Artículo de Revista Global 70

Las piezas de un rompecabezas

A veces resulta muy difícil identificar el momento en el cual nace una idea porque raras veces se trata de un solo instante. Más bien es algo como una serie de pequeños destellos que van brotando hasta que al final surge un haz de luz clara y densa que dentro de sí lleva el potencial de todo lo que vaya a ocurrir después. La imagen de un rompecabezas no es clara hasta que la última pieza encaje en su lugar. Así nació el DREFF: Dominican Republic Environmental Film Festival o Muestra de Cine Medioambiental Dominicana.

Las piezas de un rompecabezas

En la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) y la Global Foundation for Democracy and Development (GFDD), instituciones hermanas con sedes en Santo Domingo, Washington DC y Nueva York, llevamos 15 años desarrollando proyectos y programas de desarrollo socioeconómico, democrático y cultural sostenibles, dirigidos a mejorar la vida de los ciudadanos en la República Dominicana, los Estados Unidos y el resto del hemisferio occidental. Trabajamos en las áreas de educación, salud, democracia, medio ambiente, relaciones internacionales, seguridad y defensa, gestión de conocimiento, tecnologías de la información, globalización, cultura, economía y comunicación, entre otras.

A través de numerosas actividades como conferencias, seminarios, talleres, cursos, entrenamientos profesionales, foros de discusión, encuentros internacionales y celebraciones culturales, así como proyectos de investigación y publicaciones, las dos fundaciones contribuyen al progreso, intercambio y colaboración en la República Dominicana y toda la región. Los programas y las actividades tienen como meta elevar el nivel de conciencia y el debate públicos, llenar vacíos en las ofertas de capacitación profesional, desarrollar mejores políticas públicas, fomentar el intercambio y el entendimiento a nivel internacional y responder a las necesidades estructurales y coyunturales de nuestra sociedad.

Nuestro trabajo se desarrolla en colaboración con numerosas instituciones públicas, privadas y sin fines de lucro en el mundo entero, entre las cuales cabe destacar universidades, centros de pensamiento, organismos multilaterales como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con todas sus agencias y unidades, fundaciones privadas, organizaciones profesionales e instancias de gobiernos, entre otras. En el trabajo con estos socios nacionales e internacionales intercambiamos experiencias, lecciones aprendidas y buenas prácticas, lo cual siempre nos permite mejorar los programas e introducir nuevas iniciativas.

El interés por el cine come arte y como medio para un mejor entendimiento del mundo ha sido parte de nuestro trabajo desde los principios de las dos fundaciones (Funglode fue creada en el año 2000 y GFDD en el 2002). Talleres y conferencias de cine así como pequeñas muestras fueron parte de nuestros primeros esfuerzos en este sentido. A partir del año 2006, esta vertiente experimenta una revolución: la primera edición del Festival de Cine Global Dominicano (FCGD).

Iniciativa del entonces presidente de la República Dominicana, Dr. Leonel Fernández, quien es a la vez el fundador y presidente de Funglode y GFDD, el Festival de Cine Global Dominicano fue el primer paso en su proyecto de fomentar la industria de cine en el país y atraer las filmaciones extranjeras. Tuve el honor y el reto de dirigir esta primera edición del Festival y las dos siguientes. El equipo de trabajo de Funglode y GFDD no tenía experiencia en la organización de un festival de cine, pero sí entusiasmo y una total dedicación al proyecto, y experiencias anteriores en eventos similares nos sirvieron de guía e inspiración. Así logramos coronar con éxito la realización del primer FCGD. Igualmente, contamos con el apoyo de una asesora externa con experiencia previa y un grupo de técnicos que nos apoyaron en el manejo técnico –en el print traffic, como denominamos al traslado de las películas (¡y en el caso de este festival, trabajábamos con películas de 35 mm!) y en el manejo de proyectores y equipos técnicos–.

Del 8 al 12 de noviembre del 2006, se proyectó una selección de 18 películas de ficción de gran calidad y se realizaron siete paneles y clases magistrales, en tres ciudades de la República Dominicana (Santo Domingo, Santiago y Puerto Plata) y en seis auditorios. Esto fue el primer ensayo de una gran actividad cultural que se iría convirtiendo en la mayor fiesta de cine del Caribe y que ahora exhibe más de 100 películas en ocho ciudades del país.

