Artículo de Revista Global 33

Los híbridos sin patria de Freddy Prestol Castillo

El Masacre se pasa a pie no es la única obra en la que Freddy Prestol Castillo narra sus viajes por la zona fronteriza. Los “catisos” y los “rayanos”, personajes biológicos y reales que habitan el límite de la narración, también pululan en Paisajes y meditaciones de una frontera, una crónica casi desconocida de este escritor que estuvo enlazado con la clase media alta dominicana.

Los híbridos sin patria de Freddy Prestol Castillo

En un artículo publicado en la edición 31 de la revista Global (“Y hasta la muerte compartida: La frontera en la poesía de Manuel Rueda”) analicé la forma en que Rueda se enfrentaba desde la poesía a la realidad de la frontera domínico-haitiana.

Escribí que la voz poética, por un lado, se colocaba en contraposición con el discurso oficial del trujillismo que propugnaba una separación radical entre la República Dominicana y Haití, y, por el otro, proponía a la isla como una unidad semántica y ontológica dividida por las fuerzas de la historia.

En un lenguaje adánico, el poeta montecristeño evoca el génesis en su poema “Canción del rayano”: “La tierra era pequeña y no tenía otro oficio que el de / recorrerla, / que el de tumbarme a voluntad hasta que de los terrones parduscos me brotaran los hijos” (31), y a partir de ahí, se embarca en una revisión de la historiografía tradicional para proponer al rayano como elemento unificador de ambos pueblos.

El novelista Freddy Prestol Castillo, en El Masacre se pasa a pie (1973), su libro más famoso, y en Paisajes y meditaciones de una frontera (1943), ofrece una visión opuesta, en muchos sentidos, a la de Rueda. Prestol, como representante de la clase media alta dominicana, ve la frontera domínico-haitiana como distante e inhóspita y a sus habitantes como extraños al cuerpo de la nación.

Paisajes es uno de los textos menos conocidos de Prestol, a tal punto que en la biografía que antecede la edición de El Masacre, de 2000, no se menciona este libro y tendrán una idea de la razón al final de este artículo.

A diferencia de El Masacre, Paisajes sí fue publicado durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961) y contiene todos los elementos de la justificación teórica del genocidio de 1937: robo de ganado por los haitianos, invasión pacífica e incompatibilidad cultural y biológica entre haitianos y dominicanos. Prestol Castillo intenta hacer una especie de análisis etnográfico del “rayano” o “catiso”.1

Paisajes es, en cierto modo, el reverso de El Masacre; escrito en igual época, presenta una estructura de viñetas cortas y a los haitianos como incompatibles con los dominicanos. En el texto no se hace mención explícita de la matanza de haitianos y no se los presenta como víctimas de los dominicanos, sino como una especie de victimarios, sobre todo a través de la imagen de la “invasión pacífica” que siempre ha sido útil para los abanderados del nacionalismo dominicano tradicional.

La fecha de publicación de Paisajes coincide con la gran ofensiva nacional e internacional montada por la dictadura trujillista para defenderse de las acusaciones de genocidio. Joaquín Balaguer, por ejemplo, escribía cartas, artículos y libros en el exterior de la República Dominicana justificando la matanza2 y Manuel Peña Batlle pronunciaba conferencias y discursos, a lo largo y ancho del país, en los cuales defendía el antihaitianismo trujillista, al tiempo que escribía su obra principal sobre la cuestión fronteriza, cuyo primer tomo se publicó en 1946; nos referimos, claro está, a su famoso discurso en Elías Piña, de 1942, y a su Historia de la cuestión fronteriza domínico-haitiana.

Un diario de viaje, como el de Martí

Según Prestol, su intención en Paisajes era hacer “[…] la crónica de un viaje por caminos de la frontera, uno de esos cuadros con sol, llanos y negros de aquel pedazo de nuestra tierra frente a Haití […]”. El autor abandonó este propósito porque “[…] no he querido escribir páginas de literatura, sino de observación” (ambas citas, 9). Prestol se coloca así en el lugar del etnógrafo     neutral, que viaja a una cultura “primitiva” y “desconocida”. El efecto que produce la narración de Prestol, debido a su retórica, es parecido a lo que Johannes Fabian denomina “coevalness”. Sin un equivalente preciso en español, coevalness se podría traducir como “coetaneidad”. En el análisis de Fabian, al ser coetáneo con el pasado en el cual se supone que se encuentra la cultura que estudia, el etnógrafo crea, de manera retórica, una distancia que da a su estudio el aspecto científico y neutral necesario. Esta supuesta distancia temporal opera como un marcador de “superioridad”: el etnógrafo viaja del futuro al pasado, llevando consigo, en cierto modo, la “civilización” a la “barbarie”.3

Ya habiéndose presentado como un etnógrafo de la frontera, Prestol describe de este modo su objeto de estudio: “[…] la psicología del propietario rústico que tenía peones de Haití, y los horizontes obscuros de los catisos o rayanos, híbridos sin patria” (9). La frontera no es solamente el lugar donde residen “negros”, sino también individuos que no pertenecen realmente a la nación como los “catisos” o “rayanos”.

