Artículo de Revista Global 67

Recepción crítica de Julia Álvarez y Junot Díaz en la República Dominicana

En el siguiente artículo se aborda la recepción que en la República Dominicana han tenido los escritores Junot Díaz y Julia Álvarez y la repercusión que han suscitado los temas tratados en sus ficciones narrativas. De igual modo, el conflicto que plantean sus identidades como autores de la diáspora dominicana de los Estados Unidos, al escribir y publicar sus obras en inglés, a pesar de ser escritores de origen dominicano y cuyas obras tienen como temática su patria, su tierra nativa, su infancia y el pasado de sus ancestros.

Recepción crítica de Julia Álvarez y Junot Díaz en la República Dominicana

La primera vez que oí el nombre de Julia Álvarez fue al Dr. Jesús Barquet, quien luego sería mi profesor y ahora mi anfitrión –y que ha hecho posible que regrese como el hijo pródigo a estas tierras de Nuevo México–. Sería por el año 1995. Recuerdo que me mostró el programa de lectura del Máster en Literatura Hispanoamericana de New Mexico State University, donde figuraba la novela De cómo las chicas García perdieron su acento. Barquet me mostró su admiración por esta novela que, para mí, era inexistente, como también lo era su autora. Para ese entonces, Julia Álvarez era prácticamente una desconocida en tierra dominicana, de donde partió a los diez años, aunque había nacido en Nueva York. De modo que, aunque creció en la República Dominicana, aprendió desde muy chica a hablar y escribir en inglés, por lo que su primera obra la escribió en la lengua de Shakesperare, como también en ella ha escrito toda su producción literaria hasta hoy.

El conflicto que presenta su recepción y, en especial, el reconocimiento de su tierra es, desde luego, ambiguo y contradictorio, pues los dominicanos no la reconocen como autora dominicana porque no escribe en español, a pesar de que trata temas dominicanos y vinculados a su infancia. Lo mismo acontece con Junot Díaz, quien también escribe en inglés, pese a que aprendió a hablar en español, aunque no a escribir. Tanto Álvarez como Díaz se propusieron aprender a hablar en español, pero no se sienten con la competencia de escribir en esta lengua. Solo son capaces de comunicarse en ella. Ambos hablan un español con acento. Julia Álvarez lo habla con marcado énfasis cibaeño, es decir, con vocalizaciones, giros y tonos de la región norte del país, en tanto que Díaz habla un español que aprendió en los barrios de Nueva York, escuchando a los «dominican york» del Alto Manhattan, en esos guetos donde creció y en los que aprendió y captó el humor, el desenfado y el doble sentido de muchas de las expresiones que usa en sus obras. Así pues, podría decirse que ambos son autores dominicanos de expresión inglesa.

Si una obra pertenece por derecho propio a una nacionalidad, de acuerdo a su tema, habría que afirmar que una de las mejores novelas sobre el dictador Trujillo y su régimen sería La fiesta del Chivo, del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, a pesar de que sobre esta temática se han escrito decenas de novelas en la isla. Si tanto Junot Díaz como Julia Álvarez escriben en inglés, pese a que aprendieron después de adultos el español, siempre han tratado el tema dominicano y su drama inmigratorio en sus obras, y, cuando no, hacen un «viaje a la semilla» de su infancia dominicana. En Junot Díaz, en el barrio de Villa Juana, de donde salió con cinco años, y en Julia Álvarez, en Salcedo, provincia del Cibao, de donde eran oriundas las hermanas Mirabal, de cuyo drama partió para escribir su novela En el tiempo de las mariposas, que fue llevada al cine exitosamente.

