Artículo de Revista Global 37

La situación electoral de Haití, causas y consecuencias

Las elecciones y los sectores que intervienen en estas dependen del proceso histórico y la estructura cultural de una nación. Es la situación de la República de Haití: unos se atienden al mercado económico-político y otros tratan de que la correlación de fuerzas reales –y hasta las estimadas – no los sorprendan.

La situación electoral de Haití, causas y consecuencias

Para referirnos al proceso electoral de Haití, hay que considerar todos los factores y políticas, que no siempre es posible decir lo que son, o sea, no se puede definir cuáles son los izquierdistas, los derechistas, los centristas, entre otras tendencias políticas. La mayor parte de las veces puede ser producto de una política espontánea, es decir, los partidos políticos de base no están estructurados, lo que implica la proliferación, la multiplicación de los grupúsculos que pueden llegar al poder sin establecer un programa de gobierno serio.

El primer factor: Haití tiene una tasa de analfabetismo de un 48.1% entre la población adulta (15 años y más), y una estructura de población joven (15 a 24 años) de un 33.8% que siempre cree en el hombre candidato más que en un programa de gobierno.

El segundo factor: La carencia institucional, que implica que el sistema institucional que motiva estas consideraciones es como un recipiente. Todo lo que interviene en este recipiente (por ejemplo, recursos humanos) va a ser considerado como un líquido que tomará la forma del vaso.

Tenemos una falla desde la base, es decir educativa, que es la condición sine qua non para el desarrollo normal en todos los niveles, y es esta falla la que constituye un problema mayor para el porvenir del país.

El 28 de febrero de 2010, Haití tenía previsto celebrar elecciones, ya que el 8 de mayo terminaba el mandato de los diputados. Sin embargo, la devastación d el 12 de enero lo impidió. La Cámara de Diputados cuenta con 99 miembros, y el Senado con 27, debido a que un escaño está vacío porque el Consejo Electoral Provisional (CEP) tuvo que suspender las votaciones el año pasado en la región de Plateau Central (Este) a causa de actos de violencia. Además, dos senadores murieron en el terremoto que ha dejado más 200,000 muertos.

En aquel momento, el presidente René Préval declaró a la prensa que en la situación de urgencia que vivía Haití no se podía hablar de elecciones. El ministro Joseph Jasmin, encargado de las relaciones del Ejecutivo con el Parlamento, consideró también que no se podían realizar las elecciones legislativas debido al terremoto.

En aquel entonces, Préval explicó que “las consecuencias del terremoto van a ser mucho más perceptibles en marzo, abril y mayo”, después que pasase el período de ayuda humanitaria, y que solo existía posibilidad de “imaginar” elecciones generales a finales de 2010.

Frente a las manifestaciones por problemas de todo tipo en los campos de refugiados, donde viven más de un millón de personas, la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton abogó en abril pasado por la pronta celebración de los comicios para lograr la estabilidad del país.

Poco tiempo después de estas declaraciones, el presidente Préval enfatizó que “antes de su partida, Haití debía tener un nuevo parlamento y un nuevo presidente”. Señaló que “nos queda todo un año por delante para conseguirlo”, ya que su mandato acaba en febrero de 2010, y que no había “tiempo que perder”.

En opinión del mandatario, si dentro de un año sigue existiendo un Gobierno provisional, sería “una auténtica catástrofe”. “Ese Gobierno no tendría legitimidad; no habría parlamento. Sería una vuelta a 2004”. Creemos que en materia de política siempre se dice lo mismo y culturalmente se hace lo mismo, sobre todo en Haití, donde la diversidad cultural es un obstáculo para su desarrollo.

En 2004, un levantamiento armado forzó la dimisión del entonces presidente Jean-Bertrand Aristide. Entonces, un Gobierno provisional, bajo control de las Naciones Unidas, tomó las riendas del país hasta el 2006, cuando hubo elecciones generales, que ganó el actual presidente René Préval.

