Artículo de Revista Global 58

LIBROS

LIBROS

Las tensiones de Thomas Kuhn: una perspectiva crítica para los estudios sociales y culturales de la ciencia

Leonardo Díaz

Editorial Funglode

Santo Domingo, 2014

227 páginas

Jorge Luis Borges, prologuista insigne y eximio, en su libro Prólogos con un prólogo de prólogos, después de señalar que hasta ahora nadie ha formulado una teoría del prólogo, lamenta que en la mayoría de los casos el prefacio linde con la oratoria de sobremesa o con los panegíricos fúnebres y abunde en hipérboles irresponsables. En lugar de una forma subalterna del brindis, el prólogo, sugiere Borges, debe ser una especie lateral de la crítica.

Procuraré seguir la recomendación del excelso maestro del prólogo.

En 1959, la Universidad de Utah organizó la Tercera Conferencia de Investigación sobre la Identificación del Talento Científico Creativo. La mayoría de los participantes en la conferencia eran psicólogos y entre los numerosos materiales de lectura distribuidos antes de la conferencia había un trabajo de Selye en el cual se insistía en dos características que debe tener el científico dedicado a la investigación básica, a saber, ausencia de prejuicios y rienda suelta a la imaginación para que esta juegue con las posibilidades más remotas. Oro de los trabajos preliminares de Getzels y Jackson subrayaba la importancia para el científico del pensamiento divergente, esa capacidad de rechazar las soluciones familiares a los problemas (capacidad para el pensamiento convergente) y de buscar nuevas soluciones. En dicho trabajo, Getzels y Jackson reprodujeron la queja de Guilford en el sentido de que la educación científica en Norteamérica insiste preferentemente en las capacidades para el pensamiento convergente a expensas del desarrollo de las capacidades para el pensamiento divergente.

A pesar de la naturaleza fundamentalmente psicológica del interés central de la conferencia, a saber, la personalidad creativa y su identificación precoz, había entre los invitados un científico que, al hablar, se identificó como un «exfísico que ahora trabaja en la historia de la ciencia». Ese científico era Thomas Samuel Kuhn (1922-1996). Su trabajo, leído en esa conferencia, contiene lo que él entendía era una tensión esencial entre la tradición y la innovación en el proceso del desarrollo del conocimiento científico. Curiosamente, aunque para esa época Kuhn trabajaba en el borrador de La estructura de las revoluciones científicas, donde se le atribuye un papel crucial al pensamiento divergente, frente a los psicólogos que durante la conferencia de Utah insistían en la superioridad de las capacidades para el pensamiento divergente en la investigación científica, Kuhn defendió la importancia que también debe dársele al pensamiento convergente. En ese sentido, expuso su creencia de que son mayores las probabilidades de desarrollar el talento científico potencial si se reconoce el grado en que el científico debe ser también un firme tradicionalista, o, en otros términos, un pensador convergente. A su juicio, solo las investigaciones cimentadas firmemente en una tradición científica, tienen la probabilidad de romper esa tradición y de dar lugar a otra nueva. Esa es la razón por la que Kuhn habla de una tensión esencial implícita en la investigación científica. El científico realiza su trabajo a partir de una variedad de compromisos intelectuales y prácticos, pero su talento le permite abandonar esa red de compromisos a favor de otros que él mismo inventa.

Sostiene Kuhn que, con mucha frecuencia, el científico exitoso debe mostrar, simultáneamente, las características tanto del tradicionalista como del iconoclasta. La investigación convergente desemboca en el largo plazo en la revolución; es entonces cuando las creencias y técnicas tradicionales son abandonadas y reemplazadas por otras nuevas. Pero los cambios revolucionarios de una tradición científica son raros y están precedidos de períodos prolongados de investigación convergente. En síntesis, para Kuhn el científico productivo debe ser un tradicionalista que realiza juegos complejos con reglas preestablecidas, para ser un innovador exitoso que descubre nuevas reglas y nuevas piezas de juego.

Como he señalado, para esa época (1959), Kuhn trabajaba en el borrador de lo que en el otoño de 1962 se publicaría como La estructura de las revoluciones científicas, dentro de La Enciclopedia Internacional de la Ciencia Unificada, de los empiristas lógicos. En su trabajo, Kuhn alude a las revoluciones científicas como episodios en que una comunidad científica abandona la manera tradicional de ver el mundo y de ejercer la ciencia, a favor de otro enfoque de su disciplina generalmente incompatible con el anterior. Como ejemplos de revoluciones científicas fáciles de identificar, pone el copernicanismo, el darwinismo y el einstenianismo, aunque en el borrador del referido estudio argumenta que el historiador encuentra muchos episodios revolucionarios de menor alcance, pero que son vitales para el avance científico.