La recepción en nuestro país de las laureadas obras de Junot Díaz y de Julia Álvarez –editadas en español por el sello Alfaguara– tiene sus aristas. Para la mayoría de los dominicanos, y en especial para los críticos literarios y profesores de literatura, ellos no son autores dominicanos. Lo dicen bajo la premisa de que no escriben en español sino en inglés. De ser así –estimo–, Nabokov y Samuel Beckett no debieron seguir siendo autores de sus patrias de origen, sino de sus patrias de adopción, pues Nabokov era ruso y aprendió a hablar y a escribir en inglés, y Beckett era irlandés y aprendió a hablar y a escribir en francés, y ambos autores continuaron siendo reconocidos como autores de sus patrias de origen. Lo mismo podría decirse de Kafka, que era checo, pero escribió en alemán, cuando debió escribir en yidis. «La patria es la lengua», ya lo han dicho muchos, entre ellos Unamuno. Pero también la patria es una opción, una actitud de vida y, aun, un destino porque la patria nativa es un sentimiento, un estado de ser. Si tanto Julia Álvarez como Junot Díaz dicen que son dominicanos (y así lo hacen constar en sus libros, en la nota biográfica de la solapa), entonces son dominicanos, aunque escriban en inglés. Además, sus temas son dominicanos y sienten como dominicanos, aunque quizás no piensen en español al escribir, pero sienten y aman la tierra de sus padres y de sus ancestros. Este drama existencial que viven estos autores los coloca en un limbo jurídico y lingüístico, aunque no vital. Sus memorias están marcadas por la historia de su patria, por la tierra de sus padres. Si la patria de un escritor es la lengua en que escribe –como siempre se dice–, entonces Junot Díaz y Julia Álvarez no son autores dominicanos ni tampoco hispanos, pues escriben en inglés, la lengua de su patria de adopción y crecimiento, de su formación académica y profesional. No hay duda de que este laberinto lingüístico-cultural genera en todo escritor inmigrante –exiliado o autoexiliado, diaspórico o exilarca– un desarraigo existencial que transforma su espíritu, su sentimiento y su visión del pasado y del futuro, es decir, su concepción temporal de la historia. Un escritor, en efecto, no tiene una patria en sí. Su identidad se diluye en su lengua de expresión, en la que escribe y expresa su visión del mundo y de la vida, de la sociedad y de las cosas, vale decir, sus ansias, miedos, temores, iras, pasiones, amores y deseos. En síntesis, el escritor existe en una lengua-cultura determinada.

Julia Álvarez se fue a vivir a Estados Unidos a los diez años y solo escribe en inglés, aunque conserva sus raíces culturales, que reivindica, hasta el punto de que, en los últimos tiempos, se pasa la mitad del año en Estados Unidos y la otra mitad –con su esposo norteamericano– en una finca en Manabao, un campo de Jarabacoa, cultivando café orgánico. De ahí que nunca se ha despegado de su pasado, a pesar de que siempre ha escrito sus libros en inglés. En una ocasión, Aída Cartagena Portalatín, una gran narradora y poetisa dominicana, le dijo: «Resulta absolutamente increíble que una dominicana se ponga a escribir en inglés; vuelve a tu lengua. Tú eres dominicana».

Julia Álvarez, mucho tiempo después, le respondió a Aída Cartagena en una carta de esta manera: «Yo no soy una novelista dominicana, ni siquiera una dominicana en el sentido tradicional del término […] Yo narraría historias diferentes, escribiría poemas que tendrían un ritmo diferente si yo viviera allá, si enjugara allá mis lágrimas, y si estallara allá mi risa […] tiene usted razón, Doña Aída, tampoco soy norteamericana. No escucho los mismos ritmos en el inglés que aquellos que lo tienen como lengua materna. A veces, en el inglés lo que oigo es el español y viceversa. Es por eso que me defino a mí misma como una escritora a la vez dominicana y estadounidense».[1]

Como se ve, nuestra novelista se siente dominicana, no americana, pero no escribe igual que los dominicanos porque no vive en la República Dominicana desde la adolescencia. Sin embargo, admite que tampoco puede escribir en inglés, como lo haría una persona cuya lengua materna es esa. Reconoce que cuando escribe en inglés escucha los sonidos del español. De ahí que se defina como dominicana y norteamericana a la vez. Esta definición es también una sentencia categórica contra los que piensan lo contrario y la critican por su doble condición de autora de la diáspora dominicana que, al igual que Junot Díaz, escribe en inglés, siendo ambos dominicanos de nacimiento y norteamericanos por adopción y ciudadanía.

