Artículo de Revista Global 53

Pervivencia indígena en Quisqueya

Innumerables elementos tradicionales de la cultura dominicana forman parte del legado indígena que la gente repite generacionalmente, desconociendo en muchos casos su raíz arcaica. Presentamos cómo en la cotidianidad dominicana se visibiliza lo indígena en la flora, fauna, toponimia, prácticas religiosas, costumbres y hábitos alimenticios, entre otros aspectos. Es decir, va más allá de las colecciones arqueológicas y las expresiones de arte rupestre diseminadas en la isla. Lo indígena no está muerto; vive en la memoria colectiva y en nuestra identidad.

Pervivencia indígena en Quisqueya

La isla conformada por la República de Haití y la República Dominicana fue nombrada por sus indígenas como Haití y Quisqueya, siendo después bautizada por Cristóbal Colón como la Hispaniola en 1492. A pesar de no ser la más grande de las Antillas, fue la que concentró la mayor población en la antigüedad y alcanzó un mayor desarrollo en términos de cultura material. Esto lo podemos notar en parte en los restos de objetos de uso cotidiano presentes hoy en colecciones públicas y privadas, nacionales e internacionales.

Al mencionar la palabra taíno, de inmediato pensamos sobre todo en el habitante indígena de las Antillas Mayores. De acuerdo con Pedro Mártir de Anglería, taíno significa ‘noble’, ‘no caníbal ni caribe’, ‘bueno’, ‘bondadoso’. Esta es la definición de ellos mismos recogida por los cronistas.

A pesar de la comprobada coexistencia en la Hispaniola para el año 1492 de grupos indígenas distintos culturalmente, son los taínos quienes ocupan el rol protagónico. La mitología recogida por Pané, cumpliendo instrucciones de Colón, es sobre ellos, o al menos eso se cree, así como la gran cantidad de información aportada por las crónicas de Indias. En el imaginario colectivo de la población en general, los taínos fueron los únicos pobladores indígenas de la isla o los más importantes.

En la República Dominicana se ha considerado desde hace mucho tiempo como costumbres taínas a todas aquellas asociadas a lo indígena. Dicho tema es muy emotivo y nostálgico, por lo cual concita gran interés al ser abordado desde cualquier óptica. Un largo anecdotario, acompañado en ocasiones de leyendas, que circula en las ciudades y los campos dominicanos tiene lo indígena como tema central. El término taíno encierra una pluralidad tal que no se refiere a un grupo estático, homogéneo, sino a un crisol heterogéneo, en movimiento constante, con asimilaciones de otras culturas, y por lo tanto, con una identidad no única sino múltiple. La diversidad cultural de este grupo es tan amplia como los motivos decorativos de su cerámica o su numeroso panteón de deidades o cemíes, por ejemplo.

Con el presente trabajo pretendemos aportar una visión vinculante de rasgos y elementos culturales existentes en la población, íntimamente ligados a lo indígena. Procuramos que dichos elementos no se vean aislados sino en conjunto. Su persistencia cultural es una forma de resistencia al olvido, pues han permanecido en el tiempo con una presencia perceptible, a pesar del desconocimiento, en ocasiones, de su origen indígena y de la negación de su existencia pregonada por muchos.

Cultura material

Varios investigadores (Henríquez, 1947; Vega, 1981; García, 1988; Lebrón, 1994; Ferbel, 2002; Guitar, 2002; Puello, 2007, 2008) han tratado el tema de la herencia indígena en la cultura dominicana en distintos períodos. En sus trabajos encontramos un amplio abanico informativo de diferentes aspectos de la cultura material indígena, que han permanecido vigente hasta nuestros días sin modificaciones de importancia. Nos referimos a costumbres, tradiciones, objetos de uso cotidiano y cultivos presentes en el día a día dominicano, cuya procedencia es indígena. Esto constituye una muestra de su presencia en Quisqueya, a pesar de que han pasado más de quinientos años desde la intervención colombina.

Nos referimos a la permanencia de alimentos como el casabe, la toponimia de muchos ríos y lugares geográficos, nombres de personas y cosas, la canoa como medio de transporte marítimo, la manera tradicional de pesca, la batea de madera, la fabricación de objetos de barro, concha o hueso, la cestería, las hamacas y los macutos. Además, se mantienen los nombres taínos de los cultivos: yuca, batata, ají, maíz, jagua, bija, higüero, tabaco, maní, lerén, algodón, cabuya, yautía, guanábana, guáyiga, anón, etc., así como la creencia de relacionar la siembra y su desarrollo con las fases lunares.

