Artículo de Revista Global 57

La Escuela Azul: El florecimiento de una comunidad de lectores infantiles

Nacida de la pasión de un pequeño grupo de jóvenes escritores, la Fundación Literaria Aníbal Montaño (FLAM) ejecuta una elogiable labor cultural y educativa entre niños del Sur, especialmente en la ciudad de San Cristóbal, la cual está enfocada en la promoción del hábito de lectura y el incentivo a la narrativa corta y la poesía. Frente a la debilidad de las instituciones educativas y de los proyectos de estímulo a la lectura y la escritura creativa, esta institución presenta una opción de desarrollo innovadora y de bajo costo.

La Escuela Azul: El florecimiento de una comunidad de lectores infantiles

La Puerta del Sur, tierra donde se escribió la Constitución fundadora de la República Dominicana, tiene un nuevo motivo de orgullo. Para conocerlo nos trasladamos al sector de Madre Vieja Norte, en la principal ciudad de la provincia de San Cristóbal. El atractivo local sobresale en medio de tanta pobreza. Se trata de la Casa Azul, donde desde hace tiempo la Fundación Literaria Aníbal Montaño (flam) ofrece talleres de escritura a los niños de la comunidad.

Es una casa de vecindad, típica de la clase baja pueblerina, con dos dormitorios. El exterior parece pintado por infantes, y el interior posee el colorido de un maternal. La falta de espacio obliga a dividir en dos grupos a los estudiantes. Me quedo con el grupo más pequeño, al que se le asigna el patio trasero, cubierto por la sombra de un cerezo. A mi derecha, el baño, donde una enorme araña negra da la bienvenida a los usuarios.

Los niños se encuentran tan motivados que aparentan ir al recreo en vez de dirigirse a un taller de escritura.

–No hay obligación de asistir –me dice Ramón Mesa, uno de los creadores de la fundación, y empiezo a entender la relajación del ambiente.

El grupo de niños se sienta formando un círculo. Alrededor se mueven los cuatro gallos del vecino. Mientras aguardan, los alumnos mantienen distintas conversaciones sin importancia, típicas de la infancia. De repente, Mesa coloca un pliego de cartón en el centro y encima un reloj de oficina de unos cincuenta centímetros de diámetro.

–Son las diez –afirma Ysabel.

–No –responde Horeb–, son las nueve y cuarenta y cinco.

–Son las nueve –comenta en voz alta Rosa hablando con su amiguita Diana.

Tras breves minutos Mesa retira la pila del reloj, deteniendo su movimiento. Al volver a su asiento, empieza el diálogo con los presentes:

–¿Qué pasó? –pregunta calmadamente el coordinador.

–El reloj se paró –dice Rosa.

–El reloj se muere –asegura Jaison, uno de los gemelos sentados a mi izquierda.

–¿Qué se para cuando se detiene el reloj? –pregunta Mesa.

La respuesta de los presentes es unánime: Se detiene el tiempo.

A seguidas empiezan las figuras literarias: el reloj cual ser viviente, si se detiene es porque está muerto; por consiguiente, el tiempo también está muerto.

–El corazón del reloj se paró –asegura Jaicol, el otro gemelo, mudo hasta ahora.

–El tic tac del reloj se parece a los pasos, [por lo tanto] el reloj caminaba y ya no camina –dice tiernamente Yibely.

Mesa se para y añade hojas secas alrededor del reloj, aumentando el dramatismo de la escena. De inmediato la muerte del reloj se enlaza con lo marchito de las hojas. Trabajando el nuevo elemento relacionamos estación del año con el color de las hojas.

Para finalizar Ramón coloca flores junto a estas, complicando aún más el ejercicio; reto que los presentes aceptan sin duda ni recelo. Me maravillo al ver niños de cuatro a doce años escribiendo poesía con honestidad y pasión.

«¿Cuál es la clave de este método?», le pregunto al coordinador.

«Romper con la lógica a través de la socialización de los símbolos; deconstruir los objetos y construir otra realidad a partir de lo que estamos viendo y palpando; enriquecer el imaginario a partir de eso que está a nuestro alrededor».

