Artículo de Revista Global 66

Papa Francisco aporta una geopolítica de la paz

Jorge Mario Bergoglio fue elegido papa el 13 de marzo de 2013. Desde entonces, adoptó el nombre de Francisco en honor al santo de Asís y se convirtió en una de las figuras más mediáticas e influyentes de la actualidad. Aquí se analiza su trayectoria y su influencia en los aspectos geopolíticos, destacando su papel como mediador en el largo conflicto entre los Estados Unidos y Cuba. Su trascendencia va más allá del mundo católico, ya que utiliza un mensaje que toca el corazón de todo lo humano. El papa Francisco es un instrumento que busca involucrarse y contribuir a paliar las tragedias y las amenazas del siglo xxi.

Papa Francisco aporta una geopolítica de la paz

El papa Francisco llegó al espacio espiritual y geopolítico como un relámpago que sacudió tanto al mundo religioso en toda su diversidad como al político y a los sectores progresistas. En todos los ámbitos económicos de los países industrializados y de los países en vías de desarrollo y emergentes, Francisco introduce una invitación a la reflexión y a la mejor distribución de los bienes. Su capacidad para exponer con claridad sus ideas teológicas como si fuesen laicas lo convierte en una de las personalidades más mediáticas y más influyentes del planeta tanto en los sectores políticos como diplomáticos. Tan solo hay que referirse al torbellino que suscitó su viaje a Cuba y a Estados Unidos, donde logró reunirse con los jefes de Estado de ambos países y con los sectores de la juventud y de la emigración, para comprender que estamos frente a un pontífice que convierte el presente en historia.

Él va más allá, interviene en lo profundo de las problemáticas humanas sin frenar sus acciones por diferencias de credo. Es un papa para todos, un conductor espiritual y temporal, un líder en su dimensión moderna, centrado en abrir la reflexión acerca de todos los temas.

El día de su nombramiento entregó una carta al rabino de Roma, Riccardo Di Segni, en la que expresaba su deseo de contribuir en el diálogo entre las dos religiones, comunicando también a los representantes de las otras iglesias su firme voluntad de proseguir el diálogo ecuménico. Mientras asumía su arzobispado en su natal Buenos Aires, desarrolló relaciones de cercanía con la comunidad judía, entablando conversaciones con el rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Latinoamericano. Dichas conversaciones se pueden consultar en su libro Sobre el cielo y la tierra. Es obvio que su voluntad de diálogo, su incesante acción internacional, son indicios de que ha llegado a Roma para promover la paz en el plano internacional.

«Para dialogar hay que bajar las defensas, abrir las puertas de casa y ofrecer calidez humana». Esta es una frase que aparece en casi todos sus discursos y que repite con una voluntad de intensificar el intercambio, especialmente con los musulmanes y los no creyentes, para que nunca, según sus palabras, «prevalezcan las diferencias que separan y laceran».

Pensábamos que no surgiría en este principio de siglo xxi una voz que desde algún púlpito o escenario hablara a la humanidad con un lenguaje entendible por todos. Llegó desde el Evangelio, buscando nuevos retos, nuevos caminos hacia la paz, enriquecido por las acciones de su pasado sacerdotal, así como por su larga experiencia intelectual y por sus propios orígenes modestos y humildes.

Hace mucho que no se había sentido en el escenario universal una voz tan confiada y reconciliadora. Encontramos en Francisco, cuando no una motivación, una esperanza. Su fuerza consiste en tener muy clara la razón de sus acciones y en entregarse de lleno desde el Vaticano a la reconciliación del mundo y a la búsqueda de soluciones compartidas por todos los organismos internacionales. Se puso a la orden del secretario general de la onu para diseñar una estrategia en común. Lo mismo hizo con el presidente de los Estados Unidos Barack Obama y con el presidente de Cuba Raúl Castro. Logró el desbloqueo de las relaciones entre ambas naciones, que tenía varias décadas, y cuya apertura dará muchos beneficios, sobre todo a esos millares de cubanos exiliados que ya pueden regresar a su patria.

En pocos días, inauguró un lenguaje y un discurso de optimismo y conciencia, con una fuerza interior extraordinaria, llamando al planeta entero a volver a creer en el ser humano, a atreverse a cambiar el mundo sin temer todas las amenazas que nos rodean. En este aspecto, impuso poco a poco el volver a mirar el mundo con ojos de fe y optimismo, utilizando un verbo y un léxico entendible por todos con recursos semánticos sencillos y con imágenes llanas. Su fuerza está en ser como la gente, en expresarse como un amigo, en romper las fronteras de la jerarquía y penetrar las mayorías, diversas y plurales. Él mismo construye su imagen porque todo indica que aceptó el mando determinado a hacer lo que está haciendo: penetrar con el Evangelio la hostilidad del campo político y económico para servir a los necesitados y romper la soberbia de lo político con el recurso de lo humano. En pocos meses, le dio la vuelta al mundo, recibió sin cesar a diferentes jefes de Estado, puso en marcha una agenda donde el Vaticano se convierte en un actor diplomático y político activo.