La idea subyacente a la importancia concedida por Kuhn a las investigaciones que se realizan dentro de una tradición científica particular como precursoras necesarias para la ocurrencia de episodios revolucionarios, es la de que la pertenencia a una tradición de investigación sensibiliza a los investigadores a percibir los resultados que se desvían de los regulares y generalmente esperados.

En 1977, Kuhn publicó, tanto en alemán como en inglés, una selección de 14 estudios directa o indirectamente relacionados con la tradición y el cambio en la ciencia, originalmente publicados entre 1959 y 1976, y decidió titular el libro con el nombre que encabezó su trabajo presentado en la ya mencionada Tercera Conferencia de la Universidad de Utah.

Después de la muerte de Kuhn en 1996, se han publicado tres libros que recurren a la metáfora de la tensión en sus respectivos títulos. Primero, Carlos Solís Santos publicó en 1998 una compilación de 15 trabajos, titulada Alta tensión: Historia, Filosofía y Sociología de la Ciencia, en alusión a una alta tensión creada por Kuhn entre la objetividad y la subjetividad de la ciencia, entre el universalismo y el relativismo de sus métodos y productos. Luego, en el 2010, Fred D’Agustino publicó el libro Naturalizing Epistemology: Thomas Kuhn and the Essential Tension, en el cual el autor apela a la psicología individual y social para comprender el equilibrio entre las actitudes conservadora e innovadoras. D’Agustino escudriña en las condiciones que motivan a los individuos a adoptar dichas actitudes. Finalmente, el Dr. Leonardo Díaz ha escrito el tercer libro que incluye en su título el concepto de tensión: Las tensiones de Thomas Kuhn: Perspectiva crítica para los estudios sociales y culturales de la ciencia. Este último libro constituye, a mi juicio, la obra de un solo autor mejor documentada de todo cuanto se ha escrito en español sobre Thomas S. Kuhn.

El autor examina las raíces y consecuencias de las cuatro tensiones que, a su juicio, atraviesan La estructura de las revoluciones científicas. La primera tensión se refiere a la que existe entre la ciencia como sistema de conocimientos y la ciencia como sistema de prácticas. De esta tensión se derivan las ambigüedades que afectan a los conceptos kuhnianos de paradigma e inconmensurabilidad. En torno a ambos conceptos, el autor se ha visto en la necesidad de recurrir a exposiciones, ampliaciones y modificaciones kuhnianas posteriores a La estructura. Haciendo uso de una amplia y actualizada bibliografía, pone de relieve las múltiples implicaciones de las referidas ambigüedades.

La segunda tensión es la que afecta a la ontología kuhniana, en la cual se refleja la distinción kantiana entre el noumenon y el phenomenon y las consecuentes dificultades que rodean al «cambio de mundo» que se produce en una revolución científica. El autor documenta con citas el pluralismo ontológico de Kuhn y confirma sus juicios con los resultados de otros estudiosos.

La tercera tensión percibida por el Dr. Leonardo Díaz en La estructura se refiere a la dimensión hermenéutica de la ciencia en la oposición ciencia normal – ciencia revolucionaria. El autor enriquece el análisis con la inserción del debate entre Kuhn y Popper sobre la naturaleza de la ciencia normal, en la ya famosa conferencia internacional celebrada en el Bedford College en 1964 y recogida por Lakatos y Musgrave en La crítica y el desarrollo del conocimiento. Además, el Dr. Leonardo Díaz es el primer autor en poner de relieve el trasfondo hermenéutico de este debate.

La cuarta tensión es, entre las tensiones percibidas por el Dr. Leonardo Díaz, la más cercana a la que el propio Kuhn llamó «la tensión esencial». El autor examina en detalle el debate entre Popper y Kuhn sobre la función de la tradición en la ciencia, recurriendo con mucha frecuencia a las doctrinas que han servido de fundamento a la tradición filosófica occidental en la que se sustenta en gran medida la opinión de Popper, a diferencia de la visión kuhniana de la ciencia como sistema de prácticas.

