Artículo de Revista Global 57

Nuestra América – Our America: Complejidad y diversidad plástica y visual

En este texto se presenta un detallado análisis de la exposición Our America, the latino presence in american art, presentada en su primera etapa en el Smithsonian American Art Museum, y seleccionada por la curadora dominicana Carmen Ramos. Además de mostrarnos la riqueza del arte latino en los Estados Unidos, la influencia de la migración y la lucha por la igualdad y los derechos humanos, la autora nos explica de qué manera fue tomando forma este importante movimiento artístico.

Nuestra América – Our America: Complejidad y diversidad plástica y visual

La creación plástica y visual de los artistas latinoamericanos y caribeños de Estados Unidos es cada vez más visible en el amplio panorama que ofrecen Nueva York, Los Ángeles y Miami, ejes esenciales de la producción artística estadounidense en los últimos veinte años.

La exposición Our America, the latino presence in american art, presentada en su primera etapa en el Smithsonian American Art Museum, tiene el mérito curatorial y conceptual de mostrar al público la inmensa variedad de los aportes de la diáspora latina en Estados Unidos desde mediados del siglo xx, momento plástico y social emblemático en el movimiento de una identidad latina colectiva.

La dirección curatorial muestra los aspectos en que los artistas latinos participaron e influyeron en los movimientos plásticos y visuales de Estados Unidos. En el conjunto de la muestra se puede discernir las diferentes etapas y razones migratorias de cada una de sus comunidades, y experimentar los lenguajes visuales en las urgencias dramáticas y sociales de cada grupo humano. En función de la cronología podemos percibir y analizar resultados artísticos que responden a los movimientos sociales del momento: luchas por los derechos civiles, en contra del apartheid, movimientos por la paz contra la guerra de Vietnam y reivindicación del feminismo.

En este sentido, la citada exposición colectiva llega en el momento preciso. Después de varias décadas de producción visual y plástica, era necesario realizar una curaduría que ofreciera al público las herramientas para ver y pensar las rutas del arte latinoamericano, su capacidad de propuestas, sus giros –tanto colectivos como individuales–, sus aportes y sus implicaciones con la producción estadounidense.

El Smithsonian American Art Museum abrió sus puertas a la diversidad y a la visión de los curadores dominicanos. El trabajo y la selección de la curadora dominicana Carmen Ramos se encuentran profundamente pensados. Podemos encontrar en la muestra expresiones y movimientos como el expresionismo abstracto, el arte conceptual, el performance, el dibujo, el grabado y la fotografía. La exposición cuenta con 72 destacados artistas contemporáneos de una gran variedad estética, que se refleja tanto en las individualidades como en los grupos, que tienen raíces profundas en Estados Unidos, pues responden a las diferentes etapas de las migraciones y los asentamientos. Se puede señalar a modo de referencia el trabajo del artista puertorriqueño Adál, nacido en Puerto Rico en 1948, cuyas obras, partiendo de la representación del pasaporte, reflejan los cuestionamientos vigentes de la relación documentación-identidad-nacionalidad. Todas sus fotografías se presentan fuera de foco, al extremo de que no permiten en ningún momento identificar claramente a los ciudadanos, provocando visiones opacas y confusas de las personas en contextos culturales complejos. La poética migratoria se hace más frontal con la instalación La maleta, especie de maletín tradicional que evoca a los emigrantes de los años cincuenta. En el caso de este artista, el discurso literario viene a reforzar el discurso visual como una especie de obra manifiesto que juega entre realidad y sueño, con una provocación a los aspectos más radicales del oficialismo, pues los documentos de Adál son entregados por el Sovereign State of Mind, cuya fecha de caducidad nunca llegará.

La producción artística de los latinoamericanos en Estados Unidos evidencia imágenes oníricas o superpuestas para reflexionar sobre las condiciones que impulsan el proceso migratorio. La dominicana Scherezade García, residente en Nueva York desde 1986, evoca a través de sus pinturas y dibujos la tragedia y la esperanza de personajes centrales con características angelicales. En la obra Trujillo is dead muestra el asesinato del dictador en el año 1961, fecha que significa el primer gran éxodo de dominicanos hacia la búsqueda del sueño americano. Los ángeles de Scherezade García son símbolos formidables de la ingenuidad e inconsciencia que lleva en su alma todo emigrante al cruzar el mar. También son un axioma significativo de la fuerza de la esperanza.

Encontramos diferentes propuestas sobre los movimientos migratorios y las aventuras individuales del destierro. Scherezade García expresa la relación pasado-presente en la esfera de un gran expresionismo figurativo. Sus composiciones contienen signos clásicos y barrocos, así como una determinación de asegurar la preeminencia de la huella posesclavista y la amenaza de la ilegalidad en un entorno de superación.

