Artículo de Revista Global 1

Los dominicanos en España

El trabajo examinan los patrones que conforman el proceso de identidad de los dominicanos que han emigrado a España, a través de las relaciones sociales y los vínculos que establecen allí.

Los dominicanos en España

Es este trabajo se aborda un aspecto de un estudio más amplio que incluyó los temas de la integración y la ciudadanía. Hace ya más de 30 años que la inmigración dominicana hacia España se convirtió en “masiva”¹ y, aunque algunos estudios han tocado estos temas de manera tangencial, ésta es la primera investigación empírica dedicada a ellos. El examen de las relaciones sociales de estos migrantes se centra en sus relaciones con los grupos en presencia que para ellos tienen una gran significación (familia, compatriotas, amigos españoles, latinoamericanos y de otras nacionalidades). Estas relaciones influyen su identidad de manera crucial, ya que ésta se construye en interacción con el entorno social. En un primer momento se analiza su situación familiar, luego sus relaciones con la comunidad de origen, y, finalmente, se aborda el tema de las relaciones interétnicas. Como se ha repetido de manera incesante en la literatura sociológica, la familia es el lugar por excelencia de la socialización de los seres humanos.

En ella es donde comienza la etnicización, transmisión e interiorización de normas, valores y representaciones del grupo étnico de pertenencia. El proceso de etnicización que comienza en el grupo familiar es un hecho social. La identidad étnica se produce en la interacción. Tabeada Leonetti² señala que esta interacción comporta tres dimensiones. Las representaciones que se expresan a través del discurso de los actores. Toda identidad minoritaria es de alguna manera producto de las asignaciones, de la imagen que de ella tiene el grupo dominante. El segundo nivel reenvía a las relaciones interpersonales de los individuos y los grupos observables en situaciones concretas de cara a cara. Estas son predeterminadas en gran medida por el tercer nivel de la interacción, que son las relaciones sociales que definen el lugar de unos y otros en la sociedad en su conjunto. Así, la naturaleza de una situación que pone en relación un miembro del grupo mayoritario con otro perteneciente a un grupo minoritario estará determinada por el lugar de uno y otro en la sociedad y por la representación del grupo mayoritario frente al minoritario. La centralidad de la cultura en la construcción identitaria ha sido también señalada con insistencia por los analistas de la identidad. Los individuos están sometidos a las influencias de diferentes sistemas culturales (la familia, la comunidad de origen, la sociedad). En las sociedades europeas, al boom cultural de las sociedades postmodernas se agrega la presencia de una diversidad de grupos étnicos-culturales. En tales contextos, la construcción identitaria se hace particularmente compleja. Esto ha conducido a los analistas de la identidad a privilegiar un enfoque constructivista. Así, para Devereux la identidad opera como una “caja de herramientas”, donde las diferentes determinantes sociales (la familia, los amigos, la comunidad de origen, la sociedad) y culturales (la lengua, la religión, las costumbres, los valores) no son más que los materiales a partir de los cuales los individuos construyen su identidad⁸.   Este enfoque no niega las influencias que recibe el individuo de su entorno social y cultural, pero insiste en que la identidad nunca es totalmente impuesta, que ésta es normalmente expresión de la elección del sujeto. Así concebida, la identidad tiene un carácter dinámico, hay en ella tanto de continuidad como de cambio. Estas dos dimensiones, aparentemente contradictorias, son parte de una misma estructura, donde la diversidad integra un conjunto coherente que el individuo construye a todo lo largo de su existencia en una doble relación: consigo mismo y con su entorno social. La complejidad de la construcción identitaria está relacionada con el hecho de que su entorno social es en las sociedades de hoy muy heterogéneo. Éste se presenta a los individuos bajo diferentes figuras, que son de hecho diferentes sistemas culturales: grupos primarios (familia, grupos de amigos) y grupos secundarios (instituciones de la comunidad de origen y de la sociedad: asociaciones étnico-culturales e instituciones educativas y económicas). A partir de estos parámetros abordaremos el estudio de las relaciones sociales de los dominicanos en España y su posicionamiento frente a los diferentes grupos sociales y culturales que los rodean, a fin de capturar los fundamentos de la identidad que ellos construyen.