Si anteriormente la retórica de Prestol Castillo había presentado la frontera como una región de“sol, llanos y negros”, ahora añade otro elemento más a esta descripción: los propietarios rústicos y los “híbridos sin patria”. En la frontera dominicana habitan tres tipos: los dominicanos (rústicos y blancos), los haitianos (negros, primitivos y africanos) y los “catisos” o “rayanos”, que ocupan un lugar intermedio aunque, como veremos, son siempre “haitianos”.

Este contraste entre los “blancos” dominicanos y los “negros” haitianos se reafirma al referirse a la población de Santiago de la Cruz: “[…] donde todavía hay viejos que parecen escapados de un cuadro flamenco blancos y serenos cuyas labranzas terminan en la linde de Haití, de donde vienen en las noches las negras langostas de los ladrones que roban becerros y las yucas […]” (11). La pertenencia a la nación se establece cromáticamente. Los “blancos” dominicanos son dueños de aquello que los “negros” haitianos intentan robar.

Al contrario de El Masacre, donde no aparecen marcadores temporales específicos, en Paisajes,

Prestol Castillo ofrece la fecha de sus viajes por la frontera, el año 1938 (14). Para retratar la realidad de la frontera domínico-haitiana, en 1936 y parte de 1937, Prestol Castillo acude a José Martí y cita del Diario de viaje un relato sobre la impresión del cubano respecto a Montecristi en 1895:

“En el Diario de viaje del gran americano, hallamos estas palabras de actualidad hasta ayer: ‘En el contrabandista se ve al valiente, que se arriesga; al astuto que engaña al poderoso; al rebelde, en quien los demás se ven y admiran. El contrabando viene a ser amado y defendido como la verdadera justicia. Pasa un haitiano que va a Dajabón a vender su café: un dominicano se le cruza, que viene a Haití a vender su tabaco de mascar, su afamado andullo: ‘Saludo’.‘Saludo’. Hasta Trujillo aquel ámbito geográfico no se había incorporado a la patria (14).”

Esta cita es importante por dos razones. Primero, porque los marcadores temporales (hasta ayer, hasta Trujillo) que Prestol Castillo le añade indican, de manera oblicua, la monstruosidad del genocidio de octubre de 1937, y la intención subyacente al ordenar la masacre; segundo, porque la cita de Martí atestigua cómo, al final del siglo XIX, existía ese mundo que el historiador Richard Lee Turits declara como destruido por el genocidio de 1937, un mundo de convivencia, comercio de dos vías e interculturalidad.4

 

La etimología del híbrido

Una de las partes más significativas del libro de Prestol Castillo es la titulada “Estampa del‘catiso’, el híbrido internacional”. El escritor define al habitante oriundo de la frontera domínico-haitiana de la siguiente manera: “El ‘catiso’ es el híbrido internacional, por cuyas venas corren las dos sangres de la isla, fruto del lecho común del dominicano y de la haitiana, o a la inversa” (21). Los habitantes de la frontera tienen dos nombres según el autor: “‘rayanos’, en el sur, ‘catisos’ en el norte” (21).

Según Prestol Castillo, la palabra “catiso” no puede provenir de “castizo”: “No podía aceptar que fuera una corruptela del término castizo, porque entonces correspondería a una idea contraria, es decir, a la idea de casto, cosa nativa, auténtica, autóctona; en tanto que el ‘catiso’ –como elemento social y demográfico–, es ajeno a nuestra realidad auténtica” (14). El escritor se revela aquí como un producto neto del sistema educativo dominicano que ve lo español, lo castizo, como lo más puro, como la esencia de la dominicanidad.

Pero es más probable que la palabra “catiso” o “catizo” sí provenga de “castizo”, que era el nombre que se le daba durante la colonia al individuo producto de la mezcla de mestizo y español. Esta terminología tiene más sentido etimológico que la que propone Prestol Castillo luego de haber afirmado sus dudas respecto al posible origen ibérico de la palabra.5 En su intento por encontrar un origen del término, menciona al doctor Luis Heriberto Valdez Pimentel como fuente de su teoría de que la palabra en cuestión proviene de “catijo”, que supuestamente en arahuaco significaba ‘mezclado’.