Un papa mediático

La prensa internacional destaca siempre su sentido de lo inmediato y de lo concreto cuando llama a soluciones éticas, culturales y solidarias. Para terminar con la pobreza, se mete de lleno en las situaciones políticas y sociales; va a la raíz de estos flagelos. Así lo hizo en Argentina, cuando denunció antes que muchos políticos la fuga de capitales, declarando que «Ciento cincuenta mil millones de dólares de argentinos se fugan, y 2000 millones al mes se van al exterior». Ante esta situación señala la necesidad de que estos recursos sean puestos al servicio del país, saldando la deuda social y generando las condiciones para el desarrollo integral. Durante una huelga de 48 horas, opinó abiertamente sobre los pobres perseguidos por solicitar empleo y sobre los ricos buscados por huir de la justicia. Siempre manifestó abiertamente sus ideas políticas y las aclaró explícitamente, por lo que a nadie le puede asombrar hoy sus exigencias en lo político y lo diplomático, pues desde las crisis sociales más agudas de Argentina nunca dejó de advertir que los derechos humanos no solo se violan por el terrorismo, la represión y los asesinatos, sino también por estructuras económicas injustas que generan grandes desigualdades.

Resulta interesante comparar a Francisco con Gandhi. En efecto, este último se expresaba con mucha determinación acerca de los derechos de las personas, la lucha contra la exclusión y el racismo, y defendía a los sectores sociales olvidados y marginados. Hay indiscutiblemente en la determinación de Francisco algo que nos recuerda a Gandhi y que en muchos escenarios también recuerda un poco al Dalai Lama.

Sin embargo, Francisco tiene una visión del mundo muy concreta y precisa; sabe que muchas soluciones están en manos de los altos dirigentes, y plantea las soluciones posibles con un alto conocimiento de todos los informes económicos, que estudia a fondo; no rechaza la ciencia y anuncia que la teoría de la evolución y el Big Bang son completamente posibles siempre que vayan de la mano de Dios. En sus audiencias generales ofrece muchas catequesis, y ha afirmado que la ciencia ayuda a percibir la grandeza de Dios.

En el año 2013, a pocos meses de su elección papal, ya estaba considerado como una de las cien personas más influyentes del planeta, y salió ese mismo año en la portada de la famosa revista Rolling Stones. Esta revolución mediática surgió en su primer viaje apostólico fuera de Roma, cuando visitó Lampedusa el 8 de julio de 2013. Tenemos todavía en nuestra memoria visual un papa embarcado en un vaporetto para alcanzar el mar y derramar coronas de flores por los desaparecidos, ahogados en su calvario migratorio. Estas imágenes eran anunciadoras de un papa que no iba a ceder su compromiso evangélico ante los giros geopolíticos del mundo. Quedó claro que estamos ante una acción papal que se mueve dentro de los dramas y las tragedias migratorias que van dibujando un Nuevo Mundo, una nueva geografía trazada por el exilio político y el hambre, puesto que Francisco no le teme a este desafío y se mete en cuerpo y alma sin que le moleste la sotana. Llegó a Lampedusa como un apóstol para llevar la palabra que cure las cicatrices del dolor, y lo hizo con la fuerza, la determinación, de muchos voluntarios laicos que intervienen noche y día en los sectores amenazados. En esta acción apretó manos, besó niños y saludó adultos con gestos y sonrisas de luz y fe. Por cierto, así llamó a su primera encíclica «Lumen Fidei» (La luz de la fe), del 29 de junio de 2013.

Tiene, como pocos dirigentes modernos, una estrategia diáfana que apuesta por el futuro, sobre todo por la juventud, y lo está demostrando con el proyecto Scholas Occurrentes que ha presentado ante la onu, y que incluye el deporte y una línea colaborativa multirreligiosa. Esta entidad educativa pública, con una apertura hacia las artes, la música y la tecnología, pretende fomentar la integración social de las nuevas generaciones con miras a la educación integral, recoge los valores humanos antropológicos y les devuelve a las nuevas generaciones el respeto y el amor a la vida.

Los sectores populares y las clases medias de América Latina se sienten orgullosos de su «latinidad», pues ya era hora de que surgiera en la larga y controversial historia del Vaticano un papa miembro de su comunidad. Jorge Mario Bergoglio pertenece a la cultura ítalo-argentina, tanto del lado paterno como materno, lo que legitima el conocimiento latinista patente en sus discursos, añadiendo a su latinidad el temperamento y el verbo porteño, herencias culturales que forjan en él una chispa que seduce y que también irrita a los conservadores de una Iglesia arropada y cerrada en sus tradiciones, estancada en discursos de pesadilla. Un papa que baila tango y sabe cantar milonga provoca situaciones incómodas a estos sectores. Pero lo que más perturba es que estamos frente a un jefe de la Iglesia católica que es erudito y que está al día de las problemáticas del mundo.

