Artículo de Revista Global 9

La nueva izquierda latinoamericana

Una exploración de la nueva izquierda que gana terreno en la región y su repercusión en la gobernabilidad, a partir del análisis de la elección de Evo Morales como presidente de Bolivia.

La nueva izquierda latinoamericana

Algunas ideas sobre la situación regional desde la victoria de Evo Morales La sorprendente elección del líder cocalero Evo Morales como presidente de Bolivia a finales de 2005 representa el hito más reciente del surgimiento de la izquierda como opción de poder en América Latina. Si bien esta corriente perdió la Guerra Fría a finales de la década de los ochenta, a principios del siglo XXI la izquierda latinoamericana parece haber logrado el poder a través de revoluciones en democracia, como la que catapultó a Morales a la Presidencia. En este breve ensayo se analiza el surgimiento de la nueva izquierda en América Latina a partir del análisis de la elección como presidente de Bolivia del líder cocalero Evo Morales. Se intenta, además, entender las diferencias entre las distintas expresiones de esta corriente, pues no es monolítica, sino más bien una colección ecléctica que engloba desde el populismo radical hasta el pragmatismo socialdemócrata. La diversidad de esta izquierda demuestra que la interpretación periodística de la existencia de ejes del bien y del mal está lejos de la realidad. Se trata más bien de un amplio espectro de opciones de política pública dentro de un paraguas que se podría denominar la Nueva Izquierda (NI).

Otro objetivo es especular sobre la gobernabilidad democrática bajo los términos de esta nueva izquierda. Algunas de las interrogantes tienen que ver con el papel que pueda cumplir una oposición reducida, la institucionalidad emergente, y los riesgos que tiene para la democracia la concentración de poder en un individuo o un movimiento.

  1. ¿Cuán nueva es la Nueva Izquierda y porqué surgió?

Cualquiera que oyera el discurso de victoria del presidente electo, Evo Morales, pensaría que su surgimiento, así como el de otros gobiernos de esta nueva izquierda, representan una verdadera novedad y que algo significativamente nuevo está ocurriendo en América Latina. Y sin duda algo de mucha importancia ha ocurrido en Bolivia y se han evidenciado cambios en las tendencias políticas regionales. Sin embargo, tanto la presencia de Morales como la de otros líderes de esta nueva izquierda reflejan que hay más continuidad que cambio, especialmente en cuanto al comportamiento específico de los actores. A continuación se analizan factores nuevos y viejos que interactúan en la asunción de esta NI.

Los déficit de la democracia representativa. La transición a la democracia en los años ochenta llevó a una buena parte de la intelectualidad continental a enfocar el tema de los requisitos para la consolidación de la democracia representativa. Para algunos, Venezuela se había convertido en el caso paradigmático de dicha consolidación. Para otros, el proceso de transición era demasiado dinámico para hablar de consolidación, además de que las condiciones en cada país varían enormemente. En todo caso, el proceso de democratización reveló sobre todo una serie de déficit que eran de esperarse, dada la complejidad del mismo. Quizá lo más seguro era apostar a que el dinamismo del proceso se aceleraría mucho antes de que se consolidara una democracia representativa.

Los outsiders. Tanto Evo como otros de esta NI se ufanan de ser outsiders que representan a los que carecen de representación y que por ser de afuera son condición sine qua non para el cambio. Desde que América Latina abandonó el autoritarismo militar e ingresó en la democratización, en muchos países se han presentado outsiders como opciones nuevas. Aún en Estados Unidos, presentarse como el candidato outsider ha sido una táctica utilizada hasta por los máximos representantes del establishment norteamericano, como la familia Bush. En Perú, el ejemplo de candidato outsider más extremo fue el de Alberto Fujimori, quien se enfrentó en elecciones con Mario Vargas Llosa, cuya campaña, asesorada por Sawyer and Miller de Washington, también lo presentaba como una opción diferente a los políticos tradicionales y corruptos.

En este mismo sentido, Morales se presentó como un outsider, atacando a los partidos tradicionales no sólo por las políticas económicas que estos impulsaron estando en el gobierno, sino también por la corrupción que supuestamente caracterizó su accionar.

El rechazo a los partidos políticos tradicionales se vincula estrechamente con la percepción popular que sobre éstos prevalece en toda la región. Esta característica tampoco es nueva.

Desde que se tienen datos sobre la confianza ciudadana en los partidos políticos, se ha evidenciado que éstos siempre han estado a la zaga de otras instituciones. Por este motivo el tema de presentarse como outsiders ha sido clave, pues es importante aparentar ser de afuera y sin la contaminación de la clase política tradicional. Los partidos viejos son percibidos como corruptos, cerrados, poco representativos y vinculados a los intereses de pequeños grupos eco nómicos internos y a fuerzas transnacionales grandes y tenebrosas.

