Artículo de Revista Global 42

Los derechos humanos en Erzulie’s Skirt de Ana Lara

En la primera parte de este ensayo se demuestra que la novela de la autora dominicano-estadounidense Ana Lara desestabiliza las definiciones oficiales de la identidad dominicana al reivindicar las raíces africanas, postulando a su vez una identidad haitiano-dominicana y denunciando la opresión en el contexto del batey. La segunda parte plantea que la conexión que la novela establece entre la trata de esclavos en la época colonial y y el tráfico de seres humanos en la época moderna -manifestada a través del viaje en yola- constituye una de las críticas más fuertes de la migración indocumentada que se ha visto en las letras dominicanas de la diáspora hasta el día de hoy.

Los derechos humanos en Erzulie’s Skirt de Ana Lara

El tema de la migración indocumentada intracaribeña no es nuevo en las letras dominicano-estadounidense, aunque se podría decir que ha adquirido más visibilidad en los últimos años. A medida que este punto ha sido abordado más abiertamente en estas literaturas, las representaciones del fenómeno de la migración ilegal han adquirido matices más sombríos, ya que pretenden documentar la gravedad, la violencia y los abusos de derechos humanos que caracterizan típicamente esta experiencia. No coincidentemente, muchas de las obras literarias que trabajan estos temas se han enfocado en la experiencia de mujeres emigrantes, dado que tienden a ser victimizadas más frecuentemente que los hombres. Una serie de narrativas, incluyendo El viaje de Miriam Mejía (Crisálida, 1997), la novela Let It Rain Coffee de Angie Cruz (2005), el cuento Mercaderes del amor de Ángela Hernández (Cuentos casi extraños, 2007), y la novela Erzulie’s Skirt de Ana Maurine Lara (2006), ejemplifican una gama de ángulos sobre este tema que varían desde la versión casi glorificada del viaje en yola entre la República Dominicana y Puerto Rico en la novela de Cruz, al retrato angustiante de esta trayectoria en la novela de Lara. Este ensayo se enfocará en la obra Erzulie’s Skirt de Lara, que cuenta la historia de una pareja de mujeres –una dominicana y la otra haitiano-dominicana– que tratan de escapar de las injusticias y las privaciones que sufren como mujeres de color en la República Dominicana. Propongo que por un lado, la novela desestabiliza la definición oficial de la dominicanidad al hacer hincapié en la hibridez de la identidad haitiano-dominicana, y por otro, propongo que la conexión que la novela establece entre la trata de esclavos en la época colonial y la subyugación de ciertos grupos (tanto haitianos como dominicanos) constituye una de las críticas más fuertes de la migración indocumentada que se haya visto en las letras dominicanas de la diáspora hasta el día de hoy.

Hibridez y marginalidad: identidades haitiano-dominicanas

Como se sabe, Haití y la República Dominicana comparten una historia compleja, y a veces polémica, que continúa conformando tanto su relación actual como las construcciones oficiales de la identidad nacional. También se sabe que la ideología del anti-haitianismo que se ha desarrollado a través de la historia llegó a su punto culminante durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961), cuando fue institucionalizada por su gobierno en su intento de definir una identidad dominicana hispanófila (Martínez, 2003: 82). La masacre haitiana de 1937, perpetrada por el gobierno de Trujillo, tipifica el grado de racismo y prejuicio que ha existido en contra de los haitianos en algunos sectores de la sociedad dominicana. Debido a que la identidad dominicana ha sido definida como blanca, hispana y católica, la identidad haitiana –asociada a lo africano, el francés y el vudú– le ha servido tradicionalmente como su contrapunto central.

Se podría decir que los papeles claves que la raza y la etnicidad han jugado en la construcción de estas identidades “opuestas” –al menos desde la perspectiva del aparato estatal trujillista que perpetuó la noción de su “irreconciliabilidad” para promover su agenda– han obstaculizado la afirmación abierta de la afrodominicanidad y la negritud. Puesto que en el imaginario dominicano sólo se tiende a considerar al haitiano como “negro”, los afrodominicanos han tenido más dificultad en afirmar su propia negritud sin que se ponga en duda su lealtad a la nación. Sólo recientemente, el tema casi tabú de la subjetividad afrodominicana se ha comenzado a discutir más abiertamente, no tanto en la producción literaria de la isla –aunque sí aparece en ésta–, sino en la producción de la diáspora.