Préval está consciente de que la celebración de las elecciones no es una tarea fácil, aunque es absolutamente necesaria para poder garantizar el buen uso de los miles de millones de dólares que los países están destinando a la nación en concepto de ayuda. Cualquiera pensaría que se buscan mejores socios para establecer estas transacciones. No se entiende la causa por la cual la celebración de elecciones condiciona la ayuda de los miles de millones a que se hace referencia.

En junio, el mandatario haitiano fijó las elecciones para elegir a su sucesor y a nuevos legisladores nacionales para el 28 de noviembre. Esta medida desató protestas en el destruido centro de la capital y Préval prometió que dejaría el cargo el 7 de febrero de 2011.

El secretario general de la ONU, Ban Kimoon, celebró el decreto del Gobierno haitiano que ordena la puesta en marcha de los mecanismos electorales. Reiteró el compromiso de las Naciones Unidas de respaldar a las autoridades haitianas en la preparación y celebración de las elecciones, y aseguró que la misión de la ONU en el país (MINUSTAH) cuenta con los recursos necesarios para hacerlo.

OEA, Caricom y ONU trabajan coordinadas

A través de su Departamento de Cooperación y Observación Electoral (DECO), la Organización de Estados Americanos (OEA) ofreció “asistencia técnica que pidió el CEP con el entrenamiento del personal para el manejo de la base de datos y en la aplicación de Oracle”.

Edmund Mulet, jefe de la MINUSTAH, destacó la importancia que estas elecciones tienen para la comunidad internacional y expresó su apoyo al Gobierno haitiano por disponer el comienzo del proceso electoral, a la vez que se opuso al aplazamiento de los comicios, como pretenden algunos sectores políticos, por considerar que un Gobierno de transición no sería beneficioso para la democracia haitiana. Agregó que la comunidad internacional desea que las elecciones sean creíbles, inclusivas y democráticas, y señaló que un proceso electoral problemático podría dar lugar a un clima de inestabilidad.

Es la primera vez en la historia que una misión OEA/Caricom trabaja en conjunto. Esta misión de observación electoral está integrada por más de 150 observadores desplegados a nivel nacional, que deben dar seguimiento al proceso electoral en los meses preliminares a las elecciones así como a la votación misma.

El embajador Alberto Ramdin, secretario adjunto de la OEA, declaró que unas elecciones exitosas podrían redundar en beneficios para la reconstrucción del país: “Si tenemos elecciones al\ final de este año, podríamos prever una mejor situación en febrero del año próximo, que ayude a intensificar el proceso de la reconstrucción social y económica del país y a trabajar para el desarrollo sostenible”.

El presupuesto para las elecciones es de 29 millones de dólares; diez aportados por el Gobierno de Préval, mientras que la comunidad internacional se hará cargo de los restantes 19 millones. De este monto, la Unión Europea (UE) ha comprometido 7 millones de euros (unos 9 millones de dólares) y Estados Unidos 5 millones de dólares. Japón prometió apoyar el proceso electoral con 1.5 millones de dólares, entre otros países.

En el momento en que se produjeron las declaraciones de Ramdin, y según informó el director general del CEP, faltaban cerca de 3 millones de dólares –que se podrían reducir con el aporte de 1.5 millones que prometió Japón– para financiar las elecciones presidenciales y legislativas en el país el próximo 28 de noviembre. Confiado, el funcionario subrayó que la falta de fondos no impediría la celebración de la competencia electoral.

“Varias protestas masivas respondían al enojo de los partidarios de Fanmi Lavalas por la exclusión por parte del CEP, controlado por el presidente Préval, de todos sus candidatos para las próximas elecciones senatoriales de abril de 2009. Los argumentos del CEP para excluir a los candidatos de Lavalas fueron meras excusas formales, las que aprovecharon las divisiones internas en Lavalas para dejarlos al margen de la elección. El gobierno de Préval, incluso, destituyó a un juez que sentenció la necesidad de incluir las candidaturas de Lavalas.

