Artículo de Revista Global 90

LIBROS

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Guerra y paz 

Tolstói, Lev

Alianza Editorial 

Madrid, 2015 

Dos tomos 

 

Emelio Betances

 

Se ha repetido hasta el hartazgo que tan pronto termine la pandemia del Covid 19 regresaremos a «la normalidad». Sin embargo, eso que muchos denominamos «la normalidad» es una pesadilla para la mayoría de los habitantes del planeta. Inmediatamente las cadenas de producción y comercialización se renueven, esas grandes masas volverán a ser explotadas y humilladas para que un pequeño grupo retome «la normalidad». ¿Cómo podremos reconciliar nuestra forma de pensar y de actuar para adaptarnos a «la normalidad»? Quizá la lectura de un escritor clásico como Lev Tolstói nos ayude a sobrellevar esas inequidades e injusticias. He releído Guerra y paz, una de las cumbres de la literatura rusa y universal, y he encontrado muchos puntos en común entre lo que sucede hoy en el mundo y lo ocurrido en Rusia en el siglo XIX que retrata esta novela.

Leí esta novela en español hace veinte años y la percibí como una gran obra que mostraba, con amplitud de descripciones, las relaciones que mantenía la nobleza rusa a principio del siglo XIX con el exterior. Sin embargo, mis recuerdos de la primera lectura son borrosos, aunque me quedó en la memoria la estrategia de Kutuzov, generalísimo de los ejércitos rusos, que decidió abandonar la ciudad de Moscú para preservarlos. Queriendo aprovechar el confinamiento causado por la pandemia del coronavirus y en busca de esclarecer la retirada de Kutuzov de Moscú, volví a leer Guerra y paz. Esta experiencia ha sido fabulosa pues, a medida que penetraba en las profundidades de la novela, encontraba una serie de elementos que no había captado durante la primera lectura. Lo que saco en limpio de esta aventura literaria es que las grandes obras las debemos leer por lo menos dos veces para captar la narración en toda su plenitud. Asimismo, releer grandes obras durante la madurez no solo nos permite entretenernos, sino reflexionar sobre los grandes acontecimientos que afectan a la humanidad. Las relecturas nos llevan más allá de la historia contada. Nos permiten ahondar en cuestiones filosóficas que nos atañen como individuos y como colectividad. La novela en cuestión nos proporciona múltiples miradas para revalorar nuestra propia concepción del mundo y de la vida. 

Uno de los personajes centrales en Guerra y paz es Petr Bezujov, que se convierte en heredero cuando su padre, el viejo conde Bezujov, lo reconoce como hijo legítimo. Cuando el padre muere, Petr automáticamente pasa a ser el conde Bezujov. Lo rescatable de este episodio es como cambia el trato que daba la gente a Petr cuando se convierte en conde. De ser un don nadie, se transforma en uno de los grandes nobles de Moscú, una persona que provoca admiración y temor en los círculos de la nobleza. Las descripciones que Tolstói hace de este cambio de estatus social constituyen un verdadero análisis sociológico de cómo la gente muda su comportamiento y revela la hipocresía. En este asunto, claro, la condición humana permanece igual. 

De la misma forma, Tolstói narra el episodio de la conversión del conde Petr Bezujov en masón, todo el ceremonial que eso implicaba y cómo esto lleva a la liberación de sus siervos; es una narración muy lograda y que solo un escritor de la agudeza de Tolstói podía llevar a cabo. Llama la atención cómo los administradores de las fincas del conde Bezujov solían engañar a este haciéndole creer que los campesinos eran libres, pero en realidad tenían que trabajar más que antes y, a veces, en peores condiciones. «La normalidad» de esa época nos hace pensar sobre la situación actual en nuestra América. De hecho, «la normalidad» rusa del siglo XIX también se parece mucho a la del México de don Porfirio Díaz (1876-1910), a quien le insistían que no había indios esclavos en Yucatán; incluso don Porfirio hizo un viaje allí al final del siglo XIX, invitado por los hacendados yucatecos para que viera que no había indios esclavos sino personas felices con «la normalidad» del porfiriato. La descripción que leo de ese viaje se parece mucho a la liberación de los siervos rusos. Al igual que en Rusia, donde los administradores del conde Bezujov mostraban la artificial dicha de los  siervos, en México, la farsa orquestada por el gobernador de Yucatán hizo que don Porfirio se maravillara con la felicidad de los indios. La hipocresía en ambos lugares no podía ser mayor, y no dejo de pensar, por supuesto, en «nuestra normalidad». 

También en Guerra y paz se observa el respeto que profesa Tolstói por la naturaleza. Por un lado, su ambientalismo: a lo largo de la novela hace descripciones magníficas de los bosques y, en particular, de los frondosos robles. En una de sus descripciones sobre las noches de luna, la luz se mete por la ventana y le infunde ánimo a uno de los protagonistas del libro, el príncipe Andrei, que después de haber sobrevivido a la batalla de Austerlitz, se encuentra un poco desorientado en la vida. 

Por otro lado, es de reseñar su notable interés por los animales. En una escena cuenta cómo atrapan un lobo viejo y cansado. En el proceso de agarrarlo, los cazadores hacen que se meta a un hoyo, pero no lo matan, sino que lo rescatan, lo montan en un caballo y se lo llevan. Tolstói pudo narrar este episodio describiendo la brutalidad con que los nobles mataban al pobre lobo, pero, en vez de eso, se decanta por mostrar la cacería como una actividad exenta de violencia. Tolstói era un ambientalista, una persona que respetaba la naturaleza. A medida que transitamos hacia una nueva normalidad para adaptarnos a la crisis creada por la pandemia del coronavirus, deberíamos aprender a respetar la naturaleza: la destrucción de los bosques donde viven especies que se han adaptado a los virus ha de afectarnos gravemente.

