluntad política, este departamento ha operado por debajo de su misión y no ha sido capaz de liderar el camino para nuevos programas o de las nuevas instituciones públicas o impedir la proliferación de instituciones privadas que carecen de condiciones para ofrecer una verdadera enseñanza universitaria.

Algunas instituciones haitianas están afiliadas a redes académicas internacionales y regionales, como la Agence Universitaire de la Francophonie (AUF) y la Conferencia de Rectores y Presidentes de Universidades del Caribe (CORPUCA). Estas instituciones miembros son alrededor de una docena y presentan en su mayoría una educación de calidad.

Los programas

Gran parte de los programas de formación son obsoletos. La oferta global de formación está dominada por los programas tradicionales de Contabilidad, Gestión, Informática y Derecho. En su mayoría son programas de licenciatura, algunos de dos años y otros de maestría; una gran parte se realiza con acuerdos con universidades francesas o en colaboración con universidades francesas o canadienses.

No existe un marco legal que defina una estructura organizativa de las instituciones de educación superior y la organización de los estudios es a discreción de cada institución que puede optar según la cadencia académica por año académico, semestre, tutoría o créditos.

No son muchos los estudiantes haitianos que obtienen el título universitario. Según una encuesta realizada por la DESRS, sobre una muestra de 34 instituciones de educación superior, en 2008 se graduaron 2,179 estudiantes (1,305 hombres y mujeres 874) en estas instituciones, un promedio de solo 64 graduados por institución. Las tres escuelas de Medicina privadas que participaron en la encuesta graduaron 128 médicos en total, en un país donde solo hay tres médicos por cada 10,000 habitantes.

No hay programas de investigación sistemática en el sistema universitario, tanto en la investigación aplicada o básica en la mayoría de las universidades, las asignaciones presupuestarias para la investigación no existen, a excepción de proyectos de investigación financiados en el marco de un acuerdo universitario con instituciones extranjeras.

El cuerpo docente

El cuerpo de profesores está compuesto por alrededor de un millar de profesionales que ejercen la profesión de la docencia a tiempo parcial. Muchos de estos profesores se encuentran tanto en instituciones de educación privadas como públicas. Muy pocos ejercen esta función a tiempo completo dentro de una institución, en el sector público y el sector privado. Sin embargo, cabe señalar que la Universidad del Estado de Haití y algunas universidades privadas han empezado a desarrollar gradualmente un cuerpo docente de tiempo completo, que participa en programas de investigación científica financiados con recursos propios.

De hecho, un porcentaje muy pequeño de los docentes de este nivel (10 por ciento) son titulares de una maestría. El porcentaje de profesores con doctorado es aún menor. Las malas condiciones de trabajo y la dificultad para construir una carrera universitaria no constituyen un factor favorable para atraer en el sector a los profesionales y los investigadores de alto nivel.

En este sentido, el país y la comunidad académica en particular sufren de la ausencia de un organismo que se especialice en la financiación de la investigación y el fomento de la excelencia y la innovación, como en otros países. Este tipo de organismo operando a partir de promociones de becas de investigación sobre una base competitiva, incluyendo investigadores de las universidades públicas y privadas, puede establecer una cultura de investigación dentro de la comunidad académica, mientras los investigadores y las instituciones fomentan el desarrollo de programas de investigación y formación acordes a las prioridades de la agenda nacional de investigación.

La condición estudiantil

La experiencia de los estudiantes se caracteriza, en el contexto de Haití, por una acumulación de privaciones de todo tipo que afectan su vida cotidiana y aumentan el nivel de esfuerzo que debe darse para alcanzar el éxito, debido a la falta de estructura de apoyo dedicada a los estudiantes.

Por ejemplo: los medios de transporte público precarios o inexistentes que implican largas horas de viaje, dificultades para acceder a una vivienda digna a precios asequibles, bibliotecas inexistentes o insuficientemente equipadas (casi la mitad de las bibliotecas tienen menos de 5,000 obras), la falta de acceso a la tecnología de la información y el alto costo de la suscripción a Internet, dificultades para acceder a alimentos de calidad a precios asequibles, la falta de instalaciones deportivas, pocas oportunidades para actividades de ocio y culturales y la falta de programas de ayuda financiera para los estudiantes.

A estas privaciones se añade la frustración de tener que esperar a veces varios años después del final de su curso de estudio para su primer grado, debido a la exigencia del trabajo de investigación para la obtención de la licencia, trabajo para el cual muchas veces no están capacitados.