Y continúa:

«Cuando disciplinas a los niños en esa dinámica por seis meses, por un año, manejando dos libros (los poemarios Chinchina busca el tiempo de Manuel del Cabral y Pájaro dentro de la lluvia de Enriquillo Sánchez) logras un nivel lingüístico y una capacidad creativa muy por encima del nivel promedio. La gente está acostumbrada a la literatura infantil que importamos, donde se habla de príncipes y hadas de un país lejano, con princesa incluida; aquí, en cambio, se habla del entorno que nos rodea. Esos textos importados tan superficiales no permiten que un adulto pase de las lecturas de Paulo Coelho, es decir, de la literatura de autoayuda o superación personal; no son creativos, ni capaces de entender una obra como la de Franz Kafka, por ejemplo. A ese cuento importado incluso se le pone al pie la moraleja, porque se considera que el chico no tiene la capacidad para deducir lo que dice el cuento. Y también se le coloca un glosario al final porque tampoco tiene capacidad de asociar las palabras desconocidas. En pocas palabras, el chico es un estúpido, incapaz de comprender, de intuir».

En este momento, Jaicol nos interrumpe para preguntarle algo al coordinador. Aprovecho para mirar el entorno: los niños escriben y los cuatro gallos del vecino cantan.

«En la educación tradicional –continúa Mesa– se cree que los chicos tienen que comprender y yo creo que deben intuir el texto. Esa es mi gran crítica a la literatura infantil, que no es más que una clasificación editorial y comercial. Cuando el chico no sabe leer ni escribir, algunos lo creerían incapaz de participar en un proceso creativo como este. En nuestro taller sí viene, sí participa, sí escucha la dinámica y sí se incorpora, y como su pensamiento es más acelerado que su capacidad para escribir los compañeros le escriben sus textos. ¡Y ahí está el poema! Entonces, cuando se publica, el chico está motivado para aprender a leer; porque quiere leerse él mismo y ve que sus compañeros lo leen y lo elogian porque hizo algo creativo, novedoso, interesante. Entonces el chico acelera su proceso de alfabetización».

Noto que la actividad del taller cambia positivamente el comportamiento, los hábitos y la aptitud de los participantes; que rozan en algunos el «fanatismo», dedicando mucho tiempo –antes ocioso– a la escritura creativa. Se sabe de casos en que consagran tardes completas a la actividad, como aquel chico que escribió treinta títulos en igual número de páginas con el objetivo de escribir una producción completa cada día. Los padres perciben un cambio conductual positivo en los participantes, así como los profesores de la escuela, quienes son testigos del aumento de la participación en el aula, la mayor facilidad de expresión y la mejoría de las notas.

«Así como aprendemos a hablar –concluye mi interlocutor–, el chico aprende a construir de manera creativa y a escribir de manera creativa, y a pensar de manera creativa. Porque el lenguaje se aprende hablando, no buscando en diccionarios. Posiblemente de todas las palabras que posee tu cerebro, quizás un uno por ciento las has buscado en un diccionario, las demás las aprendiste de manera natural a través de la lectura y del contexto: en un libro lo lees en un contexto, en otro libro lo lees en otro contexto; y vas socializando y vas intuyendo el significado de las palabras. Por eso en nuestros talleres el diccionario está a un lado. Aquí se trata del placer de leer, el placer de crear, el placer de intuir y disfrutar la belleza de la literatura y la creatividad».

Abrirse al mundo y compartir lo aprendido

El don para las letras de Ramón Mesa, quien se define como «hijo de un campesino agricultor y gallero de mucho renombre», es el origen de este proyecto del que puedo dar testimonio. Confiado en su talento para la pintura, el joven Mesa se inscribe en el Liceo Enedina Puello Renville, ignorando lo que el destino le tiene preparado. Algunas «composiciones» de su autoría llaman la atención de profesoras cercanas, quienes lo motivan a crear un grupo literario extracurricular, el cual estaría encabezado por el también alumno Jorge Luis Soto. Esto ocurría en el año 1997.

El interés común motiva a un pequeño grupo de jóvenes escritores a reunirse en la gobernación provincial de San Cristóbal durante 1998, quienes cuestionan de manera inquisidora las obras que leen. El ejercicio supone un crecimiento del mundo cultural pocas veces visto en esa geografía.

El siguiente local informal del grupo es el patio de la Casa de Cultura de San Cristóbal, espacio más acorde a la naturaleza de los interesados. El rumor trabaja en favor de los jóvenes escritores llegando a oídos de los responsables del Consejo Presidencial de Cultura, que los invita a participar formalmente en el Sistema Nacional de Talleres Literarios, algo más que «suerte de principiantes».

Por su parte, el grupo decide poseer identidad institucional, adoptando el nombre de Proyección Artística 2000. La madurez de su obra crítica crece y decide cambiar su nombre por el de Círculo Literario Yelidá, en honor al gran poema de Tomás Hernández Franco, uno de los textos capitales de la poesía dominicana del siglo xx. Aquí pasan tres años estudiando obras clásicas y criollas, que enriquecen considerablemente la destreza de los miembros.