El Senado perdió cuatro senadores del partido oficialista Lespwa: dos que cumplieron su período junto a otros ocho senadores, un tercero que murió y uno más que fue inhabilitado (Reginald Boulos, por doble nacionalidad). Los 12 han estado sin reemplazo debido a la postergación de las elecciones que debían haberse celebrado en noviembre de 2007, pero fueron pospuestas para abril de 2008 y, luego, para abril de 2009.

Estos continuos aplazamientos de las elecciones en Haití son un mal indicio para la consolidación de la democracia. Hay que señalar aquí que los partidos que apoyan el Gobierno de Préval suman 52 diputados, de un total de 99 asientos.

La elección de 12 senadores, recién celebrada el 19 de abril de 2009, ya ha resultado en masivas manifestaciones, acusaciones de exclusión injustificada de Lavalas por el CEP y en el consecuente boicot. La exigua participación electoral, que habría llegado solo al 11% de los 4.5 millones de potenciales electores, junto a la dispersión de votos entre los muchos candidatos y partidos, hizo necesario que se produjera una segunda vuelta para todos los asientos senatoriales en disputa, la cual debió haber tenido lugar el 7 de junio de 2009.

La primera vuelta en la elección parcial de senadores, que se realizó en abril de 2009 con la exclusión y consecuente boicot del principal partido opositor –Fanmi Lavalas–, resultó con escasa integración al proceso electoral, lo que pone de manifiesto las contradicciones y debilidades del sistema político haitiano. Por una parte, se demostró una cierta voluntad democrática de organizar las elecciones y, por otra, se comprobó que esa convicción es bastante débil, pues se optó por marginar al principal partido opositor.

Esto demuestra la falta de independencia del CEP y evidencia la dependencia externa de Haití, pues las elecciones fueron financiadas, resguardadas y controladas por la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) y otros organismos internacionales.

Cabría considerar si real y efectivamente inspira confianza el CEP; también, los sectores que están en contra del CEP. Es notoria una gran relación entre las protestas de este año y las de 2009 acerca de la celebración de las elecciones.

Después del decreto de Préval, del 30 de junio del 2010, sobre la puesta en marcha de las elecciones, el cual fue muy saludado por la comunidad internacional, el 21 de julio de 2010, sectores sindicales de Haití llamaron a una huelga general para exigirle que cambiara en 72 horas el CEP, encargado de organizar las elecciones presidenciales y legislativas de noviembre 2010.

Los manifestantes desaprobaron que se celebraran elecciones parlamentarias y municipales el 28 de noviembre pasado por considerar que el organismo electoral no está preparado para organizar ese evento.

Muchos haitianos han pedido la renuncia de Préval. La oposición le acusa de controlar el aparato electoral y de procurar conservar el poder más allá de su mandato.

El rol opositor

El Fanmi Lavalas, que ha ganado todas las elecciones en las que ha participado, fue excluido de estos comicios por el Consejo Provisional Electoral, que cuestionó la autenticidad de la autorización enviada por Jean Bertand Aristide a Maryse Narcisse, una de las líderes del partido, para realizar el registro.

El Fanmi Lavalas (Familia Lavalas) acusa a Préval de manipular las elecciones eligiendo por dedocracia a los miembros del consejo electoral, que la Constitución establece que deberían ser designados a través de un proceso democrático.

El proceso electoral continúa recibiendo críticas de los principales partidos de oposición y del Fanmi Lavalas, que pide la dimisión del presidente René Préval y de los miembros del CEP, acusados de no tener la credibilidad y capacidad necesarias para organizar las elecciones.