En los últimos 10 años, el cine en todos sus aspectos –producciones nacionales, coproducciones, filmaciones extranjeras en el país, escuelas de cine, programas de entrenamiento, concursos de cine– ha vivido un crecimiento vertiginoso y una mejora en todos los sentidos: calidad fílmica, promoción internacional, salas de proyección, apreciación por parte de especialistas y público general, etc. La Ley de Cine promulgada en noviembre del 2010 y la creación de una Dirección General de Cine en el 2011 fueron dos piedras angulares en este proceso que sigue desarrollándose.

Ahora, ¿cómo, cuándo y por qué un festival de cine medioambiental en medio de todo esto?

A los tres años de vida, el FCGD estaba ya bastante consolidado y se veía claro que iba rumbo a una promisoria expansión. El equipo de las dos fundaciones había pasado por una gran prueba de fuego: salimos victoriosos, renovados, con nuevos aprendizajes, capacidades adquiridas, numerosos contactos a nivel internacional, y listos para nuevos retos. En los primeros cuatro años de trabajo visitamos muchos festivales de cine de gran renombre, absorbimos como esponjas todo lo que vimos, con deseo de hacerlo igual o mejor y adaptarlo de la mejor manera a las condiciones locales. Ya que una de nuestras oficinas se encuentra en Washington DC, asistimos varias veces al Environmental Film Festival in the Nation’s Capital (al cual comúnmente llamamos por su nombre no oficial: DC Environmental Film Festival) y nos encantó lo que vimos.

Hay ciertas diferencias entre un festival de cine general y uno medioambiental, y quiero aprovechar la experiencia en los dos campos para compartirla. Espero que pueda alegrar y animar a los colegas que trabajan en el campo medioambiental y que así aprecien muchas de las bondades de su labor que seguramente pasan desapercibidas porque las dan por sentado.

Después de manejar reclamos de las estrellas de cine, actitudes de competitividad entre tantas producciones fílmicas, intereses comerciales ligados a las producciones, a veces hasta cuestiones de seguridad de nuestros invitados, elementos puramente decorativos y de glamour necesarios para una bonita alfombra roja y proyecciones especiales, sin mencionar conflictos de intereses que a veces existen entre producciones, nos sentimos casi en plena paz y descanso viendo la organización de un festival de cine medioambiental. Sin siquiera mencionar temas técnicos, sobre todo en aquellos tiempos en que las películas de calidad que se presentaban en un festival de cine solo podían ser de 35 milímetros. Necesitábamos todo un equipo de vehículos y técnicos que viajara de un lugar de proyección a otro y toda nuestra labor dependía de si los rollos estaban correctamente etiquetados, entregados, llevados, protegidos, etc. Es posible que, en un país de gran experiencia y tradición de festivales de cine y con excelentes salas de cine, este tema técnico no fuera causa de tanta ansiedad, pero les aseguro que en el nuestro mucha energía organizadora y creativa se perdía solo en seguirle el rumbo a los grandes rollos, sobre todo porque un rollo viajaba a varias ciudades, de proyección en proyección.

Pues allí estábamos nosotros, descubriendo un mundo de festivales de cine donde el glamour no está en el centro y el staff no está consumido por las pesadillas de rollos de película que no llegaron a tiempo ni tiene que excusarse diciendo: «¡Qué sorpresa! Esta no es la película que acabamos de anunciar».

Un mundo donde los cineastas, el público y los organizadores comparten espontáneamente. Los autores o protagonistas de las películas no entran por una puerta trasera ni salen huyendo por ella al terminar la sesión de preguntas y respuestas para evitar cualquier contacto personal. ¿Cineastas que llevan sus DVD en una mochila y los reparten al público? ¿O que te llaman para ofrecer una clase magistral o participar en un panel, porque, ya que vienen al festival, les gustaría aportar algo? Sí, esto fue una experiencia diferente en la que íbamos aprendiendo de nuestros colegas que ya llevaban años organizando festivales de cine medioambiental.

De hecho, dentro del FCGD habíamos organizado varias proyecciones de películas sobre temas medioambientales con sus paneles de debate: ya en la primera edición en el 2006 presentamos La verdad incómoda; en la segunda, Flow: For Love of Water; y en la tercera, The Cove, por ejemplo. Pudimos ser testigos de un gran interés que existía en el país por estos temas y conocimos a cineastas y expertos en el área, los cuales participaron en varios de nuestros paneles.