La base social. En las últimas tres décadas la mayoría de los países de la región han experimentado transformaciones demográficas enormes, no sólo por el crecimiento vegetativo de la población, sino por los patrones de migración, tanto interna como externa. En cada país se presentan situaciones donde un acelerado proceso de urbanización ha cambiado no sólo la estética de las ciudades, sino también la composición del electorado.

Hoy hasta en los países más pobres de la región la población es principalmente urbana. A mediados de los años ochenta se convirtió a esta vasta masa en el sector informal por su falta de vínculo con el sistema económico formal. Pocos fueron, sin embargo, los que analizaron la falta de vínculos políticos de esta población. En particular, los partidos tradicionales continuaron su acostumbrada práctica de hacer campañas para las masas y gobernar a través de la distribución de cargos y puestos para la clase media urbana. Es decir, más allá de identificar a esta nueva masa de votantes, el sistema político tradicional carecía de entregables por decirlo de alguna manera que los vinculara. Por muchos años estos sectores se autoorganizaron al carecer de instituciones a las que se podían vincular¹. Esta sociedad informal autoorganizada estaba presta a ser capturada por algún proyecto político que la pusiera en el centro mismo de su propuesta.

Durante las dos décadas de democracia representativa, estos sectores periféricos pasaron de ser actores políticamente marginales a estar en el centro mismo del escenario político. Y fueron precisamente los actores políticos que se autodefinieron como outsiders los que lograron capturar el voto de estos sectores.

Pero más allá de su presencia nueva que sí es algo nuevo políticamente hablando por la edad del grupo y su muy reciente participación en la política, este sector aglutina a algunas de las víctimas del modelo económico. Por ejemplo, la libre contratación produjo un enorme cambio en la estructura de los mercados laborales, de tal manera que trabajadores que antes gozaban de cierta protección sindical pasaron a ser individuos anónimos en un vasto sector informal que no ofrecía ninguna garantía.

Si bien los sectores informal y obrero urbanos han sido un importante pilar de apoyo para el surgimiento de esta nueva izquierda, también lo fue la participación política rural. La contribución rural a este fenómeno varía por país: desde los cocaleros en Bolivia hasta los campesinos de los llanos venezolanos.

En este panorama amplio también es notable la presencia de la clase media urbana que se acopla tardíamente a los movimientos de esta NI y, por lo tanto, se convierten principalmente en actores subordinados a los liderazgos que han surgido. Esta diferencia es importante, pues en el pasado la intelectualidad de la clase media fue la que estuvo en el centro mismo de procesos de gran envergadura, entre ellos las revoluciones bolivianas, cubanas, nicaragüenses y mexicanas.

El modelo económico. La condena al modelo neoliberal se ha convertido en un eslogan repetido en toda la región, aunque la realidad de la situación en cada país se deba más al mal manejo que a las fallas de la estrategia de desarrollo. Junto con las continuas críticas a la globalización, al ALCA y a cualquier tipo de integración con Estados Unidos, en los países de Suramérica en particular, el grito anti-neoliberal es uno de los temas que ha ayudado a forjar a esta nueva izquierda.

Las promesas de estos sectores no son, sin embargo, para producir algo nuevo. Son más bien promesas de retornar a la época Estado-céntrica donde el sector privado cumplía una función secundaria frente al Estado en materia de creación de empleo, ahorro e inversión. La crítica generalizada es que el modelo neoliberal fracasó en su intento de reemplazar estas funciones y, por lo tanto, es hora de retornar a lo que se sabe que funcionó durante varias décadas.

Las ONG. Retornando brevemente a la discusión sobre la base social de esta NI, es importante retomar la noción de sociedades desorganizadas sin vínculo con las instituciones políticas tradicionales en la mayoría de los países donde esta NI ha surgido. En ese contexto de explosión demográfica y ausencia institucional, se produjo durante la democratización una simultánea explosión de organizaciones no gubernamentales de toda índole.

Una buena parte de estas ONG se identificó con esta NI y se convirtió en un importante instrumento de formación de cuadros. En la región andina en particular, estas ONG se beneficiaron enormemente de fondos de la cooperación internacional, incluyendo especialmente a la norteamericana. Gracias a estos fondos, las ONG locales lograron expandirse considerablemente, aunque nunca pudieron auto sostenerse.

Es importante destacar, por su contribución al surgimiento de la NI, la notable presencia de ONG internacionales (IONG): organizaciones francesas, danesas, suecas, alemanas y norteamericanas acentuaron su presencia a veces funcionando más como organizaciones políticas locales que como parte de una cooperación internacional.