Las circunstancias cambian la residencia de los jóvenes de Yelidá, por primera vez fuera de su natal San Cristóbal, para asentarlos en la capital, específicamente en la Librería Thesaurus. En 2003 ocurre un evento grave: la muerte en accidente de tránsito de uno de sus integrantes, Aníbal Montaño. El grupo no volverá a ser el mismo.

Esta partida inesperada lleva a Ysabel Florentino y a Ramón Mesa a un cuestionamiento profundo de la razón de ser de la institución que coordinan. ¿No es hora ya de abrirse al mundo y compartir lo aprendido?, se preguntan.  En el 2007 estos jóvenes emprendedores relanzan las actividades culturales con la creación de la Fundación Literaria Aníbal Montaño, en honor al compañero fallecido, nombre bajo el que trabajan hasta el día de hoy.

La Fundación Literaria Aníbal Montaño

La Fundación está compuesta por Ysabel Florentino, presidenta; Ramón Aníbal Mesa, vicepresidente; Marlex Indhira Rodríguez, secretaria; Yaina Melissa Rodríguez, tesorera; Jesús Antonio Cordero García, Formación; David Alexander Félix Sena, Organización; Jolaine Mojica, Relaciones Públicas; Domingo Alberto Guzmán, vocero; Martha María Rodríguez, Asuntos Legales; Santa Martínez Pozo, vocal; y Alexy Aybar, vocal.

Tal como se puede leer en sus estatutos, trabaja con la misión de «Desarrollar la cultura mediante el incentivo del hábito de lectura y de la escritura creativa en la juventud y la niñez; y mediante la vinculación con diversos sectores e instituciones públicas y privadas comprometidas con el desarrollo sociocultural de la provincia de San Cristóbal y la región sur del país».

El respeto de la Fundación al orden jurídico-legal es, simplemente, elogiable: registros de la Oficina Nacional de la Propiedad Industrial (onapi); del Ayuntamiento Municipal de San Cristóbal (amsc); de la Procuraduría General de Corte de Apelación del Departamento Judicial de San Cristóbal; de la Dirección General de Impuestos Internos (dgii); del Centro Nacional de Fomento y Promoción de asfl (Ministerio de Economía y Planificación); del Ministerio de Educación (minerd); y de la Dirección General de Contrataciones Públicas (Ministerio de Hacienda). Estas incorporaciones la convierten en una organización no gubernamental respetuosa de la institucionalidad en la provincia de San Cristóbal y en una de las más organizadas de la región Sur del país.

¡Y para colmo declaran sus impuestos!

La carpeta de proyectos de la flam es refrescante, llena de originalidad y vida. Con el objetivo de promover la literatura entre los niños y jóvenes de los barrios de la provincia de San Cristóbal y de la región Sur, se creó «Mi barrio en letras». Este es, en cierto modo, la introducción al sistema de enseñanza de la flam. Con él se promueve el hábito de lectura mediante el préstamo de libros, que deben ser leídos durante la semana para luego comentarse durante el encuentro sabatino. También se comparten los textos propios de los alumnos. Una vez alcanzados los objetivos y metas de «Mi barrio en letras», los alumnos poseen actitudes lingüísticas e imaginativas sobresalientes, siendo el siguiente paso el aprendizaje de la escritura creativa, desarrollada «de modo divertido y entusiasta, y con gran profundidad conceptual», como afirma mi interlocutor. Ese «nivel» es conocido como «Promoción 101 Niños Poetas de San Cristóbal».

Impartidos ya los talleres de hábito de lectura, de poesía y de creatividad, el siguiente proyecto es la promoción del cuento como género literario, analizando su desarrollo y trascendencia en la cultura dominicana. Para ello la fundación crea la Bienal Nacional del Cuento y Maratón del Cuento Dominicano. La primera versión, dedicada al profesor Juan Bosch, se lleva a cabo del 23 de mayo al 25 de julio del 2009 en la provincia de San Cristóbal, reuniendo a más de un centenar de escritores y talleristas en conferencias, cine-fórums, presentaciones de libros y lecturas, y culminando con un gran maratón de cuentos. La segunda versión se desarrolla del 11 de junio al 30 de julio del 2011, dedicada a la cuentística del escritor sancristobalense Diógenes Valdez, ganador del Premio Nacional de Literatura 2005.