La Plataforma Alternativa, que agrupa a algunos partidos políticos opositores, formada por socialistas, declaró que el plan gubernamental no toma en cuenta a “las fuerzas vivas de la nación”: las universidades, los sectores políticos y la sociedad civil. Esta plataforma está en favor del boicot pacífico a las próximas elecciones, a pesar de que más de 70 candidatos se inscribieron bajo el planteamiento y lema de esta plataforma.

El partido político de base Rassemblement des Démocrates Nationaux Progressistes (RDNP), liderado por la ex primera dama de Haití, Mirlande Manigat, profesora y constitucionalista, fue el primero en aceptar participar con el CEP.

Si bien el senador americano John Kerry insistió sobre un eventual cambio en el actual CEP, no fue el caso de la OEA y la Caricom, que aportaron un considerable apoyo al Consejo.

Lo anterior evidencia un grado cuestionable en cuanto a los resultados. Conociendo la fragilidad de la estabilidad política en Haití, es casi indispensable que haya elecciones después del mandato del presidente Préval.

El pueblo no se beneficia

Es verdad que, desde las elecciones democráticas en Haití, el pueblo haitiano no ha tenido ninguna posibilidad de beneficiarse con grandes cambios en el plano del desarrollo social y económico. Sin embargo, la realización de elecciones regulares “democráticas” contribuiría a un cambio global de la situación insostenible del pueblo haitiano.

En primer lugar, la mayoría de la población vive en condiciones infrahumanas. Mientras muchas agencias internacionales dicen que virtualmente la ayuda ha llegado a todos los supervivientes, muchos han recibido menos de tres suministros alimentarios. Por ejemplo, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU no distribuyó productos alimentarios en muchos campamentos entre marzo y junio de 2010.

Haití ya sufría altos niveles de inseguridad antes del sismo, pero desde enero la situación se ha deteriorado drásticamente. Existe una gran inseguridad especialmente en los campamentos que, a menudo, carecen de electricidad y de iluminación durante la noche, poniendo en riesgo especialmente a mujeres y niños.

En un encuentro con el Servicio Jesuita a Refugiados en Haití, el 20 de junio pasado, siete líderes de campamentos de desplazados ponían sobre la mesa numerosas preocupaciones, incluyendo la alta incidencia de violencia y explotación sexual contra niñas de entre 11 y 15 años, obligadas a mendigar comida por sexo, así como el deterioro de la salud de los residentes del campamento oficial.

Además, la situación en los campamentos no oficiales es incluso peor. Los residentes en estos reciben

poca o ninguna atención de las grandes organizaciones de ayuda o de las coordinadoras de organismos internacionales; a muchos se les ha dicho que abandonen los campamentos, pero no se les ha ofrecido alojamiento alternativo.

El 29 de septiembre pasado, frente al destruido Palacio Nacional, grupos de manifestantes denunciaron las condiciones “infrahumanas” en los campamentos para los desplazados por el terremoto. “No vamos a participar de las elecciones en tiendas de campaña. Queremos casas antes de votar”. Los manifestantes señalaban que tanto el Gobierno como las organizaciones no gubernamentales internacionales los habían abandonado.

Más de un millón de personas fueron desplazadas por el terremoto del 12 de enero, y todavía viven en tiendas de campaña. Residentes de varios campamentos dijeron no estar preparados ni dispuestos a participar en las elecciones del 28 de noviembre. Vendedores ambulantes cerca del estadio de fútbol, en el centro de Puerto Príncipe, también expresaron desinterés y desconfianza hacia los comicios. Solo personas de clase media dijeron estar interesadas en acudir a las urnas.

La gente sigue manifestándose día a día, diciendo que los problemas que tienen son inmediatos. “Las soluciones deben ser inmediatas. Los políticos solo hacen promesas sobre lo que harán en el futuro, pero no podemos esperar al futuro”.

“Los candidatos deberían presentar ideas para crear escuelas y empleos, pero la mayoría vienen con planes que no funcionan”, dijo un residente de un campamento. Los políticos “no pueden hacer nada por el país. Nuestros problemas no serán resueltos en elecciones”, sostienen.