Vinculados a la agricultura también permanecen las técnicas de cultivo de roza y en montículos, y el uso de la coa y el conuco, este último muy común en todo el país, asociado a personas de escasos recursos. El conuco es un medio por el cual los campesinos encuentran siempre qué comer en cualquier época del año, ya que en él se siembran distintas plantas comestibles, rasgo taíno también. Su diversidad garantiza en parte esa función permanente de disponibilidad de alimentos. El conuco conserva el uso de la rotación y la asociación de cultivos, favoreciendo la siembra de los tubérculos tradicionales usados por los ancestros y aún importantes en la dieta dominicana.

Con relación a la culinaria nacional, también se encuentran muchos elementos indígenas, algunos ya mencionados, vigentes en la dieta cotidiana, y componentes tan importantes de la sazón dominicana como la sal y el ají. Así podemos ver como en algunas partes las habichuelas se ablandan en ollas de barro, usando leña como forma de combustión, y se mueven con cucharas hechas del fruto del higüero. Igualmente, el arroz se limpia en una batea de madera y se mueve con una cuchara de higüero o de madera. Estas prácticas son más frecuentes en los campos.

El higüero tiene múltiples aplicaciones entre la población actual, todos herencia indígena. Vimos que con él se elaboran cucharas y se fabrican recipientes de distinta utilidad, que se decoran y tienen un uso ceremonial para contener el agua que representa el misterio indio. Cuando se utilizan como recipientes donde limpiar los granos (maíz, habichuela, arroz) se llaman higüeras; si se usan para beber agua deben ser pequeños y se denominan morros, y si la finalidad es servir como depósito de sal en grano para uso doméstico, hablamos del higüero.

El higüero se emplea en la elaboración de maracas, otro término indígena. Fueron mencionadas por los cronistas y se han encontrado originales de la época taína. Un tipo de higüero conocido como calabaza se usa como termo para llevar agua y es común entre los campesinos que realizan sus faenas agrícolas del día en el conuco. La pulpa del higüero se emplea con fines medicinales.

Otro elemento asociado a la cultura taína y presente en las casas del campo dominicano es la tinaja, una vasija de barro en la cual se conserva el agua fresca. En los lugares sin energía eléctrica su uso es más frecuente. También se utiliza como ornamento en los jardines.

En el aspecto religioso cabe mencionar la presencia en el vodú dominicano de una división india, mejor conocida como la división del agua (Deive, 1979). En ella están representados como loases Caonabo y Anacaona, Enriquillo y Mencía, Guacanagarix, Guarionex y «la india del agua dulce o del agua azul», entre otros. El agua está tan asociada a lo indígena que, según la religiosidad popular dominicana, en los charcos, ríos y arroyos «salen los indios», pero no son visibles a cualquiera (Portorreal y De Moya, 2010). En algunos merengues se ha plasmado esa imagen del agua y los indios.

Una servidora de misterios sanjuanera dice no poder ir al arroyo Fundillo, primer lugar a donde conduce la calzada de piedra de la inmensa plaza ceremonial Corral de los Indios, de San Juan de la Maguana, porque ve en el agua un grupo de indios que la llaman. La informante afirma también recibir en sueños cada mes un mensaje de la cacica Anacaona con las instrucciones de cuáles plantas esta quiere que se usen para el baño mensual de su piedra o monolito, ubicada en el centro del batey. Ella y otros lugareños aseguran que escuchan algunas noches el toque de tambores indígenas, señal de celebración de algún areito en la plaza.

En la imaginería popular campesina se alude a lugares específicos donde viven los indios. «Viven debajo del agua y en los bosques vírgenes», afirma la gente. Este dato demuestra la aceptación de su existencia en la cultura popular dominicana. Es común escuchar que en las cuevas aún hay indios, por eso se cree que cuando se deja basura en ellas amanecen limpias sin saber quién y en cuál momento limpió el sitio.

Hemos visto en días de vela en fiestas de las provincias del suroeste la presencia de agua cerca del altar o en él, la cual se coloca en una higüera o en alguna batea de madera, la cual se toca invocando a los indios. En el santuario católico de piedra a San Martín de Porres, ubicado en la cima de un pequeño cerro en Las Tablas de Baní, hemos observado una carita de indio en una de las paredes. No hemos obtenido información al respecto, pero la feligresía la reconoce como pieza india, lo cual es una forma de presencia aunque pasiva. El cerro de San Francisco, en la fronteriza ciudad de Bánica, fue sitio sagrado de los indígenas y hoy día es uno de los santuarios católicos más importantes del sur del país.

En lugares como la cueva del Trono de la Reina en Higüey, el cerro de San Francisco en Bánica, el monolito de Anacaona y la cueva de Seboruco (estos dos últimos en San Juan), entre muchos otros, se ponen servicios y se encienden velas a los indios. Hay campos dominicanos en los cuales el fotuto se usa como medio de comunicación mientras que algunas agrupaciones musicales no convencionales lo utilizan como instrumento musical. En ambos casos perdura su uso original.

