Artículo de Revista Global 13

Se rueda en Santo Domingo

Mientras la República Dominicana toma cada vez más cuerpo como escenario de producciones extranjeras, los dominicanos siguen estrenando películas con mayor o menor éxito. Una industria en auge, que cuenta con el apoyo del gobierno pero que aún tiene muchos flancos por desarrollar.

Se rueda en Santo Domingo

Sobre la mesa, en la oficina de la Dirección Nacional de Cine (DINAC), se agolpan los guiones y proyectos. Son muchas las personas que nos llaman y nos visitan para pedirnos opinión acerca de lo que han escrito y de cómo hacer realidad el sueño de plasmar aquellas historias en la pantalla.

Algunos de estos trabajos, pese al entusiasmo de sus autores, no poseen la suficiente calidad como para dejar de ser letra impresa y transformarse en imágenes.

Otros, por el contrario, nos sorprenden y emocionan. De aquellas páginas pudiera surgir la más emocionante de las películas. Paradójicamente, muchas de las mejores historias nunca llegan a realizarse por falta de dinero, mientras que otras, carentes de interés, encuentran financiamiento con facilidad. ¿Cómo solucionar estos problemas?

¿Cómo hacer para que nuestros jóvenes con talento puedan llegar a colocarse tras las cámaras y darnos en imágenes su visión del mundo que les rodea?

La Secretaría de Estado de Cultura, siguiendo el marcado interés de nuestro Gobierno por desarrollar la industria cinematográfica, ha empezado a dar los pasos correctos en esa dirección.

Por lo pronto, ya nos hemos integrado al programa Ibermedia. Ahora somos el país número 15 en pertenecer a tan importante organización.

Dentro ya de esta instancia y dos veces al año, la República Dominicana presentará proyectos que, de ser aprobados, recibirán un apoyo económico para su materialización, pudiendo, además, trabajar en régimen de coproducción con otros países afiliados a este programa, lo que garantizará no sólo el trabajo con actores, directores y técnicos especializados, sino, además, una difusión infinitamente mayor ya que, en cada país coproductor, la cinta será considerada como nacional, lo que facilita su exhibición.

La DINAC participará también en las reuniones de la Conferencia de Autoridades Cinematográficas Iberoamericanas (CACI), que suelen celebrarse a continuación de las de Ibermedia.

Todos estos programas y otros muchos a los que nos iremos afiliando irán fortaleciendo paso a paso la incipiente industria local.

Una ley

Pero, antes que nada, la República Dominicana necesita contar con una ley que rija en materia del cine y para eso se está elaborando desde hace un buen tiempo.

La Secretaría de Cultura convocó a una serie de reuniones en las que estuvieron presentes representantes de todas las ramas del Séptimo Arte y, después de muchos anteproyectos, sugerencias y discusiones, se llegó al consenso de que el mejor modelo a seguir en cuanto a leyes se refería era el colombiano, directo y claro en su exposición. Adaptar esa ley a nuestra tierra con las modificaciones que fueran necesarias sería lo más conveniente.

Complaciendo a nuestros cineastas, se invitó a venir al país al doctor Gonzalo Castellanos, quien había sido el artífice de la normativa colombiana. Castellanos convocó a productores, distribuidores, exhibidores y educadores en varias reuniones por separado, en las que fue escuchando las preocupaciones de cada rama del sector. En el momento de escribir estas líneas está viajando nuevamente a la República Dominicana para mostrarnos los avances en su trabajo y reunirse una vez más con los cineastas que han participado en la elaboración del anteproyecto.

Además, una serie de instituciones como FUNGLODE se han preocupado en ir destacando la educación cinematográfica.

También contamos en Santo Domingo con una escuela de cine en la Universidad Autónoma y con alguna que otra institución privada como la que dirige Giovanni Cuevas, que imparte cursos y talleres sobre la materia.

La escuela de Altos de Chavón en La Romana y centros culturales como el de España han colaborado muchísimo con la difusión del buen cine y han ofrecido excelentes cursos de producción, guión, diseño de vestuario, dirección artística, etcétera.