La precariedad de la experiencia de los estudiantes en Haití es una de las causas de la fuga masiva de graduados hacia la República Dominicana, cuyas instituciones de enseñanza superior, aunque de calidad generalmente comparable a las instituciones haitianas, han logrado establecer mejores condiciones de aprendizaje para los estudiantes.

Para algunas familias haitianas que toman la decisión de enviar a sus hijos al extranjero lo que motiva la decisión, más allá de la “condición estudiantil”, es lo que se puede llamar la “condición nacional”, es decir la “condición del país”, donde la inseguridad, el saneamiento deficiente, la mala gobernanza contribuyen a crear un ámbito desfavorable para el desarrollo integral del joven.

Los retos de la reconstrucción de la Universidad de Haití

El desastre del 12 de enero de 2010 golpeó un sistema que ya era frágil en muchos aspectos: no hay suficiente docentes, políticas públicas y estructuras de gobernanza deficientes, debilidad de las infraestructuras, financiación insuficiente, falta de mecanismos para estimular la investigación. La exigencia de reconstruir el país no puede ignorar el potencial que tiene la universidad gracias a su capacidad de formación, pero sobre todo por el papel de apoyo que también puede desempeñar en relación con otros niveles del sistema educativo a través de la innovación técnica y pedagógica.

Haití, al igual que muchos países en desarrollo afectados por la turbulencia económica actual, no es una excepción a la crisis general de las universidades, cuyos efectos más directos son la reducción del acceso, programas inadecuados en relación con las necesidades de la economía, la baja implementación de la investigación, la financiación insuficiente, la mala gobernanza y la fuga de cerebros.

En este contexto de fondo se añade, en el caso de Haití en particular, los elementos que son consustanciales: la dificultad de encontrar un clima de estabilidad política, el papel del Gobierno en el pasado marcado por un deseo de control político de la universidad y en la actualidad, por su debilidad, incluso por su indiferencia a ejercer su función de supervisión y regulación en el sector, la falta de políticas públicas para la educación superior y la investigación en Haití, el vacío legal y regulatorio, debido a la ausencia de una política y de una legislación sectorial sobre la educación superior, el desarrollo desordenado en las últimas dos décadas de un gran número de instituciones privadas que ofrecen una formación universitaria de calidad insuficiente.

Sin embargo, el efecto del terremoto ha despertado un gran interés en la Universidad de Haití de varias redes académicas regionales e internacionales, esto constituye una tendencia nueva dentro de una tradición de cooperación internacional indiferente a la educación superior.

Un grupo de cuarenta universidades francesas se ha organizado en un consorcio para acompañar los esfuerzos de reconstrucción y de modernización del sistema de educación superior haitiano. Setecientos estudiantes haitianos se benefician de una beca de la cooperación francesa para realizar en Francia sus estudios de postgrado a nivel de maestría o de doctorado. Además, otras iniciativas de esta cooperación se desarrollan en la formación de maestros y la educación a distancia. Unos veinte centros serán instalados en diversas universidades haitianas durante el periodo 2011-2012. En el campo de la investigación científica, la Agencia Nacional de la Investigación (ANR) y el Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) están acompañando diversos proyectos de investigación desarrollados por universidades haitianas en las áreas de la salud, del desarrollo urbano, del medio ambiental y de la seguridad alimentaria.

Universidades de Estados Unidos y Canadá organizan misiones de exploración en Haití y forman consorcios universitarios de cooperación con las universidades haitianas. El Departamento de Asuntos Exteriores canadiense ha desarrollado un programa de becas en beneficio de los estudiantes haitianos.

El presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández Reyna, ha decidido ofrecer al gobierno haitiano una nueva universidad que se encuentra en el Departamento del Norte, en las cercanías de Cabo Haitiano, en Limonada. Es la primera inversión de gran magnitud en el campo de la educación superior desde la creación de la Universidad del Estado de Haití. Para completar la infraestructura se está pensando en la creación de un comité de apoyo que dirigirá el presidente de la nueva Conferencia de Rectores Haitianos y Rector de la UEH, Jean Vernet Henry, y en el cual tienen que participar, entre otros, el presidente de la Universidad París I, la vicerrectora de la Universidad de Montreal, el rector de la AUF y el rector de la Universidad de Cartago (Túnez). Será necesario pensar el avance de esta entidad acorde a una lógica de cooperación universidad-empresa, teniendo en cuenta la nueva dinámica en desarrollo en el Norte a partir de las inversiones extranjeras que se dirigen a esta región para establecer una nueva zona franca y nuevas infraestructuras turísticas.