  1. Las diferentes izquierdas en las Américas

Sería más fácil entender la situación si la región estuviese dividida en dos bloques nítidos como algunos periodistas, analistas y funcionarios de algunos gobiernos piensan. A partir del ataque terrorista a Estados Unidos en 2001 se ha puesto de moda la caracterización dicotómica de la región: entre los buenos y los malos, los que luchan contra el terrorismo versus los que lo apoyan, los que luchan por los pobres y los que quieren preservar los privilegios de los ricos, etcétera. La realidad, sin embargo, es siempre mucho más compleja y estas simples dicotomías son sobre todo banderas políticas y no categorías de análisis. La región demuestra más bien una muy ecléctica mezcla de políticas públicas que sugieren que la NI es mucho más pragmática, en términos generales, que sus antepasados.

Desde la victoria de Evo Morales, se habla de un eje La Habana, Caracas, La Paz. No fue casual la visita del presidente boliviano a Fidel Castro y Hugo Chávez como primer acto post electoral, ni las ofertas de apoyos específicos que éstos le hicieron. Este eje está particularmente unido por el antiamericanismo y una visión del socialismo financiado por las regalías petroleras de Venezuela.

Más allá de la retórica, aún este eje se rige por las realidades de la globalización. Luego de visitar a Castro y a Chávez, Morales visitó España, Francia, China, el Sur de África, Brasil y Argentina. En cada parada, la posición del flamante presidente reflejaba un viraje hacia el centro, prometiendo no confiscar los bienes a las empresas españolas y francesas, pidiendo inversión china y ofreciendo una relación privilegiada a Brasil y Argentina.

Si existe otro eje de izquierda en Suramérica éste pasaría por Brasilia, Montevideo y Santiago. En Santiago, el Partido Socialista ha venido gobernando Chile exitosamente y se acaba de reelegir, pero no con enormes promesas populistas como la izquierda boliviana, sino más bien con expectativas de profundizar el mercado vía una enorme gama de tratados de libre comercio y mejorar la calidad de vida de los sectores más pobres.

En Brasil, el presidente Lula ha gobernado con la misma política económica de su antecesor. Las acusaciones de corrupción en contra de su gobierno han minado sus posibilidades de reelegirse, demostrando, además, que las virtudes de la NI no son diferentes a las de la derecha neoliberal. Tabaré Vásquez, el aún nuevo presidente de Uruguay, ha revelado su propio pragmatismo a través de la continuidad de políticas de mercado y el anuncio de que buscará un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

En resumen, si se juzga a la NI por estos dos ejes, lo más notable es que ambos se rigen por un pragmatismo profundo, aunque la retórica antiamericana del primer grupo confunde realmente el contenido de las políticas económicas que persiguen.

  1. La gobernabilidad democrática y la Nueva Izquierda

Los problemas de la gobernabilidad democrática en América Latina desde la transición a la democracia han sido numerosos y, a pesar de que estos tenían rasgos estructurales, parecen haberse reducido de manera significativa, aunque a la vez el impacto de las tendencias bajo la NI llevan a cuestionar seriamente si se logrará preservar el pluralismo democrático que ha sido el principal mérito de la democratización en la región.

El inmovilismo. Durante las últimas dos décadas se ha venido hablando de las dificultades de la gobernabilidad en sistemas presidencialistas multipartidarios donde era extremadamente difícil lograr una mayoría congresual para apoyar las iniciativas del Poder Ejecutivo. Esta situación se traducía simplemente en luchas de poderes y una hasta lógica tendencia hacia el inmovilismo y gobiernos por decreto.

En algunos países como Bolivia se desarrolló un mecanismo importante que logró romper este inmovilismo y produjo a través de eclécticas coaliciones parlamentarias arreglos que permitieron a gobiernos minoritarios imponer políticas económicas y de diversa índole. Esta llamada “democracia pactada” logró vencer el inmovilismo, pero a la vez exacerbó el clientelismo político y contribuyó al descrédito del sistema de partidos.

Con el surgimiento de la NI, especialmente a través del control absoluto que ésta tiene sobre las legislaturas de Bolivia y Venezuela, el tema del inmovilismo parece haberse resuelto sin la necesidad de coaliciones clientelistas que minan la legitimidad del sistema. En este sentido, se ha resuelto, por ahora al menos, el problema básico de la incapacidad de formar mayorías para implementar políticas públicas.

Si bien este es un desarrollo importante, a la vez, la tendencia hacia el control mayoritario por parte de una fuerza política erosiona la esencia de la democratización latinoamericana, que ha sido el pluralismo político y la presencia de múltiples expresiones y visiones. En algún sentido este es un tradeoff necesario para poder imponer políticas públicas específicas que reflejen el mandato electoral. A la vez, y especialmente en países como Bolivia y Venezuela, la desaparición de una oposición viable debería ser una preocupación constante, pues con ella se elimina toda posibilidad de limitar abusos de poder por parte de una fuerza mayoritaria.