Precisiones metodológicas

Este trabajo se basa en los datos de una investigación de campo sobre la presencia dominicana en Madrid, desarrollada por la Dirección de Investigaciones de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) entre los meses de diciembre de 2001 y mayo de 2002, con el propósito de crear una base de datos sobre la dinámica del proceso de inmigración dominicana a Madrid, asociada a la identidad, ciudadanía e integración. Es importante destacar que esta base de datos es de carácter exploratorio, porque no existen informaciones estadísticas previas confiables sobre el número y características de los migrantes dominicanos que residen en ese país europeo, ya que una parte está registrada estadísticamente (los legales) y otra no (los ilegales). En otro orden, los criterios de selección de la muestra no toman tampoco en cuenta las características globales de la “población madre” migrante hacia España. La estrategia investigativa combinó una encuesta basada en un cuestionario estructurado aplicado en cuatro barrios de Madrid, entrevistas en profundidad, información de fuentes primarias de instituciones públicas españolas relacionadas con los inmigrantes, e informaciones de fuentes secundarias.  La encuesta, instrumento central de la investigación, estuvo basada en una muestra imputada de “bola de nieve” de 196 casos, 120 mujeres y 76 hombres, con tres rangos de edades: 18-25, 26-40 y 41-55, distribuidas en cuatro barrios considerados representativos de la migración dominicana a Madrid: Cuatro Caminos, Legazpi, Campamento y Aravaca, a la cual se le aplicó un cuestionario de 227 preguntas, mayormente abiertas y semi-abiertas, las cuales cuestionan sobre a) sus datos generales, b) sus datos familiares, c) su experiencia migratoria, d) su historia laboral, e) su nivel educativo, f) sus relaciones familiares y sociales en España, g) su conocimiento y compenetración con las realidades dominicana y española, h) sus comportamientos socioculturales, i) los comportamientos socioculturales de sus hijos j) la convivencia y discriminación en España, k) sus derechos en España y la República Dominicana y l) sus relaciones con la República Dominicana.

Las relaciones sociales. En la interacción con los miembros de su grupo de origen y de otros grupos étnicos es donde los individuos se forman las imágenes que influyen en su identidad étnica⁴. Tanto las restricciones como las oportunidades que ofrece el grupo mayoritario (los españoles) al grupo étnico (los dominicanos), así como la evaluación que de sí mismo hace el grupo contribuyen a la formación de esas imágenes.

Las relaciones familiares. Se presentan aquí algunos aspectos de la vida familiar de los dominicanos en España que contienen variaciones identitarias, tales como la desintegración familiar (la separación de la pareja y de los hijos) y el reagrupamiento de la familia extendida. La adaptación de las familias dominicanas al contexto español no se produce sin desgarraduras. Un significativo número de las uniones (33.6%) no sobrevive después de la partida de uno de los miembros de la pareja. La mayor parte de las rupturas (77.5%) se produce antes de los dos años. La emigración no sólo separa a la pareja sino también a los hijos.  Del total de  hijos que reportan tener los entrevistados, 102 viven en la República Dominicana, 84 en España y tres en otros países. De los que residen en la República Dominicana, un total de 84 (82.3%) viven con el padre o la madre o abuelos maternos. Estamos pues frente a familias frágiles, con significativos índices de rupturas y nonoparentalidad. Esta situación es muy probable que esté impactando la conducta de los hijos de estos migrantes,  pero nuestros datos, centrados sobre la integración, ciudadanía e identidad no permiten formular hipótesis al respecto. La desintegración de la familia nuclear es en gran medida recompensada con el reagrupamiento de la familia extendida. Un 77.5% de los entrevistados dice tener parientes en España y un 95.4 declara tener algún tipo de relación con estos parientes, 73.7% de los cuales perciben estas relaciones como muy buenas.  El mantenimiento de fuertes lazos con la familia extendida, que pierde significación en el contexto de sociedades postmodernas como la madrileña, es retomado por los dominicanos en España como un elemento fuerte de sus relaciones sociales y de su identidad, dada la importancia que se le confiere a la familia en la cultura del país de origen.