Guerra y paz, además, muestra la rusificación de la nobleza como resultado de la ocupación napoleónica de Moscú en 1812. Leemos cómo en agosto de ese año, cuando los ejércitos de Napoleón se aproximaban a Moscú,  todo el mundo bueno, sobre todo la nobleza se preparaba a abandonar la ciudad. Los criados hacían las maletas de los nobles que  huían. Mientras tanto, estos se las arreglaban para entretenerse. 

De las conversaciones de los nobles se desprende que ya no querían hablar en francés y que resultaba una falta de tacto hablar en la lengua del enemigo. Por ejemplo, en una ocasión en que una familia noble estaba reunida y sus miembros conversaban sobre la inminente ocupación de Moscú, decían: «Si hablas en francés, tendrás que pagar una multa por cada palabra». La invasión a Moscú forzaba un cambio en la identidad de esa nobleza afrancesada que de repente se rusifica y abraza su cultura, que antes consideraba inferior a la francesa y a la alemana. Hablar en ruso se volvía cool. Tolstói logró plasmar en sus páginas la desesperación y la incertidumbre de esos momentos. Salvada la distancia y el momento histórico, la incertidumbre que atrapó a los rusos entonces se asemeja a la nuestra, pues ahora no sabemos con exactitud qué pasará con nuestras vidas debido a la pandemia. Quizá tengamos que cambiar algo de nuestra identidad para adaptarnos a una «nueva normalidad». Uno se pregunta qué cambios habrá en nuestra identidad y, sobre todo, en la forma de relacionarnos con los demás. 

Pero prosigamos con la novela. Tolstói nos muestra cómo Bezujov es golpeado por la realidad de su época y transformado completamente. En el frente de batalla arriesgaba su vida por el emperador Alejandro y la madre Rusia. Estuvo en Moscú justo antes de que llegaran las tropas de Napoleón y empezaran los incendios en la ciudad. Al ver que nadie se presentó para entregarle las llaves de la ciudad, Napoleón se molestó muchísimo: conquistar Moscú había sido el gran premio y esperaba que la nobleza se lo entregara. En estas circunstancias les dio rienda suelta a los soldados franceses. Por esa razón, muchos abandonaron la disciplina militar y dejaron de comportarse como honorables soldados: entraban a los palacios de la nobleza, se apoderaban de los objetos valiosos abandonados y provocaban incendios. En medio de este desorden, Bezujov ayudaba a salvar a infantes atrapados por el fuego, hasta que los franceses lo detuvieron y se lo llevaron junto a un grupo de personas acusadas de revoltosos y pirómanos. En este momento de la novela, Tolstói convierte a Bezujov en un campesino vestido con un caftán sucio y roto. Nunca confesó que era conde y pasó bastante tiempo hasta que los franceses se dieron cuenta de que conocía el francés, una lengua que ya no quería hablar. Tuvo suerte pues varios de sus acompañantes fueron fusilados y pudo escapar al paredón gracias a que el ejército ruso se había reorganizado y empezado a perseguir a los franceses, quienes se vieron urgidos a abandonar Moscú. Bezujov queda libre, recibe asistencia y con el tiempo se rencuentra con Natacha, una noble de la que había estado enamorado y que acepta casarse con él. 

Como señalé al principio, releer Guerra y paz en tiempos de pandemia ayuda no  solo a entretenernos, sino también a reflexionar sobre las vicisitudes de la vida actual: al igual que la nobleza rusa que abandonaba Moscú sin saber cuándo ni cómo podría regresar a su ciudad, nosotros tampoco sabemos cuándo ni cómo regresaremos a la «normalidad». ¿Habrá vacuna para fines del 2020 o tendremos que acogernos a la inmunidad de rebaño y sus consecuencias? Esta es nuestra gran preocupación en la actualidad. 

Hoy los científicos nos informan que posiblemente la pandemia vigente sea el resultado de la destrucción de los bosques donde se alojan millones de especies. Los murciélagos, por ejemplo, han desarrollaron inmunidad a virus espantosos. Estas criaturas, y muchas otras, tienen ahora mucho más contacto con la especie humana y posiblemente, en esa interacción, transmitan algún tipo de virus. Se ha dicho que seguramente ese fue el origen del coronavirus. En la carrera por dominar la naturaleza, se nos olvidó que somos parte de esta, y no una especie que existe independientemente. Reitero que es imperativo que cambiemos nuestra concepción del mundo y de la vida, pero sobre todo nuestro comportamiento. Si no cambiamos, terminaremos volviendo a «la normalidad», a la desigualdad actual y con el tiempo se repetirá un fenómeno pandémico o una crisis de iguales dimensiones. Pienso  —como Tolstói en el siglo XIX-  que tenemos que buscar nuevos modos de convivencia, respetando a la naturaleza y, sobre todo, respetándonos mutuamente.  

 

Emelio Betances es catedrático de Sociología y Estudios Latinoamericanos en el Gettysburg College. Entre sus publicaciones se encuentran las siguientes: State and Society in the Dominican Republic (Westview Press, 1995), The Catholic Church and Power Politics in Latin America: The Dominican Case in Comparative Perspective (Rowman and Littlefield, 2007, traducido y publicado por Funglode en 2009, edición aumentada y corregida en el 2017, también por Funglode, con el título La Iglesia católica y la política de poder en América Latina: el caso dominicano en perspectiva comparada), y En busca de la ciudadanía: los movimientos sociales y la democratización en la República Dominicana (Archivo General de la Nación, 2016). En colaboración con Carlos Figueroa-Ibarra, Emelio Betances publicó Popular Sovereignty and Constituent Power in Latin America: Democracy from Below (Palgrave, 2016).


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