La calle. Desde mediados de los años noventa, la calle se convirtió para algunos en un poder fáctico con una verdadera capacidad de derrocar gobiernos, y, como tal, una amenaza mayor a la gobernabilidad democrática que los “puntos muertos” entre Congreso y Ejecutivo. Puesto de una manera muy clara, el dilema era que la institucionalidad democrática controlaba un poder formal pero el poder real residía en la calle.

En estas circunstancias, la gobernabilidad era virtualmente imposible, pues cualquier iniciativa desde la formalidad política se veía bloqueada literalmente por las movilizaciones callejeras que paralizaban al país, hasta que la medida fuera modificada para satisfacer lo que la calle demandaba.

La llegada al poder formal de la NI representa de alguna manera la llegada de la calle al poder. No es sorprendente, por ejemplo, la impresión ciudadana en un país como Bolivia donde algunos votantes optaron por apoyar a Evo Morales, pues como era percibido como el principal bloqueador, era también el único capaz de desbloquear las calles. Es posible que la conjunción de la calle con el poder formal contribuya a mejorar el problema de la gobernabilidad que tanto afectó a los gobiernos democráticos que carecían de una base social real.

La concentración de poder. Durante una parte importante de las últimas dos décadas se han debatido intensamente los problemas del presidencialismo latinoamericano y su incapacidad de lograr gobiernos mayoritarios por la presencia de una enorme cantidad de partidos políticos. Este problema se analizó en el primer acápite de esta sección.

La NI tiene esta situación en algunos países, aunque en Brasil, Chile y Uruguay la colaboración con la oposición congresual ha sido un reflejo del consenso básico existente en esos países sobre las reglas del juego democrático y la relativa fortaleza de sus instituciones.

El presidencialismo en lugares como Venezuela (¿y ahora Bolivia?) parece haberse sobrepuesto a este problema producto de los resultados de las urnas, pero también a través de la modificación profunda de las reglas de juego que sobre todo apuntan hacia la concentración de poder en el Ejecutivo y hacia el caudillismo. En este tipo de sistema se logra la gobernabilidad fundamentalmente porque desaparece la oposición, se impone la voluntad del partido mayoritario y del caudillo.

En este sentido, el pluralismo de la democracia representativa corre el enorme riesgo de ser substituido por el corporativismo, donde se confunde democracia participativa con la representación funcional. El gran desafío para la NI es poder gobernar con una fuerza mayoritaria sin caer en la trampa de la hegemonía y el autoritarismo.

  1. Conclusión

En este breve ensayo se identificaron de manera esquemática y preliminar las características de la Nueva Izquierda emergente en este hemisferio, y se desprenden tres conclusiones generales.

  • Los motivos por los cuales ha surgido la NI son numerosos, pero es obvio que es producto tanto de las condiciones estructurales de la región como de las fallas de las políticas públicas impulsadas por las incipientes democracias en las décadas pasadas.
  • No existe una solo izquierda en la región, pero sí son identificables, al menos, dos ejes (a falta de otro concepto). El eje La Habana, Caracas, La Paz es el que hoy comúnmente interpretado como el de mayor peso, aunque aún se caracteriza por un profundo pragmatismo. El otro es de mayor pragmatismo, especialmente en su aceptación plena de la democracia representativa y las políticas de mercado, incluyendo la necesidad de forjar TLC con Estados Unidos.
  • La NI gobernará una buena proporción de la región en los años venideros y el análisis de su performance quedará pendiente. Si se considera el caso chileno, uruguayo o brasileño, el legado puede ser interesante y las lecciones importantes. El legado venezolano y boliviano está aún por verse, pues se podrán explorar versiones similares de la izquierda populista aunque la segunda con limitado acceso a enormes regalías petroleras.

Eduardo A. Gamarra  es director del Centro para América Latina y el Caribe de la Universidad Internacional de la Florida y profesor en esa misma institución.  Es consultor senior de Newlink Political y editor de la revista Hemisphere. Autor de varios libros entre los que se destacan  Revolution and Reaction: Bolivia 1964-1985; tres volúmenes del Latin America and  Caribbean Contemporary Record; Latin American Political Economy in the Age of Neoliberal  Reform; Democracy Markets and Structural Reform in Latin America; Argentina, Bolivia, Brazil, Chile and Mexico, y Entre la droga y la democracia. Es miembro del Consejo Editorial de Foreign Affairs en Español, Colombia Internacional y del Council for International Exchange of Scholars.

Notas

1 Las expresiones más conocidas de las organizaciones creadas por sectores informales son las de los piqueteros en Argentina y las federaciones de vecinos de Bolivia. En ambos casos, sus movilizaciones pusieron en enormes aprietos a los débiles gobiernos democráticos.