Artículo de Revista Global 51

Política en el merengue social de Wilfrido Vargas

La música popular, y entre sus géneros el merengue, también tiene su discurso político. Desde sus orígenes, a mediados del xix, este ritmo ha enarbolado en ocasiones la bandera ideológica, como es el caso de las composiciones de este artista que reveló su compromiso social e internacionalizó la música nacional.

Política en el merengue social de Wilfrido Vargas

Entre las décadas de 1960 y 1970 la República Dominicana no fue indiferente a los movimientos sociales y políticos que acontecían en las naciones integrantes de América Latina y, en buena medida también, en los Estados Unidos. Este despertar en el reclamo de derechos inalienables y las confrontaciones con los gobiernos dictatoriales alimentaron la concepción ideológica de aquellos que desde el arte, y en especial la música, plantaron bandera para tomar partido y no quedar indiferentes ante los acontecimientos que afectaban a la sociedad de aquella época.

Poco se ha escrito sobre el contenido político del merengue, con excepción del protagonismo que tuvo el género como brazo propagandístico durante la dictadura de Trujillo (1930-1961), período analizado en artículos sueltos publicados en la prensa que se refieren al rol de aquellos merengueros que rindieron culto a la figura del tirano. Pero el merengue tiene, por igual, cultores que intermitentemente alzaron sus voces para denunciar, criticar, ensalzar o mitificar líderes políticos, figuras o acontecimientos.

Wilfrido Vargas fue uno de esos intérpretes que abrazó la música como un medio para transmitir un mensaje que trascendió más allá del entretenimiento; desde su debut con Los Beduinos en 1972 se preocupó por desarrollar una carrera que dejara una huella en el terreno sociopolítico a través de los géneros populares. Sus primeros pasos en esa geografía –usualmente peligrosa para los artistas– se registraron en 1974, con el estreno de la salsa «No matarás», compuesta por Bonny Cepeda, que contenía letras muy sugerentes que aluden en términos directos al quinto mandamiento cristiano, pero guarda un significado simbólico en su franca referencia a la República Dominicana gobernada en ese entonces por Joaquín Balaguer (en el período conocido como los doce años de Balaguer), cuando operaba el temible grupo represor que se autoproclamó como «la banda colorá».

En su proclama religioso-política, Cepeda usó como pretexto el mandamiento «No matarás» para advertir sobre el peso terrenal que puede tener la justicia divina:

Hay días que a los malos dicen bueno y a lo bueno malo

Que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz

Que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo

La justicia de los cielos pesará sobre el malvado

Que olvidase mis mandatos encegado en su poder

Y cegare todo bien y matare a sus hermanos

Si bien es cierto que la canción tiene un mensaje más cerca del sentido social, Cepeda se ubica en medio de una frontera que bordea un trasfondo político para glorificar en esta salsa el carácter artístico de la denuncia, condenando las atrocidades atribuidas históricamente al aparato opresor que operó durante los doce años de Balaguer.

Para honrar, también con Los Beduinos, a un «general de generales» el admirable compositor Julio Alberto Hernández se inspiró y escribió sus loas a Desiderio Arias, un militar con «ruedo en el pantalón». El candente merengue llora con pesar el asesinato de Arias, quien participó con Trujillo y Rafael Estrella Ureña en el derrocamiento del gobernante Horacio Vásquez (1924), y aun así, posteriormente, el general que siempre tuvo «tanto valor» no pudo evitar que «el tirano en ciernes le volara el pescuezo». Eso sucedió el 7 de junio de 1931 y, como escribió Hernández, por todo Santiago pasean su cabeza y la gente llora de rabia y tristeza.

Con un merengue compuesto por Gloria Martí, «El candidato», Wilfrido Vargas se lanza a las profundidades de la política: un candidato que siempre anda buscando el modo de vender una sonrisa para alzarse con el poder. Martí describe al típico aspirante que va de barrio en barrio, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, con su «cualidad muy estimada, hablar y hablar sin decir nada, enarbolar nacionalismos» diciendo siempre lo mismo.