El hecho de que tal apertura ocurra en la literatura dominicano-estadounidense no nos debe sorprender, puesto que como lo ha afirmado el crítico Juan Flores, “In our time, the very foundations of Dominican, Puerto Rican, and even Cuban national ideologies are being shaken by the remittance of Afro-Dominican, Afro-Puerto Rican, and Afro-Cuban identities. These are borne in decidedly new ways by return migrants and their children as they resurface in home-country settings after a veritable apprenticeship in black consciousness acquired in workingclass diaspora ‘hoods’ in the United States” (2009: 47) [En nuestros tiempos, las fundaciones de las ideologías nacionales dominicana, puertorriqueña y hasta cubana están siendo desestabilizadas por las remesas de identidades afrodominicanas, afropuertorriqueñas, y afrocubanas. Éstas son portadas de formas innovadoras por los emigrantes que retornan, y sus hijos, al país de origen después de desarrollar una conciencia de su propia negritud tras sus experiencias en los barrios de clase trabajadora de los Estados Unidos]. En mi opinión, Lara va mucho más allá de esta tendencia señalada por Flores, no sólo al afirmar la herencia africana que es parte de la identidad dominicana, sino, más importante aún, al reivindicar la identidad haitiano-dominicana.

El contexto en el cual la novela desarrolla esta identidad híbrida es en el espacio del batey, comunidades de viviendas rústicas adyacentes a las plantaciones azucareras donde los trabajadores haitianos y haitiano-dominicanos subsisten en condiciones precarias. El hecho de que la autora enmarque gran parte de la acción en este contexto no es gratuito. El racismo y la xenofobia de ciertos sectores de la sociedad dominicana hacia los haitianos se complica más en el caso de los dominicanos de padres haitianos –comúnmente (y peyorativamente) conocidos como “rayanos”–, un grupo que existe en los márgenes y que constituye un gran porcentaje de la población de los bateyes. La novela de Lara denuncia la opresión de este grupo a través del retrato de Miriam, hija de haitianos nacida en un batey en la República Dominicana, quien personifica la subjetividad híbrida haitianodominicana –que ha quedado doblemente marginada tanto de las sociedades dominicana y haitiana–.

Erzulie’s Skirt revela el prejuicio que muchos haitianos nacidos en la República Dominicana enfrentan en una sociedad donde no son oficialmente reconocidos como ciudadanos y, por lo tanto, han permanecido como sujetos “sin estado”, es decir, despojados de derechos civiles y de la protección estatal. ¹ En una escena reveladora, Miriam –que es haitiano-dominicana– asegura: “Children don’t know yet what it means to be Haitian. They don’t see a difference yet” (Lara, 2006: 119) [Los niños no saben todavía lo que significa ser haitiano. Todavía no ven la diferencia]. Micaela, la otra protagonista, le responde: “I thought you said you are dominican” [Pensé que habías dicho que eras dominicana]. Miriam inmediatamente le contesta: “I was born in this country. Antonio’s father too. But here, they only see me and him as Haitian. The neighbors only think about how we are different. They don’t see how we are the same. […] They don’t see how we are all living in small shacks, and that we all go hungry from time to time. They don’t see how our skins and faces can’t hide the truth of where we came from. We are all from Africa” [Yo nací en este país. El padre de Antonio también. Pero aquí, sólo me ven como haitiana. Los vecinos solo piensan en cuán diferentes somos. No ven cómo nos parecemos. […] No ven que todos estamos viviendo en chozas pequeñas, y que todos pasamos hambre a veces. No ven que nuestras pieles y caras no pueden esconder la verdad sobre el lugar de donde venimos. Todos venimos de África].