Este tipo de literatura de la diáspora que hacen los latinos emigrantes –o desnacionalizados– está tomando mucha presencia en Estados Unidos y ha dado ya dos premios Pulitzer: Oscar Hijuelos y Junot Díaz: de origen cubano el primero y de procedencia dominicana el segundo (Hijuelos, recientemente fallecido, con Los reyes del mambo, llevada con éxito al cine, y Díaz con La increíble y maravillosa vida de Oscar Wao). Está claro que a estos autores les favorece el hecho de escribir en inglés, pues les garantiza tener un mayor mercado editorial. Sin embargo, la lengua desde donde escriben les ha creado un conflicto complejo acerca del cuestionamiento sobre su identidad –en el caso de los autores dominicanos, la dominicanidad–, a pesar de tratar temas dominicanos en sus obras. Los poemarios, libros de artículos y novelas de Julia Álvarez la enmarcan en una dualidad, en un dilema lingüístico-cultural que permea su literatura, su mundo verbal y su imaginario sentimental. Su obra es la expresión de una «escritura emigrante», en movimiento y desplazamiento de su propia impronta identitaria, en la que la dualidad cultural se ve marcada por la relación emigrar-inmigrar. En el fondo de esta cuestión de la identidad se refugia una búsqueda existencial, ontológica, que está vinculada a su origen, identidad lingüística y destino vital. Julia Álvarez nació en 1950 en Nueva York, pero a los seis meses de edad retorna con sus padres a la República Dominicana para luego marcharse a los diez años de nuevo a Nueva York, y de ahí que introduzca en sus textos giros y frases del habla dominicana, en especial de su niñez rural y provinciana. De ahí que diga: «Ese campuno constituyó mi verdadera lengua materna. No el español de Calderón de la Barca ni el de Cervantes, ni siquiera el de Pablo Neruda, sino el de Chucha, Iluminada, Gladys y Ursulina, que eran nativas de Juancalito, de Licey, de Boca de Yuma y de San Juan de la Maguana».

De la identidad monolingüe de su infancia dominicana pasa a una cultura lingüística bilingüe al arribar a los Estados Unidos, donde se formó y educó. Su lengua de comunicación es una lengua de exiliada, de inmigrante forzada, cuya experiencia plasma en sus obras narrativas, al poblarlas de nostalgias de su mundo infantil y adolescente. Para ella esa etapa de su vida corresponde a su paraíso perdido. Con la salida de sus padres en 1960 de la República Dominicana, huyéndole al régimen de Trujillo, cuando ella apenas tenía diez años de edad, comienza su periplo de errancia. Vivió así una especie de refugio voluntario, pero que significó una apertura a otro mundo, que le abrió su sensibilidad y su imaginario a otras fuentes de aprendizaje que fueron vitales como materia prima en la invención de su mundo novelesco. El uso de la lengua inglesa como medio de expresión lingüística le permitió establecer, desde luego, una relación dolorosa, pero nutritiva, entre la lengua de sus padres y la lengua de adopción. Ese conflicto lingüístico ha funcionado en su vida profesional y de escritora como un dilema existencial. Aunque Julia Álvarez hable en inglés y sus novelas se traduzcan al español, sus personajes y narradores se expresan en un tono castellano, con matices del habla dominicana, concretamente de la oralidad rural dominicana. Las frases en inglés están condimentadas por el humor del habla cotidiana vernácula. Escritas en inglés, sus novelas conservan, sin embargo, el contexto de su patria de origen, con sus inflexiones y giros expresivos. Sus ficciones narrativas se alimentan, pues, de su entorno familiar.