Allí se estaban uniendo los elementos de un promisorio rompecabezas: visitas a festivales de cine medioambiental; proyecciones de películas medioambientales en nuestro propio festival de cine; un equipo internacional con experiencia y capacidades adquiridas en la organización de un festival de cine. ¡Et voilá! En una reunión nace la idea del DREFF: Dominican Republic Environmental Film Festival o Muestra de Cine Medioambiental Dominicana.

El equipo de Funglode de Santo Domingo estaba bien preparado para seguir solo con el FCGD, cuyo crecimiento necesitaba una atención y seguimiento diario in situ. El equipo de las oficinas de GFDD en Washington DC y Nueva York estaba listo para un nuevo reto.

Otro elemento a tomar en cuenta es nuestro trabajo en los temas de medio ambiente y desarrollo sostenible y la importancia que esta área ha ido tomando mundialmente, sobre todo a finales de los años 90 y principios del siglo XXI. Desde sus principios, tanto Funglode como GFDD ha organizado numerosos seminarios, encuentros internacionales y entrenamientos en el área. Después de cinco años de investigación y diseño, en el 2011 publicamos el primer Diccionario Enciclopédico Dominicano de Medio Ambiente. Al participar activamente en el trabajo del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, hemos podido no solo estar al día del debate internacional, sino hacer aportes en forma de informes y reportes de estado. Todo esto conjuntamente con la experiencia en la organización del Festival de Cine Global Dominicano nos preparó para nuestra primera edición del DREFF en el año 2011.

Tanteando el terreno

Puede ser que precisamente porque el camino a esta primera edición fue tan rico y lleno de retos y experiencias, una vez tomada la decisión y anunciada la fecha, todo ocurrió muy rápido: lanzamos un proyectil al cual estábamos atados en cuerpo y alma, pero cuya rapidez apenas podíamos acompañar.

La primera Muestra tuvo lugar del 8 al 11 de septiembre del 2011, en dos ciudades (Santo Domingo y Santiago), tres salas de proyección y con 17 películas. Bastante agotados después de haber lanzado y encaminado el FCGD y deseosos de un festival más tranquilo, donde pudiéramos curar mejor el contenido y las actividades educativas, nos propusimos algo humilde y de bajo perfil. Sin embargo, las condiciones estaban dadas para un proyecto de gran envergadura y alcance.

Nuestra primera invitada de honor fue nada más y nada menos que la afamada científica Dra. Sylvia Earle, la campeona mundial de la protección de océanos. Dos amigas que participaron anteriormente en el Festival de Cine Global Dominicano, Debbie Kinder, directora de Blue Ocean Film Festival, y Charlotte Vick, responsable del contenido de Google Ocean, fueron los primeros miembros del comité asesor y nos acompañaron en la selección de películas y la preparación del primer festival. Empezamos tímidamente, midiendo la respuesta del público. Después de cada proyección, organizamos un panel de debate donde participaban los invitados internacionales junto con los expertos nacionales.

En el transcurso de la Muestra se nos acercaban muchos expertos y entusiastas locales e íbamos descubriendo socios cuya existencia desconocíamos. Todos nos aportaban ideas y propuestas para películas, temas, invitados, nuevos lugares de proyección –el interés y el apoyo nos abrumaba–. Al final, teníamos tantas ideas y propuestas que no sabíamos cómo íbamos a responder a todo.

Habíamos empezado con el temor a que tal vez todavía no había bastante interés en estos temas, pero aun así decidimos hacerlo –«Vamos a ser vanguardia y en algún momento el público lo valorará», decíamos–.

Lección aprendida: hay mucha gente preocupada por lo mismo que tú, pero no lo vas a saber hasta que no lo manifiestes. Otra: no subestimes al público general. Y otra: si tienes un bello proyecto en el cual crees y lo haces con corazón, hazlo, y el resto se construirá alrededor de ti. O, como dice el filme Field of Dreams: «If you build it, they will come».

El proyecto nos lleva a nosotros

Al terminar la primera edición, aprendimos que hemos dado luz a una entidad que nos ha de guiar. Nuestra responsabilidad radicaba en escuchar bien sus reclamos y responder a tiempo a sus necesidades y sugerencias.