Las observaciones de Miriam confirman que es excluida por sus vecinos, y luego perseguida por la policía por ser haitiana, a pesar de haber nacido en suelo dominicano e identificarse simultáneamente como dominicana y haitiana. En otras palabras, el texto revela el conflicto que emerge entre las etiquetas impuestas por la sociedad y la percepción que cada individuo tiene de sí en el contexto de una sociedad altamente racializada y dividida étnicamente. Como indican otras escenas del texto, los rasgos físicos de Miriam la marcan típicamente como “haitiana”. Una de estas escenas ocurre cuando esta mujer intenta obtener una visa para viajar con su hijo Antonio y con Micaela a Estados Unidos. Según el narrador, “The guard looked her up and down, narrowing his eyes as he studied her tightly braided hair. ‘Haitians have to go to Haiti to apply for visas. This line is only for Dominicans’” (Lara, 2006: 139) [El guardia la miró de arriba a abajo, estrechando sus ojos mientras estudiaba su pelo trenzado apretadamente. ‘Los haitianos tienen que ir a Haití para solicitar sus visas. Esta fila es sólo para dominicanos’]. Miriam le responde, “I am a dominican, and so is my son. Where do I have to go to get an appointment? The guard shook his head. ‘Sorry, I can’t help you.’ He turned his back to her” [Yo soy dominicana, y también lo es mi hijo. ¿Dónde tengo que ir para conseguir una cita? El guardia negó con la cabeza. ‘Lo siento, no puedo ayudarla.’ Se dio vuelta y le dio la espalda]. Este intercambio entre Miriam y el guardia, quien en última instancia la ignora, metaforiza la postura que el Estado ha asumido frente al “problema” que representa el haitiano-dominicano, quien en muchos casos ha sido “desaparecido” porque “no existe” en el registro oficial. Como demuestra la situación de Miriam en la novela, miles de niños nacidos en los bateyes de padres haitianos crecen sin una identidad oficial (reconocida por el Estado) y sin los derechos que les otorgaría la ciudadanía dominicana, a pesar de haber nacido en la República Dominicana. Recientemente, los abusos de derechos humanos en los bateyes han sido objeto de debate y se ha hecho más presión sobre los gobiernos dominicano y haitiano para que se ponga un alto a los abusos en contra de haitianos y haitiano-dominicanos en los bateyes cometidos por corporaciones multimillonarias.² Al arrojar luz sobre las condiciones de vida y de trabajo en los bateyes, Lara es la primera autora dominicano-estadounidense que denuncia lo que muchos reconocen como un sistema casi “esclavista” moderno, y también la primera en reclamar la identidad haitiano-dominicana como parte de la cultura dominicana, expandiendo así la construcción tradicional de la dominicanidad (Martínez, 1999: 78).

Trayectorias paralelas

Erzulie’s Skirt evoca un paralelo entre la trata de esclavos de la época colonial y la migración indocumentada intracaribeña, proponiendo así una conexión entre la primera y el tráfico de seres humanos que tiene lugar en la época moderna. La novela logra establecer este paralelo a través de referencias explícitas a África y al tráfico de esclavos africanos, por un lado, y de las representaciones de la vida en los bateyes y del viaje en yola que cientos de dominicanos hacen a Puerto Rico cada año, por otro lado. ³

La presencia y la exaltación de África son una constante a través de la novela, un leitmotiv particularmente en el contexto de los rituales religiosos que se representan en la narración. Esta fuerte presencia de África hace que la novela se pueda insertar dentro de la tradición literaria de lo que Paul Gilroy ha denominado el black Atlantic, caracterizada por lo que Juan Flores (2009: 52) propone como “history of return as desire and reality” [la historia del regreso como deseo y realidad], la cual ha significado un “longing for Africa as the primordial homeland” [la nostalgia de África como hogar primordial]. Como sugiere Eleuterio Santiago-Díaz (2007: 49), a pesar de que Gilroy no tomó en cuenta el Caribe hispano al teorizar lo que denominó como el black Atlantic, “la experiencia africana y afropuertorriqueña [vinculan] la isla al mundo del black Atlantic”. De igual forma, propongo que también se inserte la experiencia afrodominicana y afrocubana dentro de este esquema teórico.