Investigadores nacionales han realizado estudios de adn mitocondrial buscando el rastro indígena en la población dominicana. Actualmente se procesan muestras de un gran estudio realizado a nivel nacional. Previamente otros investigadores dominicanos habían llamado la atención al respecto (Perelló, 1948; Morbán, 1987). Cabe destacar que tales estudios indican de manera fehaciente la persistencia genética indígena en la población dominicana.

La presencia indígena en la cultura nacional está más vigente de lo imaginable. Hemos presentado algunos elementos culturales muestra inequívoca de ello en la población actual, pero la lista puede ser más extensa. No se conoce de la anulación por completo de ningún pueblo ni cultural ni biológicamente. El discurso mantenido de la desaparición de taínos desde siglos atrás ha sido asumido casi sin discusión. Sin embargo, hay una resistencia cotidiana de la gente a su aceptación sin cuestionamiento. Actualmente hay quienes luchan contra el colonialismo planteándose reasumirse como taínos o simplemente recuperar su memoria. Hace unos seis años surgió Guabancex Viento y Agua con el interés de recuperar esa memoria taína definiendo la resistencia frente a una cultura dominante que intenta subordinar la presencia indígena en la cultura.

Las celebraciones del día de los pueblos originarios y del 12 de octubre con un sentido crítico, organizadas sobre todo por Guabancex Viento y Agua, son una forma de defender la cultura taína e indígena tan presente en nuestra población. Se trata de mantener viva la memoria ancestral de estos pueblos nobles por medio de documentos de lectura producidos por aquellos que se resisten al olvido. Dicha memoria ha sido recreada y continúa siéndolo a través de la música, el teatro, la danza, los cuentos y la poesía. Frente a las mentalidades coloniales que fomentan la desaparición de toda forma de presencia indígena de la cultura nacional, están las manifestaciones culturales como prueba contraria, desafiándolas.

La religiosidad popular ha incorporado elementos indios ya mencionados anteriormente. El culto a las piedras, el simbolismo de lugares señalados como residencias de indios, la comunicación mediante el sueño con personas particulares, son parte de la memoria de un pueblo que se resiste a desaparecer. El tiempo nos limita para detallar otros muchos elementos vigentes pero no por ello menos importantes. Citemos, por ejemplo, la manera de comer hervida o asada la batata y el consumo de la guáyiga y el guáyaro. En las vocalizaciones de salves también aparece la presencia indígena.

Muchos elementos culturales dan cuenta de forma fehaciente de la pervivencia taína en Quisqueya, y van desde el nombre de la isla hasta muchas de las tradiciones vigentes. Sus palabras se han incorporado a nuestro vocabulario. En la fauna tenemos nombres como iguana, tiburón, dajao, manatí, hicotea, nigua, biajaca, jureles, etc. En la flora, plantas y frutas isleñas conservan aún su voz arahuaca: maíz, maní, mamón, anón, guayaba, guanábana, guáyiga, guama, ají, etcétera.

Trabajos anteriores han puesto de manifiesto la presencia indígena en la arquitectura, la herbolaria y todos los elementos culturales ya mencionados. Es innegable su existencia y permanencia durante cientos de años. Por ejemplo, la cama tradicional taína, la hamaca, se usa todavía como tal, sobre todo para dormir la siesta en los campos dominicanos y en otros lugares.

La historia contada por los grupos dominantes hizo perder mucha información para la posteridad. Con la omisión de detalles se quiso borrar a esos pueblos dignos, negados a desaparecer de una tierra que habitaron desde épocas muy remotas. Ni las matanzas ni la disgregación familiar, la ruptura de sus estructuras básicas, los suicidios colectivos, la ignorancia, la desinformación han valido para eliminar la presencia india del suelo quisqueyano. La persistencia va más allá del consumo de casabe, de la visita a las guácaras o de la presencia genética. Los taínos están por encima de la belleza de su arte admirado en colecciones y cuevas, los llevamos dentro, laten con nosotros. No hablemos de ellos como un pueblo muerto cuando se encuentran tan vivos en nuestra propia identidad.

Clenis Tavárez María. Antropóloga dominicana egresada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Labora desde 1984 en el Museo del Hombre Dominicano. Ha realizado investigaciones arqueológicas en casi toda la geografía nacional y ha publicado más de 30 artículos sobre arqueología y antropología en prestigiosas revistas científicas nacionales e internacionales. Fue docente universitaria. Ha participado en foros sobre la Declaración Americana de los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Nota: Ponencia presentada dentro del Proyecto Legado Taíno en el Centro Latino del Smithsonian y en el Museo Nacional del Indio Americano, agosto de 2011, Washington, DC.