El grupo de expertos y entusiastas locales se ha convertido rápidamente en nuestro Comité Asesor Nacional. Ya en la segunda Muestra eran 16 miembros. Empezamos a ampliar nuestro Comité Asesor Internacional con personas que compartían desinteresadamente con nosotros su conocimiento y sus redes de contacto. El entusiasmo que crecía alrededor de la Muestra atraía cada vez a un mayor número de voluntarios y empleados de la Fundación que querían ser parte del proyecto.

En cada edición, ampliábamos el número de películas, ciudades de proyección, auditorios, socios y patrocinadores (ver gráfico adjunto). Empezamos a crear nuevos proyectos dentro de la Muestra. Las ideas venían de las mismas películas, de los invitados, de los miembros de los consejos asesores, de las instituciones colaboradoras y del público.

En la segunda edición empezamos a organizar actividades con la comunidad, como la limpieza de playas, con una ONG local dedicada a este tema, y una competición de natación liderada por el afamado nadador dominicano de larga distancia en aguas abiertas, Marcos Díaz. En la tercera, volvimos a limpiar una playa, organizamos una jornada de reforestación, y los jóvenes voluntarios subieron al Mogote y limpiaron los senderos usados por montañistas y campesinos. Así seguimos, introduciendo más y más actividades comunitarias, y hasta las ampliamos de tal manera que las organizábamos durante el año, fuera del escenario de la Muestra. ¿Por qué? Porque después de las proyecciones, el público clamaba: «De acuerdo, entendimos, pero ¿qué podemos hacer nosotros?». Así que comprendimos que, aunque nosotros no podemos resolver todos los problemas de medio ambiente, podemos dar ejemplos e inspiración.

En la segunda Muestra igualmente otorgamos los primeros premios Globo Verde Dominicano al mejor cortometraje y el mejor mensaje de concienciación en el área de medio ambiente y desarrollo sostenible. La idea del concurso surgió a raíz de que era muy difícil encontrar películas dominicanas para la Muestra y que tampoco teníamos películas para ofrecer a otros festivales. Asumimos la tarea de promover el cine medioambiental en el país. En el año 2014 añadimos un premio de fotografía y en el 2015 un premio Globo Verde Junior, dirigido a los jóvenes de las escuelas secundarias, quienes podían usar celulares para la grabación. En el mismo sentido de dar ejemplos e inspiración a los talentos nacionales en el área de documentales medioambientales, decidimos empezar a producir nuestros propios cortometrajes, los cuales han viajado a numerosos festivales de cine a nivel global y recibido varios premios. De nuevo, todas esas ideas se iban añadiendo por necesidad –ante nosotros se develaba un mundo de posibilidades que estaban esperando a ser descubiertas–.

Introdujimos el Premio del Público en la segunda Muestra para captar mejor la receptividad de los espectadores hacia las películas y añadir un pequeño elemento de suspenso y expectativa.

Otros proyectos que han surgido de la Muestra son: EcoHuertos –el programa de huertos orgánicos escolares y comunitarios–; Reciclarte –talleres de reciclaje de desechos para convertirlos en arte y objetos de uso diario–; RDescubre –excursiones que llevan a los jóvenes a lugares de interés medioambiental en el país–, y Proyecciones de Películas Medioambientales durante el Año –que continúa el trabajo de la Muestra respondiendo a las solicitudes que nos llegan de todo el territorio nacional–.

No quiero olvidarme de mencionar un elemento importante del festival: el compartir y el intercambio entre los invitados internacionales y los expertos y entusiastas locales. En cada edición, ponemos un empeño especial en organizar actividades sociales donde los invitados internacionales y los cineastas y expertos nacionales tengan la oportunidad de compartir en cenas, almuerzos, excursiones a la playa, etc. Creo que no exagero al decir que la empatía, las amistades y hasta los proyectos de colaboración que se han engendrado en la Muestra son uno de los aspectos más importantes de lo que hacemos. También aprovechamos la presencia de los invitados extranjeros en el país para darles a conocer algunas de las bellezas naturales y de los valores ecológicos de la República Dominicana, como la ruta de cacao orgánico o las dunas de Baní.