La glorificación de África sirve muchas veces de contrapunto a las condiciones de vida moderna para muchos afrocaribeños, como se ejemplifica en la siguiente cita de Mama Hounsin, la madre de Micaela: “When we were in Guinée, we had everything we needed. All the riches of the earth were ours. But, by the force of iron and whip we arrived here. Everything we do is to remember where we come from” (Lara, 2006: 53) [Cuando estábamos en Guinea, teníamos todo lo que necesitábamos. Todas las riquezas de la tierra eran nuestras. Pero a fuerza de hierro y látigo llegamos aquí. Todo lo que hacemos es para recordar de dónde venimos]. Las palabras de Mama Hounsin no solo son evidencia de la idealización de África como madre patria y “tierra de la abundancia”, sino que también enfatizan la trata de esclavos como el episodio culminante que marca la ruptura entre su presente y su pasado.

En otra escena, el padre de Micaela le dice: “Your mother’s families were cimarrones. They resisted the Spanish slavers who ran the bateyes where they grew sugar cane. They took the cane and with our blood made it into sugar. Your mother’s people fled. They came to the mountains before their feet could be cut off. They hid amongst the spirits of the trees that protected them when the Spaniards rode their horses in search of those that escaped the whippings and torture of the plantations” (Lara, 2006: 80) [La familia de tu madre fueron cimarrones. Resistieron a los esclavistas españoles dueños de los bateyes donde cultivaban la caña de azúcar. Ellos tomaron la caña y con nuestra sangre la transformaron en azúcar. El pueblo de tu madre huyó. Vinieron a las montañas antes de que les cortaran los pies. Se escondieron entre los espíritus de los árboles que los protegieron cuando los españoles vinieron a caballo buscando a los que habían escapado a los latigazos y la tortura de las plantaciones]. En otras palabras, aquí se observa un énfasis en trazar la historia familiar y su trayectoria de resistencia, primero durante la época colonial, y más recientemente en el contexto del batey moderno.

De hecho, las descripciones de las condiciones de vida de la familia de Micaela en el batey nos recuerdan las condiciones que había bajo el sistema esclavista colonial, enfatizando de esta forma un paralelo entre el pasado y el presente. En una escena que parece recrear ese pasado colonial, Micaela señala: “[The women] swung their machetes in the air, up to the right, down to the left cutting down the cane that stood high above their heads. They went in rows, the children a long distance behind them, gathering the fallen stalks and forming piles for the men to gather. The women floated above the ground, covered from head to toe in cloth that protected them from the blazing sun, and the thin shreds of cane that flew out to cut their eyes, throats, noses and skin. The cane was like powdered glass, causing small exposed areas to swell up from the debris” (Lara, 2006: 13) [Las mujeres] mecían sus machetes en el aire, arriba hacia la derecha, abajo a la izquierda, cortando la caña que era más alta que sus cabezas. Iban en filas, los niños a cierta distancia detrás de ellas, recogiendo los pedazos caídos y formando montones para que los hombres los recolectaran. Las mujeres flotaban sobre el suelo, cubiertas de pies a cabeza por ropas que las protegían de un sol abrasador y de los filamentos de caña que volaban y cortaban ojos, gargantas, narices y piel. La caña era como vidrio hecho polvo, causaba la hinchazón de las partes expuestas]. Esta descripción de los bateyes y del trabajo en el cañaveral, y otras más, sirven para denunciar las condiciones bajo las cuales miles de haitianos y haitiano-dominicanos viven, las cuales son resumidas por el padre de Micaela cuando declara: “A Haitian working here [Dominican Republic] is nothing more than a slave” (Lara, 2006: 31) [Un haitiano que trabaja aquí no es nada más que un esclavo].