Estas iniciativas representan nuevas oportunidades para las universidades de Haití para crear sus programas de capacitación de acuerdo a los estándares internacionales e integrarse en las redes de investigación internacionales. Para que estas oportunidades se concreticen hace falta que en el nivel interno se mejoren las condiciones de organización y de funcionamiento de las instituciones de enseñanza superior.

Sin embargo, muy pocos programas de cooperación toman en cuenta el tema de la restauración de la infraestructura, a excepción de la iniciativa del presidente Leonel Fernández. Reconstruir los edificios destruidos o dañados, reemplazar las bibliotecas y laboratorios requiere considerables recursos. Las autoridades haitianas han invertido poco, históricamente, en la educación superior; tampoco lo han hecho los donantes internacionales, cuya visión de cooperación con Haití en materia educativa se ha limitado siempre al nivel de la educación primaria.

En un plano más global, el esfuerzo de reconstrucción de las universidades haitianas no puede prescindir de la economía de una política nacional de educación superior y de investigación y de movilización, sino al interno, de los recursos del presupuesto nacional para apoyar a las universidades de Haití en esta necesidad de transformación. Al mismo tiempo, se debe fortalecer el movimiento de descentralización de la oferta de formación a las provincias, promover la adopción de un estatuto del profesor-investigador, diversificar las fuentes y formas de financiamiento de la educación superior mediante el crédito educativo, fortalecer la cooperación entre el mundo académico y las empresas, promover la investigación y la innovación a través de sistemas de financiamiento competitivos que toman en cuenta las iniciativas que provienen del sector privado. Las infraestructuras físicas y los recursos pedagógicos (edificios, laboratorios, bibliotecas, libros de texto) eran insuficientes antes del terremoto del 12 de enero de 2010 para garantizar una educación superior de mayor calidad. Ese desastre agravó esta situación y la mayoría de las escuelas carecen de los recursos necesarios para apenas restaurar los edificios preexistentes el día del sismo.

La mayoría de los maestros no tienen una formación de postgrado, la falta de condición de los docentes y la precariedad de los medios de trabajo no alientan a los que tienen un doctorado a participar en la vida académica.

En términos de gobernanza, la falta de políticas públicas y de los sistemas de información, la falta de mecanismos de acreditación y evaluación de los establecimientos y de programas alimentan la proliferación en el sector privado de instituciones de formación mal equipadas para ofrecer programas de enseñanza superior.

La falta de financiación en el sector educativo, la ausencia de dispositivos de apoyo a los estudiantes y de los mecanismos para promover y estimular la investigación limitan la capacidad de la universidad para entregar a la sociedad haitiana las competencias intelectuales y técnicas necesarias, técnicos y expertos necesarios para su desarrollo y su integración en el mundo.

Para reconstruir el sistema de educación superior y universitario haitiano y permitirse aportar una contribución eficaz al esfuerzo de la reconstrucción del país, la cooperación no puede sustituir a la afirmación de una voluntad política haitiana y la adopción de decisiones claras y razonables, traducibles en compromisos financieros propios a partir del presupuesto nacional. Es a este precio que la cooperación internacional podrá insertarse de manera eficiente en el proyecto de un espacio universitario haitiano competente, accesible, relevante y de estándar internacional.

Jacky Lumarque es rector de la Universidad de Quisqueya en Haití y fue elegido presidente de la Conferencia de Rectores y Presidentes de Universidad de Haití (CORPUCA). Es matemático de formación y tiene una maestría en Administración de Empresas, ha ocupado diversos cargos en instituciones académicas científicas y es consultor de economía, finanzas y gestión, tanto en su país como para organizaciones multilaterales. Ha trabajado en la reforma del sistema educativo haitiano incluyendo la elaboración del Plan Nacional de Educación y Formación (1996) y la coordinación reciente de una Comisión Presidencial sobre la Educación que elaboraró un proyecto de Pacto Nacional sobre la Educación.

Notas

Este artículo ha sido traducido por Magda Mathurin, profesora de francés de APEC y analista de la DIAPE.

  1. La Escuela de Ciencias Aplicadas comienza a ser financiada con los fondos estatales a partir de 1906 y continuará beneficiándose del apoyo del Gobierno con la Facultad de la Universidad del Estado, creada en 1944, y luego cuando pasa a ser una entidad dependiente en 1961.
  2. Haití se divide, después de la muerte del emperador Jean Jacques Dessalines, en dos repúblicas: la parte norte, bajo el mando de la presidencia de Henry Christophe, y el oeste, con el presidente Alexandre Pétion.

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