Eran tiempos, específicamente el año 1979, en los que el talentoso trompetista, arreglista, compositor y cantante nacido en Altamira (Puerto Plata) tenía un «enfermizo empeño en apropiarse de elementos nuevos e incorporarlos al ritmo sin sujeción a control, a tal punto que su merengue se distanciara enormemente del tradicional», según confesó en una entrevista al periodista Carlos Batista Matos en septiembre del citado año. Un interés marcado por ir más allá del merengue insulso, repetitivo y líricamente monótono cuya producción supera en gran medida esas canciones que perduran en el tiempo gracias a su contenido político-social.

Para Vargas «el campo de la investigación es muy amplio, hay que crear, y lo de antes no es más que la zapata». Cuando señala «lo de antes», se refiere a sus producciones discográficas publicadas entre 1972 y 1979.

Aun cuando el legendario músico acumuló un cancionero con un contenido político muy puntual y relativamente limitado, que se manifiesta a lo largo de su discografía de más de 20 producciones, es destacable el valor y el peso ideológico que tuvieron merengues como «Jeremías», contenido en el longplay Poder musical (1979). En su primera parte vuelve a dirigir sus cañones contra los doce años de Balaguer: «Yo vi la novia indagando / luciendo un negro vestido / por su novio delirando / que fue desaparecido… / Y veo por donde quiera / miseria y calamidad / y al campesino sin tierra / trasladarse a la ciudad… / Lo que he visto en mi país / me quita el sueño y la calma / lo que yo les canto aquí / señores esto parte el alma».

Contundente. En esta canción, Vargas no hace concesiones y recrea con credibilidad el clima que reinó entre 1966 y 1978, y nos recuerda que él se lo decía a su país…, que eso, la inevitable derrota del caudillo reformista, venía por ahí. «El pueblo cantaba, la gente reía / yo no toy llorando como Jeremías». Entonces, en esa apreciable segunda parte del merengue, encontramos una estrofa lapidaria, pero también regocijante:

Y de repente, abrió los ojos mi gente

Y en seguida, de un solo salto

Lo que estaba arriba se puso abajo

El que lloraba, ahora cantaba

El que sufría, ahora reía

Y yo celebro, junto a mi pueblo

La algarabía de lo que veo

Y yo no creo en voz de pendejo

Yo le decía a mi país, que eso venía por ahí

Un trágico buen humor

Al militar, político y tirano Ulises Heureaux (1845-1899), Vargas le dedica un merengue compuesto por Ramoncito Díaz. Puede que «Lilís» sea uno de los temas –aunque con una gran esencia política– más jocosos en el cancionero que el músico reservó a este campo. Desde su ineficiente política monetaria, «si dinero le faltaba / para sus obligaciones / Lilís se lo fabricaba / por sacos y por serones», hasta sus truculentas, pero efectivas gestiones para permanecer en el cargo, «peleó junto a Luperón / seguían un mismo destino / pero ese negro bribón / cogió por otro camino… / al pueblo le daba caña / y el país era un infierno / Lilís se sabía la maña / de quedarse en el Gobierno».

Indudablemente, fascinado por el rico universo popular emanado por la relación entre gobernantes y gobernados, Vargas se enriquece con esa experiencia tan ilustrativa y fértil para componer y producir canciones que van de generación en generación sin perder actualidad. Primero, apareció la figura de Joaquín Balaguer, a quien prefirió no nombrar como tal, y pocos años después Ramoncito Díaz pone en sus manos este merengue que dibuja con un tono ocurrente y gracioso al tirano Lilís. Deberán pasar 20 años para que el músico pueda completar su trilogía de canciones dedicadas a tres personajes que incidieron significativamente en la sociedad dominicana.

Pero su discurso musical no solo tocó tonadas dramáticas para recrear capítulos negros, tiránicos, dictatoriales y lamentables. Junto a aquellos personajes inevitables que dieron al traste con el mundo visualizado por el Wilfrido Vargas más comprometido, también estaban esos personajes dignos de admiración, ejemplos para la juventud aguerrida que necesitaba motivos ideológicos para seguir adelante. Y a Francisco Alberto Caamaño se le dimensionó en 1981 con «El comandante», el que para muchos «vive después de muerto».