La Cinemateca Nacional, que ha experimentado un auge tremendo en los últimos dos años, ha recibido un gran apoyo de la mayoría de las embajadas radicadas en el país, ofreciendo ciclos de enorme calidad con películas que jamás llegan a nuestras salas comerciales.

Este mismo apoyo lo han recibido también los diversos festivales que existen en la República Dominicana: El Festival Internacional de Santo Domingo, la Muestra Internacional de Cine, el Festival de FUNGLODE y el festival Sun Village, que se celebra en la ciudad de Puerto Plata.

Poder conocer las obras de los grandes maestros del cine contemporáneo y clásico ha sido de gran ayuda para nuestros jóvenes aficionados al Séptimo Arte, que encuentran refugio no sólo en la Cinemateca y en los festivales, sino también visitando salas alternativas como Casa de Teatro que martes tras martes presenta importantes ciclos, el Centro León de Santiago o el mismo auditorio de Funglode, donde se llevan a cabo cine-forums a cargo de diversos críticos y especialistas.

Instituto de Cinematografía

Soñamos todavía con la creación del Instituto de Cinematografía, que figura entre los planes del presidente Leonel Fernández, ya que, hoy por hoy, muchos de nuestros cineastas ruedan películas con más entusiasmo que base académica, aunque algunos de ellos son egresados de prestigiosas escuelas internacionales como la de San Antonio de los Baños, en Cuba.

La filmografía dominicana hace apenas unos años era prácticamente inexistente. En la época del cine mudo un grupo de jóvenes capitaneados por Francisco Palau rodó un par de cintas que logró exhibir, con el beneplácito de la sociedad de entonces. Pero ni El milagro de la virgen de La Altagracia ni Emboscadas de cupido ha llegado hasta nuestros días.

La tiranía de Trujillo acabó con todo tipo de sueños y no fue hasta después de la muerte del tirano que Franklyn Domínguez pudiera rodar La silla, mediometraje que denunciaba, precisamente, las frustraciones de esa juventud que tuvo que soportar la dictadura.

En otra oportunidad, y en esta misma revista Global (Global 1, abril-junio 2004), hemos escrito acerca de la historia de nuestro cine, mencionando todas aquellas películas italianas, españolas, mejicanas o venezolanas que se rodaron principalmente en la década de los setenta.

El gran boom llegó cuando Francis Ford Coppola eligió nuestra capital para rodar buena parte de El padrino II, film que dio origen a otras importantes filmaciones como The serpent and the rainbow, de Wes Craven.

El punto final de esta etapa se encuentra en los inconvenientes por los que atravesó Sydney Pollack al filmar Havana, con Robert Redford, también en nuestro territorio.

El cine dominicano, mientras tanto, parecía despertar de su letargo con Pasaje de ida, de Agliberto Meléndez, que fuera merecedora de importantes galardones internacionales.

Inmensamente popular fue la comedia Nuebayol, de Ángel Muñiz, que abrió los ojos a los inversionistas al darse cuenta de que el negocio del cine podía ser rentable.

Desdichadamente intentos fallidos como Para vivir o morir, del malogrado Radel Villalona, dieron al traste con este cine neonato.

En esos años disminuyó notablemente el número de películas extranjeras que elegían nuestro territorio como set.

Filmes como Bitter sugar o Dreaming of Julia constituyen la excepción. Al crearse la Dirección Nacional de Cine estaban en marcha proyectos como los de La fiesta del chivo, de Luis Llosa, y La ciudad perdida, de Andy García, y se habían finalizado otros al estilo Naufragio de amor, de Randall Kleiser, rodada en la costa norte.

Rodajes

El gran interés del presidente Fernández, canalizado a través de la Secretaría de Cultura, se materializó con la DINAC. Pronto empezaron a multiplicarse los rodajes.

Nos llegó una millonaria producción de Los Ángeles como Miami Vice, de Michael Mann, y, al poco tiempo ya teníamos por acá a Robert De Niro rodando The good shephard, con un reparto multiestelar en el cual, aparte de él mismo, que asumía doble función y se colocaba delante y detrás de la cámara, teníamos a Matt Damon, Angelina Jolie, John Turturro y otros.