Para proyectarse más allá de la provincia de San Cristóbal se concibe «El Sur cuenta», una serie de encuentros, talleres, publicaciones y exposiciones dirigidos a dinamizar el quehacer literario de las demás provincias de la región Sur del país. Las primeras actividades de este proyecto se desarrollaron con miras a la celebración de la II Bienal Nacional del Cuento San Cristóbal 2011, y los primeros talleres de escritura creativa se están impartiendo en la provincia de Azua, con miras a incluir Barahona, Peravia y Ocoa.

Para «foguearse», algunos integrantes de los talleres de la Fundación Literaria Aníbal Montaño constituyen el grupo Nuevos Narradores Sancristobalenses, como forma de aglutinarse para escribir narrativa corta y participar en la Bienal Nacional del Cuento, también de su iniciativa. La primera lectura pública de este grupo de cuentistas jóvenes se realizó en la Casa de la Cultura en junio del 2008, con motivo del IV Homenaje a Juan Bosch que organizara la propia flam. Una segunda lectura se llevó a cabo en la Feria Regional del Libro de San Juan de la Maguana en el año 2008. Una tercera tuvo lugar en el Ministerio de Cultura de Santo Domingo.

La innovación de la flam continúa expresándose en «los asuntos de género», produciendo como resultado la creación del grupo Narradoras de San Cristóbal, agrupación formada exclusivamente por mujeres, cuyo objetivo es estudiar y promover la narrativa femenina, tanto en la provincia como en la región Sur.

Ante tanta producción escrita, la flam considera que es el momento de poseer su sello propio, por lo que decide crear el Grupo Editorial Montaño. El grupo edita tanto sus  proyectos como los  de otras instituciones.

Llegados a este punto nos preguntamos si tanto esfuerzo ha valido la pena o si puede ser cuantificado de alguna forma, y la respuesta que recibo me deja boquiabierto: Premio Provincial de la Juventud en Aportes a los Derechos Humanos de la Niñez y la Juventud, otorgado por el Ministerio de la Juventud; Aporte Cultural a la Región Sur, junto a la Universidad de Barahona y el Centro Cultural Perelló, otorgado por el Ministerio de Cultura; Premio Nacional de Poesía Joven, otorgado por la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo; Premio Nacional de la Juventud en Desarrollo Cultural, otorgado por el Ministerio de la Juventud; Institución Cultural del Año, otorgado por el Premio de Arte y Cultura Fradique Lizardo; Premio Brugal Cree en su Gente 2013, otorgado por la Fundación Brugal; además de otros 55 premios cuya presentación detallada sería asfixiante para el lector.

Más allá de la acumulación de premios, medallas, trofeos y reconocimientos, la flam prepara su próximo gran proyecto, el cual beneficiaría a toda la provincia y al turismo nacional: la creación del Museo de la Constitución Dominicana, memoria tangible del gran evento del 6 de noviembre de 1844.

Una luz que ilumina la oscuridad que dejaste en mí

Muchos poemas y cuentos se han escrito desde que en el año 1997 Ysabel Florentino, Ramón Mesa y un grupo de amigos empezaron a realizar talleres, como parte de un estilo de vida y una búsqueda insaciable del quehacer literario.

El decreto de incorporación 011ONG-08 del año 2007 institucionaliza la actividad de estos jóvenes escritores y les da un rostro formal que utilizan como carta de presentación ante la sociedad dominicana.

La pasada administración edilicia de José Montás es elogiada efusiva y sinceramente por los directivos de la flam, cuya ejecución plena y transparente del presupuesto participativo disfrutaron iglesias, estudiantes, juntas de vecinos y ong sin importar la bandería política.

Con respecto a la infraestructura del local donde se reúnen, Ramón Mesa afirma que la próxima meta es arreglar el techo de zinc que gotea y techar el patio: «No traemos el librero con la pequeña biblioteca debido a las goteras. Soñamos con comprar la propiedad. También planeamos tener uno o dos colaboradores trabajando a tiempo completo».

Ante este escenario desalentador cerramos con el poema No puede ser del niño Eric Sander Severino, de tan solo 9 años:

No puede ser que el cielo se derrumbe

Y que no vaya a amanecer

Que no estén las estrellas

Que todo sea fantasía

Y despierte y no te vea

Que no sienta la caricia del sol

Causada por una luz

Que ilumina la oscuridad

que dejaste en mí.

Orlando R. Martínez realizó una licenciatura en Administración de Mercados (Marketing) en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (unphu). Ha sido redactor y asistente de editor en el matutino Listín Diario y en el extinto vespertino La Nación. Ha desarrollado también la investigación documental para varias instituciones, tanto públicas como privadas.


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