¿Es este el momento?

Los grupúsculos (con base en los barrios), que están ligados a los partidos de cierta popularidad en Haití, como Fanmi Lavalas (partido del ex presidente Jean Bertrand Aristide) y sus ramificaciones, se desinteresan totalmente de las actividades relativas al proceso electoral.

Hasta el presidente Préval se encuentra preocupado frente a esta situación. Y lo mismo ocurre con la comunidad internacional. Por ejemplo, el secretario general adjunto de la OEA y presidente del Grupo de Amigos de Haití, embajador Albert Ramdin, informó acerca de los desafíos que enfrentan la Oficina Nacional de Identidad (ONI) y los ciudadanos haitianos en el período de preparación de las elecciones.

El secretario general adjunto explicó que el proceso de registro ha enfrentado desafíos, debido a los limitados recursos técnicos y la gran cantidad de ciudadanos haitianos que están tratando de registrarse para votar dos meses antes de las elecciones.

El embajador Ramdin señaló también que los haitianos estaban preocupados por la posibilidad de tormentas tropicales antes de las elecciones, que podrían poner en riesgo el proceso electoral, ya que miles de haitianos siguen viviendo en campamentos.

“Si bien la comunidad internacional, por una buena razón, se concentra en el proceso electoral y en la política del país, no debemos olvidar que todavía hay millones de haitianos que viven en circunstancias muy difíciles. Aproximadamente 1.2 millones de haitianos siguen viviendo en campamentos sin acceso a servicios básicos”, afirmó el embajador Ramdin.

“Esas no son las mejores circunstancias para llevar a una población a un proceso electoral y esta es una de las preocupaciones que debemos tener en cuenta durante los próximos dos meses”, añadió.

 Una campaña poco eficaz

En materia de inequidad de oportunidad de lograr la victoria electoral, hay una disparidad total entre el partido político Inite (Unidad), actualmente en el poder, y los demás partidos. En cuanto a la publicidad en la televisión, la radio y otros medios, es notorio el predominio de spots, arengas y acciones colaterales a favor de Inite.

Esta era la actual situación del proceso electoral. El momento de realización de elecciones en Haití no debió ser el 28 de noviembre y hay que considerarlo como un error o, en otro sentido, estaríamos ante una invasión encubierta, aprovechando la desprotección con el fin de imponer a quien no debe ser al frente del país en estas condiciones que, de ningún modo, son adecuadas.

Magda Mathurin es profesora de francés en la Escuela de Idiomas de la Universidad Apec. Realizó un postgrado en Dirección y Gestión Hotelera en esa universidad. Tiene un diploma en Administración de Empresas y una licenciatura en Mercadeo. Cursa una maestría en Ciencia Política para el Desarrollo impartida por la Universidad de Salamanca y el Instituto Global de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Coordinó aproximadamente durante dos años el Foro Global Domínico-Haitiano de Funglode, una iniciativa de esta institución. Labora como analista política sobre el tema domínico-haitiano en la Agenda Internacional del Departamento de Programación Estratégica, Dirección de Información, Análisis y Programación de la Presidencia (DIAPE).

Bibliografía

CIDH: Informe Anual 2006, Capítulo iv sobre Haití, <http://www.cidh.org/anual.esp.htm>. —Informe Anual 2005, Capítulo IV sobre Haití, <http://www.cidh.org/anual.esp.htm>.

Feldmann, Andreas y Esteban Montes: “Haití: Tribulaciones de un Estado colapsado”, Revista de Ciencia Política UC 28 (1), 2008.

Louidor, Woody Edson: “Tres años de la victoria de Rene Préval. ¿Dónde estamos?”, Agencia Latinoamericana de Información, 6 de febrero de 2008, <http://alainet.org/active/28860&lang=es>.


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