Las relaciones con la comunidad de origen. La dimensión comunitaria de la identidad étnica, que comprende la formación de redes de amigos entre compatriotas, pero también la participación en asociaciones, comercios, empresas, así como los intereses económicos y políticos capaces de movilizar el grupo, está sin duda más centrada sobre el primero de estos dos aspectos. Un 97.4% de los entrevistados declara tener amigos dominicanos en España y un 88.8 % asegura reunirse con esos amigos. Este predominio de las relaciones primarias podría estar relacionado con los siguientes factores: la corta existencia de la comunidad dominicana en Madrid, que se conforma en la década de  los 90; su dispersión espacial en diferentes barrios de la ciudad, y el carácter incipiente de sus instituciones económicas, sociales y culturales. Pese a que son varios los dominicanos que han podido instalar sus propios negocios, bares, restaurantes, peluquerías, salones de belleza, bodegas, remesadoras, distan mucho de ser instituciones sólidas; lo mismo podría decirse de sus organizaciones sociales y culturales.

Las relaciones interétnicas. Las amistades constituyen sin duda un elemento crucial del universo social de los dominicanos en España y el lugar por excelencia de sus relaciones interétnicas. Las relaciones primarias de estos migrantes trascienden la familia y los grupos de compatriotas; un 78.6% de los entrevistados afirma tener amigos españoles y un 79.9 dice frecuentar estos amigos.

Más de la mitad de estos migrantes (56.6%) afirma tener amigos de otra nacionalidad distinta a la española, la mayoría (un 84.6%) de origen latinoamericano (es decir, personas culturalmente próximas). Tanto las relaciones de amistad que los dominicanos en España sostienen con personas pertenecientes al grupo dominante (españoles) como aquellas que cultivan entre otros grupos étnicos, particularmente entre el resto de los latinoamericanos, hablan de una fuerte integración a la sociedad receptora, que trasciende el ámbito de lo social y penetra la esfera de la cultura y la identidad. Como lo han demostrado diferentes analistas⁵,  toda identidad es culturalmente moldeada. En el contexto de grandes ciudades europeas, con frecuencia caracterizado por el enfrentamiento de la cultura tradicional de grupos de inmigrantes con la cultura postmodernas de esas ciudades, la construcción identitaria implica una selección de valores, costumbres y demás manifestaciones culturales de los grupos en presencia.  El siguiente ejercicio consistirá en examinar los aspectos de la cultura de origen que más se esfuerzan en retener los dominicanos en España, así como los aspectos de la cultura del grupo dominante (el grupo español) que resultan para ellos más significativos.