En el año 2015, la Muestra ingresó al Greeen Film Network (GFN), una asociación internacional de festivales de cine medioambiental que ahora cuenta con más de treinta miembros. Solo nos queda imaginar todas las oportunidades que se abrirán en el futuro colaborando con esos bellos proyectos a nivel mundial, pero la primera experiencia definitivamente será este año cuando tendremos el honor de ser anfitriones del Premio GFN, otorgado anualmente a la mejor película medioambiental.

Mirando hacia atrás

Después de seis años de trabajo, miramos hacia atrás y confesamos que nos sentimos alegremente sorprendidos y hasta abrumados. Hemos aprendido muchas cosas. Empoderar a los demás es lo más importante. ¿Cómo? Dándoles inspiración con tu propio ejemplo y exponiéndolos a experiencias de otras personas que los puedan inspirar. Un festival de cine medioambiental puede y debe hacer esto. No va a resolver todos los problemas, es verdad. A veces nos sentimos desanimados porque quedan por hacer tantas cosas y cada día nos enfrentamos a nuevos desafíos. Sin embargo, el poder de las redes, de los contactos y de la inspiración está precisamente en el hecho de que producen un crecimiento exponencial inesperado, cuyo impacto nadie controla o puede predecir.

Es de suma importancia basar el trabajo de un festival en las ideas y sugerencias del público, de expertos, de entusiastas y de organizaciones locales. El proyecto solo puede crecer respondiendo a la demanda y al interés local. Involucrar a todos los socios es esencial. Nos aseguramos de celebrar reuniones con todos los socios y el comité asesor varias veces al año, afinando nuestro programa y nuestra lista de invitados para que respondan mejor a sus intereses y expectativas. En vez de buscar públicos para diferentes auditorios, llevamos las películas adonde está el público cautivo, independientemente de las condiciones técnicas. Muchas veces llevamos un pequeño equipo de proyector y pantalla sabiendo que la recompensa va a ser el disfrute y el entusiasmo del público.

Aprendimos también que nunca hay que desestimar el impacto que una película o un invitado internacional pueda tener en un público. Y que hay muchas formas de entender las cosas y aún más formas de comunicarlas. Otro regalo inesperado es que los mismos cineastas y expertos salen enriquecidos e inspirados con las reacciones y las preguntas de los espectadores, que posiblemente habíamos considerado «no totalmente preparados para la experiencia».

Y por último: el trabajo del equipo de un festival de cine medioambiental tiene muchos retos, que son precisamente su gran valor y su riqueza. El equipo siempre está compuesto de personas cuyas aptitudes y orientaciones profesionales son muy diferentes: la manera de pensar de un programador es diferente a la de un diseñador gráfico o cineasta, o la de un comunicador a la de un jefe de logística. Hablando el mismo idioma, no se entienden, y si consideramos el hecho de que el equipo es internacional, procedente de diferentes culturas y puntos del globo, el reto es mayor aún. Precisamente esto hace que el resultado sea tan rico: una amalgama de formas de ver, sentir, pensar y actuar –diferentes, pero todas dirigidas a la misma meta y con la preocupación por la excelencia en el resultado–. En vez de frustrarnos por esto, debemos darle la bienvenida con alegría y agradecimiento. La forma en que hacemos las cosas la transmitimos a nuestro público y a nuestros socios, y a veces esta parte del mensaje es aún más poderosa que el mismo tema.

Nuestro deseo y esperanza es que sigan surgiendo y creciendo festivales de cine medioambiental a través del globo, y que, como un rezo o meditación en cadena, no haya un solo día ni una sola hora sin que un festival se desarrolle en algún punto del planeta.

Natasha Despotovic es directora ejecutiva de Global Foundation for Democracy and Development (GFDD) y de la Muestra de Cine Medioambiental Dominicana (DREFF). De origen croata y nacionalidad dominicana, vive actualmente en el área de Washington D.C. y divide su tiempo laboral entre Washington, Nueva York y la República Dominicana. Con formación académica en Filosofía y Literatura y Lingüística española, francesa e inglesa, su carrera internacional es extensa y diversa, y ha ocupado cargos de alto nivel en los sectores privado, público, no gubernamental y multilateral, tanto en Europa como en la República Dominicana y Estados Unidos. En GFDD dirige diversos programas internacionales de desarrollo sostenible, así como proyectos de producción cinematográfica e iniciativas editoriales.


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