Congregado en la Compañía de Jesús, tiene todo el arte y la manera, así como la picardía, de los jesuitas, es decir, la sabiduría de llevar las ideas más innovadoras con una exquisita naturalidad y simpatía que invitan a entregar las armas antes de desenvainarlas. Sabe lo que quiere y apunta antes, con muchas ventajas, pues es el primer papa latinoamericano y el primer jesuita en ser papa.

Su trascendencia va más allá del mundo católico, ya que utiliza un mensaje que toca el corazón de todo lo humano. La opción por su nombre pontifical, en honor a san Francisco de Asís, refleja su entrega a los excluidos y la extrema humildad que manifiesta. Así como la prensa internacional señaló la estrategia del nombre, él también declaró con su característica naturalidad su compromiso con una Iglesia pobre para los pobres, añadiendo que san Francisco de Asís fue el santo que amaba y custodiaba la Creación.

La estrategia de alcanzar a todos en la diversidad de pensamiento y de las creencias confesionales no fue difícil de concebir, ya que Francisco, por su misma personalidad de «ser humano del diálogo y de la apertura», tiene el encanto y la sencillez verbal, gestual, para llegar a la gran diversidad de los seres humanos, sin importar sus orígenes sociales ni sus referentes étnicos o culturales. El sentido de la fe es para él sinónimo de esperanza, compasión, curación y tolerancia.

Francisco ejerció como sacerdote y profesor de teología, recibiendo una sólida formación superior bajo las enseñanzas del teólogo jesuita Juan Carlos Scannone, fundador de la Teología del Pueblo, rama argentina de la teología de la liberación. Este dato es fundamental en el compromiso y en el entendimiento de sus acciones evangelizadoras, pues a muchos a los que irrita parece que les falta conocer y asumir este referente. Los que se asombran o se dan por sorprendidos no entienden que la Compañía de Jesús se implicó desde sus orígenes con la fe y la razón, es decir, con el conocimiento objetivo de la condición humana. En su trabajo de campo, promovió el diálogo con los colectivos sociales, independientemente de que fueran católicos o no, desplegando una presencia activa de los sacerdotes en los barrios y en los sectores marginados, denunciando la prostitución y la trata de personas.

No teme utilizar abiertamente los recursos diplomáticos y políticos para detener la guerra. No dudó un instante en enviar una carta a la Cumbre del G-20 para oponerse a la intervención militar prevista por Estados Unidos y Francia en Siria. Francisco ha declarado abiertamente que es «deber de los cristianos involucrarse en política». Este es un llamado al diálogo a la militancia a través de los principios de amparo, de protección y defensa de los excluidos por las crisis sucesivas de los países industriales, pero también de los perseguidos y amenazados por la persecución religiosa y política. El papa surge como un apóstol del diálogo y de la negociación. Los políticos también reconocen en él sus cualidades diplomáticas y no es una casualidad que Cristina Kirchner, en su encuentro en el Vaticano, le pidiera su intermediación para dialogar con el Reino Unido a propósito de las islas Malvinas.

Su primer compromiso es un llamado a la integración de la juventud en los espacios del siglo xxi, en los que se decida, se piense y se construyan las dinámicas de nuevas generaciones para que trabajen y estudien en el aprendizaje ético de la tolerancia, la justicia, la convivencia y la paz, priorizando el respeto a la vida. La vida, herencia de la creación de Dios, que debemos defender bajo ese paradigma cristiano del respeto al medioambiente, y ese llamado lo hizo con alusiones claras a la preservación del agua de los ríos y de los mares. Es ahí, abordando un tema compartido por los sectores laicos ecológicos, por los sectores medioambientalistas y políticos, donde Francisco logra asociar el campo espiritual con el campo material a través de una idea que siempre unifica: ¡Salvar el Planeta!