El mundo del cine había puesto su mirada en Dominican Republic. Los alemanes rodaban episodios de una de sus series televisivas más taquilleras, Soko Leipzig, mientras que los franceses se decantaban por el cine de calidad con Vers le sud, de Laurent Cantet, y nada menos que los japoneses utilizaban nuestro territorio para Miracle banana.

En un abrir y cerrar de ojos, llegó el momento en el que nuestra oficina no contaba con un solo día en el que no estuviera participando de la producción de una película local o extranjera, facilitando permisos y tramitando todo tipo de informaciones a los más diversos productores.

Un día recibíamos la visita de un director norteamericano que quería rodar una cinta sobre sus experiencias en el béisbol dominicano y al día siguiente nos encontrábamos hablando con un productor polaco que vendrá a rodar en los próximos meses.

Los hay incluso que repiten la experiencia, como Lucho Llosa que, después de La fiesta del chivo, se encuentra de nuevo en Santo Domingo para iniciar el rodaje de una telenovela de más de 100 capítulos.

Increíble pero cierto. Actores conocidísimos como Vin Diesel se consideran ya dominicanos y nos escogen para ser escenario de filmes que jamás hubiéramos imaginado que pudieran realizarse aquí, como es el caso de Aníbal, el conquistador.

Se nos asegura que Spielberg tiene en mente rodar la cuarta parte de Indiana Jones por estos lugares y, mientras tanto, cintas mucho más modestas, pero a las que recibimos con igual entusiasmo, aprovechan nuestras playas y bellezas naturales. Paradise lost es una de ellas, cuyo rodaje ya concluyó y ahora mismo se está filmando otra cuyo título provisional es Obsidian Heart. La compañía 1394, radicada en Miami, se encarga de promocionar nuestro país en el extranjero y, con tales fines, ha rodado un documental donde se realzan los diferentes escenarios que podemos ofrecer a los cineastas, desde montañas a playas, desde desiertos hasta la más exuberante vegetación.

Los argentinos, que ya rodaron Papá se volvió loco en Quisqueya obteniendo un éxito comercial increíble en su país, regresan ahora a filmar otra de sus comedias, que se titulará Bañeros.

Y, mientras este auge del cine extranjero continúa, los dominicanos siguen estrenando películas locales como La maldición del Padre Cardona, Un macho de mujer, Lilís, Viajeros o Código 666.

Dentro de poco tendremos en nuestras salas nuevas producciones al estilo Sankypanky, El sistema, Enigma o Criando violencia.

Mientras tanto, Santiago se estrena en el mundo del largometraje con Operación Patacón, dirigida por Tito Neckerman y nada menos que dos proyectos sobre las hermanas Mirabal, uno dirigido por Etzel Báez (Crimen) y otro por Juan Deláncer (Trópico de sangre) entran ya a la fase de rodaje.

Junto con este cine que se estrena en los circuitos comerciales tradicionales, tenemos otro tipo de películas que pudieran llamarse “alternativas” y que se ruedan en ínfimas condiciones y su exhibición se limita a los pueblos o ciudades de donde son oriundas.

Algunas nos encantan por su ingenuidad y candidez. Abordan todos los géneros sin faltar el melodrama, la acción, el western o el karate. Las hay de pura antología y son más auténticas y entrañables que cualquiera.

Ahora mismo recibimos la visita de un realizador de San Cristóbal, que ya hiciera El motoconchista y se encuentra en plena filmación de una cinta con título impagable: Mujer infernal.

Hay mucho camino que recorrer. Hay mucho que aprender pero se está trabajando con entusiasmo y empezamos a sonar mundialmente como destino atractivo para el Séptimo Arte.

Arturo Rodríguez Fernández, actual director de la DINAC (Dirección Nacional de Cine), es abogado, crítico cinematográfico y escritor. Ha publicado libros de cuentos, una novela experimental, un ensayo y diversas obras teatrales. Ha obtenido más de 30 premios nacionales e internacionales. Actualmente escribe en el periódico Hoy y tiene un programa radial diario junto al crítico de cine Armando Almánzar.