Cultura e identidad

Las tradiciones del país de origen que mejor conservan los inmigrantes dominicanos en España son aquellas que más están ligadas a la vida familiar, como las tradiciones culinarias. Ellos están acostumbrados a comer de una cierta manera y nada parece impedirles continuar haciéndolo; entonces, ¿por qué cambiar? La mayoría de los entrevistados acostumbra comer como los dominicanos: un 47.4% come exclusivamente comida dominicana y un 39.2% ambas comidas; es decir, un 87% conserva de alguna manera su forma tradicional de comer. Sin embargo, cuando se trata de tradiciones que trascienden el espacio familiar, como es la celebración de fiestas patrias, este porcentaje se reduce a un 12.1%. Esta dificultad para conservar las tradiciones que se refieren al espacio público está relacionada con el escaso desarrollo de la comunidad dominicana en Madrid, su carácter incipiente y la debilidad de sus escasas instituciones. Otras tradiciones que pueden ser referidas al espacio privado, como la música, son también ampliamente conservadas.  Un 81 % dice que solo escucha en España música dominicana (bachata, merengue, salsa y boleros dominicanos). Estos migrantes realizan arreglos para integrar en un conjunto coherente aspectos de la cultura de origen y del país receptor. Su universo cultural se enriquece con nuevos conocimientos y maneras de concebir la vida. Esta selección de elementos de la cultura del país de origen y del país receptor se hace sin duda en función de sus recursos personales y sociales, de las posibilidades que les ofrece la sociedad receptora y de la imagen que ella tiene de ellos.  La mayoría de los entrevistados (87.2%) dice haber aprendido algo de su estadía en España. Los nuevos conocimientos adquiridos van desde el aprendizaje de una profesión u oficio hasta la adquisición de nuevas habilidades culinarias. Esto explica por qué también la mayoría hace una evaluación positiva de la experiencia de la inmigración en España. Los mejores salarios y condiciones de trabajo, la libertad, la calidad de los servicios y la forma de vida están entre las cosas que más aprecian los inmigrantes dominicanos en España. En cambio, el racismo y la xenofobia resaltan como uno de los elementos más incómodos de su estadía en el país europeo. Un significativo porcentaje de los entrevistados (35.5%) señala como manifestaciones de racismo en España la preferencia por los españoles en los empleos, tanto en la asignación de los puestos como en los salarios, las actitudes y comentarios adversos y los comentarios e insultos.  Pese a la proximidad cultural de dominicanos y españoles, no hay que olvidar que los primeros son mayoritariamente negros y mulatos y portadores de una cultura híbrida, donde la herencia africana es tan marcada como la española. El color de la piel y las particularidades culturales los convierte en una minoría visible, asociada a la inmigración proveniente del Tercer Mundo, susceptible de sufrir discriminación y racismo. Este elemento juega a favor de la etnicización del grupo dominicano. La construcción de la identidad étnica está estrechamente ligada a las clasificaciones presentes en las sociedades, con frecuencia deslizadas hacia la estigmatización identitaria y roles estereotipados.  Uno de los casos más clásicos en ese sentido es el de los judíos, que Hannah Arentd⁶ ha descrito como la figura de paria y rebelde, moldeada por el antisemitismo. Las identidades prescriptas por la sociedad receptora tienen tal fuerza que con frecuencia reenvían a un segundo plano las identidades primarias, cediendo el primer lugar a la nueva identidad asignada. Es así como calabreses y napolitanos pasan ser italianos o ítaloamericanos en las grandes ciudades de América del Norte, lo que nunca pensaron ser en su anterior contexto calabrense o napolitano y, aunque nuestros datos no nos permiten hacer hipótesis en ese sentido, es probable que los dominicanos, ecuatorianos, cubanos, etcétera, comiencen a pasar a ser latinoamericanos en el contexto madrileño⁷. Existe un claro proceso de aculturización, que se observan en los importantes cambios en la manera de pensar, de sentir y de actuar.  Un 68.9% de los entrevistados declara haber cambiado su manera de pensar después de vivir estos años en España; un 42.8% también dice haber cambiado su forma de sentir y un 54% la de actuar. Entre los cambios que han sufrido en la manera de pensar los inmigrantes dominicanos en España se destacan: pensar más en el futuro y el progreso; en la necesidad del ahorro; en la familia, y en hacer su casa. En cuanto a la manera de sentir, manifiestan ser ahora más sensibles y notar más la ausencia de la familia; en cuanto a su manera de actuar, remarcan que son ahora más responsables, más pacíficos, más calculadores a la hora de actuar, más dinámicos y listos, así como más independientes. Nótese que aunque varios de estos cambios en la manera de pensar, de sentir y de actuar se reportan sobre todo a la cultura de la sociedad receptora, como son la responsabilidad, la independencia o responder ante la adversidad de manera más calmada y pacífica, otros, como el proyecto de ahorrar para hacer su casa y el apego a la familia, operan más bien como un afianzamiento en la cultura origen.

Conclusión

Este análisis rinde cuentas de algunas de las transformaciones culturales que la experiencia de la inmigración ha provocado entre los dominicanos radicados en Madrid. Varias de estas transformaciones van sin duda en el sentido de la aculturación, la evaluación positiva que ellos realizan de su vida en España, su entusiasmo en torno a los mejores ingresos y condiciones de vida, calidad de servicios y atmósfera de libertad e independencia que reina en una sociedad postmoderna como la madrileña. Sin embargo, esta aculturación, aunque real, es a todas luces parcial. En gran medida, estos inmigrantes continúan identificándose con su cultura de origen. Veamos los aspectos de la vida social y cultural de los inmigrantes dominicanos en España que juegan a favor de la aculturación e incluso de la asimilación:

  • La inmigración dominicana en España está constituida, en una significativa proporción, por familias frágiles, escindidas, lo que es raras veces favorable a una fuerte identificación a la cultura de origen.
  • La relación con la comunidad étnica está fuertemente centrada en las relaciones primarias.
  • La atracción de estos inmigrantes por la cultura posmoderna de los madrileños (libertad, independencia) es muy fuerte, particularmente entre los jóvenes y las mujeres, que son el grueso de la población.
  • Los lazos con el país natal, aunque bastante fluidos, no se han concretado todavía en fuertes redes transnacionales.
  • El color de la piel y la herencia cultural africana hacen de los dominicanos en España una minoría visible, expuesta a la asignación de roles y estereotipos.
  • El carácter cada vez más multiétnico de la ciudad de Madrid induce al desarrollo de un espacio propicio a la movilización étnica por la consecución de objetivos económicos, políticos, sociales y culturales.
  • El desarrollo de las comunicaciones y la facilidad de los viajes mantienen vivos los lazos con el país natal. El análisis de estos datos conduce a cierto escepticismo en cuanto al porvenir de la persistencia de la identidad étnica de la inmigración dominicana en España y muy particularmente entre los hijos de estos migrantes. El proceso de migración masiva desde la República Dominicana hacia España parece que ha concluido. A excepción de algunos migrantes laborales, que se van a España con sus respectivos contratos de trabajo en el marco de un acuerdo entre ambos Estados, la incipiente comunidad dominicana en ese país europeo no está siendo alimentada por olas sucesivas de inmigrantes, condición indispensable para el desarrollo de una comunidad, con un liderazgo bien definido e importantes instituciones económicas, políticas y sociales, que se constituyan en un espacio para el despliegue de prácticas culturales y base social para la movilización política y económica del grupo étnico, en aras de una mayor participación en la asignación de recursos, poder, estatus y prestigio.

Carlos Dore Cabral, sociólogo, es especialista en estudios políticos, sociología de las migraciones y los procesos de urbanización. Ha hecho aportes de interés sobre la cuestión rural en la República Dominicana. Ha escrito varios libros, entre los que destacan “The Urban Caribbean:Transition to the New Global Economy” y “Problemas sociológicos de fin de siglo”.

Carlos Segura, sociólogo, realizó estudios doctorales en la Universidad de Montreal y una maestría en la Universidad del Québec en Montreal. Formó parte del Grupo de Estudios Étnicos de la Universidad de Montreal, donde realizó varios trabajos sobre el pluralismo cultural y la emergencia de nuevas identidades. Ha realizado trabajos de investigación sobre la inmigración haitiana hacia la República Dominicana y las relaciones dominico-haitianas y ha trabajado como consultor de la FAO.

Bibliografía

  1. Báez Evertsz, Carlos, 2001. La inmigración dominicana en España, en La inmigración dominicana en el tercer milenio, José Ramón Aparicio et al., Editorial Betania, Madrid, España.
  2. I. Tabeada-Leonetti, «Stratégies identitaires et minorité dans les sociétés pluriethniques », Revue internacionale d’action communautaire, 22/61, printemps, 1889, pp. 96-98.
  3. G. DEvereux, “L’identité ethnique: ses bases logiques et ses dysfonctions”, in Ethic Identity Cultural Continuities and Changes, bajo la dirección de G. De Vos et L. Romanauci-Ross, Chicago, The UNiversity of Chicago Press, 1970, pp. 133-160.
  4. Isajiw, W.W. 1990. “Ethnic Identity Retention”, in Ethnic Identity and Equality, bajo la dirección de R. Breton et al., University of Toronto Press, p. 35.
  5. Camilleri, C. 1989. “La culture et la identité culturelle: champ notionnel et devenir”, capítulo en Chocs de cultures: concepts et enjeux pratiques de l’interculturel, París, L’Harmattan; Devereux, op. Cit.
  6. H. Arentd, 1978. La tradition cachée. Le Juif comme paria, Bourgois.

  7. Véase sobre el tema, Dore Cabral, Carlos “Identidad y estratificación racial/étnica”, que es el capítulo de su libro Problemas sociológicos de fin de siglo, 1999, FLACSO: Santo Domingo. Existe una versión en inglés de este texto en colaboración José Itzigsihn, en Mambo Montage: The Latinarization of New York, editado por Arlene Davilas y Agustín Lao Montes, 2000, Columbia University Press: New York.

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