Sin duda, una de las conexiones más directas que la novela establece entre la trata de esclavos colonial y el tráfico de personas en la época moderna ocurre cuando se describe el viaje en yola que hacen Miriam, su hijo Antonio y Micaela al tratar de emigrar a Puerto Rico. Comenzada la trayectoria, el grupo de indocumentados del cual son parte se da cuenta de que los traficantes los engañaron, la persona que se suponía que dirigiera la yola los abandonó y los pasajeros no saben cómo llegar a Puerto Rico. Las descripciones del calor, el hambre, la sed y los tiburones llegan a su punto culminante cuando la embarcación zozobra y varios se ahogan. Como expresa la narradora: “The water had run out several days prior. There was no longer food, and all around them the ocean jeered at their solitary boat. The two men had jumped from the yola the night before, preferring to drown than suffer the madness of dehydration” (Lara, 2006: 166) [El agua se había acabado hacía unos días. Ya no había comida, y alrededor de ellos el océano arremetía contra su embarcación solitaria. Los dos hombres se habían tirado de la yola la noche anterior, prefiriendo ahogarse que sufrir la locura de la deshidratación].

Además del sufrimiento que claramente evoca los horrores que asociamos con la trata de esclavos y su viaje cruzando el océano Atlántico, la narrativa que sigue este capítulo también sirve para enfatizar este paralelo. A lo largo de la novela se desarrollan historias intercaladas sobre “She” e “Ifé”, dos mujeres de origen africano que son capturadas por traficantes en la época colonial y son forzadas a hacer el viaje a América. Después del capítulo sobre el viaje de Miriam y Micaela, la narrativa sobre She e Ifé describe cómo fueron encadenadas y forzadas a abordar la embarcación: “Ifé had pressed herbs and roots into her hand as they boarded the ship–rough white men pushing and pulling them up the thin boards, dragging the resistant after a hard blow to the back. […] She floated over rows and rows of bodies, dead or suffering in the fungal darkness of the ship’s keep” (Lara, 2006: 173) [Ifé había agarrado fuertemente las hierbas y raíces al abordar el barco –bruscos hombres blancos empujándolos y halándolos por los tablones, arrastrando a los que se resistían después de un golpe fuerte en la espalda–. […] Ella flotaba sobre filas y filas de cuerpos, muertos o sufriendo en la oscuridad mohosa del almacén del barco]. El hecho de que a la descripción del viaje de Miriam y Micaela le siga la historia de She e Ifé enfatiza la correlación directa que la novela de Lara pretende establecer entre la trata de esclavos en la era colonial y la migración indocumentada intracaribeña del presente.

Esta correlación se hace aún más patente cuando Miriam y Micaela llegan a Puerto Rico, donde son secuestradas, mantenidas cautivas en un cuarto oscuro y forzadas a prostituirse. También es aquí donde Miriam, delirando de fiebre, se entera de que su hijo Antonio fue ahogado a propósito por el traficante que las recogió en la costa. Los sucesos que tienen lugar en este capítulo revelan el grado de vulnerabilidad de las mujeres y los niños antes, durante y después del proceso de migración indocumentada entre la República Dominicana y Puerto Rico. Las descripciones gráficas de la explotación sexual de Miriam y Micaela que encontramos en esta novela constituyen una de las críticas más fuertes de la conexión entre la migración indocumentada y el tráfico de sexo coaccionado –considerado un tipo de esclavitud moderna por muchos– que hasta hoy día se han dado en la literatura dominicano-estadounidense y del Caribe hispano en general.

Por lo tanto, Erzulie’s Skirt arroja luz sobre otro problema asociado frecuentemente con la migración indocumentada: la explotación sexual del emigrante. Al igual que el tema de las condiciones de vida en los bateyes modernos, este problema también se suma a la lista de violaciones de los derechos humanos que existen hoy día en el contexto caribeño. En un estudio publicado en 1996 por el International Organization for Migration titulado “Trafficking in Women From the Dominican Republic for Sexual Exploitation”, los autores declaran que la República Dominicana “has the fourth highest number in the world of women working overseas in the sex trade” [tiene el cuarto número más alto a nivel mundial de mujeres que trabajan en el extranjero en la industria del sexo]. Aunque no todas las mujeres que participan en la industria del sexo han sido forzadas, muchas han sido engañadas o forzadas a prostituirse antes, durante o después de que la migración indocumentada tenga lugar.