La recepción masiva de las obras de Julia Álvarez en la República Dominicana realmente no se inicia con De cómo las chicas García perdieron su acento, sino a partir de la publicación de En el tiempo de las mariposas, pues se trata de una novela que cuenta la trágica y conocida historia de la muerte en un simulado accidente automovilístico de las hermanas Mirabal –las tres heroínas que fueron víctimas de la satrapía del tirano dominicano, Rafael Leónidas Trujillo Molina–, ocurrido el 25 de noviembre de 1960. Esta novela se basa en los testimonios de la única hermana sobreviviente, Dedé Mirabal (recientemente fallecida), y de una investigación documental sobre este aciago evento que dio al traste con el régimen. Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, con su chofer Rufino de la Cruz, murieron en este orquestado accidente perpetrado por los esbirros del tirano cuando volvían de visitar a dos de sus esposos, que se encontraban prisioneros en una cárcel de Puerto Plata. Este hecho, que constituyó el principio del fin del régimen, terminó con el magnicidio de Trujillo y el fin de su oprobioso régimen de 31 años la noche del 30 de mayo de 1961, es decir, seis meses después de la muerte de las «mariposas» –que era como se les decía a las tres hermanas Mirabal–, que se convirtieron de esta manera en mártires de la lucha contra la tiranía. Este acontecimiento tuvo grandes repercusiones en el plano internacional para Trujillo, hasta el punto de que este aciago día fue declarado posteriormente por las Naciones Unidas, mediante la ley número 61-93 y a través de la resolución número 54-134, el 20 de diciembre de 1993, como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en honor a estas valientes heroínas, pues se trató de un hecho bochornoso, doloroso, horrendo y vil que conmovió los cimientos de la sociedad dominicana. Esta propuesta aprobada en la Asamblea General había sido sometida, sin embargo, en julio de 1981, en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe, celebrado en Bogotá, Colombia.

A partir de esta novela de Álvarez se filmó una película protagonizada por Salma Hayek, Edward James Olmos y Marc Anthony, titulada en inglés In the time of the butterflies, rodada en gran parte en la República Dominicana, que contribuyó a la difusión y conocimiento de este hecho y, desde luego, a la lectura masiva de esta novela, en la que su autora logra, con extraordinaria magia imaginativa, frescura dialógica, deslumbrante y conmovedora maestría narrativa y trascendente fuerza sensible, recrear este nefando capítulo de la historia dominicana contemporánea.

Otra obra narrativa que tuvo no igual impacto pero sí una notable recepción fue En el nombre de Salomé, ya que se trata de la historia de la hija de la insigne poetisa dominicana Salomé Ureña de Henríquez, madre de los ilustres intelectuales Pedro, Max y Camila Henríquez Ureña, y esposa de Francisco Henríquez y Carvajal, intelectual, político y expresidente de la República. Y por tratarse de esta distinguida familia, y de la vida íntima de Camila, desde luego que esta obra tuvo la recepción que se esperaba. Las demás novelas de Álvarez no han alcanzado estos niveles de popularidad en el país. Recientemente, publicó Una boda en Haití, novela que, por tratar un tema polémico que involucra la tensa relación histórica y política con nuestro vecino, se espera que tenga una gran recepción crítica.

Con Junot Díaz ocurre algo similar, ya que estamos ante un narrador que se dio a conocer con su libro de cuentos Drown, de 1996, traducido al español con el título de Negocios, que tuvo una gran acogida en el público dominicano, y más aun cuando este joven autor recibió un tentador contrato de una editorial de Estados Unidos. Luego vendría su aclamada y laureada novela La increíble y maravillosa vida de Oscar Wao, cuyo título en inglés es The brief wondrous life of Oscar Wao, que ganó en 2008 el prestigioso premio Pulitzer, el John Sargent, el Premio de la Paz de Dayton y el Book Critics Circle National Award, calificada por New York Magazine como la mejor novela del año 2008 y por la revista Time como la número uno entre las diez mejores novelas del año 2007. Recientemente, Díaz acaba de publicar otro libro de cuentos titulado This is show you lose her (2012), traducido al español por el sello editorial Alfaguara como Así es como la pierdes, en 2014.