Quizá pocos recuerdan que el músico –un visionario que apadrinó orquestas que trascendieron en diferentes épocas, como Altamira Banda Show, Los Hijos del Rey, La Patrulla 15, The New York Band– tuvo un pasado como militante de una organización política, como recordó en 2006: «No era merenguero, escuchaba a Johnny Ventura. Cuando lo escuchaba estaba chiquitito en Altamira. Lo que hacía era jazz, pop, rock, tocaba acordeón, piano, luego era un miembro del 14 de Junio y hacía con mi instrumento campañas políticas». Quizás ese sentimiento ideológico que cultivó a su paso por el 1J4 tuvo mucho que ver en el homenaje que grabó Vargas en 1981.

Un merengue suyo poco conocido es «A Orlando», una pieza de una gran sensibilidad para recordar al asesinado periodista Orlando Martínez (1944-1975). Primero cayó Caamaño el 16 de febrero de 1973, posteriormente Martínez, dos asesinatos que encontraron su espacio en la discografía político-social del laureado intérprete. «Era un hombre joven / era un hombre fuerte / era hombre de pueblo / hombre inteligente. / Su madre lloraba / su padre rezó / y en el cementerio yo le dije adiós…».

Ese funcionario es un millonario

Manuel de Jesús fue uno de los primeros vocalistas de Los Beduinos. Casi nadie recuerda su paso por la orquesta. Diez años después, se involucró de lleno en la campaña del Partido Revolucionario Dominicano, que llevaba a Salvador Jorge Blanco como candidato. Luego del triunfo, que De Jesús consideró propio, el cantante iba constantemente al Palacio Nacional a la espera de un nombramiento que nunca llegó. Disgustado con sus correligionarios perredeístas, que estaban ensimismados disfrutando de las mieles del poder, el exintegrante de Los Beduinos sacó el lápiz y, según recordó en una conversación para este artículo, sobrecogido por el resentimiento y el deseo de venganza, le empezaron a fluir los versos como corre el agua por el grifo:

Había una vez un funcionario

El presidente lo nombró de secretario

De secretario en una empresa del Estado

Ya su tarea hábilmente ha comenzado

Llegaban 4, 5, 6, 7 problemas

Y el secretario resolviendo esos problemas

Pero de pronto pensó en el poco tiempo

Que le quedaba como secretario

Y su propio problema nadie lo sabía

Y comenzó coge aquí, coge allá, coge allá, coge aquí

«Tiene tienda por el Conde, tiene su propia avioneta / tiene un yate en Barahona, Boca Chica y La Caleta / y el funcionario ya es un millonario». De Jesús ni siquiera pudo lograr un empleo en el tren gubernamental. «Estaba muy dolido con el prd, principalmente con Hatuey De Camps que fue con quien trabajé en la campaña cuando resultó ganador Salvador Jorge Blanco. La composición es mía y de Jaime Shanlate, que agregó las frases más jocosas, en eso él tenía un gran talento», indicó De Jesús.

Se trata del merengue «El funcionario», una de las canciones más populares de Wilfrido Vargas, incluida en el longplay homónimo que lanzó en 1983. Al final, resultó que el funcionario «tenía más líos que Anthony Ríos».

Además de la denuncia directa del merengue de Manuel de Jesús, Vargas acoge la composición de Winston Paulino (1994) y hace suyo «Por la plata baila el mono» que guarda un gran parecido con «El funcionario». De esta manera, se mantiene firme en su compromiso de trascender más allá del arte comercial, aun cuando apela al estilo jocoso de este último merengue.

Conservando ese mismo buen sentido del humor, pero decidido a deconstruir el intrincado discurso propagandístico que a veces hace suyo la política, el intérprete de «El africano» compuso el merengue «El discurso», canción en la que el fenecido humorista Freddy Beras Goico recita una pintoresca introducción inmejorable. Una sátira muy bien orquestada con la que el cantante va cerrando con elegancia y majestuosidad sus inquietudes políticas, vistas a través de su merengue sociopolítico.

Si en la mayoría de su discografía centrada en el tema Vargas solo había mostrado, hasta este punto, interés en criticar a personalidades, figuras puntuales como Balaguer, Lilís o Trujillo, y vanagloriar a otros como Desiderio Arias o Francisco Alberto Caamaño, en su composición «Bla, bla, bla» apunta sus cañones hacia algunas instituciones que históricamente han estado en el ojo del huracán. Era un experimento para transmitirle esperanza y conformidad a la gente, como explicó el artista cuando dio a conocer la canción: «La idea de la canción es que hay cosas más interesantes que la Junta Central Electoral, el Senado y la Cámara de Cuentas. Es para que el dominicano logre cierto relajamiento tomando como elemento la dura realidad que vive, de modo que con el “Bla, bla, bla” cada uno de nosotros al menos cante, por no llorar, ante la situación», comentó en una entrevista con José Tejada Gómez en marzo de 1999.