Geopolítica de la paz

El papa es también un gran conocedor de la geopolítica, de los informes socioeconómicos y de los abusos financieros. Estudia y analiza todas las problemáticas como un dirigente moderno y, fortalecido con los análisis, interviene, propone soluciones posibles para frenar los desajustes del desarrollo global. Francisco ha puesto en el escenario del mundo global la función papal como instrumento para resolver los dramas y las amenazas del siglo xxi. Es por esta razón que viaja sin temor por el planeta, reuniéndose con todos y llamando al diálogo. En muchos artículos de temática internacional se ha afirmado que Francisco penetra con su carácter e inteligencia no solamente en los sectores marginales, sino también, y esta es la innovación, en las nuevas generaciones, pues ellas encuentran en el papa una personalidad integradora que reconoce los aportes de la razón y de la investigación, rompiendo el esquema de la tecnología y de la ciencia como materias sospechosas y condenables por la religión. Esta visión integradora de un papa que se manifiesta a través de las redes sociales, especialmente Twitter, y que está al día con las ciencias punteras de este siglo, acerca la Iglesia al mundo global y al futuro. Él sabe que la humanidad se desenvuelve cada vez más en estas direcciones, y ante la juventud italiana tuvo una expresión muy mediática: «no tienen que comprar la Biblia», aludiendo a que la pueden leer en Internet y desde sus tabletas.

El acercamiento que promovió entre Cuba y Estados Unidos viene a significar una construcción de un mundo nuevo que supere las divisiones de las ideologías y de las religiones. La importante visita a La Habana evidencia la capacidad de las autoridades cubanas de protagonizar este momento histórico, confirmando una vez más que Cuba sabe proteger sus fundamentos revolucionarios y participar en los cambios y las evoluciones del mundo, colaborando generosa y firmemente en la integración de las exigencias del mundo global, sin perder sus principios socialistas ni su identidad.

Estos acercamientos no hubiesen podido lograrse sin la colaboración inteligente y entendida de dos mandatarios que ayer eran todavía los símbolos de la guerra fría. Raúl Castro y Barack Obama quedan ante la historia para siempre como los forjadores de las nuevas direcciones del mundo occidental, a partir del reencuentro y del diálogo diplomático, y del levantamiento de un embargo que ya no tiene razón de ser.

El papa Francisco lleva su mensaje espiritual, abierto y humano, porque esos dos jefes de Estado han dado la señal política para que esas dos naciones, hasta hace pocos días antagónicas, se comprometan en el presente a garantizar una nueva era de paz e ir, poco a poco, saliendo de las huellas y los obstáculos dejados por la guerra fría.

Todo esto es una plataforma ideal que no se puede desperdiciar, pero tampoco podemos pecar de exceso de sueños y de ilusionismo, ya que ni Raúl Castro, ni Barack Obama, ni Francisco, son magos. Este lanzamiento de propuestas y buenas intenciones no puede esconder la dramática situación migratoria que se impone en estas dos primeras décadas del siglo xxi. Estamos atrapados en un contexto en el que nadie tiene la solución ideal, ni tampoco los recursos necesarios. Ahora mismo, Europa está enfrentada a una velocidad insostenible en la llegada de refugiados que provoca soluciones inmediatas de acogida, sin los recursos estructurales para asimilar con dignidad este gesto tan generoso. Pero qué puede hacer un alcalde de una ciudad de 30,000 o 50,000 habitantes a la que llegan de repente 10,000 refugiados. Cómo enfrentar el contexto de urgencia con soluciones humanas para que podamos ir más allá de la emoción. El problema migratorio abarca todo, y refleja lo mucho que hemos tardado en responder a una tragedia galopante que viene creciendo desde hace más de 20 años. Hoy día, Francisco abrió conciencia y esperanza frente a este drama. El mundo político y económico debe ponerse al servicio de este llamado humano. ¿Cómo hacerlo? Nadie tiene la solución, Europa solo tiene una parte de ella, el mundo político tiene que plantearse elementos concretos, y de manera pragmática Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y las fuerzas económicas del mundo deben empezar a construir propuestas de acogida migratoria y de lucha contra el flagelo de este siglo.

El contexto internacional demuestra que no hay un país que, por ser más desarrollado que su vecino, no tenga la problemática y las consecuencias de la acogida migratoria. Pero, debemos matizar, no todos los países fronterizos, especialmente los que carecen de posibilidades estructurales y económicas, deben asumir los flujos migratorios ilegales y descontrolados. Creemos profundamente que hay que ponerse a trabajar en el plano internacional con disciplina científica y diplomática, y crear un consejo medidor y mediador de los aspectos migratorios, sin ideologías que condenen antes de conocer y analizar los contextos. El papa Francisco retomó todos los expedientes delicados y complejos que enfrenta la humanidad. Sus consejos, sus declaraciones y participaciones colocan gotas de dignidad y compromiso frente al drama de la guerra, del éxodo y de la miseria. En el Evangelio podemos encontrar la fuerza para buscar las acciones correctas que nos faciliten el camino hacia la paz, la convivencia pacífica y la unidad humana.

Delia Blanco es doctora en Letras y Antropología de la Universidad París IV, La Sorbona. Especialista en literatura y artes plásticas y visuales del Caribe. Embajadora de la Francofonía y por la Integración Regional del Caribe, adscrita al Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex).


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