Al intentar dejar de lado el posible origen ibérico de la palabra para darle un improbable origen taíno, Prestol Castillo cae sin darse cuenta en lo que llamo “la trampa de la autenticidad”, porque en su afán de afirmar lo extraño del elemento híbrido de la frontera, Prestol llega al extremo de asignar un origen taíno al nombre que los denomina.

Esto haría de los “catisos” auténticos “indios”. Irónicamente, el elemento que se rechaza tajantemente por africano y negro tiene una denominación taína, y si tomamos en cuenta que la última resistencia taína contra los españoles, la rebelión de Enriquillo, tuvo lugar en lo que es hoy la región fronteriza, más fuerza adquiriría un posible reclamo de los habitantes de la región como los auténticos “indohispanos”.

Ser sin evolución

Al entrar en la valoración de los habitantes de la frontera domínico-haitiana, Prestol sostiene que el “catiso”: “Espiritualmente no ha evolucionado; y se encuentra emplazado en el psiquismo del negro […] En efecto, el catiso piensa en Haití. Vive como en Haití. Su mística está en Haití” (22). Como se puede comprobar, estos habitantes del territorio dominicano son vistos como pertenecientes a otra nación, con la que comparten unos elementos sicológicos que se consideran transmitidos por vía biológica. Aquí el análisis de las “razas” de Prestol Castillo coincide con el racismo biológico exhibido por Balaguer en La realidad dominicana (1947), texto que luego sería reeditado como La isla al revés (1983).

Ofrece dos razones que, a su parecer, explicarían la supuesta “naturaleza” del “catiso”: una biológica y otra histórica. La biológica es que el “catiso” es producto de la mezcla de “sangres”: “la de Haití, en su mayor grado de autenticidad negra; y la nuestra, que llega a través de un negro relativamente evolucionado, o a través de un mulato, que ya carga una cantidad de sangre de blanco” (22). La histórica es más simple: “Aquella tierra la habitó siempre Haití” (23).

Pero Prestol Castillo va más lejos en su valoración biológica del “catiso” y salta al aspecto jurídico, para él si el “catiso” “[…] fecunda a la negra haitiana, ya nuestra aportación psiquista estará borrada totalmente, y este espécimen se hallará exclusivamente incorporado a Haití, como objeto demográfico y como sujeto psíquico. Por esto, he pensado que el catiso es un hombre que no tiene medidas civiles, sino medidas zoológicas”. (23)

La cultura “auténtica” del dominicano. Mediante esta maniobra retórica, los habitantes de la frontera y los haitianos son reducidos a elementos puramente biológicos sin ningún tipo de humanidad. El tema se repetirá en El Masacre donde se compara a los haitianos con los árboles: “El haitiano comía de los frutales y tiraba la simiente al llano. Nacían árboles. Muchos árboles. También en las barracas del hato, nacían haitianos, muchos haitianos. La tierra se poblaba de árboles y haitianos”. (30).

En su libro Medios sin fin: notas sobre la política, Giorgio Agamben, al referirse a los campos de concentración, sostiene que: “Al haber sido despojados sus moradores de cualquier condición política y reducidos íntegramente a nuda vida, el campo es también el más absoluto espacio biopolítico que se haya realizado nunca, en el que el poder no tiene frente a él más que la pura vida biológica sin mediación alguna”. (40, en cursivas en el original).

Un sujeto atrapado en un espacio fronterizo sin protección política alguna queda reducido a naturaleza pura y así puede ser victimizado, ya sea mediante el degüello como en 1937, o mediante las expulsiones masivas que vimos durante los años noventa en la República Dominicana. El terremoto del 12 de enero de 2010 ha agregado otra dimensión a esta visión sobre Haití, pero esta vez diseminada por CNN y las grandes cadenas internacionales de comunicación.6

La imagen de una madre dominicana que amamanta bebés haitianos vale más que toda la retórica antihaitiana.

A pesar de su carácter eminentemente justificativo, Paisajes ofrece, de manera oblicua, atisbos de las consecuencias inmediatas del genocidio de octubre de 1937. Al hacer una descripción de la frontera en ese año, Prestol Castillo apunta que en la provincia de Restauración “[…] sólo eran dominicanos el alcalde pedáneo y tres vecinos. Los demás eran haitianos y ‘catisos’” (25). En 1938, apunta lo siguiente: “Pregunté a un señor dominicano cuál era la causa de no haber agricultura en Dajabón, y me dijo que por la ausencia de haitianos, que habían retornado a su patria” (27).

Para la historia oficial, de la cual Paisajes es parte, los haitianos habitantes de la frontera no fueron eliminados sino que “retornaron a su patria”. Pero Prestol no se queda allí, sino que repite la justificación principal del régimen trujillista: “[…] la expansión de Haití amenazó tragarnos el espíritu ancestral de aquellas zonas, como nos tragaba la tierra dominicana. Todo esto lo vio Trujillo en 1937” (28). Tierra y espíritu están unidos para representar una esencia de la dominicanidad amenazada por la presencia de Haití.