Ileana Emilia García utiliza la fotografía, apropiándose de la imagen de la orilla en una situación dramática de despedida, en la que una silla de guano se pone frente al horizonte buscando el alcance de la inmensidad. Su trabajo, de gran sobriedad, contiene toda la poética de la ausencia o de la desaparición humana y frente a tanta transparencia se siente la pérdida del ser en la partida. Ileana Emilia expresa en sus instalaciones una mirada consciente del riesgo del viaje. El equilibrio de sus composiciones entre objeto e imagen le asegura un mensaje acertado que provoca emoción y concientiza sobre la aventura humana imprevisible y arriesgada del exilio. Su poética se nutre del objeto popular emblemático dominicano, la silla rural, situada en posición de diálogo frente al vacío. Las sillas se juntan y se integran a la espuma del mar que poco a poco desaparece entre los granos de arena blanca del Caribe, que va anulando todo tipo de huellas… El conjunto de las instalaciones se titula Desconocidas distancias (Unknown distances).

El lenguaje visual del viaje está muy presente en el conjunto de la muestra. La cubana María Magdalena Campos Pons en sus instalaciones The seven powers come by the sea escenifica con una dimensión ritual afrocaribeña el referente histórico de la deportación y de la emigración, poniendo en el espacio tablas que evocan los grabados de los tiempos de la esclavitud que representaban los barcos negreros. En el suelo del museo aparecen retratos fotográficos que recuerdan a los desaparecidos en alta mar. El conjunto, expresado en blanco y negro, transmite un ambiente dramático de duelo y celebración, interpretado por una maestra de ceremonias en actitud de oración y recogimiento, como si estuviéramos frente a un ritual de los antepasados esclavos.

En el contexto estadounidense, muchos artistas latinos han sido provocadores, y han puesto en escena en esta colectiva sus desafíos, pues a partir de mediados del siglo xx participaron en los más significativos movimientos artísticos, convirtiéndose en muchos casos en auténticos líderes de sus comunidades, surgiendo como creadores excepcionales. Este es el caso de la artista puertorriqueña Olga Albizu, nacida en Ponce, quien pertenece a la generación de los abstraccionistas que con el color hicieron de sus obras auténticos manifiestos de vida y se destacó a nivel internacional como una maestra del expresionismo abstracto.

Definitivamente, esta exposición permite al público y a los especialistas estudiar y profundizar en el arte latinoamericano de los Estados Unidos, y lo que hay o puede ser identificado de estadounidense en la producción artística de dicho movimiento. Es una iniciativa que permite analizar los procesos artísticos a través de la historia contemporánea de la gran diversidad creativa, y visualmente podemos captar los matices y las sutilezas entre el arte de los chicanos y el de los caribeños, encontrando diferencias y sutilezas entre cubanos, dominicanos y puertorriqueños.

Cabe destacar que hemos encontrado en esta colección una gran propuesta pictórica, con maestros como Arturo Rodríguez, oriundo de Cuba, cuya obra La tempestad es emblemática por sus personajes con cuerpos desajustados, como la joven que camina con el rostro girado hacia atrás con una expresión de susto. La tela revela una gran maestría cromática y expresa el derrumbe del espacio existencial, como si la salida fuese en sí un juego ciclónico que descompone todo el espacio de vida. En el desorden de los elementos, solo resalta el señalamiento de una dirección o de un camino, dado por la trompeta de Jericó.

Frank Romero, chicano de Los Ángeles, se destaca por una pintura muy denunciadora en su figuración. El discurso, su mensaje, señala la violencia urbana en la ciudad de los sueños y de la delincuencia existencial. Este artista, un defensor de su comunidad, pone siempre en primer plano los conflictos, como el crimen organizado, la prostitución, el mercado del sexo y el capital lavado o blanqueado por el narco. Sus murales monumentales se refieren a los violentos acontecimientos de la década del setenta, cuando fue asesinado Rubén Salazar.

El itinerario de la muestra concluirá en mayo del 2016. El público tendrá la oportunidad de visitar esta colectiva en el Philip Frost Art Museum de la Universidad Internacional de Florida, en el Croker Art Museum de Sacramento (California), en el Utah Museum of Fine Arts, en el South Arkansas Art Center (en Little Rock) y en el Delaware Art Museum (en Washington). En estos espacios se podrá apreciar que la fuerza del arte latino no se define como categoría fija, más bien lo hace dentro de su compleja riqueza, dentro de sus raíces y de un entorno amplio y abierto que se ha ganado su espacio en el arte estadounidense. Este es el valor de la curadora dominicana Carmen Ramos: resaltar esa fuerza dentro de la complejidad visual.

Delia Blanco es doctora en Letras y Antropología por la Universidad París IV, La Sorbona. Especialista en artes visuales y literatura del Caribe. Crítica de arte, curadora, adscrita a la aica.


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