Con «Bla, bla, bla» el cantante desahoga sus decepciones con esas instituciones y se solidariza con la gente: «El pueblo, la gente humilde, que es la que asiste a votar cada dos y cuatro años, no entiende por qué se habla tanto de la Cámara de Cuentas, no asimila por qué se convierte en un problema nacional la elección de un presidente en la Liga Municipal Dominicana y por qué si fueron elegidos de manera legal los miembros de la Junta Central Electoral son ilegales».

Más arriba nos referíamos a la trilogía de presidentes con que Vargas enriquece su selectiva propuesta político-social –con Joaquín Balaguer como figura sugerida en el merengue «No matarás» de Bonny Cepeda–. Transcurrirían 26 años para cerrar este ciclo, en el año 2000, con un merengue compuesto por él, «Trujillo», una canción sin desperdicio en la que retrata buena parte de las atrocidades de la tiranía: «Y a sus amigos le abrió la guerra / al campesino quitó la tierra / y fue morboso con los placeres / gozando siempre de las mujeres / torturador de los hombres serios / dueño absoluto de este país / y se aumentaron los cementerios / con las matanzas que habían aquí».

Un merengue que dibuja con buenos trazos la dictadura de Trujillo, pero en la que Vargas también honra la valentía de aquellos que lucharon por la soberanía del país (Huáscar Tejeda, Estrella Sadhalá, Roberto Pastoriza, Antonio de la Maza, Pedro Livio Cedeño, Amado García Guerrero, Antonio Imbert Barreras): «Cuando a la Patria amenazan / sean de afuera o sean de aquí / nuestros héroes se levantan para gloria del país».

Épocas, héroes, dictadores, discursos y funcionarios son tratados en su justa dimensión por el merenguero y visionario de la música popular, que asume un discurso responsable, comprometido y apegado a la defensa de los valores morales, la soberanía y el bien común de la gente.

Máximo Jiménez es periodista. Actualmente es presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) y editor de Arte y Espectáculos de El Caribe. Junto a la periodista Emelyn Baldera, en 2005 y 2006, respectivamente, publicó el Anuario Discos, compendio de la música dominicana, y la edición mensual Música y Discos. En 2009, presentó la ponencia «Influencias del jazz en la música de Wilfrido Vargas», en el IV Congreso Internacional Música, Identidad y Cultura en el Caribe, en el Centro León.

Discografía

«No matarás», del lp Wilfrido Vargas & sus Beduinos (1974)

«Desiderio Arias», «El candidato», ambas incluidas en el lp Punto y aparte (1978)

«Jeremías», del lp Poder musical (1979).

«Lilís», del lp El Jeque (1980).

«El comandante», del lp Ahora (1981).

«A Orlando», lp Abusadora (1981).

«El funcionario», del lp El funcionario (1983).

«El discurso», del álbum La música (1987).

«Por la plata baila el mono», del álbum Usted se queda aquí (1994).

«Bla, bla, bla», del álbum 25 Aniversario (1999).

«Trujillo», del álbum www.wilfrido-vargas.com (2000).

Bibliografía

  • Batista Matos, Carlos: «Wilfrido Vargas intentó ponerle nombre a su música», Revista Ahora!, núm. 826, 17 de septiembre de 1979.
  • De la Cruz Matos, Gelys: «Wilfrido: El merengue ya no es útil para la industria discográfica», Listín Diario, sección Espectáculos, 21 de septiembre de 2006.
  • Pichardo, Milcíades: «Wilfrido Vargas: ¡Al ataque contra “Bla, bla, bla” políticos criollos!», El Nacional, 12 de marzo de 1999.
  • Tejada Gómez, José: «Wilfrido Vargas lanza merengue en el que retrata líos de políticos», El Siglo, sección Diversión, 12 de marzo de 1999.

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