Este discurso sobrevive hasta la actualidad, como hemos visto, de manera palpable en la obra de Manuel Núñez, en los lamentables incidentes de agresión antihaitiana que con preocupante regularidad presenta la prensa dominicana, incidentes en los cuales la justificación esgrimida por Prestol Castillo está siempre a punta de labios, y, también, en los nuevos planes de “dominicanización de la frontera” que se llevan a cabo con la ayuda de grandes corporaciones azucareras dominicanas.

Sin embargo, y a pesar de la dimensión trágica y de las enormes pérdidas en vidas humanas y bienes materiales, el terremoto del 12 de enero ha servido para movilizar esa solidaridad que siempre ha existido entre los pueblos que comparten La Española.

La imagen de una madre dominicana que deja a su propio hijo recién nacido para amamantar bebés haitianos vale más que toda la retórica antihaitiana que ha alimentado la vida intelectual y política de la República Dominicana. Una nueva oportunidad para repensar y refundar las relaciones domínico-haitianas se ha abierto en el marco de una tragedia inenarrable.

Arturo Victoriano es agregado cultural de la República Dominicana en Canadá. Cuenta con una maestría en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Toronto, donde cursa actualmente estudios doctorales. Ha sido traductor de textos académicos al español y al inglés.

Notas

   1 Según Prestol, estos habitantes se denominaban “catisos” en el norte y “rayanos” en el sur de la línea fronteriza. En este artículo mantengo la denominación “catisos” y la peculiar ortografía y acentuación de Prestol, no solo para ser fiel a su producción intelectual sino también para no crear confusión en cuanto a las fuentes.

       2 Véanse de Balaguer los libros siguientes: Dos epístolas esclarecedoras: La política dominicana frente a Haití y La frontera de la República Dominicana con Haití (1946) y La realidad dominicana: semblanza de un país y un régimen (1947), reeditado en 1983 con el título La isla al revés.

      3 Véase Time and the other: How anthropology makes its object, Johannes Fabian, 1983, págs. 31 y siguientes.

    4 Véase Richard Lee Turits, “A World Destroyed, A Nation Imposed: The 1937 Haitian Massacre in the Dominican Republic”, Hispanic American Historical Review, 82.3 (2002): 589-635.

5 Uso el término ibérico para incluir también a los portugueses porque “castico” era el nombre que le daban los portugueses a los niños de padres blancos nacidos en Asia, y se usaba también de modo peyorativo. Agradezco al profesor Josiah Blackmore de la Universidad de Toronto por su explicación sobre el significado y uso de “castico” en los textos renacentistas portugueses.

   6 La cobertura de CNN se ha concentrando en destacar insistentemente el carácter de indigencia, de reducción a vida puramente biológica de los haitianos en Puerto Príncipe, sin arrojar luz sobre otras ciudades que sobrevivieron al terremoto ni sobre los esfuerzos que los mismos ciudadanos haitianos –con ayuda de los países caribeños vecinos (principalmente la República Dominicana, pero también Cuba y Puerto Rico)– han realizado y, al momento de redacción, siguen realizando para poner su país en pie y reanudar el funcionamiento precario de las instituciones existentes.

Bibliografía

BALAGUER, JOAQUÍN. Dos epístolas esclarecedoras: La política dominicana frente a Haití. La Frontera de la República Dominicana con Haití. Ciudad Trujillo: Editorial La Nación, 1946. 155-62.

La realidad dominicana: Semblanza de un país y un régimen. Buenos Aires: Imprenta Ferrari Hermanos, 1947.

La isla al revés: Haití y el destino dominicano. 9 ed. Santo Domingo: Editora Corripio, 1995.

FABIAN, JOHANNES. Time and the Other: How Anthropology Makes Its Object. New York: Columbia University Press, 1983.

PEÑA BATLLE, MANUEL Arturo. El sentido de una política (discurso pronunciado en Villa Elías Piña el 16 de noviembre del 1942, en la manifestación que allí tuvo efecto en testimonio de adhesión y gratitud al Generalísimo Trujillo, con motivo del Plan Oficial de Dominicanización de la frontera). Ciudad Trujillo: Editorial La Nación, 1943.

Historia de la cuestión fronteriza domínico-haitiana. Ed. José Chez Checo. 2 ed. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1988.

TURITS, RICHARD LEE. “A World Destroyed, a Nation Imposed: The 1937 Haitian Massacre in the Dominican Republic”, Hispanic American Historical Review, 82.3 (2002): 589-635.

 


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