El autor completa la obra con otros dos capítulos; uno sobre las ambigüedades de Kuhn en torno al programa hermenéutico de la ciencia, donde recurre a un trabajo kuhniano muy posterior a La estructura, familiarizando al lector con la exposición de Kuhn sobre las ciencias naturales y las ciencias humanas, como reacción al ensayo de Charles Taylor, de 1985, «Interpretación y las ciencias del hombre». Taylor debió participar junto a Kuhn en la mesa redonda organizada en 1989 en La Salle University, pero tuvo que retirarse en el último momento. El último capítulo se refiere al legado de La estructura de las revoluciones científicas, donde el autor presenta en primer lugar el pequeño gran libro de Kuhn como el punto de partida de investigaciones sobre la ciencia desde las perspectivas múltiples de la historia, la sociología y la filosofía, y justifica el legado paradójico de dicho libro para los estudios sociales y culturales de la ciencia.

El autor concluye el libro con una exposición donde resume las conclusiones sobre las cuatro tensiones que, según ha demostrado, penetran la obra de Thomas Samuel Kuhn y que, a su juicio, son las responsables de muchas de las ambigüedades que se derivan de la obra del distinguido físico e historiador de la astronomía y de la física.

El libro que el Dr. Leonardo Díaz pone a disposición de los lectores de habla hispana no es un libro de lectura corriente. Se trata de un estudio concienzudo, profundo, abundante y pertinentemente documentado de una de las obras más influyentes de lo que Harold I. Brown ha dado en llamar «la nueva filosofía de la ciencia». Sin un conocimiento de las relaciones de Kuhn con el empirismo lógico, sin una lectura previa de La estructura de las revoluciones científicas (a los lectores de habla hispana les recomiendo la traducción de Carlos Solís Santos), del trabajo de Kuhn sobre la tensión esencial entre tradición e innovación, de su ponencia frente a Popper en el Bedford College, así como de su respuesta a Charles Taylor en torno a las ciencias naturales y las ciencias humanas, es muy difícil, por no decir imposible, comprender en todo su alcance, el libro con que el Dr. Leonardo Díaz enriquece la bibliografía mundial sobre Kuhn.

Pienso que el legado de Kuhn para la filosofía de la ciencia no ha sido todavía justamente valorado. Esta opinión se fundamenta en un examen de los principales libros de texto de filosofía de la ciencia.

Entre los libros de filosofía de la ciencia que pretenden ofrecer una visión panorámica de la disciplina en el siglo xx, sobresalen el de Donald Gillies: Philosophy of science in the twenty century, publicado en Inglaterra en 1933, y el de Harold I. Brown: Perception, theory and commitment, publicado en Norteamérica en 1977. Llama la atención que, entre los protagonistas de la filosofía de la ciencia durante el siglo xx, Kuhn solo sea citado dos veces por Gillies, mientras que este cita a Popper más de 35 veces, a Russell más de 30, a Wittgenstein y Duhem más de 20 y a Carnap más de 15. Harold I. Brown, en cambio, cita más de 45 veces a Hempel, más de 35 a Popper y 18 veces a Kuhn. Es posible que la escasa escolaridad filosófica de Kuhn, unida al hecho de que nunca tuvo un estudiante doctorando en filosofía de la ciencia, expliquen en buena parte la injusta valoración de su obra en la opinión de profesores de filosofía cuando evalúan el impacto del físico e innovador historiador de la ciencia en la filosofía de la ciencia del siglo xx.

Dejo a la interpretación de los lectores el juicio que habrá de merecer este original libro del Dr. Leonardo Díaz sobre las tensiones que atraviesan la principal obra de T. S. Kuhn, pues como escribió Terentianus Maurus en el Carmen Heroicum: «Pro captu lectoris, habent su afata libelli», que en cristiano quiere decir: «según la interpretación del lector, tienen su destino los libros».

 

 

Enerio Rodríguez Arias es un destacado psicólogo, filósofo y profesor universitario dominicano. Entre sus publicaciones se encuentran: Karl R. Popper y la epistemología evolucionista y El psicólogo dominicano y la metodología de investigación psicológica. Consultor editorial de la revista Perspectivas Psicológicas de la UASD, miembro de la Philosophy of Science Association y afiliado internacional de la American Psychological Association.

Nota. Este texto es el prólogo del libro Las tensiones de Thomas Kuhn: una perspectiva crítica para los estudios sociales y culturales de la ciencia.