La experiencia de ser prisioneras y forzadas a la prostitución durante su corta estadía en Puerto Rico también es significativa, porque pone en tela de juicio la visión de la isla como “tierra de la oportunidad”. Como se sabe, Puerto Rico es uno de los destinos principales del circuito migratorio intracaribeño, ya sea como meta final o como parada en la “migración escalonada” hacia los Estados Unidos continentales. Debido a su relación cercana con Estados Unidos –más precisamente su estatus de territorio estadounidense–, Puerto Rico comparte con su poder colonial el atractivo del mito del “sueño americano”. Esta conexión entre Puerto Rico y el “sueño americano” se hace evidente en las palabras del narrador cuando Miriam y Micaela se enteran de que están en Puerto Rico. Desilusionada frente a la experiencia que ha tenido, comenta: “In Puerto Rico the streets were paved, but not with gold” (Lara, 2006: 181) [En Puerto Rico las calles estaban pavimentadas, pero no con oro], una frase que enfatiza cómo en el imaginario dominicano este mito se ha extendido más allá de los Estados Unidos continentales para incluir también la isla-colonia. Dada la deshumanización y el trauma que sufren Miriam y Micaela en Puerto Rico, está claro que la novela de Lara cuestiona esa visión idílica de Puerto Rico y, aún más importante, su texto se convierte en advertencia frente a los peligros y riesgos asociados con la migración indocumentada a la isla.

Erzulie’s Skirt marca un hito en la producción literaria de la diáspora dominicana por varias razones. En primer lugar, su enfoque en la identidad haitiano-dominicana –la cual ha sido marginada– le da visibilidad a esta subjetividad híbrida y cuestiona la noción tradicional y oficial de la dominicanidad. Además, a través del énfasis de la novela puesto en África y las referencias figurativas y explícitas a la trata de esclavos, el texto logra reivindicar las raíces africanas de la identidad dominicana, las cuales han sido históricamente rechazadas a favor de una versión hispanófila de la dominicanidad. Por último, la novela propone una visión desmitificada de la migración indocumentada y de Puerto Rico como una extensión del “sueño americano”. Desde cualquier perspectiva que se analice, Erzulie’s Skirt es una narrativa poderosa que revela las dificultades que enfrentan las mujeres de color en la República Dominicana.

Marisel Moreno enseña literatura caribeña y de latinos de origen caribeño en el Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Notre Dame. Ha publicado varios artículos sobre literatura dominicana y puertorriqueña en las revistas académicas Centro, Latino Studies, Camino Real, Latino/a Research Review, Revista de Estudios Hispánicos y Afro-Hispanic Review.

Notas

  1. Muchos son clasificados como personas “en tránsito”, según la Ley 285-04 del 2004. La nueva Constitución, ratificada y adoptada en enero del 2010, revisó e hizo más estrictas las condiciones para obtener la nacionalidad dominicana. Según el artículo 18, quedan excluidos del derecho a la ciudadanía los dominicanos de padres haitianos (“en tránsito”): “Son dominicanas y dominicanos: 3) Las personas nacidas en territorio nacional, con excepción de los hijos e hijas de extranjeros miembros de legaciones diplomáticas y consulares, de extranjeros que se encuentren en tránsito o residan ilegalmente en territorio dominicano. Se considera persona en tránsito a toda extranjera o extranjero definido como tal en las leyes dominicanas”.
  2. Entre las organizaciones que han surgido en defensa de los derechos de estos grupos están: Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas (MUDHA), Movimiento Político Comunitario DominicoHaitiano, y Platform of Haitian Organizations for the Defense of Human Rights.
  3. El sitio virtual de la Guardia Costera de los Estados Unidos ofrece estadísticas anuales de los emigrantes indocumentados que interceptaron en el mar. El número de dominicanos interceptados en el año 2010 fue de 140. Este es el número más bajo que se haya visto en los últimos años, puesto que fueron 727 en 2009, 688 en el 2008, 1,469 en el 2007, 3,011 en el 2006, 3,612 en el 2005 y 5,014 en el 2004. Claramente, la novela de Lara, publicada en el 2006, es una respuesta a la crisis de las yolas que tuvo lugar en esos años.

Bibliografía

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