La increíble y maravillosa vida de Oscar Wao está ambientada en New Jersey, pero tiene como telón de fondo la Era de Trujillo en la República Dominicana. Narra la vida de Oscar de León, un niño dominicano que crece en New Jersey, afectado por la maldición que cayó sobre su familia y obsesionado con los videojuegos, los cómics y la ciencia ficción. La novela tiene notas a pie de página que funcionan como recursos intertextuales y referencias culturales e históricas, de las que bien se puede prescindir en el curso de la lectura, pues actúan como contrapunto con la ficción y son innecesarias para el público dominicano porque se trata de informaciones y anécdotas de la historia y la intrahistoria del régimen de Trujillo. La identidad interviene como contrapeso entre lo masculino y lo femenino, el poder y la opresión, la historia y la ficción. La increíble y maravillosa vida de Oscar Wao es una novela sobre la Era de Trujillo, pero narrada desde la orilla, desde la óptica narrativa de un sujeto que no vivió la época y que cuenta historias que a su vez escuchó de sus padres cuando niño. Se lee, en efecto, como una historia paródica contada por el personaje Yunior de las Casas, un narrador omnisciente, compañero de estudio de Oscar Wao, y quien aparece en otros cuentos de Junot Díaz como su alter ego. Oscar Wao es una especie de nerd, incapaz de hacer conquistas amorosas y con poco éxito con las mujeres porque sus aficiones son los dibujos animados y la lectura de textos de ciencia ficción. La novela cambia de perspectiva narrativa en diferentes capítulos, lo cual hace más fluida la historia, pues es un recurso narrativo que le confiere ritmo al relato de ficción.

La recepción de Junot Díaz es diferente a la de Álvarez, pues posee un estilo propio que se caracteriza por rescatar el habla de los dominicanos inmigrantes de New Jersey y por su gran carga de humor y erotismo. Ambos tienen en común que hicieron un máster en escritura creativa y enseñan en universidades norteamericanas.

El público de ambos autores se divide entre uno mayormente femenino, el de Álvarez, y uno especialmente joven, en el caso de Díaz. A Julia Álvarez le unen lazos afectivos con su país de origen, y también a Junot Díaz, que está tratando de restaurar sus raíces dominicanas, ya que visita con frecuencia el país, donde tiene muchos amigos. Ambos autores, Díaz –nacido en 1968– y Álvarez –en 1950–, tienen un futuro promisorio en razón de que son latinos, provenientes de una minoría étnica de inmigrantes neoyorquinos, cuyas novelas y cuentos reflejan, en cierto modo, la idiosincrasia de sus ancestros y parte de la historia sentimental de la República Dominicana, por lo que cada día conquistan nuevas generaciones de lectores y admiradores, por sus temas y su lenguaje narrativo. Estas historias despiertan el interés y encienden la curiosidad de todo el mundo y de los que quieran conocer las costumbres y los modos de vida de otras culturas y de otras regiones, en especial de las culturas hispanoamericanas y caribeñas. Estos autores del Caribe hispánico constituyen parte del centro de atracción del gusto de los lectores estadounidenses y seducen por la fantasía de sus historias y el exotismo del realismo maravilloso y mágico de estas regiones insulares, otrora tesoros de las potencias coloniales europeas.

Nota: Conferencia presentada a propósito de la Speaker Series: Latin America and the Border, en New Mexico State University.

Basilio Belliard es poeta, ensayista y crítico literario. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Tiene un máster en Filosofía por la Universidad del País Vasco y la uasd, con una tesina titulada «Filosofía y poesía: una relación histórica de atracción y repulsión». Entre sus publicaciones destacan Diario del autófago (poesía, 1997), Vuelos de la memoria (poesía y ensayo, 1999), Poética de la palabra. Ensayos de teoría literaria (2005), Sueño escrito (Premio Nacional de Poesía, 2002), Balada del ermitaño y otros poemas (2007), Oficio de arena (minificciones, 2011), Soberanía de la pasión (ensayo, 2012) y El imperio de la intuición (ensayo, 2013). Actualmente es director de Gestión Literaria del Ministerio de Cultura y director-fundador de la revista País Cultural.

Notas

[1] Citado por la académica francesa Catherine Pelage en su artículo «La escritura emigrante de Julia Álvarez o como descubrir en su inglés la huella de sus raíces dominicanas», traducción de Juan Carlos Mieses, País Cultural, n.o 15, año ix, marzo de 2014, Ministerio de Cultura de la República Dominicana.


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